Desde la Fe - Canal RSS - Lectio Divina - Evangelio Dominicalhttp://www.desdelafe.mx/apps/article/?z=54La fe en las Olimpiadas
Neymar (futbolista)

Debido a que el Comité Olímpico Internacional (COI) prohíbe manifestaciones políticas, comerciales o religiosas en sus eventos, se enviará a la Selección Brasileña de Futbol una carta de protesta toda vez que, durante la ceremonia de premiación, Neymar exhibió una cinta con la frase “100% Jesús”. Al respecto, un conocido sacerdote comentó en su cuenta de Facebook: “Lo que ellos no entienden aún es que Jesús es el único invicto de toda la historia, es el verdadero vencedor, ganó por goleada al infierno, saltó las barreras de la esclavitud y nos rescató… ¡El oro es de Cristo y ya!”.

Katie Ledecky (nadadora)

Ledecky es una superestrella en la piscina, quien ganó cinco medallas en Río 2016; cuatro de ellas fueron de oro. Antes de ir a Río, explicó a los periodistas la manera en que reza antes de cada competencia: “Sí, digo una oración –o dos– antes de cualquier carrera. El Ave María es una oración preciosa y en mi caso, me relaja”. La estadounidense atribuye a su educación católica su éxito tanto en la piscina como en la vida.

Brianna Rollins (velocista)

Tras arrasar en los 100 metros vallas para Estados Unidos, Rollins declaró a los reporteros de la NBC: “Sólo dejé que Dios fuera primero y continué dejando que Él me guiara en cada vuelta… Esta mañana formamos un círculo de oración y permitimos que su presencia viniera a nosotras. Rezamos para que nos ayudara, para seguir glorificándole y haciendo lo que sabemos hacer”. Su perfil de Twitter es reflejo de su sólida fe, donde afirma abiertamente: “Quiero romper récords mundiales y ganar medallas de oro, pero también quiero que me conozcan como la atleta que glorificó a Dios alcanzando mi mayor potencial”.

Simone Biles (gimnasta)

Biles, quien asiste de ordinario a Misa los domingos, cautivó al mundo con sus ejecuciones como gimnasta: ganó cuatro medallas de oro y una de bronce. En una entrevista antes de los Juegos Olímpicos, la revista Us pidió a Biles que vaciara su bolsa de deporte esperando encontrar “la fórmula secreta de su éxito”. Fuera de lo que porta cualquier gimnasta, nada se halló en el bolso más que un Rosario. Biles explicó: “Mi madre, Nellie, me lo regaló en la iglesia; lo traigo aquí por cualquier cosa”.

Michael Phelps (nadador)

Phelps volvió a dominar la piscina en lo que podrían haber sido sus últimas Olimpiadas. Durante los últimos dos años, Phelps, quien había caído en la trampa de las drogas, experimentó una transformación a partir de la lectura de un libro que le regaló el ex jugador de fútbol americano Ray Lewis; Una vida con propósito es el título del libro que no sólo lo leyó, sino que compartió con sus compañeros de la clínica de rehabilitación, ganando así el mote de “Mike el Predicador”. 
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6901Domingo, 28 de agosto de 2016, 14:00 horas
Lectio Divina Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: “Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?". Jesús les respondió: "En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan, no porque han visto señales, sino porque han comido de los panes y los he saciado. Obren, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello”. Ellos le dijeron: “¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?” Jesús les respondió: “La obra de Dios es que crean en quien Él ha enviado”. Ellos entonces le dijeron: “¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. Jesús les respondió: “En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Les dijo Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. (Jn 6,24-35)

Más allá del hambre



Reflexión
En primer lugar podemos reflexionar sobre la manera en que Jesús respondió a la pregunta de las personas que lo buscaban: “ciertamente les digo que ustedes no me buscan por haber visto señales, sino porque comieron panes hasta saciarse”. A primera vista el Señor parece descortés. ¿Por qué no respondió directamente a la pregunta, sino que se dirigió a los motivos de la búsqueda?... (espacio de silencio interior) Al parecer, el evangelista nos ahorra los intercambios no relevantes y se lanza directo a la interpretación que hace el Señor. Esta interpretación está formulada, hasta cierto punto, como un reproche, porque al inicio del pasaje dice que le seguían al haber visto las señales milagrosas que hacía; ahora no lo siguen por esto, sino por un alimento puramente material. Así parece corroborarlo la frase siguiente del Señor: “esfuércense, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna”. En este momento podemos preguntarnos en forma de actualización: ¿Por qué sigo yo al Señor? ¿Lo busco a Él o busco beneficios que Él me da?... (espacio de silencio interior) Como lo hace en otros pasajes, Jesús lleva a sus interlocutores a un discurso espiritual y trascendente, pero esto no se capta desde el principio. Los judíos le piden señales comparables al don del maná en el desierto. Jesús ya dio la señal, esta fue precisamente la multiplicación del día anterior, y los corrige diciendo que no fue Moisés, sino el Padre, quien da el pan del cielo. Ahora Jesús habla del don del verdadero pan del Cielo que es Él mismo. Podemos detenernos a reflexionar en las dos características de que habla Jesús para poder acceder al verdadero pan: venir a Él y creer en Él. ¿Cuál podrá ser el sentido profundo de creer y venir a Él?... (espacio de silencio interior) Jesús compara cada uno de estos verbos con nunca tener hambre y nunca tener sed, esto quiere decir que la cercanía con el Señor y la fe en Él son actos fundamentales para la subsistencia, en este caso la subsistencia de la vida espiritual. También resalta el hecho de que cada uno es responsable de ir y adherirse, no es por casualidad, no es por medios mágicos, sino esencialmente humanos: ejercer la voluntad de pertenecer al Señor.

Contemplación
Como ejercicio contemplativo podemos quedarnos con varias frases del texto: por ejemplo “Yo soy el pan de vida”, “esfuércense por el pan que permanece para la vida eterna”, “mi Padre es el que les da el verdadero pan del cielo”. El ejercicio contemplativo consiste en repetir interiormente la frase, sin pensar o hacerse preguntas, simplemente repetir, no contar las repeticiones, simplemente estar presente ante esta frase. Una variante, después de contemplar un rato, puede elaborarse una frase de apropiación. Por ejemplo: “Padre, eres Tú el que me da el verdadero pan del cielo”, “Padre, con gusto acepto el don del pan del cielo”, etc…

Oración
Señor, al considerar el inicio del discurso sobre el verdadero pan del cielo me doy cuenta de que muchas veces te he buscado, no porque haya visto señales, sino porque quiero que me repitas un favor. Ahora reconozco que Tú eres libre de darme o no darme señales. Lo importante es que te siga a Ti, no las señales que me das. En el camino de amistad que me vas mostrando, permíteme comprender e interpretar correctamente las señales que me envías, de tal manera que acierte y cada una de ellas sea ocasión de que me una más profundamente a Ti y crea. 

Acción
Tal vez resulte provechoso no estar tan seguro de que siempre actúo con rectas intensiones. Puedo hacer, de vez en cuando, el ejercicio de dejarme interpelar por el Señor: “tú no me sigues por haber visto señales, sino porque quedaste saciado”. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6373Lunes 3 de Agosto del 2015
Lectura del Santo Evangelio Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Y de dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros sus hermanos?”. Y estaban desconcertados. Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos. (Mc 6,1-6)

Nadie es profeta en su tierra
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
Una de las consecuencias naturales de la encarnación del Hijo de Dios es que naciera en una población específica, procedente de una familia como todo ser humano. Al parecer esta situación causó que muchos en Nazareth cuestionaran la autoridad de Jesús. Ahora les propongo que nos preguntemos ¿En qué o de dónde radicaba la autoridad de Jesús? ¿Podrían haberlo reconocido sus paisanos si no se hubieran dejado llevar por sus prejuicios? (espacio de silencio interior…) Para nosotros, a casi dos mil años de distancia, nos parece obvio que Jesús es Hijo de Dios, verdadero Dios. Pero para sus paisanos de Nazareth esto no era tan claro. Sin embargo, pienso que podían haberse abierto a la forma que Jesús tenía de enseñar, en otros pasajes se nos dice que Jesús enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas y fariseos. Por otra parte, también le precedía la fama de los milagros que había realizado en Cafarnaúm. Los nazaretanos, por desgracia,  prefirieron sus propias ideas a propósito de quién era Jesús y por tanto lo rechazaron. Ahora podemos pasar al momento en que nos toca vivir, y preguntarnos ¿Cuáles son las causas por las que muchas personas rechazan a Jesús? (momento de reflexión personal…) Dese el siglo dieciocho hasta inicios del veinte, en que se pensaba la historia como una ciencia exacta, hubo muchos ”investigadores” que intentaron llegar hasta la verdad histórica de Jesús de Nazareth, en una forma muy semejante a lo que pasó en Nazareth, despojaron al Señor de toda adhesión que ellos supusieron posterior a su muerte y resurrección y manipularon a tal grado a Jesús que lo hicieron un romántico, un lunático, un revolucionario fracasado, etc… Pero después el progreso de la investigación ha llevado a comprender que la historia es una ciencia social y siempre está expuesta desde un punto de vista, el punto de vista de los discípulos es tan válido como el de los oponentes a Jesús como mesías y Señor. Pero en nuestros días todavía sobreviven las conclusiones de aquellos “investigadores” y muchos juzgan que Jesús es el producto de la mercadotecnia de San Pablo, quien lo hizo famoso entre los paganos. Otros dicen que no rechazan a Dios ni a Jesús sino a su Iglesia como si fuera posible separar al autor de la obra que él hizo. Pero lo más importante es que yo mismo me pregunte ¿Cuáles son mis motivos o prejuicios para no aceptar a Jesús tal como es: verdadero Dios y verdadero hombre? (espacio de silencio interior…)

Contemplación
En este segundo momento propongo que nos detengamos a contemplar la experiencia que tuvo el Señor Jesús ante la incredulidad de sus paisanos. Tratemos de recorrer con la imaginación tomando la perspectiva de Jesús. Tal vez podremos sintonizar con la transformación de sus estados de ánimo. Desde el inicio que podría haber sido una sensación de bienestar, estaba con los suyos. Pero al final sorprendido por la incredulidad (espacio de silencio interior…) Podemos repetir por varias ocasiones el ejercicio contemplativo con el fin de sintonizar también con la fuerza interior de la que estaba investido el Señor Jesús para soportar este tipo de situaciones.

Oración
Señor Jesús, al contemplar tu visita a Nazareth me has permitido valorar que tu servicio evangelizador no siempre fue bien recibido. De donde menos podría uno esperarlo, de los propios paisanos, recibiste un fuerte rechazo. Tú mismo preveías que un profeta no es bien recibido por los de su propia tierra. En cierto modo yo podría identificarme con los habitantes de Nazareth, pues desde niño te he conocido y no son pocos los prejuicios que poco a poco dejé que germinaran en mi mente y mi corazón. Algunos de ellos ni siquiera los había formulado, como el no tomar en serio algunos llamados de conversión que me has hecho, no te he creído o no he creído a los profetas que has enviado para mi bien, descartándolos porque son gente sencilla, porque son enemigos, o por el simple desprecio de que no son sacerdotes. Pero hoy, al acompañar tus emociones me has llevado a sintonizar con la pena de haberte contristado, pues Tú esperabas de mí una actitud más creyente. Amén.

Líneas de acción
Será un buen propósito revisar mis actitudes, sobre todo aquellas defensivas, por medio de las cuales rechazo a los demás basado, tan solo, en prejuicios o superficialidades.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6322Sun, 05 Jul 2015 00:00:00 GMT
Lectio Divina del Santo Evangelio 
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada. Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de Él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?” Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’” Pero Él seguía mirando alrededor para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando Jesús cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de Él. Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!” La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña. (Mc 5, 21-43)

“Tocar con fe”
P. Óscar Arias Bravo
Meditación
Los milagros que se relatan en el Evangelio de este domingo tienen una estructura conocida como “quiasmo”, algo así como “sándwich”, donde un relato está al inicio y al final de otro medular. Así, escuchamos el texto de la resurrección de la hija de Jairo, y en el centro de éste, la curación de una mujer con flujo de sangre.
Entre quienes participan de la escena están: un padre: Jairo, jefe de la sinagoga, judío importante, quien reconoce en Jesús la última esperanza de salvación para su hija; la muchedumbre, que está como los extras en una película, que no protagonizan ni forman parte de lo principal que se está narrando, y dos mujeres que comparten algo: 12 años, una de vida y la otra de enfermedad, ambas necesitan un milagro de Jesús para vivir. 
Ellas dos regresarán a la vida, una por la intercesión de su padre y el mandato expreso de Jesús: “¡Talitá kum!”, y la otra, por su discreta y temerosa, pero incomparable fe.

Contemplación
Al releer este texto recordé dos acontecimientos en mi vida que narraré con la misma estructura de quiasmo:
El primero fue en una ocasión en que el Metrobús estaba repleto, ya no cabía más gente, pero como tenía la urgencia de llegar a un compromiso, hice el intento de subirme presionando un poco para quedar al ras de la puerta, que tenía dificultad para cerrar.
El otro acontecimiento fue precisamente en una Misa dominical que celebré en el reclusorio; al finalizar, acostumbraba despedir a los internos y a sus familiares con la aspersión de agua bendita, y tomando la mano de algunos que se acercaban. En aquella ocasión, como era mucha la gente que esperaba recibir la bendición y otros me estaban tomando la mano para despedirse, en ese tumulto de personas y entre los apretones, percibí cómo de una manera sumamente discreta y casi imperceptible, un interno tomó el borde de mi estola y con profundísimo respeto la besó. Entre tanta gente y el avanzar de las personas que querían recibir el agua bendita, entre los internos que se empujaban como acostumbraban hacerlo, protegiendo a su familia en ese lugar, parece increíble que haya podido percibir ese detalle, ese tipo de expresiones de fe, de una persona que venía sola y que, con una gran fe, se acercó sólo para tocar el extremo del ornamento sacerdotal.
Mientras en el Metrobús alcancé a escuchar a un señor, que no me pareció tan simpático, que gritó: “ya no cabe padre”, al ver el cuello clerical que me acompañaba, y con mucha pena tuve que cesar en el intento de subir en ese vagón.
Cuántos de nosotros no venimos a Misa este domingo por no cometer pecado, porque me obligaron mis padres, porque de aquí nos vamos a comer, o simplemente por cumplir un precepto de mi religión; para todos aquellos que nos acercamos a Jesús por cualquiera de estas u otras razones, quedaremos en el papel de la “muchedumbre” que lo apretaba por todos lados, pero no se realizará en nosotros ningún milagro, porque no nos acercamos con la fe de aquellas dos personas que sabían que el Maestro era capaz de salvarles.

Oración
¡Amado Señor Jesús, recibe este domingo nuestra humilde oración y participación en la Eucaristía, que aunque somos muchos, Tú ves la fe de cada uno de nosotros, y ya sea que vengamos solos o acompañados, ya sea que este domingo escuches millones de plegarias en toda la cristiandad, recibe también nuestro discreto gesto de fe en Ti!

Acción
Procuremos esta semana tener un detalle de amor discreto a Jesús: lanzarle un beso sin que nadie nos vea o entienda; dejarle una flor en el Sagrario; escribirle tal vez una cartita; detener nuestro camino al trabajo o escuela, tan solo por un momento, para recordarlo a Él; en medio de los apretujones del Metro o del mercado, en medio del intenso tráfico, aprovechemos para manifestarle nuestro amor con un sutil gesto.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6311Sun, 28 Jun 2015 00:00:00 GMT
Lectio Divina Lectura del Santo Evangelio
Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas. De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?” Mc 4, 35-41

Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
Mc 4, 35-41
P. Julio César Saucedo

¿Qué me dice el texto?
Este pasaje evangélico presenta como escenario el lago de Galilea, bajo un conjunto de elementos que no podemos ignorar; pues este texto se configura como una instrucción catequética. Veamos cada uno de estos elementos: 
“Vamos a la otra orilla del lago”. El viaje de Jesús tiene un trasfondo importante, a saber, Él quiere entrar en un territorio pagano de la llamada Decápolis, específicamente a un lugar que se llama Gerasa. Las personas de este lugar eran despreciadas por los judíos, ya que por su paganismo, eran consideradas impuras según los cánones de la ortodoxia judía. Jesús, entonces, se dirige a este lugar para contactar con quienes han sido excluidos de la salvación. Él no prefiere los lugares seguros para anunciar la Buena Nueva, como tampoco se instala en la comodidad de una vida sedentaria. Él se pone en camino para dar vida. 
“Se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca”. Un dato extraño que aparece en el texto consiste en que los discípulos, que habían sido pescadores, no previnieron la tempestad; mas aún, son sugestivos los elementos que ponen en riesgo la barca: el mar y el viento impetuoso; uno que simboliza la sede de las potencias maléficas y el otro, el caos mortífero. Mientras que la barca puede aludir a la Iglesia misma. 
“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Este es otro elemento que desconcierta: Jesús duerme bajo un escenario contrario, podríamos decir, de muerte. Mas, el dormir de Jesús denota, ante todo, la plena confianza en el Padre  (Sal 4,6). Pero también, paradójicamente, es Jesús quien se abandona en los discípulos que guían la barca. En última instancia, se puede decir, que no somos nosotros quienes confiamos en Él, sino que es Él quien se confía en nuestras pobres manos. Esta pregunta de los discípulos yace en un momento de derrota: ellos se sienten ya perdidos, derrotados e impotentes. 
“Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar ‘¡Cállate, enmudece!’”. Los verbos “reprendió” – “cállate” – “enmudece”, son típicos de un exorcismo. Pero, el acento de esta escena no está en la eficacia del poder de Jesús, sino en la dureza de corazón de los discípulos. Tener fe, en este contexto, significa estar con Cristo para vencer la duda, el miedo; no dejarse estrangular por la angustia, la soledad o la impotencia. Jesús, aunque parece que está durmiendo, en realidad está velando como el Custodio de Israel  (Sal 120,3-4). La cuestión es: Él se abandona en nuestras manos, y nosotros: ¿sabemos descubrir su presencia?
“¿Quién es éste?” Con esta pregunta se llega al culmen del texto. Ahora los lectores tendrán la tarea de responder esta pregunta abierta, pues no es suficiente saber quién es Jesús, sino que es necesario seguirlo para conocerlo. La fe es, entonces, un proceso y un camino de seguimiento. Esta es la finalidad catequética que desea trasmitir el evangelista. 

1. ¿Qué me dice el texto?
La palabra del Evangelio nos empeña como cristianos, ante todo, para comprender que la fe no es una fácil resolución a las dificultades y los problemas de cada día. No es un “pare de sufrir” que juega y se aprovecha del dolor cotidiano. La fe es confianza en Dios y compromiso cristiano; la percepción de aquella presencia secreta de Cristo, que no se ausenta de la barca sino que está en ella y con nosotros: con nuestras dificultades, soledades, angustias; en otras palabras, Él está con nosotros para que nosotros sepamos estar con Él; no bajo una fe mágica, sino en una fe de seguimiento en el amor.
2.
3. ¿Qué me hace decir el texto?
También yo he actuado como los discípulos: me he dejado vencer por las dificultades. Sí, en medio de la tempestad cotidiana me he sentido abandonado y solo, privado de alguien que me ayude. Me parecía que tú dormías, que no te interesabas de mí. ¡Qué egoísta soy! No me di cuenta que eras tú quien se abandonaba en mí y que ahora me correspondía velar por ti. Ayúdame a no cerrarme en mis dificultades e incomprensiones para poder percibir tu presencia que me acompaña; y con tu amor vencer toda angustia. Amén.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6301Sun, 21 Jun 2015 00:00:00 GMT
Lectio Divina En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos, y acudió tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco. Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”. Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo. Llegaron entonces su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. (Mc 3, 20-35)

El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón
Mons. Salvador Martínez Ávila

Meditación
La narración del Evangelio de san Marcos nos presenta al menos dos temas: el del Espíritu que anima a Jesús, y el de sus verdaderos parientes. Tomemos el primero de ellos para nuestro ejercicio de lectio. Jesús, al expulsar a los demonios, pone de manifiesto una confrontación de poderes, el de Dios y el de Satanás. Las autoridades venidas de Jerusalén decían que expulsaba a los demonios por el poder del “Príncipe de los demonios”. Lo primero que podemos detenernos a meditar es: ¿Qué lógica seguían estos personajes para afirmar tal cosa? ¿Qué era lo que realmente buscaban?... (momento de reflexión interior) Tal vez desde fuera nos parezca, como lo expresó Jesús, poco lógico pensar que Satanás estuviera dividido contra sí mismo y que, entonces, la forma de retorcer la interpretación de los exorcismos practicados por Jesús más bien obedecía a la pretensión de desacreditarlo. Esto refleja una gran antipatía por la obra del Señor, pero ¿por qué le tenían tanta aversión?... (silencio interior) En otros pasajes se dice que Jesús hablaba con autoridad y no como los escribas y fariseos. La pérdida de autoridad y credibilidad no parece haber sido algo menor en aquella época, por tanto, el surgimiento de un profeta poderoso en obras y palabras, como Jesús, contaría con la desaprobación de las “autoridades” desacreditadas. Ahora hagamos un ejercicio de apropiación preguntándonos: ¿Cuántas ocasiones yo mismo me he visto amenazado por las cualidades de otros y me he opuesto a ellos de forma visceral más que lógica?... (reflexión y examen personal) Como conclusión de aquella actitud indebida, Jesús habla de la blasfemia contra el Espíritu Santo, pero aquí surge una nueva pregunta: ¿Por qué no se perdonará la blasfemia contra Éste?... (silencio interior) Tal vez la gravedad de este pecado radique en que teniendo delante de los ojos una obra buena: como la expulsión de un demonio, como la curación de un enfermo, etc… yo afirme que eso está inspirado por el maligno. Esto implica una perversión radical de mis facultades de conocer, de interpretar la realidad y la presencia de Dios. Yo mismo cerraría, ante lo evidente, la posibilidad de que el mismo Espíritu Santo obre en mí la reconciliación con Dios.

Contemplación
Para este segundo momento propongo un trabajo interior de purificación de las intenciones. Si yo hubiera alguna vez cometido el error de ir en contra de lo que evidentemente es bueno o he malinterpretado la obra de Dios, podemos probar a repetir este tipo de oraciones breves: “Señor concédeme reconocer el bien más allá de quien lo haga”; “Señor, no permitas que peque contra la obra de tu Espíritu”; “Señor, aunque me sienta mal o amenazado por el bien que hacen otros, no permitas que me cierre a la acción de tu Espíritu”. Una de estas frases o parecidas podemos repetirla pausadamente, dejando que nuestra mente y corazón sintonicen con ellas.

Oración
Al considerar, Señor, en este domingo cómo algunos pervirtieron su corazón y no aceptaron que en Ti obraba el Espíritu de Dios, me pongo a considerar que en no pocas ocasiones a lo largo de la vida me veré tentado a malinterpretar tu acción y tu poder. Sin embargo, veo el grave peligro de dejarme llevar por las emociones, por eso, Señor, fuente de toda vida, de todo bien y de toda autoridad, renueva mi corazón, refuérzalo para que no tema afrontar la verdad y venza con humildad las asechanzas de la soberbia, rindiéndome ante el testimonio de la obra realizada por tu Espíritu. Amén.

Propuestas de compromiso
La mejor forma de prevenir uno de estos pecados imperdonables es saber vivir y ejercer los dones que el Señor nos ha dado. Por ello, dentro del ámbito de nuestras responsabilidades espirituales será importante ser más responsables y productivos de tal manera que no nos veamos tentados de faltar contra el Espíritu.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6273Sun, 07 Jun 2015 00:00:00 GMT
Lectura del Santo Evangelio Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo: 28, 16-20)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
Mons. Florencio Armando Colín Cruz

Mateo concluye su relato evangélico con una escena de importancia excepcional. Jesús convoca por última vez a sus discípulos para confiarles su misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de orientar su tarea y sostener la fe a lo largo de los siglos. El Señor estará siempre acompañando a la comunidad de discípulos que anuncia, con palabras y hechos, la Buena Noticia del Reino. De acuerdo a las indicaciones de las mujeres, los discípulos se reúnen en Galilea. Allí había comenzado su encuentro con Jesús. Allí se habían comprometido a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. 

Meditación
El pasaje del Evangelio que estamos meditando pone en los labios mismos del Resucitado la confesión de fe trinitaria más precisa de todo el Nuevo Testamento. “Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Esta fórmula de fe tiene un significado muy profundo, porque en ella se nos indica el signo de pertenencia a este pueblo. El Bautismo, que es el sacramento que nos hace hijos de Dios, nos consagra a la celebración y al culto de la Trinidad Santísima. Ese ser bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no es sólo una profesión de fe que expresa nuestra nueva pertenencia a Dios; es sobre todo nuestra adhesión a la Trinidad Santísima en nuestra vida. 
La misión que el Señor nos encomienda es, pues, llevar el mensaje de Cristo a nuestro alrededor, dando razón de nuestra fe. Es mostrar a las personas a Jesús para que Él las ilumine, las cure, las consuele, como hicieron aquellos con el paralítico que llevaron en una camilla. 
También la misión sigue siendo difícil y compleja como en el pasado y exige igualmente la valentía y la luz del Espíritu. Vivimos frecuentemente el drama de la primera comunidad cristiana que veía cómo fuerzas incrédulas y hostiles se aliaban “contra el Señor y contra su Ungido” (Hech 4, 26). Como entonces, hoy conviene orar para que Dios nos conceda la libertad de proclamar el Evangelio; conviene escrutar las vías misteriosas del Espíritu y dejarse guiar por Él hasta la verdad completa (cf. Jn. 16, 13). “Nosotros como Iglesia, debemos ser capaces de proclamar al mundo, con el anuncio y con el testimonio de la vida, lo que hemos visto, oído, sentido, experimentado, para que quienes nos vean y escuchen se conviertan por nuestro testimonio y vivan su fe. 
El Papa Francisco, en su mensaje para el Encuentro con las Familias en Filipinas, nos invita a estar conscientes de la llamada a ser discípulos misioneros de Jesús. Esto significa estar dispuestos a salir de nuestras comodidades, estructuras caducas, de nuestras casas, para atender a nuestros hermanos y hermanas más necesitados.

Oración
La oración es un acto de fe en la Trinidad. Unidos a Jesús y movidos por la fuerza del Espíritu que ora en nosotros, nos dirigimos a nuestro Señor Jesucristo con confianza: “Señor Jesús, aumenta mi fe y mi amor a Ti y a los demás. Ayúdame a vivir esperando el día en que me introduzcas por la puerta grande del amor, por la puerta del Cielo, más allá de todas mis expectativas. Que esta oración me ayude a seguir esperando con fe y entrega esforzada la llegada de ese día. Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén”.

Contemplación-acción
Esta espiritualidad se expresa, ante todo, viviendo con plena docilidad al Espíritu; ella compromete a dejarse plasmar interiormente por Él para hacerse cada vez más semejantes a Cristo. No se puede dar testimonio de Cristo sin reflejar su imagen, la cual se hace viva en nosotros por la gracia y por obra del Espíritu. La docilidad al Espíritu compromete además a acoger los dones de fortaleza y discernimiento, que son rasgos esenciales de la espiritualidad misionera.
Es emblemático el caso de los Apóstoles, quienes durante la vida pública del Maestro, no obstante su amor por Él y la generosidad de la respuesta a su llamada, se mostraron incapaces de comprender sus palabras y fueron reacios a seguirle en el camino del sufrimiento y de la humillación. El Espíritu los transformará en testigos valientes de Cristo y preclaros anunciadores de su Palabra: será el Espíritu quien los conducirá por los caminos arduos y nuevos de la misión, siguiendo sus decisiones.

* Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México y 
Responsable de la Dimensión Episcopal de Animación Bíblica de la Pastoral


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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6241Sun, 31 May 2015 00:00:00 GMT
Lectura del Santo Evangelio Lectura del Santo Evangelio
Al anochecer del día de la Resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. (Jn 20, 19-23)

¡La paz sea con ustedes!
P. Óscar Arias
Meditación
Un capítulo antes de que termine el Evangelio según san Juan, se encuentra el Evangelio que escuchamos este domingo, donde oímos: “Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a ustedes” (v. 19)
El don de Jesús Resucitado es traer la paz para aquellos que visita, y como lo dice el Evangelio que leemos cuando bendecimos una casa: “... si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes” (Lc. 10,6) Esta es una indicación que Jesús hace cuando envía a los setenta y dos discípulos a llevar la Buena Nueva.
Se parece mucho al texto de hoy: “como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” (v. 21) misión para la cual, exhala su aliento sobre ellos y les dice “reciban el Espíritu Santo” (v. 22), el don de Pentecostés.
Ya desde el Antiguo Testamento, en el libro de los Jueces, Gedeón, quien tiene una visión de Dios, levanta en ese mismo lugar un altar para alabarlo, y lo llama: “El Señor es Paz” (6,24), atreviéndose a definir o identificar a Dios como la Paz.
“La paz sea contigo”, es la forma habitual en que los judíos se saludan, con el deseo de que la otra persona esté con bien, con salud, es un concepto de bienestar integral, completo, no sólo como la ausencia de la guerra, sino como el equilibrio del conjunto de dimensiones del ser humano, la armonía de la persona, la bendición de Dios. Eso es lo que, tanto judíos como musulmanes y cualquier persona de buena voluntad le puede desear al prójimo cuando lo encuentra o cuando se despide, que la paz de Dios esté contigo, con ustedes.

Contemplación
Desearnos la paz es una de las cosas más bellas que puede regalarnos alguien, pero construir la paz, no es tarea tan fácil, requiere del esfuerzo de todos, perseverancia; no se pueden sembrar hoy acciones de paz y recoger los frutos mañana, sino que se tiene que sembrar muchas obras y signos de paz en esta generación, para que cuando crezca, sean una era de paz, entre los hermanos, entre la naciones y con la creación.
Me parece que la "carta magna" acerca del tema de la paz, la escribió en 1963 el Papa que hace poco subiera a los altares: Juan XXIII, quien señaló que la paz sólo podrá existir si se funda en la Verdad, la Justicia, el Amor y la Libertad.
Pero él mismo partía de una gran idea: “la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre” (PT 163).
Como cualquier ser humano, muchas veces me he molestado con alguien, he perdido esa paz y así he ido a celebrar la Santa Misa, pero siempre al llegar al rito de la paz, procuro ir a reconciliarme con aquella persona si está a mi alcance o pido por ella, al ofrecer mi comunión, de manera que Dios le ayude, le cuide, le ilumine, y sólo así me siento libre de comulgar; abandonando el enojo, perdonando la ofensa o manteniéndome fiel a aquello en lo que creo, aunque eso me traiga problemas.
Porque como decía “el Papa Bueno”, la paz no viene de fuera, sino de lo profundo del corazón, de lo más interior nuestro, ahí, donde se encuentra Dios, es donde se toma esa decisión y donde se recibe ese regalo del Espíritu Santo. Creo que de ahí precisamente proviene la paz, es por eso que nadie puede arrebatarla fácilmente, porque primero tendría que entrar en lo profundo del corazón y ahí se encontraría con Dios y como Dios es Paz, así lo definía Gedeón en el altar que construyó en Su Nombre; como Él es Paz, entonces esa Paz se quedará con nosotros.
Es difícil que por mal que vayan las cosas, por enorme que parezca el daño que alguien nos provoca, pueda llegar tan dentro de la persona y acabar con ese precioso baluarte. Ese tesoro, Dios nos ayuda a conservarlo, tal vez por eso lo escondió tan dentro de nosotros, para que sólo nosotros dispusiéramos quién puede entrar y conocerlo o quien puede entrar y llevarlo.

Oración
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, envía Señor tu Espíritu y se renovarán todas las cosas. Ven a renovar nuestro mundo, nuestro país, familia y corazón; ven y quédate con nosotros, dulce Huésped del alma. Amén.

Acción
Esta semana pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a tomar la decisión de perdonar a alguien que nos haya hecho daño, para que la paz que anunciamos permanezca con nosotros.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6215Sun, 24 May 2015 00:00:00 GMT
Lectio Divina Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo se apareció Jesús a los once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”. El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían. Mc 16,15-20


¡Vayan por todo el mundo!

¿Qué dice el texto?
La liturgia de este día nos hace escuchar no todo el final del Evangelio según san Marcos, sino sólo la escena conclusiva (Mc 16,15-20), donde el Señor resucitado se encuentra con sus discípulos para enviarlos a todo el mundo a predicar el Evangelio a toda creatura. En este sentido, el Evangelio es la causa eficaz de salvación para todos aquellos que creen, mismo que se convierte para el discípulo y apóstol en signo concreto de caridad: “impondrán las manos a los enfermos y estos serán curados” (v. 18). 

¿Qué me hace decir el texto?
El camino que conduce de la Pascua a Pentecostés es semejante a la primavera, pero no como aquella que lucha contra los últimos fríos del invierno, sino aquella primavera segura que va hacia el verano, esto es, hacia la estación de la cosecha. Es una primavera para el cristiano que ha vivido intensamente el itinerario de la Cuaresma para reconciliar su historia en la reconciliación de Dios (Triduo Pascual). Es una primavera para las familias, de modo que puedan despertar relaciones nuevas de comunión y de fraternidad. En este sentido, la Ascensión del Señor no quiere dar a entender que Él abandona la tierra a su suerte, al contrario, representa el cumplimiento de la salvación, pues Cristo asciende hacia el Padre con nuestra humanidad reconciliada. 
Pero, también la Ascensión expresa la misión de la Iglesia, la cual se realiza, con la plena conciencia de que cada discípulo es frágil, por lo que para cumplir con el mandato del Resucitado con fidelidad, siempre será necesario permanecer en su amor no olvidando el proceso continuo de conversión; de lo contrario, se puede caer en el orgullo, atribuyéndose la obra de Dios: “soy tan indispensable, que sin mí la Iglesia no puede hacer nada”. 

¿Qué me hace decir el texto?
Tu ascensión al cielo es para nosotros cumplimiento e inicio, manifestando que tu amor no tiene barreras: lo ofreces a todos, hombres y mujeres de toda época y de cada región. Por eso, también nosotros como los apóstoles, podemos ir a proclamar el Evangelio, sin temor y miedo, seguros de que estamos siempre acompañados por ti, que eres el Camino, la Verdad y la Vida. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6189Sun, 17 May 2015 00:00:00 GMT
Lectura del Santo Evangelio Lectura del Santo Evangelio 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”. (Jn 15, 9-17)

A ustedes los llamo amigos
P. Julián López Amozurrutia

Lectura
Es el momento de las confidencias. El de la más profunda intimidad. El de la ternura y la encomienda. Sabemos por sus propios labios que Él nos entrega su alegría. Que quiere que nuestra alegría sea plena. Por ello nos ha comunicado que el Padre lo ama, y que así nos ama también Él a nosotros. “Amigos”, nos llama. No “siervos”, porque en el siervo no hay la lucidez de la interioridad compartida. “Ustedes son amigos”. La amistad de Jesús consiste en la familiaridad que brota del conocimiento. “Ustedes son amigos míos porque todo el misterio que escucho del Padre, toda la vitalidad que el Padre no deja de entregarme, todo el amor que sin cesar recibo por mi permanencia en Él, ahora yo se lo doy a ustedes”. De ahí se siguen dos instrucciones, que pueden ser llamados mandamientos, pero que no son sino la prolongación del mismo amor, del mismo deseo de plenitud, de la revelación de la fuente de gozo: “Permanezcan en mi amor”. “Ámense los unos a los otros”. Y con ello se transmite también la finalidad salvífica de ese amor: “Los elegí para que den fruto, para que el Padre les conceda todo el bien redentor al que en mi nombre aspiren”.

Meditación
Un testamento de amor. Durante la Pascua, la Iglesia repasa interiormente las palabras de despedida del Señor. Nunca llega a acostumbrarse a ellas. Son desconcertantes, deliciosamente desconcertantes. En el origen, una elección: la suya por nosotros. Gratuita, inmerecida. En la consistencia, un don: el de su intimidad, que nos vincula profundamente con Él. Gozoso, plenificante. En el sentido, un encargo: el de expandir su amor. Desbordando la eternidad en el tiempo. Llamando a que el tiempo se corone en la eternidad. No hay amor más grande.

Oración
Me has llamado “amigo”. ¡Amigo! Palabra amable y comprometedora. Tesoro del Reino, difícil de hallar. No sólo me dices que tú eres mi amigo. Me adviertes, además, que me has constituido en amigo tuyo. ¿Puedo acaso yo, Señor, ser amigo tuyo? ¿No supera absolutamente mi capacidad de respuesta? Y, sin embargo, me has llamado “amigo”. Y no porque ignores mis debilidad y mis traiciones. No porque deposites tu confianza ingenuamente en un ser indigno. Me conoces. Me conoces perfectamente. Y así me llamas “amigo”. En realidad, tu llamado tiene la fuerza creadora del principio del mundo. En mi vocación a la amistad está un acto que saca de la nada un amor nuevo. Al llamarme, haces de mí algo que yo no podía ser. Y haciéndome tu amigo, me envías desde la permanencia en ti a la misión del amor mutuo. Por ti puedo ser, en verdad, amigo, y dar mi vida, como tú, por mis amigos.

Contemplación
En el nombre de Jesús, tu Hijo amado, concédeme, Padre, permanecer en su amor. Lo deseo. Lo suplico. Lo acojo.

Acción
Seré amigo. Seré buen amigo. No como el cómplice tramposo de los egoísmos compartidos, sino como el alegre servidor del amor pleno. Permaneceré en su amor.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6162Sun, 10 May 2015 00:00:00 GMT
Para dar fruto abundante Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. (Jn 15, 1-8)

Para dar fruto abundante
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
Después de haber leído por varias ocasiones el discurso parabólico de Jesús sobre la vid y los sarmientos, podemos plantearnos la pregunta: ¿Por qué Jesús se llama a sí mismo la vid verdadera?... (espacio de silencio interior) una primera respuesta que me viene a la mente es que Jesús se refiere a que Él mismo es verdaderamente como la vid a la que hay que estar unidos porque en los versículos siguientes eso nos da a entender: “sigan unidos a mí como yo sigo unido a ustedes…” (v. 4) “yo soy la vid, ustedes los sarmientos…” Otra idea que podemos también concebir es cómo Jesús se aplica a sí mismo ser “verdadero…” yo soy el verdadero pan que baja del cielo (cfr. Jn 6,32-35). Y también se dice de Jesús que es la verdadera luz que ilumina a este mundo (Jn 1,9), y en la primera carta de san Juan se dice que conozcamos al verdadero, y estemos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Con esto vemos que Jesús usa la palabra “verdadero” para reafirmar su integridad muy superior a otras realidades comparables a Él. Por ejemplo, el maná fue pan bajado del cielo, pero el verdadero Pan es Jesucristo. La verdadera vid, entonces, es la verdadera fuente de vida y de fructificación, el autor del verdadero pueblo, pues en el Antiguo Testamento también al pueblo se le comparaba con una vid o un viñedo. Pero llegado a este punto también puedo preguntarme: ¿Qué tan consistente es mi unión, mi vinculación a esta verdadera vid?... (espacio de silencio interior) Siento una primera idea de hacer un examen de conciencia, pero creo que la vinculación a Jesús no es sólo cuestión de moralidad, sino también de preguntarme, qué tanto lo trato, qué tanto lo conozco y procuro la amistado con Él. En este punto seguramente cada quien podrá dar su propia respuesta. Para concluir esta parte, me interesa detenerme en el hecho de que el Padre poda las ramas para que den más fruto y le alegría del Padre es que demos mucho fruto y este fruto permanezca. Puedo detenerme a pensar que la voluntad de Dios es que mi vida sea fecunda, profunda y verdaderamente fecunda… (espacio de silencio interior).

Contemplación
Para este momento de nuestro ejercicio espiritual les propongo repetir interiormente alguna de estas frases dichas por Jesús en este discurso: “el que permanece unido a mí y yo unido a él, produce mucho fruto”, “sin mí no pueden hacer ustedes nada”, “si permanecen unidos a mí, pidan lo que quieran y se les concederá”. El ejercicio puede iniciar con una frase repetida lentamente, pausadamente por varios minutos sin pretender reflexionar, sólo repetir. Posteriormente, sin salir del ánimo de quietud, podemos hacer pequeñas variantes a la frase, por ejemplo: “sin ti, Señor, no puedo nada”; “sólo contigo lo podremos todo”, “la fuente del verdadero poder que fructifica eres Tú, Señor”, etc…

Oración
Señor Jesús, en esta tercera parte del tiempo de Pascua en que nos llevas a considerar la importancia de que seas nuestro buen pastor y vid verdadera, quiero aceptar, con todo el corazón, que tu propuesta de liderazgo no es la de un jefe, o un general del ejército, ni siquiera es parecida a la de los reyes de la tierra que ofrecen botines materiales efímeros. La unión contigo es algo esencial, esta unión no es algo momentáneo, no es mientras yo te sea de provecho o tú me seas de provecho, sino una unión amorosa donde yo recibo la verdadera vida y la capacidad de fructificar de Ti. Esto, lo entiendo, no es fácil, me he contentado muchas veces con una relación funcional: “si te necesito, te llamo”, o una relación jurídica: “¿Qué me mandaste? ¿En qué te he fallado? ¿Qué debo hacer para que no me castigues?”, pero Tú nos sorprendes con el horizonte del amor que es el único donde lo que más vale es la permanencia y la pertenencia. ¡Ven Señor Jesús y convierte mi corazón para que te ame de verdad! Amén

Acción
Tal vez sea un buen momento para plantear la gran necesidad que tenemos de orar más seguido y más profundamente dejándonos amar por Él.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6157Sun, 03 May 2015 00:00:00 GMT
Lectura del Santo Evangelio Lectura del Santo Evangelio
Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y se puso a comer delante de ellos. Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”. (Lc 24, 35-48)

¡Mírenme y tóquenme, soy yo!
P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?
El texto corresponde a la narración de otro encuentro con Jesús resucitado. El primero, recordemos, acontece con los discípulos de Emaús quienes lo reconocen en el “partir el pan”. Ahora, ellos regresando a Jerusalén se encuentran con los apóstoles para narrar lo sucedido, presentándose Jesús de nueva cuenta. 
Es interesante apreciar dos actitudes de los discípulos después de la muerte de Jesús: están aquellos (los dos discípulos de Emaús) que se alejan de Jerusalén, siendo presa de la desilusión y desolación; o aquellos (los apóstoles) que permanecen a puertas cerradas por el temor de los judíos. 
Sin embargo, ahora con la experiencia del encuentro con Cristo resucitado, los discípulos tienen la capacidad de comprender el cumplimiento de las Escrituras. De modo que, la comunidad discipular comienza a disponerse a ser enviada, para dar testimonio de la misericordia de Dios en Cristo que murió y resucitó (como podrá verse en el libro de los Hechos de los Apóstoles).

¿Qué me dice el texto?
Miedo, temor, soledad, desconcierto, dudas, desilusión; son algunos elementos que acompañan tanto a los discípulos que regresan de Jerusalén como los apóstoles que se encuentran a puertas cerradas. Pero ambos momentos presentan un elemento común: Jesús les explica las Escrituras. Este es un principio fundamental que se presenta en el Evangelio según san Lucas, a saber, comprender que la Ley y los Profetas tienen su cumplimiento en Cristo, por lo que todo cristiano como discípulo será alguien que “escucha” la Escritura y la comprende a la luz de Cristo, para ser un enviado y testigo del amor del Padre. 
Sólo desde esta perspectiva se podrá regresar con alegría para comunicar la experiencia del Resucitado y, a su vez, se podrá salir del miedo y de la desilusión. Por eso, con una gran ternura Jesús presenta las heridas de la Pasión no como “heridas” que condenan las negaciones y traiciones, sino como “heridas de amor” que al pedir ser contempladas y tocadas desean reconciliar la historia personal y comunitaria de cada discípulo: “Mírenme y tóquenme, soy yo”. De modo que al tocar la carne de Cristo, el discípulo aprenda a tocar la carne de su hermano: de aquel que sufre el hambre, la persecución, la enfermedad, el luto; de quien camina en la desilusión de la vida e incomprendido se droga o alcoholiza, etc.

¿Qué me hace decir el texto?
Ayúdanos, Señor resucitado, a reconciliar nuestra historia personal; tantas veces nos damos cuenta de nuestras traiciones y negaciones, y en esas tantas veces, creemos que nuestros pecados son más grandes que tu misericordia. No permitas que nos encerremos en nuestros miedos y fragilidades, antes bien, concédenos que nuestro corazón sea herido por tu amor, para renovar lo que somos y compartir tu misericordia. Amén.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6111Sun, 19 Apr 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
Debido a la falta de espacio publicamos sólo la cita bíblica: (Mc 14, 1–15, 47)

“Lo crucificaron y fue contado entre los malhechores…”
Mons. Armando Colín Cruz *

¿Qué me dice este texto?
Muchas veces nos preguntamos: ¿Qué vas a hacer en esta Semana Santa? ¿A dónde va a ir? En las inmediaciones de Roma existe una histórica iglesita ubicada en la Vía Apia llamada “Quo vadis” La tradición refiere que fue precisamente en este lugar donde se le apareció el Señor Jesús al apóstol san Pedro cuando, aconsejado por los fieles cristianos, emprendía su huida de Roma para librarse de las manos de Nerón durante la persecución religiosa del año 64 de nuestra era. El escritor polaco Henryk Sienkiewicz inmortalizó este pasaje en la famosa novela que lleva el mismo nombre, que quiere decir: “¿A dónde vas, Señor?” A esta pregunta, Jesús respondió: “Voy a Roma a ser otra vez crucificado”. El apóstol entendió el mensaje y enseguida dio marcha atrás. A escasos tres años de este encuentro, Pedro moría crucificado a los pies de la colina vaticana, en el circo –o estadio– de Calígula y Nerón. Yo creo que también nosotros, en estos momentos, podemos dirigir a Cristo la misma pregunta que entonces le hizo Pedro: “¿A dónde vas, Señor?”
Hoy, Domingo de Ramos, damos inicio a la Semana Santa. Es la “Semana Mayor” –como la solían llamar antes– porque constituye la más importante y solemne celebración de todo el año litúrgico, pues en ella conmemoramos y revivimos los misterios de nuestra redención, los acontecimientos que nos dieron vida, vida eterna.
Sí, otra vez va Cristo en estos días a morir en la cruz por nosotros, para salvarnos de nuestros pecados. Pero ahora no muere sólo en Jerusalén o en Roma, como entonces. Hoy en día, sigue padeciendo y muriendo en todos los rincones del planeta: muere en Irak, en la persona de tantos hombres involucrados en el conflicto armado y en tantas víctimas inocentes de esta guerra. Muere en los países del Medio Oriente, en Sudán, en Nigeria, en Indonesia, en la India y en Pakistán, a causa del terrorismo y los fanatismos religiosos; muere en Chechenia, en Colombia, en Burundi, en el Congo, en Ruanda y en Uganda, por la guerrilla, los odios raciales y la violencia; muere de hambre en tantas partes del África y Latinoamérica; muere en nuestra patria, en tantos hermanos y hermanas desaparecidos por violencia, las redes del crimen organizado y la corrupción, en fin, muere en miles y miles de mujeres de todos los rincones del llamado primer mundo que hacen de su vientre la guillotina de sus propias criaturas indefensas y no queridas, como Herodes en la matanza de los niños inocentes. Muere en las calles de nuestra ciudad, en los indigentes y desahuciados.
Entonces nos preguntamos: ¿A dónde va Cristo esta Semana Santa? Sí. A morir otra vez en la cruz. Y la causa más profunda de su muerte está en las mismas raíces del corazón humano: en la injusticia y en la soberbia de cada uno de nosotros; en la ambición y la prepotencia de los fuertes; en nuestra sensualidad y egoísmo brutal. En una palabra, en nuestro horrible pecado. ¡Ése es el motivo de por qué Nuestro Señor va a la cruz! Y el "para qué" de su muerte en el Calvario también está aquí. Él, verdadero Dios y verdadero Hombre, es el único capaz de redimirnos de nuestros males y de curar todas nuestras heridas y las llagas más profundas de nuestra alma. ¡Sólo Él podía hacerlo y lo hizo!

Por tanto, hermanos, hermanas: en la liturgia de hoy, domingo de Ramos, a la exclamación "¡Hosanna!" durante la entrada del Señor en Jerusalén, siguen los gritos: "¡Crucifícalo!" en la Pasión. Las dos expresiones están muy cercanas y manifiestan la inestabilidad del corazón humano. La cruz de Cristo “es el ‘sí’ de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. Por eso, Jesús, el Señor nos invita a llevar su cruz, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva”.  Nos dirigimos en oración a María, para que nos ayude a vivir con intensa fe la Semana Santa. También María exultó en el espíritu cuando Jesús hizo su entrada en Jerusalén, cumpliendo las profecías; pero su corazón, como el de su Hijo, estaba preparado para el sacrificio. Aprendamos de ella, Virgen fiel, a seguir al Señor también cuando el camino lleva a la cruz.

¿Qué le digo al Señor?
La oración, como una fuente de agua cristalina surge de la meditación, por lo que en actitud  silenciosa y de adoración al Señor surge la pregunta: “¿Qué le digo al Señor?”, por tanto, e inspirados en el deutero-Isaías 52 y 53, sobre el cuarto cántico del Siervo doliente, exclamamos juntos: 
“Lo hemos visto, sin apariencia ni presencia.
Sin aspecto estimable, soportó nuestras culpas y cargó con nuestros pecados,
está molido por nuestras iniquidades.
Por sus heridas, por sus heridas, hemos sido salvados.
Verdaderamente, soportó nuestros sufrimientos
y cargó con nuestros pecados.
Está molido por nuestras iniquidades”. 
Amén.

¿A qué me comprometo?
Ahora interiorizamos estos acontecimientos en diálogo íntimo y personal con Dios. No es alejarnos del mundo, sino ir al compromiso. Guarda esta experiencia de fe, en tu mente y en tu corazón. Comparte con los demás estos momentos y da gloria a Dios por lo que te ha concedido.
Concluyamos nuestra Lectio Divina recordando que estos días santos son, pues, para meditar en los sufrimientos de Cristo, en su Pasión y en su camino al Calvario. Oportunidad para unirnos a Él a través de la oración, los sacramentos, la caridad, el servicio y las obras buenas. ¡Tantas cosas podemos hacer en favor de los demás!, pero tal vez tenemos que tener más inventiva o imaginación. Pensar más en los demás y menos en nosotros mismos.

*Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México y 
Responsable de la Dimensión de Animación Bíblica de la Vida Pastoral




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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6063Sun, 29 Mar 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaEntre los que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua, había algunos griegos, los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús, y Él les respondió: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre. Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre”. Se oyó entonces una voz que decía: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. De entre los que estaban ahí presentes y oyeron aquella voz, unos decían que había sido un trueno; otros, que le había hablado un ángel. Pero Jesús les dijo: “Esa voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Está llegando el juicio de este mundo; ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Dijo esto, indicando de qué manera habría de morir. (Jn 12,20-33)

El grano que produce fruto
P. Óscar Arias Bravo

Meditación 
Resulta sumamente extraño que Juan, el discípulo amado –aquel que inclinó la cabeza en Su Maestro durante la Última Cena y preguntó quién lo habría de traicionar–, no narrara el episodio de la agonía de Jesús en Getsemaní. 
Sin embargo, el Evangelio que hoy hemos escuchado parece resumir este momento decisivo en la vida de Jesús. “Ha llegado lo hora” (v. 23).
Tal vez san Juan no veía a Su Señor como alguien que dramatizara sobre lo que ya se acercaba: “la hora de entregar la vida”, “la hora de morir”; por eso quizás el mismo discípulo amado pone en labios de Jesús la parábola del grano de trigo que debe morir para poder dar fruto, ya que si no fuera así, quedaría infecundo.
De manera que no se convierte en la hora fatal de la muerte, sino en el momento de la glorificación, pues para eso ha venido.

Contemplación 
Ha habido momentos en la vida –me parece que todos nosotros los hemos tenido– en que llega la hora para la cual nos hemos preparado durante largo tiempo: el examen profesional, el matrimonio, la entrevista de trabajo, la ordenación sacerdotal o profesión religiosa, mudarse a otro lugar, despedirse de alguien, etc.
Ese momento queda grabado, como lo diría el profeta Jeremías, tatuado en el corazón (31,33). 
Recuerdo que en los acontecimientos más importantes de mi vida, generalmente después de comer con la gente que amo, tuvimos que levantarnos para despedirnos, para partir, para ir a la celebración en la que nuestra vida cambiaría de ahí en adelante, para dejar atrás esa mesa y comenzar una nueva experiencia, con nuevos horizontes y hasta en diferentes lugares a los que habíamos vivido.
Nos tuvimos que levantar de esa mesa para ir detrás de aquello que siempre soñamos; nos tuvimos que incorporar y dejar ese ambiente tan agradable, para pasar a otro desconocido, a un trabajo nuevo, a un nuevo barrio, a compartir el día a día con alguien más, etc. Nos pusimos de pie para abandonar aquella etapa infantil de la vida y madurar: ordenarnos, casarnos, mudarnos, entrar a trabajar, etc.
Tal vez los primeros días no hayan sido tan agradables, posiblemente los primeros momentos fueron muy difíciles; lo más probable es que en más de una ocasión habremos querido –o a la fecha queremos– salir corriendo de aquello que elegimos. Pero el Evangelio de este domingo nos recuerda que para eso hemos venido, para esta hora, que aunque nuestra alma esté turbada (v. 27), no le vamos a decir a nuestro Padre: Padre, líbrame de este momento, de esta decisión; pues precisamente para esto venimos al mundo.
Claro que es muy cómodo estar sentado, pero cuando Alguien que nos ama, pronuncia nuestro nombre y se queda esperando nuestra respuesta... no podemos más que ponernos de pie y seguirle.

Oración
Padre bueno, ¡ha llegado la hora!; para esta hora me llamaste a la existencia, no permitas que el miedo me mantenga inmóvil en mi asiento, en mi comodidad. Si no, entonces ¿para qué respiro?, ¿para qué me diste el aliento, sino para regresarlo a Ti?, ¿para compartir la vida con mis hermanos?, ¿para servirlos y amarlos?
Y aunque esta hora me dé pavor, para eso he venido; glorifícame, Padre, en el sacerdocio, glorifícalos en su matrimonio, dales gloria y paz, allá lejos donde están trabajando por sacar adelante a su familia, glorifica a quien ha estudiado y ayúdale a hacer un buen examen; da gloria a quien se atreve a dejar atrás una situación cómoda para hacer lo que realmente tiene que hacer.

Acción 
Procuremos esta semana ponernos de pie, tomando alguna decisión que sea necesaria o renovemos aquella que le ha dado sentido a nuestras vidas, como si fuera la primera, la única vez que lo hemos hecho.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6049Domingo, 20 de marzo de 2015
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. El que cree en Él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios. La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

 

“Tanto amó Dios al mundo”

Jn 3,14-21

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

Nicodemo, un miembro del consejo de los judíos, sale en busca de Jesús bajo la oscuridad de la noche. Probablemente, hace esta visita nocturna para no llamar la atención y poder conversar abiertamente con Jesús sobre la salvación del hombre; pero será justamente esta particularidad, la que concede otro significado a “la noche” de Nicodemo: es la noche de la duda y de la incomprensión; la noche de la crisis.

Insertados en esta escena, el presente domingo, nos presenta el centro de este diálogo en el que Jesús alude al episodio de las serpientes que mordían al pueblo de Israel a causa de su incredulidad. Moisés, intercediendo ante Yahvé, recibe la orden de levantar una serpiente de bronce para que todo aquel que la mirara, viviera (Num 21,4-9). Bajo este evento, Jesús explica la necesidad de su exaltación en la cruz para la salvación de los hombres.

Con estos elementos, san Juan evangelista muestra el corazón del diálogo: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga la vida eterna” (3,16). La cruz es, entonces, expresión suprema del amor de Dios por los hombres; del Amor que ama sin medida.

 

¿Qué me dice el texto?

El texto, de una manera muy sutil, nos ofrece dos visiones sobre la oscuridad. Existe una oscuridad que proviene en un contexto de crisis, por ejemplo, cuando una persona se pregunta sobre el significado de la vida en un contexto de injusticias, o cuando delante de tanta miseria y tragedias busca comprender el sentido religioso; también puede comprenderse esta oscuridad cuando se sufre de alguna enfermedad, o cuando el corazón está de luto por la pérdida de un ser querido; o bien, cuando se busca comprender el sentido y contenido de la fe –como Nicodemo– etc. Es la noche que provoca que la persona salga de sí en busca de aquella “Palabra” que ilumine sus incertidumbres.

Pero también está aquella oscuridad del rechazo, de la emancipación, de la esclavitud y del anonimato, propia de las tinieblas: “y los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (3,19). La lógica humana, tantas veces confirma que, es en la oscuridad–anonimato, el momento en que se pueden cometer aquellas acciones que no se pueden realizar a plena luz del día; es la falsa seguridad de poder actuar sin ser vistos o juzgados por alguien; provocando una cárcel con terribles consecuencias para los demás.

Sin embargo, ante estas dos oscuridades subyace la luz de Cristo: Él es la Palabra que ilumina la oscuridad de la duda y de la incertidumbre, es la Palabra que consuela al hombre en su luto y en su enfermedad; y es la Luz que iluminando el corazón de todo hombre, desvela sus más íntimos secretos, llamándolo una y otra vez a que salga de la falsedad de su oscuridad para que reconozca la preciosidad de su dignidad; pues el amor en la Cruz revela que el hombre no ha sido creado para la muerte, sino para la vida.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Padre, tú has querido plantar la Cruz en el corazón de la historia, y nos invitas no solo a contemplar a tu Hijo, sino a dejar que su mirada toque lo que somos: enséñanos, en tu silencio y ternura, a comprender nuestra dignidad para abandonar todo lo que nos aleja de ti y vivir en tu Amor en el amor a los demás. Amén. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6034Sun, 15 Mar 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaCuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: ‘El celo de tu casa me devora’. Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho. Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en Él, al ver los prodigios que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque Él sabía lo que hay en el hombre”. (Jn 2,13-25)

Se acordaron…
P. Julián López Amozurrutia

Lectura
El evangelista san Juan narra el episodio de la expulsión de los vendedores y cambistas en el Templo como parte de un primer viaje de Jesús a Jerusalén. Además del hecho en sí mismo, describe la reacción de los discípulos. En primer lugar, al ver su gesto profético, “se acordaron” de lo que dice el salmo: “El celo de tu casa me devora”. Igualmente, después de que Jesús justificó su autoridad para realizar tal acción desafiando a que destruyeran el templo y Él lo reconstruiría en tres días –y el rechazo de parte de los judíos de semejante pretensión, argumentando los cuarenta y seis años que se había llevado su construcción–, el evangelista indica que Él se refería al templo de su cuerpo, y los discípulos habrían de “acordarse” de lo que había dicho cuando resucitó de entre los muertos, precisamente al tercer día.  

