El P. Sergio Román del Real en 2019. Foto: María Langarica
Ante la noticia del fallecimiento del P. Sergio Guillermo Román del Real, gran amigo y compañero, me surge esta reflexión que deseo compartir con ustedes.
No todos saben que la palabra pontífice se deriva del latín, y que se utilizaba inicialmente en la antigua Roma para definir a quienes tenían el oficio de construir puentes.
Posteriormente, en sentido espiritual, dicha palabra se aplicó también al Papa para indicar que él es como un puente entre Dios y los hombres. Por eso se le dice: Sumo Pontífice.
Pero, no solo a él se le puede aplicar este término porque, desde el punto de vista del compromiso cristiano, todos los fieles estamos llamados a ser puentes. No sólo entre unos y otros sino, también, ayudando a que los más alejados conozcan, se acerquen y amen más a Dios.
Esta labor de “puente” la iniciaron maravillosamente los padres del padre Sergio Guillermo en su hogar. A través de su palabra y ejemplo, les transmitieron de tal manera la fe a sus hijos, que lograron que ellos se convirtieran también en puente para los demás. Baste decir que tres de ellos respondieron a la vocación del sacerdocio, cada uno con sus propias características.
Esquela de la Arquidiócesis de México por el fallecimiento del P. Sergio Román del Real
En el caso de Sergio, su labor se encaminó especialmente en que, a través de la educación y el conocimiento, los fieles se sintieran más atraídos a la vida cristiana. Para ello, siempre utilizó palabras sencillas, mensajes claros y directos. Y, sobre todo, el lenguaje del pueblo.
Esto permitió que, a través de diversos artículos y publicaciones, muchos pudieran comprender aquello que no se les había explicado, lo que no se habían atrevido a preguntar o lo que deberían conocer como cristianos.
De esta manera fungió como puente, haciendo que de la ignorancia se llegara al conocimiento; de la apatía, a la curiosidad; del individualismo, a la vida de comunidad; de la lejanía, al acercamiento a Dios.
Que estas pocas palabras sirvan para reconocer y agradecer la labor de sus padres y, especialmente, la labor de puente del padre Sergio como sacerdote: la celebración de los sacramentos, sus obras de caridad, su testimonio en la enfermedad, una vida ejemplar y tantas palabras que surgieron de su boca y se plasmaron en abundantes escritos.
P. Sergio Román del Real: Foto: Margarita Ruiz Cerón.
¡Descanse en paz!
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