Iglesia en México

Homilía del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Homilía del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario del Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

“Nadie conoce ni el día ni la hora” (Mc. 13, 32)

Esto afirma Jesús en el Evangelio de hoy, cuando ha dicho que la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas, y el universo entero se conmoverá.

Con estas palabras, Jesús nos advierte que la Creación tuvo un principio y tendrá un fin, lo mismo que nuestra vida: tuvimos un principio, y tenemos la certeza de un final, pero no sabemos ni el día ni la hora.

Ante esta advertencia de Jesús, me parece conveniente –en el proceso actual de la humanidad– que reflexionemos sobre nuestra propia vida. Seguramente estarán de acuerdo conmigo en que una persona que siempre ha tenido cuidado de darle la atención a su cuerpo,  a su organismo, que cuida de su salud con buenos hábitos, con orden, es una persona que habitualmente prolonga la vida, llega a la vejez y a la ancianidad. En cambio, una persona desordenada, que se deja llevar por los vicios o las adicciones, o por la delincuencia, la agresión o la violencia, su vida termina muy pronto.

Lo mismo pasa con la Creación. Desde hace casi un siglo, recibimos constantemente informaciones del daño que hacemos a nuestra propia Casa Común, que es nuestro planeta Tierra, dentro del universo. Los astros, el universo entero, la tierra misma, tienen leyes cíclicas para irse renovando y prolongando su vida. El ser humano es la única especie que tiene la inteligencia suficiente para cuidar y proteger nuestra casa, o lamentablemente, para dañarla.

Por eso es importante cobrar conciencia –como nos lo ha pedido el Papa Francisco– en una de sus más recientes encíclicas llamada Laudato Si’. Esta expresión la tomó el Papa de la oración constante que hacía San Francisco de Asís: “¡Alabado seas, mi Señor!”. Alabar a Dios por la Creación, por todo lo que nos da: minerales, vegetales, animales. Y esa actitud franciscana la asume el Papa Francisco ahora en dicha encíclica para motivar la conciencia de que está en nuestra manos prolongar o acortar la vida de este universo.

Bien dijo Jesús: “Nadie sabe ni el día ni la hora. Sólo Dios Padre” (Mc. 13, 32). Igual que nuestra propia existencia, también depende de nosotros, de las generaciones actuales, prologar o no la vida de nuestro planeta, de nuestra Casa Común.

Todos podemos hacer conciencia de lo que hemos llamado “cultura ecológica”, no sólo la podemos adquirir de manera personal, sino en familia, en el barrio o en las organizaciones en las que estamos presentes.

Todos tenemos la responsabilidad de cuidar estos ciclos de vida que tiene la naturaleza, respetar y proteger sus leyes, pero sobre todo, aquellos que tienen puestos de gobierno o están al frente de instituciones privadas o públicas. Debemos promover esta conciencia como nos lo pide el Papa Francisco. Los gobiernos se han unido ya para cuidar de nuestra casa, pero no han obtenido el consenso general. Es nuestra casa y la tenemos que cuidar y proteger.

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Hoy, la liturgia nos presenta esta lectura al término del Año Litúrgico. Un año de vida que culminará el próximo domingo en la fiesta de Cristo Rey. Y al igual que como lo hacemos al final del año civil, es bueno hacer un examen de conciencia: ¿Cómo actúo? ¿Tengo conciencia ecológica? ¿Cuido el orden y el buen uso de las cosas que la naturaleza me proporciona? ¿Tengo el hábito de la limpieza y de no producir más basura de la indispensable? En todos estos aspectos, ¿cómo está mi conciencia y mi conducta? Si generamos entre nosotros esta actitud, seguramente nuestras instancias de gobierno podrán tener mayor éxito en el cuidado, al menos de nuestra patria.

Pidámosle a María de Guadalupe -que vino a construir esta casa pensando en la mayor dignidad para nosotros– fraternidad y solidaridad para construir un estilo de vida que nos dé justicia, paz y capacidad de amarnos los unos a los otros. Con fe y esperanza pongamos esta súplica en manos de nuestra Madre. ¡Que así sea!

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México