Meditación
El “acordarse” de los discípulos es señal de una disposición estable de ellos ante aquello de lo que eran testigos. Se puede reconocer una doble continuidad. Por un lado, la que relaciona a Jesús con el Antiguo Testamento. La expulsión de los vendedores y cambistas prolongaba, de alguna manera, la intervención de los hombres de Dios en la Antigua Alianza a través de acciones simbólicas, y además estaba en sintonía con el espíritu de los textos sagrados. Ello se manifiesta a través de la referencia al salmo. Jesús es el cumplimiento de lo anunciado por los libros revelados de Israel. Les da su significado nueva profundidad y vigencia. Pero además, las mismas palabras de Jesús deben asimilarse paulatinamente. Lo que realizó en el Templo no fue entendido inmediatamente, sino cuando la  resurrección arrojó sobre ellos una nueva luz. “Acordarse” significa, pues, leer en la fe el mensaje de Dios, descifrar con paciencia su valor, comprender sus implicaciones. La fe de los discípulos actuales debe seguir el mismo itinerario de los primeros: conservando en la memoria las palabras y los hechos, reflexionando sobre ellos, captándolos bajo la acción del Espíritu, orándolos y asumiéndolos en las nuevas etapas de la vida.

Oración
La Iglesia recuerda, Señor, continuamente tus palabras y acciones. Las recrea en devota contemplación y las actualiza sacramentalmente. Yo también, como hijo de la Iglesia, deseo ser parte de este movimiento de salvación, que me coloca bajo la acción de tu gracia. Acordarme del plan de salvación que se insinuó en muchos rasgos desde la historia de Israel, que se cumplió en ti y que se vuelve una realidad para nosotros. La narración de mis propias anécdotas adquiere, bajo la luz de tu providencia, un nuevo valor. Una nueva clave de lectura. Tu celo por la casa del Padre se extiende en el tiempo cuaresmal como un agua que purifica nuestra humanidad de sus pecados. Acordándome de ello, yo también quiero ser limpiado de mis traiciones, reconstruido por tu resurrección. Dame la mirada vigilante para acordarme siempre de ti, para releer desde ti mi historia y entenderla desde la fe.

Contemplación
“El celo de tu casa me devora”. Vislumbro el episodio en el templo y evoco el salmo. Me identifico como templo necesitado de purificación.  

Acción
Mantendré despierta mi atención durante este tiempo santo, acordándome del Señor y de su palabra, procurando reconocer su actualidad en mi vida.

 
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6019Sun, 08 Mar 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaEn aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a una montaña alta y se transfiguró en su presencia. Sus vestidos se volvieron de una blancura deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Estaban tan asustados que no sabía lo que decía. Vino entonces una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y vieron sólo a Jesús con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos. Ellos guardaron el secreto, pero discutían entre sí qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos. (Mc 9,2-10)

“Éste e mi Hijo amado”
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
Después de haber leído varias veces la narración de la Transfiguración del Señor les invito a preguntarnos ¿Qué sentido tuvo el que Jesús se haya apartado con unos para ir a orar en aquel monte? ¿Ya sabía, de antemano, que se Transfiguraría delante de ellos? (espacio de silencio interior…) Jesús era un hombre que solía apartase para hacer oración. El invitar a algunos de manera especial no era extraño, hay otros pasajes donde se nos dice que escogió a los mismos. Pero a propósito de fenómenos extraordinarios como la Transfiguración no hay noticia en ningún otro pasaje donde el Señor estuviera orando. Lo que me parece más importante no radica en que Jesús hubiera manifestado su gloria sino el hecho de que no parece sufrir ninguna alteración permanente después de que terminó. Jesús no es un exaltado, no permanecen resplandores, ni detalles raros después de aquel momento extático. Más bien, se ocupa de pedirles a sus discípulos que no comentaran nada a los demás hasta que resucitara. En este punto me viene entonces pensar que haya tenido o no la intención previa, Dios aprovechó la ocasión para que los discípulos fueran edificados con aquella visión de manifestación divina (teofanía). Siguiendo en esta misma línea podemos preguntarnos: ¿en qué modo las experiencias extraordinarias pueden servir para afianzar o consolidar nuestra fe? (espacio de silencio interior)…  Fuera de los evangelios se hace referencia a la Transfiguración en la Segunda Carta de San Pedro (1,16-18) y usa la referencia a la Transfiguración para asegurar que no se trata de cuentos ingeniosos, la enseñanza entregada a los cristianos. Por tanto el ver y escuchar son parte fundamental de la transmisión y validación de la fe. No es a una gran filosofía o a una mitología a lo que creemos sino a los testimonios experimentados. Llegados a este punto puedo preguntarme ¿Qué experiencias propias o cercanas han servido para que se consolide mi fe? (espacio de silencio interior)…

Contemplación
Ponernos delante de la escena de la transfiguración en cuanto tal puede ser un excelente ejercicio contemplativo. Si se pudiera tener a la mano una imagen de Jesús glorioso sería una gran ayuda, pero también puede hacerse con la imaginación. Pongámonos en el sitio de los discípulos en contemplación de Jesús y duremos sin pensar, ni discurrir en cosa alguna sólo mirar al Señor. (espacio de silencio interior). Otro ejercicio que podemos hacer es dejarnos envolver, invadir o bañar por la luz gloriosa de Dios como si fuéramos Jesús mismo (espacio de silencio interior).

Oración
Padre bueno, la irrupción de tu Gloria en la persona de Jesús es un testimonio de la irrupción del más allá en el más acá. Aunque fuera tan solo por unos instantes, permitiste a Pedro disfrutar del gozo de la Gloria, al grado de pensar que era preferible quedarse en la cima de aquel monte antes que abandonar una situación tan dichosa. Por algún motivo, Tú nos haces experimentar alguna vez en la vida ese toque de gloria y de presencia de la eternidad, pero al iniciar este tiempo de Cuaresma comprendo que esta lección me invita a considerar que el camino de la pasión y muerte no es la última palabra, sino el paso que nos lleva, en Jesús, a la resurrección gloriosa. Amén.

Líneas de compromiso
Dejar que la conciencia de la futura gloria esté más presente en mi día a día, de tal manera que ilumine mis decisiones.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6012Sun, 01 Mar 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaEn aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían. Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. (Mc 1, 12-15)


¡Atención cristianos! Conversión... ¡Ya!
P. Óscar Arias Bravo
Meditación
Es un brevísimo Evangelio el que escuchamos este domingo, pero contiene todo lo necesario para nuestra reflexión y para el inicio de la Cuaresma. Con muy pocas, pero significativas palabras, nos ayuda a prepararnos a este tiempo especial, como lo hiciera Jesús antes de iniciar su ministerio.
La primera palabra que quiero comentar es el verbo con el que el Espíritu lo lanza, lo conduce, lo echa fuera, lo destierra o despoja; son todas traducciones del verbo ekballó. Y el Espíritu “lanzó”, la traducción más tranquila es “condujo” a Jesús al desierto, pero en realidad es un verbo fuerte.
Por otro lado, este pasaje que en san Mateo se lleva 11 versículos, aquí sólo en cuatro nos presenta a Jesús en una armonía con lo creado, como lo estuviera Adán en el paraíso; es por eso que a Jesús se le llamará el Nuevo Adán, el Primer Hombre de la nueva creación.
Otro punto a meditar son los cuatro verbos que nos presentan la acción de Dios en el mundo y la respuesta que propone Jesús por parte de los hombres: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca”, es lo que le corresponde a Dios, y “conviértanse y crean en el Evangelio” es la parte que nos corresponde a nosotros.

Contemplación
Podemos contemplar en este orden los verbos del texto que acabamos de meditar, el Espíritu lanzó, con ímpetu, la acción del Espíritu es con fuerza, porque sólo con fuerza podremos dejar esas actitudes que no nos hacen bien, especialmente en esta Cuaresma; sólo con fuerza nos podemos mover de alguna situación que venimos viviendo y no es para nada cristiana, sólo con ese “empujón” del Espíritu podremos salir de aquél pecado que nos viene separando de la gracia de Dios.
Vivir en armonía con la creación es algo que también el Papa Francisco nos ha recordado, vivir como el primer Adán, en armonía con Dios y con lo que Él nos encomendó “custodiar”, cuidar de todo aquello y llevarlo a la perfección.
Dios ha cumplido, ha dispuesto el tiempo propicio; como Señor de la historia a Él correspondía eso, pero ahora nos toca responder a nosotros, convertirnos y creer en el Evangelio, como lo dijimos este miércoles al imponernos el signo de la ceniza en nuestra frente. Con ello queríamos expresar que sí aceptamos ir al desierto, prepararnos en este tiempo de más cercanía con Dios, a llevar una vida adecuada a su voluntad, lo cual representará para muchos de nosotros, un verdadera cambio de dirección.
Cuando iba en tercero de secundaria, fui miembro de la escolta que acompañaba la bandera, todos los lunes que rendíamos honores antes de empezar las clases. Recuerdo claramente que el encargado tenía que gritar bien fuerte: “¡Atención escolta! conversión a la derecha (o a la izquierda)! ¡ya!” y entonces se escuchaban el metal de nuestros zapatos en ocho tiempos cortos y cambiábamos la dirección en la cual veníamos marchando; veíamos otro ángulo completamente diverso del cual teníamos y aunque el trayecto era dentro del patio de la misma escuela, significaba ir hacia otro lado. Sin embargo, la orden que creo que se parece más a la Cuaresma, es la “doble conversión”, la cual consistía en un giro de ciento ochenta grados, es decir, que si íbamos en una dirección, teníamos que cambiar completamente el rumbo, era ir completamente a otro lugar.

Oración
Señor Jesús, permite que en esta Cuaresma aprovechemos este necesario “empujón” que nos da el Espíritu Santo para vivir de una vez por todas como a Ti te agrada y como verdaderamente podremos ser felices.

Acción
¡Atención, cristianos! Conversión (o doble conversión) a la derecha (o a la izquierda)... 
¡Ya!

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=6005Sun, 22 Feb 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. (Mc 1, 21-28)

Enseñaba como quien tiene autoridad
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
La lectura del Evangelio de este domingo me invita a pensar en el papel que Jesús asumió al participar en la sinagoga. No se comportó sólo como un asistente, sino que asumió una actitud activa. Expulsó al demonio, no solamente del hombre poseído, sino de la misma asamblea orante allí reunida. Quiero detenerme a pensar, ¿de dónde le venía la autoridad a Jesús?... (espacio de silencio interior) El demonio, cuando increpa a Jesús le dice que sabe quién es: “el Santo de Dios”. Tal vez sea esta una primera razón, Jesús es Hijo de Dios el todopoderoso. El diablo, en cambio, es su antagonista, muy inferior en poder y autoridad. Otra posibilidad es que Jesús es el Mesías, por tanto, el ungido con el Espíritu Santo, su llegada viene a terminar con el imperio de los espíritus malignos. Ahora me viene el preguntarme, ¿acaso tengo yo alguna autoridad parecida a la del Nuestro Señor Jesucristo? ¿Cuál podría ser mi actitud ante el maligno, de superioridad o de inferioridad?... (espacio de silencio interior) Después de considerarlo me parece que la respuesta no es sencilla porque el maligno existe y es poderoso. Pero considero que desde el Bautismo he sido ungido con el mismo Espíritu Santo con el que fue ungido el Mesías. También, por el Bautismo, he sido hecho hijo de Dios. Por mí mismo, no podría pensar confrontar al maligno, pero en vista de que soy inhabitado por Dios y soy hijo de Dios, entonces ejerciendo mi fe, más aún la Fe, virtud teologal que Dios me ha entregado, tengo la autoridad para confrontar al maligno y no comportarme como su víctima. “El Señor me ha revestido de poder y dignidad”, esto no es fruto de mis cualidades sino de su amor gratuito, sería muy ingrato si no hiciera valer mi dignidad. A este respecto, vale la pena considerar cuántas veces, como los judíos de Cafarnaúm, me he acostumbrado a que los “endemoniados” convivan conmigo y mis ambientes, y he permanecido indiferente o al menos tolerante. ¿Señor, cómo quisieras que reaccione ante manifestaciones claras de pecado o de dominio del mal?... (espacio de silencio interior)

Contemplación
El Señor Jesús no solamente sabía que tenía poder, éste formaba parte de su experiencia interior y lo ejercía. Asimismo, también nosotros participamos del poder de Dios, pero muchas veces no lo integramos conscientemente. Hagamos un ejercicio de contemplación preguntándonos a nivel emocional ¿Cómo se sentía Jesús ungido y revestido por el poder del Espíritu Santo? Con la ayuda de la imaginación tratemos de sentirnos como Jesús se sentía (espacio de silencio interior). Si no se lograra una identificación emocional, podemos probar repitiendo una pequeña frase: “Señor, me has ungido con tu Espíritu”, repetirla interiormente, sin pensar, solo sintonizarse con ella. 

Oración
Señor Jesús, al considerar este pasaje de la purificación de la Sinagoga, me pongo a considerar que Tú sabías quién eras y actuabas en consecuencia con tu dignidad. Teóricamente sé quién soy, pero no ejerzo la dignidad con que Dios me ha revestido desde el Bautismo. Muchas veces en lugar de actuar como ungido por el Espíritu he preferido quedarme quieto, como una víctima más del poder del maligno en este mundo. Por eso te pido me ayudes a despertar de este sopor entre cómodo y temeroso para dejar actuar al Espíritu y así transformar el ambiente que me rodea. Sé que el mundo que me rodea no es idealmente bueno, pero no quiero seguirme comportando como su víctima. Me acojo a Ti que vives y reinas por los siglos. Amén.

Líneas de compromiso
Una práctica más constante y prolongada de la oración fortalecerá sin duda mi conciencia de ser templo del Espíritu Santo y me llevará a actuar más inspirado por Él.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5966Sun, 01 Feb 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?”. Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía, y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir, ‘roca’). (Jn: 1, 35-42)

 

Maestro, ¿dónde vives?

 

P. Julio César Saucedo

 

¿Qué dice el texto?

La vocación de los primeros discípulos, en el evangelio según san Juan, ocurre a partir del testimonio del Bautista: «He ahí el Cordero de Dios». Ellos “escuchando” “siguieron” a Jesús. Estos verbos (escuchar–seguir) manifiestan una adhesión caracterizada por la obediencia. De hecho, es interesante que estos dos discípulos del Bautista se coloquen «detrás de Jesús», pues es el signo concreto de la adhesión discipular. Por eso, expresará el evangelista: «Jesús se volvió, y al ver que lo seguían». Por otra parte, aunque ellos toman en cierto sentido la iniciativa para ser sus discípulos, el evangelista hace notar que, en realidad, la iniciativa ha sido de Jesús; él ha pasado delante de ellos, su presencia es ya una invitación a seguirlo. Por eso, más adelante en este mismo evangelio, el Señor afirmará: «No me han elegido ustedes, soy yo quien los ha elegido» (Jn 15,16).

Sigue, a continuación, la pregunta de Jesús: «¿Qué buscan?». Este cuestionamiento no es circunstancial, posee un rico significado. En efecto, esta pregunta se encuentra tres veces a lo largo del evangelio según san Juan: una corresponde a este pasaje; la segunda, viene narrada en la escena del arresto (18,4.6); y la tercera, se encuentra después de la resurrección, dirigida a María Magdalena (20,15). Si notamos son los peldaños que debe realizar el lector–creyente para llegar a la Verdad de su búsqueda: este hombre que pasa es el Cordero, que se inmolará para dar vida y la vida en plenitud  («Nadie me quita la vida, yo mismo la doy» – Jn 10,18; o «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos – Jn 15,13).

Por último, el encuentro de Jesús con los discípulos concluye con la mención de la hora: «Era más o menos la hora décima». Por una parte, el número “diez” simbólicamente expresa plenitud. Se puede decir, que era la hora plena de un encuentro que cambió la vida. Pero también, considerando que la hora décima equivale a las 4 de la tarde, no lejana de las 6 donde comienza el atardecer, muy bien podría dar a entender la culminación de la antigua alianza en la plenitud de la nueva. Por eso, después de este pasaje, san Juan narrará las bodas de Caná, que mostrará esta plenitud con la presencia del Esposo: Cristo.

 

¿Qué me dice el texto?

Juan el Bautista señala al Cordero, mientras que Andrés invita a su hermano Simón Pedro a descubrir al Mesías. Tanto el Bautista como Andrés, nos muestran una lógica pastoral: no basta con anunciar a Cristo, es necesario conducir a los demás a encontrarse con Él. Esta lógica permite dejar el cáncer de los protagonismos en los que cada uno desea conducir hacia su propio “yo”. Por eso, muchos planes pastorales van hacia el fracaso, no sólo porque no conducen a Cristo, sino porque ni siquiera partieron de Él. Cada uno es exhortado a “ponerse en camino” detrás de Jesús, para que la experiencia personal sea fecunda, al grado de saber conducir al hermano a este encuentro con el Señor.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Todo comienza con el testimonio del Bautista, que se asemeja a la fe y al testimonio que he recibido de mi familia, catequistas y sacerdotes, que como él, señalan al Cordero. Pero después, es decisivo el deseo que se enciende en el corazón; una búsqueda constante que solo puede ser colmada en ti. “¿Qué buscas?” me preguntas. “¿Dónde vives?”, te contesto; y es que no basta un momento fugaz, quiero estar contigo y escucharte, para saber quién soy en el quién ]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5941Sun, 18 Jan 2015 00:00:00 GMT
Lectio Divina Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Juan predicaba diciendo: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo”. Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”. Mc 1,-7-11

Tú eres mi Hijo amado
P. Julián López Amozurrutia

Lectura
Juan lo anunció: Detrás de él venía uno más poderoso que habría de bautizar con Espíritu Santo. Jesús llega desde Nazaret para cumplir aquel anuncio. La narración precisa de san Marcos establece un doble movimiento en la escena: tras ser bautizado por Juan, Jesús “sube”, al salir del agua, mientras del cielo “baja” el Espíritu en forma de paloma y una voz que le dice: “Tú eres mi Hijo, el amado, en quien me complazco”.

Meditación
El episodio que cierra la Navidad e inaugura el tiempo ordinario es como la señal de la Cruz con la que iniciamos y concluimos las celebraciones litúrgicas: acontece en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La encarnación del Hijo de Dios es un movimiento “descendente”, que lo ha traído a nuestros caminos desde la altura de su dignidad. Él se hunde en lo profundo de nuestra confusión para surgir del agua en un proceso ascensional que ha de llevarnos a la intimidad de las Divinas Personas. La humanidad de Cristo escucha la declaración eterna de amor del Padre, que así nos alcanza misteriosamente. Por un lado, somos testigos del flujo vital de la Santísima Trinidad. El Padre se regocija en el Hijo, y el Espíritu se vuelca confirmando con su hálito la intimidad trinitaria. Pero lo que constituye la comunión divina se entrega a la humanidad como don, como participación. Es lo mismo que se nos ha otorgado en nuestro bautismo, al quedar sellados por el nombre de los Tres. La declaración del amor paterno, por nuestra unión con el Hijo eterno, nos erige en Él como hijos adoptivos, por la fuerza del Espíritu Santo.

Oración
Mirando a tu Hijo bendito, Padre celeste, has dicho que en Él te complaces. Y lo dijiste contemplando con amor su naturaleza humana, que lo ha hecho hermano nuestro. Consagrando su humanidad para la misión salvífica, has extendido el vigor de tu Espíritu a la debilidad de nuestra carne, embelleciéndola con tu misma gloria. En Cristo me miras también a mí, llamado a reflejar la hermosura de su rostro. ¡Hazme digno de esta inefable dignación de tu amor! ¡Renueva la frescura del Bautismo que me selló como hijo tuyo! ¡Configúrame con el Señor Jesús! ¡Derrama tu Espíritu vivificador, para que me asocie a Él! Haz que mis palabras sean reflejo de tu verdad, que mis acciones prolonguen tu bondad, que mi porte anuncie la presencia de Aquel de quien soy discípulo. Viviendo congruentemente mi bautismo, concédeme crecer y ascender a tu majestad.

Contemplación
Contemplo a Cristo saliendo del agua. Veo al Espíritu aleteando. Escucho la voz del Padre. Me asombro al percibir que, en Cristo, la dirige también a mí.

Acción
Seré consciente en estos días, al persignarme, de mi pertenencia al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5928Sun, 11 Jan 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. 
Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los  sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.  Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del Niño, y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el Niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se  marcharon a su tierra por otro camino. (Mt 2, 1-12)

Sigamos a Jesús hasta el pequeño portal
Mons. Salvador Martínez Ávila

Reflexión
En primer lugar me llama la atención que el evangelista san Mateo no se detuviera a narrarnos los pormenores del nacimiento del Señor ¿No le parecieron lo suficientemente importantes? ¿Consideró que era más importante hablarnos de los Magos venidos de oriente?... (silencio interior) En primer lugar, me viene el pensar que san Mateo no tenía a mano fuentes para conocer cómo había nacido el Señor, simplemente se detiene a darnos el dato de que nació en Belén. Por otra parte, el evangelista nos vincula el nacimiento del Señor con las profecías relacionadas en especial con la profecía de Miqueas (5,2) sobre Belén tierra de Judá como el sitio del nacimiento. Por otra parte, recuerdo que también san Mateo da gran importancia a la manifestación de Jesús a los paganos representados por los tres magos venidos de oriente. En  un segundo momento también quisiera profundizar sobre la reacción de Herodes y todo Jerusalén ante la noticia de que el Mesías ya habría nacido. ¿Esta inquietud es algo positivo o algo negativo?... El evangelio de san Lucas (1,12) nos dice que Zacarías el sacerdote, padre de Juan Bautista se inquietó (se asustó) al ver al ángel Gabriel junto al altar. De acuerdo con el contexto, el evangelista hace una contraposición de estados de ánimo entre los magos y Herodes porque ellos al volver a ver la estrella se alegraron mucho (2,10). Así pues, puedo ver que la noticia del nacimiento del Señor no a todos alegró, sobre todo cuando había intereses de poder. Revisando un poco la historia de Herodes el grande, puedo confirmarlo, pues vivió extremadamente preocupado por el peligro de perder su trono, al grado que mandó matar a sus hijos mayores y a muchos otros temiendo que le quitaran el trono. En este punto podemos preguntarnos ¿De qué manera Jesús me produce inquietud o temor? ¿Qué puedo perder si lo dejo entrar en mi vida?... (silencio interior)

Contemplación
Les invito a que usando nuestra imaginación nos introduzcamos en la escena de la adoración de los Magos ante Jesús, el Niño Mesías. Asumamos el rol de uno de ellos e imaginemos el camino personal desde la elección del regalo ¿Qué le ofrecería yo? Pongamos ese regalo en un cofre y prosigamos como si fuéramos uno de ellos, al llegar a Jerusalén experimentemos, como seguramente lo experimentaron, la sorpresa de no encontrar al Mesías en un palacio de la Capital. Alegrémonos de volver a ver la estrella, sigámosla hasta el pequeño portal o cueva, miremos a Jesús, por largo tiempo hagámoslo. Por fin entreguemos nuestro cofre y hagamos un breve discurso de entrega.

Oración
Señor Jesús, pequeño y pobre en el pesebre de Belén. En esta ocasión me acerco a Ti contento y alegre de encontrarte y ser aceptado en tu presencia. A lo largo del camino me encontré con Jerusalén y su rey, asustados ante la noticia de que habías nacido. Lo confieso, Señor, me sorprendió no encontrarte entre los reyes y miembros de la corte de Jerusalén pero más me sorprendió que se hayan llenado de miedo ante la noticia que les trajimos. En cambio, me alegré mucho de no quedar confundido, pues ellos mismos nos hicieron la aclaración de que Tú deberías nacer en Belén. Asimismo, tu siervo y los otros magos nos alegramos grandemente al ver de nuevo tu estrella y ahora te contemplo a Ti Señor de cielos y tierra, tan tierno y tan desvalido. Recibe ahora, Señor mío, este presente y si por algún motivo hubiera razón para temerte, te pido que me libres de todo apego indebido a otra cosa o persona que no seas Tú. Amén.

Pautas para la acción
Si en el análisis de mis puntos de confianza y poder, encontré algo que me produzca temor o vergüenza delante de Dios es una buena ocasión para procurar la conversión, por medio de la renuncia a ello.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5913Sun, 04 Jan 2015 00:00:00 GMT
Lectio Divina: "El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría" 0 0 1 895 4923 COSAM 41 11 5807 14.0

Lectura del Santo Evangelio

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, (de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con Él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.) Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. (Lc 2,22-40)

 

 

"El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría"

 

Meditación

En Jerusalén... una de las traducciones más probables de esta palabra es: Casa de Paz, Ciudad de Paz. Es en esta ciudad donde se da el acontecimiento que nos narra el Evangelio del Domingo de la Sagrada Familia, texto también conocido como la Presentación de Jesús al Templo, para observar el rito del “rescate”, siendo que todo primogénito judío era consagrado al Señor: “Conságrame todo primogénito. El primer nacido de todo seno materno entre los Israelitas, tanto de hombre como de animal, me pertenece” (cfr. Éxodo 13,2). Es así que la familia tenía que “rescatar” al primogénito, a través de una ofrenda: una pareja de tórtolas o dos pichones (cfr. Levítico 5,7)

En Jerusalén también habitaba un hombre que se llamaba Simeón y una anciana de nombre Ana; uno esperaba conocer al Mesías, y la otra la redención de Jerusalén, antes de morir.

Y es en el templo de la Ciudad de Paz donde se da esta preciosa escena, con el maravilloso himno que desde el Siglo V se introdujo en la oración nocturna de Completas: “Ahora Señor, según tu palabra, puedes dejar a tu siervo irse en paz” (v. 29)

 

Contemplación

En general, en mi vida he aprendido incontables cosas de personas que aprecio mucho, y como sacerdote, he compartido el ministerio con hermanos mayores que me han enseñado a ser pastor; una vez, uno de ellos dijo: “Ahora Señor, puedes dejar ir en paz a tu siervo...” justo cuando le expresaba mi interés por continuar la obra evangelizadora que él había comenzado. Como trabajábamos juntos, él –que estaba a la cabeza– me enseñaba pacientemente a servir a los demás como Cristo lo quiere, y llegó el día en que al ver que yo podía continuar con lo que él había iniciado, pronunció las primeras palabras de este himno Nunc dimittis (ahora Señor...)

Tal vez no he llevado completamente la obra encomendada, pero sus palabras las guardo en mi corazón con mucho cariño, como creo que un padre o una madre de familia hacen cuando sus hijos pueden caminar por sí solos, cuando los dejan por primera vez en la escuela, cuando son aceptados en la universidad o cuando salen de su casa a formar su familia e ir construyendo su propio destino.

Aunque no tengo hijos, me parece que un padre puede decirle esas mismas palabras a Dios cuando ve que sus hijos son autosuficientes, que se pueden valer por sí mismos y salir adelante con sus propias fuerzas y capacidades, ¡qué lección tan bella para las familias en este Domingo de la Sagrada Familia!, el que los padres puedan decir: “Señor, ya me puedes dejar ir en paz, por que mis ojos han visto a tu Salvador... porque he cumplido con mi misión en este mundo, porque me doy por bien servido de aquello que he hecho, que he logrado, que he contemplado”.

Una vez mi papá me confió que cuando yo nací, el séptimo y último de sus hijos, sólo le pidió al Señor, vivir hasta que yo fuera autosuficiente y que conociera a Dios. Creo que Dios se lo concedió sobradamente, porque desde los 18 años salí de mi casa al Seminario, y precisamente partí por haberme enamorado de Cristo y por querer seguirlo.

Creo que como mis padres, muchos papás mexicanos le piden lo mismo en el seno de sus familias, cristianas, católicas: ‘Señor, no me dejes morir sin ver que mis hijos se puedan valer por sí mismos y que te conozcan’.

Y una vez cumplido esto: “Ahora Señor puedes dejar a tu siervo ir en paz”.

 

Oración

"Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel".

 

Acción

Esta semana me reuniré con mi familia y agradeceré a mis padres el haberme dado una Casa de Paz dónde crecer. En caso de ser papá o mamá, pediré al Señor no dejarme morir sin que mis hijos le conozcan, le amen y sean autosuficientes.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5884Sun, 28 Dec 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina: Velen y estén preparados 0 0 1 819 4505 COSAM 37 10 5314 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. (Mc 13, 33-37). Palabra del Señor. R. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

 

 

 

Para una mejor comprensión

El texto del Evangelio de san Marcos que se nos propone para este primer domingo de Adviento, forma parte del discurso escatológico que ocupa todo el Capítulo 13, donde Jesús expone su doctrina sobre los acontecimientos últimos que se sucederán.

Tiene, con este mismo tema, sus textos paralelos en los otros dos evangelios sinópticos, ellos son: Mt 24, 32-44; Lc 21, 29-33. La última parte tan desarrollada en san Mateo, se reduce en san Marcos a cinco versículos. Más es explicable por la forma breve que este Evangelio presenta en general los acontecimientos históricos que se sucedieron, lo cual hace notar que se trata de la fuente escrita más antigua.

En este contexto, el Evangelio de este domingo es una pequeña parábola que habla de la venida del dueño de la casa. Por lo mismo, el “dueño” (“dueño” = “Señor”), viene al encuentro de sus siervos mientras ellos están ocupados a su servicio y en un tiempo que se señala durante la “noche”. Hay un mandato que es el de “vigilar” y viene motivado por Jesús, así: “No sabéis a qué hora será el momento preciso”, es decir, “el día y la hora”, del regreso de su Señor. Estas palabras parecen unir la necesidad de la vigilancia con la ignorancia del tiempo en el cual el Señor vendrá al encuentro de sus siervos. Tal motivación se confirma con la imagen del ladrón, lo imprevisible y lo clandestino. El dueño de la casa motiva a los siervos en la necesidad de una vigilancia continua, ininterrumpida, incansable. Para los siervos que se mantienen despiertos, el Señor no llega inesperadamente porque “lo están esperando”, siempre están atentos para abrirle la puerta mientras llega y toca. Estos siervos, son declarados “bienaventurados”, justamente porque están “despiertos” y “preparados”.

 

Meditación

La palabra “¡Vigilad!” es la clave en el corto pasaje que la Iglesia reserva para la liturgia del primer domingo de Adviento. Ciclo “B” Vigilar, estar atentos, esperar al dueño de la casa que debe regresar, no adormilarse, es esto lo que Jesús pide a todos nosotros. Estos cuatro versículos del evangelio de san Marcos forman parte del discurso escatológico del capítulo trece. Vigilad, pues, ya que no saben cuándo vendrá el Señor de la casa, si tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o por la mañana; no sea que venga de repente y os halle dormidos. Y lo que les digo a ustedes, a todos lo digo: velen (Mc 13, 35-37) Por tanto, todo cristiano, todos nosotros debemos vigilar, y estar atentos para que no nos encuentre desprevenidos la llegada del Señor. De aquí se comprende la importancia de la espera vigilante y atenta a los signos de los tiempos que nos ayudan a acoger la venida del “dueño de la casa” (Mc 13, 35).

Podemos ayudarnos de estas preguntas para orientar la meditación y actualización: ¿Qué significado tiene para ti la vigilancia? ¿Estás adormecido? ¿En qué? ¿Vives siempre a la espera del Señor que viene? ¿Es el Adviento una ocasión para ti, que te recuerda el elemento vigilancia en la vida cristiana?

 

Oración

La oración es provocada por la meditación, en actitud  silenciosa y de adoración al Señor y en oración entran en juego el corazón y los sentimientos. Es lo que le decimos al Señor, lo que sale de lo más profundo de nuestro corazón. En voz alta, digamos: una oración espontánea, un Padre nuestro, o bien la oración siguiente:

“Señor, Dios nuestro,  permítenos descubrir la oportunidad de estar despiertos, en vigilantes  y atentos a las necesidades de nuestros hermanos, los pobres, los que sufren la desaparición de un ser querido, los que luchan por la justicia y la paz, como verdaderos hijos tuyos para poder recibirte en la profundidad de nuestra alma en cualquier momento de nuestra vida. Escucha Señor nuestra oración y ten misericordia de nosotros. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén”.

 

Contemplación-acción

La contemplación es el saber estar vigilantes y adherirnos con el corazón y la mente al Señor, que con su Palabra nos transforma en personas nuevas que cumplen siempre su querer. “Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. En este contexto, nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer para estar vigilantes en la espera de la venida del Señor? ¿Estamos despiertos, esperando cómo debemos amar a Jesús? ¿Nos mantenemos despiertos cuando vemos algún enfermo solo y olvidado, sin atención médica ni social, o cuando vemos a algún niño cubierto con cartón por no tener con qué cubrirse o no tener un hogar? ¿Qué hacemos cuando vemos injusticias? Hagamos un propósito concreto como fruto de esta lectura orante de la Palabra de Dios.

 

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5838Sun, 30 Nov 2014 00:00:00 GMT
LECTIO DIVINA: Él hablaba del templo de su cuerpo 0 0 1 640 3524 COSAM 29 8 4156 14.0

Lectura del Santo Evangelio

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora. Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?”. Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. (Jn 2, 13-22)

 

 

 

 

Lectura

Se acercaba la Pascua judía cuando Jesús llegó a Jerusalén, presentándose en el templo. Sugestiva insinuación de una Pascua mayor: la que había de cumplir en su propio cuerpo. Al encontrar ahí una organización comercial, realizó un signo profético: los echó del templo, proclamando que no debían convertir en un mercado la casa de su Padre. Se dio entonces una doble reacción. Los discípulos, por un lado, recordaron la expresión del salmo: “El celo de tu casa me devora”. Había una consonancia con la tradición más pura de Israel. Pero los judíos exigieron una justificación de la autoridad que tenía para actuar así. Él respondió con una expresión enigmática: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Ellos entendieron que se refería a aquella edificación. Ésta, de hecho, sería destruida algunos años después. Pero él se refería a su propio cuerpo. Y los discípulos lo entenderían cuando sucediera la Pascua definitiva, la Resurrección del Señor de entre los muertos.

 

Meditación

El Templo es un lugar. Se circunscribe a un perímetro. Como tal, es un espacio salvífico. Accesible a la mirada y a nuestra propia ubicación en el mundo, puede “entrarse” en él y “salirse” de él. Puede mancharse y limpiarse, profanarse y purificarse. Cuando Dios establece su Alianza con los hombres, decide hacerlo adaptándose a las condiciones de la misma vida humana. Para manifestar su presencia, Él mismo ubica su gloria en un perímetro. Se nos acerca en las coordenadas de nuestro habitar. Lo que el antiguo Templo, así, representaba, se realiza plenamente en Jesucristo, en su propia humanidad, en su propio cuerpo. Su carne santísima es el espacio humano de la acción redentora de Dios. El extremo de su amor, para purificar nuestra condición, se muestra en su entrega en la Cruz. Ahora el espacio comunitario de su presencia es la Eucaristía, la Iglesia, el hermano necesitado, el apóstol. Mi propia carne, ungida por el Espíritu como su habitación.

 

Oración

¡Señor Jesús! Tú hablabas del templo de tu cuerpo. Que fue destruido, y al tercer día restituido a la más luminosa gloria. La gran purificación de la humanidad, que realizaste con tu carne, se nos entrega ahora en los sacramentos como vida, como gracia, como caridad. ¡Purifica el templo de mi cuerpo, que es tuyo, que has consagrado en el bautismo! ¡Purifica el templo de la Iglesia: la comunidad doméstica familiar, las pequeñas comunidades cristianas, las parroquias, las diócesis, la Iglesia Universal! Hay en nosotros tanta traición a tu amor, tanta dureza de corazón, tanta violencia, tanta simonía, tanta indiferencia, tanta mediocridad, tanto descuido en la santidad, en el servicio, en la comunión. Ayúdanos a reconocer los espacios sagrados de tu presencia, y a venerarlos con el respeto de un corazón agradecido.

 

Contemplación

Hago conciencia de mi cuerpo como templo del Espíritu.

 

Acción

Sirvo con amor al cuerpo de Cristo en los hermanos llagados por el dolor, la enfermedad, la pobreza o la necesidad.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5818Sun, 09 Nov 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “¡Vayan por todo el mundo!” 0 0 1 517 2845 COSAM 23 6 3356 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.  (Mt 28,16-20)

 

 

1.     Lectio: ¿Qué dice el texto?

En estos breves versículos, se narra la manifestación del Resucitado a los discípulos; aunque es importante subrayar que, en la intención del evangelista, se une de una manera extraordinaria la Resurrección y Ascensión de Jesús con el Envío Misionero. De hecho, este último aspecto desarrollará en el presente texto.

Por otra parte, es importante notar que si bien, el ministerio público de Jesús (según Mateo) estaba centrado para la Casa de Israel (Mt 10,5), con su Muerte y Resurrección, se instaura el momento para el envío a todos los pueblos. De esta forma, la misión conlleva la vivencia del discipulado (del enviado) para hacer discípulos en, por y para Cristo.

2.     Meditatio: ¿Qué me dice el texto?

Una circularidad que denota Mateo corresponde al Apostolado – Bautismo y Bautismo – Apostolado. En efecto, los apóstoles son enviados para bautizar y enseñar (hacer discípulos), y quien es bautizado es, igualmente, enviado para anunciar el misterio de Cristo. No se trata de imponer el Evangelio sino de anunciar con la vida misma, la alegría del Señor resucitado.

En este Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND) que no sea un día en que desahogamos nuestro compromiso misionero con una pequeña oración y donativo por los misioneros; sino más bien, sea la oportunidad para tomar conciencia de nuestro compromiso personal, recordando que un lugar al que continuamente somos enviados es nuestra propia familia.

3.     Oratio: ¿Qué me hace decir el texto?

Tu Ascensión, Señor resucitado, no quiere decir lejanía de nosotros. Te has hecho hombre sin dejar de ser Dios, para hacerte peregrino de nuestras alegrías y tristezas, de nuestras penas y esperanzas. Los apóstoles contemplan el momento en que vuelves al Padre, pero también aprecian que tu reinado se extiende a toda creatura; no hay límite alguno para tu soberano amor. Y yo tengo la alegría de encontrarme día a día contigo: en tu Palabra que me ilumina, en el Pan partido que me nutre, en tu rostro que veo en el hermano. Tu cercanía me confiere responsabilidad de hacer presente tu Reino de amor y justicia, que ha de concretarse en la vivencia de aquella sentencia final: “cuanto hiciste a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hiciste”.

4.     Actio: ¿Qué me motiva a hacer el texto?

Cuando los discípulos ven a Jesús, ellos lo reconocen y se postran; este es un gesto no solo de adoración, sino que en el texto, aparece como la disponibilidad y la obediencia para ser enviados. Te quisiera invitar a que dediques un momento de adoración delante del Santísimo, y puedas apreciar que para ser enviado se necesita ser discípulo, y como, en aquel momento de adoración se convierte en disposición e impulso para compartir cuanto el Señor ha hecho por ti. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5785Sun, 19 Oct 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “¡Invitado!” 0 0 1 742 4087 COSAM 34 9 4820 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda”. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren, invítenlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”. (Mateo 22,1-14)

 

¡Invitado!

 

Lectura

Dos escenas. La invitación y el banquete. Un gran acontecimiento: la boda del hijo del rey. En ambos momentos, una desproporción, un quiebre dramático de la lógica. Así son las parábolas. En la primera escena, el rechazo a un personaje respetable y amable, el asentarse en un pretexto cualquiera para indicar que no interesa el acontecimiento. Como consecuencia: la fulminación de aquellos ingratos. Y la invitación entonces a los alejados, a quienes viven en el cruce de los caminos –seguramente indignos pecadores, pero convidados por la gentileza del anfitrión–. En la segunda escena, ya en la efervescencia de la celebración, al llegar la atención cuidadosa del rey, un durísimo castigo a quien se presentó a la fiesta sin el traje adecuado. Se intuye de nuevo un desinterés ofensivo: estar ahí sin las debidas disposiciones, a pesar de la generosidad amabilísima del señor. Finalmente, una sentencia misteriosa: muchos son los llamados, pocos los escogidos.

 

Meditación

El significado de la enseñanza es vigente, como el amor de Dios. Hemos sido convidados a la alianza. El banquete nupcial es el hecho inmerecido de la obra de la salvación. ¿Entendemos en realidad la munificencia divina? Se nos ha preparado una fiesta. ¿Cómo es posible que tantos la rechacen; más aún, que los primeros invitados, los que recibieron la gracia original de ser elegidos, la hayan mirado con desdén? Para nosotros, los que llegamos sorpresivamente a ser llamados cuando menos lo esperábamos, ello debe convertirse en una perenne gratitud. ¡Hemos sido invitados! La fiesta de la salvación desborda: la sala está llena. La fineza de quien nos congrega se manifiesta en su palabra de salvación y en el platillo exquisito que nos ofrece. Aquí estamos hoy, como Iglesia, en la celebración continua de la vida, del amor, de la gracia. Y sin embargo, recibimos también una advertencia. El traje de fiesta es obligatorio. Ante tantos gestos delicados del amor de Dios, hemos de tener nosotros mismos la precaución de aportar lo que nos toca: una disposición real de participar. Lo contrario sería una palmaria ingratitud ante el amor. ¡No usemos el nombre de Dios en vano, no dejemos de santificar el tiempo santo, no profanemos nuestro bautismo, no ejerzamos violencia contra los hermanos, no paguemos mal por bien!

 

Oración

¡Padre del cielo, nos has concedido estar presentes en la dignación de tu amor, ser partícipes de tu obra de salvación! No estamos a la altura de tu bondad, lo sabemos. Pero no queremos desatender tu invitación, ni ser groseros ante tu cortesía. Aquí estamos, pero el ropaje de nuestra carne se ha manchado. ¡Haznos dignos Tú, por la sangre de tu Hijo, por el don del Espíritu, del traje de fiesta que sólo puede provenir de tu misma generosidad! Ansiamos tu cercanía, deseamos disfrutar de tu amable cercanía. No lo merecemos, y sin embargo, nos has llamado desde los más remotos cruces de los caminos humanos para incorporarnos a tu círculo. ¡Vístenos Tú del ropaje de la vida nueva! ¡Queremos estar bien dispuestos para alegrarnos contigo!

 

Contemplación

Percibo la mirada del buen Padre Dios feliz de verme presente en la fiesta de la vida y de la gracia. Deseo responderle a su incansable finura.

 

Acción

Tendré gestos delicados con el buen Dios, que no deja de manifestarme su amor. Agradeceré su ternura, responderé amor con amor.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5762Sun, 12 Oct 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “Pero es que no quiero ir...” 0 0 1 665 3662 COSAM 30 8 4319 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto se han arrepentido ni han creído en él”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. Mt. 21, 28-32

 

“Pero es que no quiero ir...”

P. Óscar Arias Bravo

 

Meditación

En la sección que comenzamos a leer desde el domingo pasado, el evangelista Mateo hablará de algunas parábolas acerca del Reino. Es Jesús, que para hacer entender a sus discípulos esta nueva realidad, utiliza ejemplos comunes, sencillos, de la vida cotidiana, que todos ellos pudieran comprender fácilmente, sobre la maravillosa realidad donde Dios ofrece su salvación a su pueblo.

El domingo pasado nos hablaba de trabajadores que no habían sido contratados para ir a la viña y de otros que esperaban una paga mayor por haber llegado desde el inicio del día. Este Domingo nos presenta a un Padre que manda a sus dos hijos a trabajar en su terreno, su Reino, su viña.

El hijo que en un principio se niega, pero termina por ir, tiene la actitud del pecador arrepentido, aquél que no quiere formar parte de este Reino, pero que acaba entrando casi sin quererlo.

El otro hijo que dice que va a ir, pero no lo hace, representa a todos aquellos para los cuales era obvio que estaba diseñado el plan de salvación, pero no asistieron; que en el tiempo de Jesús, eran los líderes religiosos, quienes se supone que serían los primeros en entrar al Reino, sin embargo, su corazón altanero y su arrogancia no se lo permitieron.

 

Contemplación

El pasado 15 de septiembre, después de la ceremonia del “Grito de Independencia” y de un convivio que hicimos en la parroquia, al estar cerrando las puertas y a punto de irme a descansar, escuché que alguien me gritaba: “Padre”, desde la reja del atrio. Al asomarme para ver lo que sucedía, eran unos feligreses que me pedían ir a trabajar a la viña; perdón, ir a ver a un enfermo. Como el hijo que decía que no quería ir, empecé a darles un montón de razones por las cuales no podía (más bien no quería) ir; que si era ya muy tarde; que por qué se habían esperado hasta ese momento; que si no era mi parroquia; que si ya habían ido con su párroco a solicitarle esto. Al contestar que ya lo habían intentado todo, me quedé con la misma resolución de los hijos que nos narra la parábola de este domingo: “ir o no, a trabajar a la viña”.

Abiertamente molesto por la hora, por la insistencia, porque no me correspondía, etc., etc., al final les dije que sí les acompañaba. Ungí a esta persona, la confesé y terminé de rezar el rosario que estaban finalizando al momento de mi llegada. Aunque mi actitud al inicio fue de fastidio, me di cuenta de lo importante que fue para aquella persona el arreglar cuentas con la vida y sobre todo con Dios, y si bien lo hice de mala gana, también me di cuenta que la gracia de Dios actuó de la misma manera que confieso alegremente en otro horario y en otras circunstancias a la gente de mi parroquia.

 

Oración

Padre Dios, perdónanos por hacer las cosas a veces a regañadientes, perdón por trabajar en ocasiones con disgusto en tu viña; te pedimos que, a pesar de ello, no dejes de derramar tu gracia en cada uno de tus hijos, en los que nos enojamos, pero también en los buenos que se empeñan en hacer tu voluntad y en vivir en gracia. Aunque nos molestemos, por favor, por favor, no dejes nunca de enviarnos a tu Viña, que a jornal de gloria, no hay trabajo que canse.

 

Acción

Esta semana, hagamos algo que no nos caiga muy bien, pero que sabemos, aprovecha para nuestra salvación y la de nuestros hermanos, y al final de lo realizado, humildemente pidámosle a Dios que no deje de darnos trabajo. Amén.

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5718Sun, 28 Sep 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “Denles ustedes de comer” 0 0 1 777 4276 COSAM 35 10 5043 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”. Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños. (Mt. 14, 13-21)

 

 

Reflexión

Al inicio del pasaje vemos a Jesús tratando de ir a un lugar apartado, pero es seguido por la gente, y al desembarcar, encontró a una gran muchedumbre. Se compadeció de ella porque eran como ovejas sin pastor. Esta es una buena oportunidad para meditar sobre la compasión de Jesús.

En primer lugar, podemos preguntarnos: ¿En qué consistía la compasión de Jesús?... (espacio de tiempo para reflexión personal) Podemos pensar que se trata de una reacción visceral, como una conmoción. Por ejemplo, cuando un leproso le salió al encuentro por el camino, dice que Jesús se “compadeció”, en algunas Biblias traduce por “se enojó”. En todo caso, es claro que Jesús no permanece “indolente” frente al sufrimiento de los demás, podemos pensar en lo que actualmente se llama empatía, es decir, Jesús se puso en los zapatos de las demás personas.

También podemos pensar que Jesús experimenta lo que una persona sufre al ver a una persona amada sufriendo; esto sería como el resultado de la actitud paternal o pastoral del Señor. Llegados a este punto podemos preguntarnos: ¿De cuántas personas a mi alrededor soy capaz de compadecerme?... ¿La compasión es una reacción que me nace espontáneamente o debo hacer un esfuerzo de empatía?... También podemos detenernos en las razones de la compasión, si Él se concebía a sí mismo como buen pastor, ver a una masa tan desorientada le dolía.

Nosotros también tenemos una misión en la vida; algunos la pueden identificar con su profesión o su oficio, otros la pueden identificar con algún otro rol social o familiar. ¿Qué tanto me duelen las necesidades de los demás, específicamente en aquello que considero mi misión en la vida?

 

Contemplación

Podemos aprovechar nuestra imaginación para introducirnos en la escena que nos narra hoy el Evangelio. Propongo que en primer lugar use la imaginación recorriendo el pasaje como si fuera una de las personas que sigue a Jesús desde la orilla del lago, el esfuerzo de correr por campos y caminos fijándome dónde anda Jesús hasta llegar (antes que Él), experimentar cómo me mira el Señor, sentir su compasión, escucharlo, dejarme sanar, etc… (espacio de tiempo para hacer el ejercicio). En segundo lugar, puedo ocupar el sitio de alguno de los discípulos, voy con Jesús en grupo de amigos, nos esforzamos por remar o conducir la barca con la vela, vemos que por la orilla va gente corriendo, ¿Qué pensamientos me vienen? ¿Qué miro en el rostro de Jesús?, al llegar el Señor se encarga de la multitud, y me viene la preocupación de que ya es tarde y nadie se va, le hablo a Jesús de lo prudente de despedir a todos, Él me invita a darles de comer, etc… (espacio de tiempo para hacer el ejercicio). En tercer lugar puedo tomar el sitio de Jesús y seguir el pasaje desde Él (espacio de tiempo para hacer el ejercicio). Le aseguro que experimentará muchos puntos de vista novedosos con respecto a su fe.

 

Oración

Señor Jesús, en el relato que nos has permitido meditar hoy vemos cómo Tú tenías una conciencia muy clara de quién eras y lo que podías hacer. Tú eres el buen pastor y la necesidad de encontrar un guía en el camino hizo que mucha gente no se conformara con dejarte ir, te siguieron aun en contra de tu propia expectativa y no los rechazaste sino que los miraste con compasión. ¡Míranos compasivamente! Y aliméntanos de tu pan para que guiados por Ti también lleguemos a mirar a la humanidad con compasión. Concédenos la gracia de identificar la misión que tenemos en este mundo y aportar con valentía lo que necesiten de nosotros las demás personas para asemejarnos a Ti Buen pastor y redentor del mundo. Amén.

 

Compromiso

Dejarnos interpelar como los discípulos lo hicieron puede ser una buena consecuencia práctica de esta lectio. Yo puedo responder a las necesidades de los que me rodean aunque mis recursos sean muy pocos, porque los puedo poner al servicio a través de Jesús el Señor. Él es quien puede hacer que todo alcance y hasta sobre.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5634Sun, 03 Aug 2014 00:00:00 GMT
Vende cuanto tiene y compra aquel campo 0 0 1 720 3963 COSAM 33 9 4674 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. También se parece el Reino de los Cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces, Él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los Cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. (Mt. 13, 44-52)

 

 

Meditación

Todo el Evangelio de Mateo habla del Reino: el anuncio del Reino (cap. 3), en qué consiste, el discurso de la montaña, el establecimiento de ese Reino (cap. 8), la lógica del Reino (cap. 11), las parábolas del Reino (c. 13), los confines del Reino; el juicio del Reino (c.19) y el cumplimiento del Reino (cap. 26).

Los tres últimos domingos hemos estado escuchando las parábolas del Reino, que en su conjunto, son siete: el sembrador, la cizaña, el grano de mostaza, la levadura, el tesoro escondido, la perla y la red. Estas comparaciones, proverbios o parábolas, que traducen el hebreo mashal, pretenden “abrir el espíritu de quien las escucha” (J.A. Levoratti), para comprender los misterios de Dios, de una manera accesible, sencilla, alcanzable.

En nuestra liturgia dominical, se cierra esta sección de las Parábolas, Jesús ya no “hablará” sólo de lo que es el Reino, sino que en adelante viene una serie de milagros que constatarán la verdad de su predicación.

Ahora me referiré sólo a las parábolas del tesoro y de la perla, que lo que quieren acentuar es la alegría tan grande que produce el encontrar ese tesoro o la perla preciosa; es como el sueño cumplido de aquel que ha dedicado su vida a ese oficio.

 

Contemplación

Es como si alguien que ha comprado toda su vida boletos de lotería, se ganara el premio mayor y se lamentara porque el precio de los boletos que pagó fue muy alto. ¡Claro que no! ¡Suena absurdo! No se acuerda de lo que le costaron, sólo piensa en los millones que obtuvo y en qué va a hacer con ellos: a comprarse una casa, ayudar a su familia, poner un negocio o a irse de vacaciones a los lugares que siempre quiso conocer.

Sería verdaderamente absurdo que se quedara pensando en lo que invirtió para comprar esos billetes de lotería. Así, parece verdaderamente ilógico cuando el cristiano descubre la maravilla del Reino y se lamenta por las cosas que tiene que dejar para poder vivirlo en plenitud, de las actitudes que tiene que cambiar para vivir feliz. Es como si alguien se anclara en un rencor, porque le parece justo no perdonar a quien le hizo daño y nunca diera el paso a perdonar y continuar la vida siendo feliz. Parece que hay personas que nos acostumbramos a nuestras pequeñas posesiones y lamentamos cuando el Señor nos propone un cambio, una renuncia, un desapego.

Cuando alguien me habla de su vocación con pena, como si le estuviera costando mucho esa opción de vida, a veces dudo que ese sea verdaderamente su camino; concibo la vocación como algo que sólo el mencionarlo, debería llenarnos de alegría, de gusto. ¡Cómo no hablar así del matrimonio, cuando aquella persona con la que soñaba ahora está conmigo y para toda la vida!

¿Cómo no estar contento con mi vocación religiosa o ministerio, de la vida que llevo; si es lo que mi corazón anhelaba desde muchos años atrás?

Claro que no todo es miel en el camino de la vocación, pero ¿quién se acuerda de lo que ha tenido que pagar por el billete de lotería, cuando ahora es millonario?

 

Oración

Señor Jesús, perdona las veces que me lamento de las cosas que he dejado por seguirte, perdona a las parejas que creen que son buenas porque se mantienen fieles o porque no han abandonado a su familia; ayúdanos a ver lo afortunados que somos al haber encontrado la perla preciosa, un tesoro escondido y estemos todavía dispuestos a vender lo que tenemos, con tal de conseguirle.

 

Acción

Esta semana hagamos dos listas, una de las cosas que hemos dejado y otra de las que hemos ganado en la vocación que Dios nos ha regalado, y pidamos a Dios ser objetivos en este conteo.

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5615Sun, 27 Jul 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : ““Las parábolas del crecimiento” ”Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola: “Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos. Un hombre sembró buena semilla en su campo, pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando el trigo creció y empezó a echar espigas, apareció también la cizaña. Entonces los servidores fueron a decirle al patrón: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, viene esa cizaña?” Respondió el patrón: “Eso es obra de un enemigo”. Los obreros le preguntaron: “¿Quieres que arranquemos la cizaña?”. “No, dijo el patrón, pues al quitar la cizaña podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero la cizaña, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas.” Jesús les propuso otra parábola: “Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo. Jesús les contó otra parábola: “Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la masa fermenta”. Todo esto lo contó Jesús al pueblo en parábolas. No les decía nada sin usar parábolas. Después Jesús despidió a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de las malas hierbas sembradas en el campo”. Jesús les dijo: “El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo. La buena semilla es la gente del Reino. La maleza es la gente del Maligno. El enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Vean cómo se recoge la maleza y se quema: así sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

 

“Las parábolas del crecimiento”

 

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

Continuando con la secuencia de las llamadas «parábolas del Reino» (en total siete), este domingo el evangelio nos presenta otras tres conocidas como las «parábolas del crecimiento», a saber, el trigo y la cizaña (1), el granito de mostaza (2) y la levadura (3). Son parábolas caracterizadas por el contraste: los tallos delgados del trigo – y la fuerza impetuosa de la cizaña (1), la semilla casi microscópica de la mostaza – y la inmensidad del árbol en que puede convertirse (2), los pocos granos de levadura – y la masa de harina que ha aumentado. Es interesante apreciar cómo el inicio del trigo, la semilla y la levadura, procede de una manera insignificante pero con una gran capacidad de transformación. Veamos, en sentido general, su contenido:

a. El trigo y la cizaña: la narración de Jesús nace en un contexto cultural caracterizado por una viva espera en el Mesías. En este sentido, el Reino de Dios se comprendía como un acontecimiento decisivo y discriminante como la separación entre los buenos y los malos, los justos y los injustos. Por ejemplo, los fariseos esperaban que a la llegada del Mesías tuviera lugar la aniquilación de los malos, de modo que, el pueblo de Dios quedara compuesto solo por los cumplidores de la Ley. Ciertamente que Jesús anuncia con esta parábola una «separación», no en un presente basado en la desesperación (¿Quieres que vayamos a recogerla?) sino en un presente imbuido en la paciencia. La historia queda, entonces, signada como la posibilidad que Dios deja para el arrepentimiento (1ª Lectura Sab 12,13.16-19) y la conversión, en vista a aquel Juicio definitivo que vendrá.

b. La semilla y la levadura: estas dos imágenes expresan la fuerza extraordinaria que tienen en sí mismas para hacer surgir la vida en lo concreto del alimento. La mostaza apenas un pequeño granito tiene toda la potencialidad no solo para llegar a ser un arbusto, sino un árbol con una altura entre los tres y los cuatros metros. Lo mismo con la levadura que apenas una pequeña pizca permite el aumento de toda masa. Son imágenes que muestran la capacidad transformadora de la fe y de la palabra divina.

 

¿Qué me dice el texto?

Existen dos métodos de siega para separar el trigo y la cizaña: uno que es violento y otro que procede por medio de la paciente selección. El primero, es signo de la impaciencia, propio de la lógica humana; el otro es signo de la paciencia y de la espera, propios del actuar de Dios. El primero genera “fanatismos”, “fundamentalismos” e “intolerancias”, piensa solo en atacar y destruir; mientras que el segundo, que procede de la misericordia y del amor abre el presente al diálogo, la fraternidad y a la conversión. La impaciencia de los “puritanos” pide la muerte; la paciencia divina clama la vida.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Señor, con una mirada indulgente nos miras a cada uno, porque buscas nuestra salvación y no la condenación. Ayúdanos a saber acoger tu Palabra para que en tu paciencia seamos de una mentalidad menos “puritana” y más fraterna, menos “cizañosa” y más comprometida con tu amor. Amén.

 

¿Qué me motiva a hacer el texto?

Con las parábolas del crecimiento se pone en evidencia un aspecto: no somos nosotros, en última instancia, quienes creemos en Dios; sino es Dios quien cree en nosotros; pues Él deja ese espacio de libertad para que hagamos lo posible de arrepentirnos y cambiemos nuestro corazón de piedra por uno de carne: ¿Cuál es tu respuesta cotidiana a este amor paciente de Dios? ¿Has hecho oración por quien desea ser tu enemigo o pides su muerte? ¿Cuál es el propósito que tomas de este pasaje evangélico para hacerlo vida cotidianamente? Recuerda y reflexiona: no es la violencia la que rescata el mundo, sino la misericordia y el amor.  

