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¿Quiénes son los ermitaños de la Iglesia católica y cómo viven su vocación de soledad y oración?

En la Iglesia católica, los ermitaños o eremitas son hombres o mujeres que, movidos por una llamada interior, eligen vivir de manera eremítica, esto es, en soledad, oración y penitencia, dedicando su vida a Dios lejos del ruido del mundo.

Aunque su estilo de vida es muy antiguo, la Iglesia reconoce oficialmente esta vocación como una forma de vida consagrada, regulada por el Canon 603 del Código de Derecho Canónico.

“Además de los institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo.

“Un ermitaño es reconocido por el derecho como entregado a Dios dentro de la vida consagrada, si profesa públicamente los tres consejos evangélicos, corroborados mediante voto u otro vínculo sagrado, en manos del Obispo diocesano, y sigue su forma propia de vida bajo la dirección de éste”, se indica en los incisos 1 y 2 del Canon 603.

Origen de la vida eremítica

El origen de los ermitaños se remonta a los primeros siglos del cristianismo, es específico hacia el siglo III en Egipto, cuando la Iglesia salía de las persecuciones romanas, algunos cristianos decidieron retirarse al desierto de Egipto, Siria o Palestina para buscar una unión más profunda con Dios.

Entre esos primeros cristianos que se refugiaron en dichas zonas destacan figuras como san Antonio Abad, considerado el padre del monacato, y san Pablo de Tebas el Ermitaño, quienes inspiraron a miles de hombres y mujeres a seguir una vida de oración, silencio y austeridad.

Durante la Edad Media, la vida eremítica dio origen a muchas órdenes religiosas, como los cartujos, los camaldulenses o los carmelitas, que combinaron el espíritu de soledad con la vida comunitaria.

Características de los ermitaños en la Iglesia católica

Los ermitaños viven separados del mundo, buscando la contemplación y la comunión con Dios, por ello su vida se caracteriza por:

  • Soledad voluntaria, en la que se apartan del trato cotidiano con otras personas.
  • Oración constante, tanto litúrgica como personal.
  • Penitencia y austeridad, con un estilo de vida sencillo y sobrio.
  • Silencio interior y exterior, como medio para escuchar a Dios.
  • Trabajo manual o intelectual, que les permite mantenerse y vivir con dignidad.

¿Cómo y en dónde viven los ermitaños?

Los ermitaños viven en ermitas, celdas o pequeñas casas apartadas, ya sea dentro de los terrenos de un monasterio o en zonas rurales o montañosas.

Algunos eremitas pertenecen a órdenes religiosas (como los cartujos o camaldulenses o carmelitas), mientras que otros viven como eremitas diocesanos, bajo la autoridad de su obispo diocesano, quien aprueba su regla de vida y supervisa su vocación.

Su jornada diaria suele dividirse entre momentos de oración, lectura espiritual, trabajo y descanso, siguiendo un ritmo que les permite mantener un equilibrio entre la contemplación y la labor.

En el caso de los Ermitaños de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo y de acuerdo a su Regla de vida, viven en una celda que “es también el lugar donde el eremita duerme y come solo, excepto los domingos y días especiales, en que los eremitas comen en un refectorio común. La celda se compone de estudio, capilla, dormitorio, baño y porche. Cada celda está separada de la siguiente por un jardín cerrado”.

Centrando su vida en la Palabra de Dios, mediante la Eucaristía y la Lectio Divina, la principal actividad de los eremitas es la oración. Esta atención centrada en Dios en la oración se convierte en el medio para alcanzar la pureza de corazón”, subraya la congregación en su sitio web.

Los ermitaños viven en ermitas, celdas o pequeñas casas apartadas. Foto Especial.

Una vida dedicada a la Contemplación y al trabajo

La vida de los ermitaños es estrictamente contemplativa, por lo que no se dedican a ningún ministerio apostólico, pastoral ni educativo, ya que “una vida así da testimonio por sí misma: la majestad de Dios es tan grande y su amor tan poderoso, que los hombres pueden entregarse por completo a su servicio durante toda la vida”.

