Desde la Fe - Canal RSS - Cultura Bíblicahttp://www.desdelafe.mx/apps/article/?z=26Cultura Bíblica 0 0 1 448 2469 COSAM 20 5 2912 14.0

Para este domingo 23 del Tiempo Ordinario comentaremos la forma, poco usual, que siguió Jesús para que el sordo y mudo recuperara la salud. También observaremos la oposición entre lo apartado y secreto en que realiza el milagro por una parte, y por otra la proclamación a todo mundo que hacían las personas curadas por el Señor.

 

Jesús, a lo largo de su ministerio en Galilea, realizó muchos milagros. En el Evangelio de san Marcos el primer milagro que se nos narra es la curación de la suegra de Pedro (cfr. Mc 1,29-31) y el segundo es la curación de un leproso (cfr. Mc 1,40-45). En ambos relatos la palabra de Jesús es suficiente para realizar la obra maravillosa. Por ejemplo, el leproso le dijo a Jesús: “si quieres puedes curarme”. A lo que el Señor contestó: “quiero, queda sano”.

El tercer milagro sigue una senda aún más carente de signos. Se trata del perdón de los pecados de un paralítico (Mc 2,1-11), Jesús ante el gesto de presentarle al hombre en la camilla, después de haber quitado un pedazo del techo le dijo: “tus pecados te son perdonados”. El signo se realiza para probar que Jesús tenía autoridad para perdonar los pecados también con un mandato: “pues yo te digo ‘levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’”.

Como vemos, Jesús se manifiesta completamente capaz de devolver la salud a los enfermos con su sola palabra. En cambio, el relato que tenemos hoy nos propone que Jesús realizó dos signos para curar al enfermo: “metió los dedos en los oídos, gimió y dijo ‘effata’ que significa ábrete”. No es lo común que Jesús realizara milagros en varios pasos o realizando varios signos. Por lo tanto, podemos pensar que tiene una intención didáctica.

En el Antiguo Testamento existía un rito de herir el oído de un esclavo que no quería dejar la esclavitud como signo de que no había sabido escuchar el llamado de Dios a la libertad. Este fue el llamado que Dios le hizo a su pueblo al sacarlo de Egipto. Si este signo se relaciona con aquel rito podría significar que Jesús abre al hombre el oído para escuchar y entender su revelación.

Dentro del plan general de san Marcos la apertura del oído aunado a la oposición entre lo secreto y lo público también es relevante porque Jesús controla totalmente el proceso revelador. Los espíritus inmundos sabían quién era Jesús pero no permitía que lo dieran a conocer, por otra parte toda la gente se preguntaba, ‘¿quién era?’, pero no lograban darse una respuesta. Jesús a muchos que habían sido sanados por Él, les pedía no decir nada a los demás, pero esto nunca se cumplió y, según nos lo cuenta el mismo san Marcos, la fama del Señor se había extendido tanto que no lograba entrar ya a los poblados de tanta gente que lo buscaba.

Así llega el Evangelio hasta el momento en que Jesús mismo propondrá la pregunta a los discípulos: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”. A la respuesta de Pedro le antecede este signo de sanación del sordomudo.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6412Domingo 06 de Agosto de 2015
Cultura Bíblica Desde el domingo pasado inició la lectura del capítulo sexto del Evangelio de san Juan. Hoy tenemos el inicio del discurso del Pan de Vida en la Sinagoga de Cafarnaum. Por este motivo, profundizaremos sobre el valor de la multiplicación de los panes como señal, su importancia dentro de la teología de san Juan y la forma inadecuada en que las personas se aproximaban a Jesús.

El evangelista san Juan es quien más vincula los hechos extraordinarios realizados por Jesús como el concepto de “señales”. En efecto, los milagros nunca fueron la meta de la misión del Señor Jesús, no sanó a todos los enfermos de la época, ni libró a todos los posesos. Siguiendo esta lógica, podemos comprender que Jesús no vino a resolver los problemas alimenticios de Palestina en el Siglo I. La multiplicación de los panes fue una “señal”. En este caso, la señal milagrosa precedió a las palabras que la explicaban, como también sucedió con el paralítico sanado en Jerusalén (cfr. Jn 5,9.14). Jesús explica al antes paralítico que ya no debe pecar para que no le suceda algo peor. Esto nos permite comprender que la curación física forma parte de una curación integral que implica también el perdón de sus pecados, y por tanto, exige la conversión moral del individuo. 
Así mismo, la multiplicación de los panes es el preámbulo del discurso sobre el “verdadero pan del cielo”, a saber, la Eucaristía. Cuerpo y Sangre de Jesús que se ofrece para que al comerla nosotros tengamos vida. Si miramos varios pasajes en que Jesús realiza alguna señal milagrosa, nos damos cuenta de este proceso pedagógico: en primer lugar, Jesús se acerca y desea provocar la confianza de quien lo escucha, a base de un diálogo lleva a las personas a pedir lo que Jesús ofrece, entonces, ya que se dio un primer signo de confianza, Jesús realiza una acción significativa que lleva las cosas a otro nivel para que las personas descubran por aquella señal que Jesús es más que un profeta y que su mensaje va más allá de un beneficio material. 
No todos los procesos resultaron exitosos, este capítulo sexto se mostrará como un evento fallido, donde aquellos que lo reconocían como profeta ya no tuvieron el valor de reconocerlo como el “pan bajado del cielo”. Desde el inicio del Evangelio, san Juan propone que mucha gente se aproximó a Jesús de formas inadecuadas, muchos de ellos se entusiasmaban por los miagros, pero no los entendían como señales sino sólo como beneficios dentro de una relación casi comercial con Dios. Ese tipo de aproximación es tremendamente frágil pues depende del éxito, cuando éste falta se acaba la relación, como veremos más adelante en este mismo capítulo. 
La forma adecuada de aproximación es la de reconocer a Jesús como el enviado de Dios y esta fe lleva a acercarse a Él y creerle, porque así se obtiene la verdadera saciedad del hambre y la sed espirituales.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6371Lunes 3 de Agosto del 2015
Cultura Bíblica Este domingo comentaremos cómo el Evangelio de san Marcos identifica claramente a los antagonistas del Señor Jesús por su lugar de origen, y cómo resulta verdaderamente sorprendente que unos galileos, como lo eran sus paisanos de Nazareth, lo rechazaran. Posteriormente, profundizaremos en la función de este pasaje dentro del esquema del proceso de la revelación del evangelista san Marcos.

El Evangelio que más introduce detalles de “debilidad” de Nuestro Señor Jesucristo es el de san Marcos. Jesús, en la curación de la anciana que sufría flujo de sangre, no sabía quién lo había tocado y la busca hasta que la encuentra. Jesús, antes de su Pasión, comenta a los discípulos que tiene una tristeza que lo lleva hasta la muerte. Así mismo, en san Marcos podemos ver muy bien identificados a los adversarios del Señor por su origen geográfico. 
Los que se opusieron sistemáticamente al Señor eran los que venían de Judea y Jerusalén, casi siempre se les identifica como escribas y fariseos. Por ejemplo: cuando interpretan que Jesús expulsaba los demonios por el poder del mismo príncipe de los demonios (cfr. Mc 3,22) el autor sagrado nos previene de que se trataba de autoridades venidas de Jerusalén. Lo mismo encontramos en 7,1. Ya en la región de Judea es confrontado por los fariseos (cfr. 10,1-2). 
A lo largo de toda la etapa de predicación en Galilea, Jesús fue bien aceptado en todas partes por la gente sencilla, no así por las autoridades. Y resulta hasta cierto punto sorpresivo que yendo a Nazareth, población pobre y sencilla de Galilea, no creyeran en Él. Si miramos el pasaje de la visita a Nazareth dentro de los demás pasajes que lo rodean, veremos una serie de contrastes. Antes de nuestro pasaje Jesús había realizado la sanación de la anciana hemorroisa y la resurrección de la hija de Jairo; ambos pasajes acentúan el ejercicio decidido de fe tanto de la anciana como de Jairo, padre de la niña. 
Después de la visita a Nazareth, el evangelista nos describe el envío de los doce en parejas a predicar con poder. El resultado de esta actividad es de gran éxito. En cambio, inmediatamente después se nos presenta a Herodes, gran incrédulo, pensando que Jesús era Juan Bautista resucitado. El evangelista va aumentando la tensión dramática hasta llegar a las preguntas cruciales: “¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Quién dicen ustedes que soy yo?” (Mc 8,27-30) Conocer quién es Jesús no es cosa de puro conocimiento humano, es el fruto de un camino de revelación. Al responder Pedro: “tú eres el Mesías” se ha llegado a la mitad del camino. A partir de aquel momento vendrá el proceso de revelación de Jesús como Hijo de Dios, este proceso culminará al pie de la Cruz cuando el centurión romano diga: “en verdad este era el Hijo de Dios” (Mc 15,39).