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5592Sun, 20 Jul 2014 00:00:00 GMT
Los misterios del Reino 0 0 1 883 4862 COSAM 40 11 5734 14.0

Lectura del Santo Evangelio

Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago. Pero la gente vino a Él en tal cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla. Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar y mientras sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad, pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron. Otros cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron. Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno. El que tenga oídos, que escuche”. Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús: “Por qué les hablas en parábolas?” Jesús les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no, porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden. En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más que oigan no entenderán, y por más que miren no verán. Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón... Pero con eso habría conversión y yo los sanaría. ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!; ¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen! Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron. Escuchen ahora la parábola del sembrador: Cuando uno oye la palabra del Reino y no la interioriza, viene el Maligno y le arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Ahí tienen lo que cayó a lo largo del camino. La semilla que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye la Palabra y en seguida la recibe con alegría. En él, sin embargo, no hay raíces, y no dura más que una temporada. Apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa de la Palabra, inmediatamente se viene abajo. La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto. La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más”. (Mt 13,1-23)

 

 

 

 

Lectura

“Parábolas”, las llama el mismo Evangelio. En el corazón de Mateo, en medio de los grandes discursos de Jesús, las parábolas del Reino, con exquisita factura, esculpen en figuras accesibles a nuestros sentidos la profundidad y grandeza del Reino de los cielos. Jesús habla a la multitud, aunque a los discípulos les explica en privado su significado. Es la escuela de la fe. Y todo empieza con la bellísima imagen del sembrador. Porque semilla es el Reino: potencial de vida, código genético de salvación, fuerza de futuro. Cuatro distintos terrenos se describen: el del camino, el pedregoso, el cubierto de espinas y la tierra buena. La experiencia sencilla vuelve elocuente el ejemplo: en el camino, las aves se comen las semillas; en el terreno pedregoso surge pronto la planta, pero igualmente pronto se seca, por su falta de hondura; entre las espinas, las plantas se sofocan; en la tierra buena, y según la calidad de ella, la semilla da fruto: a veces ciento por uno, a veces sesenta y a veces treinta. La clave de explicación es el anuncio del Reino y la disposición a escucharlo: sin entenderlo, de manera superficial e inconstante, atrapado por las preocupaciones de la vida, o entendiendo y asumiéndolo en la vida. En el corazón del texto, una bienaventuranza: dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen.

 

Meditación

Hay en la parábola tres bloques de fracaso y tres de éxito. El fracaso es por la tierra dura, incapaz de acoger la semilla; por la falta de profundidad, y por el agobio de las espinas. El éxito se mide por grados de fecundidad: cien, sesenta, treinta. En todo caso, se juega con ello la bienaventuranza. La Palabra de Dios contiene una poderosa carga vital: nada menos que la participación en la justicia de Dios, la vida buena conforme a la voluntad del Padre. Que la propia existencia alcance su plenitud, su realización. Una abundancia desbordante, de la cual los ejemplos son apenas signos leves. Lo que Cristo ofrece es un proyecto de vida hermoso, pero no se logra de manera automática. Reclama el compromiso personal de quien lo acoge, abriéndose a él. Tenemos ojos, y a veces no queremos ver. Tenemos oídos, y a veces nos cerramos a la verdad. Ante nosotros, la Palabra de Dios, que nos interpela.

 

Oración

¡Abre, Señor, mis oídos a tu Palabra! Que no se me endurezca el corazón, que no me conforme con limosnas de sentido, que no me agobie el peso de las ocupaciones cotidianas. Que mi carne sea tierra noble, que la trabaje tu Espíritu y yo me empeñe en ofrecerla. Que mis alegrías le den buen color y mis lágrimas, rocío. Quisiera dar cien… pero en la pobreza de mi realidad, que al menos dé treinta. Habla, Señor. Deseo escuchar tu dulce voz que formula en términos comprensibles para mí el abismo fascinante de tu amor. Que tu parábola me alcance, me trasforme, me consagre.

 

Contemplación

¡Abre, Señor, mis oídos a tu Palabra! ¡Habla, Señor!

 

Acción

Leeré con atención un fragmento de los Evangelios. Pediré al Señor la luz para entenderlo y hacerlo vida.

 

P. Julián López Amozurrutia

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5555Sun, 13 Jul 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “Soy paciente y humilde de corazón” 0 0 1 708 3898 COSAM 32 9 4597 14.0

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.” (Mt 11,25-30)

 

 

Reflexión

En la primera parte del texto de este día encontramos una acción de gracias de Jesús al Padre por haber revelado todas estas cosas a los pobres y sencillos. Un poco antes de esta acción de gracias, Jesús se había lamentado por la incredulidad de las personas de Cafarnaum, Betsaida y alrededores. Entonces podemos pensar que esta es una reacción para indicar que los pobres y sencillos, tal vez no plenamente identificados con las poblaciones bien establecidas, han estado más dispuestos a recibir el anuncio de Jesús. A este punto podemos preguntarnos: ¿qué obstáculos pueden presentarse para no aceptar a Jesús?... (momento de reflexión personal).

A lo largo de los evangelios encontramos varias razones para rechazar a Jesús, por ejemplo sus paisanos no lo aceptaban porque conocían a su familia y su origen; los príncipes de los sacerdotes no lo aceptaban como profeta porque era galileo; Jesús acusó a otros de no creer en Él porque preferían sus pecados. Pero ¿cuáles serán las razones actuales para no aceptar a Jesús?... (momento de reflexión personal)

Algunos opinan que ya no es posible creer en Él porque su persona y su mensaje fueron manipulados por sus discípulos o por la Iglesia oficial; otros han abandonado la fe porque la ciencia ha hecho innecesaria la existencia de Dios, todo se puede explicar naturalmente; otros más opinan que la moral que predicamos como discípulos de Jesús no es para el mundo actual, ahora podemos tener mentalidades más “abiertas”. ¿Volvería el Señor a dar gracias al Padre porque oculta estas cosas a los sabios y entendidos?

Tanto en tiempos de Jesús como ahora hay muchas “razones”, pero al parecer la revelación de Dios es cosa de Dios mismo y se revela a los sencillos. La sencillez es una virtud que va de la mano con la pobreza, con la necesidad material y espiritual. Tal vez demasiados bienes, conocimientos y la acumulación de algunos vicios conviertan a las personas en sabios y prudentes según este mundo pero no sabios según Dios.

Ahora podemos hacer un ejercicio de apropiación: el lugar social, en ocasiones, suele influir en la concepción que tenemos de nosotros mismos, pero para quien ha madurado lo suficiente esta es solamente una influencia no una determinación. Yo mismo me puedo catalogar de una persona que busca la sencillez o de alguien sabio y prudente… ¿Habrá algún aspecto de mi persona que dificulte que Dios se me revele?

 

Contemplación

Para esta parte de la lectio podemos detenernos más en la segunda parte del texto. Jesús dice: “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga…”  Así pues, cerrando los ojos y usando mi imaginación puedo ponerme en la presencia y cercanía del Señor. Puedo imaginar cómo avanzo con un bulto o fardo muy pesado, cómo me acerco al Señor y lo deposito ante Él y quedarme allí por largo tiempo… Si llego a perder la concentración puedo reiniciar con la imaginación y volverme a quedar ante Él inmóvil y tranquilo por largo tiempo.

 

Oración

Señor Jesús, has dotado a la humanidad y a cada uno de nosotros de inteligencia para comprender el mundo en que vivimos, para comprendernos a nosotros mismos, los unos a los otros y también dentro de la medida de nuestras posibilidades conocerte a Ti. Concede a mis facultades la sencillez necesaria para aceptar tu revelación, que el conocimiento de lo grande y lo complejo del mundo de ninguna manera me lleven a cerrarme a Ti. Nos has dado la capacidad de decidir nuestros caminos, somos capaces de obrar bien y mal, no permitas que mis costumbres sean obstáculo para descubrirte y aceptarte. A Ti que vives y reinas por los siglos. Amén

 

Compromiso

Cuando los problemas de la vida nos reclaman y no pocas veces nos quitan la paz es el momento de recordar: “vengan a mí los que están cansados y agobiados por la carga…” Recordar esta invitación al menos una vez al día puede ahorrarnos muchas angustias y la tentación de desesperar.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5513Sun, 06 Jul 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : ““Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”” 

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan, el Bautista; otros, que Elías; otros que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti, que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. (Mt.16,13-19)

 

“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

Mons. Armando Colín Cruz *

 

¿Qué dice el texto?

El texto a considerar se encuentra en la última parte de la sección segunda del Evangelio, en donde se hace la invitación a Israel a participar en el anuncio del Reino de los cielos. Anuncio que Jesús hace, mediante obras y palabras. Sección que abarca casi la mitad de Evangelio, los capítulos 4, 17-16, 20.

Este pasaje, con el que se cierra esta segunda parte nos sitúa en un momento importante de la vida de Jesús: el rechazo de su pueblo y el fracaso apartente a su misión. Con todo, sus discípulos por boca de Pedro reconocen que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios vivo. Títulos que resumen la fe de Mateo.

Dos imágenes dominan en este texto del Evangelio en la respuesta de Jesús a la confesión de fe de Simón Pedro: la imagen de la roca y la de las llaves. Ambas tienen su origen en el Antiguo Testamento, se retoman en el Nuevo y finalmente, como muestra el Evangelio, se aplican a la comunidad Cristiana. Primero la roca: en los Salmos se designa a Dios constantemente como la roca, es decir, el fundamento sobre el que puede uno apoyarse incondicionalmente: “Solo Él es mi roca y mi salvación” (Sal 62, 3). Y cuando esa palabra se hace hombre y como tal se convierte en salvador del pueblo: “Y la roca era Cristo” (1Cor 10, 4). Jesús entonces hace partícipe de ella a Simón Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. También la Iglesia participará de esa elección: “El poder del infierno no la derrotará”. En realidad la propiedad de ser roca y fundamento contiene ya la segunda cosa: los plenos poderes, simbolizados en la entrega de las llaves. Estos son los plenos poderes: “Lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá” (Is 22,22). En la Nueva Alianza, es Jesús “el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre” (Ap 3, 7). Es la llave principal de la vida eterna, a la que pertenecen también “las llaves de la muerte y del infierno” (Ap 1,18). Y ahora Cristo hace partícipe a un hombre, a Pedro, sobre el que se edifica su Iglesia, de este poder de las llaves que llega hasta el más allá: lo que él ate o desate en la tierra, quedará atado o desatado en el cielo.

Quiso entonces Jesús empezar a edificar su iglesia sobre la profesión de fe de Pedro, siendo esta, la Piedra indestructible donde se construirá su Reino en la tierra, así declara Jesús que muchos al igual que Pedro creerán que Él es el Hijo del Dios vivo.

 

¿Qué me dice este texto?

Pedro aprendió cómo sus talentos, sus aspiraciones, sus logros no valían nada, si no los ponía a disposición del Maestro. Se dio cuenta de que si prescindía del Maestro, se quedaría sólo y con las redes de su vida vacías. Por ello, la autoridad dada a Pedro denota la misión pura de la Iglesia, la entrada de los hombres al reino de los cielos. Sacar de las tinieblas de la muerte a los que se encuentran en pecado para dirigirlos hacia el Padre celestial. También debemos saber que esta autoridad que se da a Pedro, es la de anunciar a tiempo y a destiempo, corregir lo que está mal y reafirmar lo que está bien. Lo que esté de acuerdo a la doctrina de Jesucristo, será lo que regirá la Iglesia que nace en la Piedra que es Pedro.

Pedro nos enseña que solo si aceptamos que el Señor gobierne nuestras vidas podremos salir delante de todas las tempestades y tormentas de la vida. Dejemos que Dios gobierne nuestra barca, naveguemos siempre con Él, echemos en Su Nombre, las redes de nuestros proyectos.

Por último consideremos que el diálogo entre Jesús y Pedro hay que trasladarlo a la vida de cada uno de nosotros. La pregunta de “¿Quién dices que soy yo?” se dirige a cada cristiano, porque el cristianismo no es un conjunto de doctrinas o de prácticas sino que es una respuesta personal e íntima a Cristo. Es una relación de amistad personal con el Señor.

 

¿Qué le digo yo al Señor?

Señor, quiero ser tu discípulo-misionero, y porque te amo deseo realizar mi misión en la comunidad. Quiero comprometerme a cambiar las actitudes y el comportamiento que no sean conforme a tu Evangelio. Quiero formarme y entregarme a mi misión en la Iglesia, porque no solo quiero reconocerte con mi mente sino abrazar tu verdad con mi vida, palabras y acciones. No sé si Tú estás contento conmigo, pero yo confío en tu misericordia y tu benevolencia… Amén.

 

¿A qué me comprometo?

Este momento nos lleva a contemplar a Jesús, como el Señor que nos llama, quien eligió antes de su pasión a sus discípulos, a quienes llamó apóstoles. Entre ellos solo Pedro ha merecido personificar a toda la Iglesia. En atención a esa personificación de toda la Iglesia que solo él representaba, mereció escuchar: “Te daré las llaves del Reino de los Cielos”. Estas llaves no las recibió un solo hombre, sino toda la Iglesia. Por este motivo se proclama la excelencia de Pedro, porque era figura de la universalidad y unidad de la misma Iglesia. Aprendamos de Pedro a creer firmemente en Jesús y a amarlo con todo nuestro corazón. Una manifestación auténtica de esta fe y amor a Cristo será nuestro compromiso de fidelidad al Magisterio del Papa, sucesor de Pedro, ahora con el S. Padre Francisco. Como la Iglesia transmite una fe viva, han de ser personas vivas las que garanticen la conexión con el origen. La fe se basa en la fidelidad de los testigos que han sido elegidos por el Señor para esa misión.

 

* Obispo Auxiliar de México.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5491Sun, 29 Jun 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : “Tanto amó Dios al mundo”Lectura del Santo Evangelio

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. (Jn 3,16-18)

Tanto amó Dios al mundo

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

Este breve texto compuesto por dos versículos (vv. 16-18) se encuentra dentro de una unidad literaria más amplia (3,1-21) con un propósito específico. En efecto, en Caná de Galilea (2,1-12), el evangelista ha mostrado la llegada del Esposo y la nueva alianza que se realizará en Él. Mediante la expulsión de los vendedores del Templo (2,13-25), Jesús anuncia que su propio cuerpo resucitado llegará a ser el auténtico Santuario del encuentro con Dios. Ahora, mediante el diálogo “nocturno” de Jesús con Nicodemo, el evangelista muestra la sustitución de la Ley con el don del Espíritu.

En este conjunto, no puede pasar desapercibida la figura de Nicodemo, jefe de los judíos que se presenta ante Jesús como uno que “sabe”, alguien seguro de su competencia teológica para reconocer la obra de Dios. Pero Jesús pone ante él la solemne afirmación de la impotencia del hombre para alcanzar la salvación por sus propios medios. En efecto, para ser salvado, el ser humano debe “nacer de nuevo”. Pero Nicodemo no sabe cómo puede ser posible este “nuevo nacimiento” y reconoce su incomprensión e impotencia que se hallan representadas en la “oscuridad de aquella noche”. Es en este punto, donde se encuentra el breve texto de este domingo, elegido para evidenciar la “misión de la Trinidad”: “Tanto amo Dios al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna”.

 

¿Qué me dice el texto?

La “vida eterna” en san Juan es una realidad que se da en el presente, orientada a la realización plena y perfecta de la existencia en todas sus dimensiones. Dios no quiere la muerte de su creatura, el hombre, y por eso, envía a Hijo quien es el Don del Padre. La encarnación, muerte y resurrección del Hijo, no es un “misterio oscuro”, sino el “misterio de amor” que no conoce límites, en el que se ofrece la posibilidad de una “vida nueva”. Por este motivo, es interesante apreciar la fórmula que evidencia san Juan: él no ha escrito en el versículo 17: “para salvar el mundo”; sino que escribe: “para que el mundo se salve por medio de Él”. Esta sutil característica muestra la acción de la libertad humana: a la humanidad le es ofrecida la posibilidad de salvación, pero ésta no viene realizada automáticamente, sin la participación humana. Por eso, el paso fundamental de nuestra libertad está en el “creer”, como aquella adhesión de vida, aquel “dejarse amar por Dios” para poder amar su “imagen” que está inscrita en todo hombre.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Hay un “misterio de amor” que yo no puedo abrazar, hay una “comunión” tan profunda que yo no puedo siquiera sondear con mi humilde mirada. Más el Padre ha querido que yo abrace su amor en la Cruz de su Hijo glorioso, y abandonarme en sus llagas como un hijo en el tierno abrazo del Espíritu, por quien puedo decir: Abbá, Padre.

¿Qué me motiva a hacer el texto?

“Que el Señor camine en medio de nosotros”. Es el deseo de cada día, es el deseo cuando estamos en el frenesí cotidiano. Siempre queremos caminar seguros y protegidos. Y cierto, el Señor, camina en medio de nosotros y en cada momento persuade nuestra libertad para que experimentemos su amor. Con la solemnidad de la Santísima Trinidad se retoman los domingos del tiempo ordinario. Cada día aunque es ordinario, en realidad, es extraordinario porque el amor de Dios Uno y Trino nos precede. Te invito a que en lo “ordinario” de tus jornadas, antes de salir de casa para ir a trabajar o a la escuela, etc., realices con calma la señal de la cruz, signo de vida; la bendición que nos recuerda que en la misericordia divina, somos hijos en el Hijo de un mismo Padre por gracia del Espíritu; pues esta condición es tu mayor bendición. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5468Sun, 15 Jun 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : “El Espíritu del perdón”Lectura del Santo Evangelio

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “la paz esté con ustedes”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos." (Jn 20,19-23)

 

 

El Espíritu del perdón

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

En su discurso de despedida, Jesús había anunciado que, tras su partida, enviaría a los discípulos otro “paráclito”, que los defendería, los confortaría y los guiaría a la plenitud de la verdad. En el marco mismo de la resurrección, esta promesa se cumple. Tras saludarlos reiterándoles la paz como el don mesiánico por excelencia, sopla sobre ellos y les dice que reciban al Espíritu Santo. Antes, les confía la misión como extensión del envío que el Padre le encomendó a Él mismo. Y el fruto inmediato del don del Espíritu es el perdón, el perdón capaz de restablecer la paz. Así como Jesús pudo proclamar el perdón de los pecados a quienes lo suplicaran con humildad y fe, ahora los apóstoles han de hacer extensivo el perdón de Dios a quienes se abran a recibirlo.

 

Meditación

El gran día de la Pascua, que se ha extendido para nosotros como una gran celebración cincuentenaria, culmina con el don del Espíritu. La gran herencia del que la Iglesia es depositaria, es la paz del Espíritu, consecuencia del amor infinito del Padre, manifestado y realizado en la muerte y resurrección de Cristo. La encomienda de los apóstoles de portar al mundo el perdón divino se actualiza en cada cristiano. A nuestro alrededor, muchas son las voces que claman “venganza” ante los más diversos atropellos. Se llega a imaginar que la justicia consiste solamente en que los culpables de la maldad paguen por sus delitos. En el nivel humano, esto incluye, indudablemente, algo de verdad. Pero desde el proyecto de Dios, falta lo esencial. Los afanes justicieros no borran el resentimiento y la tristeza. El Evangelio nos lleva más lejos. Sólo en el perdón hay redención. Sólo con Él se rompen las espirales de violencia. Requerimos pedirlo como un don, como el don pascual, que se nos entrega con el Espíritu Santo.

 

Oración

Señor Jesús, creo en el perdón. Creo en el perdón que tú me has ofrecido de parte del Padre, y que sellas en mi corazón con tu Espíritu. Creo en el perdón para el cual has hecho instrumento a tu Iglesia, en sus instituciones sacramentales y en el testimonio de sus hijos. Pero descubro también la inmensa incapacidad de mis fuerzas para ejecutarlo. Con todo, necesito perdonar. Quiero perdonar. Tú has prometido que nunca negarías el don del Espíritu a quien te lo pidiera con sinceridad. Mándame tu Espíritu, para elevarme a la dignidad del perdón, a la posibilidad de perdonar. Concédeme ser un medio eficaz que dilate tu fuerza pascual en medio de las heridas y los rencores de la sociedad.

 

Contemplación

Me descubro confirmado en el perdón por mis pecados y mensajero del perdón de Dios a mis hermanos. Siento el soplo de Jesús sobre mi rostro, que renueva mis fuerzas y me lanza a la novedad de su paz.

 

Acción

Perdonaré de corazón. En el instante en que me sienta tentado por la revancha, imploraré al Espíritu que todo lo renueva.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5447Sun, 08 Jun 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : “Vayan y sean discipulos”

Lectio Divina: “Vayan y sean discipulos”

Reflexión

Jesucristo es el Hijo de Dios que vino a este mundo para salvarlo. En el discurso que leemos hoy podemos ver su último discurso cerrando el evangelio y mandando a sus apóstoles a todas las naciones. En un primer término vale la pena detenernos a considerar que, a no ser que yo sea judío, es gracias a este envío que yo he podido tener acceso a la salvación… (espacio de silencio interior) En este momento puedo recordar quién fue la persona que me habló de Dios por primera vez. Tal vez fue nuestra mamá o la abuelita o abuelito, pudo haber sido algún hermano o hermana mayor o bien un catequista de la parroquia. Quien haya sido, fue alguien que asumió el envío de Jesucristo para que yo lo conociera. Ahora también puedo preguntarme, a quiénes he evangelizado yo, quién ha recibido de mi parte la noticia alegre de que Dios lo o la ama. Tal vez también haya sido mi función enseñar a alguien a observar los preceptos de Jesús, educar el estilo de vida según Jesús es también parte de la evangelización. La conclusión del discurso reza diciendo: yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos”, ¿Qué quiso decir el Señor? ¿Cómo podrá ser su presencia?... (espacio de silencio interior)¿Puedo recordar alguna ocasión en mi vida en que el Señor me haya hecho sentir su presencia?... (espacio de silencio interior) Jesús hace sentir su presencia a lo largo de nuestra vida de muchas maneras, por ejemplo cuando leí o escuché su palabra en la Sagrada Biblia, cuando lo recibí en un sacramento, o cuando vi que sucedió algo muy bueno y me vino espontáneamente el pensamiento de dar gracias a Dios por su intervención… (espacio de silencio) Podría también suceder que, como nunca me he planteado la pregunta, tampoco podría decir, a ciencia cierta, cuándo he sentido su presencia. En este caso, situándome en ambiente de oración podría pedirle al Señor que me iluminara para entender cuándo me manifestó su presencia.

Contemplación

Seguramente alguna vez hemos visto una estampa o una escultura de Jesús resucitado. Les invito a contemplar a Jesús resucitado, presente y hablando, irradia vida y felicidad, irradia plenitud. Entretengámonos en mirarlo quietamente sin pensar ni discurrir, solo Él, sólo su presencia (espacio de silencio interior). Un segundo ejercicio contemplativo es apropiarme los mandatos del Señor, por ejemplo me puedo apropiar el “vayan y hagan discípulos”, de esta forma: “ve y haz discípulos”. Repitamos muchas veces interiormente esta frase de tal manera que me la apropie y de verdad crea que soy enviado por Cristo.

Oración

Señor Jesús glorioso y resucitado, creo que todo poder y gloria te ha sido concedido en el cielo y en la tierra. Creo también que Tú eres el Señor de toda la humanidad, y por este motivo enviaste a tus apóstoles a hacer discípulos en todas las naciones. Mira el tiempo que nos toca vivir, un tiempo en el que tu presencia poderosa se diluye en medio de muchísimo ruido y superficialidad de vida. Cumple tu promesa de acompañarnos y en las circunstancias actuales danos valentía para seguir saliendo a hacer discípulos, a bautizar y enseñar a practicar lo que Tú nos mandaste. Amén

Compromiso

Hay un campo que se nos ha asignado a cada uno de nosotros para que por medio de palabras y obras anunciemos al Señor. Se trata de nuestra familia, nuestro ambiente escolar o laboral y nuestro barrio. Hagamos un pequeño compromiso  de hablar más con los que me rodean de lo bueno que ha sido el Señor con nosotros.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5422Sun, 01 Jun 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : “Si me aman, cumplirán mis mandatos”

 Lectio Divina: Si me aman, cumplirán mis mandatos

 

Para comprender y vivir el Evangelio

  

P. Óscar Arias

 

Lectura del Santo Evangelio

 

Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.

Y yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:

El Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.

Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.

Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.

El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".

 

San Juan 14,15-21.

 

 


Meditación

Después del bellísimo discurso de Jesús sobre el Buen Pastor (capítulo 10 de San Juan), donde dice: "conozco a mis ovejas y ellas escuchan mi voz... el Buen Pastor da la vida por sus ovejas"; etc.; vendrá el capítulo que habla de la muerte y resurrección de su amigo Lázaro, presentándose Jesús, como la Resurrección y la Vida. Es por este gran milagro que el Sanedrín decide su muerte.

 

En el capítulo 12 viene descrita la premonición de su glorificación, con la narración de aquella mujer que lo unge con perfume, como preparándolo para su hora.

 

Un capítulo más adelante, (13) antes de la fiesta de la pascua, Jesús concentra su atención en sus discípulos; cena con ellos, comenzando con el lavatorio de pies, anuncia la traición de Judas y Pedro y entonces llegamos al capítulo 14 que algunos llaman: "el discurso de despedida".

 

Jesús se presenta en la primera parte como el Camino, la Verdad y la Vida, evangelio que escuchamos el domingo pasado. El día de hoy, en la liturgia, escuchamos que Jesús promete a sus discípulos otro Defensor, alguien que los consuele, otro Paráclito (para-kaleo, ad-vocatus), Intercesor, Abogado, alguien llamado para estar en nuestra ayuda, defensa.

 

Contemplación

 

Este discurso tiene como palabras iniciales algo maravilloso: "No se turbe su corazón" (14,1) ¡Qué bien nos conoce Jesús! A quienes nos decimos seguidores suyos, que nos preocupamos eternamente de un montón de cosas. "Si me aman, cumplirán mis mandatos y Yo le pediré al Padre que les envíe otro Paráclito".

 

En una ocasión en que me tocó cambiar de comunidad, fui a decirle a la secretaria que ya no iba a estar en la parroquia, para que ya no me agendara citas o celebraciones en ese lugar y al enterarse de la noticia, lo primero que me dijo fue: "Padre y ¿ya le dijo a sus amigos que se va?". ese día me dio mucha risa y con ternura constaté lo acertado de su expresión. Realmente no nos preocupó la mudanza o el lugar a donde me cambiaron, no me puse a discutir con el párroco las cosas que me iba a llevar, nada de eso; la única preocupación, era cómo se iban a quedar las personas que acompañaba, la gente cercana con quien había podido entablar una amistad.

 

Por eso, al leer el Evangelio de este VI domingo de Pascua y releer completo el "discurso de despedida" del capítulo 14, me doy cuenta que Jesús, al ver cerca su hora, el final de su vida; tuvo la única y misma preocupación, solo se preocupó de cómo se iban a quedar aquellos Doce amigos suyos, les llamó amigos, porque ellos sabían ya lo que venía.

 

Pero no solo se preocupó Jesús por ellos, sino que dejó todo arreglado, les dijo que si se mantenían en su amor, si lo amaban, cumplirían sus indicaciones, se mantendrían unidos y se seguirían amando, continuando con la misión que les habría de encomendar, de llevar el anuncio del Reino de Dios por todas partes, con sus palabras y con signos mayores que los que hizo Jesús. Para ello, pide al Padre el gran Don, el Intercesor, el Paráclito, para que Otro continuara la misión que Él empezó.

 

¡Qué gran enseñanza y qué gran regalo nos dejó Jesús! Supo cumplir su misión y regresar al Padre, sin dejarnos huérfanos, porque es el Espíritu Santo, el mismo Dios quien quedará con nosotros para que podamos llevar a cabo la encomienda de Jesús.

 

Oración

 

¡Ven Espíritu Santo y llénanos de amor! ¡Ven Espíritu Santo, enséñanos, renuévanos, Señor!

 

Acción

 

Esta semana hagamos oración por aquellas personas que forman parte de nuestra historia, pero que han tenido que separarse físicamente por cualquier razón, hagamos alguna llamada para agradecer lo que significan para nosotros o llevemos a cabo alguno de sus encargos, para que su memoria y enseñanza siga presente en nuestra vida.

 

P. Oscar Arias

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5399Sun, 25 May 2014 00:00:00 GMT
“Yo soy la puerta”

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. (Jn 10,1-10)

 

“Yo soy la puerta”

P. Julián López Amozurrutia

Lectura

Extraños. Ladrones y bandidos. Jesús contrasta su propia identidad y la relación con sus ovejas con la de aquellos que no pueden sino considerarse ajenos a ellas. Algunos son simplemente extraños; otros, francamente delincuentes. Lo que los caracteriza, de cualquier manera, es que no son dignos de confianza. Las ovejas conocen la voz de su pastor, y no van tras los pasos de los extraños. Peor situación es la de los ladrones, que sólo roban, matan y destruyen. Jesús en cambio, se presenta: “Yo soy la puerta”. Y más adelante dirá también: “Yo soy el buen pastor”. Él ha venido a que sus ovejas tengan vida, y una vida abundante, propicia, buena. Él es el cauce a través del cual se accede a los pastos verdes y agradables de la vida.

 

Meditación

Jesús es digno de confianza. A nuestro alrededor abundan las mentiras, los abusos, los intentos de aprovecharse de nuestra situación. A veces, tristemente, aún los cristianos asumimos el rol nefasto de la traición. La Pascua nos vuelve a decir que sólo Jesús, el Viviente, es digno de confianza. Que Él nunca nos falla. Que Él permanece como el acceso estable a las moradas del Padre; que de Él mana para nosotros continuadamente la fresca y nutritiva fuente del Espíritu. Que Él nos convoca como Iglesia. Él es la Puerta: entremos por Él. Reconozcámonos ovejas necesitadas de protección. Esa fragilidad que a veces nos asusta es siempre mirada por Él, redimida por su Sangre. El espejismo de la autosuficiencia siempre nos hace perder el rumbo. La calidez de la voz de Jesús nos envuelve, nos porta, nos eleva. Identifiquemos su Palabra y la franqueza enternecedora con que la proclama. Escuchemos con atención su promesa de vida y sigámoslo con docilidad.

 

Oración

Tú, Jesús, eres la puerta. En tu pecho traspasado por amor has querido dejar, glorificada, la huella del acceso a la salvación. Por ti alcanzamos el manantial delicioso de la gracia. A través de ti, la debilidad de nuestra carne es custodiada y enmendada. Soy oveja. ¡No permitas que nunca me convierta en lobo! Ante las voces seductoras o amenazadoras, cuídame en la verdad. Ante las charlatanerías de una existencia corrompida, abrázame en la justicia. Ante los abismos del egoísmo narcisista, abre para mí el puente del amor. Al lado de mis hermanos, también ovejas, aparta de mi pensamiento toda tentación de envidia y rivalidad. Seréname con tu presencia confortante. Sagrado Corazón, en vos confío.

 

Contemplación

Delante del Señor Crucificado, con la certeza del júbilo pascual, puedo hacer una nueva lectura de su costado abierto. Es el acceso al amor íntimo de la Santísima Trinidad por mi humilde barro. Brota de él un haz de luz gozoso y bueno. Advierto el timbre renovado del “Aleluya”.

 

Acción

Confiaré y no temeré. Compartiré con mis hermanos, ovejas frágiles, el cobijo sereno que me otorga el Señor Resucitado, el que no deja de decirnos: “Vengan a mí. Vengan, por mí, al Padre. Vengan a través de mí, en Espíritu, a la Vida”.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5360Sun, 11 May 2014 00:00:00 GMT
Lectio Divina : “Lo reconocieron al partir el pan”Lectura del Santo Evangelio

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué?” Ellos le contestaron: “Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció. Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. (Lc 24,13-35)

 

“Lo reconocieron al partir el pan”

Mons. Salvador Martínez

 

Reflexión

El relato del encuentro de Jesús con los caminantes a Emaús está lleno de detalles que podemos aprovechar mucho. En primer lugar, preguntémonos qué estado de ánimo tenían los dos discípulos de acuerdo a la manera en que respondieron al extraño que los acompañaba… (tiempo para reflexión personal) A partir de las respuestas me parece que no estaban contentos sino más bien decepcionados, tristes y hasta enojados. En primer lugar lo reflejan al decir: “¿Eres tú el único…?” este tipo de respuesta es un poco agresiva como sorprendiéndose de la ignorancia de aquel extraño. En segundo lugar también está esta otra observación: “nosotros pensábamos que Él , sería… pero ya van tres días de estos sucesos”. Además no han creído a los testimonios de las mujeres y los discípulos sobre el sepulcro vacío: “es verdad que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado… y han tenido apariciones  que afirman que Él está vivo…” ¿Habrá relación entre su estado de ánimo y su partida de Jerusalén hacia Emaús?... (espacio de reflexión interior) Ante una realidad frustrante y dolorosa solemos poner distancia. El grupo más allegado a Jesús permaneció en Jerusalén, pero estos dos discípulos menos allegados se retiran tristes y frustrados. Al parecer estos hombres han sucumbido a sus emociones. Dejaron de lado las Escrituras y los testimonios de Jesús mismo, al alejarse podemos decir expresan que ya no desean correr la misma suerte que los demás, pondrán su atención y sus afectos en otras cosas. Pero Jesús les sale al encuentro y refuerza en ellos las cosas que ya conocían, pero que el dolor tan profundo que tenían no les permitía valorar. Jesús caminó con ellos explicando todo lo que era necesario y al final ellos tuvieron el valor de invitarlo a quedarse en casa ¿Nota usted algún cambio de ánimo con respecto al principio de la narración?...  Jesús se les reveló al partir el pan, entonces ellos regresan presurosos y se dan cuenta de que las cosas empezaron a cambiar a medida que lo escucharon (“nuestro corazón ardía…”)

 

Contemplación

El regreso de los discípulos de Emaús a Jerusalén implicó un buen rato, pongamos más de una hora. Les propongo contemplar desde el punto de vista interior lo que sucedía en el corazón de aquellos hombres. Contemplemos sobre todo la experiencia de sorpresa, alegría, emoción por haber sido acompañados tanto tiempo por el Señor resucitado, etc… Como parte del ejercicio podemos elaborar pequeñas frases que pudieran haber repetido durante aquel camino presuroso hacia Jerusalén. Por ejemplo: “gracias Jesús por haber salido a mi encuentro”; “Señor Jesús has cambiado mi corazón de duro y desconfiado en un corazón ardiente”, etc…

 

Oración

Después de haber contado su experiencia a los demás hermanos en Jerusalén ¿qué oración pudo haberse expresado?

Bendito seas Señor, pues en verdad Jesús nuestro maestro y Señor ha resucitado. En verdad eres grande y poderoso pues has roto las ataduras de la muerte y ahora se nos manifiesta vivo tu Hijo amado, en quien tienes todas tus complacencias. En verdad, nuestro corazón se endureció, dejamos que el dolor y la decepción se apoderaran de nosotros y por ello nos enojamos unos con otros, culpamos indebidamente a los demás e incluso pretendíamos alejarnos para seguir otros caminos. Pero Tú has sanado nuestros corazones, has roto las cadenas que nos aprisionaban y ahora nos unges con el bálsamo de la alegría. Jesús, Señor resucitado, gracias porque tus palabras son verdad, lo que nos habías dicho era totalmente cierto y nosotros nos acogemos a tu presencia viva y poderosa. Amén.

 

Compromiso

Encontrarse con Cristo resucitado es causa de salud y de transformación interior. Pero requiere de un ejercicio fuerte de fe, en particular de aquella fe en lo que esperamos que suceda en nuestro futuro próximo. Los discípulos de Emaús dejaron prevalecer las expectativas más pesimistas, por ello huían de Jerusalén. Yo no puedo dedicar mi mente a las peores expectativas sino a pensar el futuro firmemente sustentado en Jesús resucitado.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5324Sun, 04 May 2014 00:00:00 GMT
“Sólo el amor es digno de fe”Lectura del Santo Evangelio

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y le dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.”

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no había entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. (Jn 20, 1-9)

 

Sólo el amor es digno de fe

P. Julio César Saucedo

 

¿Qué dice el texto?

Una mujer sola y temerosa se mueve en la oscuridad de la noche para ir en busca de su Señor. La muerte parece dominar con su silencio irrefutable. ¿La maldad habrá vencido? ¿Será la muerte la última palabra sobre el Justo? En esta oscuridad María Magdalena ve la piedra removida. No comprende lo que ha sucedido y corre –seguramente desesperada– hacia Pedro y Juan. ¡Se han llevado al Amado!

El tiempo sigue su curso, y poco a poco, la oscuridad va pasando: la mañana se va tornando un poco más clara. Ambos discípulos corren; Juan corre más veloz, llega al sepulcro pero cede a que Pedro sea el primero en entrar. ¡El sepulcro está vacío! Dios ha intervenido abriendo no solo el sepulcro, sino aquel lugar imposible, del cual no se podía regresar, llamado Sheol (el lugar de los muertos). No es la muerte la última palabra sobre el hombre, sino el Amor del Crucificado; no es la injusticia la que dicta el destinodel Justo sino la misericordia de Aquel que amó hasta el extremo.

 

¿Qué me dice el texto?

La resurrección es un hecho histórico que reclama la fe y la razón; dinámica que se puede apreciar en los dos discípulos: Juan representa la fe y Pedro, la razón. Ante el acontecimiento de la resurrección ambos corren, el primero en llegar al misterio es Juan (la fe), cuya acción primera es “contemplar”: “vio pero no entró”. Mas quien entra para sondear y tratar de comprender el misterio es Pedro (la razón): “entró y observó”. Entonces, después de estos dos actos: “contemplar (fe) y observar (razón)” viene el tercer momento que es el conclusivo: “Entonces vio y creyó”. Creer es un acto de fe que no suprime la razón, sino que la necesita.

Con la resurrección toda la creación está llamada a una vida nueva. El cristiano mediante el acto de fe está llamado a contemplar este sublime misterio de amor, en el que el Hijo se entrega totalmente para embellecer la imagen del hombre desfigurada por el pecado. Y con el acto de la razón, el cristiano debe escudriñar y discernir el misterio, para vivir conforme a esta dignidad alcanzada a tan alto precio. De este modo, el acto de fe y el acto de la razón llevan necesariamente a la fecundidad del acto de amor: “amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”, pues “sólo el amor el digno de fe” (Hans Urs von Baltahasar).

 

¿Qué me hace decir el texto?

Señor, la noche del dolor se ha transformado en la noche de la alegría: tu amor es la luz que disipa toda desesperanza, tristeza, angustia, mal, sufrimiento, abandono, dolor. Ayúdanos a conservar tu luz gloriosa y saber llevarla a nuestros hogares para vivir en la unión, en nuestro trabajo para vivir con honestidad y en la sociedad para ser instrumentos creíbles de aquella vida única que proviene de ti. Amén.

 

¿Qué me motiva a realizar el texto?

Busca un momento de reflexión y pregúntate: ¿cuál es el futuro que estamos creando con nuestras manos? ¿Cuáles son los signos de muerte que están presentes en nuestra sociedad? ¿A qué me invita la resurrección de Cristo, el evangelio de vida? ¿A qué me comprometeré para transformar estos signos de muerte? 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5287Sun, 20 Apr 2014 00:00:00 GMT
Lectio divina: “Yo soy la resurrección y la vida” 

Lectura del Santo Evangelio

Por cuestión de espacio publicamos únicamente la cita bíblica del Evangelio que se proclama este domingo en Misa. Juan 11,1-45

 

“Yo soy la resurrección y la vida”

Mons. Salvador Martínez

 

Reflexión

Este domingo leemos el episodio de la resurrección de Lázaro. Es importante mirar que el evangelista pone mucha atención a la manera en que Jesús reacciona al aviso que le dieron sus hermanas de que estaba enfermo, a saber, “esta enfermedad no terminará en la muerte […] servirá para manifestar la Gloria de Dios y a través de ella la Gloria del Hijo”. Un segundo planteamiento, el temor de regresar a Judea de parte de los discípulos, refuerza la intención del evangelista de abordar el tema del miedo a la muerte. Jesús no dice que no temamos a la muerte, entendiendo el temor como una emoción. Al contrario, acepta dicho sentimiento pero lo afronta desde una perspectiva muy clara: no dejarse dominar por el miedo tomando como criterio de acción la Providencia de Dios. La vida de Jesús, en efecto, no está en manos de los enemigos judíos sino en manos del Padre eterno. Mientras es de día, dice el Señor, uno camina sin tropezarse”. Por lo que respecta a la enfermedad y muerte de Lázaro, es mucho más difícil de comprender la actitud de Jesús que prolongó su viaje varios días más antes de dirigirse a Betania. Aquí podemos proponernos la primera pregunta: cuando yo pido algo al Señor, ¿Estoy consciente de que Él tiene sus propios tiempos?... (Espacio de silencio interior). Marta y María se consternaron al no recibir la inmediata visita del Señor, sin embargo, permanecieron en la fe de que Dios haría cuanto Jesús le pidiera. La relación de amistad entre las mujeres y Jesús era fuerte pero esto no les evitó entrar en conflicto los cuáles se resolvieron por medio del diálogo con Él ¿Mi relación con Dios es fuerte y profunda? ¿Cómo resuelvo los conflictos a lo largo de esta relación?... El Señor Jesús lleva a Marta a una confesión de fe inequívoca: “Sí, Señor yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo” ¿Creo yo que efectivamente mi confesión de fe en el Señor Jesús, pueda ser camino para resolver mis conflictos?... El tiempo presente está lleno de palabras y acciones que pueden ser mal interpretadas. Varias veces a lo largo del pasaje encontramos malos entendidos entre Jesús y sus discípulos; los judíos malinterpretan la acción de María; Marta advierte a Jesús sobre el mal olor que expediría la tumba pues Lázaro llevaba ya cuatro días muerto. Pero Jesús tiene un camino muy definido y va adelante a pesar de todo lo que pudiera entorpecer su obra ¿Confío en que la obra de Dios en mi vida y en la historia presente se llevará a cabo a pesar de tantas dificultades que se encuentran en el camino?...

 

Contemplación

Haciendo uso de nuestra imaginación presenciemos la secuencia de acciones por las que Jesús caminó hacia el área donde se encontraba el sepulcro. Miremos cómo en torno a Él se congregaron los demás judíos y las mismas hermanas de Lázaro. Observemos la orden que dio: “quiten la roca del sepulcro” y la intervención de Marta. Detengámonos en la oración de Jesús: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado, yo se muy bien que siempre me escuchas”… Contemplemos una y otra vez la frase: “Lázaro, sal fuera” (en esta frase podemos quedarnos por buen rato simplemente repitiéndola). Más adelante podemos contemplar cómo éste sale y es asistido por los parientes hasta que es recibido en casa de nuevo.

 

Oración

Señor, Jesús comprendo que temer a la muerte es algo inevitable. Pero de acuerdo a lo que hoy quisiste enseñar a tus discípulos y a tus amigos quiero conducir ese sentimiento de acuerdo a la fe en Ti. Tú eres en verdad, y los confieso de todo corazón, la resurrección y la vida. Mi vida y la de todos aquellos a quienes amo está en tus manos, solamente en tus manos. Acepto también que ninguno de nosotros se quedará en este mundo para siempre sino que el camino que se hace en la fe nos lleva en último término al Padre. Tú vas delante de nosotros y nos invitas a resolver cualquier conflicto que surja afianzándonos en la confianza. Señor confío en Ti, pero tu pon aquello que me falta. Amén

 

Acción

Podemos realizar un trabajo interior que nos ayude a gobernar adecuadamente nuestros temores a perder, a sufrir, a fracasar, y otras realidades que en cierta forma son imágenes de la muerte. Esto logrará que nuestra conducta sea más apacible, con mayor aplomo sustentados en la fe.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5216Sun, 06 Apr 2014 00:00:00 GMT
“El ciego fue, se lavó y volvió con vista…” 

“El ciego fue, se lavó y volvió con vista

Mons. Florencio Armando Colín Cruz *

 

Para una mejor comprensión del texto

Este domingo se caracteriza por la extensa lectura de la narración conocida como “la del ciego de nacimiento”, que se registra en el evangelio de san Juan. El texto nos relata que Jesús se encuentra con un ciego, y lo que realiza de manera milagrosa es para manifestar a los fariseos incrédulos y a los discípulos las obras que Dios hace a través de su persona. Le unta los ojos con barro, hecho con su saliva, y le ordena que vaya a lavarse a la piscina de Siloé. Después de esto el ciego recobra la vista y vuelve donde está Jesús. Entonces Jesús le abre los ojos de su interior, que es la luz esplendente de la fe.

El Evangelio de san Juan es el único que presenta esta historia, y es genuino tanto en su narración como en su estructura, aunque el tema de la luz aparece en otros textos del N.T., más el argumento presentado como tal sólo aparece aquí. Se trata quizá de un hecho que el evangelista presenció o que lo recogió de alguna comunidad por él fundada o visitada, más tal ejemplo tenía como finalidad ayudar a entender y descubrir a Jesús como luz del mundo.

Esta narración se encuentra en la quinta sección del llamado libro de los signos (Jn 9, 1-10, 42) que tiene como tema central a Jesús en cuanto luz que se acepta o se rechaza. Quienes más decididamente lo han rechazado son los dirigentes del pueblo Judío, ellos son los pastores que han abandonado el rebaño, y han cerrado los ojos ante los signos realizados por Jesús, el Señor.

En este episodio, Jesús comienza rechazando la antigua mentalidad según la cual el bienestar o la desgracia eran fruto de una conducta buena o mala. La enfermedad, en este caso la ceguera, tiene otras causas. Aquí va a servir para que Jesús se manifieste como fuente de la verdadera luz. Al final del texto, Jesús es presentado como luz para los que reconocen su obscuridad, y como oscuridad para los que creen estar en posesión de la luz.

 

¿Qué me dice este texto?

Este segundo momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere decirnos a cada uno de los participantes. Se invita a leer de nuevo el texto, y a dar respuesta personal.

En el camino de la Cuaresma hoy brilla una luz particular que nos invita a encontrarnos con mayor profundidad con el Señor Jesús. El ciego ha seguido un proceso desde las tinieblas a la luz de la fe en Jesús, que le habla, que está delante de él. Creer que alguien le ha dado la vista no es tan difícil. Encontrarse en una situación determinada de un hecho y reconocerlo es ya tener fe. Pero encontrarse de tú a tú con el que ha cambiado nuestra situación, con el que nos ha sacado de la noche de la ceguera y nos ha hecho pasar a la claridad de su día es la fe madura a la que debemos llegar. Debemos ir más allá del creer ser cristianos, para manifestar con toda nuestra vida este encuentro que nos vincula indisolublemente al Señor Jesús como su fuente. Jesús no nos pide creer en una doctrina abstracta, sino que quiere una adhesión plena e incondicional a su persona. Nos pregunta: “¿Quieres encontrarte conmigo para vivir para mí?”

En este contexto, podemos decir que, la humanidad entera vive en la obscuridad y en la búsqueda, hoy quizá más que nunca pues el ciego nos representa a todos. Esto muestra nuestra debilidad y también nuestra grandeza. La humanidad entera está llamada siempre a buscar. Una persona es grande cuando reconoce su propia ceguera y busca. Jesús se muestra como don de Dios que ilumina nuestro camino humano. Él nos revela el misterio de Dios, Amor y Vida, que nos atrae hacia sí y nos revela el sentido de nuestra vida humana y lo llena de paz, de amor y confianza. Jesús con su luz nos ha abierto los ojos de la fe, y esta claridad se proyecta a todos aquellos que nos rodean concretizada en nuestra manera de vivir y de hablar.

 

¿Qué le digo al Señor?

Este tercer momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a los participantes a expresarle al Señor nuestro sentir, y a dar respuesta personal.

 

Oración

Aquí estamos, Señor Jesús, luz radiante de la gloria del Padre, a tus pies, como ciegos ignorantes de su enfermedad. Míranos, hijo de David, como miraste a tus discípulos cargados de sueño, en la luz del Tabor. Despiértanos, Señor Jesús, verdadero sol sin ocaso; ilumínanos y quedaremos radiantes. Cúranos, Señor Jesús, con el leve rozar del dedo de Dios y con la Palabra que abre los ojos y corazones a la luz. Envíanos, Señor Jesús, a la perenne piscina del bautismo de vida nueva. Danos a tu Madre, Señor Jesús, cántaro de oro para sacar agua viva de la fuente perenne de tu corazón traspasado por nosotros en la cruz. Guárdanos, Jesús, Señor, en la prueba de la fe por la que todos pasamos, como la pasaste tú, Señor. Manifiéstate, Señor Jesús, luz gozosa del día eterno, poniendo sobre nuestros labios el grito del ciego curado: “¡Creo, Señor!”

 

¿A qué me comprometo con el Señor?

En este último paso, se nos exhorta a cerrar nuestros ojos por unos momentos y contemplar como Jesús sanaría nuestra ceguera. Una vez curados, nos preguntaríamos: ¿cómo nos comprometemos como discípulos-misioneros a impulsar la nueva evangelización?

 

* Obispo Auxiliar de México

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5203Sun, 30 Mar 2014 00:00:00 GMT
Lectio divina: “Discípulas y misioneras”Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dijo:“¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. La mujer le dijo: “Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.” La mujer le dijo: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.Él le dijo: “Anda, llama a tu marido y vuelve.” La mujer le contestó: “No tengo marido.” Jesús le dijo: “Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.” La mujer le dijo: “Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedesdicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.” Jesús le dijo: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán culto al Padre. Ustedes dan culto a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.” La mujer le dijo: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, Él nos lo dirá todo.” Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo.” En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: “¿Qué le preguntas o de qué le hablas?” La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: “Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba Él.Mientras tanto sus discípulos le insistían: “Maestro, come.” Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen.” Los discípulos comentaban entre ellos: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No dicen ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo les digo esto: levanten los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: ‘Uno siembra y otro siega’. Yo los envié a segar lo que no han sudado. Otros sudaron, y ustedes recogen el fruto de sus sudores.”En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en Él por el testimonio que había dado la mujer: “Me ha dicho todo lo que he hecho.” Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.”(Jn 4,5-42)

 

“Discípulas y misioneras”

P. Óscar Arias

Meditación

El largo Evangelio que hemos escuchado este domingo es parte de los 42 versículos conocidos como: “El diálogo de Jesús con la Samaritana”,el cual se podría estructurar en partes: diálogo con la samaritana, con sus discípulos y la conclusión.

Como es un texto muy amplio prefiero referirme sólo a tres aspectos en esta ocasión: Jesús está cansado (v. 6) en el texto original, la palabra viene de kopiao, que significa estar cansado, fatigado del trabajo, del esfuerzo. Se dice entonces que Jesús venía cansado ya del camino y es por eso que, cerca del mediodía, se sienta junto al pozo. Una mujer de Samaria(origen despreciado por los judíos, incluso solían llamarles “perros”), viene a sacar agua y Jesús le pide de beber.

Dejando a un lado lo evidente de la sorpresa que implica para la mujer la actitud de Jesús hacia ella, vamos a algo más profundo: Jesús le invita, no sólo a ir a lo profundo del pozo para sacar agua, sino a lo profundo del encuentro que está teniendo, a lo hondo de las dos personas que están hablando, a descubrir que con quien se ha encontrado es el “Agua Viva” (v. 10). Él es el Mesías, El que habla con ella, se lo dice claramente “Yo soy, el que habla contigo”. (v. 26. cfr. Ex. 3,14)

Entonces, “la mujer dejó su cántaro”, fue a la ciudad... (v. 28) y decían a la mujer: “ya no creemos por lo que tú has dicho, sino porque nosotros mismos le hemos oído” (v. 42).

 

Contemplación

Ahora les invito a que contemplemos estos tres momentos: Jesús que está cansado, Jesús que pide agua a alguien completamente fuera de los esquemas de un judío: una Mujer Samaritana y, por último, contemplemos a ella, dejando su cántaro para ir a proclamar que ha encontrado al Mesías.

Después de un momento de reflexión, parece increíble ver a Jesús cansado, ¿qué el cansancio no es sólo de los humanos? ¿Cómo es entonces, que Dios se fatiga como nosotros? Bueno, si ya de por sí esto nos maravilla, quedamos igualmente sorprendidos al ver que Jesús solicita ayuda, ¿necesitará también de nosotros?, ¿pero si Él todo lo puede?

Recuerdo que en el año 2008 hubo una Conferencia Internacional sobre el VIH en la Ciudad de México y tuve la oportunidad de participar en ella; me encontraba sentado en una mesa de discusión y a mi lado tenía a una señora muy amable, muy arreglada, llamativa; tuve la oportunidad de intercambiar algunas ideas con ella y más tarde, cuando teníamos que decir a qué colectivo representábamos, ella mencionó que venía de parte de una importante asociación de sexoservidoras, y al presentarme después como sacerdote católico, con un gesto casi maternal, me dijo: “¡ay! ¡mijo!, ¡qué lindo!”.

A algunas personas seguramente les pareció raro ver a un sacerdote trabajando al lado de una sexoservidora en la defensa de los derechos de las personas con VIH; especialmente pedíamos el acceso universal a los medicamentos, como un derecho de las personas. Estoy seguro que algo muy parecido habrán pensado de Jesús cuando lo vieron con la Samaritana; que así como ella dejó su cántaro, así la mujer con la que hablaba, esos días dejó su trabajo, para ver por sus compañeras, para defenderlas, para pedir un trato digno hacia ellas.

Me gusta pensar que la Samaritana tenía el mismo rostro de aquella mujer de quien les hablo, cansado por los años y las relaciones que había mantenido con cinco o con diez maridos. Realmente el número no importa, lo que me sigue asombrando es que a pocas mujeres he visto defender a sus compañeras como ella lo hacía. Seguramente entre las sexoservidoras también hay muchas discípulas y misioneras de Jesús, que al saber de Él, han intentado cambiar de vida y dan testimonio de Alguien que en verdad las ha amado: “El Agua Viva”.

 

Oración

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mío...

 

Acción

Esta semana, animémonos a hablarle de Jesús a alguien que, con tan sólo acercárnosle, ya los demás están hablando de nosotros.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5169Sun, 23 Mar 2014 00:00:00 GMT
Lectio divina: Del monte de la Transfiguración al monte de la desfiguraciónLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúechenlo.” Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no teman”.  Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No comenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos” (Mt 17,1-9)

 

 

Del monte de la Transfiguración al monte de la desfiguración

P. Julio César Saucedo

¿Qué me dice el texto?

La narración de la Transfiguración viene presentada con diversos elementos que son indispensables considerar. El primero de ellos corresponde a la descripción «su rostro resplandecía como sol». El sol que es una imagen clásica de la divinidad. El segundo, es la mención de la luz: «y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz». La luz que es símbolo de la presencia de Dios, por tanto, significa bendición, paz, vida. El tercer elemento corresponde a las palabras de Pedro: «Si quieres, levantaré tres tiendas». Por una parte, se pone en evidencia la prioridad a la voluntad de Cristo: «si quieres», subrayando que el discípulo no debe perder nunca la actitud de la obediencia hacia el Señor. Por otra, la mención de las tres tiendas, hace referencia al Éxodo: Dios que camina con su pueblo. Querer realizar la tienda quisiera dar a entender la urgencia de custodiar el encuentro, la presencia y la solicitud de Dios.

Un cuarto aspecto son las palabras del Padre: «Este es mi Hijo amado, escúchenlo»; palabras que revelan y describen la vocación de Jesús y la vocación de los discípulos. En efecto, son una invitación a reconocer en Jesús la realización de las promesas; por eso, la urgencia de «escucharlo», porque es la Palabra preciosa del Padre; delineando así, la vocación del discípulo, su radical dependencia y el estilo de vida. Se trata de una «escucha activa» que no se limita a recoger una información, sino acoger una Persona.

El quinto y último elemento, es la cercanía de Jesús. Mateo nos narra que los discípulos llenos de temor «cayeron con el rostro a tierra». Con el gesto de tocarlos, Jesús les ordena a «levantarse», no solo del miedo ante lo divino, sino de aquello que les impide continuar el camino de descenso para ir hacia el otro monte, el de la “desfiguración”, que acontecerá en el Calvario. El Inocente que será desfigurado para embellecer la figura del pecador.

 

¿Qué me dice el texto?

La escena de la Transfiguración tiene lugar en un «monte elevado». La precisión que nos concede el evangelista no es solo geográfica sino que indica la necesidad de introducirse en las condiciones adecuadas para poder encontrarse con Dios: en la soledad y el silencio, lejos de la agitación y del rumor. La oración es, entonces, un coloquio de amor, en el que guardar silencio es un requisito indispensable para escuchar la Palabra del Padre: «Este es mi Hijo amado». Sin embargo, el discípulo tiene que bajar del monte con el Señor, por eso es necesario «levantarse», «resurgir» de la oración para ir al descenso de la misión: pasar del encuentro con el Señor al encuentro del hermano. De este modo, podemos comprender el dinamismo de nuestra vida cristiana: «Oración, contemplación y misión».

¿Qué me motiva a decir el texto?

Señor Jesús, aquel día sobre el monte, ofreciste a tus discípulos que contemplaran la belleza de tu divinidad para retomar el camino que conduce a Jerusalén, hacia el monte Calvario donde será plantado el árbol de la vida. Te pido con humildad, me ayudes a crecer en la fe, para que en la caridad sepa reconocer tu rostro luminoso en el rostro desfigurado del hermano que sufre en la enfermedad, del inocente que está en la cárcel, en mi prójimo que padece de alguna necesidad. Solo participando de tu belleza transfigurada podremos asistirte en la belleza desfigurada de nuestro prójimo.

¿Qué me motiva a hacer el texto?

El ayuno es una práctica esencial para este tiempo, que no es solo para fortalecer la voluntad sino para generar caridad: «aquello que no consumo, lo comparto». En la semana busca un día en el que ayunes y compartas el alimento; recordando que también existen otros “ayunos” necesarios que debemos llevar a cabo, por ejemplo, “ayunar de la TV o del Internet para compartir un momento de escucha hacia los hijos o hacia los padres”. En el ayuno pregúntate cuáles son los “ayunos cotidianos” que debes de hacer para vivir tu vocación cristiana.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5139Sun, 16 Mar 2014 00:00:00 GMT
Lectio divina: En el desiertoLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Pero Él le contestó, diciendo: “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”. Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras’”. Jesús le dijo: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor, tu Dios’”. Después el diablo lo llevó a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”. Entonces le dijo Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto’”. Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían. (Mt 4,1-11).

