El decálogo del buen conductor pide tener paciencia incluso en las circunstancias más adversas.
Como personas de fe estamos llamados a manifestar y proyectar nuestra espiritualidad en todas nuestras acciones y actitudes con los demás. Este decálogo del buen conductor está basado justo en ello.
El momento de conducir un automóvil no es la excepción para hacer presente nuestra fe, todos podemos ser buenos cristianos al manejar y más si estamos atorados en el tráfico.
Algunos automovilistas se caracterizan por tener actitudes agresivas, producto del estrés que conducir implica, ya sea porque hay mucho tráfico o puede ocurrir que el conductor de enfrente no use sus intermitentes o no respete la distancia de seguridad, o el conductor viene hablando por celular.
Pero hay otros que no aplican este decálogo del buen conductor; que se ‘envalentonan’ dentro del vehículo, el tener un auto les da una sensación de tener un mayor valor que los peatones, ciclistas y motociclistas, lo que está fuera de lugar pues como conductor se está llamado a respetar a los demás y a cuidar de la propia seguridad.
Sí es posible ser bueno y paciente al manejar, incluso en el tráfico, y este decálogo del buen conductor te ayudará seguramente:
Debes conocer y aplicar el reglamento de tránsito: tener en buen estado mecánico el coche, seguro de auto, el respeto y cumplimiento de todas leyes justas, para una buena circulación y convivencia.
Estar en condiciones apropiadas para conducir, no bajo efectos del alcohol (si toma, no maneje; si no puede y no debe manejar, no maneje).
Este decálogo del buen conductor no estaría completo si el conductor sale sin encomendarse en sus salidas y trayectos a Dios. Recuerda también dar gracias cada vez que llegues a un destino.
Dar una mordida, por más pequeña e “inocente” que la querramos ver significa formar parte del círculo vicioso de la corrupción.
Incluso en el tráfico, hay que estar atento a posibles errores de otros conductores y a los propios, siempre despiertos los sentidos ante cualquier contingencia.
En cualquier circunstancia hay que ser paciente con uno mismo y con los demás. El decálogo del buen conductor nos pide sonreír, cortesía y educación.. y más cuando hay tráfico. ¡Inténtalo!
En medio del tráfico: en vez de mentar madres, hacer una oración por los demás conductores y aprovechar para hacer oración. No sólo cuelgue el Rosario en el retrovisor, aproveche para rezarlo (sin soltar el volante).
Ser cuidadoso consigo mismo, con sus pasajeros, con los transeúntes, con motociclistas, con ciclistas y con nuestro auto, es una de las reglas para manejar.
En caso de accidente el decálogo del buen conductor nos llama a ser responsables y comprensivos, no agresivos con el otro conductor. No te irrites, conserva la calma y busca solución justa.
Como parte de las reglas al manejar, sé prudente y precavido al conducir (más vale un minuto tarde).
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