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Católicos y ciudadanos, alegres y comprometidos

Jorge E. Traslosheros

 

Los obispos de México han hecho un claro y sereno llamado a los católicos para comprometernos con nuestra sociedad, honrando nuestras responsabilidades como hombres y mujeres de fe, en claro compromiso con el bien común.

Ha terminado el proceso electoral más grande de nuestra historia y ha tenido un desenlace esperanzador. Los nubarrones de conflicto político que amenazaban nuestras relaciones cotidianas se disiparon, los contendientes reconocieron los resultados y todos lanzaron mensaje de reconciliación. Sin embargo, los grandes problemas siguen ahí y no existe político alguno que pueda solucionarlos por su propia voluntad. Es tarea de muchos años, un esfuerzo que sólo una ciudadanía libre, consiente y comprometida puede llevar a cabo. Los políticos tienen el deber de ponerse al servicio de la sociedad.

En esta lógica, los católicos, sin importar pasajeras filias o fobias políticas, tenemos importantes tareas que realizar en beneficio de cada una las personas que habitan o transitan por nuestro país. Para nosotros, seguidores de Jesús, el compromiso con el bien común no es opcional, sino alta expresión de la caridad. No podemos voltear el rostro y dejar que los gobernantes hagan su voluntad sin la supervisión de una ciudadanía participativa de la cual, por propio derecho, formamos parte importante.

La crisis que carcome nuestra patria radica en el desprecio profundo por la vida del ser humano, por el avance constante de la cultura del descarte. En el esfuerzo por cambiar de rumbo los católicos, por fidelidad al Evangelio, debemos redoblar esfuerzos porque la agenda es inagotable. Sin importar quiénes sean nuestras autoridades, pero siempre exigiéndoles coherencia, mucho podemos hacer contra la violencia que nos agobia con la oración, la reflexión y el arduo trabajo, hasta lograr que el valor de la vida de cada persona sea reconocido y respetado desde el vientre materno, hasta los más recónditos confines de la patria, lo que nos compromete con migrantes, mujeres, jóvenes, niños, indígenas, etc., como camino cierto para alcanzar la anhelada paz con justicia y dignidad.

Los católicos debemos transformarnos cada día en buenos cristianos y virtuosos ciudadanos, al decir de san Juan Bosco, lo cual no se logra condenando “al mundo” encerrados en castillos de pureza, asustados por la maldad de la sociedad; tampoco diluyendo la fe para hacernos “políticamente correctos”; ni mucho menos se alcanza pateando y mordiendo a quienes piensan diferente dentro y fuera de la Iglesia. Se logra caminando con la frente en alto, guiados por el Evangelio, compartiendo el gozo de la libertad que provoca ser hijos de Dios para mostrar la belleza de la fe en el Resucitado.

 

jtraslos@unam.mx

 

Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México

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