 

En el desierto

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

El Espíritu condujo a Jesús al desierto. La preparación del ministerio del Señor pasa, como la historia de Israel, por un tiempo que favorece la consagración de la carne. Cuarenta días y cuarenta noches en un silencio que afina los instintos e impulsos humanos, para que se establezcan en sintonía con la Palabra de Dios. Tiempo también de un admirable misterio, que ve al Hijo de Dios encarnado conociendo las tentaciones de los hombres, dialogando con el personaje siniestro cuya intervención en los albores de la historia, seduciendo la libertad de los primeros padres con mentiras, introdujo el desorden del pecado. Con su ejemplo, Jesús no sólo muestra la integridad con la que nuestra libertad está llamada a afrontar las embestidas engañosas del mal, sino también el horizonte de fidelidad a la vocación de servicio que se nos ha entregado, que genera la eficacia de la salvación.

 

Meditación

La Cuaresma es el tiempo propicio que nos dispone a las celebraciones pascuales. La Iglesia nos invita a vivirla con seriedad. Es una oportunidad preciosa para romper con las inercias que nos mantienen nerviosos y estresados, alejados de Dios y enfrascados en los ritmos cotidianos. Ir al desierto significa abrirnos al recogimiento, a la oración, a la renuncia de lo superficial, a la generosidad ante quienes a nuestro lado deambulan aguardando sustento. Ahí podemos dar la cara a las desviaciones que tantas veces nos hacen romper con la voluntad de Dios y traicionar nuestra identidad cristiana. Al igual que Jesús, contamos con la Palabra de Dios que nos indica el camino. La austeridad ayuda a que nuestra atención se dirija a lo esencial, y que recuperemos la libertad primordial de los hijos de Dios, la que nos permite adorarlo y servirlo sólo a Él, y encauzar hacia Él todos nuestros afanes.

 

Oración

¡Espíritu Santo, condúceme al desierto con Jesús! Tú que ungiste su carne con el hálito sagrado, y la estableciste firmemente en la fidelidad a la voluntad del Padre, llévame ahí donde el silencio consagra a los hijos y los fortalece en la verdad. Tú que impulsaste la humanidad del Señor a recorrer el itinerario de la libertad, la pedagogía de la humildad y el servicio, la fortaleza del desprendimiento y los valores supremos, orienta también mis pasos para vivir con Cristo un proceso que me purifique, y que acrisole mis ansias bajo tu fuego y tu luz. Que pueda responder, como el Señor, ante las insidias del Enemigo, confiando plenamente en la Palabra que salva. Que cada día de este tiempo santo sea una oblación que pueda presentar al Padre por mi propio bien, el de mis hermanos y el de toda la Iglesia.

 

Contemplación

Descubriendo mi hambre, mis pretensiones, mis ambiciones, suelto mis amarras al soplo de Dios.

 

Acción

Oración, ayuno y limosna siguen siendo los mejores ejercicios para entrenarnos en la caridad de Cristo. Ellos, iluminados por la lectura del Evangelio, especialmente de los domingos de esta Cuaresma, serán la mejor escuela para disponernos a vivir con plenitud la Semana Santa y la Pascua.

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5111Sun, 09 Mar 2014 00:00:00 GMT
“El que perdona sin haber luchado por la justicia, es un tonto”Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, y recen por los que les persiguen. Así serán hijos de su Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si aman a los que les aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”. Mt 5,38-48

 

 

“El que perdona sin haber luchado por la justicia, es un tonto”

P. Óscar Arias

 

Meditación

Nos encontramos al final del capítulo 5 del Evangelio según san Mateo, mismo capítulo que inicia con las Bienaventuranzas o Sermón del Monte, aquél que Jesús propusiera a sus discípulos como una nueva forma de regirse ante la ley del Antiguo Testamento, ya que ésta se basaba todavía en una justicia retributiva, como lo vemos en Ex. 23,21-25: “Si hubiera otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”, y así por el estilo. Observamos en estos preceptos una relación directa con el Código de Hammurabi (1760 a.C) Una colección de 282 leyes que proponen un castigo directamente proporcional al crimen cometido, idéntico incluso; de ahí viene que se le conociera como la “Ley del talión”, palabra que deriva del concepto de pesar, de poner las cosas en la balanza, es así, que ante un delito, se pedía el castigo “tal”, de la misma magnitud, idéntico o proporcional a la falta cometida.

En la piedra que se conserva todavía en el Museo del Louvre, se puede ver a Hammurabi, recibiendo estas leyes del dios Samash, Señor del Sol, confiando al príncipe el orden justo del reino para destruir al malvado y al perverso, y evitar que el fuerte oprima al débil.

Son de los vestigios más antiguos de las leyes, que seguramente heredaron los judíos como lo pudimos ver en la cita del éxodo o del Levítico 24,18-20, que sostenían así una justicia basada en el correspondiente castigo al infractor de la ley.

“Si un hijo golpea a su padre, se le cortará la mano”, “si un arquitecto construye una casa y ésta se cae y mata al hijo del propietario, se mate al hijo del arquitecto”, era más o menos el tipo de legislación que exponía; “si un hombre golpea a otro y le causa una herida y dice que no fue intencionalmente y lo comprueba, entonces, le pagará el médico”.

Jesús, por su parte, habiendo oído esta legislación, quería llevar a plenitud la ley y extirpar de sus discípulos el deseo de venganza, palabra que traduce el diccionario como “satisfacción por el agravio recibido”.

 

Contemplación

Intentemos ver a Jesús platicando amigablemente con aquellos que lo seguían, dedicado a llevarlos más allá de reaccionar visceralmente a las ofensas recibidas. Y a en otra ocasión, pedirán los discípulos hacer llover fuego sobre otros que no eran de su grupo y que expulsaban demonios.

Al respecto, recuerdo que hace unos meses tuve un accidente en la moto que manejaba: choqué contra un camión de volteo que se pasó el alto a plena luz del día; como a mí me llevó la ambulancia por el golpe que recibí, el chofer del camión aprovechó para huir; sin embargo, unas cuadras más adelante lo detuvieron. Después de que salí del hospital, con la pierna derecha inmovilizada, me estaba esperando un oficial de policía para ir al Ministerio Público donde llevaron al conductor mencionado. Él insistía en que si se hubiera pasado el alto, entonces más autos se hubieran estrellado contra él, que no recordaba ni siquiera si se había pasado el alto. El Ministerio Público le hizo comprender que por haberse dado a la fuga, por los daños que había provocado, tanto a la moto como a mi persona, se quedaría en calidad de detenido, lo iban a procesar y mandar a la cárcel.

Fue hasta ese momento que lo pude perdonar, porque antes él quería salvarse con la mentira o queriendo inculparme falsamente; él y su familia decían que sólo iban a decir la verdad, cuando la verdad es que él había cometido el error de pasarse el alto en el último momento. Reflexiono que antes no lo pude perdonar, no porque yo no quisiera, sino porque él mismo no pretendía ser perdonado, es más, quería seguir con la cadena de injusticias que había perpetrado desde esa mañana.

Sencillamente concluyo que el que perdona sin haber luchado por la justicia, es un tonto; que no podemos perdonar a alguien que hace daño y no se arrepiente, eso es ser pusilánimes, débiles de carácter, lo digo por aquellos que creen que hacen la voluntad de Dios, permitiendo que los que hacen el mal se salgan con la suya.

 

Oración

Amado y Buen Jesús, no permitas que nos quedemos inmóviles ante nuestros hermanos que hacen el mal; no permitas que nos creamos buenos discípulos tuyos cuando callamos ante las injusticias o decimos que perdonamos a aquellos que golpean, que dañan, que explotan, que abusan. Danos la energía necesaria para luchar por la justicia y ser entonces bienaventurados; permite que si somos perseguidos por ello, heredemos el Reino de los Cielos.

 

Acción

Ofrezcamos a Dios esta semana nuestros esfuerzos por conseguir que alguien que esté haciendo algo malo, deje de hacerlo, o ir con la autoridad correspondiente para que se haga justicia.      

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5066Sun, 23 Feb 2014 00:00:00 GMT
“Han escuchado que se dijo… pero yo les digo…”Lectura del Santo Evangelio

Por motivos de espacio publicamos solamente la cita bíblica del Evangelio que se lee este domingo: Mateo 5,17-37.

 

“Han escuchado que se dijo… pero yo les digo…”

 

¿Qué dice el texto?

Después de las bienaventuranzas y de los dichos sobre la función de los discípulos en el mundo, el discurso de la montaña propone una larga sección (vv. 17-48) en la que se expone la nueva visión de la justicia, según el anuncio evangélico de Cristo. De modo que, el pasaje está compuesto por cinco bloques, a modo de antítesis, bajo la fórmula: «Han escuchado que se dijo… pero yo les digo» (vv. 22.28.34.39.44). El número cinco parece ser muy significativo por la referencia a la Torah (Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Las primeras antítesis (vv. 17-37) corresponden a la lectura de este domingo, mientras que las dos restantes (vv. 38-48) se leerán para el próximo.

Cabe destacar que estas tres primeras antítesis examinan tres mandamientos del Decálogo, ofreciendo una lectura cristiana para profundizar:

a)      vv. 21-26: «No matarás» - 5to mandamiento.

b)     vv. 27-32: «No cometerás adulterio» - 6to mandamiento.

c)      vv. 33-37: «No jurarás en falso» - 8vo mandamiento.

 

¿Qué me dice el texto?

«No matarás». La vida viene de Dios y el hombre no es su dueño; más aún, Dios se muestra como el defensor y el garante de la vida misma. A este respecto, Jesús no cambia la norma ni la contesta, sino que la lleva a cumplimiento, precisando que, quien escucha la palabra de Dios se inserta en un dinamismo superior de justicia, más aún, de un amor grande y generoso concretado desde la simplicidad del respeto hacia el hermano. La violación del precepto viene ejemplificado con el primer paso de la violencia, que corresponde al momento en que la persona cede a la «ira».

«No cometerás adulterio». Jesús va a la raíz de las relaciones de amor entre el hombre y la mujer, conduciendo la atención hacia el corazón humano. Según la cultura hebrea, el corazón es la sede de las decisiones, en donde, pueden anidar los sentimientos malvados, el deseo fuerte de poseer, la codicia. El amor malinterpretado puede convertirse por el egoísmo en posesión, esclavitud, dominación y opresión.

«No jurarás en falso». La atención, más que la falsedad, está concentrada en el juramento. Los judíos, para evitar pronunciar el nombre de Dios, proponían fórmulas de juramento hacia aspectos que conducen al sentido divino; por ejemplo, el cielo o la ciudad santa. Jesús prohíbe cualquier juramento, porque evidencia la pretensión del hombre de querer dominar sobre Dios o de obligarlo a la realización de algo.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Señor, como el nuevo Moisés, nos presentas el camino que plenifica la Ley, y al mismo tiempo, nos acompañas con la riqueza de tu gracia para hacernos creíbles en el mundo. Que la Eucaristía en la que hemos participado, refuerce nuestra fe para que seamos testigos y misioneros de tu Evangelio que es vida, misericordia, amor y libertad. Amén.

 

¿Qué me motiva a hacer el texto?

El pecado tiene como protagonista al ser humano. Escribía el beato Juan Pablo II: «El mal no es una fuerza anónima, […] pasa a través de la libertad humana. El mal siempre tiene un rostro y un nombre: el rostro y el nombre de hombres y mujeres que libremente lo eligen». Por eso, ante el «no matarás» Jesús muestra el camino de la reconciliación fraterna; del «no cometerás adulterio», enseña la pureza del corazón de donde han de nacer decisiones buenas; y el «no jurarás en falso», impulsa a dejar que Dios sea Dios y no convertirlo en un ídolo. ¿Qué te exige el Señor con su palabra y cómo la concretarás en tu vida?

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5042Sun, 16 Feb 2014 00:00:00 GMT
Lectio divinaSal y luz

Lectura

Después de haber proclamado las bienaventuranzas en el monte, Jesús se dirige a sus discípulos para interpelarlos directamente. “Ustedes son sal”, “Ustedes son luz”. Los ejemplos que emplea para hablar de su vocación parecen rayar en lo absurdo: una sal que pierde sus propiedades, una vela que se esconde debajo de una olla. Eso serían los cristianos si no realizaran buenas obras. Por el contrario, deben hacerlas y ser vistos por los hombres, para que ellos den gloria a Dios.

Meditación

La sal y la luz son realidades buenas. Sus propiedades ayudan directamente a la vida de los seres humanos. En tiempos de Jesús, la sal, además de ser utilizada para condimentar los alimentos y ayudar a su conservación, aparecía en algún sacrificio. Una vela sencilla, por otro lado, era suficiente para iluminar toda una casa. Las cosas no pueden renunciar a sus características: responden con verdad a su estructura intrínseca. Así debe ocurrir con los cristianos. Dejar de hacer el bien es un contrasentido. Hoy muchas veces se nos presiona a esconder nuestro testimonio, a avergonzarnos de nuestra identidad. Contra ello, hemos de perseverar con la contundencia de la sal y la noble libertad de la luz. En una tierra pisoteada por el silencio del amor y la injusticia, se nos provoca a ser misericordia y consuelo. En un mundo oscurecido por la violencia y las más diversas idolatrías, se nos desafía a la congruencia fecunda que genera armonía y reconciliación. Un puñado de cristianos en medio de la ciudad puede ser la diferencia.

 

Oración

 

Nos has hablado, Jesús, de la bondad de tu Padre, y quieres extenderla convirtiéndonos a tu Reino. Al llamarnos a estar contigo, iniciaste un proceso de aprendizaje y transformación que nos impregna de esa misma bondad. Nos has dicho que somos sal y luz. No queremos ser cristianos absurdos. No permitas que nos refugiemos en la cómoda mediocridad del silencio, de la omisión, del descuido. Nuestro sabor debe ser intenso, y nuestro brillo, diamantino. La insípida tristeza de ambiciones necias, la turbia y nebulosa noche de los rencores, no deben apoderarse de unos corazones creados para bombear sangre divina. Quiero, Señor, ser luz de tu luz, que abrace con tus rayos en la caridad y la condescendencia a mis hermanos. Quiero ser el sabroso gusto eucarístico de tu comunión, para impregnar de sentido divino a una sociedad que con frecuencia se olvida de ti.

 

Contemplación

 

Me detengo un momento a percibir con atención un sabor agradable. Hago lo mismo descubriendo los rasgos del entorno que la luz me concede captar. Ahí está la identidad cristiana, ahí está mi propia misión.

 

Acción

 

Hablaré de Cristo, actuaré como Él, me alegraré públicamente de pertenecerle. Cobraré humilde conciencia de que a través de las buenas obras que logro realizar, la belleza de Dios se hace presente en el mundo, y realmente yo mismo participo de su obra salvadora.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=5015Sun, 09 Feb 2014 00:00:00 GMT
Fiesta de la Presentación del Señor Lectura del Santo Evangelio

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."

 

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."

 

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

 

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

(Lc 2,22-40)


Fiesta de la Presentación del Señor

 

Reflexión.

Hemos leído el relato de la presentación del Señor en el Templo de Jerusalén. Se encuentra en el Evangelio de san Lucas y tiene muchas características que nos dan pistas de la misión de Jesús y del rol de su madre la virgen María. En primer lugar les invito a que nos enfoquemos en los padres de Jesús que se muestran respetuosos de la Ley de Moisés y cumplen con el rito de la presentación de su primogénito en el Templo. Era un precepto que todo varón primogénito le pertenecía al Señor y para no sacrificarlo, el mismo Dios había prescrito que se realizara un sacrificio de rescate. San José y la Santísima Virgen ofrecieron  la ofrenda según sus posibilidades que consistió en un pichón. Jesús ciertamente fue rescatado pero la consagración al Padre se hizo efectiva a lo largo de toda su vida. De aquí les propongo primero preguntarnos si los padres del Señor siendo pobres cumplieron con las leyes prescritas y lo hicieron todo según sus posibilidades ¿Cuál será la actitud frente a las leyes tanto humanas como religiosas que Dios me pide cultivar?... (tiempo para meditación personal). Es cierto que no vivimos en una sociedad perfecta y que muchos legisladores en vez de dar ejemplo son un antitestimonio, ¿Este hecho me daría a mí la autoridad para no cumplir las leyes? Incluso en el ámbito religioso puede llegar a suceder esto como Jesús denunció a los escribas diciéndoles: “ustedes los escribas hipócritas imponen a las personas cargas muy pesadas y ustedes ni con el dedo las quieren tocar…” ¿Sería esto suficiente para disculparme del cumplimiento de la Ley de Dios?... (tiempo para meditación personal). Las leyes se han formulado para bien de las personas, no para agobiarnos, ¿Descubro el bien que se persigue con algunos preceptos civiles y religiosos?... (tiempo para meditación personal). Después de haber cumplido con los ritos, la Familia Santa es testigo de una serie de profecías sobre Jesús y su madre. Estas palabras no fueron fácilmente comprensibles sino que la Virgen tuvo que guardarlas en su corazón, es decir, tuvo que recordarlas y preguntarse una y otra vez qué querrían decir. Esto puede plantearme una pregunta ¿Qué tanto suelo detenerme a rumiar lo que se me dice, lo que leo o lo que me sucede? ¿Soy un hombre que guarda las cosas en su corazón?... (tiempo para meditación personal).

Contemplación.

Usando nuestra facultad de la imaginación ubiquémonos en la escena de la presentación de Jesús. Repasemos cómo los padres de Jesús compraron la ofrenda fuera del Templo y la llevaron en sus manos para que el sacerdote Simeón realizara el rito… Observemos al sacerdote hacer las oraciones y los signos… Contemplemos a Jesús un bebé en brazos de su madre, de San José y del sacerdote Simeón que lo consagra a Dios como primogénito que era… Por último acompañemos el silencio de la Virgen al llevar las profecías sobre su hijo en el corazón.

Oración

En esta fiesta de la presentación del Señor en el Templo te ponemos, Padre, con Jesús y por Jesús nuestras personas. Pertenecemos a un mundo que en muchas cosas pretende emanciparse de las leyes aquellas que hemos hecho nosotros y también aquellas que vienen de Ti. No permitas que las malas experiencias de la vida nos lleven a la desesperación y a la rebeldía sino que comprendamos el bien que tanto Tú como Padre amoroso como la sociedad persiguen. En la persona de Jesús tu hijo amado vemos a la humanidad nueva a la que nos llamas, en Él queremos vivir y ser también tus hijos amados. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Acción

Pensemos cómo sería la mejor forma de aprovechar esta lectio, si renovando una actitud de compromiso responsable en el cumplimiento de las normas. También podríamos buscar algunos momentos del día para poner en nuestro corazón lo que nos sucede y preguntarnos el significado de salvación con el que Dios nos habla a través de esos acontecimientos.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4964Sun, 02 Feb 2014 00:00:00 GMT
El pueblo que habita en tinieblasLectura del Santo Evangelio

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos”. (Mt 4,12-17)

 

El pueblo que habita en tinieblas


Meditación

Este domingo hemos escuchado en el Evangelio el inicio de un ministerio, que sin contradecir la predicación del Bautista, llega o se quiere dirigir más allá. Es Jesús, que después de haber sido bautizado, es conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado y a su regreso, empezó con su actividad, la cual no sólo se concentró alrededor del río Jordán, sino que se abrió a otras personas, otros pueblos, realizando milagros y hablando con quienes incluso eran despreciados o considerados como enemigos de los judíos.

El contenido de su predicación, no sólo fue: “conviértanse, porque el Reino de los cielos ha llegado” (v. 17), sino que acompañó de diversos signos su mensaje; distintas obras llenas de misericordia que revelaban su poder y decían de Él: “¿qué doctrina es ésta?, enseña como quien tiene autoridad”.

La salvación que promete, el Reino del que habla, irá íntimamente ligado no sólo a una realización de obras portentosas, los signos y milagros que acompañaron su predicación; sino que se referirá a su propia persona; si el Reino ha llegado, este reino de paz, de prosperidad, es porque Jesús está ahí, en medio de su pueblo. Él es la Luz.

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz, sobre los que vivían en densas tinieblas, la luz ha resplandecido... una luz les ha amanecido” (v. 16). Ya en otras culturas, incluso prehispánicas, se vinculaba a Dios con la luz, de hecho, se identificaba como divinidades tanto a la luz que alumbraba el día, como la que alumbraba la noche.

 

Contemplación

En las últimas semanas, a diario he escuchado noticias de México, acerca de nuestros pueblos que están sufriendo, especialmente en Michoacán, pero también en otras partes del país; sobre gente que ya no aguanta más, que son extorsionados, que viven a merced del crimen organizado o de policías y funcionarios corruptos; se parece tanto a la expresión: “los que vivían en densas tinieblas”, ya que no se puede trabajar, los comercios tienen que pagar ‘cuota’, no se puede ni vender, ya casi ni caminar en ciertas calles.

Sin embargo, el cristiano, siempre, desde el inicio de la predicación de Cristo, de esta nueva doctrina enseñada con autoridad, ha visto en esos difíciles momentos, una luz. Esa luz que es Cristo, que viene a nosotros con un nuevo mensaje de perdón, de reconciliación, de entregar la vida por las personas que amamos; esa luz de resurrección con la cual iniciamos la más importante de nuestras liturgias: la del día en que anunciamos que Cristo ha vencido la muerte y que ha quedado en nuestras parroquias, representada por ese Cirio Pascual. De esa luz hemos encendido nosotros una vela, para llevarla y la conservamos en la casa, para iluminar nuestras familias y recordar que a pesar de estar viviendo en el peor momento, en la más difícil situación, en la más complicada y desafiante realidad, Cristo ilumina nuestra vida y nuestro caminar.

Al escuchar la situación de tantos pueblos y familias en nuestro amado país, podríamos pensar que es un pueblo que habita en las tinieblas, pero es precisamente esa la actualidad del Evangelio, para eso vamos a Misa, para saber que es este pueblo sobre el que ha brillado una gran luz.

 

Oración

Amado Padre, permítenos cantar y alabarte diciendo que: la luz de Jesús ha iluminado al mundo, que esta luz ha iluminado nuestra vida, que para aquellos que ya no vemos más que densa niebla hacia el futuro de nuestro trabajo, de nuestra vida, de nuestra comunidad; para todos nosotros la luz de Cristo ha resplandecido. Permítenos ser luz del mundo y sal de la tierra, ayúdanos a no desfallecer en este empeño de llevar la luz de Cristo y llenar de esperanza y alegría a nuestros pueblos.

 

Acción

Encendamos cada día de esta semana, un momentito en nuestras casas, el cirio o una vela, para orar por Michoacán, por nuestras familias y por nosotros mismos.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4944Sun, 26 Jan 2014 00:00:00 GMT
Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: ‘Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo’. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. (Jn 1,29-34)

 

Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo


¿Qué dice el texto?

El texto nos presenta el testimonio que da el Bautista de Jesús, presentándolo con «el cordero de Dios». ¿Qué significa cordero? ¿Tenían conocimiento los discípulos de Juan de esta expresión? Probablemente no sabían a lo que se refería Juan el Bautista, pues en el tardo judaísmo la imagen del Mesías como cordero era desconocida. Sin embargo, para el evangelista Juan, Jesús marca, desde el inicio, aquello que acontecerá en el momento de la crucifixión: Jesús comparado con el cordero pascual, cuya muerte tiene coincidencia no solo con la Pascua hebrea, sino también con la hora en que los corderos eran sacrificados.

La imagen dada a Cristo es desconcertante, pues no corresponde a aquel Mesías, que aniquilará a los enemigos de Dios, sino es aquel siervo manso que toma sobre sí nuestro pecado para quitarlo.

Otra figura importante que aparece en el texto, es la presencia del Espíritu Santo en forma de paloma. Ya la figura había sido utilizada en la narración del diluvio; cuya misión consiste en acercar a Noé un ramo de olivo para expresar que el peligro había desaparecido, anunciando a su vez, una tierra nueva. Si el cordero es símbolo del amor que llega hasta la inmolación de sí, la paloma indica los cielos nuevos y la tierra nueva, en donde no habrá más llanto, ni dolor.

¿Qué me dice el texto?

El concepto arameo talja, significa cordero y siervo. Según el profeta Isaías (53,7), el siervo de Dios es inocente y solidario con los pecadores, ambas realidades que tienen su punto de encuentro en el bautismo de Jesús, el cual, llevará hasta sus últimas consecuencias. Así, en la cruz, el cordero se sumerge en el río de nuestro pecado, para hacer brotar el agua que nos lavará (Bautismo) y la sangre que nos nutrirá (Eucaristía).

La presencia del Espíritu que anuncia la nueva creación, nos invita a no rendirnos en nuestro pecado, y fijar, como el Bautista, la mirada en el cordero que pasa, el inocente que amándonos ofrecerá su vida.

¿Qué me hace decir el texto?

Padre, te suplicamos que, en Cristo cordero pascual y luz de todo hombre, nos confirmes en la gracia que hemos recibido en el Bautismo para que con la fuerza del Espíritu Santo, pongamos en práctica la ley del amor, haciendo presente en el aquí y ahora, el alegre anuncio del Evangelio que nos humaniza y nos hace hermanos. Amén.

 

¿Qué me motiva a hacer el texto?

Cristo, el cordero sin mancha, se presenta como en su nacimiento en nuestra carne mortal: vulnerable e indefenso. Escribía el teólogo suizo, von Balthasar: «La vida eterna eligió para sí el lugar de un corazón humano […] Él mismo descubrió el impotente lugar de su amor». Si el Hijo de Dios se ha hecho vulnerable e indefenso al tomar nuestra fragilidad humana, es porque nos ama. No hay otra razón. En este día, comencemos por preguntarnos: ¿Qué significa para los bautizados, ser discípulos de Cristo – Cordero? Reflexionando sobre su inocencia y misericordia, así como nuestra dignidad de hijos de Dios, esforcémonos por poner, a cada acto que realicemos, un poco de este amor derramado en la Cruz. Solo ante el crimen y el horror haremos la diferencia si ponemos en práctica la misericordia de Dios.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4914Sun, 19 Jan 2014 00:00:00 GMT
Lectura del Santo EvangelioLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: “Soy yo el que necesito que Tú me bautices, ¿y Tú acudes a mí?” Jesús le contestó: “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere”. Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él. Y vino una voz del cielo que decía: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”. (Mt 3,13-17)

 

 

El gozo del Padre

 

Jesús se presenta en el Jordán, donde Juan realizaba su ministerio, pidiendo ser bautizado. A la resistencia del Bautista, que reconoce ser él quien requiere del bautismo de Jesús, el Señor confirma su petición, advirtiendo que es necesario que Él cumpla en plenitud toda justicia. La justicia es el plan divino, que Jesús verifica con humilde precisión. Él se ha vuelto contemporáneo de los pecadores, y les hace compañía del modo más radical: enfilándose en el movimiento que otorgará a los hombres la posibilidad de una conversión verdadera. Entonces fue bautizado, y apenas salió del agua, los cielos se abrieron, el Espíritu descendió sobre Él como una paloma, y una voz de lo alto hizo pública su identidad: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

 

Meditación

La buena nueva anunciada a los hombres es, antes, la alegría perenne que constituye a Dios. Al presentar a Jesús la voz del Padre, al tiempo que el Espíritu ratificaba la unción de su carne para el ministerio que había de realizar a favor de los hombres, tres palabras revelan quién es Jesús. Sobre todo, es el Hijo. Guarda con el Padre una relación primigenia, absolutamente original. Además, como Hijo es “amado”. Es el vínculo más profundo que podamos imaginar, del que nuestra propia vocación al amor es un signo minúsculo. Pero lo más evangélico aparece al final: el Padre se complace en el Hijo. Mirarlo genera alegría. El amor se resuelve en gusto por la unión. Y de esa complacencia divina somos hechos partícipes nosotros, los que por nuestra condición pecadora somos convocados a la conversión. El Padre nos presenta al Hijo, porque quiere entregarnos su propio amor y la alegría de su compañía. Su proyecto de salvación pide ajustar nuestra vida a su voluntad no como una exigencia exterior, sino como la condición natural intrínseca para poder gozar de su presencia. En su obediencia ejemplar, Jesús abre el cielo y, al mismo tiempo, el camino para que en la tierra también nosotros podamos llevar a cabo, a nuestra medida, la justicia.

 

Oración

¡Padre del cielo! Tu voz nos mueve a mirar a Jesús. Sobre su carne bendita reposa tu unción, que ha de entregarnos el Reino. Entendemos que Él es el Evangelio porque toda bondad, toda justicia, toda belleza se concentran en Él. Nos lo has enviado para que también nuestro corazón se regocije en Él. ¡Gracias por el don de tu Hijo amado, en quien te complaces! ¡Gracias por conceder que podamos también nosotros complacernos en su presencia! Que su Espíritu se extienda sobre nosotros para que realicemos el bien, gozoso y solidario, que Tú has diseñado para nuestra vida.

 

Contemplación

Miro la humildad y la obediencia de Jesús, en el instante de su salida del agua. Experimento la alegría de su presencia.

 

Acción

Procuraré ser signo del júbilo cristiano, extendiendo a mis encuentros cotidianos la dicha de la compañía de Jesús.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4884Sun, 12 Jan 2014 00:00:00 GMT
Lectura del Santo EvangelioLectura del Santo Evangelio

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel’. Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se

marcharon a su tierra por otro camino. (Mt. 2, 1-12)

 

Reflexión

El primero punto de reflexión que me propone la narración es sobre la gran diversidad de respuestas frente al nacimiento del Mesías. Los reyes aceptan con gusto y hacen varios días de camino desde el oriente para venir a encontrar a un desconocido que no pertenece a su propio pueblo. En cambio, Herodes y todo Jerusalén con él, se estremecen ante la noticia del nacimiento del Mesías. Unos extraños aceptan, los cercanos rechazan o, al menos, manifiestan temor. La aceptación de otra persona no depende sólo de la bondad o las razones, el corazón de cada uno y lo que se teme perder, suelen ser más fuertes a la hora de aceptar o rechazar. Herodes, por ejemplo, rechazó rotundamente a quien veía como un competidor oponente a su reino. Los magos de oriente consideraron gran honor ir al encuentro de quien cumpliría las promesas dadas a los profetas. Ahora es el momento de preguntarme a mí mismo ¿Con qué grupo de personajes del relato me identifico? ¿Dios que viene a este mundo me provoca gusto y atracción o me da temor y lo rechazo?... (momento de silencio interior). Una perspectiva más amplia del asunto nos lleva a considerar un lugar común en nuestro tiempo, a saber que el mundo es de los depredadores, es decir, los seres humanos agresivos que desean y toman lo que quieren. Por contraparte quienes sufren en este mundo son las ovejas, los cuales se deben someter o morir. El relato de este día me lleva a plantearme la pregunta: ¿este prejuicio o mito cultural es realidad delante de Dios y de la historia? Tanto los magos como la Sagrada Familia serían catalogados de ovejas. Pero la providencia divina marcó caminos que no le permitieron al depredador alcanzar su objetivo. Tal vez me convendría meditar sobre esta frase: los depredadores de este mundo no son omnipotentes…

 

Contemplación

En esta fiesta de la Manifestación de Jesús a los magos y a todos los pueblos, puedo usar mi imaginación y meterme como uno de ellos en la escena de aquella pequeña gruta de Belén… (silencio interior). La oración que involucra nuestros afectos y emociones es una buena opción para este tiempo de Navidad, es cierto que el contacto con Dios no se reduce a nuestras emociones, pero sí las puede aprovechar. Le invito a prolongar por varios minutos la contemplación de Jesús recién nacido.

 

Oración

Señor Jesús, al contemplarte en esta festividad de tú manifestación a todos los pueblos más allá de tu propia nación judía, vengo a considerar que para Dios nada es imposible; aun amenazado y perseguido tú seguiste adelante con el proyecto de salvación. Muchas veces he pensado, inadecuadamente, que yo puedo controlarlo todo y cuando he entrado en esta dinámica me ha dado miedo ser franco y abierto contigo. He pretendido acabar con las amenazas lastimando, hiriendo y hasta humillando a otros. El camino de los depredadores humanos de otros humanos no es el tuyo y no quiero caminar por él. Al contrario deseo considerarme a mí mismo como ser humano consciente y respetuoso de tu creación y especialmente de los demás humanos que también son hijos tuyos. Amén.

 

Compromiso

Al contemplar al Señor creo que puedo dejar que Él forje en mí una personalidad acogedora, promotora y respetuosa de los demás. Para este año valdría la pena plantearme de qué manera seré más humano con los demás.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4852Sun, 05 Jan 2014 00:00:00 GMT
“Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel…”Lectura del Santo Evangelio

El texto a meditar este domingo es el del Evangelio de San Mateo 2, 13-15. 19-23. Escuchémoslo atentamente y hagamos nuestro su contenido (Se lee de manera pausada)

 

 

¿Qué dice el Texto?

En este relato, que sólo nos lo cuenta Mateo, parte de la intención del rey Herodes de matar al niño, lo que provoca la huida a Egipto de la Sagrada familia. Desde allí Jesús manifiesta un nuevo éxodo que se basa en el que vivió el pueblo de Israel. De este modo, Mateo relaciona el inicio de la vida de Jesús con los comienzos del pueblo israelita.

El pasaje Mateo 2,13-23, forma parte de la sección que trata del nacimiento y la infancia de “Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán” (Mt 1, 1). Desde su nacimiento, Jesús es perseguido por los jefes judíos y al mismo tiempo revive las experiencias dolorosas de su pueblo exiliado y humillado más de una vez. El Evangelio nos demuestra esto con el relato de la huida a Egipto y la matanza de los inocentes. Egipto se convierte para Jesús en refugio de un exiliado.

Mateo cambia el sentido de la cita tomada de Oseas 11,1: “De Egipto llamé a mi hijo” y la interpreta como si Dios llamase a su Hijo Jesús para huir a Egipto (Mt 2,15). El sentido original de Oseas era que el Señor llamó a su hijo Israel a huir a Egipto para formar un pueblo. La huida a Egipto de Jesús y el exterminio de los inocentes de Belén nos recuerda la opresión de Israel en Egipto y la matanza de los niños recién nacidos.

La profecía aplicada para la matanza de los inocentes está tomada del libro de la Consolación, compuesto por los capítulos 30 y 31 del libro del profeta Jeremías. El lamento está ligado a la promesa del Señor que consuela a Raquel esposa de Jacob (Israel) madre de José sepultada según la tradición cerca de Belén, y le promete que habrá una compensación por sus penas, sus hijos que no volverán jamás (Jer 31, 15-18).

Volviendo de Egipto después de la muerte de Herodes, José decide establecerse en Galilea en una ciudad llamada Nazaret. Jesús entonces será llamado Nazareno. Más tarde también sus discípulos serán reconocidos como Nazarenos (Hech 24, 5).

 

¿Qué me dice este texto?

Este segundo momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a los participantes a leer de nuevo el texto, y a dar respuesta personal.

La Iglesia ha instituido dentro de la octava de Navidad la fiesta de la Sagrada Familia, para que reflexionemos sobre esta significativa realidad de Dios que pone su tienda entre nosotros. Pues la Sagrada familia formada por María su madre, José el hombre justo que en silencio y generosidad le acompaña, y Jesús el Señor que nos manifiesta el amor trinitario del Padre y del Espíritu Santo, constituye un ejemplo de escuela y comunión para nosotros. Jesús no sólo asumió nuestra humanidad, sino que también las modalidades, las instituciones y costumbres de su tiempo mediante las cuales presenta sus enseñanzas.

La Familia a la luz de este ejemplo está llamada a ser un lugar que en medio del mundo busca vivir en su seno el Espíritu del Evangelio que Jesús nos propone. Poniendo mucha atención en cada uno de los que la forman discernimiento, generosidad, creatividad; es decir, espíritu de amor y sacrificio por buscar el mejor don posible para cada uno, especialmente el que más lo necesita. Es necesario fomentar un ambiente de apertura generosa al bien social, a la ayuda a los más pobres, a la construcción de una sociedad justa y en paz. Todo ello, en un ámbito de oración, lectura del Evangelio, de confianza en Dios.

El Papa Francisco cuando en su nueva Exhortación nos dice: El Espíritu de amor que reina en una familia guía tanto a la madre como al hijo en sus diálogos, donde se enseña y aprende, se corrige y se valora lo bueno. La familia es la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir y en donde los padres transmiten la fe a sus hijos.

En el tiempo que estamos viviendo, la evidente crisis social y espiritual llega a ser un desafío pastoral, que interpela la misión evangelizadora de la Iglesia para la familia. La importancia del tema surge del hecho que el Santo Padre Francisco ha decidido establecer para el Sínodo de los Obispos un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera, la Asamblea General Extraordinaria del 2014, ordenada a recoger testimonios y propuestas de para anunciar y vivir el Evangelio de la familia; la segunda, la Asamblea Ordinaria del 2015, para buscar líneas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia.

En este contexto, el documento preparatorio del Sínodo de los obispos sobre la familia nos indica: la belleza del mensaje bíblico sobre la familia tiene su fundamento en la creación del hombre y la mujer, ambos hechos a imagen y semejanza de Dios (Cfr. Gen 1,24-31; 2, 4b-25). Unidos por un vínculo sacramental indisoluble, los esposos viven la belleza del amor, de la paternidad, de la maternidad y de la dignidad suprema de participar así en la obra creadora de Dios”.         

A continuación presentamos dos preguntas para reflexionar: ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención del relato de Mateo? ¿Qué significa para ti vivir y tener una familia?.

 

¿Qué le digo al Señor?

Este tercer momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a los participantes a expresarle al Señor nuestro sentir, y a dar respuesta personal.

Podemos decir: hermanos (as), esperamos que la alegría y el asombro de estas fiestas navideñas, que seguimos celebrando, nos hagan también comprender las enseñanzas que nos comunica la fiesta de la Sagrada Familia, para que nuestras familias sean una expresión de unidad y de amor, como la familia de Jesús, María y José.

 

¿A qué me comprometo con el Señor?

En este último paso, se nos exhorta a cerrar nuestros ojos por unos momentos y contemplar cómo Jesús va con su padre José y su madre María a Egipto y allá vive como exiliado, hasta su regreso a Nazareth. Entre tanto va creciendo en estatura, edad y gracia con el ejemplo de su padres, hecho que nos interpela para imitar tales ejemplos y llevarlos a la práctica en  la Nueva Evangelización.

 


 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4826Sun, 29 Dec 2013 00:00:00 GMT
Lectura del Santo EvangelioLectura del Santo Evangelio

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que Ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió abandonarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un Hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Miren: la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer. (Mt 1,18-24).

 

“Pero a Ella, no la dejes sufrir…”

P. Óscar Arias Bravo

 

Meditación

El Evangelio de este domingo, que viene después de la genealogía de Jesús y es previo a la Navidad, se centra con particular atención sobre la figura de José, marido de María, quien siendo un hombre justo y queriendo a su esposa, pensó no denunciarla, sino solamente abandonarla en secreto.

Se cumplen en el texto las condiciones de un anuncio que viene de Dios, es decir: se le aparece en sueños un ángel, un mensajero de Dios; le anuncia algo que había sido prometido por los profetas, “una Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros” (Isaías 7,14), y la realización del anuncio.

Se afirma (A. J. Levoratti) que la novedad del anuncio del ángel, es el papel que Dios mismo pide desempeñar a José, ya el de María implicaba una difícil responsabilidad, pero a final de cuentas era tarea de María; ahora, Dios pide a este varón justo (díkaios = honrado, piadoso, humano) acoger a Ella y a su Hijo, como propios.

 

Contemplación

Cuando contemplamos este acontecimiento, sólo con ojos humanos, nos parecería injusto: por qué alguien que ha sido tan bueno, justo, humano, ahora tenga que cargar con la responsabilidad de otro; por qué no le basta a Dios con que José se retire en secreto, asegurando así la vida de María, la madre de su Hijo, y del propio Jesús, para la salvación de Su pueblo, sino que además le pide a través de su mensajero que vuelva a recibir a María y ponga el nombre de Jesús (Yahvé salva) al Hijo que lleva en su vientre, que lo reciba como su propio Hijo y se encargue de ellos.

A ojos puramente humanos, parece injusto que José no pueda tener planes propios, proyectos propios, sino los que Dios ya tenía para Él. Sin embargo, en la dinámica del amor y de la donación al otro, hay una felicidad casi incomprensible para quien piensa sólo con una dinámica terrenal, mundana.

De pequeño escuchaba una canción de Javier Solís que trataba de un hombre pecador, que por un amor se quería volver bueno y que, a pesar de todo, no le pedía a Dios por sí mismo, sino por Ella, por su amor; decía: “pero a Ella, pero a Ella, no la dejes sufrir”.

Ofrezco de antemano una enorme disculpa para todo especialista en Sagradas Escrituras y Espiritualidad, por lo que voy a proponer; es más, no conozco la intención del que compuso esta canción, pero si Dios me concede algún día llegar al cielo, voy a decirle a san José que le llevemos serenata a la Virgen María y en honor de hace tantos siglos, quisiera cantarle: “pero a Ella, pero a Ella, no la dejes sufrir…”

 

Oración

“Reconozco Señor que soy culpable, sé que fui pecador imperdonable, hoy te pido Señor me vuelvas bueno; porque tengo un amor limpio y sereno. Y si voy a seguir siendo igual que antes fui, no la dejes venir a llorar junto a mí, quítame su amor, porque soy un pecador, pero a Ella, pero a Ella, no la dejes sufrir”.

 

Acción

En este último domingo de Adviento, por un gran amor a María, no permitamos que las mujeres que Dios ha puesto en nuestro camino y vocación, sufran por causas que podemos evitar; tengamos un gesto de afecto, cariño y agradecimiento hacia ellas.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4807Domingo 22 de Diciembre del 2013
Lectio Divina: ¿Eres tú el que ha de venir?Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Jesús les respondió: “Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!” Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: “¿Qué fueron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fueron a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salieron?, ¿a ver a un profeta? Sí, les digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.

 

¿Eres tú el que ha de venir?

P. Julio César Saucedo

 

¿Qué dice el texto?

En el capítulo 3 de este evangelio (vv. 13-17), Jesús se había presentado ante el Bautista para ser bautizado, quien trataba de impedírselo diciendo «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti». Según el cuarto evangelio (correspondiente a san Juan), es el mismo Bautista quien había presentado a Jesús como el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (cfr. Jn 1,35). ¿Cómo entender, entonces, que el Bautista envíe a sus discípulos a preguntarle a Jesús si es el que habría de venir?

Para comprender esta situación es necesario reconstruir algunos detalles del contexto histórico. El primero de ellos, es lo que nos presenta Mateo, Juan el Bautista se encuentra en la cárcel arrestado por Herodes; y la concepción que imperaba respecto al Mesías era la de aquel que vendría a separar los justos de los pecadores, haciendo llover fue del cielo sobre los infieles (cfr. Lc 9,54). En este sentido, lo que Jesús realizaba no correspondía con esa concepción mesiánica, pues es descrito como un comelón, amigo de los publicanos y los pecadores. Su estilo no es como se esperaba.

Jesús responde directamente a la pregunta citando a Isaías (35,5-6) y el cumplimiento de ellas en su persona: «los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva».

 

¿Qué me dice el texto?

Jesús muestra a los discípulos de Juan que sus obras son, ciertamente, la presencia de la era mesiánica; pero con una «diferenciación»: revela al Padre no por vías de castigo y violencia, sino por medio de la bondad y de la salvación. Es muy importante al respecto, ver que el último elemento de la presencia del Mesías esté especificada en el anuncio a los pobres de la Buena Nueva. Este será el punto decisivo y la característica singular de Cristo, pues su predilección es por quienes sufren, por los pequeños y los pobres que esperan de Dios su justicia. De esta forma, Jesús, como el Mesías, no actuará según «la lógica esperada» sino según «la lógica del amor»; pues es él quien va en búsqueda de quien se ha perdido, va al encuentro del pecador para que viva. Si Jesús realizó milagros y signos, no fue para mostrar cuán poderoso es Dios, sino para revelar el amor del Padre.

Hoy con el evangelio a través de la figura de san Juan Bautista nos preguntamos: ¿qué tipo de Mesías es el que espero? ¿Aquel que corresponde a la verdadera identidad de Jesús o a un Mesías hecho a mi medida?

 

¿Qué me hace decir el texto?

Señor Jesús, tú has anunciado al mundo que Dios es amante de la vida y que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva; ayúdame, en este tercer domingo de Adviento, a comprender esta alegría del Evangelio que me impulse a compartirla en lo más cotidiano y humano con mis hermanos. Te lo pido a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

¿Qué me motiva decir el texto?

Cumplir con la voluntad del Padre constituye la «diferenciación» de las obras de Cristo respecto a la concepción que se esperaba del Mesías. No es con la violencia que establece el reino de Dios, sino con el perdón; no es con la imposición como anuncia la Buena Nueva sino con la persuasión de su amor. Corresponde a nosotros dejarnos sorprender por su presencia salvadora. Sabiendo, entonces, que Jesús viene no para condenar sino para dar vida, te invito a realizar tu examen de conciencia, acudir al sacramento de la Reconciliación, y vivir su perdón con tus hermanos. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4784Sun, 15 Dec 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: Está cercaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: ‘Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos’. Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: ‘Tenemos por padre a Abraham’. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible”. (Mt 3,1-12)

 

Está cerca

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

La predicación de Juan el Bautista en el desierto de Judea anuncia una realidad y reclama un compromiso. La realidad es que el Reino de los cielos está cerca. El compromiso solicitado es el del arrepentimiento y la conversión. El evangelista san Mateo da testimonio de que esta actividad profética tuvo gran éxito, pues acudían a oírlo muchas personas. Pero se nos abren aquí dos posibilidades: la de aquellos que con sincero corazón reconocían sus pecados y eran bautizados en el río, y la de quienes se sumaron al movimiento de moda, los fariseos y saduceos, sin un auténtico deseo de cambio. Éstos reciben una fuerte reprimenda de parte del Bautista, quien los llama “raza de víboras” y les advierte que si no hacen ver con obras su arrepentimiento y simplemente se escudan en su dignidad como “hijos de Abraham”, no escaparán del ardiente juicio de Dios. Finalmente, el profeta señala la llegada del que viene después de él, que será capaz de bautizar en el Espíritu Santo y su fuego.

 

Meditación

El Adviento es un tiempo de gracia que nos mueve a una esperanzada conversión. La Iglesia nos presenta a figuras que pueden impulsar la transformación de nuestros corazones y la orientación de nuestras acciones conforme a la voluntad salvífica de Dios. Juan el Bautista es una figura austera, dotada de un enorme atractivo. No se deja engañar por las apariencias de quienes sólo acuden a él por seguir la corriente de las masas. Con gran libertad abre horizontes de novedad a quienes sinceramente se arrepienten, pero también desenmascara la falsa religiosidad de quienes no están dispuestos a cambiar su vida. Para los cristianos ésta es una oportunidad de abrirnos a una sincera revisión de nuestras faltas, que nos prepare de mejor modo a reconocer la cercanía de Dios que llega a nosotros en Jesucristo. Quienes ya hemos recibido el Bautismo tenemos la oportunidad de acudir al sacramento de la Reconciliación, para renovarnos. Pero también hemos de mantenernos alerta para no sucumbir a la tentación de costumbres sin alma, que se repiten sin eficacia porque no nos disponemos realmente a ser consecuentes con su contenido.

Oración

¡Vienes, Señor, con el poder abrasador del Espíritu! El Bautista nos lo anuncia, y nuestro corazón exulta. El tiempo ha pasado, tal vez, sin que nosotros nos diéramos cuenta de la invitación que no has dejado de lanzarnos a la conversión. Tu cercanía nos despierta, nos conmueve por nuestras infidelidades y nos eleva a aspirar tu salvación. No queremos vivir las fiestas litúrgicas por pura costumbre. ¡Ven, Señor, y alcánzanos con tu Palabra, con tu mirada, con tu caricia! ¡Ven, Señor, y renueva nuestra aspiración a la santidad que tú nos participas! ¡Ven, Señor, no tardes!

 

Contemplación

Permitiré que mi corazón despierte. Una voz anuncia la cercanía de Dios. No debo permanecer indiferente.

 

Acción

Evitaré ver las fiestas cristianas desde fuera, y me sumergiré en ellas, para que me alcance la gracia que comunican. No me haré ilusiones de ser buen cristiano por argumentos superficiales. Haré ver con obras el arrepentimiento por mis pecados y la alegría por la cercanía del Señor.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4761Sun, 08 Dec 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina :“Estén en vela”Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estar en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor. Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre”. ( Mt 24,37-44):

 

 

“Estén en vela”

Mons. Salvador Martínez

 

Meditación

El discurso de Nuestro Señor Jesucristo sobre el fin de los tiempos nos invita a considerar la importancia de darnos cuenta de las cosas, de los signos de los tiempos, en suma, a estar despiertos. Aquí surge una primera inquietud ¿Por qué ocuparse de lo cotidiano puede ser obstáculo para darnos cuenta de la llegada de Nuestro Señor?ƒ (espacio de silencio interior). Tal vez pudiera parecerse, aquello de lo que habla Jesús, a lo que sucede cuando una mamá le habla a su hijo que está embebido viendo la televisión. Se le habla y no se da cuenta, se le acercan y no se da cuenta, lo tocan y lo mueven y apenas logra salir de su concentración. Una persona que camina por la noche fuera de su casa aguza los sentidos para percibir todo lo que está en torno, porque previene cualquier peligro. Si alguien le hablara a esta persona lo percibiría de inmediato. Si alguien lo acechara le sería difícil sorprenderlo. La recomendación de Jesús es: “que no los sorprenda…” Otro aspecto dentro de esta misma parte del discurso es el llamado a estar preparados. ¿A qué se referirá? ¿Será lo mismo velar que estar preparado?... (espacio de silencio interior) Cuando no estoy cierto del momento en que algo sucederá es importante vigilar los signos de la realidad que me circunda. Pero esta vigilancia no me hace adivino, no lo puedo saber todo y tampoco puedo dejar que la espera me provoque angustia al grado que no viva en paz. La preparación tal vez se refiera a una prevención, a una previsión. Si saldré de viaje preveo que usaré ropa durante él y la dispongo en mi maleta. La maleta está preparada con la ropa que necesitaré, tal vez también me prevenga con un poco de dinero de aquellos países que visitaré, por si al llegar no puedo cambiar divisas. Toda preparación en prevención o previsión me pone en espera activa. Así mismo, espero la llegada del Señor previniendo y previendo la vida presente con obras de acuerdo al Evangelio y al Reino de Dios. Si vivo de acuerdo a los criterios de Cristo el día de su venida me encuentra en armonía con Él. A manera de conclusión de mi meditación vale la pena cuestionarme qué tan despierto o dormido vivo ¿Qué realidades atraen más mi atención? ¿Esta atención es tanta que me pierdo de muchos otros datos o personas que me rodean? Mis obras ¿En verdad están de acuerdo a los criterios del Señor Jesucristo?

 

Contemplación

El Adviento de la historia fue espera la llegada del mesías. El adviento litúrgico es este tiempo que nos prepara a la celebración de la Navidad como cumplimiento del adviento histórico. Pero el adviento personal y más efectivo es la espera del encuentro con Dios el día de mi muerte. Invito a un momento personal de apertura, con ayuda de la imaginación, para visualizar ese momento. El momento de mi muerte, mejor dicho el momento en que me encontraré definitivamente con mi Señor. ¿Qué siento al detenerme o ponerme en ese momento? Permanecer en esta contemplación sin discursos, sin apresurarse a nada… Tal vez haya ocasiones en que se experimenten cambios profundos, no fáciles de expresar con palabras.

 

Oración

Señor, bien sé que el día del fin de este mundo coincide con el día de mi muerte. Por las palabras que me has dicho hoy me siento llamado a vivir atento y a preparar desde hoy con mi forma de ser el encuentro definitivo. Mi opción por aceptarte a Ti y aceptar tus criterios, como norma para mi vida, la quiero hacer desde hoy, de tal manera que el día y la hora del encuentro definitivo no me angustie ni lo tema porque será el momento de la visión plena, de la misericordia sin límites. Esa ocasión me invitas a esperarla como el día de la libertad, de la salud, del más allá sin nostalgias ni vergüenzas por el pasado o el futuro. Ven Señor Jesús, ven a salvarnos. Amén

 

Acción

Cada uno de nosotros puede decidir reorientar el uso de su mente y su imaginación para no dejarse atrapar tanto por los problemas o los proyectos cotidianos. Tal vez alguien sienta la necesidad de mirar menos la TV, o dedicar más tiempo a charlar con las personas con las que vive y reducir el tiempo en el ciberespacio.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4735Sun, 01 Dec 2013 00:00:00 GMT
El pueblo sólo miraba...Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el Elegido.” Se burlaban de Él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres Tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.” Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.” Pero el otro lo increpaba: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.” Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Jesús le respondió: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lc 23, 35-43).

 

 

El pueblo sólo miraba...

P. Óscar Arias Bravo

Meditación

Hoy terminamos el Año Litúrgico 2013 y empezaremos, Dios mediante, el próximo domingo, el Adviento 2014. Como cada año, la liturgia dominical termina con la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que además, en esta ocasión, clausurará el Año de la Fe, convocado por el Papa Emérito Benedicto XVI en el 2012.

El texto que hemos escuchado, en el penúltimo capítulo del Evangelio de Lucas (c. 23), presenta la escena de la crucifixión del Señor, donde se acompaña de algunos personajes: por un lado, el pueblo que sólo está mirando; por otro, las autoridades que lo injurian; todavía, los soldados que se burlan de Él, y para terminar, dos malhechores en quienes se resolverá el dilema del texto. Ciertamente es una clara referencia al texto de Isaías 53,12, donde se profetiza que el Siervo de Yahvé será contado entre los malhechores, llevando el pecado de muchos e intercediendo por los transgresores.

Pero regresemos a estos dos malhechores en quienes vemos el drama de todo cristiano, uno le demanda, hasta con insultos, blasfema, que si es el Cristo, el ungido, el esperado, se salve a sí mismo y a ellos; mientras que el otro, aceptando su culpa, reconoce en Jesús al Justo por excelencia, al Inocente, y le pide, le suplica solamente que se acuerde de él cuando esté en Su Reino.

Al final del fragmento que hemos escuchado este domingo, Jesús le promete: “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.

 

Contemplación

Tratemos de hacer un esfuerzo por colocarnos en la escena que se ha proclamado este domingo: la Crucifixión, de manera que podamos ver qué puesto ocupamos; podemos ser sólo de los indiferentes que vemos signos de Dios en nuestra vida, pero no nos involucramos más, podemos ser incluso de aquellos que han tomado la fe como una cuestión de debate intelectual y en ocasiones hasta hemos hecho bromas, burlas de la religión o de la Iglesia; bueno, incluso podemos ser de aquellos que le hemos causado daño, dando un pésimo testimonio cristiano o, para acabar de una vez por todas, hemos confrontado al mismo Cristo diciéndole que: “¡O nos hace lo que le pedimos o no es Dios!”, porque Dios se apiadaría de nosotros, nos concedería esa salud que tanto le pedimos, nos daría ese trabajo que tanto estamos buscando o haría justicia con tantos malhechores que van por la calle causando daño.

Al final, nos queda sólo una remota posibilidad de suplicar, ser como aquel ladrón arrepentido que descubre en Jesús su única esperanza, y se aferra con todo lo que le queda a Él, con su último respiro, tal vez con su último aliento; antes de morir sólo le pidió estar con Él, que se acordara de él.

Así, Jesús le responde, no tanto la promesa de estar en el Edén, en ese jardín primigenio, sino el mejor cielo que puede existir: “en verdad te digo: hoy estarás conmigo...”

Hace unos días, escuchaba que no es posible que tan poquitas personas puedan hacer daño a miles de mexicanos, con sus armas o con sus decisiones, sembrando terror o corrompiendo a los jóvenes; pero explicaban que si esos miles de mexicanos no hacen nada, entonces seguramente seguiremos estando a merced de la voluntad de unos cuantos.

Al leer este texto, me recuerda al pueblo que presenciaba la muerte del Justo y nadie hizo nada, sólo miraba, como miramos muchos de nosotros cuando asaltan al de al lado, cuando “levantan” al vecino, cuando el compañero de trabajo se roba abiertamente lo recursos, cuando le dan la concesión al amigo y todos saben que a final de cuentas “hay que entrarle a la mordida y a la tranza” si quieren arreglar las cosas. Si como mexicanos seguimos así, Cristo no podrá ser nuestro Rey, solamente será un Inocente más que muere como otros tantos, mientras nosotros nos quedamos mirando pasivamente su muerte.

 

Oración

¡Jesús: apiádate de mí, cuando vengas en Tu Reino!

 

Acción

Procuremos toda esta semana pedirle incesantemente a Jesús que nos permita estar cerca de Él, y que no nos quedemos mirando más las injusticias, los robos, la corrupción, el maltrato ni la violencia a nuestro alrededor.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4706Sun, 24 Nov 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “Yo les daré una elocuencia y una sabiduría”Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está por suceder?” Él contesto: “Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida”. Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso les echarán mano, les perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendrán ocasión de dar testimonio. Hagan propósito de no preparar su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario suyo. Y hasta sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos los traicionarán, y matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de su cabeza perecerá; con su perseverancia salvarán sus almas”.  (Lc 21, 5-19)

“Yo les daré una elocuencia y una sabiduría”

(Lc 21,5-19)

P. Julio César Saucedo

El texto, ¿qué dice?

Jesús ya se encuentra en Jerusalén; está a pocos días (cfr. Lc 21,37-38) para entrar en la vigilia de su condena, en la que, Judas decidirá traicionarlo y las autoridades religiosas de condenarlo. En este escenario, se inserta el grande discurso de Jesús sobre el fin del mundo, que más bien, podríamos entenderlo como la plenitud de la historia por la venida de Cristo en su gloria.

La introducción propia a las palabras que serán pronunciadas, tiene como ambiente la admiración de algunos respecto al Templo de Jerusalén, que en ese tiempo gozaba de un esplendor por su belleza en las piedras preciosas que lo adornaban. Y en ese ambiente de admiración, Jesús proclama unas palabras escandalizadoras: “De esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra”. Esto nos enseña dos aspectos: por una parte que, el Templo aún con toda su belleza, también está sometido a la ley de la tierra, de consecuencia está destinada a morir bajo el signo de la destrucción: “no quedará piedra sobre piedra”; y por otra parte, nos muestra que en la época de Lucas, ya había acontecido la destrucción del Templo, cumpliéndose cada palabra del Señor.