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6320Sun, 05 Jul 2015 00:00:00 GMT
Cultura bíblicaEn el presente artículo profundizaremos sobre el sentido de la enfermedad en el Antiguo Testamento y su relación con las dos personas enfermas del Evangelio de hoy. También comentaremos algunos valores simbólicos de los datos y el llamado que hace Jesús a la fe.

San Pablo, en su carta a los Romanos, nos dice que por la transgresión de uno solo entró el pecado en el mundo y como consecuencia del pecado la muerte. Esta afirmación hace referencia al pecado de Adán y en aquel relato también se nos aclara que la consecuencia del pecado fue la muerte de los seres humanos. 
Toda enfermedad es un proceso que conduce a la muerte y por tanto es señal de que una persona se encuentra bajo el influjo del pecado. Este pecado, normalmente se supone que es el pecado propio; sin embargo, para los que nacían con alguna enfermedad, por ejemplo ciegos, había la seria pregunta de quién había pecado, la persona o sus padres. 
Vemos en el Evangelio de hoy cómo la anciana, por doce años, pierde sangre y por más que busca solución en los médicos empeoró en vez de mejorar. La sangre en la mentalidad veterotestamentaria significa el vehículo de la vida; la anciana perdía vida y los medios humanos eran incapaces de curarla. En el caso de la niña que tenía doce años se repite el lapso de años. El número doce en el Antiguo Testamento también tiene un valor metafórico, es el símbolo del pueblo de Dios, las doce tribus de Israel. 
Así pues, tanto la niña como la anciana representan al pueblo, una parte es aquel pueblo que como la anciana está en cierta viudez, en desventaja y pobreza. Los paganos de ninguna forma podrían solucionar su problema de pérdida de vitalidad. La niña representaría al pueblo joven, el futuro del pueblo tampoco pintaba prometedor. Sin embargo, la fe es el verdadero restablecedor de la vida. 
La anciana pone su confianza en Jesús y así sucede. Jesús no sabe quién lo tocó, pero era necesario aclararle a la anciana cuál había sido la clave de su curación: “por tu fe has sido sanada”. De la misma manera Jesús propone al padre de la niña perseverar en la fe y su hija no morirá. Pero la acción de la fe no transita por un mundo a su favor. Los que estaban en torno a Jairo se burlan y trabajan en contra del objeto de la fe, que es la confianza en Jesús como Señor de la vida. 
La conclusión del episodio nos da una característica muy común en los relatos de milagro, a saber, que los ahora sanos realizan una actividad concreta, en este caso la niña comienza a caminar. De hecho es importante considerar que la intervención de Dios en nuestras vidas no puede dejarnos quietos en autocontemplación o atuosatisfacción, sino que debe movernos a salir de nosotros mismos. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6310Sun, 28 Jun 2015 00:00:00 GMT
Cultura BiblicaPara este domingo encontramos una narración del Evangelio de san Marcos. En primer lugar, compararemos la escena con otra del Antiguo Testamento en el profeta Jonás. En segundo lugar, sacaremos de esta comparación el sentido de la falta de fe y cómo Jesús rechaza la hipótesis de que a Él no le interese que mueran sus amigos.

En el libro de Jonás del Antiguo Testamento encontramos la siguiente escena: “el Señor dijo a Jonás: ‘Anda a la gran ciudad de Nínive y anuncia que voy a destruirla’… Pero Jonás, en lugar de obedecer, trató de huir del Señor y se fue al puerto de Hope donde encontró un barco en dirección a Tarsis. Compró pasaje y se embarcó, pero el Señor hizo que soplara un viento muy fuerte y se levantó una tempestad violenta que peligraba hacer pedazos el barco. Cada uno de los marineros invocaba a su dios… Jonás, mientras tanto, había bajado a la bodega y se había quedado profundamente dormido. El capitán fue donde Jonás, y le dijo: ‘¿Qué haces tú ahí dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Tal vez quiera ocuparse de nosotros y nos ponga a salvo’… Los marineros echaron suertes para ver por causa de quién sucedía esto, y la suerte recayó en Jonás… Jonás confesó que huía del Señor… ellos le preguntaron, qué podían hacer. Jonás les respondió que lo lanzaran del barco y la tempestad se calmaría. Al lanzar a Jonás a las aguas, la tempestad se calmó, sintieron un gran temor de Dios, le hicieron sacrificios y votos”. Como podemos observar, hay gran paralelismo entre el Evangelio de hoy y el pasaje del profeta Jonás. Sin embargo, no se trata de una calca. En ambos pasajes hay un profeta que duerme durante una tempestad, Jonás huye del designio de Dios, en cambio, Jesús va cumpliendo la voluntad del Padre. En ambos pasajes hay gran temor de parte de los acompañantes, a saber, marinos y discípulos, ellos sufren la tormenta y en un momento determinado piensan que la causa de su inminente muerte es la ira de Dios, o la despreocupación del maestro. Pero tanto Jesús como Jonás tienen la solución, y ambas en cierto modo implican el tema de la fe. Jonás,  elegido para profetizar, huye de la misión e interpreta correctamente que al lanzarlo al agua se calmará la ira de Dios. Jesús, en cambio, manda callar al cielo y a las olas y reconviene a los discípulos por aquella pregunta: “¿no te importa que nos estemos hundiendo?” Los marineros acaban el episodio creyendo en Dios, ofreciéndole sacrificios y promesas, los discípulos de Jesús, carentes de fe, están asombrados sobre la identidad de su maestro. De ambos pasajes podemos obtener como conclusión que la fe es una virtud que establece una relación entre Dios y los hombres, y tiene como efecto la expresión del poder divino sobre la naturaleza. Esto Jesús lo enseñó en muchas otras ocasiones con frases como: “para quien tiene fe todo es posible…”, “si tuvieran fe como un grano de mostaza dirían a este monte cámbiate de lugar…”

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6302Sábado 21 de junio de 2015
Cultura BiblicaEn esta ocasión el Evangelio nos presenta un discurso de Jesús en parábolas. Reflexionaremos por qué los judíos preferían las parábolas como método de enseñanza, así como en los distintos tipos de parábolas que aparecen en los evangelios. 

Jesús, como todo judío, era heredero de una tradición sapiencial que se forjó a lo largo de muchas generaciones. Todo grupo humano desarrolla, a lo largo de los siglos, diversos métodos y caminos para explicar la realidad en que se vive y encuentra también caminos para transmitir de una generación a otra las experiencias exitosas para resolver la vida. Por este motivo, la sociedad hebrea desarrolló la transmisión de la sabiduría como un quehacer familiar. En el libro de proverbios se amonesta a los ingenuos e ignorantes como lo haría un padre o una madre con sus propios hijos. 
El modo específico de ser del pueblo judío implica una característica peculiar, esta es la fuerte vinculación del “por qué” de las cosas a los acontecimientos. A esto se le llama sentido histórico. Muchas veces en el Antiguo Testamento encontramos al final de un relato frases como esta: “por eso, desde entonces…” o bien, “a partir de entonces hasta el día de hoy…”, etc… Así aprendió el pueblo del Señor a reconocer el origen de las cosas y aprendió también a comunicarlo a las nuevas generaciones. 
Con este pensamiento tan ligado a lo tangible, resulta lógico que en vez de elaborar grandes tratados sobre temas abstractos, tengamos el uso de parábolas o narraciones didácticas. Pero, como toda comparación cojea, una parábola puede ser malinterpretada. A propósito de este hecho tenemos la aclaración del autor sagrado: “pero a ellos se lo explicaba todo en privado”. 
Formular una parábola es todo un arte, entenderla, lo requiere de igual modo mucho ingenio. Cuando, tanto el maestro o sabio como el discípulo se conocen muy bien, la interpretación se facilita; en cambio, para aquellos que no estaban tan cerca de Jesús la interpretación se podía dificultar mucho e incluso podría llegar a malinterpretarse. 
El Señor, a lo largo de su ministerio, ocupó varios tipos de parábolas. Por ejemplo, estas parábolas del Reino que leemos hoy tratan de explicar realidades no tangibles por medio de realidades tangibles. Las metáforas son sencillas pero es importante encontrar el punto de contacto entre lo predicado y aquello que se quiere enseñar. También ocupó las parábolas en segunda persona: “quién de ustedes, cuando…” esto espera que los oyentes se involucren y hagan un juicio sobre algún comportamiento propio. En otras ocasiones Jesús concluía sus parábolas con alguna pregunta: “¿Qué hará tal o cual…?” los oyentes poseedores de buen juicio debían dar un veredicto que se aplicara a ellos mismo o a los destinatarios de la parábola. 
Concretamente, hoy vemos que Jesús nos enseña la progresividad del Reino, desde lo insignificante hasta convertirse en algo fundamental (el grano de mostaza), y la efectividad divina (la planta que no se sabe cómo crece).

