Firmas

¿Hijos o perrhijos?

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Y tuvieron muchos hijos…

Se casaron bien y muy enamorados. Ella con la ilusión de tener un hogar con muchos hijos; él con la ilusión de tener una casa suya, muy suya. Con el salario de los dos consiguieron un departamento en un lugar bonito, lo amueblaron con excelente gusto y lo gozaron. Pero faltaba algo. A ella le faltaban los hijos, a él ese auto nuevo que tanto deseaba. Sensatamente habían quedado de acuerdo en tener hijos con el consentimiento de los dos. Ella consentía, pero él alegaba que primero deberían tener un mayor bienestar económico. Lógicamente el tema del posible hijo provocaba discusiones y alejamientos. Ella necesitaba un hijo; él quería su carro nuevo. Un día, él llegó a su casa con un regalo para su esposa, un adorable perrito para que canalizara sus instintos maternales. Ella cuenta que esa fue la gota que derramó el vaso, y que decidió tener a su hijo aún sin el consentimiento del esposo ¡y se dejó embarazar! Fueron gemelos. Ni qué decir que él se convirtió en un papá orgulloso de sus hijos y que ese matrimonio se salvó del egoísmo.

Los perrhijos

El libro del Génesis (2, 19-20) nos dice que Dios creó a los animales para darle a Adán una ayuda adecuada, y no lo fueron. Adán necesitaba una familia, y ésta llegó con Eva que se convirtió en carne de su carne.

Pero el ser humano y los animales han aprendido a convivir, a tal grado que son mutuamente necesarios.

Para los citadinos la relación con los animales se ve limitada a las mascotas. Un perro, o un gato, o algún otro animalito tienen como misión complementar a una familia, pero nunca sustituir a la familia. Un perro no es un hijo.

La soledad es un mal que aqueja cada vez a más personas. Y no se da únicamente en las personas que viven solas, se puede vivir entre mucha gente y sentirse solos. La ausencia de la convivencia humana puede llevar a buscar la convivencia con una mascota.

Y entonces la mascota se vuelve familia, recibe el amor que se le debería dar a los hijos o a los hermanos, el cuidado y los mimos que se le darían a un hijo.

En los recientes temblores me impresionó ver a la gente salir de sus casas convocada por la alarma sísmica y llevando en sus brazos a sus asustadas mascotas. Indudablemente son miembros de la familia ¡y se lo han ganado!

Hoy en día, dicen, se gasta en alimentos de mascotas más que lo que se gasta en alimentos para niños.

 

Mascotas vs niños

Mientras que el acoger a mascotas va en auge en los lugares públicos, también va en auge el poner límites a las familias con niños. No se admiten niños.

Sería comprensible, en cierto modo, que estos límites a los niños fueran solamente para proteger la paz y la tranquilidad de los mayores, pero tal parece que el rechazo a los niños no se limita a no aceptarlos en los lugares de convivencia humana, sino a no aceptarlos en las familias.

Hay parejas que se unen con la condición de no tener hijos que limiten su libertad y su bienestar económico. Su decisión se respeta.

El tener hijos, y, sobre todo, el tener muchos hijos parece cosa del pasado, ya no son necesarios, eso está bien en los viejos cuentos infantiles.

Y, mientras tanto, las mascotas siguen ocupando el lugar de los hijos y de los nietos.

 

Gracias a Dios por las mascotas

Es bueno tener mascotas. Un niño necesita tener un perro o un gato para aprender a ser responsable de alguien, para sentir la fidelidad, lo que es el cariño desinteresado del que es el mejor amigo del hombre. Como que la educación de un niño no está completa si no ha tenido una mascota.

Los ancianos necesitan compañía en su soledad y ésta suelen darla los animalitos, pero no suplen la compañía de los hijos y de los nietos.

Las personas que han decidido vivir solas suelen rodearse de animalitos, pero a ellos mismos les parece triste gastar su amor en animales y no en los seres humanos.

Gracias a Dios por las mascotas, pero no exageremos nuestro amor por ellas, no son hijos, no son personas; complementan, pero no sustituyen el amor humano.

Rodearnos de mascotas porque no somos capaces de rodearnos de humanos es tan solo una forma de disfrazar nuestros traumas y nuestros egoísmos. ¡Cuántos seres humanos están hambrientos de ese amor que prodigamos a nuestros animalitos!

Salgamos de nuestra soledad no rodeándonos de perros o gatos, sino abriendo la puerta de nuestro corazón a tantos y tantos hermanos nuestros que vagan por el mundo como perritos sin dueño.

Adopta un perro, sí, pero también adopta a un humano.