Sin embargo, quienes escuchan esta profecía desconcertante, sienten la curiosidad por saber el «cuándo»; más Jesús los ayuda a que se preparen mediante el cómo: «no se dejen engañar», «no les sigan», «no se aterren», «los perseguirán, los entregarán, los llevarán, esto sucederá para que den testimonio», «yo les daré una elocuencia y una sabiduría», «con su perseverancia salvarán sus almas».

 

El texto, ¿qué me dice?

Nunca falta quién, por curiosidad, quiera saber qué pasará y cuándo ocurrirá el fin del mundo. Con esta lectura evangélica, Jesús nos previene a no preocuparnos por el qué y el cuándo, pues de nada servirá saber sus respuestas si no hay un cambio radical en «la mentalidad del hombre». En otras palabras, saber el día y la hora no nos harán mejor en la caridad y la misericordia, porque sólo son datos externos, lo que verdaderamente cambia es la fe en Cristo. De ahí, la importancia de la sentencia definitiva al final del pasaje: «con su perseverancia salvarán sus almas».

Esto es lo que verdaderamente importa: «perseverar en el amor a Dios», «abandonarnos en sus manos», «vivir nuestra dignidad de hijos de Dios», «saber ser hermanos con los más desprotegidos»; pues el tiempo de la espera en la segunda venida del Hijo de Dios, no es un tiempo de fuga de la historia, ni de fabricación de “historias bonitas y sentimentales de la fe”, que solo sirven para crear una conciencia laxa de lo que significa ser cristiano. ¡No! La fe no es un sentimiento, ni una simple “bonita experiencia”. Es esto lo que nos recuerda Lucas, estamos en el «tiempo del testimonio», el tiempo en el que el nombre de Jesús viene proclamado no solo con “la boca” sino con la vida; es el «tiempo de la gracia del Espíritu, de la perseverancia y del amor», sabiendo que el Señor no defraudará, pues «no perecerá ni un cabello de su cabeza».

 

El texto, ¿qué me motiva decir?

Señor, tú que eres el Templo vivo y el Sol naciente de la historia, en quien nos movemos, existimos y somos; ayúdanos a crecer en la fe para que amándote sólo a Ti, tengamos nuestra esperanza firme en los bienes del cielo, haciendo presente tu Reino en la tierra. Amén.

 

El texto, ¿qué me motiva hacer?

Cristo es el Señor de la historia que nos libera de toda esclavitud. Una de ellas, que es muy sutil pero peligrosa, es la superstición concretada en la “lectura de las cartas”, “los horóscopos”, etc. ¿Por qué es peligrosa? Porque pones tu confianza en palabras que otros han inventado, pero sobre todo porque dejas de ser sujeto de tu propia vida y te conviertes en objeto de lo que otros dicen. Lo que motiva el texto evangélico es a ser sujetos de nuestra historia con Cristo. Si estás dispuesto, renuncia a este tipo de “lecturas supersticiosas”, o bien, ayuda a otros, con prudencia y caridad, a que vivan su libertad de hijos(as) de Dios. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4681Sun, 17 Nov 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina :Un Dios de vivosLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les contestó: “En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor ‘Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob’. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos”. (Lucas 20, 27-38)

 

 

Un Dios de vivos

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

Jesús ha llegado a Jerusalén. La Ciudad Santa será el escenario de la última etapa de su ministerio público. A las afueras de ella sufrirá la muerte en Cruz. Ahí también se alzará de entre los muertos. Aunque el episodio que nos ocupa refleja una discusión sobre el modo adecuado de considerar el Antiguo Testamento, también constituye una enseñanza que habrá de verificarse en su propia persona: el anuncio de la resurrección. Los saduceos eran un grupo de judíos aferrados sobre todo a la letra escrita de la Ley. Se les puede describir como “conservadores”. Ellos negaban la resurrección, que en cambio era sostenida por los fariseos y por el mismo Jesús, aunque de un modo distinto. El caso que le plantean requería una explicación. Si se aceptaba la doctrina de la resurrección de los muertos, ¿cómo embonaría con la ley del levirato, que exigía que la viuda de un hombre que muriera sin dejar descendencia debería ser asumida por su hermano, para garantizarle descendencia? El argumento saduceo parecía reducir al absurdo la hipótesis de la resurrección. Sin embargo, Jesús trasciende la problemática planteada ubicándola en su cauce adecuado. La vida eterna existe, pero no debe mirarse a partir de la perspectiva terrena, sino a partir de Dios. Él es el dueño de la vida. Para Él todos viven. En la transformación que ha de llevarse a cabo para acceder a su dimensión, las leyes para conservar la vida no funcionan ya. Los hombres y las mujeres que alcanzan la bienaventuranza eterna son como ángeles e hijos de Dios, porque están enraizados de manera definitiva en la fuente misma de la vida.

 

Meditación

Lo enseñado por Jesús en el pasaje habría aún de ofrecer un nuevo nivel de comprensión con su propia resurrección. No se trata de una argumentación erudita. Se trata de la vida misma. Y para ello, en tiempos de Jesús, era necesario trascender la pura letra de las Escrituras para llegar a su verdadero sentido. La explicación definitiva que Jesús habría de dar a la cuestión planteada por los saduceos sería su propia resurrección. A partir de ella se entendería cabalmente el horizonte decisivo de la existencia humana. La vida no se vacía nunca, porque su fuente es Dios. Más aún, nuestra vida terrena está llamada a una transfiguración final. La muerte, el gran enigma de la humanidad, no es una desaparición inútil, sino un misterio que desemboca en el encuentro crucial con Dios. Ante su abrazo queda abierta la pregunta sobre el juicio personal, sobre el poder ser considerados dignos de él. El ámbito para ir cultivando una vida conforme a la Vida definitiva no es otro que el tiempo que se nos ha concedido peregrinar en este mundo.

 

Oración

¡Dios de la vida! ¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob! ¡Padre celeste, que resucitaste a tu Hijo Jesucristo de entre los muertos! En tus manos quiero encomendar mi espíritu en mi último suspiro. Confío plenamente en que Tú, que me has concedido esta vida, quieres sellarla finalmente con su transformación gloriosa. Ayúdame a dirigir mis decisiones al noble fin que has dispuesto para tus hijos, y poder ser considerado digno de una resurrección para la vida.

 

Contemplación

Admirado por la sangre que corre en mis venas, por la respiración que acompasa mi camino, por estar vivo, puedo exclamar con renovada conciencia: ¡Dios de vivos! ¡Dios de mi vida!

 

Acción

Daré gracias a Dios por el don de la vida. Cuidaré la vida que se me confía. Comprometeré mi vida por la causa de la vida en todas sus dimensiones y en todas sus etapas.

 

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4661Sun, 10 Nov 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina :Vayan y proclamenLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará. A los que crean, les acompañarán estas señales: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, cogerán serpientes con sus manos, y aunque beban un veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos sanarán”. (Mc 16, 15-18)

 

 

¿Qué dice el texto?

Este texto bíblico corresponde a la parte final del Evangelio según san Marcos, quien nos dice que la misión es un envío que consiste en anunciar a Cristo, que muriendo destruyó la muerte y resucitando nos dio una nueva vida. Esta misión no tiene fronteras, es decir, no es sólo para una nación o un país, o para un determinado grupo de personas; es universal, para todos.

Para san Marcos la expresión “proclamar el Evangelio” es muy significativa, pues en esta acción, no sólo se anuncia a Cristo, sino que es Cristo mismo quien se hace presente en el anuncio. Por ello son importantes las señales que Cristo promete que acompañarán a los que creen, pues ellas hablarán de la presencia de Cristo y su victoria sobre el mal; la Vida que vence todo signo de muerte. “Hablar lenguas nuevas” alude a la presencia del Espíritu Santo, quien suscita un camino de fe mediante el anuncio, lo mismo que “imponer las manos en los enfermos” alude a la caridad que debe procurar la Iglesia en favor de los hermanos más necesitados. Esta contemplación empuja a la misión y la oración se convierte en caridad. El Espíritu Santo que suscita testigos de Cristo.

 

¿Qué me dice el texto?

La misión de anunciar a Cristo no es una tarea exclusiva de los obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas. Es un don que Dios entrega a todos los bautizados. Por lo que podemos precisar, que la misión no es una obligación, sino la correspondencia al amor de Cristo; así que, ¡tú también eres misionero! Tal vez esto te haga preguntarte: Si soy padre o madre de familia, ¿cómo puedo ser misionero? Y tal vez de esto vengan todavía más preguntas: un político que fue bautizado, un policía, doctor, abogado, estudiante de primaria, preparatoria, universitario; ¿cómo pueden ser misioneros?

¡Y esto es lo extraordinario! Que la misión se desempeña allí donde tú estás. Tan sólo reflexiona un momento: qué pasaría si todos viviéramos nuestra fe, compartiéndola con acciones concretas, por ejemplo, la honestidad. Imagina, qué pasaría si aquel taxista decide no alterar su taxímetro por vivir su fe; o si aquel político se desviviera en la búsqueda del bien de la sociedad por amor a Cristo. O si aquel estudiante decidiera mejor preparar bien su examen que copiar a un compañero. Nuestra sociedad sería otra, ¿no crees? Esto es una parte de lo que significa ser misionero; y que se puede precisar así: traducir la fe en Cristo en tu vida, en tus obras; pues en la medida en que vives tu fe, te haces misionero, como expresó el Papa Benedicto XVI, serías un Evangelio vivo, donde los demás pueden leer en tu vida a Cristo. ¿A qué te impulsa vivir el Evangelio y en qué te comprometes?

 

¿Qué me hace decir el texto?

“Acompaña, oh Señor, a tus misioneros en las tierras por evangelizar, pon las palabras justas en sus labios, haz fructífero su trabajo”. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio. Amén.

(Oración del Papa Benedicto XVI, con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, el texto entre comillas, son palabras del teólogo John Henry Newman).

 

¿Qué me motiva a hacer el texto?

En nuestra Iglesia, hay misioneros que han consagrado su vida para llevar a Cristo donde aún no lo conocen. Seamos generosos compartiendo de lo poco que tenemos con ellos, a través de la limosna de este día; también, orando por su vocación y perseverancia, y comprometiéndonos a vivir el amor de Cristo para proclamarlo con nuestra vida.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4626Sun, 20 Oct 2013 00:00:00 GMT
“Ahora él goza de consuelo, mientras que tú sufres tormentos…”“Ahora él goza de consuelo,

mientras que tú sufres tormentos…”

 

Mons. Florencio Armando Colín Cruz *

 

Lectura

Este pasaje es uno de los textos en el que de manera específica se nos indica un lugar en el más allá, de paz y contemplación en el “Seno de Abraham” entre los ángeles, en contraste con otro que se describe en el abismo como un “lugar de tormentos”, entre torturas y llamas de fuego, y tanto uno como el otro son para siempre, por toda la eternidad. En este relato, que sólo nos narra san Lucas, Jesús se dirige a los fariseos como representantes de aquellos que aman el dinero y descuidan el camino verdadero (Lc 16, 14); quienes pensaban justificarse ante Dios y los hombres mediante el cumplimiento de una ley desviada (Lc 11, 37ss).

Esta parábola tiene dos partes, marcada por los dos personajes: Lázaro y el hombre rico, en donde la muerte define la sentencia del fin que cada uno ha forjado en esta vida. En la primera (Lc 16 19-26) se nos habla del cambio de situación que se da entre los hombres después de esta vida. Los bienes y los males se aplican a los distintos protagonistas que han definido así su futuro. En la descripción del más allá, el Evangelio de Lucas utiliza las imágenes aquellas del seno de Abrahán, el abismo, etc. que no pretenden darnos una información exhaustiva sobre la geografía del más allá, sino manifestar de manera urgente la justicia de Dios sobre el destino final de la vida humana.

En la segunda parte (Lc 16 27-31) se insiste en que la Escritura, de la que los fariseos eran considerados expertos, es el camino más seguro para la conversión. Pero el hombre rico fue sordo a sus demandas. Su vida no estaba enraizada en la Palabra de Dios.

Esta historia es una ilustración pedagógica y concreta de las bienaventuranzas y los “ayes” de Lc 6, 20-32. El reproche que se hace al rico es el de no saber compartir lo que tiene con los más necesitados. Ha perdido, incluso, una oportunidad de conversión por no haber escuchado a Moisés y los profetas, donde había encontrado muchas demandas de solidaridad para con los pobres, como en  Isaías 58, 7, que pide compartir el pan y la casa con el necesitado. Su pecado consiste en haber hecho de las riquezas su dios (Lc, 16 13). El mensaje es muy claro, la decisión de cada cual para seguir cualquiera de estas sendas es libre, pero entre los dos, hay un abismo infranqueable que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá porque las oportunidades ya se dieron. En este contexto, la parábola que nos presenta el Evangelio de hoy, nos invita a revisar si nuestra vida está puesta al servicio de los demás. Preguntémonos y compartamos esta pregunta: ¿En qué forma concreta he salido al encuentro de mi hermano indigente, necesitado, pobre, enfermo etc.?

 

Meditación

En este contexto, Jesús nos vuelve a recordar el peligro que conlleva el mal uso de las riquezas. La parábola del pobre Lázaro y del Hombre rico nos trasmite cómo el comportamiento del hombre puede conducir a la salvación o bien la condenación eterna después de esta vida. Lo peligroso es que la riqueza nos lleve a pensar solamente en nosotros mismos, a desear una vida cómoda y plácida, y no ver las necesidades de los que nos rodean: los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los peregrinos, los huérfanos, los enfermos.

Hermanos, evitemos a tiempo, hoy, aquí, ahora, no acercarse a ese muro o abismo de separación con aquellos hermanos que sufren carencias físicas, psicológicas o espirituales. Para evitarlo tenemos que seguir la enseñanza de Jesús, clara y tajante: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, hospedar al extraño, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado (Mt 25, 35).

El testimonio que el Evangelio pide a todo bautizado es la conversión, que compromete toda la existencia de quien ha optado seguir a Jesús como su discípulo misionero. El hombre rico no fue condenado sólo por su riqueza, sino porque no la compartió con el que necesitaba mucho más que él, con el que se estaba muriendo al lado de su puerta. ¿Qué tenemos que hacer hermanos?

 

Oración

Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.

“Señor Jesús: Ayúdame a relacionarme con quienes sufren por cualquier causa, para que, la necesidad de amar y ser amado que tengo, no sea superada, por el deseo de enriquecerme, y adquirir bienes que no necesito. Gracias, Jesús, por este mensaje tan claro y tan práctico. Quiero vivirlo, llevarlo a mi conducta, aunque me cueste. Quiero pensar que lo que tengo no es solamente mío, sino de aquellas personas que lo necesitan. Deseo sentirme solidario y caritativo con los que padecen alguna necesidad. Sabiendo que lo que hago a uno de mis hermanos, a Ti en persona te lo hago. Haz que, con mis actos, sea consecuente con esta enseñanza que me das en tu Evangelio”.

 

Contemplación                                                                                                                                  

Este momento nos lleva a contemplar a Jesús, que está presente en tantos marginados de nuestra sociedad. Él  me recuerda constantemente su mandamiento único: Ámense unos a otros como yo los he amado. Y nos ha amado hasta dar la vida por cada uno de nosotros.

Me contemplo a mí mismo, tan necesitado de ser coherente con la fe en Jesús y la caridad con el hermano. Me contemplo con mis fragilidades pero a la vez contemplo que el Señor me toma misericordiosamente de su mano y me anima a seguir luchando para ser mejor. Y me dice ven conmigo… sígueme.

 

Acción

Mas allá de que seamos ricos o no, todos tenemos algo para compartir, mucho o poco. Siempre podemos encontrar a alguien que tenga menos que nosotros. Estamos, creo, todavía a tiempo de escuchar a Moisés y a los profetas, porque ahora nos ha hablado el que le da plenitud a la ley y a los profetas y nos ha mostrado el camino hacia el cielo Jesús. Por tanto, agradeceré al Señor la vocación que me ha regalado para servir a los hermanos. Repetiré con frecuencia: Señor mío y Dios mío.

 

* Obispo Auxiliar de México

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4594Sun, 29 Sep 2013 00:00:00 GMT
“El que se enaltece será humillado”Lectura del Santo Evangelio

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les dijo esta parábola: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que los convidó a ti y al otro, y te dirá: ‘Cédele el puesto a éste’. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto para que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Y dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”. (Lc 14, 1. 7-14)

 

 

“El que se enaltece será humillado”

Mons. Salvador Martínez Ávila

 

Reflexión

En la enseñanza de este domingo vemos cómo aplicaba Jesús sus principios. Su recomendación de no buscar los primeros sitios en las fiestas responde al principio: “el que se ensalza a sí mismo será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Preguntémonos ¿De dónde sacaba Jesús estos principios?... el Señor aprendió de sus papás y de la Escritura muchos proverbios, los cuales pudo aplicar en su vida y le ayudaron. Pero este principio expresado en el texto de hoy parece ser una convicción personal adquirida de su propia experiencia. De la misa forma de ser del Señor, podemos observar que nuca peleó por primeros lugares o privilegios. Tampoco consta que perteneciera a algún grupo poderoso ni religioso ni político. Jesús rechazó las indagaciones que Herodes intentaba hacer sobre su persona y en general fue tenido más bien por amigo de publicanos y pecadores. En este punto puedo constatar que Jesús vivió según sus principios y esto le reportó una vida más íntegra; también podemos ver que era consciente de tener unos valores que compartir con otros para orientar su vida. Aquí me puedo preguntar, en primer lugar, ¿qué tan consciente soy de mis propios principios? No se trata de referirme a valores aceptados generalmente y que yo profeso para quedar bien; podemos preguntarnos, realmente ¿cuál o cuáles son las motivaciones de mi actuar, de mis palabras y sentimientos? La siguiente pregunta que me puedo hacer es si estas motivaciones profundas de mi obrar concuerdan con las del Señor Jesús.

 

Contemplación

San Ignacio de Loyola proponía a los ejercitantes espirituales un ejercicio de discernimiento que involucra la imaginación, y que nos ayuda a descubrir la verdadera o falsa bondad de nuestras elecciones. Propone que imaginemos que hemos muerto y estamos delante del Señor, justo y misericordioso juez. Entonces, ¿qué sentiría yo delante del Señor por haber elegido esto o haberlo rechazado? Si siento vergüenza de haber elegido, entonces lo correcto es el rechazo. Si siento vergüenza de haber rechazado, entonces lo correcto es haber aceptado. Aplicándolo a mis principios o motivaciones puedo hacer el mismo ejercicio: colocándome delante del Justo Juez, ¿este principio que guía mi obrar me avergüenza? En caso de ser así es importante que renuncie a él. Si, por el contrario, siento alegría y paz entonces este principio debe seguir iluminando mi obrar.

 

Oración

Señor Jesús, cuando nos hablabas de “velar y orar” a lo largo de la vida, ahora vengo a comprender que me pides que valore los principios por los que guío mis palabras y acciones. Muchas veces he tomado decisiones según formas de ser que me han funcionado, que me han proporcionado éxito. Pero al mirarlas de frente a Ti, me han causado vergüenza, tristeza. Muchas veces me ha importado más el resultado, aunque los medios sean agresivos o no apegados a la verdad. Otras veces he preferido estar con mis cosas que estar con mis seres queridos, siendo que las personas son transparencia de Ti, más que las cosas. Mi buen Jesús, te acepto como mi guía y maestro, concédeme aceptar tus principios y encontrar en ellos la fuente de verdad y de felicidad para mí y para todos los que me rodean. Amén

 

Compromiso

Una vez que he descubierto zonas de mi persona a mejorar o aspectos a transformar de fondo, puedo hacer un programa no mayor de un mes para atender cada aspecto.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4567Sun, 01 Sep 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “He venido a traer fuego a la tierra y cuanto desearía que ya estuviera ardiendo”Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”. (Lc 12, 49-53).

 

 

“He venido a traer fuego a la tierra

y cuanto desearía que ya estuviera ardiendo”

 

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

El texto enuncia dos conceptos de suma importancia: bautismo y fuego. Por una parte, con el término bautismo se subraya que Jesús será sumergido en las aguas del dolor y de la muerte para expresar su fidelidad a la voluntad del Padre y dar a conocer su inmenso amor y misericordia hacia la humanidad.

Con el término fuego, se hace referencia al poder de Dios que purifica. En este sentido, parte de la misión de Jesús está en purificar a la comunidad de Israel, completando lo que es bueno y destruyendo lo que está corrupto. Así, con estas dos expresiones simbólicas, Jesús da un significado profético a su muerte violenta revelando el Juicio de Dios.

 

¿Qué me dice el texto?

En el fuego de la purificación está aquella fuerza que destruye con dolor el mundo viejo; es la entrega total del Señor a través de su Pasión y Muerte, cuya Resurrección dona al hombre el perdón y lo eleva a la gracia de ser hijo.

Por eso, contemplar la Cruz de Cristo es entrar en este fuego devorador fundado en el amor y la misericordia, que ahuyenta todo egoísmo y lava todo pecado. Es, desde esta Cruz, de la que subyace la auténtica Paz de reconciliación con Dios y con los hermanos; por eso, provoca la división porque no es una “paz barata” que “solapa” una vida hipócrita. La Paz es Cristo mismo, quien es el Juicio para superar todo “pacifismo aparente” que encubre estructuras de injusticia, y despedazar toda “falsa justicia” protegida por leyes humanas vinculadas al egoísmo que atentan contra la vida, la familia, el bien común y la dignidad de la persona.

Seguir a Cristo conlleva, entonces, la mirada constante al «Traspasado» para purificar y renovar nuestra vida sin olvidar las exigencias de esta elección, en la que se entrelazan la libertad divina y la libertad humana.

 

¿Qué me hace decir el texto?

Padre, que en la Cruz de tu Hijo, signo de contradicción, revelas los secretos de los corazones, haz que la humanidad no repita el trágico rechazo de la verdad y de la gracia, sino que sepa discernir los signos de los tiempos para crear lazos de fraternidad y de justicia. Que tu amor sea más fuerte que todas las dificultades y el perdón cure todas nuestras heridas. Amén.

 

¿Qué me motiva hacer el texto?

Más que admiración y reverencia, Jesús exige de nosotros conversión y decisión. No podemos seguir siendo cristianos de “deseo” (deseo ser una buena persona, deseo dejar de beber, deseo dejar de ser infiel, deseo…), tenemos que ser cristianos de “voluntad”: pues en el fuego de su amor se va quemando todo tipo de falsedad y de mediocridad.

No contentes tu conciencia con una pequeña obra buena; no hagas lo mínimo para que sientas que eres un buen cristiano. ¿Qué es lo máximo que puedes hacer como cristiano? ¿Qué te exige Cristo en la Cruz? ¿Qué es lo que le pides que purifique en ti para que vivas con dignidad su amor? ¿A qué te comprometes con este fragmento del Evangelio?

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4546Sun, 18 Aug 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: No temas rebañito míoLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño, porque su Padre ha tenido a bien darles el Reino. Vedan sus bienes y den limosna; hagan talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está su tesoro allí estará también su corazón. Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes están como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprendan que si supiera el dueño de LA casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre”.

Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”. (Lc12, 32-48)

 

 

No temas, rebañito mío

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

Las palabras de Jesús al mismo tiempo le transmiten a sus discípulos la dulzura de Dios y la fidelidad responsable que espera de ellos. “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino”. Y también: “Al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más”. Entre tanto, una instrucción sobre el cuidado del corazón y la disposición vigilante para el servicio: “Acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba”, y “estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas”. La variedad de estas indicaciones se explica mejor si recordamos que Jesús va con sus discípulos de camino, y se dirige a Jerusalén. Cada paso del Maestro es una lección para los discípulos, una pista para el seguimiento que mantiene su vigencia.

 

Meditación

El que ha conocido a Jesús, entiende la ternura divina. Sabe que del Padre providente sólo pueden provenir cosas buenas, que Cristo nos invita con suaves palabras a entregarnos a su abrazo, y que el único tesoro que hemos de proteger es el del Reino, el de las cosas de Dios. Entiende también que el Señor nos marca el paso, y que en la medida en que entramos en familiaridad con Él, nos va confiando mayormente el cuidado de su propia obra, el servicio de su casa. Él toma distancia aparentemente de nuestro lado, sólo para darnos ocasión de perseverar en la fidelidad, de que hagamos buen uso de los dones que hemos recibido, que proceden, finalmente, de Él. La revisión de la responsabilidad sólo puede realizarse desde la ternura, pues si no nos entenderíamos como soldados y no como amigos; pero la amistad también ha de evaluarse desde el gesto de confianza que se ha tenido con nosotros, al permitírsenos participar, en la libertad, de la acción redentora de Jesucristo, como piedras vivas de la comunidad eclesial.

 

Oración

Jesús, tu vara y tu cayado me dan seguridad. Sé que no puedo detenerme a holgazanear en esta ruta, ni distraer a tus otras ovejas con mis torpezas. Tu voz es nítida, fuerte y cálida. Nos invitas a no temer, pero no nos permites escabullirnos de las responsabilidades. Has confiado en Pedro, has confiado en mí. Nada nos separa de las multitudes sino tu propia solicitud por ellas, de la que nos concedes participar. El tesoro es para todos, y yo he sido llamado a ayudar para que muchos puedan descubrirlo. En él está la fuente de la alegría, y vale la pena continuar en la labor, hasta el tiempo de la cosecha. Concédeme ser fiel, con un corazón despierto y vigilante.

 

Contemplación

¡Cuánta delicadeza expresan las palabras de Jesús! A la mitad del camino, cuando el destino resulta aún remoto, cuando el punto de partida ha quedado claramente atrás, cuando el desánimo parece apoderarse del caminante, cuando el sendero tiene la apariencia sombría de lo desconocido, ¡qué confortante es escuchar el timbre amado que nos murmura como una caricia: “No temas, rebañito mío”! Aquí está Él, y avanzamos juntos, con Él.

 

Acción

En esa misma dulzura hay una encomienda: multiplica el ánimo que has recibido, confortando a quienes están a tu lado. Y soy fiel, y sigo aquí, a tu lado. Muéstrale a quienes caminan contigo mi fidelidad. Mucho has recibido, como heredero del Reino. Mucho espero también de ti.

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4527Sun, 11 Aug 2013 00:00:00 GMT
Estén alegres porque sus nombres están inscritos en el cieloLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Pónganse en camino! Miren que los mando como corderos en medio de lobos. No lleven talega, ni alforja, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: ‘Paz a esta casa’. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes. Quédense en la misma casa, coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No anden cambiando de casa. Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y digan: ‘Está cerca de ustedes el reino de Dios’.  Cuando entrenen a un pueblo y no los reciban, salgan a la plaza y digan: ‘Hasta el polvo de su pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre ustedes. De todos modos, sepan que está cerca el reino de Dios’. Les digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo”. 

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren: les he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no les hará daño alguno. Sin embargo, no estén alegres porque se les someten los espíritus; estén alegres porque sus nombres están inscritos en el cielo”. (Lc 10, 1-12. 17-20)


Estén alegres porque sus nombres están inscritos en el cielo


Reflexión
Después de leer varias veces el pasaje evangélico de este domingo le invito a reflexionar cómo Jesús fue considerando que los seguidores no quedarían siempre quietos mirando sus obras y escuchando sus discursos sino que, llegado el momento oportuno, los envió a dar testimonio de palabra y obra. Una primera pregunta de profundización que me parece interesante es si los discípulos se habrían sorprendido o no de aquel envío… (silencio para escuchar interiormente) El evangelista no nos reporta nada de la reacción inmediata al mandato del Señor, pero sí nos narra cómo regresaron muy contentos de que todo aquello a lo que los había enviado se había cumplido. Los setenta y dos enviados en parejas habían aprendido viendo a Jesús imponer las manos, habían escuchado repetidamente sus discursos evangelizadores; por esa parte podemos pensar que los envió a repetir lo que ya habían presenciado. 

Tal vez resultaba más difícil creer que la propia imposición de manos lograría el mismo efecto de lo que hacía el Señor. Sin duda es un asunto de fe, los enviados creyeron que el envío de Jesús también los capacitaba para hacer las obras que les pidió que hicieran. Ahora bien ¿Esta autoridad de predicar y realizar signos quedó confinada a aquellos momentos o también ha llegado a nuestros días, de tal manera que nosotros también lo podamos hacer?... En efecto, los papás tienen la encomienda de ir delante de Jesús en la evangelización de sus hijos y el Señor les da la potestad de otorgarles la salud y la paz, la bendición de ellos es efectiva. 

Otro ambiente de actividad evangelizadora es aquella del servicio a los más desamparados, visita de enfermos y ancianos, cuidado y educación de niños huérfanos o de familias en gran pobreza, apoyo a madres solteras o en riesgo, etc… El Evangelio no tiene fronteras por razón de condiciones económicas ni políticas ni culturales. Tal vez en nuestra época podríamos caer en la tentación de pensar que Jesús, directamente, lo deba hacer todo, o al menos los sacerdotes. 

Contemplación
Pasemos ahora a un ejercicio de apropiación del envío. Con ayuda de la imaginación pongámonos en el lugar de uno de aquellos setenta y dos, y sintamos el discurso de Jesús dicho directamente a mí, puedo releer el texto tratando de apropiarlo… ¿Cuáles son las emociones que me provoca el ser enviado por el Señor? ¿Me siento capaz de asumir esta responsabilidad?... Ahora puedo detenerme a considerar la autoridad con que el Señor nos reviste para hacer el bien, ser portadores de paz y salud a muchas personas. Desde que fuimos bautizados tenemos el Espíritu Santo que nos capacita para toda clase de obras buenas.

Oración
Señor, aunque no lo esperaba, hoy me has lanzado a ser tu precursor. El mundo necesita una intervención poderosa de tu Parte, pero sería mezquino pensar que tu intervención sea para destruir a todos. Al contrario, si hoy me envías para llevar paz, salud, y un mensaje de buena noticia, podemos esperar que Tú sigues viniendo para salvar a la humanidad. Pero quieres que yo vaya delante de Ti y me has revestido de tus dones para hablar con autoridad y hacer muchas obras buenas, aunque no todas llamativas o anormales. Quiero creer, mi Jesús, que me invitas a colaborar en lo cotidiano convirtiéndome en tu instrumento en medio del mundo como es: lleno de prisas, de retos, contrariedades, etc… Es allí donde más se necesita tu Palabra y tu acción. Esto lo pido a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso
Durante esta semana en mi hogar y en mi lugar de trabajo daré signos positivos de ánimo y paz. A mis hijos los bendeciré antes de que salgan a la calle y visitaré a un familiar que se encuentre enfermo o muy solo.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4497Sun, 07 Jul 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina :“El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios…”Lectura del Santo Evangelio
El texto a meditar en este día es el del Evangelio de San Lc 9, 51-62. Escuchémoslo atentamente y hagamos nuestro su contenido (Se lee de manera pausada el texto).

 “El que empuña el arado y mira hacia atrás, 
no sirve para el Reino de Dios…”

Mons. Florencio Armando Colín Cruz
Obispo Auxiliar de México

¿Qué dice el Texto?
El texto tomado del Evangelio de san Lucas para este domingo XIII se encuentra al inicio de la nueva fase de la actividad de Jesús. Los frecuentes conflictos de mentalidad con el pueblo y con las autoridades religiosas (Lc 4,28; 5,21.30; 6,2.7; 7,19.23.33-34.39) sitúan a Jesús en el camino del Mesías-Siervo, delineado por Isaías (Is 50, 4-9; 53,12) y asumido por Él desde el inicio de su actividad apostólica (Lc 4,18). 
Se introduce entonces, el viaje de Jesús hacia Jerusalén mostrando ahora el rechazo de los samaritanos. En la aldea (poblado) de los samaritanos, Jesús comienza a anunciar su Pasión y Muerte (Lc 9,22.43-44) y decide ir a Jerusalén (Lc 9, 51). 

San Lucas propone toda la actividad de Jesús bajo el signo de contraste y rechazo. Este cambio de ruta de los acontecimientos produce una crisis en los discípulos (Mc 8, 31-33). Ellos no lo entienden y tienen miedo (Lc 9, 45), puesto que en ellos continúa dominando la mentalidad antigua del Mesías glorioso. 

En esta sección se describen varios episodios en los cuales aflora la antigua mentalidad de los discípulos: el deseo de ser el más grande e importante. (Lc 9, 46-48); voluntad de controlar el uso del nombre de Jesús (Lc 9, 49-50); reacción violenta de Santiago y Juan delante al rechazo de los samaritanos (Lc 9, 51-55).

Lucas indica también como Jesús se esfuerza por hacer entender a sus discípulos la nueva idea de su misión, que implica su seguimiento radical. De ahora en adelante, en esta sección del Evangelio de san Lucas, todo ha de ser definido en base al como pondrá delante a Jesús que camina hacia Jerusalén. Estos textos pueden ayudar a profundizar: 2Re 2, 9-11; Mc 16, 19; Hech 1, 2.10-11; 1Tm 3,16; Jn 4, 9; 7, 39; 12,16.23; Mt 10,5; Lc 10,33-37; 17,16-19; Hech 8,5-25; Mc 3,16-17 ; Lc 14,26; 1Re 19,19-21; Fil 3,13.

¿Qué me dice este texto?
Este segundo momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a los participantes a leer de nuevo el texto, y a dar respuesta personal.

Este pasaje inicia en Lc 9, 51, que hace las veces de una introducción al viaje de Jesús a Jerusalén y nos da a conocer su horizonte teológico. Estamos acercándonos al cumplimiento del plan de Dios que inaugura una nueva etapa de la historia de salvación. Se trata de la partida (el griego dice asunción) de Jesús, del paso hacia el Padre. A través del término partida se evocan seguramente su Muerte y Resurrección, el conjunto del misterio pascual. 

Jesús, que ha iniciado el camino que le lleva hacia la muerte, y expresa en estos tres diálogos el riesgo y la urgencia del seguimiento. Él había sido rechazado por sus paisanos en su tierra natal (Lc 4, 16-30), y en este pasaje por los samaritanos. Su situación –nos dice el primer diálogo– es la del solitario que no tiene un lugar propio, ni seguridades materiales o afectivas. En el segundo diálogo, Jesús es el que se dirige a otro para que le siga. Pero éste se escuda en un deber importante de todo judío: enterrar a su padre (2 Re 9, 10; Jer 16, 4). No se ha dado cuenta de que el anuncio del reino, al que es invitado por Jesús, pasa por delante de todos los deberes humanos. Los muertos (los que son insensibles a la llamada de Jesús) enterrarán a los muertos. En el tercer caso, alguien expone el deseo de seguirle, pero pretende primero despedirse de los suyos, como hizo Eliseo cuando recibió la llamada de Elías para ser su discípulo (1 Re 19, 19-21). Pero Jesús es más exigente que Elías. El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el reino de Dios.(Lc 9, 62)

Al presentar al comienzo del viaje a Jerusalén estas exigencias radicales del seguimiento, Lucas quiere advertir a los discípulos sobre la seriedad del camino que van a emprender con Jesús, el camino de la cruz, hasta la muerte. Es una advertencia que vale para los discípulos de cualquier época que toman la decisión de seguir a Jesús. 

En los tres casos el énfasis está puesto en la novedad del Evangelio y la misión en contraste con la estrechez de miras de quienes desean ser parte del proyecto pero no asumen la totalidad del desafío. Nos preguntamos: ¿Serían tan solo excusas para eludir la responsabilidad que nos indica el Evangelio? ¿Estamos ante personas bienintencionadas pero erradas en su proyecto? El pasaje parece señalarnos que cualquiera que sea la razón, lo que el Señor pide es una entrega plena de lo que somos, y no la pequeña porción de nuestra vida que nos parece útil entregarle.

¿Qué le digo al Señor?
En la oración, me dejo cuestionar por Él, que me interpela: ¿Qué tanto me esmero por seguir radicalmente a Jesús? ¿Qué signos voy descubriendo en mi vida que me hacen entender que voy por el camino correcto? Repitamos: “Señor Jesús, quiero seguirte de manera total. Pero a veces mis dudas y mis miedos surgen inesperadamente y eso es lo que empaña mi camino. Necesito saber si tú estás contento conmigo y es lo que quieres de mi Señor. Pues solo tu Señor puedes mostrarnos la senda verdadera que conduce a la vida. Solo Tú tienes palabras de vida eterna. Amén.  


¿Qué compromiso puedo hacer?
En este último paso, al cerrar mis ojos, contemplo como Jesús interpela a aquellos a los que llama para el anuncio del reino de Dios y vemos la reacción de cada uno, tal vez de sorpresa, de desánimo, de decisión etc. Nos preguntamos: ¿Cómo podremos animar a otros a sumarse al seguimiento de Jesús? Más creo que cada uno de nosotros hemos de emprender el camino hacia Jerusalén, para llegar al cielo, al encuentro definitivo y pleno con Dios. Al celebrar el Año de la Fe y ya cercanos la Jornada Mundial de la Juventud, esto nos lleva a asumir y redoblar nuestro compromiso misionero que es la encomienda que el Señor nos hace hoy. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4474Sun, 30 Jun 2013 00:00:00 GMT
“La cruz de cada día”Lectura del Santo Evangelio
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas”. Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro tomó la palabra y dijo: “El Mesías de Dios”. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”. Y, dirigiéndose a todos, dijo: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa la salvará”. (Lc 9, 18-24)



Meditación
El texto de este domingo, conocido como “La profesión de fe de Pedro”, se sitúa dentro del anuncio del Reino de Dios en el Evangelio de Lucas; comenzado por el discurso en la sinagoga de Nazareth, seguido por la elección de los discípulos y acompañado de una serie de señales, de milagros realizados por Jesús. 
Concretamente, antes de este texto, en el mismo capítulo 9, acaba de realizar la multiplicación de los panes; Jesús, que les venía hablando de lo que implicaba la misión de quienes lo quisieran seguir, retoma el tema diciendo, “denles ustedes de comer” (Lc 9,13). Difícil de entender seguramente para los discípulos, porque apenas diez versículos antes les indicaba que no llevaran ni pan, ni dinero, ni nada para el viaje.
Leemos en el texto de este domingo lo que implica la misión de seguir a Cristo. Se requiere: negarse a sí mismo, tomar la cruz de cada día y entonces sí, ¡seguirlo!

Contemplación
Recapitulando, si Jesús les pide primero que no lleven nada de recursos materiales, pan, dinero, dos túnicas, etcétera, y luego les pide que den de comer a multitudes, podemos entender el porqué de la pregunta y la necesidad de profesar claramente la fe antes de emprender la maravillosa aventura de la evangelización. Quería, tal vez, cerciorarse antes que estaban claros de que Él era el Mesías, el ungido de Dios.
El Papa Emérito Benedicto XVI llegaba a la misma conclusión al final de la primera parte de su encíclica: Dios es Amor (Deus Caritas est) al afirmar: “al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita” (DCE 18)
Con lo anterior, podemos concluir que aquellos que queramos seguir a Jesús no podemos estar buscando la propia gloria, el beneficio o interés personal, tal vez sea así para otros, pero no para el cristiano; nuestros intereses personales, cuando no están en sintonía con la voluntad de Dios, se convierten en un obstáculo para la relación con Él y para la relación con el hermano.
Cuántas veces no hemos visto a personas que, apenas se les pide cuentas de cómo han administrado las tareas y recursos que les fueron confiados, y caen enfermos; casi milagrosamente después de gozar de salud y viajar, se encuentran ahora necesitados de la mayor vigilancia y cuidado médico, porque está en riesgo su salud. ¡Claro!, porque el que se busque a sí mismo, se perderá, pero quien empeñe su vida por la causa de Cristo y del Evangelio, del amor y servicio a los otros, vivirá en abundancia.

Oración
Señor, te pido por favor que lo que me has encomendado en esta vida lo pueda realizar con honestidad, con transparencia; que no llegue a poner en primer lugar mis intereses antes que los de tu amor y tu Reino. Que pueda tomar mi cruz de cada día, como el pan que Tú nos das.

Acción
Esta semana busquemos ayudar a que en nuestro trabajo, parroquia, escuela, etc. hagamos lo que nos corresponde y no sólo lo que convenga a nuestros intereses y así,  podamos llevar detrás de Jesús, nuestra cruz de cada día.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4447Sun, 23 Jun 2013 00:00:00 GMT
¿Quién de los dos le amará más?Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora”. Jesús tomó la palabra y le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. Él respondió: “Dímelo, maestro”. Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?” Simón contestó: "Supongo que aquel a quien le perdonó más". Jesús le dijo: “Has juzgado rectamente”. Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama”. Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: “¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?”. Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”. Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. (Lucas 7, 36-8, 3)


Lectura: ¿Qué dice el texto?
El texto es un bellísimo canto que ilustra el arrepentimiento humano y el perdón divino. Una mujer pecadora que no es invitada a la comida con Jesús, se acerca con humildad para vivir la misericordia de Dios. Los gestos de lavar, enjugar, besar y perfumar los pies de Jesús son un signo de un profundo amor, que muestra la sinceridad del arrepentimiento. 

La mujer, que nos narra el evangelista, muestra una espiritualidad de agradecimiento, caracterizada por la humildad y la sencillez; mismas que no la cierran en su dolor por los pecados cometidos, sino que la abre a una experiencia de amor con aquella gracia especial de “tocar” al Hijo de Dios. Por su parte, Simón el fariseo muestra una “espiritualidad deficiente” porque es orgullosa y autosuficiente; consecuencia de aquella pésima interpretación de que el “obrar bien” da el derecho de juzgar la vida de los demás.
Meditación: ¿Qué me dice el texto?

Jesús ha otorgado una “gracia” especial a la mujer: dejó tocarse por ella; así Jesús termina con el pasado de la miseria interior de la mujer, pero también termina con el perfeccionismo hipócrita de Simón, quien se cree sano a causa de sus obras.
Pero, ¿de quién es en realidad juez, Simón el fariseo? Esta es la respuesta dramática que nos ofrece el evangelista Lucas, pues Simón juzga la vida de la mujer para condenar a Jesús: “Si éste fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que le está tocando”. 

Por otra parte, el fariseo está en su casa, de la cual es dueño; y por su observancia de la Ley y una vida correcta, piensa que le da también el derecho de ser el “dueño del amor de Dios”, el cual, solo debe ser vivido por los justos y no por los pecadores. Por esta razón, Jesús en su misericordia, le revela no solo su hostilidad en el juzgar a la mujer, sino sobre todo en el “amor compasivo” de Dios ofrecido en su Hijo, abierto para todos sin distinción alguna. 

Por último, es significativo que la mujer, sea presentada en el anonimato, tal vez porque en ella están todos los hombres y mujeres que tienen necesidad del perdón de Dios, y con humildad se acercan a vivirlo “tocando el corazón” de Cristo.
Oración: ¿Qué me hace decir el texto?

Señor Jesús, en aquellos labios impuros de la mujer están los míos, no merezco besarte los pies, más sé que me otorgas la gracia de hacerlo; por eso, te suplico que me concedas un corazón dócil dispuesto a encontrarte para vivir en tu perdón que transforma y cambia la vida no para convertirme en juez, sino para lavar, enjugar, besar y perfumar los pies de mis hermanos. Ayúdanos, a no ser cristianos de formalismos, sino cristianos agradecidos y convencidos de que sólo tu amor es digno de fe. Amén. 

Acción: ¿Qué me motiva a hacer el texto?
a) El Señor se deja “tocar” por ti. Te propongo que vuelvas a leer el texto evangélico, y te confrontes con Simón el fariseo y con la mujer arrepentida. ¿Cuáles son los rasgos de ambos que se reflejan en tu vida? ¿De qué le pedirías perdón al Señor? 
b) La mujer no habla, actúa. ¿Cuáles serían los actos que deberías realizar para vivir el perdón de Dios con tus semejantes? 
c) Seguramente, en alguna ocasión te has lamentado por la falta de testimonio que damos como cristianos. Nos convertimos en jueces para descalificar y condenar. Pero, ¿qué estás haciendo por ti para vivir la fe en el amor y por ese hermano que te ha escandalizado? 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4425Domingo 16 de Junio de 2012
Lectio Divina : No LloresLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, iba Jesús camino a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y mucha gente. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla, al Señor le dio lástima y le dijo: “No llores”. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: “¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!” El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: “Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera. (Lucas 7, 11-17).


Lectura
Un pequeño poblado. Insignificante a los ojos del mundo. Naím. También allí hay lágrimas. Situaciones trágicas, conmovedoras, marcan su impronta de dramatismo humano. Jesús llega, acompañado de un grupo grande de discípulos, y se encuentra con que sacaban a enterrar a un muerto. Ya esto nos habla del dolor, del desconcierto hiriente de la caducidad en su más clara expresión. Pero hay más: el muerto es el hijo único de una viuda. Una mujer a la que, a la profunda pena de la pérdida, se añade el peso del desamparo. ¿Quién velará ahora por ella? Al verla, Jesús se conmovió, y de su compasión brotó una palabra solidaria y consoladora: “No llores”. Enseguida detuvo a los que lo llevaban –en un gesto que no podía sino considerarse sorprendente–, rompiendo el ritmo del luto. “Joven –le dijo–, yo te lo mando: levántate”. Y el que había muerto se puso de pié y comenzó a hablar. Jesús, entonces, se lo entregó a su madre.

Meditación
Jesús conjuga la autoridad con la compasión. Su palabra está llena de energía, pero no tiene el revestimiento frío con el que frecuentemente asociamos al poder. Con todo el timbre de su autoridad, capaz incluso de levantar a los muertos, puede pronunciar el más dulce: “No llores”. “¡No llores!” Cuántas veces nos hace falta escuchar esa expresión. A veces, sin embargo, la acompaña un tono enojoso o indiferente; otras, una buena intención incapaz de aportar auténtico alivio. Los labios de Jesús, en cambio, emiten la voz del verdadero consuelo. Pero al hacerlo, nos permite entender también quién es Él, Señor de la vida y de la muerte. Y adelanta, en este milagro conmovedor, la gran buena noticia de su propia resurrección. Es, así, una acción profética, que adelanta la Pascua de Cristo y proyecta el horizonte consolador de la esperanza cristiana. Sólo Jesús puede interrumpir la cadencia dolorida de la historia humana, impregnada de frustraciones y de lágrimas, aportándole la fuerza consoladora de su amor.

Oración
¡Jesús! En medio de nuestras lágrimas, tú sigues vibrando con solidaridad amorosa. Vences con tu cariño la tentación de claudicar y desesperarnos. Nos invitas a no llorar no para bloquear el caudal de dolor que a veces acumulamos, el futuro oscuro que parece imponérsenos, sino para descubrir que Tú estás ahí, y que tu palabra es poderosa y está llena de amor. Vuelves a poner futuro y protección en el regazo de nuestra vida, sobre todo cuando todo parece haber terminado. La eficacia de tu consuelo –¡tu Espíritu!– nos hace fuertes con tu propia fortaleza, nos sensibiliza con tu propio amor. Permítenos profesar una fe íntegra, que reconozca en ti al Dios que visita a su pueblo y lo unge con el aceite de la esperanza.

Contemplación
En el rincón de mi existencia sigue cundiendo esa misma palabra: “No llores”. Y también: “Levántate”. Puedo confiar en el Señor.

Acción
Si Dios me ofrece en Cristo su consuelo, es también para que yo lo extienda entre mis hermanos. Seré instrumento de esperanza, sobre todo ahí donde parece reinar el desamparo y la soledad.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4396Sun, 09 Jun 2013 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos. Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que Tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: “¡Ve!” y va; a otro: “¡Ven!” y viene; y a mi criado: “¡Haz esto!”, y lo hace”. Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano. (Lucas 7,1-10) 

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa”


Meditación
Hemos leído un relato o episodio de milagro donde ciertamente es importante la sanación del siervo del centurión. Sin embargo, también es muy importante que nos detengamos en el fenómeno de la fe. Muchas veces pensamos que la fe es asunto religioso, al parecer la intervención del militar frente a Jesús: “basta con que lo mandes de palabra y mi criado quedará sano”, nos lleva a pensar que es una realidad más humana y que ejercemos cotidianamente. A este respecto, podemos preguntarnos y preguntarlo en oración: ¿Señor qué tanto tiene que ver la confianza o la disciplina con el tema de la fe? El centurión estaba acostumbrado al ejercicio ordenado o disciplinado del poder, los superiores, los poderosos ordenan y aquello que mandan se pone por obra. Así pues, aquel hombre confiaba que Jesús tenía la autoridad suficiente para mandar la sanación de su servidor ¿De dónde nació esta fe (confianza) del centurión? Podemos pensar que él había presenciado algún milagro en la plaza, o bien conocía a otras personas que habían recibido beneficios curativos de parte del Señor. Tal vez la mentalidad castrense del centurión le ayudó a ser íntegro de carácter, de tal manera que una vez decidido a confiar en Jesús le brindó toda su adhesión. Para poder comprender este nivel de confianza me parece también importante considerar un cierto nivel de admiración de parte del soldado a Jesús, cuando cada uno de nosotros considera a otra persona como muy valiosa, entonces puede uno decir que le tiene fe. Y yo ¿qué tanto soy capaz de confiar? Cuando escucho a otros hablar de Jesús o de Dios ¿Qué nivel de admiración me provocan sus palabras? ¿Mi fe ha llegado a ser una forma de relación personal con Jesús o, más bien, es la adhesión teórica a una serie de verdades doctrinales y mandamientos morales? Jesús alabó la actitud de aquel centurión y, más aún, dijo que en Israel nadie había manifestado tal fe. 

Contemplación
Una vez que me he introducido en este tema de la confianza y la admiración por Jesús, hagamos un ejercicio apoyados por la imaginación. Coloquémonos en la presencia de Jesús, este galileo que caminaba por las calles de Cafarnaúm. Puedo imaginar que lo encuentro de frente, parados frente a frente y ahora quiero reproducir la experiencia emotiva del centurión. ¿Qué habrá sentido este hombre por el Señor?... Así puedo permanecer un rato, si viene alguna distracción basta con retomar con la imaginación el encuentro y reproducir la experiencia emotiva… ¿Cómo admiro a Jesús?... ¿cómo experimento la integridad de mi confianza en Él?...

Oración
Después de los primeros pasos ahora nos disponemos a un diálogo con Él. La oración a continuación es una propuesta, tal vez usted también pueda elaborar un diálogo con el Señor a su propia manera. Señor Jesús, desde mi infancia me hablaron de Ti. Me contaron muchos milagros, el gran amor que implicó tu entrega a la muerte en la Cruz, para salvarnos de nuestros pecados. Pero hoy, ante el testimonio de aquel soldado me detengo a pensar que he dedicado poco tiempo a dejar que en mi corazón crezca la admiración por Ti y por tu obra. Muchas ocasiones me distraigo y me dejo llevar por la crítica y el encuentro contigo se arruina como si llegando a tu presencia y habiendo saludado volteara mi rostro hacia alguien más y ya no te pusiera atención. Sin embargo, en este momento, unido a la experiencia de aquel hombre me ha impresionado tu persona, tu autoridad y tu poder que de ninguna manera me amenaza de muerte sino que me da vida. Deseo, mi Señor, adherirme a Ti con integridad de tal manera que todo aquello que te pida esté cierto que Tú me lo concederás si es para bien y vida. Amén

Compromiso
Para concluir nuestra lectio podemos hacernos el propósito de vivir más confiando en el Señor. Me refiero a poner delante de Él nuestras penas y trabajos, en particular pedir por aquellos que nos rodean con la firme convicción de que al Señor le importamos y está pronto para escucharnos.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4378Sun, 02 Jun 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: La competenciaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por decirles, pero no pueden cargar con ellas por ahora; cuando venga el Espíritu de la verdad, les guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que les irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío y se los anunciará” (Jn 16, 12-15)


Meditación 
El texto que escuchamos en la solemnidad de la Santísima Trinidad va en perfecta consonancia con el proclamado el domingo pasado: los dos tratan sobre el don del Espíritu Santo.

El Evangelio de Juan inicia en el capítulo 13 una sección que algunos han llamado “la hora de Jesús”, explicando que el momento de Jesús, ahora sí, ha llegado. Es el momento de pasar al Padre y el momento de comunicar al Espíritu Santo. Para ello, ama a sus discípulos hasta el fin, o como dice una traducción que me gusta más, “los amó hasta el extremo”, al extremo de sus posibilidades. (Jn. 13,1).

En el capítulo 14 y 15 se nos habla de que Jesús y su Padre son uno; así, los discípulos que se mantengan unidos a Jesús, como los sarmientos a la Vid, estarán, permanecerán con Él y con su Padre.

Es entonces que Jesús puede partir, una vez que no deja desamparados a los suyos, a los que su Padre le ha dado, le ha confiado. Incluso, menciona: “les conviene que me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito” (Jn. 16,7).

La palabra Paráclito se puede traducir como: el que asiste en un llamado de auxilio, el abogado, el defensor, intercesor, que consuela.

Contemplación
Hace algunos años sucedió una desgracia en el país y por el trabajo que realizo en Cáritas, me invitaron a colaborar con otras instituciones para atender a las personas que sufrieron ese desastre. 

De repente, alguien opinó: “¿Y por qué no invitamos a la otra cadena de televisión, a las demás radiodifusoras, organizaciones, empresas?” A lo que otra persona respondió con cínica destreza: “¡Porque ellos son la competencia!”
Con el texto que hemos escuchado este domingo, me pongo a pensar que en el mundo cotidiano en realidad así actuamos todos, “como defendiendo una franquicia”, una posición, un grupo o institución; sin embargo, la relación que hay en la Trinidad nos da mucho que aprender, porque no puedo imaginarme a Jesús triste, diciendo que se va, que aunque viniera el Espíritu Santo, no sería lo mismo, porque él nos va a extrañar y que aunque vaya al Padre, siempre nos llevará consigo. 

¡NO!, no es así, sino todo lo contrario; Jesús se va contento, feliz, porque sabe que Él realizó su misión, la parte que le tocaba, su hora llegó, él respondió y ahora es el tiempo del Espíritu Santo.
Qué gran lección para nosotros los católicos, pero también para mi trabajo, para la escuela, para la política y la sociedad en general. 
Ojalá que todos pudiéramos realizar lo que nos corresponde, no compitiendo, sino sumando todas nuestras fuerzas al amor, a lo bueno, a lo que es justo.

Oración
“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, envía Señor tu Espíritu y todo será creado y renovarás la faz de la tierra”.

Acción
Esta semana procuremos sumar nuestras fuerzas a un buen proyecto, aunque nosotros no lo hayamos propuesto.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4346Sun, 26 May 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: El Paráclito hará que recuerden y les explicará todoLectura del Santo Evangelio
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “La paz esté conustedes”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envió yo”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”. (Jn 20,19-23)

El Paráclito hará que recuerden y les explicará todo

¿Qué dice el texto?
En este domingo de Pentecostés, la Liturgia de la Palabra nos presenta, a través del Evangelio según san Juan, al Espíritu Santo, bajo el título del Paráclito. ¿Qué significa este término? Paráclito proviene del griego (Paráklētos) que significa “Abogado”, “Auxiliador”; de esta forma, se expresa que el Espíritu Santo descenderá para entrar en lo íntimo de los corazones y conducirlos a la Verdad que es Cristo (“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”) y en Él entrar en el conocimiento del Padre (“Nadie va al Padre si no es por mí”). 

El texto es sumamente interesante, porque el amor del discípulo conlleva un elemento específico: guardar sus palabras. ¿Qué quiere decir esto? Por una parte, quiere significar una pertenencia de amor (“mi Padre y yo vendremos a él”) ,un don que tiene siempre su iniciativa en Dios; pero también, expresa la manera concreta como el discípulo puede corresponder a este amor, pues guardar las palabras de Cristo sólo se puede realizar poniéndolas en práctica sin hipocresías ni ambigüedades. 

¿Qué me dice el texto?
La ola de violencia que azota a nuestro país genera desesperación, temor, miedo, inseguridades. A esto le sumamos la deshonestidad y la corrupción de quienes deben velar por el bien de la ciudadanía y proteger la dignidad de todo ser humano. Entre el crimen organizado y la ley del aborto se ha creado una cultura inhumana y, por ende, de muerte. 

Sin embargo, en esta real amargura e impotencia, el Evangelio nos introduce en el calor de la esperanza, dirigiendo nuestra atención a la acción vivificante del Paráclito, quien nos guía en el costado de Cristo a contemplar el “corazón humano de Dios”; Él, en su amor, nos llama a ser discípulos dóciles para que aprendamos a llevar el peso de los que sufren, y a suscitar en nuestras comunidades parroquiales y familias una «espiritualidad de comunión», capaz de generar vida con acciones concretas.

¿Qué me hace decir el texto?
Padre misericordioso, que guías el universo con sabiduría y amor; te pedimos humildemente nos fortalezcas en el amor por la gracia de tu Espíritu, para que en tu Hijo amado, florezca en nuestra patria la justicia y la concordia, se acreciente la honestidad de los ciudadanos y la inteligencia de los gobernantes hacia un verdadero progreso en la paz. Amén.

¿Qué me motiva a hacer el texto? 
Ser discípulos dóciles conlleva a conservar las palabras del Señor haciéndolas vida, sabiendo que el Espíritu Santo te ilumina para que te adentres en este amor divino. Ante esta gratuidad, pregúntate para actuar: ¿Dedicas un tiempo a Dios en tu vida diaria? ¿Qué has hecho por el hermano de tu colonia o de tu trabajo que tiene hambre de Dios y sólo ha encontrado el “pan cotidiano” de la indiferencia? ¿Crees que es suficiente profesar a Cristo con la boca y no con las obras? ¿Qué estás dispuesto a comprometerte para ser testigo de Cristo en el Espíritu?
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4316Sun, 19 May 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: El suspenso misioneroLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes que son testigos de esto. Yo les enviaré lo que mi Padre ha prometido; ustedes quédense en la ciudad, hasta que se revistan de la fuerza de lo alto”. Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios. (Lc 24, 46-53).

El suspenso misionero

Lectura
Una explicación que da sentido al pasado: “Está escrito…”. Una indicación que impregna de significado el presente: “Ustedes son testigos…”. Una tensión que pone en suspenso el futuro que hay que preparar: “Permanezcan en la ciudad hasta que reciban la fuerza de lo alto”. En las Escrituras consta que el Mesías tenía que padecer. Ahora los discípulos han sido constituidos en portavoces autorizados de lo sucedido. Han de quedarse en la Ciudad Santa, esperando la llegada del Espíritu Santo. Jesús sale después con ellos al monte, cerca de Betania, un poco más arriba del lugar donde había orado con ellos en la noche de la aprehensión. Ahí se eleva al cielo ante sus ojos, haciendo el conmovedor gesto de la bendición: levantando las manos. Se aparta mientras los bendice. Y esa bendición se queda como la figura de la despedida. El cielo cuyo reino imploramos tiene ahora el sabor de la bendición, de la continua bendición que nuestro Salvador envía sobre nosotros. Llegará después el Espíritu Santo. Sus lenguas de fuego animarán con sabiduría y valor a los apóstoles. Mientras tanto, los discípulos se mantienen en torno al templo, alabando a Dios.