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6284Sun, 14 Jun 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaA propósito de los temas que nos habla hoy el Evangelio de san Marcos, nos detendremos a profundizar en el sentido del parentesco de Jesús tanto en el plano de los parientes consanguíneos, como el parentesco del que habla el Señor.

¿Por qué motivo resultaba importante ser hermano o hermana de Jesús entre los judíos? Esta es una pregunta que nos ayudará a comprender cómo se concebían los parentescos dentro de la mentalidad judía en tiempos del Señor Jesús. El mismo nombre “judío” es un gentilicio (palabra que designa la pertenencia a un pueblo), e indica que alguien es descendiente de Judá, uno de los hijos de Jacob Israel. De acuerdo con las narraciones que encontramos en el libro del Génesis, los hijos de Jacob fueron: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, Gad, Aser, José y Benjamín. El nombre de José es suplido por el de sus dos hijos: Efraín y Manasés. Estas constituyeron las doce tribus. En cuestión genética era el hombre el único portador de la semilla que generaba una nueva vida, la mujer era como la tierra que recibía la semilla y, por este motivo, los parentescos se definían únicamente en la línea paterna. Por esta mentalidad, al menos entre los judíos, existía el concepto de “hermanos” y “hermanas” en el sentido de que si dos hombres eran nietos del mismo abuelo, entre sí resultaban hermanos. Por ejemplo, en la época de David, sabemos que su abuela, Rut, era moabita, pero a él nunca se le llamó moabita sino judío porque su abuelo Booz era judío. Pero sería un error hacer grandes discusiones sobre este pormenor, porque en realidad Jesús estableció un parámetro muy distinto para el parentesco. En efecto, en el episodio que leemos hoy, Jesús libra a sus discípulos de la mentalidad genética como requisito para pertenecer al pueblo elegido. Desde ahora en adelante serán madre y padre, hermano y hermana del Señor quienes escuchen Su Palabra y la pongan en práctica. Entramos entonces al parentesco espiritual, un parentesco que se establece cuando una persona asume a Jesús como su maestro y Señor de su vida. Así pues, la comunidad cristiana primitiva, ciertamente valoró la presencia de la madre junto a los primeros apóstoles, la presencia de Santiago a quien se llamaba el hermano del Señor. Pero el camino de la comunidad cristiana se abrió con toda fuerza hacia la generación del parentesco espiritual como nueva clave de pertenencia. Dios salva a todos más allá de su pertenencia sanguínea y más allá de su pertenencia cultural. San Pablo lo expresa diciendo que Dios derribó el muro que separaba a los judíos de los no judíos, a los hombres de las mujeres, a los libres de los esclavos, y nos hizo uno en su Hijo Jesucristo.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6272Sun, 07 Jun 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este domingo, como resonancia del Tiempo de Pascua y en particular de la fiesta de Pentecostés, celebramos la festividad de la Santísima Trinidad, a saber, que creemos en un solo Dios en tres personas. Por tanto, meditaremos en las figuras veterotestamentarias que prefiguraron la revelación de este misterio. En segundo lugar, veremos cómo Jesús se relacionó con Dios y nos lo manifestó hasta encontrar la fórmula “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

En el Antiguo Testamento encontramos un sin número de títulos y nombres atribuidos a Dios. Los títulos que nos interesan ahora son los de Padre, Hijo de Dios y Espíritu de Dios. Dios se presenta como padre del pueblo por medio del título en sí mismo, como en Jeremías (3,4.19), o por medio de descripciones como la que encontramos en el profeta Oseas (Os 11,1-7); Dios también se propone como padre del mesías, que en general es un título aplicado al rey (Sl 2) “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. En correlación con el título de Padre está también el de Hijo de Dios que en el Antiguo Testamento se aplica al pueblo, al mesías. “Los hijos de Dios”, en el libro del Génesis, designarían a una raza distinta a la de los “hijos de los hombres”, por el contexto histórico de la elaboración de este texto podemos pensar que los judíos lo aplicaban a sus ancestros en oposición a los ancestros de los Babilonios y los demás pueblos que no le pertenecían a Dios. En cambio los descendientes de las doce tribus de Jacob se consideraban la porción selecta de Dios, “el pueblo santo”. Sobre el Espíritu de Dios encontramos también varios pasajes, el primero de ellos la mención al espíritu que aleteaba por encima de las aguas en el momento de la creación. También se menciona al espíritu del Señor tomando posesión de algunos personajes como Sansón, Samuel y Saúl. Pero la revelación de la Trinidad: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se la debemos exclusivamente a Nuestro Señor Jesucristo. Él se presentó y relacionó con Dios como Hijo, pero lo hizo de tal manera que la forma de hacerlo le acarreó la condenación a muerte por parte del Sumo Sacerdote y el Sanedrín. El testimonio de los evangelios es unánime, ante el consejo supremo de Israel Jesús cometió blasfemia al igualarse con Dios. La revelación del Espíritu Jesús la enunció como la promesa de la llegada de su Espíritu o del Espíritu enviado por el Padre, después de su partida. Especialmente para San Lucas el Espíritu Santo es el gran protagonista desde el principio del Nuevo Testamento pues por su acción se encarnó Jesús en la Virgen María. Las fórmulas, llamadas: Trinitarias en el Nuevo Testamento son muchas sobre todo en los saludos de las cartas paulinas. Pero la expresión más acabada es la que leemos hoy donde Jesús ordenó a los apóstoles: “bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6240Sun, 31 May 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo veremos el sentido de la palabra Pentecostés y su origen como festividad judía. Posteriormente veremos el sentido y la importancia de la efusión del Espíritu Santo para la primera comunidad cristiana y para la Iglesia de hoy.

La palabra “Pentecostés” es una palabra griega que significa cincuenta días. Forma parte del calendario de fiestas judías al traducir la festividad conocida como “Shevu’ot” cuyo significado es “semanas”, una semana de semanas corresponde a cuarenta y nueve días. Desde la mentalidad hebrea, recuerda el acontecimiento de la llegada del pueblo de Israel, librado de Egipto por el cruce del Mar Rojo, al Monte Sinaí donde se celebró la Alianza. Este acontecimiento, aunque forma parte de algo que duró más de cuarenta años desde la salida de Egipto hasta la llegada a la tierra prometida, es de particular relevancia, pues teniendo a Moisés como Mediador, las doce tribus descendientes de Jacob-Israel asumen como compromiso ser el pueblo que le pertenece a Dios. La Alianza pactada en el Sinaí será también el origen de la Ley que, para este pueblo, será la manifestación de la sabiduría divina puesta al servicio de la humanidad. En tiempos de Nuestro Señor Jesucristo la fiesta de Pentecostés o de las semanas era una de las tres fiestas consideradas mayores, e implicaba, para quienes lo pudieran hacer, un esfuerzo por peregrinar al Templo de Jerusalén y celebrar allí esta fiesta. Para la primitiva comunidad cristiana, sin embargo, adquirió una particular relevancia ya que en la mañana de ese día se derramó con particular fuerza el Espíritu Santo en los que estaban reunidos en el Cenáculo de Jerusalén y a partir de ese momento salieron con valentía a predicar la Buena Noticia de la salvación por Jesucristo. El texto que leemos hoy en el Evangelio, así como muchos otros a lo largo del Nuevo Testamento, nos hablan de la efusión del Espíritu en muchas otras ocasiones. Específicamente en el texto de hoy vemos que, el don del Espíritu para los discípulos está ligado a la resurrección del Señor Jesús. Su finalidad es el perdón de los pecados a través de un servicio que los apóstoles deberán de cumplir y se ha cumplido a lo largo de la historia. Para la primitiva comunidad cristiana la efusión y recepción del Espíritu era uno de los signos primordiales de que alguien había recibido la salvación por parte de Dios. En algunos casos se cuenta que ocurrían cosas extrañas como “hablar lenguas nuevas”, en otros casos solamente se habla del signo de la imposición de las manos como medio para que aquellas personas recibieran el Espíritu Santo. La efusión del Espíritu siempre provoca efectos, sin embargo éstos no son necesariamente extraordinarios. Para la comunidad cristiana de hoy no sucede algo distinto que para la comunidad apostólica, el Espíritu se sigue derramando, en primer lugar por medio de la celebración de los sacramentos, también sigue llegando a las comunidades que oran pidiendo su asistencia y protección, e infunde pensamientos y sentimientos que sirven para edificar el Reino de Dios aun en los no creyentes.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6214Sun, 24 May 2015 00:00:00 GMT
Cultura bíblica
Analizaremos las partes de las que constan los últimos momentos de Jesús entre los suyos, así como la breve narración de su ascensión a los cielos y el testimonio en favor de la comunidad naciente.

