2022 fue otro año marcado por la violencia. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Federal, en México cada hora murieron 3.5 personas, como consecuencia de actos delictivos.
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Tan solo en el cierre del año, en el estado de Zacatecas, donde un niña y un joven seminarista, José Dorian Piña Hernández, de 25 años de edad, quienes viajaban a bordo de un automóvil junto con su familia, fueron asesinados por un grupo armado que intentó despojarlos de su vehículo en el municipio de Noria de Ángeles.
Pero estas muertes son más que cifras: son personas cuyas vidas terminaron prematuramente, son familias que quedaron destruidas y comunidades que fueron heridas por la huella de la violencia.
El año que inicia se presenta como una oportunidad de comenzar de nuevo con un nuevo propósito: poner fin a la violencia y asumir nuestro rol como artesanos de paz.
Como cada año, este 1 de enero la Iglesia católica celebra la Jornada Mundial de la Paz, con el propósito de que la paz marque el inicio del calendario.
En su último mensaje, el Papa Francisco nos recuerda que, a tres años de la pandemia, se encontró la vacuna contra el Covid-19, pero no se han hallado soluciones eficaces para poner fin a la guerra.
Sin embargo, siempre existe un camino: el de la solidaridad y la fraternidad, pues la gran lección que nos dejó el Covid es que nadie se salva solo.
“De esta experiencia ha surgido una conciencia más fuerte que invita a todos, pueblos y naciones, a volver a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, es juntos, en la fraternidad y la solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos”, asegura el Papa.
Este 2023 puede constituirse como el año en el que, con la gracia de Dios, podamos en comunidad extirpar ese cáncer que es la violencia y que ha enfermando a nuestra gente.
Por eso, hacemos un llamado a los tres niveles de gobierno a tomar las medidas necesarias para, posteriormente, sumar esfuerzos con la sociedad civil para trazar caminos de diálogo y de paz.
Pedimos también a Dios para que toda la comunidad católica del país sume esfuerzos y se convierta en levadura de paz, esa paz que tanto añora la población que se encuentra cansada de vivir en medio de la incertidumbre que genera la inseguridad todos los días.
De la misma manera, pidamos a Santa María de Guadalupe que con su amor maternal nos dé la sabiduría y los elementos necesarios para comprometernos a trabajar con empeño en este objetivo, siguiendo a Cristo, que es el Príncipe de la Paz.
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