Sabías que

Tres santos que podían ver a su ángel de la guarda

Muchos santos tenían la gracia de ver a su ángel de la guarda e incluso de conversar con ellos. Aunque no hay constancia de todos, sí existe registro de algunos particularmente curiosos e interesantes.

Gema Galgani, Pío de Pietrelcina y don Bosco fueron algunos de los amigos de Dios que tuvieron un particular acercamiento con los ángeles. Pero, para comprenderlo mejor, lo más adecuado es hacer un repaso de lo que enseña la Iglesia sobre ellos.

1. Gema veía a diario a su ángel protector

Pues bien, santa Gema Galgani tuvo la especial gracia de ver a su ángel de la guarda, e incluso llegó a conversar con él en varias oportunidades. Nacida en Italia, esta joven pasionista era hija de un boticario.

Logró construir un vínculo cercano con su ángel de la guarda. Tanto que compartían momentos de oración. Hay un testimonio recogido por el sacerdote Germano de San Estanislao, según el cual la santa “se volvía para él con unas ganas encantadoras y luego se quedaba en un éxtasis de admiración todo el tiempo que lo fijaba”.

Lo veía antes de dormir y también al despertar, lo que le generaba una profunda alegría. Le inspiraba palabras y acciones conducentes a una vida reforzada en el sacramento de la confesión y en la humildad:

“Recuerda, hija mía, que el alma que ama a Jesús habla poco y se abniega mucho. Te ordeno, de parte de Jesús, que nunca des tu parecer si no te es pedido, y que no defiendas tu opinión, sino que cedas luego”, le llegó a decir su ángel.

En los textos que profundizan sobre esta relación de amistad, también se atribuyen a los diálogos del ángel con ella algunas recomendaciones directas: “Cuando cometieras cualquier falta, acúsate luego de ella sin esperar que te interroguen. En fin, no te olvides de resguardar los ojos, porque los ojos mortificados verán las bellezas del cielo”.

De igual forma, mostraba toques de severidad cuanto Gema se desviaba de acciones  de santidad. Incluso, llegó a reprenderla reclamándole: “¿No tienes vergüenza de pecar en mi presencia?”.

Así mismo tiempo, la protegía de la vanidad. Un caso puntual fue cuando complacida decidió lucir unas joyas que le había obsequiado un pariente suyo. Ella las usó sin reparo, lo que le costaría un recordatorio de su amigo celestial, quien le diría que los únicos collares con los que debería adornarse como seguidora del Crucificado eran “sus espinas y su cruz”.

2. Pío conversaba con su ángel desde niño

Nuestro siguiente personaje es popular y muy querido. Se trata de Francesco Forgione, quien adquirió el nombre de Pío al ingresar en la orden de los capuchinos. El padre Pío de Pietrelcina recibió tantos dones como mortificaciones: bilocación, profecía, sanación, éxtasis e incluso lectura del corazón. Y sobre esto último se recogen simpáticas anécdotas con penitentes a quienes amonestaba por no mencionar algunos pecados.

Se sabe que desde niño conversaba con su ángel de la guarda. De ello hay evidencia en las comunicaciones escritas que intercambiaba tanto con el padre Benedicto como con el padre Agostino, quienes fueron sus directores espirituales.

Un fenómeno excepcional y doloroso que experimentó fue el de la transverberación, cuando un «personaje misterioso» le atravesó el pecho con una lanza. Aunque se supone que ocurre en el alma, le causó dolores corporales similares a los narrados por  santa Teresa de Ávila.

El sacerdote no reveló la identidad del personaje, pero sentía una devoción especial por San Miguel y solía recomendar la peregrinación al lugar donde éste se apareció, instándoles a saludar al arcángel. Por ello, algunos estiman que podría tratarse nada menos que del mismísimo Príncipe de las Milicias Celestiales.

Escéptico respecto a si las acciones del santo provenían de una sugestión y no de un hecho genuinamente místico, el padre Agostino le envió a Pío cartas en idioma francés y griego, a sabiendas de que el santo desconocía por completo esos idiomas.

Como las entendió con precisión, lo consultó. Y el padre Pío reveló que era su ángel de la guarda quien le explicaba todo. Tiempo después, confirmaría lo que guardaba en secreto por prudencia: “Los personajes celestiales no dejan de visitarme y hacerme saborear la embriaguez de los bienaventurados”.

3. Don Bosco y su curioso perro Gris

Nuestro último personaje de la lista fue un sacerdote, educador y escritor. Era especialmente amigo de los jóvenes, a cuyo rescate y formación dedicó la mayor parte de su vida. Hablamos de san Juan Bosco, o “Don Bosco” como habitualmente se le dice con cariño.

Resulta que el fundador de los salesianos solía recibir el auxilio de una mascota muy curiosa, que casualmente llegaba durante episodios en los que el santo se encontraba en peligro. Se trataba de un perro al que llamaría “Gris” y sobre el que se han tejido miles de historias.

¿Era un ángel? No está claro. Pero la respuesta que el mismo santo escribe sobre el tema en sus memorias genera múltiples reacciones hasta el día de hoy: “Decir que era un ángel daría risa. Pero tampoco se puede decir que fuera un perro común y corriente”.

¿Qué son los ángeles?

Los ángeles son “criaturas espirituales que glorifican a Dios”. Actúan sin cesar y sirven sus designios salvíficos con las otras criaturas. En efecto, los ángeles cooperan en toda obra buena que hacemos, según enseña santo Tomás de Aquino y recoge el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC, num 350).

Te recomendamos: ¿Qué es el Ángel de la Guarda?

También se nos explica que “los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Le sirven particularmente en el cumplimiento de su misión salvífica para con los hombres” y “la Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y protegen a todo ser humano”. (351)

Creer en los ángeles es una verdad de fe

Además, figuran ampliamente en la Biblia, al punto de que su existencia es considerada una verdad de fe. Y cada persona cuenta con la ayuda de un ángel, el cual se le asigna una vez ocurre su nacimiento.

Pero no han sido creados para ser vistos por nuestros ojos. Aunque, eventualmente, Dios lo permite. Esto queda patente, por ejemplo,  en el episodio del Génesis cuando en forma humana se le aparecen a Abraham, o el de Tobías, cuando un ángel le señaló que no le debía tener miedo al demonio.

Sin embargo, en esencia el término no hace alusión al ser, sino a su labor, que es eminentemente la de ser mensajeros o enviados de Dios. Ello conduce a preguntarse por qué algunos santos han podido verlos.

La Iglesia explica que “Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos”. No obstante, advierte que “la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto”.

Carlos Zapata

Ingeniero Mecánico y periodista. Ex editor de medios católicos con rica experiencia en el desarrollo de contenido SEO, branding y manejo estratégico de plataformas digitales.

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