Los evangelistas san Marcos y san Lucas son los únicos que se ocuparon de narrar la ascensión del Señor. No conocemos la razón por la cual los evangelistas san Juan y san Mateo no lo hayan hecho. Pero el discurso y la narración que encontramos hoy son un excelente compendio de la relación que guardan Jesús y sus discípulos más allá de los breves encuentros después de su Resurrección. Lo primero que resalta es el envío que hace el Señor. La amplitud de este envío rebasa aquélla que encontramos en el último envío de los discípulos en el Evangelio de san Mateo. En éste los discípulos son enviados a todas las naciones, en cambio, san Marcos habla de toda la creación. Hay cierta consonancia con lo que expresó san Pablo en su carta a los Romanos, pues vincula la salvación de la humanidad con el destino final de toda la creación. Los apóstoles al evangelizar a otros seres humanos producen efectos cósmicos universales. Como también lo hace san Mateo, el discurso de Jesús aquí en san Marcos considera como signo de la fe: el ser bautizados para obtener la salvación, pero también prevé que no se trata de una obligación para nadie. Por supuesto, la aceptación y el rechazo tienen consecuencias opuestas. Quien rechaza la fe y el bautismo no obtiene los efectos de la salvación en Jesucristo. La última parte del discurso pone el acento en una serie de acontecimientos extraordinarios, análogos a los signos milagrosos que Jesús realizó durante su ministerio en Galilea. Recordemos que la misión de Jesús, así como la misión de los apóstoles, no radica en hacer milagros. Jesús nunca pretendió hacer de su Iglesia un circo ambulante de hacedores de milagros (taumaturgos), que tuvieran por costumbre tomar serpientes en las manos y beber cotidianamente venenos. Los signos que realizó Jesús, y por continuación sus enviados tienden a afirmar la vida y a Dios como origen de la vida verdadera, es decir la vida eterna, que se alcanza por la Muerte y Resurrección de Cristo. La narración que cierra el Evangelio de san Marcos, en primer lugar nos presenta la glorificación de Cristo por medio de la ascensión. Cristo está misteriosamente presente en la historia, pero está glorificado a la derecha del Padre. La relación de la Iglesia con Cristo no es de lejanía, sino de profunda compenetración, su poder está presente porque los apóstoles no hacen los signos milagrosos por su propio poder sino en el nombre del Señor Jesús. Pero la finalidad de la predicación es que por la fe y el Bautismo alcancemos la vida eterna.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6188Sun, 17 May 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaAnalizando el discurso de Jesús sobre el mandamiento del amor, profundizaremos en lo que el Señor concibe como amor, y podremos compararlo con el concepto que reduce el amor a pura emoción o sentimientos. 

El texto que leemos hoy es la segunda parte del discurso que se inició con la lectura del domingo pasado, a saber: “el discurso parabólico de la vid y los sarmientos”. Para permanecer en el amor del Hijo y del Padre es necesario hacer o cumplir lo que nos manda, y su mandamiento es éste: “ámense unos a otros como yo los he amado”. 
Jesús desarrolla, por medio de seis aseveraciones, lo que Él considera amar a los discípulos: la primera aseveración es sobre la máxima forma de amar y ésta consiste en exponer o dar la propia vida en favor de aquellos a quienes se quiere. Como podemos observar, el elemento emotivo: “a quienes se quiere” está presente, pero Jesús no dice que querer a alguien sea en verdad amarlo, sino “dar la propia vida”. 
Para comprender esto podemos recurrir al discurso del Buen Pastor donde dice: “el Buen Pastor da (o expone) la propia vida por sus ovejas”. Arriesgar o dar la propia vida implica una decisión de que no me importe más yo mismo, sino aquellos a quienes quiero. La segunda aseveración afirma que: “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. La obediencia más profunda no es la que nace del temor al castigo. Hacerle caso a alguien porque se está convencido de que esta persona quiere mi bien, es la verdadera forma de ser amigo. Como vemos, el amor va más allá del sentimiento. 
La tercera aseveración propone que ya no los llama Jesús siervos, sino amigos porque les ha dado a conocer todo lo que el Padre le ha dicho. La auto revelación es una forma de hacerse vulnerable a las otras personas. Los niños y los jóvenes, normalmente se autorrevelan sin pensarlo, los adultos que ya han sufrido traiciones y desencantos no lo hacen llevados de emociones, sino pensando primero y decidiendo arriesgarse a darse a conocer, esto es una forma de amar. 
La cuarta aseveración afirma que es Jesús quien los eligió a ellos y no al revés. Esta afirmación echa por tierra el mito de que “nadie manda sobre sus propios sentimientos”, el verdadero amor implica la responsabilidad de elegir a otra persona y cargar con las consecuencias de esa decisión. Dejarse admirar y vivir de la adulación y la benevolencia ajena no fue el camino amoroso que practicó Jesús. 
La quinta característica del amor de Jesús es la fecundidad, pues Jesús les dice: “los he destinado para que den fruto y éste permanezca”. Esta forma de amar contradice directamente el “amor” autosatisfactorio. El camino del amor centra la ocupación del que ama en que la otra persona sea fecunda, con fecundidad sólida y consistente. 
La sexta y última afirmación lleva el asunto del amor más allá de la relación entre Jesús y los discípulos y hace aparecer de nuevo al Padre. La forma en que Jesús ha amado a los suyos no es el camino de romper las relaciones afectivas con el resto de las personas, sino el camino que abre a cada uno a la relación con Dios trascendente: “lo que pidan en mi nombre el Padre se los concederá”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6163Sun, 10 May 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn esta ocasión haremos una lectura a propósito del sentido en que Jesús usa la metáfora “estar unido a la vid” a la luz de los dos grandes temas del Evangelio de san Juan: fe y amor, y en particular de la continuación de su discurso en Jn 15,9-17.

Dos de los más importantes temas que san Juan desarrolla en su Evangelio son el de la fe y el del amor. Ambas realidades son complementarias, se llaman la una a la otra. Estar unido a Jesús, visto en particular relación con su discurso del Pan de Vida (Jn 6,25-59), podemos afirmar que Jesús se refiere a creer firmemente en Aquél a quien el Padre ha enviado. En efecto, para san Juan, la virtud de la fe no se refiere únicamente a un asentimiento intelectual, a una serie de verdades o dogmas, como a veces lo pensamos en la actualidad. En la conclusión del encuentro entre Jesús y los Samaritanos (Jn 4,42) ellos dicen que “creen porque han oído (hablar a Jesús) y saben que es el Salvador del mundo”. La fe implica el intelecto, pero no se reduce a él, también implica la adhesión de confianza, muchas veces provocada por una señal extraordinaria, como sucedió al funcionario público a quien Jesús envió a su casa con la única certeza de la frase: “tu hijo ya está sano”. Un día después llegó éste a su casa y comprobó que a la misma hora en que Jesús había dicho estas palabras había comenzado la mejoría hasta la curación total. Como consecuencia, nos narra el evangelista, creyó él y toda su familia. No siempre los signos maravillosos desembocaron en la fe. Como sucedió a los que participaron en la multiplicación de los panes. Así podemos concluir que estar unido a la vid implica creer en Jesús y perseverar en la fe. Pero esto no basta, porque la continuación del discurso de Jesús de inmediato nos sumerge en el tema del amor. Del versículo 9 al 11, Jesús explica la dinámica del Amor cuya única fuente es Dios, nosotros quedamos involucrados al permanecer en ese amor a imitación del Hijo que, obedeciendo al Padre, permanece en el Amor. Del versículo 12 al 17 hace una exposición magistral y muy concreta de aquello que los discípulos tendrán que hacer para permanecer en el amor, esto es: “amar como Jesús nos ha amado”. El amor de Jesús por nosotros es algo dinámico y rebasa con mucho el plano de las puras emociones. Jesús, en estos versículos, nos entrega seis características de la forma en que nos ha amado y nos pide que nos amemos los unos a los otros. La primera forma concreta de amar es dar la propia vida en favor de los que uno ama; la segunda característica es hacerse obediente a la persona amada; la tercera es darse a conocer a los demás; la cuarta forma es hacerse cargo de la relación, no ser escogido sino escoger a las personas amadas; la quinta forma es hacer que el amor lleve a la fecundidad y que este fruto permanezca; y la última característica es que el amor se hace intercesión efectiva. Jesús intercede efectivamente por nosotros ante el Padre, nosotros lo debemos hacer unos por otros, eso es amarlos. Así es que permanecer unidos a la vid implica creer y amar. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6156Sun, 03 May 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPor larga tradición este cuarto Domingo de Pascua está dedicado a considerar a Jesús Buen Pastor, y por esta razón a orar por las vocaciones sacerdotales. Reflexionaremos, entonces, sobre la presentación que hace Jesús de sí mismo como Buen Pastor en contraste con los asalariados, malos pastores, y cómo esto deriva en el misterio de la muerte y resurrección.

