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Homilía XXXII del Tiempo Ordinario: somos discípulos de Jesús

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En la Homilía XXXII del Tiempo Ordinario, tanto en la primera lectura como en el Evangelio, presenta la figura de una viuda. La primera escucha al profeta Elías, quien le pide pan y bebida; ella sólo tiene un poco, pero se lo comparte porque cree en su palabra. La otra da dos moneditas, muy insignificantes en comparación con las abundantes ofrendas, y Jesús dice: ‘Esta ha dado más que todos’ (Lc. 21:1-3).

Estos ejemplos que plantea hoy la Homilía, Jesús los comparte con sus discípulos con la intención de instruirlos. El Maestro les dice: ‘observen esto, tengan en cuenta esto; no hagan como los que solamente quieren ocupar los primeros lugares, aprovecharse de los otros, tener para ellos todos los honores sin importarles los demás’.

¿Cuál es la enseñanza que deja la Palabra de Dios con estos textos? Nosotros somos discípulos de Jesús desde nuestro Bautismo y Confirmación. La razón por la que estamos aquí, en esta Homilía, es para encontrarnos con Jesucristo. Y Él nos habla como les habló a sus discípulos de entonces.

Con estos textos quiere señalar la generosidad y confianza de las viudas. La primera al escuchar al profeta Elías, y la segunda, al depositar su pequeña ofrenda en el templo, dando lo poco que tenía para vivir. Ésta seguirá adelante porque confía en Dios: deposita su ofrenda y no se queda aferrada a lo poquito que tiene. Generosidad y confianza son las dos actitudes que Jesús quiere mostrar a sus discípulos, y también a nosotros.

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Él llama a sus discípulos, como nos ha convocado a nosotros este domingo. Le interesa que seamos buenos discípulos y lo sigamos. ¿Qué es lo que ha hecho Jesús? Primero, reconocer la generosidad y confianza de la pobre viuda; segundo, valorar su acción, y tercero, trasmitirlo a manera de testimonio.

Ahora veamos, qué es lo que quiere decirnos: primero, que revisemos nuestra generosidad y confianza. Tenemos un muy buen mediador en Jesucristo, que, sentado a la derecha del Padre, pone en sus manos nuestras necesidades para que su providencia actúe. Debemos preguntarnos: ¿cómo anda mi generosidad?, ¿sigo siendo muy egoísta o ya he aprendido a compartir con los demás?, ¿cómo anda mi confianza en Dios, en su providencia? ¿realmente vivo de manera cotidiana esa confianza en un Padre que me ama?, ¿siento su amor y por eso confío en Él en cualquier circunstancia de mi vida?

Al reconocer lo que hace esa pobre viuda, y trasmitirlo a sus discípulos, Jesús nos deja una gran lección, muy conveniente en estos tiempos, en los que, dentro de nuestros diferentes círculos sociales, nos dejamos llevar por los celos, la envidia o la ambición, y descuidamos las necesidades de nuestro prójimo.

Tenemos que asumir estas enseñanzas de Jesús Maestro, y, en vez de movernos por los celos o la envidia, debemos reconocer al que sí las practica, al que sí camina bien, y además trasmitirlo: ‘Miren a este cómo actúa’.

Casi siempre nos pasamos la vida señalando los errores y las malas conductas de los otros, y muy poco cumplimos con esta misión tan importante que Jesús nos recuerda: reconocer al que sí camina bien, al que sí está actuando con una gran generosidad y confianza en Dios, y trasmitirla a los demás. No debemos únicamente quedarnos con esa buena percepción, sino valorarla y expresarla.   

¿Qué efecto causará en nuestra sociedad el que sigamos estas enseñanzas de Jesús? Volveremos a tener, en las raíces de nuestra fe, la fortaleza para reestructurarla. Volveremos a confiar unos en los otros y comenzaremos a solucionar nuestros problemas.

Es un mal de las grandes ciudades el anonimato, el individualismo, la falta de interés por el prójimo. Jesús nos está recordando que hay un camino por recorrer. Yo no puedo resolver el problema general, pero sí puedo ser un buen discípulo, y generar empatía con mis amigos, con mis vecinos, con mis conocidos. Así fortaleceremos el tejido social de nuestro país.

Démosle, en un breve momento de silencio, nuestra respuesta a Jesús, mirando a María de Guadalupe, quien vino a México para construir un pueblo fraterno y solidario en torno a su Hijo Jesucristo. ¡Que así sea!

Cardenal Carlos Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México