De la misma manera, subraya la congregación de Ermitaños del Carmelo, “para el eremita, el trabajo manual ocupa un lugar destacado, junto a la oración, como medio primordial para seguir a Cristo, entregándose en cuerpo y alma a la obediencia, como Cristo obedeció al Padre hasta la muerte. Además, el eremita recuerda con humildad que debe trabajar para ganarse la vida, identificándose con Cristo, quien fue pobre y ama a los pobres del mundo”.

Carisma y apostolado de los ermitaños de la Iglesia

El carisma de los ermitaños o eremitas es el testimonio silencioso de la presencia de Dios y aunque viven apartados, su vida tiene un profundo sentido eclesial, ya que interceden por la Iglesia y por el mundo a través de la oración.

Por lo que respecta a su apostolado, en el caso de los ermitaños o eremitas no se ejerce en la predicación o en la pastoral activa, sino en el testimonio de la fe vivida en soledad y la entrega total a Dios.

Cabe destacar que algunos eremitas, con permiso de su obispo, pueden recibir personas que buscan acompañamiento espiritual o momentos de retiro, ofreciendo su experiencia de oración y silencio como guía para otros.

Formación y acompañamiento espiritual de los ermitaños

Antes de ser reconocidos oficialmente, los candidatos a la vida eremítica pasan por un tiempo de discernimiento y formación espiritual, ya que para llevar a cabo este estilo de vida deben demostrar madurez humana, estabilidad emocional, una vida sacramental profunda y experiencia en la oración contemplativa.

Por lo anterior, la formación de un ermitaño o eremita puede incluir estudios teológicos básicos, dirección espiritual y una regla de vida personal que detalle su horario, compromisos de pobreza, castidad y obediencia, así como su relación con el obispo o la comunidad religiosa a la que se vinculen.

¿Qué tipos de ermitaños existen hay en la Iglesia?

Existen principalmente dos tipos de ermitaños reconocidos por la Iglesia católica:

  • Eremitas diocesanos: Personas que, sin pertenecer a una orden religiosa, profesan públicamente los votos de pobreza, castidad y obediencia ante su obispo diocesano, viviendo según una regla de vida aprobada por él.
  • Eremitas religiosos: Aquellos que pertenecen a una orden monástica o eremítica, como los cartujos, camaldulenses o carmelitas descalzos, en cuyos casos su vida combina la soledad con cierta dimensión comunitaria.

¿Existen mujeres ermitañas o eremitas?

La vocación eremítica no es exclusiva de los hombres, ya que desde los primeros siglos del cristianismo han existido mujeres que abrazaron la vida de soledad y contemplación, por lo que al igual que sus hermanos varones, las ermitañas consagran su vida a la oración, la penitencia y el silencio, buscando la unión con Dios y ofreciendo su vida por la salvación del mundo.

Desde los primeros siglos del cristianismo han existido mujeres que abrazaron la vida de soledad y contemplación. Foto Carmelitas Ermitañas.

Un caso de religiosas eremitas lo son las Carmelitas Ermitañas, que de acuerdo con su sitio web, “además de la dedicación a la contemplación y la oración personal, tenemos un vivo empeño por el cuidado de la Liturgia, dedicando parte de nuestro tiempo al cultivo del canto gregoriano – como la expresión más bella y propia del Rito Romano – buscando también preservar los cimientos de nuestra cultura cristiana y de la genuina vida monástica tradicional, que bebe del eremitismo”.

En su caso, explican, viven del trabajo “de nuestras manos realizando labores textiles o artesanales… (y) ocupamos parte de nuestro tiempo en realizar artículos de altar, y otras cosas necesarias, destinadas a las misiones en los países más pobres”.

Asimismo, manifiestan su deseo de “disponer pronto de un lugar apto para acoger peregrinos o personas que deseen pasar unos días de retiro en un ambiente propicio para la oración”.

Características de las mujeres eremitas

Las mujeres eremitas suelen vivir en pequeñas ermitas, celdas o casas aisladas, muchas veces cercanas a una comunidad monástica femenina o bajo la tutela de una diócesis.

La vida de las mujeres ermitañas se caracteriza por:

  • Una profunda vida de oración y silencio interior.
  • Disciplina ascética, basada en el ayuno, la penitencia y la sobriedad.
  • Trabajo manual o artesanal, con el que se sostienen y mantienen su ermita.
  • Acogida espiritual, pues algunas reciben visitantes que buscan consejo o retiro espiritual.

