Calendario juliano, ayuno, liturgia nocturna y 12 platillos: así se vive la Navidad en la Iglesia Ortodoxa y por eso se celebra el 7 de enero.
Para la mayoría de los católicos romanos —es decir, la Iglesia Católica de Occidente— la Navidad se celebra el 25 de diciembre, fecha en la que conmemoramos el nacimiento de Jesucristo. Sin embargo, dentro del cristianismo existen otras tradiciones que, aun compartiendo la misma fe en Cristo, viven esta solemnidad en una fecha distinta. Tal es el caso de la Iglesia Ortodoxa, que celebra la Navidad el 7 de enero.
Esta diferencia suele despertar curiosidad y, en ocasiones, confusión: ¿por qué no celebramos todos la Navidad el mismo día?, ¿se trata de una divergencia doctrinal?, ¿o tiene que ver con la historia y el paso del tiempo? La respuesta se encuentra en el uso de calendarios distintos y en la riqueza de tradiciones litúrgicas que han ido tomando forma a lo largo de los siglos.
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La Iglesia Ortodoxa sigue otro sistema de medición del tiempo, conocido como el calendario juliano, instaurado por Julio César en el año 46 a. C.. Este calendario representó un gran avance para su época; sin embargo, contenía un pequeño error: calculaba el año en 365.25 días, cuando en realidad el año solar dura 365.2422 días.
Aunque esta diferencia es mínima, con el paso de los siglos provocó un desfase progresivo entre las fechas del calendario y el ciclo solar, lo que afectó también a las celebraciones litúrgicas, como la Pascua.
Para corregir este desfase, en 1582, el papa Gregorio XIII promulgó el calendario gregoriano, que ajustó el sistema de años bisiestos y eliminó 10 días del calendario para realinear las fechas con el curso del Sol. Desde entonces, este es el calendario que utiliza la mayor parte del mundo.
De acuerdo con información del Padre Martí Puche, de la Parroquia Ortodoxa de la Protección de la Madre de Dios -Patriarcado de Serbia- de Barcelona, “hay patriarcados, por ejemplo, de Moscú y de Serbia, que celebran las fiestas fijas siguiendo el calendario juliano, por lo que celebran el Navidad el 7 de enero”.
Actualmente existe una diferencia de 14 días entre el calendario juliano y el gregoriano. Por esta razón, algunas Iglesias cristianas que continúan usando el calendario juliano celebran ciertas fiestas —como la Navidad— en fechas que, para los católicos de Occidente, parecen posteriores.
Aunque también no todas las iglesias ortodoxas siguen el calendario juliano: “por ejemplo, el patriarcado de Constantinopla, al que pertenece la Iglesia griega, el patriarcado de Rumanía o el de Bulgaria, celebran las fiestas siguiendo el calendario gregoriano; es decir, celebran la Navidad y todas las fiestas fijas del calendario como se hace en Occidente”, según el Padre Martí Puche.
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La Navidad ortodoxa tiene la misma raíz cristiana que la celebrada en la Iglesia Católica: el nacimiento de Jesucristo. No obstante, con el paso del tiempo, su celebración fue adquiriendo características propias debido a diferencias en la cronología litúrgica y en las tradiciones culturales de cada región, lo que le dio una tell identidad particular.
En la tradición ortodoxa existe un ayuno de 40 días, conocido como el Ayuno de Navidad o Ayuno de san Felipe, que comienza el 28 de noviembre y concluye en la víspera de Navidad, el 6 de enero. Durante este periodo, los fieles se abstienen de consumir carne y productos lácteos, como una forma de preparación espiritual.
La celebración de la Navidad inicia con servicios religiosos solemnes, que suelen comenzar a la medianoche o en las primeras horas de la mañana. Las iglesias ortodoxas se llenan de fieles que participan en largas liturgias nocturnas, caracterizadas por himnos solemnes, lecturas bíblicas y oraciones que pueden extenderse durante varias horas.
Un momento central de esta celebración es la recepción de la comunión, para la cual los fieles se preparan mediante el ayuno y la confesión.
La víspera de la Navidad ortodoxa se conoce como Sochelnik. Es una jornada dedicada a la reflexión y a la preparación espiritual. Las familias observan un ayuno estricto y comparten una cena sencilla, sin carne, basada en cereales, verduras y frutos secos, como signo de humildad y sencillez.
Durante esta cena tradicional se preparan 12 platillos, que representan a los 12 apóstoles. Entre ellos suelen encontrarse sopa de remolacha, pescado al horno, empanadas de repollo y postres elaborados con miel y frutos secos.
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