San León Magno, papa.
Poco se sabe de la vida de san León Magno (390 al 461 aprox.), y si acaso que nació en la región actual de Toscana, Italia, sin embargo, es indudable que fue un hombre de gran talento que supo hacer frente a los problemas de la Iglesia cuando la península italiana era saqueada.
Fue secretario del Papa San Celestino y de Sixto III. Al morir este último, León lo sucedió en el año 440.
Enfrentó las invasiones externas de los francos, visigodos, vándalos y burgondos y a la par se enfrentó a amenazas internas, como tener que defender los dogmas de la encarnación y de la Trinidad.
Este Papa gobernó durante veintiún años y purificó la capital del Imperio Romano de la influencia de los maniqueos. Gran parte de su pontificado la dedicó a fortalecer la doctrina cristiana. En aquel tiempo, los monofisitas sostenían que la naturaleza humana no existía en Cristo y se asumía su persona divina como Hijo de Dios.
Para resolver esta controversia, convocó el Concilio Ecuménico de Calcedonia, donde se leyó la célebre Epístola Dogmática de san León a Flaviano. Al escucharla, los Padres sinodales exclamaron: “Pedro ha hablado por boca del Papa León.”
Así quedó definida la doctrina: Cristo es consustancial al Padre en su divinidad, y consustancial al hombre en su humanidad.
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En el año 452, este Pontífice detuvo en las puertas de Roma a Atila, el rey de los Hunos, que por sus excesivas crueldades merecía el apodo de El azote de Dios. Se dice que acompañado de una delegación, sin armas, logró disuadirlo de proseguir la invasión.
También logró que Genserico, rey de los vándalos, perdonara la vida de los habitantes de Roma y no saqueara o destruyera la ciudad.
Además, suspendió la confesión pública de los pecados que hasta entonces se usaba, y los herejes maniqueos que se arrepintieron de sus faltas fueron absueltos; los rebeldes huyeron y los entregaron a jueces para que ellos determinaran lo que procedía.
León I, el Grande, figura entre los máximos padres y doctores de la Iglesia y asumió el título de Pontifex Maximus que habían abandonado los emperadores romanos desde el año 382.
Falleció en Roma el 10 de noviembre del año 461, fecha en la que se celebra litúrgicamente y lo sepultaron en la antigua Basílica de San Pedro.
Su canonización se celebró en 1574.
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