Meditación
Entre la despedida y la consagración del Espíritu está un momento de suspenso. La misión será importante; más aún, importantísima. Surgirá con el ímpetu del Espíritu de fuego. Pero antes de lanzarse a ella es necesario asimilar lo que ha ocurrido. La subida del Señor al cielo nos otorga un compás de espera para apropiarnos del gesto de la ascensión. Sube, y al subir lleva al ámbito del Padre nuestra propia humanidad. Esa humanidad que hizo suya es ahora glorificada. Y esa humanidad glorificada es el instrumento de la bendición. La Iglesia vive bajo el signo de la bendición de Cristo. La Iglesia es para el mundo instrumento de la bendición de Dios. El cristiano tiene una vocación de bendición y de alabanza. Sólo quien ha recibido la bendición y la ha integrado a su persona está en condiciones de ser portavoz del mensaje de la salvación. Quien no ha hecho suya la bendición del Señor, no ha entendido nada. Hemos de integrar como creyentes el horizonte de nuestra visión, en nuestra comprensión del universo, que unas manos divinas y humanas arropan nuestra historia con una bendición constante desde lo alto. Y esa misma imagen del Señor bendiciendo ha de reflejarse en el rostro y en las acciones de los discípulos de Jesús.

Oración
¡Bendícenos, Señor! En el desaliento y en el desconcierto, ¡bendícenos, Señor! Cuando nos sentimos seguros y cuando nos alegramos, ¡bendícenos, Señor! Cuando se acerca la tentación, ¡bendícenos, Señor! Si nos atrevemos a elevar la mirada hacia el cielo es porque antes tú has venido desde el cielo y has hecho tuya nuestra carne enferma. Ahora la llevas contigo como una brasa de luz, y al elevarte nos arrastras contigo. ¡Bendícenos, Señor! Que tu misericordia venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Contemplación
“Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra” (Sal 120,1-2).

Acción
Seré instrumento de bendición. No lastimaré, ni con la palabra ni con las acciones, ni siquiera con los pensamientos o los sentimientos. Seré bendición de Dios para cuantos me rodean.
 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4296Sun, 12 May 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: El Espíritu Santo les irá recordando lo que les he dicho.Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Les he hablado de esto ahora que estoy a su lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les irá recordando lo que les he dicho. La paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy como la da el mundo. Que no tiemble su corazón ni se acobarde. Me han oído decir: “Me voy y vuelvo a su lado”. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se los he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigan creyendo”. (Jn 14, 23-29)

El Espíritu Santo les irá recordando lo que les he dicho


Meditación
El primer discurso de Jesús durante la Última Cena está por llegar a su fin. Esto es lo que leemos este día, y podemos dividirlo en tres temas: el de la permanencia en Jesús por la práctica del amor, el de la promesa del Espíritu Santo que enseñará y hará recordar, y el tema del don de la paz. Si aproximamos estos tres temas bajo la perspectiva de la fe podemos encontrar buen alimento. En primer lugar, Jesús habla de hacer caso a sus palabras, con esto se manifiesta que se le ama y así se permanece unido a Él. A este respecto podemos preguntarnos: ¿En qué medida me he habituado a escuchar la Palabra de Dios? ¿Con cuanta seriedad busco ponerla en práctica?... (tiempo para meditar personalmente). El conocimiento verdadero y profundo de Jesús y de su obra no es fruto del intelecto humano, de hecho, sus discípulos pensaban que lo entendían, de lo cual los desengañó Jesús afirmando la necesidad de la presencia del Espíritu. En efecto, el Espíritu Santo es un asistente constante en la vida del creyente, no solamente actúa cuando tomo las clases de catecismo y me ayuda a entender los contenidos del Credo y las oraciones. Su acción es sutil y constante para hacerme descubrir el sentido divino de los acontecimientos cotidianos y la manera en que me invita a afrontarlos. Por este motivo ahora puedo detenerme a recordar ¿cuándo fue la última vez que el Espíritu me ayudó a comprender mejor lo que pasa a mi alrededor? ¿Cómo podré hacerme más consciente de su acción?... (Tiempo para meditar) Con respecto al tercer tema, el don de la paz, Jesús hace una invitación muy específica: a creer con toda certeza que su partida de este mundo es para ir con el Padre y, así, abrirnos también a nosotros ese camino. Tal vez éste sea el ejercicio más difícil de todos, pues se dirige a influir en el sentimiento de rechazo que nos provoca la muerte. Todos tenemos instinto de conservación y le tememos o rechazamos la muerte. La paz de Cristo radica en afrontar esta emoción contraria y conducirla hacia la aceptación en virtud de la meta a la que me conduce este paso.

Contemplación
Siguiendo con el tercer tema, les invito a no caer en la tentación de racionalizar, es decir, darme muchas razones para no temer a la muerte, sino asumir con la imaginación el momento definitivo de mi propio paso a la eternidad. Usando también mi imaginación, sentirme ante la muerte (puede ayudar la metáfora de la orilla del mar o la inmensidad que se ve desde la cumbre de una montaña o la inmensidad de un desierto) acompañado por el Señor Jesús que me dice: “mi paz te doy”. Permanezcamos por un buen rato en el ejercicio, ante la muerte acompañado por Jesús que me dice “mi paz te doy”… (tiempo de contemplación interior).

Oración
Señor Jesús, en este discurso de despedida me ha causado la mayor impresión el tema de la paz porque me ha hecho ver que Tú nos enseñas a afrontar cada pequeño momento de la vida en perspectiva del todo que es nuestra partida a la eternidad. Si me dejo pacificar por Ti, no huyo de mi presente, de hecho me invitas a vivir cada minuto de mi presente bajo el signo de la unidad que es amar y hacerte caso, es decir, vivir amando es la manera cotidiana de iluminar las pequeñas partes del tiempo con la luz eterna. Para lograrlo entiendo que necesito tu misma fuerza. Reconozco que no puede ser mi obra sino la obra de tu Espíritu. Sí mi Señor, para afrontar esta vida en este mundo no estoy solo sino que cuento con la Fuerza, con la Vida, con la Inteligencia, con la Prudencia que proceden de Dios y son Dios, es decir tu Espíritu Santo. Llévanos, Señor por esta senda que nos pacifique interiormente para así pacificar este mundo. A Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Compromiso
Tal vez una línea de compromiso pueda ser dedicar más tiempo a pensar y sentir el llamado a la vida eterna. Tal vez allí esté la clave para vencer la angustia y la tentación de ser violentos.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4274Sun, 05 May 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina : Así como yo les he amadoLectura del Santo Evangelio
Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros; como yo les he amado, ámense también entre ustedes. La señal por la que conocerán todos que son discípulos míos será que se aman unos a otros”. (Jn. 13,31-33.34-35)

Así como yo les he amado


Meditación
En el quinto domingo de Pascua, este año escuchamos en el Evangelio según san Juan, el texto conocido o apodado como “El mandamiento nuevo”, el cual se da en un contexto de amistad, de intimidad, porque antes de hablar de estas cosas, Jesús había lavado los pies a sus amigos, ya no a sus siervos, sino a sus “amigos”.

Sólo unos versículos antes, les acaba de preguntar: “¿Entienden lo que acabo de hacer con ustedes?” (v. 12) y, ante el asombro de sus discípulos, Él mismo se respondió: “Si Yo, que soy el maestro, les he lavado los pies, también ustedes...” (v. 14)

Quien medita el breve texto que escuchamos en la Misa dominical, podría volver a preguntar a Jesús, ¿cómo es que hay que amarnos los unos a los otros?, ante lo que seguramente Él volvería a responder: “Así como Yo les he amado”.

Ya en Levítico 19,18; la ley de Moisés prescribía: “No te vengarás, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Y la misma comunidad de san Juan reporta en sus cartas sus enseñanzas al respecto, explicando que quien ama a su hermano, permanece en la luz, pero quien le odia, está en las tinieblas y no sabe dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos. 1 Jn. 2,7-11; y Dios es amor, así que, quien ama, permanece en Dios y Dios en él. 1 Jn. 4, 7-11.

Contemplación
Hace algunos meses vivía en la parroquia una persona que no tenía casa; habitaba en un huequito que formaba la reja de la entrada, pero si llovía, se mojaba; si hacía frío, se envolvía en unas cobijas que conservaba casi como su única posesión; asistía a Misa casi a diario y sobrevivía con las monedas o comida que le daba la gente al salir de la Eucaristía.

Una persona lo convenció de ir a un lugar que es atendido por unos hermanos religiosos, mismo que se sostiene con las contribuciones económicas que hacen otras personas.

Con todo esto que hemos vivido en la comunidad, me vuelvo a preguntar ¿en qué consiste el mandamiento, antiguo pero nuevo, que Jesús nos encomienda?, y Jesús me vuelve a responder: “Como yo los he amado”.

Creo que en todas las parroquias siempre tenemos la oportunidad de amar a los demás como creemos que está bien hacerlo, pero gracias a Dios, Su Palabra nos vuelve a desafiar una y otra vez, en esta ocasión, a amar, no como estamos acostumbrados a hacerlo, sino a volverle a preguntar a Jesús: “¿Señor, cómo amarías a esta persona?”

Oración
¡Señor Jesús, ayúdame a amar a las personas que has puesto en mi camino, no como lo vengo haciendo ya desde antiguo; ayúdame a renovar este mandamiento también en mi vida, no sólo escucharlo en la Misa, sino poderlo traducir en mi familia, en mi trabajo, con mis vecinos; que los pueda amar no como a mí se me ocurre, sino como Tú nos has amado!

Acción
Hagamos esta semana el ejercicio de ayudar, de amar de una manera distinta a las personas con las cuales nos cruzamos a diario; por ejemplo, si damos siempre una moneda a alguien, en esta ocasión al menos le podemos preguntar su nombre o saber si va a la escuela, o interesarnos un poco más por ellos, un poco más que darle una moneda, para que lleguemos algún día a amarles como Jesús lo ha hecho con nosotros.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4247Sun, 28 Apr 2013 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de manos de mi Padre. El Padre y yo somos uno. (Jn 10,27-20)

Mis ovejas escuchan mi voz
¿Qué dice el texto?
En versículos anteriores al fragmento de este domingo, Cristo se ha presentado como el Buen Pastor (Yo soy el Buen Pastor); en este sentido, es de notar la puntualización que se proporciona con el adjetivo “Bueno” que califica a Jesús como el Modelo de los pastores. En efecto, Jesús como Buen Pastor ofrece su vida en el cuidado cotidiano de las ovejas, mismo que llegará a su culmen a través de la muerte en la Cruz. El Buen Pastor, entonces, es quien defiende de los peligros y lleva al rebaño a los pastos seguros dándoles vida con su muerte.
La intimidad que Jesús ofrece gratuitamente con su amor, suscita en el creyente la capacidad para escuchar (mis ovejas escuchan mi voz) y seguirlo (ellas me siguen), dos actitudes fundamentales para ser discípulos del Señor. Este fragmento bíblico, por tanto, subraya la unidad entre el Buen Pastor y las ovejas cuyo fundamento radica en la unidad del Padre con el Hijo (El Padre y yo somos uno).

¿Qué me dice el texto?
Cristo, como Buen Pastor, conoce a sus ovejas, expresando así la relación tan íntima que sólo es posible por la gracia de su amor. Un amor que dignifica, embellece y salva, como escribe san Agustín: «La medida del cuidado que tiene de ti el buen pastor te la proporciona el hecho de que ha dado su vida por ti». 
Este amor que no es posesión sino libertad y gracia produce estas dos actitudes reverenciales en el creyente: “Escuchar y Seguir”. En efecto, escuchar es una acción esencial del discípulo, que se refiere no solo a prestar oído a la voz del Señor, sino sobre todo a abrir la intimidad del corazón para acoger la Palabra de Dios, discernirla y ponerla en práctica; es, por tanto, una actitud de piedad que desea penetrar en la voluntad divina para concretarla en el presente. “Seguir”, por su parte, se refiere a vivir los mismos pasos del Maestro; es un caminar “detrás de”, que expresa fidelidad en el amor. 

¿Qué me hace decir el texto?
Al celebrar en este domingo a Cristo Buen Pastor se realiza, en toda la Iglesia, la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. Por ello, te invito a realizar la siguiente oración:
Oh, Jesús, Pastor eterno de las almas, dígnate mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada. Señor, gemimos en la orfandad, danos vocaciones, danos sacerdotes y religiosos santos. Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María de Guadalupe, tu dulce y Santa Madre. Oh, Jesús, danos sacerdotes y religiosos según tu corazón. Amén.

¿Qué me motiva a hacer el texto?
Cristo es el Buen Pastor que camina contigo. Él te ofrece su voz para conducirte a la plenitud de tu vida. Sin embargo, en muchas ocasiones, según la libertad personal, se presta oído a otras voces haciendo oídos sordos a la voz del Señor. ¿Cuáles han sido esas voces que has preferido escuchar? ¿Qué estás dispuesto a cambiar para dejar esas “voces de muerte”?
Seguir, como se ha dicho, es un ir detrás del Pastor. No se puede ir delante ni a un lado del Señor, pues corres el peligro de perderte en tus juicios, condenar a tus hermanos, servir no con generosidad sino con arrogancia. ¿Cuál es tu compromiso con tu familia y comunidad para seguir con fidelidad a Cristo Buen Pastor?


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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4217Sun, 21 Apr 2013 00:00:00 GMT
Un nuevo comienzoLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar”. Ellos contestan: “Vamos también nosotros contigo”. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: “Muchachos, ¿tienen pescado?” Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán”. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor”. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: “Traigan de los peces que acabáis de coger”. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: “Vamos, almorzad”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Él le dice: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras”. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme”.  (Jn 21, 1-19)


Galilea. Donde Jesús comenzó sus signos. El evangelista san Juan nos conduce al escenario de las primeras llamadas. Pero todo es nuevo ya. Jesús ha resucitado. Muchas señales dio de su presencia victoriosa sobre el pecado y sobre la muerte, pero sólo algunas nos son transmitidas, para que nosotros creamos, y creyendo tengamos vida. Emblemáticamente, sólo en este final nos da cuenta el cuarto Evangelio de que Pedro era pescador. “Voy a pescar”, le dijo a otros discípulos de Jesús. “También nosotros vamos contigo”, le dijeron ellos. Y se lanzaron a una noche de trabajo arduo, sin pesca. ¿Cómo no recordar en aquella misma ribera la multiplicación de los cinco panes de cebada y los dos peces, después de la cual Jesús llegó a la barca en la que ellos iban caminando sobre un mar encrespado? Ahora, al regresar a la orilla, una preciosa voz familiar les recomienda que echen las redes del lado derecho, y logran atrapar ciento cincuenta y tres peces. “¡Es el Señor!”, proclama el discípulo amado. Y Simón Pedro se tira al agua, anudándose a la cintura la túnica. Al llegar a tierra se encontrará con unas brasas encendidas, calentando pescado y pan, y Jesús les invitará a que asen también algunos de los pescados recién capturados. Todo es demasiado familiar. Pero también extraordinariamente nuevo. Es un nuevo comienzo, un nuevo seguimiento que habrá de rubricarse con la triple profesión de amor y la confirmación en la encomienda pastoral: “Apacienta a mis ovejas”. Y la profecía de la muerte con la que habría de glorificar a Dios, cuando, no pudiendo ceñirse por sí mismo, sería llevado por otro para extender sus brazos en la Cruz, al igual que su Maestro. “Sígueme”, pues, hasta el final.

Meditación
La Pascua de Cristo es siempre un nuevo comienzo para la Iglesia, para los discípulos. Todo se renueva sobre aquel fundamento primordial de la Resurrección del Señor. Cuando el mundo se destruye en noches de odio y campañas contra la vida, cuando la frustración campea con sus ropajes de tristeza y desesperanza, cuando se fracturan los corazones y las mentes y se desfiguran los rostros, he aquí que una voz amable ofrece un nuevo comienzo. “Vengan a comer”, nos dice. El banquete eucarístico está preparado como mesa de amor. Nosotros somos los invitados a un nuevo seguimiento.

Oración
¡Señor, Tú sabes que te amo, Tú lo sabes todo! Mis fuerzas han flaqueado, y seguramente volverán a flaquear. Tú mismo me has dicho que seré llevado a donde no quiera. Pero quiero, Señor, por amor, lo que Tú quieras. La fragilidad de mi carne se volverá luz cuando pueda, como la tuya, ofrecerse en sacrificio. No soy digno, es verdad, y sin embargo Tú me llamas de nuevo, le concedes a mis trémulos pasos un nuevo comienzo tras tus huellas. ¡Tú sabes que te quiero!

Contemplación
“Sígueme”, escucho. “Aunque desconozcas el detalle del destino, es mi propia Cruz la que has de abrazar”. El futuro es siempre nuevo a partir de esa voz viviente que confía en mí: “Apacienta mis ovejas”.

Acción
Atrás queda el pecado y la traición. Soy un nuevo ser humano. Empuñaré el arado sin mirar hacia atrás. Hoy son nuevas todas las cosas. 







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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4198Sun, 14 Apr 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina Lectura del Santo Evangelio

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “La paz esté con ustedes”. Como el Padre me ha enviado, así también yo los envío”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contesto: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás: “¡ Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto”. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. (Jn 20, 19-31)



Meditación
Después de haber leído por varias ocasiones el Evangelio de hoy nos daremos cuenta de que se trata de dos episodios de encuentro entre Jesús y sus discípulos en el cenáculo. Ambos encuentros se realizan en el primer día de la semana, es decir en Domingo y media entre ellos una semana. En lo primero que invito a fijarnos sobre el primer encuentro es en el saludo. Jesús no solamente expresa un deseo sino un don, Jesús les da la paz y la salud a sus discípulos. Preguntémonos ¿Qué clase de herida tenían ellos físicas o afectivas?... (silencio personal) Ellos no recibieron latigazos ni sus manos fueron traspasadas por los clavos, sin embargo podemos pensar en el dolor de la separación, la traición, la conciencia de la propia cobardía. Incluso pudo haber alguno que se sintiera abandonado por Dios, pues había dejado morir a Jesús. Todos estos son desgarramientos interiores que se expresan por emociones negativas como la desconfianza, la tristeza, el miedo, la vergüenza, los remordimientos. Después de que Jesús les dio la paz y les mostró las llagas, nos dice el evangelista que ellos se llenaron de alegría. Aquí está el primer signo de la salud que Jesús les devolvió. Pero lo que el Señor ofrece va hasta lo más profundo, no se queda en las emociones o en los sentimientos, en efecto, el segundo paso de la salud radica en el don del Espíritu Santo y en el mandato o envío a la reconciliación por el perdón de los pecados. La gran medicina de Dios, en Jesús resucitado, es el perdón de los pecados. Los católicos encontramos en el Sacramento de la Penitencia o Reconciliación esta oportunidad de sanación. Ahora me puedo preguntar ¿Yo qué tanto valoro este Sacramento como una actualización del encuentro con Jesús resucitado?... 

Contemplación
El segundo episodio del relato nos ofrece una excelente oportunidad de trabajar con nuestra imaginación. Podemos ponernos en el sitio de Tomás. Experimentar en primera instancia qué habrá sentido en su corazón para haber dicho “si yo no veo en sus manos las llagas y no meto mi dedo en sus llagas y en el costado no creeré”. Permanezcamos con la imaginación en esta circunstancia de Tomás, ¡cuán grande fue su dolor!... (silencio personal) Siguiendo con la imaginación veamos a Jesús frente a frente, como lo vio Tomás y sintamos sus palabras: “Tomás, trae tu dedo aquí, mira mis manos, trae tu mano y métela en mi costado”… Quedémonos un buen rato repitiendo la frase de Tomás: “Señor mío y Dios mío”… 

Oración
Ahora mi Jesús, a partir de tus últimas palabras a Tomás: “no seas incrédulo sino creyente”, deseo reconocer que como Tomás me he sentido decepcionado por mí mismo, por las instituciones y por muchas otras aspiraciones que nunca se han llegado a cumplir. Ante el dolor de los fracasos, de las traiciones, de los infortunios, me he creado una coraza de lejanía afectiva. He creído, y también en el ambiente me han hecho creer, que mientras menos me meta con los demás será mejor, mientras más alejados mantenga  a los otros incluyéndote a Ti y a la comunidad seré más feliz porque así ya no seré vulnerable. Me he convertido en el eterno crítico, en el despiadado exigente de los demás y sobre todo de los que resultan culpables a mis ojos. En primer lugar imploro la salud, esa paz que solamente Tú puedes darme, Mi Señor. Y con docilidad renovada, una vez reconciliado en lo profundo contigo, conmigo mismo y con los demás quiero reemprender la senda de la confianza y la pertenencia. Ya no me salvaré a mí mismo, renuncio a la coraza de la incredulidad que en un principio fue protección y luego cárcel. A Ti que vives Resucitado y glorioso por los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso
Puedo tomar, por ejemplo, la determinación de acercarme al Sacramento de la Reconciliación. También dejarme impregnar más de la llamada de Jesús a ya no ser incrédulo sino creyente.




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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4171Sun, 07 Apr 2013 00:00:00 GMT
Lectio Divina: “Él había de resucitar de entre los muertos”¿Qué dice el texto?
El texto a meditar en este día en que celebramos la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, es el del Evangelio de san Juan 20, 1-9. Leámoslo atentamente y hagamos nuestro su contenido. 

Para una mejor comprensión
El relato de la tumba vacía se encuentra en la sección 18,1-20,31, llamada narración de la Pasión-Resurrección, en donde hay muchas coincidencias con los otros tres evangelistas. Pero llama la atención que el relato de Juan contiene algunos episodios que son exclusivos en él. Episodios que se explican como asimilados de una fuente originaria que denotan la pluma del testigo presencial, el discípulo amado. Sección en la cual se encuentra el fragmento de hoy.
El relato posee rasgos doctrinales específicos, tales como el tema de la hora, la presentación de Jesús como juez y como rey, la Pasión como entrega libre que no es humillación, sino glorificación; la cruz no es instrumento de suplicio, sino el trono en que se manifiesta la gloria del Señor.
El texto de Juan 20,1-9, que ordinariamente se proclama en este día de la Pascua, nos propone acompañar a María Magdalena al sepulcro, que es todo un símbolo de la muerte y de su silencio humano; nos insinúa el asombro y la perplejidad de que el Señor no está en el sepulcro; no puede estar allí quien ha entregado la vida para siempre. En el sepulcro no hay vida, y Él se había presentado como la Resurrección y la Vida (Jn 11, 25). 
María Magdalena descubre la Resurrección, pero no la puede interpretar todavía. En Juan esto es caprichoso, por el simbolismo de ofrecer una primacía al “discípulo amado” y a Pedro. Pero no olvidemos que ella recibirá en el mismo texto de Jn 20,11ss una misión extraordinaria, aunque pasando por un proceso de no “ver” ya a Jesús Resucitado como el Jesús que había conocido, sino “reconociéndolo” de otra manera más íntima y personal. Pero esta mujer, desde luego, es testigo presencial de la Resurrección.
La figura simbólica y fascinante del “discípulo amado”, es verdaderamente clave en la teología del cuarto Evangelio. Éste corre con Pedro, corre incluso más que éste, tras recibir la noticia de la Resurrección. Es, ante todo, “discípulo”, quien espera hasta que el desconcierto de Pedro pasa y, desde la intimidad que ha conseguido con el Señor por medio de la fe, nos hace comprender que la Resurrección es como el infinito; que las vendas que ceñían a Jesús ya no lo pueden atar a este mundo, a esta historia. Que su presencia entre nosotros debe ser absolutamente distinta y renovada. 

¿Qué me dice el texto?
Este segundo momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a los participantes a leer de nuevo el texto, y a dar respuesta personal.
El texto de este domingo, con el relato de la tumba vacía y el anuncio jubiloso de la Resurrección de Jesús, nos describe el camino de la fe pascual que han de recorrer los testigos del Señor. Recordemos que en este paso toca a cada uno de los lectores hacer vida esta Palabra.
Para los discípulos, la Resurrección es una certeza que ahora contemplan en su experiencia de fe y es para nosotros una realidad. Por ello, el texto nos invita a hacer un camino de fe que nos haga comprender el significado de la Resurrección de Jesús para nuestras vidas. No basta con correr de un lado para otro buscando al Señor sin comprender lo que su Resurrección significa. Es necesario aprender a descubrir en los signos de muerte el germen de la vida. Allí donde el discípulo desprevenido experimenta el vacío de la tumba, el ‘otro discípulo’, el que ama entrañablemente al Señor, descubre la manifestación más profunda del Dios de la vida. 
Así mismo, creer en la Resurrección de Jesús es hacer realidad en nuestro mundo el Reinado del Resucitado y su doctrina: Reino de Vida, de Justicia, de Amor, de solidaridad y de Paz. Es creer en el Dios de la vida. Y no solamente eso, es creer también en nosotros mismos y en la verdadera posibilidad que tenemos de ser alguien en Dios. Porque aquí en este mundo, no hemos sido todavía nada, mejor, casi nada, para lo sublime que nos espera más allá, en la gloria eterna de Dios. 
No olvidemos hermanos(as) que hemos sido Resucitados con Cristo mediante el Bautismo, y ahora debemos esforzarnos a seguirlo fielmente con una vida santa, caminando hacia la Pascua eterna, sostenidos por la certeza de que las dificultades, las luchas, las pruebas y los sufrimientos de nuestra existencia, incluida la muerte, ya no podrán separarnos de Él y de su amor. 
Su Resurrección ha creado un puente entre el mundo y la vida eterna, por el que todo hombre y toda mujer pueden pasar para llegar a la verdadera meta de nuestra peregrinación terrena. “He Resucitado y estaré siempre contigo”. Esta afirmación de Jesús se realiza sobre todo en la Eucaristía; en toda celebración Eucarística la Iglesia, y cada uno de sus miembros, experimentan su presencia viva y su amor santificador. 
 
¿Qué le digo al Señor?
En la oración me dejo cuestionar por Él, que me interpela: ¿Qué tanto me esmero por buscar a Jesús? ¿Qué signos voy descubriendo en mi vida que me hacen pensar y creer que Jesús ha Resucitado? ¿Cómo podremos animar a otros a emprender esta búsqueda de Jesús Resucitado? Repitamos una y otra vez: “Jesús, el Señor, está vivo, ha Resucitado. Esta es nuestra fe, es la fe de la Iglesia que profesamos, y es el Anuncio jubiloso que les comunicamos… ¡Ha Resucitado! ¡Aleluya!”.

¿Qué compromiso puedo hacer?
En este último paso, al cerrar mis ojos: contemplo como Pedro y el discípulo amado los lienzos puestos en el suelo y el sudario doblado en un sitio aparte. En este contexto, nos sorprende que el evangelista no narra un encuentro explícito con Jesús Resucitado. Lo que encuentran estos discípulos son sólo signos, signos que los llevan a entender las Escrituras, “según las cuales, Jesús debía resucitar de entre los muertos”. Este hecho nos lleva a asumir y redoblar nuestro compromiso misionero, que es la encomienda que el Señor nos hace hoy. 

Felicidades por nuestro nuevo Papa, Francisco, oramos para que el Señor Resucitado lo conduzca por la senda segura a fin de guiar la barca de Pedro y que nuestra madre Santa María de Guadalupe, madre del verdadero Dios por quien se vive, lo cubra con su manto. ¡Felices Pascuas de Resurrección! ¡Felicidades!

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4144Sat, 30 Mar 2013 00:00:00 GMT
El abrazo del PadreLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte que me toca de la fortuna’. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: ‘Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros’. Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus criados: ‘Saquen en seguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado’. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contesto: ‘Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud’. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: ‘Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado’. El padre le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado’”. Lucas 15, 1-3. 11-32


El abrazo del Padre

Lectura
Lucas es el único que la reporta, pero es una de las parábolas más entrañables de nuestra fe. Ubica su narración en el seno de una familia, que es el mejor ámbito para entender nuestra relación con Dios. Él es el Padre origen de toda fortuna; nosotros somos los hijos de su amor. Él nos ofrece el entorno grato y seguro del hogar; pero no nos coarta la libertad ni nos mantiene a su lado a la fuerza. Tal vez, sin embargo, sólo entendemos la belleza de su compañía cuando la hemos perdido. “Volveré”, dice el hijo menor. “Volveré a mi Padre”. Le diré: “Padre”. Tal es la consideración del que ha sucumbido a una vida disoluta, al que ha terminado por encontrarse a sí mismo deseando colmarse con las bellotas que eran el alimento de los cerdos. Incluso se plantea ofrecerse como sirviente, ya que percibe que sus acciones ingratas no corresponden a la de un hijo. Pero lo único que encuentra a su retorno son los brazos cálidos de ese mismo padre que no renuncia a reconocer la dignidad de su hijo, del que interrumpe su discurso para ordenar que se haga una fiesta. Nada logra detener el retorno: ni siquiera la perturbada envidia del hermano mayor, que se consideraba a sí mismo bueno por haber permanecido al lado del padre, pero que en realidad anidaba sentimientos egoístas. La vuelta al Padre es banquete jubiloso de perdón y misericordia, es Eucaristía.

Meditación
Sólo entendemos la justicia del Dios misericordioso cuando hemos logrado llamarlo “Padre”. Porque su perdón no es el gesto superficial del que ignora las ofensas, sino la entrega profunda del único amor que conoce la verdad, pero que no se echa para atrás cuando nos ve caídos, sino que se nos acerca más para ofrecernos su abrazo, y en él nos reconstruye. Quien se resiste a acoger el perdón es el que vive henchido en soberbia y envidia. ¡Con razón los antiguos los consideraban los dos pecados más espirituales! Por eso también en el Padrenuestro imploramos confiados el perdón, a la vez que nos comprometemos a perdonar a quienes nos han ofendido. Hemos de ser misericordiosos, como es misericordioso el Padre del cielo.

Oración
¡Padre! ¡Perdona mis ofensas! He vuelto a ti, confundido por la obcecación de mi arrogancia. En lo más hondo de mi alma, sin embargo, nunca olvidé que sólo en ti hay refugio y bienestar. ¡Son tantos los espejismos de satisfacción que hoy se me ofrecen! Por ello, encandilado, perdí el rumbo. ¡Padre! ¡Bendito seas por ese abrazo que me arropa! No soy digno de él, lo sé. Y, sin embargo, qué bien se está en el cobijo de tu presencia, escuchando el latido de tu cercanía. ¡Padre, he vuelto! No permitas que me separe de ti.

Contemplación
Experimento el calor del abrazo indulgente. Permito que las imágenes seductoras del pasado queden atrás. Reconozco asombrado que es en el abrazo del Padre que radica mi verdadera dignidad.  

Acción
Soy testigo del perdón. No juzgaré a mis semejantes. Intentaré compartirles la dicha del abrazo paterno.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4071Sun, 10 Mar 2013 00:00:00 GMT
Lectio DivinaEN LA BARCA:

Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro, y echa las redes para pescar”. Simón contestó: “Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes”. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. (Lucas 5, 1-11).


Lectura
Para poder predicar a la gente que se agolpaba en torno suyo, Jesús subió a la barca de Simón. Los pescadores acababan de desembarcar y estaban lavando sus redes. La barca del trabajo cotidiano se convirtió de pronto en un ambón desde el que la Palabra divina se anunciaba. Cuando Jesús terminó de hablar, le pidió a Simón que llevara la barca mar adentro para pescar. Simón, el apóstol que después sería llamado Pedro y que encabezaría a la comunidad de los discípulos, dijo con franqueza que ellos habían estado pescando durante toda la noche, sin éxito alguno. “Pero –dijo también– confiado en tu Palabra, echaré las redes”. La pesca obtenida entonces fue tan copiosa, que hubieron de llamar a sus compañeros, que estaban en la otra barca. La abundancia de aquel producto de la gracia alcanzaba más allá de la capacidad de una sola barca, dando pie a una solidaria faena. Más aún, llenaron tanto ambas barcas, que casi se hundían. La primera reacción de parte de Simón Pedro, ante la sorpresa del signo, fue reconocer que era un pecador y pedirle a Jesús que se alejara de él. Pero Jesús le dijo que no tuviera miedo, y lo convocó junto con sus compañeros como pescador de hombres. Él y sus compañeros llevaron las barcas a tierra y lo siguieron.

Meditación
Simón Pedro recibió su llamado como discípulo de Jesús a partir de una experiencia personal. Su barca, aquel espacio familiar en el que ordinariamente se ocupaba para dar de comer a los suyos, se transformó de pronto en el espacio donde la Palabra de Dios era anunciada, donde Jesús, la Palabra de Dios, estaba presente. Después de ello, el mismo Jesús lo acompañó al lago, desafiando los pronósticos de los expertos. La barca bogaba de nuevo mar adentro, y de pronto los esfuerzos inútiles de toda una noche se convirtieron en una inesperada sobreabundancia. La barca vacía de la frustración y el cansancio se torna en un himno jubiloso de esperanza. La barca de la vida en la que ha resonado el vigor de la Palabra está lista para un cambio aún más hondo. Podrán quedar en tierra las barcas. Al pescador lo esperan los hombres que necesitan nutrirse del Evangelio.

Oración
Señor Jesús, me abordaste y subiste a mi barca cuando menos lo esperaba. En algún momento incluso me perturbó tu llegada. Ya tenía yo suficiente con las fatigas improductivas para añadir a ello lo que me solicitabas. Después entraste a mi propia fatiga para conducirla a la hondura de lo inesperado. No sé por qué, pero sostenido en tu Palabra volví a echar las redes. Y entonces vi con claridad la belleza de tu rostro. Quise huir, porque no soy digno de tu cercanía. Pero tú me invitaste a ir contigo. Tu presencia y tu Palabra inevitablemente cambian todo, nuestros espacios y nuestros tiempos, nuestros horizontes y empeños; pero sobre todo nuestro propio interior. Continué siendo pescador, pero pescador nuevo. Concédeme sólo pescar donde tú me indiques. Volver a adentrarme al mar cuando parezca inútil sólo porque tu voz lo pide. Seguirte siempre, a donde quieras que vaya.

Contemplación
Miro mi barca: en la orilla, vacía; mar adentro, colmándose; en la tierra, dejada atrás. Me pregunto, fascinado por Jesús, qué significará aquello de ser pescador de hombres.

Acción
No puedo decaer. Jesús ha llegado a mi barca. ¿Qué me pide ahora, después de permitirme oír su voz? Hay un futuro de plenitud. Lo seguiré.


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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=4006Domingo 10 de Febrero de 2013 12:30 hrs.
Lectio DivinaEn aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitarán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”. Y añadió: “Les aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó.

¿No es éste el hijo de José?
P. Salvador Martínez
Meditación
El texto que leemos hoy es la segunda parte de la visita que Jesús hizo a sus paisanos a Nazareth. En la primera parte, que es la más positiva, Jesús leyó un trozo del profeta Isaías y declaró que ese mismo día se había cumplido esta profecía. La reacción del pueblo, que es la segunda parte, no resulta favorable a Jesús, pues de hecho se preguntaban: “¿No es este Jesús el hijo de José?” Aquí podemos preguntarnos ¿Por qué hubo rechazo entre Jesús y los demás nazarenos? …(tiempo de silencio interior) Tal vez existía curiosidad por ver obras semejantes a los milagros que había realizado en Cafarnaum, pero para ellos pesaba más su situación social, a saber, ser de los trabajadores, de las familias pobres de Nazareth. Jesús confronta la curiosidad incrédula con la explicación de que Dios había hecho milagros para manifestar su poder a los paganos y no tanto a los mismos judíos y para ello cita el ejemplo de Elías y la anciana sirofenicia y el ejemplo de Eliseo y Naamán el leproso Sirio. En este punto nos podemos preguntar ¿Por qué Dios favorece a los paganos y no a los mismos israelitas?... (tiempo de silencio) Una posible respuesta es que en el Antiguo Testamento Dios le muestra a su propio pueblo que también tenía poder sobre todas las demás naciones y así provocar su confianza en Él. En el caso de Jesús en Nazareth, el evangelista nos dice la razón: “no pudo hacer muchos milagros allí a causa de su incredulidad”. Los paisanos de Jesús se negaron a cambiar los prejuicios que tenían sobre Él, aceptar a Jesús como mesías implicaría una transformación fuerte en su estatus social, y al parecer no estaban dispuestos a correr tal riesgo.

Contemplación
Podemos considerar la escena y tratar de meternos en la zona de emociones que estaban en juego. Por parte de Jesús, las emociones de fondo son la certeza y la serenidad. Hagamos el ejercicio de identificarnos con estas emociones y tratemos de recordar alguna ocasión en que nos hemos sentido así. (Tiempo de ejercicio interior) Un segundo ejercicio es el de meternos en las emociones de los nazarenos. Estas son de enojo, rechazo, repulsión hasta el grado de querer despeñar a Jesús (Tiempo de ejercicio interior) Después de haber hecho este segundo ejercicio puedo preguntarme, ¿A dónde me podría llevar el fomentar este tipo de emociones?... Los nazarenos no lograron matar a Jesús y éste, más bien, se alejó para no volver.

Oración
Señor Jesús, en esta lectio veo que no siempre fuiste aceptado y bien recibido por todos. Aquellos que estaban en Nazareth tenían curiosidad por ti, pero no se dieron la oportunidad de creer en ti. En ocasiones me sorprende el hecho de rechazar a personas que tengo etiquetadas y catalogadas negativamente, no les concedo el derecho de ser distintas a como ya las catalogué y esto es injusto. También me instalo por conveniencia en “lugares comunes”, es decir, en prejuicios compartidos con muchos otros a cerca de lo aceptable y lo no aceptable, y hago causa común en linchamientos psicológicos y sociales como el que pretendieron llevar a cabo los nazarenos contigo mismo. Por eso Señor, te pido que me concedas instalarme más profundamente en tus emociones, no dejarme llevar por el enojo sino más bien por la verdad y las mociones de tu Espíritu con el cual, desde el Bautismo también he sido ungido. A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso
A la luz de lo trabajado podemos proponernos algún ejercicio más constante de apertura a ver y juzgar las cosas con menos dureza. Darme más la oportunidad de conocer a los demás como realmente son.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3991Sun, 03 Feb 2013 00:00:00 GMT
Lectio DivinaEn aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en Él. Y Él se puso a decirles: “Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”. 
(Lc 1, 1-4; 4, 14-21)

“El Espíritu del Señor está sobre mí”

Meditación
El verbo griego epicheirèo se puede traducir como “llevar a cabo una iniciativa”, pero también como “buscar”, “intentar”. De esta manera, Lucas, sin ponerse en contra de otros, simplemente busca, intenta  ordenadamente narrar lo que ha investigado con diligencia, y así lo quiere transmitir a Teófilo. Este nombre de Teófilo –que quiere decir “amigo de Dios”– es, a final de cuentas, cada cristiano que encontrará en el seguimiento de la obra y su continuación en los Hechos de los Apóstoles, un acercamiento, tanto a la Persona de Jesús como al desarrollo de las primeras comunidades cristianas, las cuales seguirán siendo referencia para toda comunidad hasta nuestros días. También, al inicio de la misión de Jesús, que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, el “discurso de Nazareth” podría decirse que es el programa de trabajo que Jesús presenta a los que tienen oídos, es decir, los que escucharon la Palabra de Dios y ahora ven que en Cristo Jesús, esas promesas llegan a cumplirse.

Contemplación
Ver aquella pequeña sinagoga en Nazareth, más chica que la mayoría de nuestras parroquias, podría ayudarnos a reflexionar en los inicios tan mínimos que tiene la enorme misión de Jesús, tal vez como los mismos inicios que puede tener la misión que Dios nos encomienda a cada uno de nosotros como cristianos. Así, cuando empezamos a cambiar y a participar más en nuestra colonia, parece insignificante lo que hacemos frente a la difícil situación que vive nuestro país, seguramente como pudo parecer Aquél judío de una remota provincia del Imperio Romano.
Cuando limpiamos el parque para que jueguen los niños; cuando no malgastamos el agua para que las siguientes generaciones la tengan; cuando aconsejamos a una joven acerca del maravilloso don de la vida y de ser madre; cuando visitamos a un anciano o cuando le llevamos un taco al vecino enfermo, por insignificante que parezcan estas acciones, podríamos decir como Jesús en el Evangelio de hoy: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva”. Y si esto lo llegamos a realizar este mismo Domingo, como buenos “teófilos” o amigos de Dios, podremos también afirmar: “Esta escritura que acaban de oír, se ha cumplido hoy”.

Oración
Señor Jesús, permítenos contemplarte en la sinagoga de tu pueblo, ver tus pies partidos por el polvo del desierto, escuchar el tono y la potencia de tu voz, admirar la autoridad con la que proclamaste la lectura de ese sábado, pero sobre todo, la seguridad con la que afirmas que esas escrituras se cumplen con tu presencia hoy.

Acción
Busquemos este domingo realizar alguna acción que se convierta en Buena Noticia para alguien que lo necesite, y hacia nuestro corazón digamos: “El Espíritu del Señor está sobre mí…”

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3952Domingo 27 de Enero de 2012
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo los bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego”. 
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”. (Lc 3, 15-16. 21-22)

Lectura
Juan realiza un signo profético: bautiza con agua. Su acción dispone los corazones para una transformación moral. Pero al mismo tiempo advierte sobre algo que está por ocurrir: la llegada de uno que es más poderoso, una nueva realidad que tiene carácter definitivo. El Evangelio de Lucas permite así dar el paso de la expectativa de la muchedumbre a la presentación de aquel que habría de bautizar con el Espíritu Santo y con fuego: el que habiéndose puesto en las filas de los pecadores, también fue bautizado con agua como expresión de su solidaridad con la humanidad, pero que en realidad venía de Dios y habría de realizar el plan de Dios. Por primera vez vemos entonces a Jesús en oración, un rasgo que se extiende a lo largo de toda la narración lucana. Y ese instante se vuelve al mismo tiempo obertura del ministerio de Jesús y síntesis de su identidad. En efecto, el cielo abierto, la voz que se escucha, el Espíritu en forma visible, todo coincide para hacernos ver en Cristo al portador del fuego divino, el Hijo Amado en quien el Padre se complace, su siervo fiel en quien realiza su obra. Más adelante, acercándose su propia pasión, hablará Jesús de ella como de un bautismo, a la par que suspira por que el fuego que ha venido a traer al mundo ardiera ya. El mismo autor del Evangelio, al contar en los Hechos de los Apóstoles el inicio de la Iglesia, refiere que sobre los discípulos congregados en un mismo lugar descendió el Espíritu en forma de lenguas de fuego sobre ellos.

Meditación
Hemos sido bautizados en el Espíritu de Cristo, en su fuego. El fuego de la verdad que desenmascara las hipocresías y el fuego del amor que derriba las barreras; el fuego de la misericordia que reivindica al hijo pródigo más allá de sus flaquezas y tropiezos; el fuego de la compasión que impulsa al samaritano a llevar consigo al hombre caído en desgracia; el fuego que desintegra las seguridades de los ricos para hacer de los pobres los auténticamente bienaventurados; el fuego del justo juicio del Reino que derrota a Satanás y sus engaños; el fuego del perdón que hace desaparecer a los enemigos; el fuego que desde Jerusalén –en la Iglesia– ha de transformar el mundo entero.

Oración
¡Señor Jesús, tú eres el que había de venir, el todopoderoso, el Hijo Amado del Padre, el portador del Espíritu! En el episodio del Evangelio reconocemos tu identidad y tu obra: estás entre nosotros para consumirnos en el fuego de tu Bautismo, para que se extienda a nosotros ese amor de predilección incondicionada que el Padre te declara. Tú eres el Hijo, pero al decírtelo en el Jordán, dirigiéndose a tu humanidad consagrada, el Padre lo extiende también a mí. Tu Espíritu enciende el carbón de mi carne frágil, para convertirme en testigo. Un fuego común que me hermana a los bautizados realiza misteriosamente la consagración del cosmos como una nueva Creación.

Contemplación
Mirar a Jesús en el Jordán. Escuchar la voz que viene del cielo abierto. Sentir el aleteo del Espíritu que desciende con fuerza. Descubrirme inserto en esa manifestación de la Trinidad, que me abrasa.

Acción
En este Año de la Fe, me dispongo a introducirme en la presentación que hará del misterio de Jesús el Evangelio según san Lucas, y a compartir con mis hermanos las luces que vaya descubriendo.

 



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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3921Sun, 13 Jan 2013 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio 
Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo Sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. Él les dijo: “Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.  (Lc 2, 41-52)


Todos los que lo oían se admiraban

¿Qué dice el texto?
El texto a meditar es el del Evangelio de san Lucas 2, 41-52. Leámoslo pausada y atentamente, y hagamos nuestro su contenido.
Para una mejor comprensión es importante saber que esta perícopa es la conclusión de los relatos de la infancia que estructuran los dos primeros capítulos de Lucas. En estos relatos sobre la infancia de Jesús, el evangelista quiere anticipar algunos temas o actitudes que serán después fundamentales en la vida de Jesús.

Estos relatos son, además, la expresión de la fe de la Iglesia primitiva. El texto de hoy quiere subrayar la estrecha relación entre Jesús y el Padre. Su ley, norma fundamental que está por encima de los lazos más profundos de parentesco, es cumplir la voluntad del Padre. Frente a ella Jesús se muestra más sabio que los maestros y doctores de la ley.

Lo que interesa al evangelista es que aquí Jesús demuestra su inteligencia y sabiduría a los escribas legalmente constituidos. Jesús muestra no sólo sus dotes intelectuales, sino su conocimiento de la voluntad de Dios. Así prepara su actitud crítica frente a la ley en los puntos que caracterizan las enseñanzas de Jesús.

En la respuesta a la pregunta que le formula su madre, Jesús pone de relieve su filiación divina en relación con la filiación humana. La respuesta de Jesús manifiesta la radicalidad de la obediencia filial. 

Sus padres no comprendieron la respuesta, no abarcaron todas las consecuencias de su misión. Se pone de nuevo de relieve la función de sus padres íntimamente vinculada al destino y misión salvífica del Hijo. La respuesta tiene una apariencia dura y áspera. Es la consecuencia de la vinculación a la misión de Jesús. “Yo no puedo hacer nada por mí mismo... no busco mi voluntad sino la del Padre” (Jn 5,30).

¿Qué me dice el texto?
Este momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Se invita a leer de nuevo el texto y a dar una respuesta personal.

El texto de este domingo de la Sagrada Familia nos ofrece varios temas importantes para nuestra reflexión. Recordemos que en este paso toca hacer nuestra esta Palabra.

Hoy se nos invita a celebrar a Jesucristo, el Hijo de Dios, que se ha encarnado en nuestra historia en el seno de una familia y en un pueblo concreto para vivir los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres.

El texto del Evangelio de hoy nos ofrece la oportunidad de reflexionar en nuestra propia familia: las relaciones de familia, de hogar, las relaciones entre los padres y los hijos, de los hijos con los padres y cómo practicamos la caridad fraterna en la Iglesia doméstica.

Los padres, mediante su testimonio y relaciones entre ellos, han de ser modelos de integridad moral y espiritual. Los hijos deben amar y cuidar a sus padres, especialmente cuando sus facultades físicas y mentales comienzan a disminuir.  

Sabemos que el cuarto Mandamiento contiene una promesa: “Honra a tu padre y a tu madre para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12). Como los hijos traten a sus padres, así los tratarán a ellos sus propios hijos. 

La Sagrada familia va reunida a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Las actividades comunes unen a la familia, se comparten los proyectos y esto favorece la unidad familiar.

Al mismo tiempo ha de procurarse una formación sólida hacia los hijos, para que cuando éstos tengan que alejarse del hogar puedan responder de manera equilibrada y madura a los retos a los que se enfrentan en la vida. Hay tiempos para estar juntos y tiempos de acciones independientes.

Así Jesús que se queda en el templo para situarse en su misión evangelizadora. Pero Jesús en obediencia a sus padres regresa a Nazareth y allí crece en sabiduría y en edad, más llegará el momento en que tendrá que separarse para cumplir en plenitud su misión.

¿Qué le digo al Señor?
En la oración me dejo cuestionar por Él, que me interpela: ¿Por qué me buscas? ¿Soy constante en la búsqueda del Señor? ¿Dónde quiero encontrarle al Señor? ¿En las cosas, en las personas? ¿En los débiles, en la oración, en los sacramentos? Repitamos una y otra vez. “Padre, que yo te busque incansablemente. Como lo hizo tu Hijo Jesús, como lo hicieron nuestra Madre María y san José”.

¿Qué compromiso puedo hacer?
Contemplo a Jesús adolescente-joven que manifiesta su deseo de realizar la voluntad del Padre. A María y a José que tratan de comprender los proyectos de Dios en sus vidas. Contémplate a ti mismo, que con frecuencia te desilusionas porque no ves claramente lo que el Señor espera de ti. Y como acción: intentaré descubrir la voluntad de Dios en mi vida, sobre todo, en la oración que me hará descubrir el sentido de los “signos de los tiempos”. Repetiré con frecuencia: Habla, Señor, que tu siervo escucha (1 Sm 3, 10), Aquí vengo, Señor, para cumplir tu voluntad (Heb 10, 9; Sal 40, 4, 8).

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3890Sun, 30 Dec 2012 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levántense, alcen la cabeza: se acerca su liberación. Tengan cuidado: no se les embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se les eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estén siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manténganse en pie ante el Hijo del Hombre”. (Lc. 21, 25-28. 34-36)

Lectio Divina
Se acerca su liberación


Reflexión
En primer lugar quiero fijarme en cómo Jesús establece una diferencia entre los hombres, es decir, aquellos que estarán llenos de miedo ante los cataclismos y verán venir al Hijo del Hombre, y ustedes a quienes ordena levantarse, alzar la cabeza, pues ya está cerca su liberación. Como complemento de estas dos primeras órdenes se añaden el no dejar que el exceso de comida, bebida y los problemas de la vida los distraigan a ustedes. Por último, Jesús llama a la oración constante y así presentarse seguros ante el Hijo del Hombre, ustedes. Me parece claro que yo formo parte de ambos grupos. El grupo de la humanidad que encuentra su seguridad en la estabilidad de los elementos de la naturaleza, me mantiene tranquilo que todos los días salga el sol, que haya épocas de lluvia, pero no excesiva lluvia, que haya épocas de calor pero no excesivo calor. Si este orden se rompe es claro que yo y todos los demás estaríamos muy asustados. Pero aparte me puedo considerar con certeza en el segundo grupo. El grupo de “ustedes”, porque me estoy acercando a la Palabra de Jesús como Palabra de Dios, soy su discípulo tanto como todos los demás que escuchamos este Evangelio dentro o fuera de la Santa Misa. El Señor en su discurso hace suponer que nos encontramos en una circunstancia de sumisión o perdición y que cuando los cataclismos sucedan pongamos atención para darnos cuenta de que nuestra salvación o liberación ya están cercanas. Como el Señor también supone que estamos inmersos en este mundo también estamos tentados de llenar nuestra vida de comida, bebida y preocupaciones. Todas estas cosas son parte de la vida, no pueden llenar toda la vida a riesgo de que todo suceda y no estemos preparados. Por último, la venida del Hijo del Hombre, es decir, la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, es para todos. Unos estarán llenos de miedo, tal vez de vergüenza pero Jesús nos invita a estar atentos y orar para librarnos de lo que viene y presentarnos seguros, de pie ante el Hijo del Hombre.

Contemplación
El discurso de Jesús puede ser imaginado con cierta facilidad, puedo imaginar que el Señor venga a mí, yo he escuchado su palabra y he tratado de ponerla por obra. Le invito, amable lector, a permanecer frente al Señor en ese momento, no forzar discurso sino saborear la presencia, no forzar descripciones de cómo veo o cómo es o será el Hijo del Hombre, simplemente estar ante Él… Una vez que ya he realizado este ejercicio por algún tiempo, le invito a pasar a un segundo ejercicio: todos alguna vez hemos experimentado la emoción de esperar la llegada ya anunciada y ya próxima de una persona querida. Le invito a que suscitemos esta emoción centrando nuestra atención en el Señor Jesús, puedo sostener este ejercicio de contemplación con la frase: “ven Señor Jesús” (repítala pausadamente por un tiempo)…

Oración 
Señor, así como este mundo un día empezó y algún día terminará, reconozco que también mi vida un día empezó y algún día terminará. Así como seguramente ocurrirán catástrofes en el fin del mundo, al acercarnos a la muerte suelen ocurrir la pérdida de la salud, el aislamiento de los seres queridos, el fracaso en el ámbito profesional. Todos ellos son signos que nos dan mucho miedo y nos causan muchos sufrimientos. Por eso hoy quiero tomar en serio tu invitación a ponerme de pie y levantar la cabeza pues ya está cerca mi salvación, mi liberación. No ha sido lo más constante de mi vida pero a veces sí me he sentido oprimido, insatisfecho o frustrado, y pienso que solamente con la llegada de tu Reino en plenitud quedaré verdaderamente satisfecho, por ello también te pido tu ayuda para no caer en la tentación de embotar mi corazón de comida, bebida y preocupaciones para así, velando y orando esté cierto y confiado en presentarme ante Ti para entrar en la vida eterna. Amén

Compromiso
En estos días estamos por entrar en un ritmo de celebraciones familiares y sociales que se prestan a la disipación y cierto desenfreno. No estoy en este mundo para vivir en la inconsciencia sino para caminar con Cristo; por ello me propongo practicar la moderación en mis apetitos y poner atención a los que me rodean para atender sus necesidades.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3847Domingo 02 de Diciembre de 2012 12:30hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús le contestó: “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”. Pilato replicó: “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?”, Jesús le contestó: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “Conque, ¿tú eres rey?”. Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. (Juan 18, 33b-37)

“Mi Rey”
P. Oscar Arias

Meditación
En el último domingo de este Año Litúrgico, celebramos la Solemnidad en la cual proclamamos a Nuestro Señor Jesucristo como Rey del Universo, y para ello tomamos un fragmento del relato de la Pasión de Jesús, según san Juan. Concretamente es el diálogo en el Pretorio, el lugar de procuración de justicia del imperio romano en sus provincias; diálogo sostenido entre dos autoridades: un Rey y un gobernador (Poncio Pilato fue gobernador de Judea entre el año 26 y 36 de nuestra era).
Parece que Jesús lleva a Pilato a pronunciarse sobre si él piensa que, Aquél a quien le han entregado para dispensar justicia, es un reo o es un verdadero Rey. El mismo Pilato le pregunta más de una vez si es Rey (v. 33. 37) y más adelante terminará diciendo que Jesús es Rey de los Judíos (v. 39 y 19,14) pero no suyo, y así lo entregará a la muerte.

Contemplación 
Por el diálogo que hemos meditado me parece como si a Jesús ya no le importara si es o no Rey, porque toda su atención la centra en querer descubrir qué es lo que opina aquella persona que tiene delante, aunque sea procurador de justicia o gobernador o presidente o cada uno de nosotros; y nos pregunta: “¿dices eso por tu cuenta o es lo que otros han dicho de mí?” (v.34) Como vimos en el relato, Pilato parece que nunca quiso involucrarse con la vida y la suerte de Jesús: “¿a su Rey voy a crucificar?” (Jn. 19,15) y termina mandando escribir: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos“ (19,19).
¡Claro!, y es que le costaba tanto reconocer que Jesús fuera Rey también para él, porque de haberlo hecho, hubiera perdido su cargo en el Imperio Romano, hubiera arriesgado su puesto, la posición de su familia, sus lujos y seguramente hasta la vida, ¡claro que era más cómodo! decir que él no tenía nada que ver con Jesús, por eso se lava las manos sobre la suerte de Nuestro Rey.
Así nosotros, seguramente proclamar a Jesús como Rey nuestro, implica ciertos riesgos, tal vez los mismos que para Pilato; pondría en riesgo algún negocio en el que estamos trabajando, alguna relación que no hemos querido dejar, si Jesús fuera nuestro Rey tal vez no usaríamos el internet como lo usamos o tal vez nos preocuparíamos más por tantas cosas que podemos arreglar.

Oración 
Señor Jesús, permíteme aclamarte al final de este año litúrgico como Mi Rey, que no me importe si al proclamarte Rey pongo en riesgo mi comodidad que me tiene tan indiferente de mis hermanos, que no me importe perder otras cosas de mi vida que no van bien, que me decida a gritar que sí, ¡que Tú eres Mi Rey!. 

Acción
Vivamos en esta semana alguna de las cláusulas que implicaría vivir en el Reino de Jesús, es decir, ayudar a alguien que lo necesita, no sobornar, no meterme en la fila, no copiar en el examen, no comprar cosas superfluas.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3832Domingo 25 de Noviembre de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes, con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprendan de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducen que el verano está cerca; pues cuando vean ustedes suceder esto, sepan que Él está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”. (Mc 13, 24-32)

¡Fin del mundo, no; venida de Cristo en su Gloria, sí!

¿Qué dice el texto?
Podría entenderse que, en este texto bíblico, Jesús nos esté hablando acerca de lo que será el fin del mundo, sobre todo por el colorido de los fenómenos naturales que se mencionan, sin embargo, no es así; el texto nos habla de lo que será la segunda venida del Señor, en la que hará resplandecer su gloria; por eso, «el sol se oscurecerá y la luna perderá su brillo». 
El discípulo, entonces, comprende que no está a la espera del fin del mundo, sino a la venida de su Señor; acontecimiento que invita a la atenta escucha de la Palabra, poniéndola en práctica: «cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán». 

¿Qué me dice el texto?
Seguramente has escuchado que, según “el calendario maya” el mundo terminará el 21 de diciembre de este año. Más aún, a veces se llegan a interpretar los terremotos, ciclones y tormentas como claras alusiones al llamado “fin del mundo”. Esta “opinión” nos impulsa a reflexionar sobre dos cosas: por una parte, que las catástrofes naturales, de las que hemos sido testigos, no hablan del “fin del mundo”, sino del poco cuidado que hemos tenido por nosotros mismos y por nuestro planeta; y por otra, ¿de qué nos serviría saber cuándo terminará el mundo, si el mundo (cada uno que habita en él) no cambia? 
En efecto, el Evangelio deja en claro que el cristiano no está a la espera del “fin del mundo”, sino que está en espera del Señor de la Vida: Cristo. De hecho, es una petición que está inscrita en dos momentos cuando celebramos la Misa: la primera, cuando decimos “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven Señor, Jesús!”; y la otra, en la oración del Padre nuestro, cuando expresamos, ¡Venga a nosotros tu reino! Por tanto, no tenemos que preocuparnos por el cuándo pues «nadie sino solo Dios sabe el día y la hora», sino por el cómo, nos estamos preparando para recibir al Esposo.  
Sería bueno que hoy guardes en tu corazón estas palabras del Evangelio: «Nadie sabe el día ni la hora, sólo el Padre»; y descubras cómo Dios es paciente con sus hijos, que el tiempo es una oportunidad para cambiar los malos hábitos, y para poner en práctica el amor que recibimos de Dios como don. 

