Mons. Salvador González Morales, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México. Foto: María Langarica.
Caminando por los jardines del Instituto Politécnico Nacional, en cuyas aulas algún día tomó clases de ciencias, monseñor Salvador González Morales revive su época de estudiante, pero también el momento aquel en el que decidió su vocación sacerdotal.
Con una gran sonrisa, monseñor ‘Chavita’ -mote que ha llevado desde la infancia y como cariñosamente se le conoce en la Curia-, recuerda que su gran pasión, antes de conocer a Dios, era la ciencia, de la que nunca se ha alejado.
Asegura que el Señor se encargó de abrirle brecha en su ministerio como científico, pues se desarrolló como profesor de Filosofía de la Naturaleza, abordando diversas cosmovisiones científicas, y como maestro en Filosofía de la Ciencia.
“A los 18 años entré a la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología (UPIBI) del IPN para estudiar Ingeniería de los Alimentos, pero al mismo tiempo comencé una etapa de tres años de discernimiento vocacional, aunque en ese entonces no lo sabía. Estuve más cercano a mi parroquia en diversos servicios, hasta que un día decidí ya no ir al ‘Poli’, y les dije a mis padres que comenzaría mi formación sacerdotal”.
Con la alegría que le caracteriza, el obispo auxiliar menciona que el llamado no lo descubrió en la infancia, sino en la adolescencia, la edad crítica en la que los muchachos necesitan preguntarse: “¿qué voy a hacer con mi vida y qué sentido tiene ésta?”.
En San Bernardino de Siena, ahora la Catedral de Xochimilco, fungió cuatro años como párroco; ahí -dice- aprendió el arte de conciliar y desarrolló la escucha y el acompañamiento, cualidades que lo han acompañado como obispo auxiliar.
“En alguna ocasión el Arzobispo me dijo que le hacía honor a mi nombre, pues yo sabía conciliar de una manera pacífica; pero eso es obra de Dios”.
Ahora esas habilidades las usa como obispo. “Nuestro papel es ‘ser pastores con olor a oveja’ como dice el Papa, sin olvidar nuestra sonrisa. Además de no olvidarnos de los sacerdotes y siempre estar con ellos para acompañarlos.
Asegura que éste ha sido un tiempo de cambios vertiginosos, pero lógicos y asertivos, ante los cuales se debe caminar en unidad, con paciencia y comunicación.
Monseñor Salvador González en su ordenación episcopal el 25 de marzo de 2020. Foto: Luis Patricio/Basílica de Guadalupe
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