El discurso que leemos este día inicia con una afirmación categórica: “yo soy el buen pastor, el buen pastor da la vida por sus ovejas”, esta será la tesis fundamental de todo lo que sigue. A partir de aquí desarrolla el Señor lo que no es el buen pastor, al cual designa como “el asalariado”. 
En oposición al buen pastor, éste no da la vida por la grey cuando ve venir al lobo. Las razones que Jesús aporta para este tipo de conducta consisten, fundamentalmente, en que las ovejas no le pertenecen. La no pertenencia, dentro del contexto de la conducción de seres humanos, que es el contexto en el cual Jesús está desarrollando su discurso, de ninguna manera se refiere a la esclavitud, puesto que ningún amo moriría por su esclavo. Más bien Jesús, lleva el discurso al plano de la pertenencia amorosa, al tesoro al cual se le entrega el corazón. El mal pastor tiene su corazón en la paga, por ello, exponer su vida para salvar a las ovejas es contraproducente con sus intereses. Esto lo reafirma diciendo que las ovejas no le importan. El enemigo puede dispersar al rebaño y depredarlo porque en el fondo no hay amor que lo mueva a defenderlo. 
En cambio, el buen pastor tiene varias características. La primera que menciona el Señor es el conocimiento: “yo las conozco y ellas me conocen”, y en paralelismo del conocimiento del Padre y el Hijo concluye Jesús que ésta es la razón para dar la vida por ellas. Continúa el Señor Jesús con un dato desconcertante, la grey es mucho más amplia de lo que piensan sus discípulos, el buen pastor entonces es aquel que reunirá al rebaño desconocido y se hará un solo rebaño y un solo pastor. Esta afirmación puede referirse al surgimiento de las comunidades cristianas más allá del judaísmo, porque normalmente se pensaba que los no judíos eran un mundo perdido o al menos al margen de la conducción salvífica divina. 
La tercera afirmación sobre el buen pastoreo deriva al misterio de la muerte, “dar, ofrecer o poner” la propia vida en favor de las ovejas y el hecho de tener el poder de volver a tomar esa vida, que abiertamente nos hace referencia a la resurrección. ¿Temía Jesús a la muerte? No podemos responder con superficialidad ante esta pregunta, pero más allá del ámbito de las emociones Jesús afirma la conciencia de que tiene el poder de volver a recuperar la vida que entregó al morir en la cruz. Por este motivo también afirma: “nadie me quita la vida, sino que yo la ofrezco”. 
Creer en Jesús buen pastor, no se reduce a una conducción meramente terrenal, sino que debe abrir nuestro pensamiento a la heredad, a la cual nos conduce en definitiva, a saber, a la patria eterna de la resurrección.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6135Sun, 26 Apr 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este tercer domingo de Pascua nos detendremos a comentar las diversas fuentes que cita el evangelista san Lucas para interpretar la Resurrección del Señor, así como en algunas características del Resucitado que lo diferencian con la mera revivificación.

San Lucas es uno de los evangelistas que más insiste en las formas en que el Señor Jesús, o los ángeles, trataron de que los discípulos, las mujeres y los doce comprendieran que la resurrección del Señor Jesús no era algo inesperado. En el relato del hallazgo del sepulcro vacío, por ejemplo, los ángeles recuerdan a las mujeres que Jesús ya había anunciado a lo largo del camino a Jerusalén que moriría, pero al tercer día habría de resucitar. En cambio, a los discípulos que caminaban hacia Emaús, el Señor les explicó todos los pasajes de la Escritura, es decir del Antiguo Testamento, que se referían a Él tanto en aquello del sufrimiento como en su resurrección de entre los muertos. En el relato que se nos propone este domingo Jesús recurre a ambas fuentes: “yo ya les había dicho que así habría de suceder y que debía cumplirse lo escrito en Moisés y los profetas”. 
Si bien la resurrección de Jesús causó gran sorpresa en los suyos, es una preocupación muy clara en el evangelista san Lucas que nunca se piense que resultó algo fortuito, más bien, aquello estaba claramente previsto en el plan de Dios. 
Un segundo aspecto que es importante considerar es la condición del Resucitado. Jesús “resucitó” a varias personas durante su ministerio: Lázaro, la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naím. Pero ninguno de ellos ostentó las características que Jesús resucitado mostró a sus discípulos. Más bien podríamos decir que Jesús devolvió a la vida terrenal a aquellas personas, como ya en el Antiguo Testamento el profeta Eliseo había devuelto a la vida a un chico. Técnicamente podríamos hablar de revivificar. También en los Hechos de los Apóstoles se narran milagrosas vueltas a la vida obradas por la mediación de los apóstoles como Tabitá, por san Pedro y el joven Efesio por San Pablo. 
Jesús resucitado, en cambio, presenta una serie de características totalmente distintas. Enumeremos algunas de ellas: en primer lugar no estuvo sujeto a morir de nuevo, se presenta reconocible o irreconocible a voluntad, sus heridas y llagas están presentes pero no sangran o le provocan aparente sufrimiento, aparece y desaparece a voluntad, sin estar sujeto a las leyes más obvias de la materia, pues no requiere de puertas abiertas para entrar o salir. Los efectos del trato con Él son mucho más potentes y en general podríamos decir que se centran en recuperar la integridad de los suyos y capacitarlos para el envío a evangelizar.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6110Sun, 19 Apr 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo comentaremos el sentido de los encuentros de Jesús con sus discípulos para recuperar la comunión, y cómo esta función se extiende por medio del don del Espíritu para el perdón de los pecados.

El relato que escuchamos este domingo de la octava de Pascua contiene varios elementos contextuales que indican la ruptura que se había dado entre Jesús y los suyos con motivo del arresto en Getsemaní y la consiguiente muerte en la cruz. En primer lugar, podemos notar la gran sorpresa que invade a los discípulos por la aparición del Señor resucitado, para lo cual Jesús repite el saludo: “la paz esté con ustedes”. Un segundo dato que hace notar la ruptura es la reacción de Tomás al testimonio de los otros: “no creeré hasta que vea las señales de los clavos en sus manos y meta mi dedo…” ¿Por qué se dio esta ruptura? Por una razón muy clara, nadie, antes o después de Jesucristo había resucitado. La muerte de la persona amada, del gran amigo y maestro, que era Jesús, provocó una profunda herida en todos aquellos que le eran cercanos. La ruptura se manifiesta en forma de dolor emocional, por ejemplo: desconfianza, tristeza, enojo, frustración, etc… todas estas emociones negativas son vías de expresión de nuestras heridas. Al manifestarse Jesús vivo, con una vitalidad radiante y extraordinaria provoca, tal vez en forma repentina e inmediata, la sanación de los suyos. Bajos este aspecto el saludo “la paz esté con ustedes” es mucho más que un saludo, es una fórmula de sanación. El siguiente dato que nos interesa resaltar es que, una vez que el Señor restauró la comunión, hace de sus discípulos vehículo de la restauración de la comunión al soplar sobre ellos el Espíritu y enviarlos a perdonar los pecados. Varias veces, a lo largo de los evangelios, Jesús expresó a algunas personas que sus pecados les eran perdonados, en algunas ocasiones se ganó la crítica de las autoridades allí presentes. En otras ocasiones, aunque no había expresado una fórmula de absolución, sí expresó a las personas que sus pecados habían quedado absueltos al decirles: “no vuelvas a pecar”. Ahora, a partir de su resurrección, el perdón de los pecados será un instrumento privilegiado para hacer presente el poder del Resucitado y los efectos de la Resurrección. Así como el Bautismo y la Eucaristía están profundamente enclavados en los relatos de la pasión, el Sacramento de la Penitencia o Reconciliación está también íntimamente unido al encuentro con el resucitado. Por lo que toca a la curación del dolor emocional, tal vez los procesos no sean tan automáticos como aquello que sucedió aquella tarde en el cenáculo, pero nunca hay que perder de vista que el ser perdonados por Dios es la fuente de la más profunda salud en nuestras vidas.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6086Sun, 12 Apr 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este quinto domingo de Cuaresma se nos presenta el discurso con que Jesús concluyó su ministerio en Jerusalén antes de iniciar su Pasión. Reflexionaremos particularmente sobre la conciencia del Señor acerca del conjunto de su misión, y también a propósito de la manera en que afrontó y canalizó su estado de ánimo.