¿Qué me hace decir el texto?
Señor, nosotros no sabemos el día ni la hora de tu regreso. Te rogamos, con humildad, que nos ayudes a mantenernos siempre vigilantes en la fe, esperanza y caridad para recibirte hoy, en la Eucaristía y en nuestros hermanos, y mañana en la plenitud de tu gloria. Amén.

¿Qué me motiva a hacer el texto?
Estar atentos a la venida de Cristo, el Esposo, exige poner en práctica las vocales de la vida cristiana: 
Ama a Dios y a tu prójimo como ti mismo. 
Examina diariamente tu vida según el Evangelio. 
Ir a Misa todos los domingos sabiendo que Dios te espera. 
Ora a tu Padre quien siempre está atento a la súplica de sus hijos.
Unifica a tu familia con la comprensión y el perdón, descubriendo día a día los tesoros que hay en ella.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3803Domingo 18 de Noviembre de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa”. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a los discípulos, les dijo: “Les aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”. (Mc 12, 38-44).

Dos moneditas

Lectura
Dos moneditas. Más aún, dos moneditas de muy poco valor. En realidad, eran insuficientes para llevar una vida aun de pobreza. Jesús alcanza a ver, con aquella mirada que atiende las conductas y, a la vez, las motivaciones profundas, la insignificancia cuantitativa de aquella ofrenda, que sin embargo a los ojos de Dios constituía la más generosa alabanza realizada ese día en el templo. Muchos ricos habían dado en abundancia. Tal vez eran aquellos descritos inmediatamente antes, los que se pasean con lujosos ropajes y les gusta ser reconocidos en los lugares públicos, capaces, sin embargo, de lanzarse como aves rapaces sobre los bienes de los menesterosos. El Señor se fija en la calidad de la ofrenda, que depende del movimiento del corazón que la ha entregado. Todos los demás han echado al tesoro del templo lo que les sobraba, pero aquella mujer, en su pobreza, echó todo lo que tenía para vivir.
 
Meditación
El episodio ocurrió en el Templo. Lugar santo consagrado para que en él Dios manifestara la gloria de su presencia. Entrañable espacio para la identidad nacional judía, que se reconocía deudora en todo momento de la generosidad del Dios que los había elegido. Tabernáculo incomparable para realizar el mandamiento de amor indicado por la piedad judía: amar a Dios sobre todas las cosas. Ahí, donde la mirada de Dios reposaba para atender las súplicas de su pueblo, escudriñando lo que ocurría en los corazones de los hombres, continuaba la historia de amor entre Dios y su pueblo. La mirada de Dios tenía ahora ojos humanos en Jesús. Él vio conmovido las dos moneditas que proyectaban la intensidad del amor de aquella viuda. Ella dio todo lo que tenía para vivir. Mientras los demás echaron sus sobras. ¿Cuál es mi ofrenda hoy, con la que llego a la Eucaristía? ¿La consagración de toda mi vida, o migajas de mi tiempo y de mis cosas para Dios?
 
Oración
¡Señor! Mírame con esos ojos de piedad, y reconoce la pobreza de mi ofrenda. Pero no permitas que esa pobreza sea el mezquino resultado de mi egoísmo, sino la conciencia lúcida de mi barro. No quiero darte las sobras de mi ocio, sino mi respiración, mi alimento, mis sentimientos, mis ideas, mis palabras y mis obras. Sé que contienen poco amor, pero quisiera, con todo, entregártelas. Tú puedes transformarlas en pan eucarístico. No quiero calcular el precio de mi don, sino acudir a tu presencia y consignarte todo lo que soy. Ayúdame, también, a valorar desde tus ojos el amor humano que me circunda. No las poses arrogantes de la autosuficiencia y la apariencia, sino el milagro cotidiano en el que tu amor sigue latiendo en quien entrega las dos moneditas de su vida para que el culto de la caridad cristiana se realice.
 
Contemplación
Aquí tienes, Señor, mis dos centavos. Permíteme vaciarlos sobre el tesoro inagotable de tu amor, unidos a la sangre de tu Hijo, en quien adquieren consistencia y brillo nuevo.
 
Acción
En estos días, entregaré algo de lo que necesito para vivir. Pueden ser bienes, pero también tiempo, afecto, atención, horas de sueño. Lo haré con el deseo de entrar en sintonía con la generosidad inconmensurable de Dios, sabiendo que Él me mira y valora la ofrenda desde la intención del corazón.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3774Sun, 11 Nov 2012 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”. Respondió Jesús: “El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. El segundo es éste: ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay mandamiento mayor que éstos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. “Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. (Mc 12, 28b-34).

No estás lejos del reino de Dios
P. Salvador Martínez

Meditación
Después de leer varias veces el texto, le propongo que usemos la imaginación para ubicar el contexto vital de este encuentro entre Jesús y el maestro de la Ley. Este diálogo se realizó en Jerusalén y tal vez más específicamente en el Templo de Jerusalén. Podemos imaginar que había gran movimiento de personas, todas ellas en un ambiente de prepararse para ingresar en la zona más especial que era el recinto donde se encontraba el altar de los sacrificios y la lámpara de siete brazos. Podemos imaginar cómo Jesús y sus discípulos estaban reunidos formando círculo y allí se acercó el maestro de la Ley, después de haber escuchado por un rato a Jesús. Imaginemos cómo pudo haber sido la mirada sostenida entre los dos hombres, Jesús y el maestro de la Ley. Una pregunta sincera que probablemente podía iniciar una discusión. De hecho discutían mucho los distintos grupos religiosos judíos a propósito de la supremacía del culto o de la moral en los mandamientos. Jesús, al responder, manifiesta total adhesión a la perspectiva moral. Amar a Dios y al prójimo son los primeros y mayores mandamientos. El doctor estaba plenamente de acuerdo y lo reafirma por encima de cualquier mandamiento relacionado con el culto. Puedo preguntarme, todavía haciendo recurso a la imaginación, ¿Cómo se habrá sentido Jesús en este diálogo? ¿Cómo se habrá sentido el doctor de la Ley?... (Tiempo para permanecer en silencio interior). Una vez realizado el primer ejercicio, también puedo hacer un intento de cuestionamiento interior. ¿Qué es lo que a mí me importa más cuando pienso en mis deberes religiosos?...  Es posible que piense que la asistencia a Misa es lo más importante o lo indispensable ¿Qué pensaría de este criterio el Señor?… También resulta interesante cómo Jesús no enunció sólo el primero: “amar a Dios sobre todas las cosas”; sino también unió íntimamente el segundo “amar al prójimo”. Esta forma de pensar es congruente con otras frases de Jesús: “lo que hiciste a uno de estos pequeños a mí me lo hiciste”, “vengan benditos de mi Padre porque estuve sediento y me dieron de beber…” ¿Soy capaz de ver a Cristo en los necesitados que me rodean?...

Contemplación
La forma en que Jesús enunció el primer mandamiento nos recuerda las palabras de Dios dirigidas a su pueblo en el camino del Éxodo: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón…” Podemos hacer un ejercicio de contemplación a partir de la frase “Escucha, el Señor es nuestro Dios, ámalo de todo corazón” o con una frase construida personalmente. Hay que repetirla interiormente sin pretender pensar mucho, simplemente hay que resonar con su contenido, sentir como cae en lo profundo, como me llena. Podemos hacer un segundo ejercicio contemplativo a partir de las últimas palabras del Señor dirigidas al doctor de la Ley. En primer lugar con la imaginación puedo ponerme en el lugar de doctor de la Ley, sentir la mirada de Jesús sobre mí y en ese mismo tiempo escuchar de sus labios: “no estás lejos del Reino de los Cielos”… En ocasiones suele suceder, cuando hacemos estos ejercicios, que surja un escrúpulo o sentimiento de indignidad. Nos viene la tentación de no dejarnos decir cosas buenas de parte del Señor. A ello hay que responder con la confianza humilde, si Dios me lo quiere decir quiero dejarme que me lo diga. Si reconozco algún pecado que está como piedra que se interpone, es una  excelente ocasión para renunciar a ello.  

Oración
Señor Jesús, ha sido hermoso encontrarme frente a frente contigo, como lo hizo aquel doctor de la Ley. Cuando me acerco a Ti para proponerte mis dudas, también mis pesares no siento que me juzgues o me reproches, siempre he encontrado en Ti la mirada limpia de quien me pone atención y ya. Sé bien que me conoces mucho mejor de lo que yo pueda conocerme y aun así no te escandalizas de encontrarte conmigo y siempre estás dispuesto a contestarme, a entablar un diálogo amistoso. Hoy he comprendido que es importante rendirte culto porque a través de signos me muestras Tu amor. Pero me llamas a no olvidar que los mandamientos más importantes radican en el ejercicio del amor a Dios y al prójimo. Con respecto a esto, muchas veces no me permito salir al encuentro de las necesidades de los demás. Me escudo en el prejuicio de que si no me piden ayuda, no quiero ser inoportuno o metiche. Te pido perdón si te dejé ir por el camino de la vida, adolorido, solitario, triste, o necesitado de algo que pude haberte dado. Dame entrañas de misericordia para compadecerme más frecuentemente y poner en práctica el amor. A Ti que vives y reinas por los siglos. Amén.

Compromiso
Podemos proponernos más atención al encuentro con Dios en la oración y en el servicio al prójimo. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3746Domingo 04 de Noviembre de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará. A los que crean, les acompañarán estas señales: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, cogerán serpientes con sus manos, y aunque beban un veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos sanarán”. (Mc 16, 15-18) 
Vayan y proclamen

¿Qué dice el texto?
Este texto bíblico corresponde a la parte final del Evangelio según san Marcos, quien nos dice que la misión es un envío que consiste en anunciar a Cristo, que muriendo destruyó la muerte y resucitando nos dio una nueva vida. Esta misión no tiene fronteras, es decir, no es sólo para una nación o un país, o para un determinado grupo de personas; es universal, para todos. 
Para san Marcos la expresión “proclamar el Evangelio” es muy significativa, pues en esta acción, no sólo se anuncia a Cristo, sino que es Cristo mismo quien se hace presente en el anuncio. Por ello son importantes las señales que Cristo promete que acompañarán a los que creen, pues ellas hablarán de la presencia de Cristo y su victoria sobre el mal; la Vida que vence todo signo de muerte. “Hablar lenguas nuevas” alude a la presencia del Espíritu Santo, quien suscita un camino de fe mediante el anuncio, lo mismo que “imponer las manos en los enfermos” alude a la caridad que debe procurar la Iglesia en favor de los hermanos más necesitados. Esta contemplación empuja a la misión y la oración se convierte en caridad. El Espíritu Santo que suscita testigos de Cristo.

¿Qué me dice el texto?
La misión de anunciar a Cristo no es una tarea exclusiva de los obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas. Es un don que Dios entrega a todos los bautizados. Por lo que podemos precisar, que la misión no es una obligación, sino la correspondencia al amor de Cristo; así que, ¡tú también eres misionero! Tal vez esto te haga preguntarte: Si soy padre o madre de familia, ¿cómo puedo ser misionero? Y tal vez de esto vengan todavía más preguntas: un político que fue bautizado, un policía, doctor, abogado, estudiante de primaria, preparatoria, universitario; ¿cómo pueden ser misioneros? 
¡Y esto es lo extraordinario! Que la misión se desempeña allí donde tú estás. Tan sólo reflexiona un momento: qué pasaría si todos viviéramos nuestra fe, compartiéndola con acciones concretas, por ejemplo, la honestidad. Imagina, qué pasaría si aquel taxista decide no alterar su taximetro por vivir su fe; o si aquel político se desviviera en la búsqueda del bien de la sociedad por amor a Cristo. O si aquel estudiante decidiera mejor preparar bien su examen que copiar a un compañero. Nuestra sociedad sería otra, ¿no crees? Esto es una parte de lo que significa ser misionero; y que se puede precisar así: traducir la fe en Cristo en tu vida, en tus obras; pues en la medida en que vives tu fe, te haces misionero, como expresaría el Papa Benedicto XVI, serías un Evangelio vivo, donde los demás puedan leer en tu vida a Cristo. ¿A qué te impulsa vivir el Evangelio y en qué te comprometes?

¿Qué me hace decir el texto?
“Acompaña, oh Señor, a tus misioneros en las tierras por evangelizar, pon las palabras justas en sus labios, haz fructífero su trabajo”. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio. Amén.
(Oración del Papa Benedicto XVI, con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, el texto entre comillas, son palabras del teólogo John Henry Newman).

¿Qué me motiva a hacer el texto?
En nuestra Iglesia, hay misioneros que han consagrado su vida para llevar a Cristo donde aún no lo conocen. Seamos generosos compartiendo de lo poco que tenemos con ellos, a través de la limosna de este día; también, orando por su vocación y perseverancia, y comprometiéndonos a vivir el amor de Cristo para proclamarlo con nuestra vida.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3710Domingo 21 de Octubre de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replico: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!”. Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: “Hijos, ¡que difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”. Ellos se espantaron y comentaban: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Jesús se les quedó mirando y les dijo: “Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo”. Pedro se puso a decirle: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús dijo: “Les aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna”. (Mc 10,17-30)



“¿Qué debo hacer?”


Lectura
Poco antes de que Jesús llegara a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” En su respuesta, Jesús apeló a la bondad que pertenece a Dios, y recordó los mandamientos, especialmente los que tienen que ver con los deberes ante el prójimo. Lo que debe hacerse es imitar la bondad de Dios, sobre todo en el trato con los demás. A esta respuesta, el hombre reconoció que todo aquello lo había cumplido desde la juventud. Entonces Jesús da un paso adelante, invitando al hombre a incorporarse a su seguimiento: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. El hombre se retiró, entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús entonces habló con sus discípulos, recordando la dificultad que experimentan quienes viven apegados a las riquezas para entrar en el Reino de Dios. A pesar de ello, nada es imposible para Dios. Además, a pregunta expresa sobre la condición de quienes sí habían dejado todo para seguirlo, Jesús afirma que nadie que haya dejado bienes y relaciones humanas por Él y por el Evangelio dejaría de recibir en la vida mucho más –sin escatimarse las persecuciones–, y en el otro mundo, la vida eterna.
 
Meditación
¿Qué debo hacer? La pregunta vuelve a mi conciencia diariamente. La encuentro delante de las situaciones más precisas, pero también cuando de manera global considero mi existencia y el rumbo que toma. ¿Qué debo hacer? Y la respuesta inicial que tengo siempre ante mí es la que corresponde a mi naturaleza como ser moral: tengo muchas oportunidades de hacer el bien, de evitar el mal, de respetar a mis semejantes y ayudarlos. Eso es lo básico que encuentro en el sagrario de mi conciencia, y que orienta mis pasos ante tantas solicitaciones de romper el orden del bien. Pero también escucho una invitación más radical, que corresponde a mi condición cristiana. Hay un “más” que siempre me impulsa a extender la generosidad de Dios. Liberarme de lo que me ata para alcanzar la libertad en la entrega a mis semejantes. Escapar del mezquino individualismo que me hace pensar en mi perfección personal, desatendiendo el bien que puedo hacer con mis bienes, con mi tiempo, con mi energía, en favor del prójimo. Y aunque descubro una resistencia en mi interior, la mirada amorosa de Cristo sigue reposando sobre mí, esperando que yo pueda crecer en mi respuesta como discípulo suyo. El sentido de mi vida, la vida eterna, se fragua precisamente en la respuesta que yo vaya dando a esta invitación del Señor.
 
Oración
Jesús, tú eres bueno y la fuente de la bondad. Indícame el camino del bien. Diariamente me pregunto “¿Qué debo hacer?” A veces con tristeza me arrepiento: “¿Qué he hecho?” Pero considerando el regalo de tu amor, que me ha invitado a ser discípulo, siento que despierta de nuevo el deseo de ser santo, de caminar de tu mano hacia la vida eterna con muestras más claras y contundentes de desprendimiento y generosidad. Maestro bueno, ayúdame a seguirte, conforme al estado de vida al que me has invitado.
 
Contemplación
Descubro la mirada amorosa y silenciosa que Jesús dirige sobre mí, y, en ella, la invitación a reproducir en mi conducta su bondad y generosidad. Aunque a veces yo presiento ser incapaz de responderle a su amor, con sus ojos abre ante mí horizontes de libertad que yo no había nunca sospechado.
 
Acción
Haré el bien a mi prójimo, consciente de que prolongo con ello el amor y la bondad de Dios. Aspiraré a los dones más excelentes, dando más de mí de cuanto inicialmente había pensado.
 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3687Domingo 14 de Octubre de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaEn aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”, pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga un milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor. Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y que los arrojaran al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Pues más te vale entrar manco en la vida eterna que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Pues más te vale entrar cojo a la vida eterna que, con tus dos pies, ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Pues más vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos, al lugar de castigo donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. (Mc 9, 38-42.45.47-48)

 

“El que no está contra nosotros, está a nuestro favor”

 

Mons. Florencio Armando Colín Cruz

Obispo Auxiliar de México

¿Qué dice el texto?

El fragmento del Evangelio que hoy se nos proclama contiene abundantes enseñanzas propuestas por Jesús. Recordemos que el texto de San Marcos es clasificado como el Evangelio más antiguo. Este autor escribió los acontecimientos referentes a Jesús entre los años 60-65.d.C. Es el fruto, además, de materiales recogidos en las distintas comunidades de la Iglesia naciente.

El contexto global es sin duda la respuesta de Jesús a las vanas ambiciones de los discípulos: no solamente han discutido sobre quién es el más importante, sino que se sienten celosos de que otros, fuera del grupo, hagan el bien en nombre de Jesús. El capítulo 9 de Marcos es, por tanto, una gran catequesis dirigida a los discípulos para invertir sus criterios de mesianismo mundano.

 

¿Qué me dice el texto?

Este momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos a los que participamos en esta reflexión de la Palabra de Dios. Te invito a leer de nuevo el texto, y a dar una respuesta personal.

El texto nos ofrece varios temas importantes de reflexión, independientes entre sí, que pueden unirse en uno solo.

El primer tema es que Jesús admite como trabajo por el Reino lo que realmente es, aunque lo realice alguien que no pertenece al grupo de Jesús y a los discípulos. Esta interpretación viene avalada por la presencia del texto de Números, que tiene la misma lectura; una frase muy característica puesta en boca de Moisés: “¿Es que estás celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!”. Y es que el Espíritu trabaja y se alegra de la presencia de la liberación en cualquier parte que la encuentre, incluso si se da fuera del círculo de quienes siguen expresamente a Jesús.

El segundo tema viene representado por el verso: “El que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no quedará sin recompensa”. Tendemos fácilmente a identificar el mensaje en el contexto del “a mí me lo hiciste”.  Se trata de valorar positivamente todo lo que se hace por Jesús y por sus seguidores, aunque no sea la adhesión plena. Una vez más, la pertenencia al Reino no se hace con parámetros exclusivos sino inclusivos: no se rechaza por no estar del todo dentro, sino que se aprecia todo lo que signifique un acercamiento, por mínimo que parezca.

El tercer tema es el del escándalo. Llama la atención la gravedad de las expresiones con que se especifica el precepto. Sabemos que estas expresiones paradójicas son muy del gusto de Jesús, que las usa para enfatizar la importancia del mensaje. Esto está presente en los matices sorprendentes de muchas parábolas y, quizá de manera suprema en el dicho del camello y el ojo de una aguja para significar el peligro de la riqueza.

Esto hace que Jesús se encienda de indignación y profiera radicales amenazas. Las consecuencias son sin embargo opuestas: el grupo de discípulos caminará poco a poco hacia la conversión y servirán de testigos y mensajeros de Jesús, del Reino; mientras que los fariseos y doctores se cerrarán a la Palabra y apartarán de Jesús y del Reino a los demás. Estas enseñanzas que hoy contemplamos nos colocan frente a la radicalidad de nuestro seguimiento desde la perspectiva del escándalo. Un seguimiento radical "para que el mundo crea".

Podríamos anotar aquí múltiples consideraciones sobre los escándalos actuales de la Iglesia, que impiden la fe de muchos. La alianza con el poder, la ostentación de riqueza, el doble servicio: a Dios y al consumismo, nuestra conciencia de “pueblo privilegiado”, la marcada preferencia por lo dogmático sobre el servicio. Pero hemos tratado de estas cosas demasiadas veces. Será mejor dejar que cada uno reflexionemos sobre nuestra condición de llamados por Jesús, y la responsabilidad que contraemos ante el mundo.

 

¿Qué le digo yo al Señor?

La oración es la oportunidad para dialogar con el Señor. Por ello, en este ambiente de reflexión con motivo de este “Encuentro” con la Palabra, y en intimidad con el Señor, exhorto a que juntos digamos esta oración: “Señor Jesús, Tú nos has dicho: El que no está contra nosotros, está a favor nuestro. Y aunque alguien se empeñe en estar contra nosotros, nosotros nunca debemos estar contra nadie. Buscar en todos la comunión, es la verdadera tarea de un seguidor de Jesús. El cristiano nunca puede fomentar la división (desamor). Si aún me cuesta aceptar al otro tal cual es, es señal de que aún no he hecho mío el Evangelio. Todavía estoy esperando que cambie para sentirme bien. ¿Puedo imaginarme que Dios hiciera conmigo lo mismo?. Amén”

 

¿A qué me comprometo?

Ahora entramos en diálogo íntimo y personal con Dios, para saborear la presencia activa y creadora de su Palabra. Nos disponemos a ingresar en el umbral de la puerta de la fe, para hacer vida su mensaje. Y caminar en el proceso de evangelización para nuestra provincia, diócesis, parroquia, comunidad, para nosotros mismos, formando una Iglesia Joven convocando a los jóvenes para que sean sus testigos. Terminemos nuestra lectura orante, con un compromiso p]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3639Sun, 30 Sep 2012 00:00:00 GMT
Lectio DivinaEn aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterara, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará”. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?”. Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”. (Marcos 9, 30-37)

¡El más buena onda!
P. Óscar Arias Bravo
“Inscripciones abiertas. Pase a conocer el nuevo modelo educativo, sus hijos podrán salir con el diploma de “El más buena onda de su grupo”.

Meditación
Al final del capítulo pasado –el 8 del Evangelio de san Marcos– Jesús acaba de regañar a Pedro por quererse poner en el lugar del Maestro y decirle que lo de ir a sufrir a Jerusalén y terminar su vida como los demás profetas, no le podía pasar a Él. Jesús le dice: “Apártate de mí, Satanás” o ponte detrás de mí, ¡aprende!, no me digas cómo tienen que ser las cosas, porque tú no piensas con los criterios de Dios.

Ahora el capítulo presente, el 9, inicia llamando a Pedro, a Santiago y a Juan a un monte alto, donde se transfigura delante de ellos, les muestra su gloria y, bajando, hace el milagro de curar a un joven cuyo padre pide a Jesús que le ayude a creer: “creo, pero aumenta mi fe”, como disculpa por haberle dicho “si algo puedes, ayúdanos” (v. 22). 

Es entonces que caminando por Galilea, llegaron a Cafarnaúm, lo relata el Evangelio de este domingo. Jesús, que seguramente percibió algo extraño en sus discípulos, les pregunta: “de qué venían platicando por el camino?”, y ellos “NO LE CONTESTARON”.

Contemplación
¡Claro! cómo le iban a contestar. Imagínense a Pedro, la futura Cabeza de la Iglesia, que ya se estaba acostumbrando a ser el imprudente del grupo, haciéndose lugar entre sus compañeros y pasando delante de ellos nuevamente para contestarle a Jesús: “¿qué crees Maestro?, estábamos pensando... quién de nosotros es el más importante en el Reino del cual Tú nos has hablado!”. Bueno, pues así le hubiera ido a Simón, apodado Pedro, por necio que era seguramente. Sin embargo, Jesús les explica otra vez con gran paciencia y hasta con uno de los gestos más bonitos del 
Evangelio: acerca a un niño, lo pone en medio de ellos y lo abraza, dando además una sentencia, “el que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a Aquél que me ha enviado” (v. 37).

Al menos a mí me parece muy triste cuando las personas empeñan toda su vida en escalar, en querer ser reconocidos o en pretender ocupar el primer lugar en el salón, en el trabajo, en la colonia o en la sociedad. Imagínense una escuela que se hiciera promoción diciendo: “Aquí sus hijos no van a ser los primeros, pero van a ser bien buena onda”. Jesús pudo pretender llegar a ser Emperador, tenía la fuerza, los seguidores y el carisma. ¿Por qué renunciar a ser el número uno del Imperio?, ¿por qué no lo consideró importante? o es que, ¿despreciaba la administración pública? Seguramente su concepto del número "1" era distinto: el más sencillo, el que se hace el servidor de todos, el que ama a todos, el que le invita de su sándwich al compañero o el que cubre al colega de trabajo cuando está enferma su esposa; la que le recoge el niño a su vecina porque no ha llegado del trabajo o el que paga seguridad social a todos sus empleados aunque no sea el más rico. Para Jesús, seguramente todos estos, sí que son los más importantes del Reino.

Oración
Niñito Jesús, no dejes que nos hagamos demasiado serios y amargos de carácter cuando crezcamos, mantén siempre en nuestros corazones la alegría del niño que fuimos, y déjanos que seamos pequeños y sencillos como tú también lo fuiste. Ayúdanos a aportar el comentario esperanzador en situaciones tristes, así como lo hacen los niños, que con su sonrisa o hasta su ingenuidad, mantienen la felicidad como una alternativa en este mundo tan agobiado por tantos problemas. 

Acción
Esta semana, procuremos no ser mejor que nadie e intentemos ayudar a que alguien sea mejor que nosotros. 


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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3613Domingo 23 de Septiembre de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaEn aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los profetas”. Entonces 
Él les preguntó: “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! 

Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.
Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. (Mc 8, 27-35).

¿Quién dice la gente que soy yo?

¿Qué dice el texto?

“¿Quién dice la gente que soy yo?” y “Ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Son dos preguntas cruciales que sirven para lograr una comprensión de quién es Jesús en su ser y en su misión, y vivir una auténtica fe discipular. En este sentido, el texto nos presenta un proceso de comprensión a modo de “camino” (“y en el camino preguntó”), el cual, consta de tres pasos en los que Jesús va conduciendo a sus discípulos para que lo conozcan tal como es Él. 

El primer paso se da en la respuesta de la gente, que sitúa a Jesús en la índole profética, reconociendo en Él una misión divina, pero que no va más allá de una mera “opinión” sobre su identidad. Será Pedro quien, entonces, dé el segundo paso distanciándose del “decir” de la gente para realizar una profesión de fe que revela el ser de Jesús: “Tú eres el Cristo (el Mesías)”. Sin embargo, aunque es la respuesta verdadera aún no es completa, pues le hace falta agregar el sentido de su misión bajo la mirada escandalosa y desconcertante de la cruz. De modo que, este será el tercer paso del camino y que corresponde a la enseñanza del Señor: “comenzó a enseñarles que […] debía padecer […], ser rechazado […], muerto, y después de tres días resucitar”. 

Jesús no es, entonces, un mesías sediento de poder, reverencias, honores y que evita a toda costa el sufrimiento, como lo quisiera entender la lógica humana; al contrario, es el “totalmente otro” porque es el Mesías Crucificado, manso y humilde que sirve, y libremente da la vida por el hombre. Y con ello, es el “totalmente nuevo” porque su vida se convierte en el presente y futuro del ser humano para que trascienda de su pasado ofuscado por el pecado. 

¿Qué me dice el texto?

Una vez que Jesús ha agregado el “cáliz” del sufrimiento por el que deberá pasar, encuentra a su primer opositor, y esta vez, no es ningún fariseo ni escriba, sino el propio discípulo por excelencia: Pedro. Aún hoy, los primeros que se oponen a las exigencias de la fe, somos nosotros los católicos, que deseamos un Dios a nuestra medida, sin ningún compromiso con la fe. Por eso, la pregunta de Jesús también es dirigida para nosotros este domingo: ¿Quién soy yo para ti? ¿Te has dado la tarea de conocerlo? 
Pedro, como discípulo, dice el evangelista, se puso delante de Jesús para disuadirlo en su misión; por eso el Señor le dice: “¡Quítate delante de mí!” Y el defecto de Pedro, es transformado en enseñanza: “el que quiera ir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Hoy más que nunca urge ponernos detrás de Cristo para modelar nuestra vida a la suya. Justamente ponernos delante de Él es poner nuestro egoísmo por encima del Señor. ¿Hago mi examen de conciencia diariamente para reconocer mis caídas? ¿He reconocido el rostro de Cristo Crucificado en los pobres de mi colonia? ¿Qué he hecho por ellos? ¿Soy consciente que mi fe en Cristo crucificado me impulsa a vivir con coherencia?

El texto, ¿qué me motiva a decir?

Te ruego Señor, que rejuvenezcas mi fe para adherirme a tu Palabra, abandonarme en tu amor, seguirte con fidelidad y proclamarte con valentía. Amén.

El texto, ¿qué me motiva a hacer?
Seguramente, más de alguna vez has pensado que la persona que te crea dificultades, problemas, o aquel que te ofende es tu “cruz de cada día”; y no es así. Tomar tu cruz significa seguir a Cristo con fidelidad. Esta semana, si eres padre de familia acuérdate de bendecir a tus hijos haciendo la cruz en ellos, recordando que la fe en Cristo Crucificado te impulsa a ser un ejemplo de vida. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3600Domingo 16 de Septiembre de 2012 12:30hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le pidieron que le impusiera las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y dijo: “Effetá”, esto es “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se los mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y asombrados, decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. (Marcos 7, 31-37)

 

“¡Ábrete!”

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

Jesús vuelve al mar de Galilea después de haber recorrido las zonas remotas de la Tierra Santa, y de haber pasado incluso por la región griega de la Decápolis. Le presentan entonces a un hombre sordo y tartamudo, pidiéndole que le impusiera las manos. El gesto que el Señor realiza, sin embargo, resulta original. Apartándolo de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva, para decirle después, tras mirar al cielo y suspirar: “¡Éffetá!”, es decir, “¡Ábrete!”. Y, de acuerdo con el testimonio de san Marcos, al hombre se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y pudo hablar sin dificultad. A la atención personal que Jesús presta al hombre, hemos de añadir en el milagro la combinación de una palabra y de unos signos. La expresión usada, probablemente de origen arameo, va acompañada de una disposición orante, pues Jesús eleva los ojos al cielo, permitiéndonos ver que la curación tiene una eficacia que proviene de lo alto. Antes ha tocado las partes del cuerpo que están afectadas por la enfermedad.

 

Meditación

Podemos reconocer en el texto una estructura semejante a la que presentan los sacramentos. En ellos son también palabras y signos en un contexto de oración lo que da lugar a la acción eficaz de la gracia. De hecho, la memoria de este relato forma parte de los ritos adicionales al bautismo. De acuerdo con el ritual, el celebrante puede tocar con el dedo pulgar los oídos y la boca de quien ha sido bautizado, y decir: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre”. Más allá, pues, de la admirable intervención de Jesús en la curación de aquel hombre, podemos descubrir una realidad que sigue ocurriendo entre nosotros, cuando a la cerrazón de nuestros oídos a la Palabra de Dios, acompañada por los tartamudeos de la fe, se nos invita por la gracia a dejar que los dedos del Señor nos curen y, con su aliento, reavivan en nosotros el dinamismo de la fe. Los cristianos ya hemos recibido por el Bautismo esta facultad. La práctica de la fe nos ayudará a que no se nos entuma.

 

Oración

“¡Ábrete!”, dijiste, Señor, para que la incapacidad de acoger la Palabra de aquel hombre fuera vencida por tu aliento. Hoy necesitamos que nos vuelvas a abrir los sentidos interiores de la fe. Necesitamos tu palabra de vida que nos da vigor, para ser congruentes y manifestar al mundo la alegría de conocerte. Tócanos, Señor, el oído, introduce tus dedos santos en nuestros labios, de modo que seamos sensibles a tu Palabra y fuertes en la fe para proclamarla como testigos.

 

Contemplación

Escucho la voz del Señor que dice: “¡Abrete!”, y siento su mano tocándome los oídos y los labios. Experimento la libertad que me otorga con su acción, la salud a mi dureza de corazón. Lo he escuchado. Puedo manifestar lo que he vivido. La incomprensión y la torpeza de comunicación han quedado atrás.

 

Acción

Dedicaré un tiempo a la lectura del Evangelio, implorando del Espíritu la capacidad de estar abierto a su contenido, de asimilarlo y hacerlo vida.

 

 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3570Domingo 09 de Septiembre de 2012 12:30hrs
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. Al ver eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús “¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores”. Él contestó: “Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios,  pero su corazón está lejos de mí.  El culto que me dan está vacío,  porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos’.  Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres”. Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escuchen y entiendan todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”. (Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23).

Lo que sale de ti es lo que te hace impuro

Meditación
En el Evangelio de hoy Jesús critica la manera en que algunas autoridades judías exigían el cumplimiento de los ritos de purificación de los antepasados. En primer lugar, me viene reflexionar y preguntarme ¿En qué radica la crítica de Jesús?... Lavarse las manos es higiénico, pero en el Evangelio que leo no era ésta la razón por la que reclaman las autoridades, sino porque no cumplían con las tradiciones. La respuesta que les da el Señor me ayuda a comprender dónde está la molestia: “ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios y siguen la tradición de los hombres”. Lavarse las manos tiene más bien un valor simbólico, al parecer lavarse las manos para los fariseos era importante porque era hacer lo mismo que hacían los antepasados. Tal vez no era éste el valor original, más bien el valor original era hacer un signo de purificación antes de comer, considerando la comida como un acto sagrado. En la segunda y tercera parte del texto de hoy, Jesús extiende su enseñanza a la comida en general e interpreta mejor la Ley de Moisés. Lo que hace impuro al hombre no es lo de fuera, es decir: la mugre, el contacto con paganos o cadáveres; más aún el comer cosas permitidas o no permitidas por la Ley de Moisés, sino lo que sale del hombre. Propongo como ejercicio de reflexión y apropiación releer la lista de acciones inmorales propuesta en el texto y examinarme personalmente para ver si yo cometo alguno de estos actos… A partir de este ejercicio puedo realizar uno más preguntándome ¿qué virtud debo cultivar para salir de estas acciones malas?...

Contemplación
En este segundo momento podemos desarrollar una contemplación afectiva a partir de lo que Jesús valora. En concreto, como si Él me lo dijera, “lo que sale de ti es lo que te hace impuro”, fomentar en mi interior el sentimiento que me provoca el llamado a la integridad de mis actos… Un segundo ejercicio contemplativo puede realizarse a partir de la frase: “hacen el mandato de Dios a un lado para seguir tradiciones humanas”. Sin reflexionar, tan solo repitiéndola, sintonizar y probar después de un rato variantes.

Oración
Señor Jesús, en este domingo vienes hasta lo profundo de nuestras motivaciones. No son pocas las ocasiones en que exijo a los demás el cumplimiento de normas que yo mismo no cumplo. No son raras las veces en que más pretendo afirmarme que buscar el bien de los demás o el bien de la comunidad. Por ello en esta ocasión reconozco que necesito purificar mis intenciones, cuestionar primero cuáles son mis motivos profundos y de qué forma estos pretenden tiranizarme y tiranizar a los demás. Tú nos haces ver este día que puede haber hipocresía en nuestras costumbres religiosas, al torcer el sentido profundo de los ritos que celebramos. No dejes que caminemos por mucho tiempo en este error. Antes, al contrario, permanezcamos siempre con ánimo humilde dispuestos a cedes y condescender para procurar el bien de todos.  Amén.

Acción o compromiso
El compromiso de este domingo puede ser el resultado del examen de conciencia que hicimos en la parte de la meditación del texto. Es importante que cuando no me queden claras las palabras usadas por la Palabra de Dios pregunte a quien me pueda orientar. O bien, si no tengo claro por dónde superar un vicio también me deje ayudar por otras personas en particular los ministros sagrados. 
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3537Domingo 02 de Septiembre de 2012 12:30hrs
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto les hace vacilar?, ¿y si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de ustedes no creen. “Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren marcharse?” Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”. (Jn 6, 60-69).

Arriba los rudos…
P. Oscar Arias
–“¡Arriba los rudooooos!”–. Gritaba un niño al ver las luchas, con toda la voz para la que le alcanzaba su garganta. Yo percibía en él la ilusión de quienes enfrentan un combate con coraje, con valentía, con riesgo. No sé, tal vez gritaba tanto porque serían las mismas ganas y la misma pasión con las que él quisiera enfrentar su propia vida.

Meditación
Algunas traducciones de la Biblia llaman al largo capítulo 6 de San Juan: “La oposición a la revelación de Jesús”, otra lo titula: “Vino entre los suyos y los suyos no lo acogieron”, otra más: “El Rechazo”. De alguna manera, todos estos subtítulos quieren presentar que después de los signos, de los prodigios que Jesús ha realizado, todavía no creen que Él sea el Mesías enviado por Dios para la salvación del pueblo. 
Transformó el agua en vino, curó a paralíticos, caminó sobre las aguas, dio de comer a multitudes y, en este contexto, se ha presentado desde el versículo 22 al 59, como El Pan de Vida. Sin embargo, muchos de los que lo seguían, dicen: “esta palabra es dura” este mensaje es difícil. La palabra griega sklerós es riquísima, quiere decir: duro, seco, áspero, agrio, rígido, tieso, penoso, difícil, rudo, arisco, cruel, obstinado.

Contemplación
Ciertamente el mensaje de Cristo es muy bello y resulta hasta “bonito” cuando hay que ayudar a los demás, curar a los enfermos, dar de comer a los necesitados, etc. Pero eso de darnos nosotros mismos como alimento para los demás, es decir, consagrar nuestras vidas al servicio de la familia, de los hermanos, de la sociedad, eso ya es otra cosa, son palabras mayores, incómodas; tal vez el mismo Jesús creía que sus discípulos estaban listos para dar ese paso, de dejar todo atrás para seguirlo incondicionalmente e ir a entregar su vida también con Él a Jerusalén. Pero el mensaje les pareció muy rudo, rígido, áspero y para algunos, hasta cruel o incomprensible. Porque, ¿cómo podemos alimentarnos de Dios, cómo podemos comer su carne y beber su sangre? Y cómo darnos nosotros en alimento? ¡Es demasiado!
A veces pienso que el mensaje cristiano no tiene nada de suavecito, que el Reino de Dios requiere de riesgo, de valor, de ser un tanto rudo, hasta de un poco de imprudencia; como fue el mismo Jesús al meterse en problemas con las autoridades de su tiempo, problemas que le ganaron una condena y la pena máxima, la muerte.

Oración
¡Gracias, San Pedro! porque sacaste la casta por la humanidad, al reconocer en Jesús el único camino, la única posibilidad de felicidad en la historia, el único alimento y si bien parece duro su mensaje y áspera su doctrina, al pedir la entrega total al Reino de Dios, no tuviste más respuesta tan burda y tan valiente, tan pequeña y tan difícil, que: “Señor ¿a quién iremos?”

Acción
Aunque sea una estrofa diaria, cantemos durante esta semana la canción: “Señor, a quién iremos, tú tienes palabras de vida, nosotros hemos creído que Tú eres el Hijo de Dios”; queriendo llegar a hacer conciencia de que nuestro único camino y alimento es Jesús el Pan de Vida.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3510Domingo 26 de Agosto de 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre". (Mt 6,51-58)

Éste es el Pan que ha bajado del cielo
P. Julio César Saucedo
¿Qué dice el texto?
Nos encontramos en el vértice del discurso del Pan de Vida, que recorre de una forma sutil la vida de Cristo (encarnación, muerte y resurrección) hasta la vida en Cristo, es decir, en la comunión y comunicación personal y vital que se desarrolla entre el Señor y el discípulo, puntualizado en el texto bajo los pronombres personales: “mi”, “yo”, “él”, “su”.
En principio, hemos de entender que “carne” es un concepto utilizado en el arameo dando a significar “cuerpo vivo”. De ahí que los judíos comiencen a discutir entre sí: “¿Cómo puede darnos a comer éste su carne?”. Esta incomprensión del lenguaje no viene resuelta por Jesús, al contrario, se hace más “áspera” al agregar el término “sangre”, pues según la Ley, quedaba estrictamente prohibido probar la sangre de un animal, con mucha más razón la sangre de un ser humano, ya que ésta es, en todos sus sentidos, vida, la cual, es y pertenece a Dios. 
Tal pareciera que todo corresponde a un acto canibalista según la rigidez de las palabras, mas no es así, pues por una parte, bajo el término “comer” se denota el “contacto íntimo” y “la asimilación”; y por otra, con la expresión “carne” y “sangre” se indica al hombre en su totalidad. De modo que, en esta parte del discurso, Jesús nos habla de la íntima comunión con Él que se establece en el “comer su carne” y “beber su sangre”, cuyo beneficio es la participación ya en el presente de la vida divina y en el futuro de la resurrección. De aquí emergen dos hechos: la absoluta necesidad de comer la carne y beber la sangre de Cristo, el Hijo de Dios, y el elemento dinámico y vital de la Eucaristía en la que el Señor sostiene y transforma al hombre, no cancelando ni su vida ni su libertad, sino dándoles plenitud.  

¿Qué me dice el  texto?
Cuántas veces no hemos escuchado en nuestros distintos ambientes: “yo voy a Misa cuando me nace” o “voy a Misa porque si no me va a ir mal en la semana, no sea que ‘Diosito’ me castigue”, o esta otra: “yo mejor hago una obra buena que ir a Misa”. Todas ellas proceden de una mentalidad minimalista y legalista, que sólo miran el aspecto de cumplir con el precepto dominical, sin darse cuenta de que en la Eucaristía se otorga la más bella oportunidad, del don de una relación directa de amor entre Dios y nosotros a través de Cristo, el Pan bajado del cielo. “Dios no nos quita nada y nos da todo” (Benedicto XVI), no sólo para hacer buenas obras, pues éstas también las hacen los no creyentes, sino para transformar total y radicalmente nuestra vida y ser aquellos “hombres nuevos” de fe, esperanza y caridad. Con justa razón san Agustín expresó: “Eucaristía misterio de amor, símbolo de unidad y vínculo de caridad”. Te invito a que te preguntes: ¿Con qué disposición voy a Misa? ¿He visitado y orado ante Jesús Sacramentado? ¿Soy consciente y he correspondido al amor de Dios, quien lo ha dado todo por mí?
¿Qué me motiva a decir el texto?
“Oh Jesús, tenga siempre mi corazón hambre de Ti, fuente de vida, manantial de sabiduría y de ciencia, río de luz eterna, torrente de delicias, abundancia de la Casa de Dios: que te desee, te busque, te halle; que a Ti vaya y a Ti llegue; en Ti piense, de Ti hable y todas mis acciones encamine a honra y gloria de tu nombre, con humildad y discreción”. Amén. 
(San Buenaventura).
¿Qué me motiva a hacer el texto?
Siempre es importante recordar para vivir lo que Dios ha hecho y hace por nosotros. Por ello, te propongo que reflexiones sobre la presencia de Dios en tu vida, y anotando en una hoja los frutos, puedas contemplar que la Eucaristía es una relación de amor: “Mi amado es para mí y yo para mi amado” (Ct 6,3) – “permanece en mí y yo en Él”.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3481Domingo 19 de Agosto de 2012 12:30 hrs
Lectio DivinaEn aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”. Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquen. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: ‘Serán todos discípulos de Dios’. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. (Jn 6,41-51)

 

No murmuren

P. Julián López Amozurrutia

 

Lectura

Jesús se había presentado como el pan vivo bajado del cielo, suscitando la sorpresa entre los judíos, que se pusieron a murmurar contra Jesús. Aquella era la murmuración de los corazones endurecidos, de los que pretenden saber y hablan sin conocer la realidad, de los que se aferran a sus opiniones y se resisten a cualquier novedad: “¿No es Jesús, el hijo de José? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”.

Pero así era. Él procedía del ámbito divino, había “bajado” siguiendo el mismo camino que los judíos celebraban en el maná, como alimento del cielo. Jesús les advierte: “No murmuren”. La palabra humana que se adelanta atropelladamente al auténtico conocimiento, puede tropezarse con el error y sucumbir en la mentira. Es necesaria la prudencia que escucha, que se deja atrapar por la belleza del Dios que llega. “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado”. Jesús desciende como “pan”, como alimento celestial, para darle al mundo la vida verdadera, la vida eterna.

 

Meditación

Jesús es pan que viene del cielo, y ha de ser recibido por corazones bien dispuestos. El movimiento de encontrarnos con Él es producto de la gracia, es la acción que el Padre realiza por medio del Espíritu Santo atrayéndonos hacia él, permitiéndonos disfrutar el gusto sabroso de su consistencia, el ofrecimiento inmerecido de una vida nueva, que nos eleva, que nos proyecta a la eternidad. En cada Eucaristía tenemos la oportunidad de participar del divino banquete. A veces murmuramos las razones por las que nos privamos del alimento: tenemos mucho trabajo, estamos cansados, han llegado visitas, la familia organizó una fiesta; los centros comerciales nos esperan con sus propios murmullos. O aparecen otras razones: el sacerdote es aburrido, la comunidad es desagradable, está lloviendo a cántaros… Sin embargo, Dios mantiene su bella promesa, entregándonos en el sacrificio del Hijo el vínculo de la salvación. La belleza eucarística trasciende las murmuraciones y nos provoca a dejarnos atrapar por el don divino, por su exquisita textura, por su noble consistencia.

 

Oración

Jesús, hoy me invitas a detener mis labios en sus afanes ociosos para escucharte y, en silencio, recibirte en la Santa Misa. Es verdad: yo también he murmurado contra ti y contra tu don; me he privado de tu obsequio y he perseguido la palabra insulsa. Sin embargo, el Padre me atrae hacia ti con insólita suavidad y dulzura. ¡Eres bueno, pan de vida! Ahora abro los labios conmovido por tu amor y deseo nutrirme de tu misma carne. Me atrevo a recibirte no por mis pobres méritos, sino porque no se puede rechazar un amor tan grande. Hazme con la gracia del Espíritu digno de ser tu comensal.

 

Contemplación

Recibo al Señor en la Eucaristía con devoción y recogimiento. Me dejo tocar por el Espíritu que el Padre envía para vibrar conscientemente en una profesión de fe: Yo creo, Jesús, que estás presente en el altar, y que con tu muerte y resurrección me has salvado.

 

Acción

Procuraré estar alerta y bien dispuesto en la participación de la Eucaristía. Contagiaré a mis hermanos del gusto y la alegría que brotan de ella. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3457Domingo 12 de Agosto de 2012 12:30 hrs
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente porque habían visto los signos que hacía, curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”. Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues Él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarán para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil. Enseguida Jesús tomó los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente le fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes para que no se desperdicien”. Los recogieron, y con los pedazos que sobraron de los cinco panes se llenaron doce canastos. Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Este es en verdad el Profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, Él solo. (Jn 6, 1-15).

“Jesús tomó los panes”
Mons. Armando Colín Cruz
Obispo Auxiliar de México

¿Qué dice este episodio de la Palabra?
El texto que se nos propone hoy para nuestra reflexión se encuentra en la primera parte del Evangelio, el llamado Libro de los Signos, que va del capítulo 2-12, y en la tercera sección llamada “Jesús Pan de vida”, que desarrolla cuatro signos, entre ellos el de la multiplicación de los panes.
Este relato (cuarto signo), el evangelista Juan lo asume y reelabora, hecho que también conocen los Sinópticos (Mc 6, 32-44; Mt 14, 13-21; Lc 9, 10b-17). Es característica de este Evangelio la centralidad de la persona de Jesús, su preocupación por las necesidades del hombre. 
El relato de la multiplicación de los panes está envuelto en evocaciones referentes al Antiguo Testamento, pues refiere que “estaba cerca la fiesta judía de la Pascua”, que rememoraba la salida de Egipto. Aquí evoca para el lector cristiano la Cena Pascual (Juan no narra la Institución de la Eucaristía); esto ayuda a distinguir la Pascua Cristiana.
El texto de san Juan, a diferencia de los otros sinópticos, presenta a la muchedumbre motivada por un claro entusiasmo mesiánico, por los signos realizados. En este ambiente Jesús sube a la montaña y se sienta; esto da a la escena un carácter solemne y alude a la subida de Moisés al Sinaí (Ex 19, 20; 24,1s.), como también al festín Mesiánico-escatológico; sobre la montaña, prepara Dios para todos los pueblos un gran banquete (Is 25, 6-10).

¿Qué me dice el relato?
Este segundo paso tiene como objetivo discernir lo que el Espíritu Santo quiere decirnos en esta meditación de la Palabra de Dios. Esta pregunta puede iluminarnos: ¿Qué me dice este relato? Se invita a leer de nuevo el texto y a dar respuesta personal. Compartir con los demás nuestras experiencias.
El evangelista san Juan narra esta multiplicación de panes y peces. A esta muchedumbre le une un hecho real, el hambre. Jesús, compadeciéndose de toda aquella gente, da solución a aquel problema material y humano. Con ello, nos deja una enseñanza muy importante para nosotros sus seguidores: nos exige la solidaridad, el compartir lo poco o mucho que tenemos, y nos muestra que el dinero no lo es todo, como creían tradicionalmente. Sólo así podremos hacer un mundo nuevo, un futuro mejor.
Contemplamos a un Jesús encarnado y comprometido con su pueblo. Y Jesús quiere demostrarles que el dinero no es todo. Por eso, les pide que compartan lo poco que tienen: cinco panes y dos pescados. Los panes serían de cebada, los más baratos y que sólo comían los muy pobres. Los pescados serían pequeños, del Lago de Tiberíades, muy parecidos a las sardinas, y salados para poder conservarse en buenas condiciones. Pues bien, Jesús tomó los panes y pescados de sus manos, dijo la acción de gracias y se los devolvió para que los repartiesen a toda la muchedumbre que estaba sentada.
Y entonces, “sí”, a partir del compartir, de la entrega total de cuanto se tiene en favor de los demás, se realiza el milagro. Lo importante es dar, compartir. Dios, Cristo, hará el resto... Los que le seguían: cinco mil hombres: toda una multitud. Las sobras: doce canastos, recordando a las 12 tribus de Israel, que simbolizan al pueblo de Dios en plenitud. En este siglo XXI, millones de niños siguen muriendo de hambre. Ante tanta miseria, fácilmente caemos en la tentación del asistencialismo, haciéndonos simples intermediarios entre los hambrientos (excluidos, decimos ahora) y los opulentos, los poderosos, los ricos. De esta manera conseguimos ayudas que quitan el hambre hoy pero dejan intactas las estructuras injustas. El resultado es negativo: adormecemos tanto la conciencia del que oprime a los demás, del acaparador, como la del necesitado, pobre y excluido.
Un proyecto popular no consiste en entregar al pueblo una obra hecha, sino en que el pueblo se la apropie y aprenda a compartir en solidaridad llevando a cabo esa misma obra en comunidad. Y esto no es nunca fruto del dinero, sino de la transformación interior. 

¿Qué le digo yo al Señor?
Ahora, la oración es la oportunidad para dialogar con el Señor. Pidámosle a Dios que nos haga multiplicar a los hombres buenos, hombres responsables y generosos, como el joven que compartió su pan. Por ello, en este ambiente de reflexión con motivo de este “Encuentro” con la Palabra, y en intimidad con el Señor, exhorto a que juntos, como oración recitemos la oración del Padre nuestro, o algún Salmo, o bien alguna oración espontanea.

¿Qué compromiso me pide la Palabra?
Ahora nos sumergimos en el interior de nuestra vida en diálogo íntimo y personal con Dios para descubrir y saborear en ellos la presencia activa y creadora de la Palabra de Dios. Ahora a comprometerse con el proceso actual de evangelización para nuestra provincia, diócesis, parroquia, comunidad, para nosotros mismos. No es evadir nuestra realidad, sino ir al compromiso. Terminemos nuestra lectura orante con un compromiso personal.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3390Domingo 29 de Julio de 2012 12:30 hrs
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. (Marcos 6,30-34)



“Como ovejas sin pastor”

Meditación

Al regreso de un gran trabajo, los discípulos vuelven con Jesús, como a la fuente de Agua Viva, como a aquél lugar y persona que conjuga en sí misma la acogida, el descanso, la escucha, la paz. 

Las necesidades eran muchas, las multitudes grandes, y no tenían tiempo ni para comer; es decir, ni para lo más básico de cualquier persona. En otras palabras, estaban llenísimos de ocupaciones y aun así no habían terminado con el sufrimiento de la gente; tan es verdad que ya los esperaban en la otra orilla, al desembarcar.

Las lecturas de este domingo, que son el marco que encuadra el Evangelio, nos hablan sobre la figura del Pastor, tradición que se hereda desde tiempos del Antiguo Testamento, donde David pasa de ser pastor a ser Rey, y es ungido para ser responsable de la comunidad, para ser el pastor porque es quien tiene la función de cuidar, de defender, incluso, de enfrentar, arriesgando su propia vida, las amenazas que las ovejas de su rebaño puedan sufrir. 

Desgraciadamente, ya desde la antigüedad, en la administración pública, pero también en la religiosa, había pastores que se aprovechaban de la situación vulnerable de la grey; por eso escuchamos al profeta Jeremías en la primera lectura: “Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño” (23,1-6).

Contemplación

Realmente necesitamos pastores que se conviertan –al menos así lo reconocieron los Obispos de Latinoamérica en la reunión de Aparecida (2007)– para que, como Jesús, puedan sentir, desde lo más profundo de su ser, la necesidad de las personas y, anteponiendo la vida de su gente a sus propios intereses (e incluso a su salud), puedan atenderlas con calma –como finaliza el Evangelio de este domingo– y consagren su vida a ellos.

Pero el reclamo que venimos escuchando desde la primera lectura: “¡Ay de los pastores!”, se aplica no sólo a los pastores, sino a todo aquél a quien se le ha confiado el cuidado de sus hermanos, incluso en la administración pública, como pasaba en la antigüedad con el Rey. San Agustín, consciente de la gravedad que implica la responsabilidad del gobierno, afirmaba: “Donde me aterra lo que soy para ustedes, allí me consuela lo que soy con ustedes. Para ustedes soy obispo. Con ustedes soy cristiano” (Sermón 340,1). 

Oración

Señor Jesús, te pedimos por todos aquellos a quienes has encomendado la responsabilidad de dirigir una familia, un barrio, una colonia, un país, para que podamos ser conscientes de la importancia que tiene el encargarse de los hermanos, y dediquemos nuestras vidas y salud al servicio de quienes son más débiles.

Acción

Esta semana preguntemos a aquellas personas que cumplen lo que les ordenamos, sea empleado(a), hijo(a), vecinos, etc. qué piensan acerca de la forma en que administramos la encomienda que Dios nos ha dado. Así podremos saber si ellos no se sienten “como ovejas sin pastor”.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3357Domingo 22 de Julio de 2012 12:30hrs
Lectura del Santo Evangelio
Lectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: “Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en un lugar no los reciben ni los escuchan, al marcharse sacúdanse el polvo de los pies, para probar su culpa”. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. (Marcos 6,7-13).

Les ordenó que no llevarán nada

¿Qué dice el texto?
El texto inicia con una característica singular: “Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando”, detallando con ello, la manera itinerante como el Señor pregona la Buena Nueva. Este “recorrer” significaba para las primeras comunidades el “no acomodarse” para “ir en busca de”. En efecto, este texto retrata a partir de Cristo la actividad misionera de los Doce, y en ellos, de la primera comunidad. 
Después de esta frase introductoria, vienen tres verbos importantes para comprender la misión en el discipulado: Llamó, comenzó y ordenó. Con el primer verbo (“llamó a los Doce”), se puntualiza que la misión es siempre una llamada que procede de la gratuidad de Dios, pero ésta se ha de realizar de dos en dos (“comenzó a enviarlos de dos en dos”) subrayando que hay un apoyo mutuo y fraterno en esta vocación. La misión no depende de una persona, es un compromiso de toda la comunidad, a ello, Jesús confiere el “poder sobre los espíritus inmundos”, pues cierto que la misión es anuncio e instauración del Reino, pero también es lucha contra el mal y su poder. 
El texto continúa con el mandato del Señor: “Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón, ni pan, ni morral, ni dinero; que llevaran calzado corriente y un solo manto”. ¿Cómo ser creíble en la misión? La credibilidad procede por la vivencia de las enseñanzas de Cristo, no por lo superficial de las cosas. De modo que, la sencillez y la sobriedad con la que vive el discípulo-misionero manifiesta dos cosas: en primer lugar su pertenencia a Dios, y en segundo, que la misión y su éxito depende de la Providencia divina no de las cosas materiales: “sólo Dios basta”. 

¿Qué me dice el texto?
Ser misionero no significa dejar de ser discípulo. Al contrario, en la medida en que se es discípulo se podrá ser mejor misionero según las exigencias de la gratuidad del llamado. Según el texto, ¿cuáles serían las características del discípulo misionero que logras identificar? 
Ser misionero es "ir en busca de"; lo que supone "un salir de" nuestras comodidades, de nuestras preferencias, de nuestras propias costumbres. En efecto, la misión implica generosidad, donación, libertad en Cristo. Sin embargo, el texto también nos invita a una Pastoral Familiar, que es un extraordinario campo de misión, esto cuando se habla de “permanecer en la primera casa”. ¿De quién tendrías que ir en busca, allí en tu casa? Puede ser un hermano o algún familiar con quien no te has reconciliado, o puede significar un “estar más con los hijos” o poner “más atención a los padres”; que supone “un salir de” nuestro orgullo, de nuestro rencor, pues el misionero quien predica la conversión, es alguien que vive su propio proceso de conversión. ¿A qué actitudes y acciones te invita este texto?

¿Qué me hace decir "orar" el texto?
Padre nuestro, que nos has elegido para anunciar tu amor y misericordia, inunda nuestra vida de lo necesario para que venciendo nuestras tentaciones y resistencias, podamos ser profetas y testigos en una sociedad tan sedienta de ti. Te lo pedimos a ti Padre providente que nos has dado todo en tu Hijo, asemejándonos a Él por el Espíritu. Amén. 

