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Semanario católico de información

Carlos Villa Roiz

La Iglesia celebra cada 28 de diciembre a los Santos Inocentes, aquellos niños que fueron asesinados a espada por orden del rey Herodes, quien pretendía matar al Niño Dios tras haberse enterado de su nacimiento por los Magos de Oriente que acudieron a su palacio, información que estaba en concordancia con las profecías del pueblo judío.

Los antecedentes bíblicos de estos primeros mártires nos remiten al Evangelio de San Mateo (2, 13-18), quien dice: “Después que los magos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle.” Después de esto, la Sagrada Familia huyó a Egipto donde Jesús pasó los primeros ayos de su vida.

En cuanto a la matanza de aquellos niños, los Santos Inocentes, todos eran menores de 2 años de edad y ya había sido anunciada por el profeta Jeremías cuando dijo: “Un clamor se ha oído en Ramá (Belém), mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen”. El profeta se refería al dolor que sentían las madres ante sus hijos muertos por los soldados romanos, en cumplimiento de la orden de Herodes.

Al paso de los años, este pasaje bíblico se incorporó al arte sacro y aun hoy existen mosaicos y pinturas alusivas al tema, en templos tan importantes como la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, y con ello, creció la difusión de este ensangrentado episodio de aquellas víctimas que tuvieron lugar poco después del nacimiento de Jesús.

La conmemoración de los “Santos Inocentes” como hoy se conoce en México, es una conjunción de la liturgia cristiana mezclada con el espíritu festivo que imprimió la cultura española en nuestro país, pues en España existía una celebración conocida como “La fiesta de los locos” que Felipe II prohibió debido a los abusos que la gente hacia al hacer bromas.

Los Santos Inocentes o mejor dicho, la matanza de niños inocentes siguen siendo una lamentable realidad mundial, en medio de incontables injusticias sociales que van desde las víctimas en las guerras y el terrorismo, la pederastia, la explotación de menores, la pornografía, el narcotráfico, la violencia intrafamiliar y el aborto, entre otras causas.

Los nuevos Santos Inocentes no son personajes o símbolos del pasado. Son una realidad en el mundo moderno donde a veces, ni el Estado ni la ley, hacen nada por protegerlos y realmente salvaguardar sus derechos.

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