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    UNA GRAN RESPONSABILIDAD
Esa misión coincidió con los meses más difíciles de la pandemia en Zacatecas, donde los hospitales registraban hasta 10 muertos por día, y “se tenía que hacer algo de emergencia por las almas que se nos estaban yendo”, explicó a Desde la fe.
En el relicario que le dieron en Catedral cabían unas diez Hostias Consagradas, mismas que, ya en área Covid y procu- rando no estar a la vista de nadie, partía con sumo cuidado para que alcanzaran todos los enfermos que solicitaban la Co- munión. “Cuando terminaba la visita a los pacientes, yo me regresaba y les ofrecía el Cuerpo de Cristo”.
No podía confesar, pues no era sacer- dote; pero la instrucción era que pidiera a los enfermos hacer un acto profundo de arrepentimiento, y si Dios les permitía salir del hospital, acudieran con un sacerdote para confesarse.
EXPERIENCIAS EN EL CORAZÓN
Hay dos experiencias que considera que- darán con él para siempre. La primera fue la de un hombre en estado tan crítico, que se le pronosticaban sólo unas horas de vida. El hombre llevaba días sin poder pronunciar palabra.
“Me acerqué a él, le pregunté si quería comulgar, y asintió con la cabeza. Le pedí que se arrepintiera de todo corazón de sus pecados, y comenzó a llorar. Cuando le di el Cuerpo de Cristo, el señor comenzó a hablar. Fue como un milagro instantáneo, aunque lo único que repetía era: ‘Ahora sí, ya estoy tranquilo’.
El otro caso fue el de una señora que, al estar pidiendo perdón a Dios por sus pecados, comenzó también a llorar; cuan- do se calmó, dijo que saliendo del hospital iría a confesarse, y él le dio la Comunión. Lamentablemente, 2 días después falleció. “Ella era conocida de una amiga mía. Cuan- do pude darle el pésame a mi amiga, le pedí que le dijera a su familia que la señora había pedido perdón a Dios y había co- mulgado. Mi amiga me preguntó: ‘¿A poco te aceptó la Comunión? Ella era Testigo de Jehová’. La señora era católica, pero años atrás había cambiado de religión. Así que 2 días antes de fallecer regresó al seno de la Iglesia católica”.
EL SANTÍSIMO DE CONTRABANDO
En el tiempo que el médico dio la Comu- nión en el área Covid, iba por las tardes a la Catedral de Zacatecas para recoger el relicario con las Hostias Consagradas. Lo guardaba en su bolsa y lo llevaba al hospital.
“Mis compañeros no se dieron cuenta, sino hasta que comenzaron a salir algunas notas de esto en los medios. Yo no quería que se supiera lo que estaba haciendo, pero un sacerdote me animó diciéndome que saber esto, podría animar a otros a hacer lo mismo”.
Para el doctor Antonio, debió haber más sacerdotes y laicos cerca de los enfermos en el tiempo más crítico de la pandemia. “Yo desearía que, en un futuro, si volviera a haber otra pandemia, que Dios no quiera, quienes conformamos Iglesia le entremos con todo”.
PER FIL
2019
FUE EL AÑO
en que una frase del Papa lo marcó: “Hagan algo que deje huella”.
2020
INICIA SU
labor de llevar auxilio espiritual de los pacientes de Covid-19.
Un “ángel azul”
Nació en Guadalajara, Jalisco, en el seno de una familia católica.
Desde niño solía ir a la Iglesia y participar en coros parroquiales.
Estudió medicina; al mudarse a Zacatecas se hizo médico residente.
Actualmente estudia
una especialización en Medicina Familiar.
Yo no quería que
se supiera lo que estaba haciendo, pero un sacerdote me animó a contarlo, diciéndome que saber esto, podría animar a otros”.
ANTONIO DEL RÍO MÉDICO
     Decidió llevar la Comunión al área Covid y ofrecerla cama por cama a los pacientes.
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16 de mayo de 2021 9
































































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