¿Qué me motiva a hacer el texto?
Los discípulos han sido enviados no para sustituir a Jesús sino para prepararle el camino; la Iglesia no se anuncia a sí misma, el referente, el punto de llegada y de término es Cristo. Yo te propongo para esta semana que, reflexionando este pasaje evangélico lo compartas con alguna persona; sabiendo que esto es ser misionero, un compartir a Cristo. 

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3306Domingo 15 de Julio de 2012 12:30 hrs
Lectura del Santo EvangelioLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando. (Marcos 6,1-6)

Asombro y costumbre

Lectura
Jesús fue a su tierra con sus discípulos, y el sábado se presentó en la sinagoga, donde se puso a enseñar. Quienes lo escuchaban se llenaron de asombro. ¡Qué admirable, sin duda, sería escuchar al que es la Palabra comunicando la verdad de Dios a través de sus labios humanos! “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? –se preguntaban–. ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?”. Y, sin embargo, aquel mismo medio de comunicación que era su naturaleza humana parecía en extremo familiar y banal para ser aceptable. Sus paisanos estaban demasiado acostumbrados para aceptarlo. ¿Acaso no era el carpintero, cuyos parientes eran bien conocidos entre ellos? El resultado en Galilea fue, lamentablemente, un fracaso: no hizo ahí ningún milagro; sólo algunos enfermos fueron curados. El mismo texto nos aclara la razón: no fue por la falta de poder de Jesús, sino por la incredulidad de aquella gente. Al final, se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
 
Meditación
El Evangelio de Jesucristo es una provocación a nuestra libertad, una interpelación a nuestra capacidad de confiar, de creer. Dios no nos obliga a que nuestra respuesta a Él sea positiva. Su proyecto de salvación incorpora misteriosamente a la voluntad humana. En Galilea confluyeron dos actitudes humanas muy frecuentes: el asombro y la costumbre. Por un lado, se sorprendían de la enseñanza de aquel a quien creían conocer e identificar, y les cuestionaba su poder de realizar milagros. Sin embargo, el asombro que invitaba a la fe fue vencido por la costumbre, por las aparentes seguridades que otorga el ritmo cotidiano de la vida. Mejor no correr riesgos. No puede ser que en alguien a quien conocemos bien esté actuando personalmente Dios. Es inconcebible que en los detalles ordinarios de lo familiar se esconda la magnificencia de Dios. Y, sin embargo, así es. Los instrumentos de Dios suelen ser discretos y operan en los rincones del mundo. El mismo Verbo de Dios, al haberse hecho hombre, puede pasar desapercibido, o ser reducido a un rumor más en medio de la vocinglería de nuestros caminos. La respuesta queda abierta: dejarnos tocar por la palabra de salvación, en su sencillez, o mantenernos con arrogancia en la costumbre de lo que creemos conocer bien, aunque sea mentira.
 
Oración
Jesús, ven a tu tierra, a mi barro, en este día santo, y permíteme escucharte. Asómbrame con tu sabiduría que salva. No permitas que me acostumbre tanto a los medios que has dispuesto para mi redención, que termine por ya no reconocerte y recibirte en ellos: el pan de la vida, tu palabra proclamada, tu Iglesia y sus ministros, la delicada caridad de tus discípulos. Te has acercado a mí con suavidad para no asustarme. Ayúdame a valorar tu delicadeza y a no confundir tu gracia con bagatelas.
 
Contemplación
¿Realmente he comprendido quién es este Señor que me habla y sana? ¿He aquilatado su auténtico valor? ¡La más grande fineza de Dios es la suavidad de su presencia!
 
Acción
Evitaré la trampa de la costumbre. Buscaré los signos sutiles de la presencia del Señor en mi entorno familiar. Me dejaré arrobar por su sencillez.
 
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3279Domingo 7 de Julio de 2012
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio 
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente, que lo apretujaba. 
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: “¿Quién me ha tocado el manto?”. Los discípulos le contestaron: “Ves como te apretuja la gente y preguntas ‘¿Quién me ha tocado?’”. Él seguía mirando alrededor para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud”. 
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida”. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: “Talitha qumi” (que significa: “Contigo hablo, niña, levántate”). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. (Marcos 5,21-43)

Contigo hablo, niña, levántate

Meditación
Para el ejercicio de esta ocasión podemos preguntarnos en qué se parecen las circunstancias de la mujer anciana y las del jefe de la sinagoga. ¿Por qué se entrelazaron los dos relatos? (Es conveniente pensar y dejar un lapso de tiempo analizando los elementos en común). Una primera realidad es que ambos se encuentran en Cafarnaum, una pequeña población donde Jesús realizó muchos signos de curación de enfermos. Tanto la mujer como el jefe de la sinagoga se aproximan con el Señor porque buscan la salud, la anciana para sí misma y el hombre la salud de su hija. La respuesta de Jesús para ambos versa sobre la fe, creer es una condición indispensable para obtener el beneficio de parte del Señor. Ahora pensemos cuáles son las diferencias. En primer lugar, la mujer era anciana, la hija del jefe de la sinagoga era una niña; la mujer recibe el milagro sin que Jesús la hubiera visto o hablado con ella antes, en cambio, la fe del padre de familia es reclamada por Jesús, ya que le habían avisado que la pequeña había muerto. Jesús busca a la mujer después de haber realizado el milagro y le explica por qué obtuvo la sanación, en cambio, al resucitar a la niña Jesús les pide que le den de comer. Una vez que hemos visto similitudes y diferencias, nos podemos preguntar ¿Señor, qué quieres enseñarme?... Esta serie de curaciones remarca el papel de la fe humana como confianza que nos lleva a actuar. Tanto la anciana enferma como el padre preocupado, van en busca de Jesús motivados por la fe. Si la fe no nos lleva a la acción es una realidad muerta. El contacto de fe con Jesús es fuente de vida, en ambas curaciones constatamos que la enfermedad puede acabar con las personas. Los procesos de muerte pueden ser prolongados, como el de la anciana, o breves como el de la niña, incluso podemos llegar a situaciones límite como la misma muerte, pero ante esto la fe en Dios responde con toda su fuerza y rescata la vida.

Contemplación
¿Cuántas veces hemos sufrido como el padre de la chica o como la misma mujer ante las enfermedades? Incluso nos puede suceder que no tengamos una dolencia física, sino un terrible recuerdo que nos provoca rencor, tristeza o remordimiento profundo. En el ejercicio de contemplación podemos identificarnos con la mujer o con el padre, y acercarnos a Jesús y permanecer en su presencia silenciosamente, haciendo acopio de confianza o bien pidiéndole que nos sane. Para este efecto podemos elaborar una pequeña frase: “si tú quieres puedes sanarme”, o algo parecido…

Oración
Señor Jesús, al contemplar la fe de aquella anciana y de aquel papá atribulado, sobre todo al mirar cómo los llevó a buscarte y perseverar en el esfuerzo hasta sanar u obtener la salud para su hija, me siento conmovido. Muchas veces he pasado por fuertes tribulaciones o por enfermedades y me he dejado vencer. En ocasiones me desanimo con facilidad ante las primeras dificultades, mi oración es demasiado precipitada o con desgano. Ayúdame, Señor a perseverar en la fe, que mis obras manifiesten que creo y espero en Ti, fuente de toda vida, para que todos aquellos que están cerca puedan maravillarse de las grandes obras que realizas. Amén.

Acción o compromiso
El Papa Juan Pablo II, decía que la fe que no se hace cultura (modos de obrar sociales) es una fe poco creíble, no es una fe efectiva. Para que se pueda hablar de una cultura basada o iluminada por la fe es necesario que nosotros realicemos acciones efectivamente inspiradas en la confianza y el amor que profesamos por Nuestro Señor Jesucristo. No de vez en cuando, no por casualidad, sino que nuestra actividad diaria, nuestras decisiones y el modo de participar en nuestra sociedad sea valiente y desinteresado. Solamente así podremos asemejarnos a aquella anciana y a aquel jefe de la sinagoga que alcanzaron de Jesús verdadera vida.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3251Domingo 1 de julio del 2012 12:30 hrs.
¿ Qué será de este niño?

Lectura del Santo Evangelio

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: “¡No! Se va a llamar Juan”. Le replicaron: “Ninguno de tus parientes se llama así”. Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamara. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: “¿Qué va ser este niño?” Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel. (San Lucas 1,57-66.80)

¿Qué será de este niño?...

Meditatio

El texto que leemos este domingo nos habla de la natividad de Juan el Bautista. Así es que, con las mismas palabras que se dijeron de él: “¿Qué será de este niño?”, propongo que nos preguntemos sobre los niños que nacen en la actualidad y en el futuro que les espera.

Al día de hoy, una de cada seis personas está subalimentada en el mundo; el 75 por ciento de ellas son pequeños campesinos y no pueden satisfacer totalmente el desarrollo de sus familias ni de las comunidades donde viven.

En los encuentros que se están llevando a cabo, tanto en Los Cabos, México (G20), como en Río de Janeiro, Brasil (Rio+20), en torno al desarrollo de los pueblos, se ha señalado que la humanidad alcanzará unos ocho mil millones de personas para el 2030, y 10 mil millones para el 2050. Este crecimiento tendrá lugar sobre todo en los países en desarrollo, específicamente en zonas urbanas, en ciudades como la nuestra.

Contemplatio

Cada vez que bautizo a un niño(a) procuro hacer conciencia en los asistentes sobre del futuro que les estamos dejando a las próximas generaciones. Les cuento que cuando era niño, después de ir a Misa los domingos, mis papás nos llevaban de día de campo a mis hermanos y a mí, y podíamos tomar agua directamente de los arroyos en la periferia de esta gran metrópoli. Entonces los reto a que intenten hacer lo mismo, y se ríen porque saben que, aunque no ha pasado siquiera una generación, sería un “suicidio” hacerlo.

Por eso, con el Papa Benedicto XVI, que recientemente nos visitó, debemos afirmar: “Se trata, en definitiva, de asumir una actitud interior de responsabilidad, capaz de inspirar un estilo de vida distinto, con la sobriedad necesaria en el comportamiento y en el consumo para favorecer el bien de la sociedad, y que valga también para las generaciones futuras, por su sostenibilidad, tutela de los bienes de la creación, distribución de los recursos y, sobre todo, el compromiso concreto por el desarrollo de los pueblos y naciones enteras” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Alimentación 2011).

Y es que ahora tenemos una oportunidad no sólo muy importante, sino decisiva para el futuro de la humanidad, porque si queremos que las generaciones puedan existir, las decisiones las debemos de tomar hoy; llevar un estilo de vida distinto del que hemos venido llevando, donde “todos seamos responsables de todos” (SRS 38); un destino en el que todos estemos involucrados (que va más allá de un candidato u otro) y donde no sea el Estado el único responsable (CiV 38).

Oratio

Te pedimos, Señor, que nos ayudes a decidir correctamente el futuro de nuestros pueblos, de México en particular, no sólo en las urnas, sino en las decisiones de todos los días: dar mordida o no; ser injusto o no, buscar la paz o ser violentos. Ayúdanos a construir el México del cual estés orgulloso, en el que la Virgen se sienta contenta porque nos amamos como hermanos(as), como una Madre lo quiere para sus hijos.

Actio

Preparémonos toda esta semana en familia para la jornada electoral del próximo domingo, votemos, oremos y veamos en el hermano(a) que no piensa como yo, al mismo Cristo; seamos conscientes que de la paz, la justicia y los acuerdos que logremos en esa jornada depende el futuro de los niños y niñas de México.

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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3219Lunes 25 de junio del 2012 16:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega”. Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas”. Con muchas parábolas parecidas les exponía las palabras acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado. (Marcos 4,26-34)

El Reino de Dios es como…

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

En este pasaje evangélico encontramos dos parábolas acerca del Reino de Dios y en ambas, Jesús alude al uso de una imagen agrícola. 

En la primera parábola toda la atención se concentra sobre el grano sembrado en la tierra, el cual, independientemente del hombre y de sus circunstancias (duerma o se levante, de noche o de día) continua creciendo y desarrollándose hasta llegar a ser trigo. Importante es notar que el hombre interviene en dos momentos según el relato: al inicio cuando el hombre “echa el grano en la tierra” y al final, “cuando mete la hoz, porque ha llegado la siega”. La conclusión de esta parábola nos sumerge en el misterio de la creación, de manera que, en la obra hecha por Dios el hombre no hace más que sembrar, observar y cosechar, subrayando la gratuidad de los dones que Dios da como Padre; Él es el Señor y el hombre un humilde colaborador que espera participar de la alegría de la cosecha. 

En la segunda parábola, nuevamente en esta perspectiva agrícola, Jesús presenta bajo la pequeñez de un grano de mostaza (que según los expertos tiene una medida de 1,6 mm.) la potencia de la vida y su dinamismo impensable hasta hacerse “la mayor de todas las hortalizas”.

¿Qué me dice el  texto?

a) El Reino de Dios es gratuidad, y así como el grano sembrado en la tierra nos habla del maravilloso misterio de la creación, así Cristo sembrado en la tierra en su Pasión y muerte, resucita para hacernos partícipes de la cosecha de la vida divina. Ante esta acción libre y gratuita de Dios, el hombre se hace colaborador, dejándose modelar por la gracia que recibe en los sacramentos, por la escucha de la palabra y por la obediencia de la fe, teniendo la espera gozosa de participar de la cosecha eterna en la Casa del Padre. 

Dejarse modelar por Dios significa también ir conformando nuestra voluntad a la suya. Por lo que nos podríamos preguntar: ¿qué tanto cumplo la voluntad de Dios en mis quehaceres cotidianos? ¿Dios está presente en mis proyectos, o es al último a quien consulto? 

b) El grano de mostaza representa la pequeñez y la pobreza. Es en este reino en el que estamos tú y yo, con nuestras fragilidades, debilidades y pobrezas. Somos verdaderamente pequeños a los ojos de Dios, pero una vez que irrumpe la fuerza del Señor transforma aquello que parecía nada en un estupendo árbol donde albergan nidos de aves, que podríamos interpretarlos como las virtudes.

¿Cuáles son las flaquezas que estás dispuesto a trabajar ayudado con la gracia de Dios que te ofrece en sus Sacramentos? ¿Cuáles son las virtudes que necesitas cultivar en ti para transparentar la obra que Dios hace en ti? 

¿Qué me motiva a decir?

Señor, ayúdanos a concebir en nuestra mente y corazón buenos deseos para sembrar en la tierra obras que irradien tu misericordia, y progresando en el buen obrar, poder crecer en tu bondad hasta llegar a ser espigas que porten el fruto de un amor maduro a ti, el Sembrador eterno que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¿Qué me motiva a hacer?

El texto menciona de una manera discreta el asombro del hombre que ve brotar y crecer el grano sembrado. Desafortunadamente, hoy en día por llevar una vida de mucha “prisa”, no percibimos aquellos detalles ordinarios que son extraordinarios. Por ello, te propongo que a lo largo de tus jornadas observes los pequeños detalles que hay a tu alrededor, agradeciéndole a Dios al finalizar tu día por la gratuidad de la vida, tuya y de tus hermanos.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3189Domingo 17 de junio del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco. Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”. Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto porque lo acusaban de estar poseído por un Espíritu inmundo. 

Llegaron entonces su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a Él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”.

Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. (Marcos 3:20-35)

De Jesús decían…

P. Julián López Amozurrutia
 
Lectura

¡De Jesús decían tantas cosas! Los suyos, que había perdido la razón. Los escribas, que estaba poseído por Satanás. Y mientras las murmuraciones –con buena o mala voluntad– e incluso la maledicencia hacen sentir su confusa tolvanera, un milagro de dimensiones cósmicas está ocurriendo: una multitud se arremolina en torno a Jesús, al punto que no lo dejan comer; y hacia ellos se dirige la mirada de Jesús como respuesta definitiva: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Todo ocurre en una casa, el ámbito familiar por antonomasia. Ahí donde la intimidad es posible, donde se tejen las experiencias cotidianas compartidas. Jesús recuerda que lo propio de Satanás es dividir. Él, en cambio, está edificando en torno a sí la sólida familia que cumple la voluntad de Dios. Usando los mismos argumentos de los escribas, proclama al mismo tiempo la derrota definitiva de Satanás y la llegada de la realidad nueva del Reino de Dios. Puede parecer que la “casa fuerte” pertenece a los poderes del mundo. Pero no es así. La única casa fuerte, la que no puede derrumbarse, es la que se edifica sobre los cimientos de la verdad de Dios y la fidelidad a su alianza. Quien acepte la invitación, puede entrar en ella. Quien se quede afuera, quien se resista a acoger a Cristo, quien rechace la unción del Espíritu, inevitablemente renuncia a la salvación.
 
Meditación

Los golpes a la fe pueden provenir de muchos lados: algunos, de entre los más cercanos a nosotros; otros, de los que abiertamente se oponen a la obra de Dios. Es inevitable pensar que detrás de muchos ataques se esconde el misterio de la iniquidad, la acción pérfida del Insidioso. Sin embargo, no es él quien define la salvación. Jesús nos entrega la fuerza eficaz de su obra y nos invita a estar, con Él, dentro de su casa, escuchándolo, participando con Él. Si alguien decide quedarse fuera –¡si alguien peca contra el Espíritu!–, no será obligado a entrar. La fe es un acontecimiento de libertad. Digan lo que digan de Jesús o de su Iglesia, lo importante es escuchar lo que dice Jesús, el testimonio que da su Iglesia de Él. Ser discípulos suyos significa buscar con sinceridad y empeño la voluntad del Padre, y conformar nuestra vida con ella a través de acciones concretas y puntuales. Todo lo demás es palabrería.
 
Oración

Jesús, sabemos que tú eres el Hijo de Dios. Queremos escuchar tu palabra, reconocerla como la expresión autorizada de la voluntad del Padre y asumirla en nuestra vida con la fuerza de tu Espíritu. No permitas que nos confundan las voces torpes que hablan de ti con mezquindad. Queremos estar contigo en el hogar de tu familia, para escucharte y comer contigo el pan de la vida. Queremos estrechar entre nosotros, como Iglesia, el lazo sólido del amor fraterno. Aleja de nosotros la tentación perversa del Maligno, que busca confundirnos y apartarnos de ti. Te buscamos, Ungido de Dios. Danos un rincón en tu casa.
 
Contemplación

Jesús entró en una casa con sus discípulos. Mi corazón anhela, también, entrar con Él a la casa y aprender a cumplir la voluntad de Dios. Soy familia suya, quiero serlo, estoy dispuesto a serlo, y sé que el Espíritu no dejará de asistirme para que así sea. 
 
Acción

Fortaleceré mi convicción de fe escuchando la palabra de Dios, especialmente a través de su proclamación litúrgica y su actualización en las homilías de los sucesores de los apóstoles, en particular del Santo Padre Benedicto XVI.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3161Domingo 10 de junio del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28,16-20).

Fiesta de la Santísima Trinidad

P. Salvador Martínez

Meditación

En la lectura que hemos hecho del Evangelio, la escena nos invita a recrearla por medio de nuestra imaginación. Podemos ver al Señor hablándonos y dándonos sus últimas instrucciones. Se trata de un lugar campestre, tal vez con viento y soleado; es un encuentro entre amigos con su Señor. Llevemos ahora nuestra meditación a tratar de comprender algunos elementos de las Palabras del Señor. En primer lugar, sugiero que nos preguntemos ¿qué quiere decir el Señor con eso de que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra? (hagamos como siempre el espacio de silencio interior, si nos distraemos podemos plantear de nuevo la pregunta)… Tener poder normalmente hace referencia a una cualidad interior o espiritual (autoridad) y a una capacidad real que una persona tiene frente a un grupo para gobernarlo o dirigirlo. Jesús dice que le ha sido dado todo poder, por lo tanto que tiene una cualidad que lo hace totalmente superior a cualquier otro miembro del grupo comprendido entre los cielos y la tierra, por tanto, está por encima de todas las cosas y personas, y tiene capacidad de hacerse obedecer. Por esta autoridad o poder puede gobernar, organizar, promover, disponer, etc… Teniendo este presupuesto, entiendo que mande a sus discípulos una serie de acciones por medio de las cuales ejerce su autoridad y el contenido de estas órdenes es la comunicación de un mensaje, la realización de un acto simbólico (el Bautismo) y el enseñar a seguir un estilo de vida. Comprendo entonces que Jesús pide la evangelización de todos los pueblos no como un mero deseo o como la comunicación de una filosofía. Es más bien una propuesta de vida que brota de la plenitud de poder que tiene.

Contemplación

Cuando el Señor Jesús manda algo, puesto que tiene todo el poder, entonces nos otorga todo lo que necesitamos para que se cumpla esta orden. Hagamos un ejercicio de contemplación valiéndonos de la imaginación y escojamos una de las órdenes que da el Señor, por ejemplo: “hagan discípulos a todos los pueblos”. Me ubico frente al Señor y Él me dice: “haz discípulos a todos los pueblos”, podemos repetir bastantes veces esta frase sintiendo como, en la orden, Cristo me da también el poder para cumplirla. Un segundo ejercicio de contemplación puedo hacerlo como respuesta: “Señor, porque me lo pides, iré y evangelizaré a los pueblos”.

Oración

Señor Jesús, por mucho tiempo creo que he estado equivocado pensando que mandaste a los demás y no a mí. Pero hoy me haces ver que también a mí me envías a hacer discípulos que crean en Ti. Pensando en lo que pueda suceder ciertamente me da temor. Hasta pienso que antes de cumplir esta misión debería hacer muchos cursos. Pero hay una certeza muy dentro de mí que me dice que no es cuestión de muchos conceptos, muchas ideas sino, sobre todo, de decirles a los demás que Tú eres mi amigo y Señor; que hay muchos poderosos en este mundo pero ninguno es todo poderoso como Tú y por eso vale la pena seguirte y obedecerte. Bendito seas por siempre Señor.

Acción o compromiso

“Jesucristo me dejó inquieto, su palabra me llenó de luz. Nunca más yo pude ver el mundo sin sentir aquello que sintió Jesús”. Así dice el estribillo de una canción, tal vez sea el momento de dar cauce a la inquietud que el Señor ha sembrado en mí por medio de esta Lectio. A cada uno, el Señor nos ha dado la heredad de la propia vida, la heredad de nuestra familia y de aquellos que nos están cerca. Podemos comenzar comprometiéndonos con ellos, a que nuestra forma de vivir sea evangelizadora.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3134Domingo 03 de junio del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “La paz con ustedes”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “La paz con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envió yo”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los retengan, les quedarán retenidos”. (San Juan: 20, 19-23).

“Veni Sancte Spiritus”

P. Oscar Arias

Meditación

En el texto de este domingo, nos encontramos nuevamente con la expresión: “El primer día de la semana” que, en el evangelio de san Juan, marcaba el inicio de algo nuevo, de algo inusitado; significaba algo que no se esperaba, una completa y nueva creación que se da a partir de la paz que trae la presencia de Jesús, quien, colocándose en medio de ellos, les dijo: “la paz con ustedes”, y con ello también les trajo la paz. Y por si fuera poco, el maravilloso don de la paz, que ya les había traído Jesús, les envía ahora, pero con un Don no esperado, ni merecido, con algo que superó sus expectativas, sopló sobre ellos para que recibieran Su propio Espíritu, el Espíritu Santo.

Contemplación

Así como en la creación, escuchamos en el Génesis (2,7) que Dios sopló en su nariz el aliento de vida y fue el hombre un ser viviente, este ruaj, este espíritu habitará al ser humano, desde su origen. Por decirlo así, llevamos a Dios en nosotros, por eso decimos que somos templos vivos del Espíritu Santo.
Sin embargo, a veces las contrariedades de la vida cotidiana parecen opacar esa belleza de bondad y de amor que llevamos dentro, y es entonces cuando esto se opaca, cuando aparece el miedo, el temor, el rencor, la duda y otros tantos pecados que nos acechan velozmente. Así, en este domingo, día del Señor, podemos pedir Sabiduría para tomar las decisiones adecuadas en nuestra vida diaria; Inteligencia para actuar de la mejor manera y para conducir nuestra vida por la mejor opción; Consejo para poder ayudar a quien se aparta del bien; Fortaleza para ser fieles a nuestra familia y a nuestros ideales; Ciencia para poder conocer humildemente a Dios; Piedad para llenar nuestra vida de una estrecha comunicación con Él, y Temor de Dios, como dirían nuestros abuelos, para poder respetar las leyes de este mundo que nos rodea y comportarnos de acuerdo a este profundo respeto de todo aquello que nos supera y está por encima de nosotros.

Oración 

Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre: don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, dona el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito, salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

Acción

Hagamos diariamente esta semana, en familia, la secuencia que acabamos de leer.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3106Domingo 27 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído; arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben el veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sano”. El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicción con los miagros que hacían. 
(San Marcos: 16,15-20)

Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva
P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?
El pasaje evangélico de este domingo puede ser considerado como un catecismo pascual, dado que se hace la exposición de tres hechos: la Ascensión del Señor (elevado), su glorificación (se sentó a la derecha de Dios) y el cumplimiento de la misión de los discípulos (salieron a predicar). Todo esto, precedido por la instrucción del Señor resucitado a los Once en la gran tarea de la misión, cuya universalidad viene connotada en dos frases: «ir por todo el mundo» y «a toda la creación».
Sin embargo, esta misión no se ha de entender como una obligación, sino que se vislumbra como un regalo, un don o una gracia, pues previo a este episodio, los discípulos en su tristeza (versículo 10) no quisieron creer ni en las palabras de María Magdalena (versículo 11), ni en aquellas de los dos discípulos que iban de camino a una aldea (versículo 13). Por lo que, en esta tercera ocasión, Jesús se encuentra con ellos transformando su incredulidad en servicio, haciéndolos testigos de su amor y misericordia. Un servicio que, por ende, escapa de sus méritos y se desenvuelve en una absoluta gratuidad de encuentro – cumplimiento. 
Ellos, haciéndose portadores del Evangelio, tendrán distintos escenarios según la libertad del hombre, pues habrá quien se adhiera o rechace con su indiferencia e incluso con hostilidad. De esta forma, se comprende que el Evangelio es gratuidad, no imposición. 
Por último, el Señor no está pasivo en la misión de los discípulos, sino que se convierte en su colaborador: «y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban».

¿Qué me dice el  texto?
Al celebrar la Ascensión del Señor, hemos de recordar aquellas palabras de san Agustín: «Hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo, suba también con Él nuestro corazón». En efecto, es en Dios en quien hemos de poner lo más íntimo de lo que somos, sabiendo que en Él está nuestro principio y nuestro destino. Sin embargo, elevar nuestro corazón a Dios no significa desatender nuestras obligaciones y compromisos que tenemos como miembros de una familia, de una comunidad y de una sociedad. Más aún, son estos los lugares donde hemos de llevar a cabo el cumplimiento de predicar el Evangelio. 
Sin embargo, para ser misionero se necesita ser antes discípulo; es decir, buscar los momentos de encuentro con el Señor, pues bien decimos: “nadie da lo que no tiene”; cómo anunciar a Cristo si no lo conocemos: ¿Tengo en mi jornada cotidiana espacios de oración? ¿Me he dado un tiempo para meditar algún pasaje del Evangelio en la semana? ¿Conozco mi fe? ¿Qué debo procurar en mi vida para atender la gratuidad de la misión? 
Elevar nuestro corazón a Dios no es desencarnarse de la realidad: ¿Soy testigo en mi familia y comunidad del amor de Dios? ¿Soy indiferente a lo que acontece en mi sociedad? ¿Qué compromisos tengo que adquirir para no ser lejano a lo que sucede en mi familia, comunidad y sociedad? No es suficiente criticar lo que ocurre en nuestra sociedad respecto al ámbito político; es necesario actuar para conformar un lugar más justo y digno. ¿Qué es lo que está en mis manos para construir una sociedad donde se respete la vida, se promueva a la familia y la dignidad de toda persona humana?

¿Qué me motiva decir el texto?
Señor mío Jesucristo, que con tu Pasión, Muerte y Resurrección nos haces partícipes de tu vida divina para conducirnos a la Casa de tu Padre, haz que el deseo del Cielo nos haga solícitos para cumplir tu voluntad y estar atentos a las necesidades de nuestro prójimo.

¿Qué me motiva hacer el texto?
El Señor no nos deja solos en esta gran tarea de la misión; es a Él a quien le agradecemos que el próximo 26 de mayo, la Arquidiócesis de México se goce por la ordenación de 16 sacerdotes. Por ello, te propongo que esta semana ofrezcas un momento de oración ya sea personal, en familia o en tu comunidad, para que estos neopresbíteros sean pastores según el corazón de Cristo.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3071Domingo 20 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quién los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros” (San Juan: 15, 9-17)

Amor eterno

P. Julián López Amozurrutia

Lectura

“Permanezcan en mi amor”. Jesús habla desde el corazón y hacia el corazón de sus amigos. El contenido de su diálogo en el momento crítico de la despedida fue el amor. El ágape. En su raíz está el amor mismo de la Trinidad, de la cual el amor cristiano brota como de su fuente. “Como el Padre me ama, así los amo yo”. Estas palabras se encuentran en el fundamento de la conciencia cristiana. Hemos sido amados por Cristo, con el mismo amor que el Padre lo ama. Hemos sido arrollados por el amor divino. De él venimos y sólo en él nuestra vida puede ser plena; hacia él, también, caminamos. A partir de él se gesta nuestra vocación: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Del mismo modo que Jesús no tuvo reparos en decir que Él nos ha amado como el Padre lo ama a Él, tampoco los tiene al indicarnos el estilo de vida que debe caracterizar a quienes hemos nacido de ese amor: hemos de amar en la misma medida en que hemos sido amados por el Señor. Tal es la estatura de nuestra condición bautismal. Y hemos sido amados por el amor más grande, el de la entrega de la vida por los amigos. Más aún, para entrar en ella hemos sido elegidos y destinados, antes de cualquier mérito o movimiento personal. Y hemos sido llamados amigos.
 
Meditación

La Pascua de Cristo nos convoca al amor. En ella no dejamos nunca de celebrar el inefable amor de Dios, que no escatimó nada por nuestra salvación. Pero no sólo hemos sido amados. La entrega de Cristo por nosotros tiene la dimensión inconcebible de la participación. Los amigos del Señor quedamos incorporados a su mismo amor. Somos elevados a la Cruz, a la estatura del amor oblativo, del que es capaz de todo, del único que puede obtener frutos sobrenaturales. Un tiempo como el nuestro, en el que se ha malbaratado el término “amor”, los cristianos recibimos la misión del amor más grande. Del amor que no busca sacar provecho, del amor que no se vende, del amor que no se arredra, del amor que sabe permanecer con la eternidad de Dios. “Amar”, profetizaba Gabriel Marcel, “es decir: ‘tú no morirás’”. El amor tiende a una vida sin fin. Para los seres humanos, ello puede parecer un espejismo de inevitable frustración. En Cristo sabemos que no es así: el amor que permanece es posible porque la eternidad del amor divino se nos ha entregado en Jesucristo. Y con este mismo amor, el único amor de verdad, los cristianos respondemos a nuestra vocación volcándonos al servicio desinteresado de nuestros hermanos.
 
Oración

Con amor eterno, Jesús, nos has amado. No hay amor más grande ni más estable que el tuyo, el mismo que es círculo perpetuo de vida entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ese amor tomó la forma histórica de tu Cruz, y floreció como Pascua eterna para nosotros. Es el mismo amor que se derrama ahora sobre la Iglesia, tu Esposa, para que alcancemos en ella, por la efusión del Espíritu, hasta los últimos rincones de la tierra. Jesús, hay muchos vacíos de amor en el mundo. Gracias por hacernos embajadores tuyos de amor y de servicio. Ayúdanos a permanecer en ti, en tu amor, como amigos fieles que conocen la intimidad del amor y la comparten con plenitud de alegría.
 
Contemplación

La voz del corazón de Jesús toca mi corazón. “Permanezcan en mi amor”, nos repite. En la vibración de mis fibras más íntimas estas palabras me tocan y me encienden. Permaneceré en tu amor.
 
Acción

Amaré, sin temer el sacrificio. Compartiré este don de júbilo pascual, sobre todo ante aquel rostro que encontraré desamparado.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3042Domingo 13 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí nada puede hacer. Al que no permanece en mí se le echa afuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. (San Juan: 15, 1-8)

Señor, no permitas que me aparte de Ti

P. Salvador Martínez Ávila

Meditación

La parte del discurso de Jesús que leemos este domingo se encuentra dentro de los discursos del Señor Jesús en la Última Cena. De hecho, se trata del segundo discurso cuyo énfasis consiste en hacer comprender a los discípulos cuál será su misión. La primera gran tarea dentro de la misión que les espera es permanecer unidos a Jesús. Tratemos, para iniciar nuestro ejercicio, de imaginar la escena de la Última Cena como si fuéramos uno de los discípulos del Señor. Ubiquémonos en ese ambiente cercano, agradable, miremos al Señor Jesús que nos habla y de vez en cuando fija la mirada en la mía. Lo primero que puedo preguntarme es cómo me sentiría yo escuchando las palabras de Jesús: “yo soy la vid y ustedes los sarmientos…”, “sin mí ustedes no pueden dar fruto…”, “el que permanece en mí dará mucho fruto”… Tratemos de traducir estas metáforas en frases más directas como: “si escoges estar conmigo darás fruto…”,  “apartado de mí, desperdiciarás tu vida y será infecunda…” ¿Lo que debieron sentir los discípulos es lo mismo que yo siento al escuchar estas palabras? Si yo no siento lo mismo que debieron sentir los discípulos, ¿a qué lo puedo atribuir? Si, por el contrario, identifico en mí los mismos sentimientos, ¿cómo es que he llegado a esta situación de cercanía e intimidad? (concédete unos minutos de silencio interior para descubrir una respuesta). Nuestra relación con Dios involucra nuestros pensamientos, puede también involucrar nuestra imaginación y nuestras emociones, pero no se reduce a lo que pensamos, imaginamos o sentimos. Explorar nuestras emociones en la relación con Nuestro Señor ciertamente enriquecerá nuestra experiencia de oración pero no la determinará. Por ejemplo, yo puedo sentirme muy emocionado imaginando que participo en la Última Cena del Señor. ¿Quiere decir, por ello, que mi relación realmente es de mucha intimidad con Dios? No necesariamente. Al hablar Jesús de permanecer unido a Él no solamente se refiere a los aspectos emotivos, es importante preguntarnos qué tanto nuestras obras manifiestan nuestra comunión con el Maestro. Estar unido a Jesús es la condición para que nuestra vida cristiana fructifique, por tanto, es importante analizar mis afectos hacia Él, mis acciones y mis pensamientos.

Contemplación

Podemos hacer un ejercicio contemplativo a partir de una posible respuesta al discurso del Señor. Si Él nos dice que permanezcamos unidos, entonces elaboremos una breve oración respondiendo a este llamado. Por ejemplo: “creo que solamente unido a Ti daré fruto…”, “Señor no permitas que me aparte de Ti…” (como siempre hay que repetir muchas veces esta breve oración). Si nuestra imaginación y el estado de ánimo lo permiten, también podemos imaginar un largo rato de presencia y cercanía con el Señor: “yo estoy aquí, Tú estás aquí …estamos unidos”.

Oración

Señor Jesús, en algunos momentos y en algunas ocasiones me sucede como a Pedro y los otros en el monte Tabor que quisiera quedarme lleno de emoción en tu presencia. Pero son más frecuentes las veces que me asaltan emociones contradictorias y violentas. Cuando quisiera unirme a Ti, viene la tiranía de mis preocupaciones y problemas que reclaman mi atención y pruebo la impotencia de deshacerme de ellas. ¡Cuántas veces desearía que prevaleciera la paz y la unión contigo! No permitas, mi Jesús, que sucumba a la tentación de querer solucionarlo todo sin estar unido a Ti; creo firmemente que por esa ruta solamente encontraré fracaso y mucha violencia. Escucha mi oración, Tú que vives y reinas por los siglos. Amén.

Acción o compromiso

Si hemos encontrado alguna luz a lo largo de esta meditación será importante que hagamos un propósito que haga perseverar y acrecentar la luz encendida. Por ejemplo, si descubro que el Señor me invita a dedicar un poco más de tiempo a Él en la oración cotidiana, hacerme el propósito de encontrar lugares y tiempos específicos. Muchas veces los lugares más aptos serán los menos pensados o que supondríamos apropiados para la oración. Sé de un joven que se propuso ir diario a la Iglesia para orar, nunca cumplió su compromiso, ante esta dificultad, se propuso orar mientras viajaba de su casa a la escuela, esto le tomaba más de media hora. Sus logros y progresos fueron mayores.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=3028Domingo 06 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaEl Buen Pastor da la vida por sus ovejas
(Jn 10, 11-18)

Lectura
¿Qué dice el episodio de la Palabra de Dios?
El texto a meditar este domingo es el del Evangelio de San Juan 10, 11-18. Escuchémoslo atentamente y hagamos nuestro su contenido (Se proclama de manera solemne el texto del Evangelio).

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. En cambio el asalariado, que no es el pastor, ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; porque conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí, Así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas, que no son de este redil; y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño y un solo pastor. El Padre me ama, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre”. Palabra del Señor. TODOS: Gloria a ti, Señor Jesús.

Subsidios para una mejor comprensión del texto
El texto del Evangelio del IV domingo del Tiempo de Pascua que se nos ha proclamado hoy, contiene abundantes enseñanzas propuestas por Jesús. No olvidemos que el Evangelio de San Juan es clasificado como el que presenta los acontecimientos concernientes a Jesús de Nazareth a finales del primer siglo d.C. y por lo tanto más elaborados desde el punto de vista teológico, a la vez que integra materiales recogidos en las distintas comunidades de ese tiempo. 
El texto se encuentra colocado en la quinta sección del llamado libro de los signos (9, 1-10, 42) que tiene como tema central a Jesús, en cuanto a luz que se acepta o se rechaza. Quienes más tajantemente le han rechazado, son los dirigentes del pueblo judío (Jn 8, 31-59; 9, 13-41); ellos son los pastores que han abandonado el rebaño y han cerrado los ojos ante los signos realizados por Él.
¡El buen pastor! Es una figura bíblica que nace de la observación y de la experiencia. Durante mucho tiempo, Israel fue un pueblo de pastores y los textos del Antiguo Testamento confirman la tradición de la época de los patriarcas y de las generaciones sucesivas. El pastor que cuida atentamente el rebaño y lo conduce a fértiles praderas, se ha convertido en la imagen del hombre que guía y está al frente de una comunidad, siempre solícito de lo que le atañe. Así se representa al pastor de Israel en las antiguas tradiciones del pueblo elegido.
Ahora bien Jesús, en su predicación, recurre a esa imagen, pero introduce un elemento del todo nuevo: pastor es el que da la vida por sus ovejas (Cfr. Jn 10, 11-18). Atribuye esta característica al pastor bueno, distinguiéndolo de quien, por el contrario, es un asalariado y, por tanto, no se preocupa ni da la vida por su rebaño. El Padre lo envió al mundo no sólo para que fuera el pastor de Israel, sino para que consolidara su rebaño. Más aún, se presenta a sí mismo como el buen pastor, capaz de dar la vida por la humanidad entera. (Cfr. S.S. Juan Pablo II, Homilía de S.S. Juan Pablo II en el II domingo de Pascua, dada el 3 de mayo de 1998).

Meditación
¿Qué me dice este texto de la Palabra de Dios?
Este momento nos ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo quiere comunicarnos a los que participamos en esta reflexión de la Palabra de Dios. La pregunta siguiente puede ayudarnos: ¿Qué me llama más la atención de este texto y qué tengo que hacer para hacer vida esta Palabra? Se invita a leer de nuevo el texto, y a dar respuesta personal a la pregunta.

Elementos para nuestra reflexión
Este domingo es conocido como el del “Buen pastor”, pero además, la celebración viene marcada por el libro de los Hechos de los Apóstoles, como se lee durante toda la Pascua. El texto del día está especialmente centrado en Jesucristo: “Ningún otro puede salvarnos”. A la vez, el salmo hace eco de las palabras de Pedro en la primera lectura: “la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”. Y es la segunda lectura, de la primera carta de san Juan, la que nos abre a la esperanza diciendo: “lo veremos tal cual es”. Ciertamente ésta es nuestra esperanza y nuestro camino: siguiendo a Jesucristo, llegaremos al Padre. 
Siempre han existido buenos y malos pastores, ya sea clérigos que laicos. La diferencia está en el corazón del pastor.  El buen pastor se preocupa por el pueblo que ha sido puesto bajo su cuidado, sea una Diócesis, una Parroquia, o unos cuantos niños en el catecismo, etc. El buen pastor busca maneras de animar fielmente, y a favor del bien, aunque sea frente a la oposición o peligro. Los malos pastores se preocupan sólo de su propio bienestar. Un mal pastor puede predicar falsa doctrina o preocuparse más por programas o campañas de construcción, que por la gente, o involucrarse en un escándalo ya sea pastoral, administrativo o sexual en la comunidad parroquial, pero basta con que un pastor no se preocupe por sus ovejas. Afortunadamente, Cristo tiene muchos más buenos pastores que malos.
Los Pastores, guías espirituales de las comunidades a ellos encomendadas, están llamados a ser animadores de la comunión, con la misión de acoger, discernir y animar carismas, ministerios y servicios de la Iglesia, buscando ser padres amigos y hermanos, siempre abiertos al diálogo. (Cfr. Aparecida No 188) 
El evangelista, para indicar el peligro que asecha al rebaño, utiliza la imagen del lobo que “hace presa y dispersa” a las ovejas. Es una crítica durísima a los fariseos de aquel entonces –como lo es también para nosotros en este tiempo–, que son acusados de apacentarse a sí mismos y no al rebaño, mientras que él ha venido para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. De este modo se pone de manifiesto el interés mezquino de los indiferentes y egoístas contra los más débiles e indefensos.
Escribe el profeta Ezequiel: “Mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca” (Ez 34, 6). Es que los lobos rapaces quieren hacer de estas ovejas sus presas. Si pensamos en el enorme número de personas que han perdido el sentido de la vida y vagan sin meta alguna; si contemplamos a millones de migrantes que abandonan sus tierras y sus seres queridos en busca de una vida mejor, sin que nadie se preocupe de ellos; si observamos la dispersión de los jóvenes en busca de la felicidad, sin que haya quién les marque el camino. Es ahí donde por desgracia constatamos la triste y cruel alianza entre lobos y asalariados, entre los indiferentes y los que sólo buscan sacar beneficios personales de esa dispersión. Pero también el Señor nos dice que “tiene otras ovejas que no son de este redil”, por las cuales se preocupa.
Recapitulando nuestra meditación. Sólo Jesús, el buen pastor, que da la vida por sus ovejas, es capaz de romper la triste y amarga alianza entre el lobo y el asalariado, entre el interés por uno mismo y el desinterés por los demás. Ahora sabemos quién tiene necesidad de consuelo y ayuda; sabemos a quién dirigirnos, sabemos a dónde llamar, hacia donde volver los ojos y el corazón. Jesús mismo nos lo ha dicho: “Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). En Él se fundamenta nuestra esperanza. (Cfr. Vincenzo Paglia, La Palabra de Dios, cada día. Ed. San Egidio, 2011, p. 206).

Oración
¿Qué le digo yo al Señor, Palabra viva?
Ahora, la oración es la oportunidad para dialogar con el Señor. El Catecismo de la Iglesia Católica en el No 601, nos dice: “Después de su resurrección, dio esta interpretación de las escrituras a los discípulos de Emmaús (Cfr. Lc 24, 25-27. 44-45), y luego a los propios apóstoles (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Ed. Lumen, Argentina 2007 p. 147). Por ello, en este ambiente de reflexión con motivo de este “Encuentro” con la Palabra, y en intimidad con el Señor, exhorto a que juntos, como oración, recitemos la oración del Padre Nuestro, el Salmo 23 o alguna oración como esta: “¡Oh! Jesús, buen pastor, te damos gracias porque nos has enviado al Espíritu Santo, quien nos ha iluminado y por ello hemos podido entender un poco más tu Palabra, como aquella tarde, cuando después de tu resurrección se la has explicado a los discípulos en el camino a Emaús. Tú les hiciste descubrir el proyecto de Dios en los hechos dolorosos de tu pasión y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Ayúdanos como a ellos, para que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a todos especialmente a los pobres y los que sufren, que Tú estás vivo en medio de nosotros y eres la fuente de amor, de justicia y de paz. Amén”.

Contemplación
¿A qué me comprometo con la Palabra encarnada?
DIRIGENTE: Ahora nos sumergimos en el interior de los acontecimientos en diálogo íntimo y personal con Dios, para descubrir y saborear en ellos la presencia activa y creadora de la Palabra de Dios. Ahora a comprometerse con el proceso actual de evangelización para nuestra Provincia, Diócesis, parroquia, comunidad, para nosotros mismos, que como nos dice el Documento de Aparecida No 5, en el mensaje conclusivo de la V Conferencia del CELAM, en Brasil: “La Gran Misión continental será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los alejados, y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor. Misión que debe llegar a todos, la cual ha de ser intensiva, cíclica y permanente”. Con ello, renovar nuestra pastoral desde la raíz, en actitud de continua conversión. No es evasión de nuestra realidad, sino ir al compromiso. Terminemos con un compromiso personal nuestra lectura orante o Lectio Divina.

+ Florencio Armando Colín Cruz
Obispo Auxiliar de México
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=2974Domingo 29 de abril del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero Él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?”. Le ofrecieron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.(San Lucas: 24, 35-48)

Como el pescado cocinado a la talla

P. Oscar Arias

¡Después de Semana Santa, qué cansados hemos quedado!, le decía a un amigo sacerdote, mientras comíamos un pescado cocinado “a la talla”. Y es que cuando quiero descansar, siempre se me antoja comerme un pescado, pero sobretodo, me apetece la plática con el amigo.

Meditatio

El evangelio según San Lucas termina de la siguiente manera: después de la crucifixión, muerte y sepultura de Jesús, el primer día de la semana, algunas mujeres se dirigen al sepulcro y tienen la dicha de ser las primeras que atestigüen que la tumba está vacía y de proclamarlo a los demás. Luego, dos de los discípulos que iban camino de Emaús, reconocen a Jesús por la forma en que les explicaba las escrituras y al partir el pan, haciendo con ello que ardieran sus corazones.

Después viene el texto que leemos este domingo, cuando Jesús se presenta en medio de ellos de manera real. Será lo que San Lucas quiere reafirmar, que la presencia de Jesús no es una cuestión solo espiritual, una visión, sino que es palpable y real, para lo cual utiliza el signo de la corporeidad, que expresa una comunicación verdadera entre las personas.

Jesús les pide casi hasta tiernamente, al descubrir la incapacidad que tienen para creer: “no tengan dudas en su corazón, miren mis manos y mis pies, soy Yo! Tóquenme y miren”. Él mismo se aparta de parecer una realidad espiritual y les pide comer como tantas ocasiones lo hicieron, para que se dieran cuenta que era Él.

Contemplatio

Entonces vemos que los discípulos tienen una dificultad importante para creer que Jesús ha resucitado, ellos lo hacían muerto y de repente les aparece vivo, más vivo que nunca, razón por la cual les ofrece signos para que puedan creer: miren, toquen, no soy un fantasma, denme de comer y reconozcan que soy el mismo. Todo esto, para que comprendieran las escrituras y sobre todo para pasar de la experiencia viva de encontrase con Jesús resucitado a la inteligencia de la fe.

Y viceversa, para que la fe no sea para nosotros una cuestión sólo de ideas, de conceptos, de cuestiones espirituales o de tratados teológicos, sino que sea tan real como reales somos nosotros, como real es nuestro cuerpo y nuestras necesidades, como reales son nuestros problemas, pero también, como real es nuestro amor y la presencia de Dios Vivo en nuestras vidas y en nuestra sociedad, a pesar de que algunas personas lo crean muerto o les convenga no creer en Él y sólo tengan dudas e incertidumbre en su corazón.

Así, cuando pienso en la amistad, recuerdo los momentos que he pasado con mis amigos y amigas, y rememoro con profundo cariño tantas horas delante de un cafecito o de un pescado “cocinado a la talla”, que cuando tengo la oportunidad de volver a comer, se hacen presente de alguna manera, tantas pláticas y todo el cariño expresado en los momentos de amistad. 

Estoy seguro que los discípulos, cuando comían y compartían, también ellos no sólo recordaban con tanto afecto los momentos vividos con Jesús, sino que Él mismo se hacía presente en su amistad, en su diálogo, en su camino, como se hace presente de manera real en la Eucaristía que celebramos este domingo.

Oratio

Señor Jesús, que has resucitado, te pedimos que nos ayudes a llevar a los demás nuestra fe y alegría vivas, reales y así podamos impregnar nuestra vida cotidiana no sólo de buenos deseos o de grandes abstracciones teológicas acerca de Ti.

Actio

Esta semana, procuremos celebrar con algún amigo o amiga “real”, la resurrección de Cristo nuestro Señor.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=2951Domingo 22 de abril del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

Al anochecer del día de la Resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. (San Juan: 20, 19-31)

“La paz esté con ustedes”

P. Julio César Saucedo

¿Qué dice el texto?

En este pasaje evangélico encontramos una frase clave que nos permite adentrarnos en la alegría de Cristo Resucitado. En efecto, como nos narra san Juan en este pasaje, Jesús, cuando se presenta con sus discípulos, se dirige a ellos con un tradicional saludo: “la paz esté con ustedes”, mismo que es dicho en tres ocasiones, cada uno con un rasgo característico: En el primer saludo, Jesús presenta que el contenido de la paz es Él mismo, mostrando con ello, los signos de su pasión. Estas marcas (las llagas de sus manos, pies y la abertura de su costado) no son un reproche a los discípulos por su miedo y abandono, sino son signos de su amor al Padre y a los hombres; suscitando con ello, la alegría por re-encontrarse con él. El segundo saludo se caracteriza por el envío que Jesús hace a sus discípulos, el cual, viene acompañado por la presencia del Espíritu Santo; de esta forma los apóstoles son continuadores del perdón que el Padre nos concede en su Hijo por gracia del Espíritu Santo. En el tercer saludo, Jesús se dirige particularmente a Tomás, el apóstol que había expresado su incredulidad. De modo que su duda es trastocada por la presencia del amor de Cristo (trae tus dedos, mete tu mano), suscitando en él una auténtica profesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. 

Como dato importante, en la lengua del hebreo, no existe el superlativo. Por ejemplo, no es posible decir Santísimo, pero en su lugar se expresa tres veces Santo, Santo, Santo. Así, al encontrarnos en este pasaje tres veces la palabra Paz, lo podríamos comprender en el sentido de que Cristo es la Paz prometida, de cuyo costado nos hacemos partícipes del perdón de nuestros pecados, renacemos a una vida nueva y conocemos al Padre tal como Él es.

¿Qué me dice el  texto?

A veces nuestra vida puede estar sumergida en el miedo, como ha acontecido en los apóstoles. En nuestra actualidad, lo podemos vivir en el miedo al qué dirán si me digo cristiano, o si vivo conforme a mi dignidad. ¿Soy presa de este miedo? O mi miedo es porque no me quiero comprometer en la alegría de Cristo. ¿Cuáles son mis miedos que me incapacitan para vivir mi dignidad de hijo(a) de Dios?

Cuando nos alejamos de la comunidad, nos privamos como Tomás de la alegría del encuentro con Cristo. ¿Cómo puedo participar más activamente en mi comunidad parroquial? ¿Cuáles son los obstáculos que se han de transformar para que mi comunidad sea un signo de unidad y fraternidad?   

No se puede olvidar la insistencia de san Juan sobre el domingo, día importante de la comunidad cristiana, en el que se entra en intimidad con el Padre a través del costado abierto de Cristo. ¿He visto la importancia del día domingo en mi vida, como encuentro con Dios y con mis hermanos? Celebrar la Eucaristía dominical es una participación activa de escucha y de proclamación, para continuarla celebrando en la jornada cotidiana. ¿Celebro la Eucaristía o soy sólo un espectador de ella? 

¿Qué me motiva decir el texto?

No hay mejor oración para este domingo que aquellas palabras del apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío”.

¿Qué me motiva hacer el texto?

Cristo es la Paz que ha cambiado totalmente nuestra vida; y signo de la paz es el perdón. Te propongo que analices a quién has ofendido, sea tal vez por tu mal ejemplo, o por palabras hirientes que alguna vez le expresaste a un hermano tuyo; y con humildad acércate a esa persona pidiéndole perdón, con el compromiso de mejorar.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=2936Domingo 15 de abril del 2012 12:30 hrs.
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos. (Jn 20, 1-9)

La mirada pascual

P. Julián López Amozurrutia

Lectura

Era la madrugada del primer día de la semana, cuando María llegó al sepulcro. La oscuridad cubría aún la tierra. Y ella vio removida la piedra. Lo que ha visto la inquieta, al punto que se va corriendo a donde estaban Simón Pedro y el discípulo amado. La prisa se apodera ahora de ellos, que también corriendo se dirigen a la tumba. Tarda más en llegar Pedro, aunque será el primero en entrar al sepulcro. De los dos discípulos nos narra el texto que vieron los lienzos. Pero del otro discípulo se nos describe el acontecimiento interior de la fe, que transformará la perspectiva angustiada del primer momento: vio y creyó. Porque antes vivían aún de noche. Ahora han entendido. Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Meditación

María, Simón Pedro, el otro discípulo. Son tres los personajes de los cuales se nos describen las acciones en este pasaje. Sin embargo, hay uno más, implícito, pero que en su aparente ausencia focaliza la atención de la narración. La piedra removida, la tumba vacía, los lienzos que lo cubrieron, lo que debía suceder con Él. Todo evoca una ausencia, que constituye, en realidad, la más contundente presencia. Es Jesús. El nerviosismo y la prisa de los discípulos, su desplazarse hacia el sepulcro, el juego de lo que ven y no ven, el por fin entender lo que ha ocurrido, describen la referencia fundamental que el Señor ha terminado por significar en sus vidas. El sepulcro podía parecer el fracaso definitivo de sus aspiraciones, el amor vencido por la violencia, la palabra por el silencio, la luz por las tinieblas. La memoria de la muerte en cruz, del haber sido puesto en alto, no se borra. Pero ante la tumba vacía adquiere una nueva fuerza de convocatoria. La mirada profunda del “otro discípulo” alcanza, en realidad, a ver lo que realmente ha sucedido. Jesucristo ha resucitado de entre los muertos.

Oración

Jesús, mis pasos se aceleran con el ritmo vertiginoso y el frenesí del tiempo que vivimos. También hay rumores confusos que hablan de ti o de tu Iglesia de manera equivocada. La noche sigue reinando en muchos corazones, a pesar de que buscan con afán la razón de ser de la existencia. Dame la fe, la mirada profunda de la Pascua, capaz de reconocerte presente y vivo en medio de nosotros. Hazme superar el ánimo derrotado y nervioso que enferma el corazón y roba la paz. Ayúdame a llegar a tu día para celebrar con júbilo tu victoria sobre el pecado y sobre la muerte, a saber que verdaderamente has resucitado de entre los muertos.

Contemplación

El discípulo amado vio y creyó. Toda la tensión de mi interior se dirige hoy hacia el lugar donde parecía haber fracasado la expectativa pero en el cual ha brotado la esperanza. Ver con los ojos de la fe. Quiero abrir los ojos con la luz de la gracia, para incorporarme al gozo insuperable de la Pascua. El Señor ha resucitado de entre los muertos.

Acción

Compartiré la alegría con mis hermanos. Si en mis ojos hay un brillo nuevo, debe repercutir iluminando con sencillez y eficacia, con la serenidad pascual, a quienes a mi alrededor se han establecido en una noche que parece invencible. Con la mirada radiante les comunicaré que Jesucristo ha resucitado de entre los muertos.
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http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=54&a=2912Domingo 08 de abril del 2012 12:30 hrs.
¿Por qué a unos cuantos?Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”. (Marcos: 9, 2-10).

¿Por qué a unos cuantos?

Meditación

El pasaje sobre el que reflexionamos hoy nos narra la transfiguración del Señor en el Monte Tabor. Lo primero que podemos indagar en nuestro ejercicio es ¿Por qué Jesús se manifestó gloriososólo en esta ocasión? Y ¿Por qué a unos cuantos? (Les recuerdo que siempre que hacemos una pregunta es importante dejar un momento de silencio interior y exterior para dejar que surjan ideas de respuesta.) Me viene a la mente pensar que al hacerse hombre el Hijo de Dios abandonó la condición gloriosa. Por tanto, el aparecer desprovisto de gloria, es decir ser como uno de tantos era un elemento fundamental dentro de la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo. Jesús, a lo largo de su vida, realizó bastantes acciones portentosas, desde liberaciones demoniacas hasta devolverle la vista a ciegos de nacimientos.

Estas fueron formas de manifestar su gloria. A pesar de que muchos presenciaron estos hechos milagros aún pedían más signos como: hacer bajar fuego del cielo, entre otros. Pero Jesús se opuso a satisfacer la curiosidad y les advirtió que no les daría otro signo que la predicación. Me viene a la mente pensar que Jesús no anduvo con vestiduras radiantes por todos lados ni volando en todo momento porque su revelación dejó siempre espacio a la fe y a la libertad de aceptarlo.

Por lo que respecta a esta manifestación gloriosa a Pedro, Santiago y Juan, me hace pensar que ellos ya lo habían aceptado, no reclamaban este signo, pero quiso dárselos para que su confianza en el Señor se acrecentara. También se me ocurre preguntar ¿Qué significan Moisés y Elías y la voz que dijo: “este es mi Hijo amado, escúchenlo”? Moisés y Elías son dos personajes muy simbólicos para el Antiguo Testamento, el primero de ellos representa la Alianza con Dios hecha en el Sinaí y por medio de él se entregó al pueblo la Ley.

El segundo representa a los profetas que acompañaron el cumplimiento de la Alianza y anunciaron la próxima venida del mesías. Por lo tanto, pienso que Jesús entre ellos le indicó a los discípulos que su obra y su mensaje no era algo lejano o aparte de lo que Dios ya venía preparando desde antiguo. Además la voz de Dios confirma que ahora hay que escuchar a su Hijo. A esto conducían tanto la Ley como los profetas.

Contemplación

Usando la imaginación puedo ubicarme en la misma situación de Pedro, Santiago y Juan. Puedo, en este momento, proponerme una contemplación interior cargada de emoción y sorpresa como debió haberles sucedido a los discípulos. Les invito a permanecer por unos minutos en este ejercicio de contemplación con la imaginación y los afectos.

Oración

Señor, al considerar en esta ocasi