Foto: Cathopic
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) sigue rompiendo expectativas, superando esquemas, renovando alegrías y destruyendo pesimismos de todo tipo. Así lo vimos en Panamá.
El mensaje del Papa Francisco, si bien caló hondo en el corazón de los miles de jóvenes que invadieron las calles panameñas, es también una exhortación a toda la Iglesia de Jesucristo a trabajar para Dios, a embarrarse las manos junto a Él en la construcción de su Reino, de una forma simple, pero contundente.
La tarea no es fácil, pues construir el Reino de Dios exige un seguimiento radical a Jesús. Él nos señaló tres pasos: negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra propia cruz y avanzar detrás de él. Tres pasos que se concretan cuando renunciamos a la autoafirmación que enceguece, a la autorreferencialidad que aísla y desprecia al otro, al egoísmo que destruye con soberbia; se concretan tales pasos cuando asumimos la propia misión y tarea, y las llevamos a cabo como Jesús llevó su cruz: con decisión y entrega; y se culminan cuando asumimos sus criterios en los diversos ámbitos de la vida.
Una sociedad mejor no se construye a partir de palabras huecas, de descalificaciones o del activismo de sillón, sino a partir de acciones, hechos concretos que reflejen el amor que Jesús nos tiene.
Ahí está nuestra identidad, que no consiste en un estatus social, un puesto de trabajo, un grado académico o un cargo de influencia. Somos hijos de Dios y estamos llamados a impactar positivamente en nuestra sociedad e influir en los demás a partir del amor.
Si nos preguntáramos: ¿quién está dispuesto a construir un mundo mejor?, ¿quién está dispuesto a decir NO a la corrupción?, ¿quién está dispuesto a decir NO al egoísmo?, ¿quién está dispuesto a ser una mejor persona hoy para tener un mejor mañana?, estamos seguros de que hay quienes se atreven a levantar la mano con afirmación, como lo manifestaron tantos jóvenes con su presencia y vitalidad en Panamá ante el Papa.
Caminemos alegres, de la mano de Dios, e imprimamos en nuestras acciones una de las frases más hermosas que el Papa nos dejó en la JMJ: “Sólo lo que se ama puede ser salvado. Sólo lo que se abraza puede ser transformado”.
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