Mons. Salvador Martínez
El Evangelio de san Juan es uno de los evangelios que más nos causa sorpresa al ver la manera en que Jesús respondía a las personas que se le aproximaban. Una primera forma de responder, que vemos en el pasaje de hoy, es en forma de reprensión. Ellos le preguntaron: “Maestro ¿Cuándo llegaste acá?”, y el Señor les respondió: “Les aseguro que ustedes no me buscan por haber visto una señal, sino porque ayer comieron de los panes y se saciaron”. Esta respuesta es inesperada, dentro de la lógica normal, pero no es rara para el evangelio, pues Jesús respondió al funcionario público que le pidió sanar a su hijo: “Si ustedes no ven señales no creen”. A Nicodemo le respondió después de un simple saludo: “En verdad te digo que tienes que nacer de nuevo…”. A la samaritana que le pidió del agua que podía darle: “Tráeme a tu marido… es verdad que no tienes marido porque ya has tenido cinco y con quien vives ahora no es tu marido”.
Como vemos, estas formas de responder son inesperadas y, hasta cierto punto, de confrontación. Y es precisamente allí donde podemos ver el esfuerzo del Señor por vía de una confrontación, donde quiere hacer pasar a las personas de una forma de ser, meramente mundana, a una forma de asumir la vida como relación con Dios que es trascendente.
En el caso del funcionario público, lo quiere hacer pasar de un hombre interesado a un hombre creyente, aun sin haber visto. A Nicodemo Jesús quiere hacerlo pasar de un hombre apegado al éxito a un hombre que no tenga miedo a comenzar todo desde el principio, más allá de los criterios carnales, es decir, renaciendo del Agua y del Espíritu. A la samaritana la invita a retomar su historia sin pretender ocultarla, y desde allí recibir el agua viva, es decir el agua que la llevará a la vida eterna. En el caso de aquellos que le buscaban, el Señor, los quiere llevar a trascender su apetencia de comida a desarrollar la apetencia de la vida eterna, la que viene de la fe y del amor a Jesucristo.
Otro tipo de respuestas no son de confrontación, sino explicación directa que pretende indicar claramente una ruta. Por ejemplo, el día de hoy al pedirle: “danos siempre de este pan”, Jesús les responde: “yo soy el pan de la vida…” Aquí no se trata de una confrontación de por sí, pero la forma en que las personas deben procesar la respuesta no siempre sigue un camino exitoso. En el caso concreto de aquellos que lo escuchaban, no comprendieron que el discurso del Señor se refería a la Eucaristía.
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