El discurso de hoy inicia con una breve narración en la que los griegos venidos a la fiesta querían encontrarse con Jesús. Para el Señor, la llegada de los paganos que desean conocerlo es el signo de que la hora ha llegado, y entonces comienza a desarrollar el anuncio de su inminente sacrificio usando la metáfora del grano que cae en la tierra. 
Llama la atención que acompaña a esta metáfora de caer en la tierra otra metáfora opuesta al final del texto, a saber: “cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Con este par de comparaciones se completa el misterio que estaba a punto de suceder. 
En primer lugar el grano de trigo que cae en tierra y muere representa la sepultura de Cristo. Jesús afirma con toda certeza que se trata del acontecimiento que todo ser humano debe afrontar al término de sus días terrenales; por otra parte, al hablar de un alzamiento o elevación podemos pensar en dos cosas: la primera de ellas es la crucifixión. Ya en el discurso que Jesús había dado a Nicodemo (Jn 3) había hecho referencia a la serpiente levantada por Moisés en el desierto y que de la misma forma habría de ser levantado el Hijo del hombre, por este motivo no hay duda de que Jesús asume que la crucifixión es signo de atracción y salvación para sus discípulos. Pero queda una segunda forma de entenderlo y que en el contexto de este pasaje es importante, nos referimos a la resurrección. En efecto, la exaltación de Jesús muerto y sepultado forma parte inseparable de todo el acontecimiento. Al caso, san Pablo comenta en su primera carta a los Corintios, “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe… seríamos los hombres más desgraciados”. 
A lo largo del discurso que escuchamos este domingo, hay otra constante muy fuerte, es el dato de la comunión que tiene como eje al Señor Jesús. Por una parte Jesús está en comunión con el Padre quien confirma la conciencia expresada, por otra parte Jesús dijo que muchos otros están en comunión con él. Una forma de esta comunión es “ser sus servidores”, pero al mirar las características que señala sobre ellos, más bien podríamos pensar en el concepto de hermanos o coherederos de la misma gloria eterna. 
Por último, es notorio, que a pesar de la conciencia clara de la misión, la hora que ha llegado y la comunión de la que goza el Señor, su situación anímica era de ruptura y tribulación. La referencia a su estado de ánimo demuestra que Jesús no era ningún apático, en el sentido más literal de la palabra, ante la proximidad de los acontecimientos Jesús se conmueve, teme, incluso expresa la posibilidad de pedir al Padre que lo libre de aquella hora, pero es necesario afrontarla sin darle prioridad o someterse a sus emociones.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6048Domingo, 20 de marzo de 2015
Cultura BíblicaEn este domingo comentaremos sobre los dos efectos del envío del Hijo de Dios a este mundo. En oposición al juicio por no creer en Él.

Leemos en el Evangelio de hoy, proveniente de san Juan, una densa reflexión que Jesús presentó al magistrado Nicodemo, quien lo había ido a visitar por la noche. En la primera parte de nuestro texto Jesús hace dos afirmaciones como efecto de la misión a la que fue enviado, a saber: “el que crea tenga en Él la vida eterna”, “el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”.

La motivación por la que Dios ha enviado su Hijo al mundo es el amor, y un amor grande que supera las expectativas de las personas. El Señor Jesús ocupa dos tipos de imágenes para explicar la vida eterna. La primera de ellas es la exaltación por atracción, cuando dice: “así como Moisés puso en alto a la serpiente en el desierto, así cuando el hijo del hombre sea exaltado atraerá a todos hacia sí”. La segunda imagen, que es opuesta a la exaltación y a la vida eterna, es el hecho de incurrir en el juicio, lo cual implicaría un movimiento descendente hacia el sepulcro. A esta situación se dirigen los que no quisieron aceptar la fe en el Hijo del Hombre, porque Él es la luz que vino a este mundo, pero los hombres prefirieron las tinieblas del pecado.

La simbología es muy evidente, pero Jesús se esmera en aclarar que no es un efecto buscado por Dios, ni por su Hijo, la condenación de nadie. La vida eterna, por tanto no nos viene por imposición, pasando por encima de nuestras libres decisiones, sin embargo, es necesario considerar sus consecuencias. Esto nos permite hacer un análisis de una afirmación común que resulta poco verdadera frente al discurso que Jesús nos presenta hoy. Me refiero a la afirmación de que, a final de cuentas, Dios es tan misericordioso que perdonará a todos y, por ello, sería innecesario hablar de infierno o condenados.

La cuestión no se enfoca en la misericordia de Dios que ciertamente es suficiente para perdonar todos los pecados, sino en la persona que no quiere ser perdonada porque prefiere el pecado. Es injusto que, para agradar a quienes no soportan la idea de la muerte eterna, hiciéramos de Dios un titiritero que no respeta nuestra decisión en contra suya, o se nos presentara tan arrolladoramente bello que no habrá espacio para no aceptarlo.

En este sentido podríamos afirmar que el Hijo de Dios no vino con la finalidad de condenar a nadie, pero si alguien se empecina, el Padre lo respetará. Como quiera, el mensaje permanece positivo y esperanzador para todos aquellos que decidan salir de las tinieblas de sus pecados y acepten, por la fe en el Hijo de Dios hecho hombre, la Vida Eterna.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6033Sun, 15 Mar 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPara este tercer domingo de Cuaresma comentaremos el conocimiento que Jesús tenía de los hombres y cómo se propone a sí mismo como el Templo, lugar de encuentro entre Dios y la humanidad.

Inmediatamente después de que el Señor Jesús tuvo el enfrentamiento con los judíos en el Templo, observamos un comentario del evangelista sobre la fe de los que habían visto las señales de Jesús pero, nos aclara, que Jesús no se confiaba de ellos porque los conocía y no necesitaba que le explicaran lo que hay en el hombre. 
Esta última afirmación nos puede dar una clave de la lectura del pasaje anterior. Tomemos como punto de partida la pregunta ¿Qué hay en el interior del hombre? Ya en los Salmos y en algunos de los profetas se nos dice que Dios conoce el interior de los hombres refiriéndose a los pensamientos, las intenciones del corazón y las pasiones que lo mueven. También, al hablar de los hombres malvados nos dice que el hombre en su interior tiene toda clase de malicia y ambiciones. 
Si nos hacemos la pregunta y la tratamos de responder dentro del mismo contexto de san Juan, podremos ver que Jesús acusa a los vendedores de convertir el Templo en un mercado. Esta es una perversión de la finalidad del Templo el cual sería el recinto de encuentro entre Dios y su pueblo. Este recinto estaba particularmente ligado a la Alianza del Sinaí con Moisés durante el Éxodo. Por tanto, era un signo de la soberanía que Dios había dado a sus hijos al librarlos de Egipto. 
Sería injusto pensar que la perversión del Templo proviniera de la misma Ley de Moisés, más bien, analizando las costumbres de la época, provenía de una inadecuada interpretación de la Ley de Moisés referente a la idoneidad de las ofrendas, porque éstas deberían ser víctimas puras. Ante la posibilidad de que alguna persona quisiera presentarle a Dios una víctima inadecuada y así el Templo se pudiera ofrecer un sacrificio impuro, había surgido el “negocio” de adquirir obligatoriamente todas las víctimas para el sacrificio en el Templo mismo. 
Esta perversión provenía, sin embargo, de una perversión de las autoridades que hicieron girar todo el sistema de esta forma. Los judíos no cuestionaron la licitud de la acción e Jesús. Tal vez podría resultar aceptable que, en verdad, se estaba ejerciendo una actividad comercial en el sitio del Templo, pero ellos cuestionan la autoridad para hacerlo, en el fondo preguntan quién respaldaba a Jesús para llevar a cabo tal obra. 
Es precisamente en este punto de la discusión, donde Jesús introduce un parámetro nuevo, a saber: Pasa del Templo de Jerusalén al Templo de su Cuerpo. Es aquí donde asistimos a la gran diferencia entre el judaísmo y el cristianismo. Para nosotros los cristianos el lugar de encuentro con Dios es nuestro Señor Jesús. No es más válida una Misa celebrada en Jerusalén que en Roma o en nuestra ciudad. No es más poderosa una Misa celebrada por el Papa que por aquella que celebra un capellán en un convento o un párroco en el predio donde se lleva a cabo la misión. La razón de fondo es la misma porque es el mismo Cristo el que se ofrece al Padre.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6020
Cultura BíblicaEn este segundo domingo de Cuaresma profundizaremos el sentido del relato de la Transfiguración del Señor a partir de los relatos que lo circundan, a saber, el de la confesión de Pedro y primer anuncio de la Pasión y después de nuestro relato el de la curación del chico poseído.