Ejemplos de mujeres religiosas ermitañas o eremitas

Entre las figuras más destacadas en la historia de la vida eremítica femenina se encuentran:

  • Santa María Egipcíaca (siglo V), considerada una de las primeras eremitas del cristianismo, quien vivió más de cuarenta años en el desierto dedicada a la penitencia y a la oración.
  • Santa Rosalía de Palermo (siglo XII), que se retiró a una cueva en el monte Pellegrino para vivir en soledad y oración, y es hoy patrona de Sicilia.
  • Beata Eusebia Palomino, salesiana con una profunda vocación de silencio interior, modelo de vida contemplativa.

En tiempos modernos, existen ermitañas diocesanas reconocidas oficialmente por la Santa Sede, mujeres consagradas que viven solas, pero unidas espiritualmente a la Iglesia, como Sor Wendy Beckett, monja británica conocida por su vida de oración y sencillez, quien falleciera en 2018.

El Derecho Canónico permite hoy que las mujeres puedan ser reconocidas como eremitas diocesanas, siempre bajo el discernimiento y aprobación de su obispo, profesando los votos y siguiendo una regla de vida aprobada.

Una vocación de silencio fecundo

Aunque su vida pueda parecer oculta, los ermitaños o eremitas desempeñan un papel importante dentro del cuerpo místico de la Iglesia, ya que se les considera como “centinelas de la oración”, recordando que la fe no solo se vive en la acción, sino también en la contemplación, el silencio y la comunión profunda con Dios.

Como expresó el Papa León XIV durante un encuentro que sostuvo con un grupo de ermitaños el 11 de octubre de 2025 en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, la vida eremítica es “un testimonio radical del amor de Dios en el silencio y la soledad fecunda de la oración”.

De la misma manera, reconoció que los ermitaños permanecen “fieles a la herencia recibida de los Padres de la Iglesia en la custodia de la Palabra, mediante la lectio divina y el servicio de alabanza e intercesión con la oración de los salmos”.

La vocación de los eremitas testimonia en la Iglesia la “belleza de la vida contemplativa” y “no es una huida del mundo, sino una regeneración del corazón, para que sea capaz de escucha, fuente de acción creadora y fecunda de la caridad que Dios nos inspira”, por lo que “su alejamiento del mundo no le separa de los demás, sino que le une en una solidaridad más profunda”, subrayó el Papa León XIV.

El Papa León XIV durante un encuentro que sostuvo con un grupo de ermitaños en octubre de 2025. Foto Vatican Media.

¿Por qué los ermitaños son importantes para la Iglesia?

Durante el encuentro que sostuvo con dichos religiosos, que viajaron a Roma para participar en el Jubileo de la Vida Consagrada, que tuvo lugar del 8 al 9 de octubre de 2025, el Papa León XIV señaló las razones por las que los ermitaños y ermitañas son importantes para la Iglesia católica.

“De la íntima amistad con el Señor”, que están llamados a vivir los eremitas, renace “la alegría de vivir, el asombro de la fe y el gusto por la comunión eclesial“. De hecho, estos consagrados y consagradas son figuras importantes en la vida de la Iglesia, especialmente en “las zonas del interior del país” y en “los contextos rurales, donde los sacerdotes y religiosos son cada vez más escasos y las parroquias se quedan sin oportunidades”.

“Incluso en los contextos urbanos, anónimos y complejos, marcados por la mala soledad las presencias eremíticas son oasis de comunión con Dios y con los hermanos. Vuestra simple presencia y vuestro testimonio orante, a través de la comunión con el obispo y las relaciones fraternas con los párrocos, se hacen preciosos y fecundos, ya que aumentan el ‘soplo espiritual’ de la comunidad cristiana”, indicó el Santo Padre.

De la misma manera, subrayó el Papa León XIV, los ermitaños pueden ayudar a los fieles a redescubrir la importancia de la intimidad con Dios porque “la soledad orante genera comunión y compasión por todo el género humano y por toda criatura, tanto en la dimensión del Espíritu como en el contexto eclesial y social, en el que están puestos como fermento de vida divina”.

Jorge Reyes

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.

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