La conversión siempre es una gracia que Dios ofrece a todo aquel que se abre, aseguró el Papa Francisco este domingo en su mensaje previo al Ángelus. En un día lluvioso en la plaza de San Pedro, el Santo Padre dijo a los fieles que Dios siempre está esperando nuestro ‘sí’.
El Evangelio de hoy cuestiona la forma de vivir la vida cristiana, que no está hecha de aspiraciones, sino de compromisos, Jesús se opone a una religiosidad que no involucra la vida humana, que no interpela la conciencia y su responsabilidad frente al bien y al mal, dijo el Papa Francisco.
“A la invitación del padre de ir a trabajar a la viña, el primer hijo responde impulsivamente ‘no, no voy’, pero después se arrepiente y va; sin embargo, el segundo hijo, que enseguida responde ‘sí, sí papá’, en realidad no lo hace, no va. La obediencia no consiste en decir ‘sí’ o ‘no’, sino siempre en actuar, en cultivar la viña, en realizar el Reino de Dios, en hacer el bien”, dijo el Papa a los reunidos en el Vaticano.
Por ello, con esta parábola “Jesús quiere superar una religión entendida solo como práctica exterior y rutinaria, que no incide en la vida y en las actitudes de las personas, una religiosidad superficial, solamente ‘ritual’, en el mal sentido de la palabra”.
El Papa Francisco señaló que los exponentes de la religiosidad “de fachada”, que Jesús desaprueba, eran en aquella época los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, de los que Jesús dice serán superados los publicanos y las prostitutas.
“Jesús no señala a los publicanos y las prostitutas como modelos de vida, sino como privilegiados de la Gracia. Y quisiera subrayar esta palabra gracia, la gracia, porque la conversión siempre es una gracia. Una gracia que Dios ofrece a todo aquel que se abre y se convierte a Él. De hecho, estas personas, escuchando su predicación, se arrepintieron y cambiaron de vida”.
“En el Evangelio de hoy, quien queda mejor es el primer hermano, no porque ha dicho no a su padre, sino porque después el no se ha convertido en un sí, se ha arrepentido”.
“Dios es paciente con cada uno de nosotros: no se cansa, no desiste después de nuestro n»; nos deja libres también de alejarnos de Él y de equivocarnos. ¡Pensar en la paciencia de Dios es maravilloso! Cómo el Señor nos espera siempre; siempre junto a nosotros para ayudarnos; pero respeta nuestra libertad. Y espera ansiosamente nuestro sí, para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos y colmarnos de su misericordia sin límites.
La fe en Dios pide renovar cada día la elección del bien respecto al mal, la elección de la verdad respecto a la mentira, la elección del amor del prójimo respecto al egoísmo, aseguró el Santo Padre.
“Quien se convierte a esta elección, después de haber experimentado el pecado, encontrará los primeros lugares en el Reino de los cielos, donde hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos (cfr. Lc 15, 7)”, dijo0.
“Pero la conversión, cambiar el corazón, es un proceso, un proceso que nos purifica de las incrustaciones morales. Y a veces es un proceso doloroso, porque no existe el camino de la santidad sin alguna renuncia y sin el combate espiritual. Combatir por el bien, combatir para no caer en la tentación, hacer por nuestra parte lo que podemos, para llegar a vivir en la paz y en la alegría de las Bienaventuranzas”.
En su mensaje posterior al Ángelus, el Papa Francisco recordó que este sábado en Nápoles, fue proclamada beata María Luisa del Santísimo Sacramento, fundadora de la Congregación de las Hermanas Franciscanas Adoradoras de la Santa Cruz.
“Damos gracias a Dios por esta nueva beata, ejemplo de contemplación del misterio del Calvario e incansable en el ejercicio de la caridad”.
Este domingo, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. “Saludo a los refugiados y a los migrantes presentes en la plaza en torno al monumento titulado: Ángeles sin saberlo (cfr. Hb 13, 2), que bendije hace un año. Este año he querido dedicar mi mensaje a los desplazados internos, los cuales están obligados a huir, como les sucedió también a Jesús y a su familia. Como Jesús obligados a huir, así los desplazados, los migrantes. A ellos, de forma particular, y a quien les asiste va nuestro recuerdo y nuestra oración”.
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