El evangelio de san Marcos, más que los otros evangelios, marca el dramatismo de no conocer la verdadera identidad de Jesús. Se considera que la mitad del Evangelio la marca el pasaje de la confesión de fe de Pedro, donde respondió a la pregunta de Jesús: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” con la confesión: “Tú eres el mesías”. En la primera mitad del Evangelio el Señor hizo muchos milagros y exorcismos en Galilea, una vez que Pedro confesó su fe Jesús podrá el acento de su camino como el ascenso a Jerusalén donde habría de ser traicionado, ajusticiado por los paganos y resucitaría al tercer día. El primer anuncio que hizo Jesús de estos hechos provocó de parte de Pedro una reacción de oposición lo cual fue rotundamente rechazado. El evangelista de inmediato nos ubica seis días después de este diálogo en la Transfiguración de Jesús en un monte alto. Si lo miramos en conjunto con los acontecimientos precedentes podremos observar dos datos fundamentales. En primer lugar la Transfiguración es una manifestación de la gloria de Jesús, junto con la voz venida del cielo se trata de una verdadera teofanía. El segundo dato es que la voz manda escuchar al Hijo amado, y la primera orden que este da es de callar los acontecimientos vividos hasta que resucitara de entre los muertos. La conclusión del primer anuncio de la pasión había sido precisamente que al tercer día resucitaría pero este mensaje, tal vez por su novedad, resultaba difícil de digerir, como nos lo propone el mismo San Marcos al comentar: “ellos se preguntaban, qué era eso de resucitar”. Por otra parte, nuestro relato está íntimamente relacionado con lo que sucedió inmediatamente después de bajar, a saber, que corrió la gente al encuentro de Jesús porque los demás discípulos no habían podido expulsar un demonio. Por el hecho de dirigirse Jesús hacia Jerusalén para padecer, no quiere decir que careciera de autoridad o que aquel proceso de anonadamiento implicaba el triunfo del maligno. Es claro que el demonio tenía cierto poder, pero siempre, muy por encima estaba la autoridad de Jesús, quien lo expulsó de aquel chico. En esta segunda semana este relato de la Transfiguración también tiene una valencia positiva para reforzar en nosotros la confianza en Jesús, Él es el verdadero Hijo de Dios a quien hay que escuchar.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6010Sun, 01 Mar 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este primer domingo de tiempo de Cuaresma comentaremos la predicación de Jesús. En particular el sentido de las frases: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca”… “vuélvanse a Dios y acepten la Buena Noticia”.

Las relaciones entre Dios y los hombres están absolutamente ligadas a dos coordenadas, el espacio y el tiempo. Hoy Jesús hace mención de estas dos coordenadas al decir que “el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca”. 
Con respecto al tiempo, nos dice que “se ha cumplido”. El cumplimiento de un tiempo se puede referir a dos cosas. La primera de ellas,  es la conclusión de un proceso. En el Antiguo Testamento son muy frecuentes las referencias a la vida agraria en modos de cumplimientos: “llegó el tiempo de la cosecha”, “el tiempo en que se recogen los frutos del viento” (es decir los frutos de los árboles). En este sentido, la frase del Señor Jesús nos quiere decir que ha llegado el “momento oportuno” (en griego kairós), un término rico en significación para los autores bíblicos, sobre todo para san Pablo. 
El tiempo oportuno es el advenimiento del “Día del Señor”, es decir, el momento de la intervención definitiva de Dios en la historia humana. Esto nos lleva a considerar el segundo sentido de la frase “el tiempo se ha cumplido”. En la historia de las relaciones entre Dios y el pueblo de Israel no solamente se mira un proceso de maduración biológica, se trata más bien del proceso de maduración de la relación amorosa pactada en la Alianza del Sinaí. Por ello, el cumplimiento es la puesta en obra de la promesa de salvación, la promesa de una Alianza Eterna (cfr. Is 55,1-11). Sobre todo vemos en el profeta Daniel (Dn 9,20-27; 12,1-4) varios oráculos en donde se habla de tiempos que deben esperarse para que Dios intervenga definitivamente. 
La segunda parte del mensaje de Jesús muestra la principal característica de esta llegada del Reino de Dios, a saber: el señorío de Dios. Volverse o convertirse al Señor significa asumir una actitud de sumisión frente al Señorío de Dios. Es también común encontrar en los profetas la acusación de que los individuos, y el pueblo en su conjunto, se revelaban al designio de Dios, el principal pecado era no someterse a Dios y desconocer su señorío (cfr. Is 5,15-16). El llamado de Jesús es a reconocer a Dios como Señor, abajarse a sí mismo y asumir que Él es el Señor. Esto concuerda con el uso más común de la palabra “evangelio” en tiempos bíblicos. El evangelio no es el anuncio de cualquier buena noticia, se trataba del anuncio del triunfo en una gran batalla donde estaba comprometida la libertad e integridad de una nación, también se usaba la palabra evangelio para anunciar el nacimiento de un nuevo rey o su coronación. Así pues, Jesús pide que sus paisanos, de nuevo, acepten que Dios es el Señor de sus vidas porque estaba a punto de llevarse a cabo la Nueva y Eterna Alianza.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=6004Sun, 22 Feb 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaSobre el pasaje de este domingo, en primer lugar profundizaremos sobre el ejercicio de la autoridad de Jesús con respecto a sus discípulos y la obediencia a la misión que Dios le había confiado.

La serie de episodios de esta parte del Evangelio de san Marcos tiene varias líneas de progreso. Una es la de los lugares. Inicia en la sinagoga, pasa a la casa de Simón; en un tercer momento pasa a la plaza pública y va más allá a los caminos y poblados del entorno, esta es una gradación en amplitud. Otra línea es la del ejercicio de la autoridad: Jesús muestra su autoridad sobre la asamblea en los discursos que pronuncia, muestra su autoridad sobre los demonios al expulsarlos del endemoniado de la sinagoga. En tercer lugar muestra su autoridad sobre la enfermedad al sanar a la suegra de Simón Pedro y las personas que sanó en la plaza pública. 
Por fin, este domingo mostrará su autoridad sobre los discípulos al indicar que no se quedaría en Cafarnaum, sino que irían a los pueblos del entorno, pues para eso había venido. En este punto nos detenemos para observar cómo ejerció Jesús la autoridad con los discípulos. De acuerdo con las narraciones de vocación apostólica de san Juan y los demás evangelistas, Jesús es quien llamó a la mayoría, a quienes se le acercaron por medio de otras personas los aceptó explícitamente. También es característica de ejercicio de la autoridad el hecho de darles nombres nuevos a algunos de ellos, por ejemplo a Simón le llamó Pedro y a Santiago y Juan, los Hijos del Trueno. 
Quien realizó las obras maravillosas o señales fue Jesús, Él propuso las parábolas y quien explicó su significado. La sumisión de los doce es bastante clara a lo largo de todos los relatos evangélicos. Jesús, en muchos casos, obtuvo respuestas insuficientes o equivocadas de parte de sus discípulos y los corrigió. Sobre todo, les costó aceptar que la misión de su Señor se cumpliría por medio de la crucifixión en Jerusalén. 
Un catálogo excelente de la relación entre Jesús y los suyos lo encontramos en el capítulo quince del evangelio de san Juan. Entre otras afirmaciones sobresalen las siguientes: “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos; yo los llamo amigos y no siervos porque les he dado a conocer todo lo que el Padre me ha dicho…” Un poco antes dentro de la misma última cena les dijo: “ustedes me llaman maestro y dicen bien, pues si yo que soy el maestro les he lavado los pies, esto quiere decir que lo mismo deben hacer los unos con los otros”. 
El liderazgo de Jesús fue claramente orientado por la actitud del servidor, del que se pone en último lugar, del que perdona aun las más graves ofensas. Jesús, a pesar de ser tan firme, nunca se comportó como un déspota, al contrario, siempre se manifestó sujeto a la voluntad del Padre que lo envió. Así lo podemos ver con claridad en la frase de hoy: “para esto he venido…” Jesús no rehusó sanar a quien lo pedía, pero no redujo su ministerio a la sanación de enfermos, el Señor siempre orientó a los suyos a la verdadera misión que era la redención de la humanidad.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5982Sun, 08 Feb 2015 00:00:00 GMT
Lectio DivinaLectura del Santo Evangelio
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios, y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. (Mc: 1, 14-20)

