Pancartas para el Papa Francisco en los Emiratos Árabes Unidos. Foto: Vatican Media
El viaje del Papa Francisco a los Emiratos Árabes Unidos, realizado del 3 al 5 de febrero, fue histórico por dos razones: porque nunca antes un Pontífice había visitado la Península Arábiga, y porque por primera vez ahí se celebró una Eucaristía en un terreno público que el Gobierno puso a disposición.
La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada entrevistó a Monseñor Paul Hinder, Vicario Apostólico del sur de Arabia y principal anfitrión del Papa en Abu Dabi, quien explicó que en el mundo árabe la posibilidad de celebrar Misas en grupos difiere de un país a otro.
En los Emiratos Árabes, por ejemplo, se tiene un gran respeto a los cristianos, de tal suerte que tras anunciarse la visita del Papa, la Iglesia recibió por parte de musulmanes diversas consultas de cómo podían ayudar en los preparativos, mientras que el gobierno hizo todo lo posible para que los fieles pudieran ver al Santo Padre.
Recordó que en los Emiratos la Iglesia se compone únicamente de extranjeros, sobre todo de trabajadores, por lo que considera que uno de los retos pastorales más urgentes es fortalecer la fe de la gente y animarla a conservar y confesar con valentía su identidad cristiana y católica.
Sobre el número de iglesias y sacerdotes, el Vicario Apostólico consideró que sería deseable contar con más templos, pues el número es muy desproporcionado en relación con el número de fieles.
En los Emiratos tenemos nueve parroquias, pocas para casi un millón de católicos. Además, debemos tener en cuenta que, a diferencia de otras iglesias, la nuestra es internacional y políglota, y que entre nosotros se encuentran católicos de diferentes ritos.
En este sentido, aseguró que otro desafío pastoral consiste en que los fieles, por su situación de migrantes, se enfrentan a muchos problemas que antes no podían imaginar.
“Esto puede decirse sobre todo de hombres y mujeres que, por su trabajo, frecuentemente han de vivir más de un año separados de sus cónyuges. No es infrecuente que se rompan matrimonios”.
Finalmente, confió en que la visita del Papa cambie positivamente el ambiente.
“Lo decisivo –apuntó- es que los cristianos seamos testigos fidedignos del mensaje de Cristo. Y esto también significa aceptar con humildad que no podemos ser los primeros violinistas en esta sociedad, y que a veces es suficiente con tocar bien la flauta para entusiasmar a los demás”.
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