El Papa Francisco advirtió sobre la presencia de la “lepra del alma” en los seres humanos y cómo esta “enfermedad” hace que quien la padezca le ocasione sufrimiento a las personas más débiles.
La “lepra del alma”, aseguró el Papa Francisco, es una enfermedad que nos hace insensibles al amor, a la compasión y “que nos destruye por medio de las ‘gangrenas’ del egoísmo, del prejuicio, de la indiferencia y de la intolerancia.
En su homilía del 11 de febrero de 2024, durante la Santa Misa y Canonización de la Beata María Antonio de san José de Paz y Figueroa, celebrada en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco identificó tres tipos de “lepra del alma”:
Miedo, prejuicio y falsa religiosidad, he aquí tres causas de una gran injusticia, tres ‘lepras del alma’ que hacen sufrir a una persona débil descartándola como un desecho”, enumeró Su Santidad.
En este sentido, el Papa Francisco destacó que la “lepra del alma” no es una cosa del pasado:
¡Cuántas personas que sufren encontramos en las aceras de nuestras ciudades! ¡Y cuántos miedos, prejuicios e incoherencias, aun entre los que creen y se profesan cristianos, continúan a herirlas aún más! También en nuestro tiempo hay tanta marginación, hay barreras que derribar, ‘lepras’ que sanar”, aseveró.
El Papa Francisco señaló que una persona puede identificar que se ha contagiado de la “lepra del alma” cuando en el corazón se asoman los instintos contrarios a su “hacerse cercano” y a su “hacerse don”, lo cual se puede ver en tres aspectos fundamentales:
“En estos casos tengamos cuidado, porque el diagnóstico es claro: se trata de ‘lepra del alma’; una enfermedad que nos hace insensibles al amor, a la compasión, que nos destruye por medio de las ‘gangrenas’ del egoísmo, del prejuicio, de la indiferencia y de la intolerancia”, aseguró el Papa Francisco.
Para sanar la “lepra del alma”, señaló el Papa Francisco, debemos realizar dos gestos maravillosos que llevó a cabo Jesús: tocar y sanar.
Ante el grito de ayuda que le hizo el leproso, Jesús “siente compasión, se detiene, extiende la mano y lo toca”, aun sabiendo que al hacerlo se convertirá en un “rechazado”, ya que su camino es el del amor que se acerca al que sufre, que entra en contacto, que toca sus heridas, porque esta es la cercanía de Dios.
“Dios es cercano. Nuestro Dios, queridos hermanos y hermanas, no permaneció distante en el cielo, sino que en Jesús se hizo hombre para tocar nuestra pobreza. Y frente a la “lepra” más grave, la del pecado, no dudó en morir en la cruz, fuera de los muros de la ciudad, repudiado como un pecador, como un leproso, para tocar nuestra realidad humana hasta lo más hondo”, señaló.
Por otra parte, continuó el Papa Francisco, está el segundo gesto de Jesús, sanar, pues su “tocar” no sólo indica cercanía, sino que es el inicio de la sanación, porque la cercanía es el estilo de Dios, que siempre es cercano, compasivo y tierno.
“Porque es dejándonos tocar por Jesús que sanamos por dentro, en el corazón. Si nos dejamos tocar por Él en la oración, en la adoración, si le permitimos actuar en nosotros a través de su Palabra y de los sacramentos, el contacto con Él nos cambia realmente, nos sana del pecado, nos libera de las cerrazones, nos transforma más allá de cuanto podamos hacer por nosotros mismos, con nuestros propios esfuerzos”, concluyó.
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