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 El amor es cosa de tres: un esposo y una esposa que aportan su amor humano, y Dios que diviniza ese amor con su gracia a través del Sacramento.
  Por Sergio G. Román @desdelafemx
¿ Un cuento de hadas?
Así terminaban los cuentos de ha-
das que nos contaban nuestros papás
antes de que hubiera televisión. Des- pués de mil peripecias los héroes protagonistas del cuento terminaban casándose, teniendo muchos hijos y siendo muy felices. Y muchos piensan que la felicidad del Matrimonio sólo se da en los cuentos de hadas.
¿Realmente se puede ser feliz en el Matri- monio? Tendríamos que preguntar más bien: ¿se puede ser feliz en esta vida? Y si respon- demos que, a pesar de las penas, la vida vale la pena vivirse, esa respuesta es también válida para la vida matrimonial. Sí. ¡Sí es posible ser felices en el Matrimonio! Y dan testimonio de ello tantos y tantos matrimonios que luchan cada día por ser felices juntos, a pesar del mal testimonio de tantos y tantos otros que han destruido su unión porque no supieron amar a los suyos más que a ellos mismos.
AMAR ES ENTREGARSE
Si te casaste para ser feliz, ¡no sabes amar!, eres un pobre egoísta. Si te casaste para hacer feliz a tu cónyuge, a quien amas con todo tu corazón, vas por un excelente camino para ser tú feliz haciendo que sea feliz tu ser amado. El amor es renuncia y entrega, es identificarse de tal modo con el ser amado que –dice Jesús–, for- marán una sola carne. Si se entiende así el Matrimonio y el amor conyugal, es fácil com- prender el que la felicidad del ser amado cons- tituya la propia felicidad.
Esto lo puede uno entender cuando ve a los padres de una familia contemplar el bienestar de sus hijos y sentir que son felices y así lo expresan, ¡a pesar del esfuerzo y del sufrimiento personal!
Dice una sabia canción: “Amar es entregarse olvidándose de sí, buscando lo que al otro pueda hacer feliz”.
EL MATRIMONIO ES COSA DE... ¡TRES!
El ser humano, hombre o mujer, es bueno por
naturaleza y es capaz de amar hasta el heroísmo, pero el amor simplemente humano es voluble y traicionero, porque muy fácilmente se desvía hacia el egoísmo.
¿Se puede amar para siempre? Los cristianos decimos que el amor no pasa nunca, pero com- prendemos que ese amor no puede ser sim- plemente humano, tiene que ser un amor divinizado.
El amor es cosa de tres: un esposo y una esposa que aportan su amor humano, y Dios que diviniza ese amor con su gracia a través del Sacramento del Matrimonio. Sólo así se hace posible cumplir la solemne promesa hecha ante el altar de amarse hasta que la muerte los separe.
HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE
¿Cómo ser felices si tan sólo viven juntos, pero ignorándose mutuamente? Son muchas las vivencias comunes para todos los miembros de una familia, y muchas más para los esposos en particular. Vivir juntos debe significar vivir unidos, esforzándose por conseguir paso a paso lo que toda la familia necesita para su creci- miento pleno.
Los esposos tienen que aprender a mantener un diálogo continuo, no interrumpido ni por el cansancio ni por la costumbre.
Y, ojalá, un diálogo que no sea tan sólo sobre los problemas de cada día, sino que se interese en los anhelos e ilusiones de cada uno de los cónyuges.
JUNTOS DE LA MANO
Ser esposo no es ser la “pareja” con la que com- partimos la juventud, mientras crecen los hijos y se van. Los esposos comparten toda la vida, son compañeros de viaje, van juntos de la mano por esta vida rumbo al horizonte.
La Santa Biblia lo expresa con mayor preci- sión: ya no son dos, ya son un solo cuerpo. Y la liturgia del Matrimonio añade que son un solo corazón y un solo espíritu. Los dos son un solo ser unidos por el amor de Dios.
En las siguientes páginas encontrarás reco- mendaciones para superar los problemas en un diálogo continuo, pero sobre todo, de la mano de Dios.
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desdelafemx desdelafe.oficial desdelafe DesdelaFeOficial 12 de enero de 2020 15









































































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