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  LA VOZ DEL OBISPO
Por Mons. Salvador González Morales
   Arzobispo de la Arquidiócesis Primada de México
LA BELLEZA DEL MATRIMONIO CRISTIANO.
El amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal.
C omo invitación a la ora- ción para este mes de junio, el Santo Padre Papa Francisco, nos lleva a considerar una intención fun- damental: el Matrimonio por la belleza
que de éste dimana.
Los números 126-130 de la Ex-
hortación Apostólica Postsinodal “Amoris Laetitia” hablan sobre la alegría y la belleza en el Matrimo- nio. Quisiera ahora considerar esta realidad para nuestra reflexión, por la motivación que ha puesto el Pa- pa para este mes, pero también por el año Amoris Laetitia a 5 años de la publicación del documento.
El primer aspecto a considerar es el imperativo propuesto por el San- to Padre: “En el matrimonio hay que cuidar la alegría del amor”, que mira en una dimensión más pro- funda que la búsqueda exclusiva del placer, la alegría del amor en- sancha su horizonte en una capaci- dad para gozar verdaderamente de la vida junto a otro ser. Cuando existe esta alegría en la vida matri- monial se pueden vivir incluso los momentos de mayor sufrimiento y dolor. La nota característica de la alegría del matrimonio se experi- menta cuando el amor humano se va purificando, cuando va dejando entrar el manantial del que se nu- tre que es el amor divino, y que nosotros conocemos como la cari- dad o el amor de amistad, en éste
se aprecia y valora al otro por sí mismo, evitando utilizarle o instrumentalizarle.
Aquí la otra afirmación base del Papa Francisco: “La belleza nos permite gustar lo sagrado de la per- sona del otro, sin la imperiosa ne- cesidad de poseerlo”, es decir, el otro (en la pareja) tiene para mí un valor tan alto, que no se reduce a su atractivo físico o psicológico, de tal manera que me permite apre- ciarlo en toda su riqueza. Nuestra sociedad acostumbrada a consumir (usa y desecha), ha degradado el sentido estético (el cual es de por sí muy frágil), y con ello agota con mucha facilidad la alegría.
Por eso esta máxima que nos propone el Santo Padre: “El amor al otro implica ese gusto de contem- plar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que existe más allá de mis necesidades”. Pero la alegría de ese amor contemplativo tiene que ser cultivada. Una clave para ese cultivo está en el trabajo por provocar felicidad en los demás, allí se encuentra la alegría más intensa. Es este el gozo del amante que se complace en el bien del ser amado. Además, hay que decirlo, la alegría se renueva en el dolor. Cuando los cónyuges, después de haber sufrido y luchado juntos, pueden experi- mentar que valió la pena, pues consiguieron algo bueno; viven una alegría honda y verdaderamente festiva, de esto quienes me leen
seguramente tendrán muchas historias.
Es este uno de los ángulos de la belleza del matrimonio, por la ale- gría del amor que consiste en con- templar al otro en su gran valor y alta dignidad, por la fuerza de una alegría que se trabaja día a día.
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13 de junio de 2021 desdelafemx
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