Ángelus Dominical

jesús

P. Eduardo Lozano

TENGO ENTENDIDO QUE el próximo jueves inicia el campeonato mundial de fútbol (en Rusia), y no siendo yo ni siquiera ínfimo aficionado, y no siendo mis lectores (eso creo yo) aferrados futbolistas, pues me daré el lujo de patear el tema con la esperanza cercana de meter al menos un gol… RECUERDO QUE la última ocasión que jugué fút (fue hace poco y eso más por insistencia de otros que por ganas mías) campeaba un sol más rimbombante que playero, y terminé más molido que café, más golpeado que perilla y más deshecho que cualquier basura; pero metí un gol, y eso sí fue sorprendente para mí… AHÍ ESTARÁN –en la cancha- los jugadores de respectivos equipos con la emoción deslumbrante en sus uniformes y con las ganas de triunfar que les salen por cada poro, por cada célula de su cuerpo; sabiendo que en toda regla hay excepciones, también habrá quien esté ahí por mero afán de ganarse sus buenos dineros, pero eso lo dejamos a un lado (por hoy)… DAN EL SILBATAZO inicial y el balón comienza su ir y venir: cambios de dominio, chanfles, tiros de esquina, calcetinazos, acaso una falta y viene el “penalty”, ¡no!, no metió gol pero sigue la emoción; entonces el portero sale hasta media cancha, el arbitro parece bendito, digo: bandido, no, parece vendado, no, más bien: vendido; no, sigue el esférico su rumbo y en medio regates y fintas, y todos queriendo meter el pie pero no la pata, todos (en la cancha y fuera de ella –gradas o pantallas-) a la expectativa de divertirse y ganar, o de ganar y divertirse, que aquí –como en la aritmética- el orden de los factores tampoco altera el producto… SI ERES UNO DE ESOS “bichos raros” –como yo– a quienes el fútbol les tiene sin cuidado, te invito a que veas y vivas todos estos momentos como un espejo de la vida, como una proyección de lo que siempre vivimos y lo que cotidianamente debemos buscar en la vida: ganar y divertirnos… ABRE BIEN LOS OJOS –junto con el entendimiento– y te lo digo de otro modo y con una breve pregunta: ¿acaso alguien viene a este mundo con el objetivo claro y preciso de NO ganar y NO divertirse?; y me estoy refiriendo a la verdadera ganancia y a la auténtica felicidad, y no a llenarse la cartera de billetes y a estar viviendo a costa de otros, que eso ni es diversión ni es ganancia ni es humano… ANTES DE OIR el silbatazo final las probabilidades son múltiples y variadas: que si los jugadores son chafas, que si la afición es respetuosa, que si los contrincantes están a la altura, que si los comentarios estorban, que si la botana fue lo mejor del partido, que si nadie anota gol pero están llevando un juego como nunca, que si metió mano, que si el gol estuvo fenomenal: tal como sucede en la vida… NO, NO TE QUEDES fuera de tu propio partido y vívelo con la emoción de estar en la final, de estar compitiendo el todo por el todo, de hacer tu mejor papel y de ganar lo que no se acaba y de divertirte con todos los que te rodean, ¡sí!, que nadie se sienta ajeno ni triste ni marginado… A MI ME GUSTARÍA que ganara (…¿glup?…) (-¿quiénes juegan?-); a mi gustaría que todos ganaramos: que todos terminaramos en la vida con la ganancia de habernos metido en la propia responsabilidad pero con emoción, con espíritu de competencia pero no de conflicto, con espíritu deportivo pero no de terroristas, con espíritu de superación pero no de superioridad, con espíritu de equipo y solidaridad pero jamás con ganas de fregarse al otro hasta humillarlo: ni en el juego ni en la vida… EN EL SERMÓN DEL MONTE (Mt 5, 9) Jesús dijo: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados “hijos de Dios”, y eso es lo que pienso que debe ser cualquier competencia deportiva entre naciones y entre barrios, entre los pueblos y entre vecinos: un trabajo por la paz, un esfuerzo por el encuentro y la aceptación, un gran empeño por la colaboración respetuosa y humana… AYER MISMO COMENZÓ un partido muy especial para siete jóvenes que fueron ordenados diáconos en la Basílica de Guadalupe (ellos son Felipe, Agustín, Alejandro, Luis Antonio, David, Josué y Abraham); ya están en la cancha y el esférico está en juego, ya se oyen las porras y las rechiflas, ya la portería espera su anotación; que no estén en la competencia por sórdida ganancia ni por vano espectáculo, que en el ímpetu se note lo importante que fue el entrenamiento, que sepan jugar como equipo y se coordinen para que todos ganemos: ellos como diáconos y luego –ya presbíteros- con su entrega y servicio, que la Iglesia gane con su juventud y su creatividad, que el mundo gane con su vida gastada en la misión que Cristo les confía, y que todos gritemos: ¡gooooool!…