Ángelus Dominical

Antes de que el asteroide choque con la Tierra

CASI SIEMPRE ESCRIBO con algo de prisa y tensión, pero hoy más; la razón es tan sencilla como importante, tan urgente como necesaria, tan vital como justificada: tengo hambre, mucha hambre, y no puedo dejar para después la entrega de esta página… NI SIQUIERA LA POSIBLE colisión del asteroide llamado 2024 YR4 me puso en tanta prisa y tensión; si no supiste de tal asteroide aquí te diré algunos datos: su tamaño es mayor que el habitual (como un edificio de 4 pisos) y aunque a escala astronómica esas dimensiones son casi ridículas, su velocidad lo transforma en un tremendo proyectil capaz de (¡ups!) alterar significativamente la vida en el planeta Tierra… FUE EL 27 DE DICIEMBRE próximo pasado, que un observatorio chileno auspiciado por la NASA descubrió y bautizó el asteroide que encendió las alarmas de astrónomos de toda latitud casi de inmediato; pasaron algunas semanas y las probabilidades del impacto contra nuestro planeta aumentaron como para poner fecha al siguiente cataclismo de origen cósmico: 22 de diciembre de 2032… YO NO ME QUISE ALARMAR pero investigué y el asunto era serio, con decirte que en apenas ocho días de febrero (del 10 al 18) el riesgo de una colisión aumentó significativamente, de ahí me puse a pensar en el asteroide que acabó con los dinosaurios, en el diluvio universal, en la peste negra de la Edad Media, en la pasada pandemia y… ME MANTUVE EN CALMA porque me distraje en otros asuntos, pero al cabo de cinco días más, nuevamente me asomé a lo que dicen los astrónomos y gente tan seria como conocedora: las probabilidades bajaron en un tris tras, así que bajó la tensión mundial (pero no ha bajado mi prisa por comer ¡me estoy apurando para echarle algo a la panza!)… EL DOMINGO PASADO abordé el tema de la enfermedad y los riesgos a que estamos expuestos como personas singulares, y este domingo me quedo sorprendido de ver que a nivel global y cósmico también estamos en constante riesgo y peligro, la diferencia en ambos casos es la misma: cada vez nos preparamos mejor… PARA ABRIL PRÓXIMO los observatorios esparcidos en todo el mundo dejarán de ver al asteroide 2024 YR4 porque su trayectoria lo llevará al otro lado del sol y se volverá imperceptible hasta 2028; no obstante, los que saben le siguen echando el ojo para no dejar de aprender y prever: ¡qué buena onda!… TAL VEZ NO LO SEPAS pero hace unos pocos años (en 2022) hubo un exitoso y grato experimento: la NASA envió una nave espacial para que se estrellara contra un asteroide doble a una velocidad tremenda (14 mil milla por hora) y lograr desviar su trayectoria; el resultado fue alentador y prácticamente se eliminó la posibilidad de su impacto contra nuestro planeta; o sea, estamos en capacidad para defendernos interplanetariamente… LO QUE SIGUE CAUSANDO zozobra y hasta indignación, es que al interior del planeta no logramos estar en paz y orden; y si, viene a mi recuerdo la palabra tan especial de Jesús, que nos advertía que los verdaderos males no vienen de fuera del corazón humano sino de su interior: las envidias, los odios, la maledicencia, el engaño, la ambición, la crueldad y síguele por ahí… QUIERO QUEDARME con algo que todos tenemos al alcance de la mano para evitar males mayores, y que me conecta con lo que estamos viviendo en la Arquidiócesis de México en favor de la familia; en efecto, desde hace varios años el mes de marzo ha sido el tiempo para subrayar la tarea y misión de todo núcleo familiar: de su unidad y su amor penden el futuro cercano y lejano, el bien personal y comunitario, la paz social inmediata y la paz mundial siempre tan frágil… Y POR HOY TERMINO (con ansia y con prisa) invitándote a que busques en internet las iniciativas y trabajos, los cursos y encuentros que favorezcan la unidad familiar, y a los que podrás asistir y participar en vivo y a todo color, o a través de redes sociales y plataformas digitales, que para mucho nos puede servir la tecnología en este mundo antes de que llegue un asteroide y nos dé chicharrón a todos…

P. Eduardo Lozano

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