Arrepiéntanse y crean en el Evangelio
P. Oscar Arias

Meditación
Así como estamos en los inicios de un nuevo año civil, también estamos al inicio de un tiempo nuevo, y entre estos comienzos nos encontramos con el primer capítulo del Evangelio según san Marcos, con las primeras enseñanzas y milagros de Jesús.
El texto que este domingo se proclama en la Misa, se conoce como: el inicio del ministerio de Jesús, la llamada de los primeros discípulos.
Ya desde el domingo pasado venimos escuchando el tema de la vocación, del llamado que Dios nos hace. Desde la Antigua Alianza, Dios viene llamando a sus hijos a formar parte de esta historia de salvación y, con Jesús, este llamado llega a un punto de plenitud, porque “el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (v. 15)
Es por esta razón imperante que dos parejas de hermanos son capaces de dejar su oficio, su familia, su propio padre y sus proyectos a un lado, para vivir la maravillosa aventura del Reino de Dios en su propia vida.
“Y ellos, dejando, soltando, liberándose... fueron detrás de Él" (v. 20)
La traducción del verbo griego: soltar, puede traducirse también como despedir, emancipar, absolver, perdonar.

Contemplación
En varias ocasiones, estando confesando a algunas personas, me ha sucedido que suena su teléfono celular y muy apenados lo apagan o le dicen a quien les llamó que luego le atenderán. La verdad, antes que molestarme, en el fondo me da gusto que dejen para después cualquier cosa, me da gusto percatarme que para ellos nada es tan importante como ponerse en paz con Dios y consigo mismos a través de este sacramento de conversión y reconciliación; es por eso que siempre les dejo que ellos mismos expliquen, a quien les está llamando, que en ese momento lo más importante es saldar cuentas con Dios, porque el tiempo se ha cumplido, porque el Reino de Dios está cerca.
Con esto, entiendo que cualquier asunto nunca será más importante que lo que Dios nos pide; ni siquiera las relaciones familiares llegan a ser más importantes que la respuesta a Jesús, porque por eso se puede dejar a los padres, para seguir a Jesús; por eso se puede renunciar a un proyecto personal, para ir detrás de Él; por eso hay personas que renuncian a la vida que llevan, para sumarse a la construcción del Reino de Dios.
Así, para seguir a Jesús, es necesario “soltar” algunas cosas a las que nos hemos aferrado; requerimos “renunciar” a algunas relaciones a las que ya nos habíamos acostumbrado; se ocupa que “perdonemos” a alguien que nos hizo daño y a pesar de que ha pasado mucho tiempo, nos sigue afectando y se nos invita, así en esa libertad, a ir en pos del Maestro.
Si no nos “despedimos” de esas cosas que nos atan, entonces no podremos convertirnos en discípulos de Cristo, nos quedaremos remendando nuestras redes o nuestras vidas, sin lograr acabar nunca; permaneceremos “atados” a pasiones y pecados, que no nos dejan vivir ya el Reino, nos mantendremos en la inercia de ser ciudadanos que no se involucran jamás en la construcción de un mundo más justo, más humano.

Oración
Señor Jesús, que podamos dejar, despedir, perdonar, abandonar, todo lo que nos impida seguirte; que podamos responder a tu llamado de una vez por todas; que podamos sostener el sí que te dijimos el día de nuestra ordenación, consagración o matrimonio, que renovemos esa promesa que hicimos de ir tras de tus enseñanzas y tus pasos; que lo podamos hacer y nos convirtamos, porque el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Acción
Esta semana, en la próxima Misa en la que participemos, renovemos la promesa de nuestra vocación. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5957Sun, 25 Jan 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPara este domingo propongo profundizar el sentido de ir con Jesús dejándolo todo comparando a los evangelistas San Lucas y San Marcos. En un segundo momento analizaremos el sentido de la frase: “los haré pescadores de hombres”.

El pasaje de vocación que escuchamos proveniente del evangelio de san Marcos nos hace pensar que los primeros cuatro discípulos, a partir de aquel momento en que Jesús los llamó, ya nunca más se dedicaron a pescar, sino solamente a seguir al Señor. 
La radicalidad en el seguimiento del Señor Jesús es un tema que aparece tanto en san Marcos como en el Evangelio de san Lucas. En san Lucas aparecen una serie de encuentros donde distintas personas le proponen a Jesús un cierto seguimiento. 
El primero de ellos, le dijo: “te seguiré a donde quiera que vayas…” Jesús le replicó que el Hijo del hombre no tenía dónde reclinar la cabeza, corrigiéndolo. Seguir a Jesús es seguirlo a Él no el sitio de privilegio al que nos pueda conducir. Un segundo hombre le preguntó sobre lo que debería hacer para alcanzar el Reino y se fue entristecido ante la propuesta de venderlo todo, repartirlo entre los pobres y seguir a Jesús radicalmente. Un tercero pidió primero ir a enterrar a sus padres, Jesús le replicó que dejara a los muertos que enterraran a sus muertos. 
No cabe duda que san Lucas es radical. Lo que caracteriza la radicalidad del seguimiento en el evangelio de san Marcos radica en dos aspectos, a saber, se sigue a Jesús aunque no se logre saber quién es y se le sigue en medio de serios conflictos. La única manera de solventar ambos factores es la fe que se deposita en Jesús. 
Analizando en su conjunto los evangelios podemos pensar que la radicalidad se refiere a tener a Jesús como único líder, único maestro y guía para orientar la propia vida. No se refiere tanto a no volver a pescar o no volver a llevar adelante responsabilidades familiares, que algunos, ciertamente, las tenían. 
Por otra parte, el llamado de Jesús incluye una propuesta: “los haré pescadores de hombres”. La pesca es un oficio de manutención para las propias familias, no era una industria compleja como lo eran la industria del vino, los perfumes, las telas o los aceites. Es una actividad que requiere conocimientos, destrezas y recursos materiales. Al parecer el padre de Santiago y Juan había logrado cierto desahogo con este oficio, porque el texto nos habla de que tenían trabajadores. 
En las parábolas del reino desarrolladas en san Mateo, una de ellas, usa la comparación de los pescadores, haciendo uso de esta comparación podemos pensar que Jesús hablaba de la pesca como la recolección de individuos, como los que quedan atrapados en la red del pescador. Por tanto, podemos pensar que al llamarlos a ser pescadores de hombres Jesús se refiere a la actividad de convocadores de la Comunidad del Reino en torno al Mesías. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5956Sun, 25 Jan 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica
Mons. Salvador Martínez 
En este inicio del Tiempo Ordinario nos detendremos a considerar la geografía en relación con el ministerio de Jesús y el llamado a los discípulos bajo esta perspectiva. Relacionaremos, después, estos datos con el sentido del tiempo ordinario.

Los evangelios de san Mateo, san Marcos y san Lucas pueden ser divididos de acuerdo con los lugares en que Jesús desarrolló su ministerio. Los tres concuerdan en decir que Jesús inició su servicio de predicación y de realización de signos poderosos en Galilea. Ninguno de los tres hace mención del tiempo que se llevó esta predicación y la visita de los distintos lugares de aquella región. 
En cambio, el Evangelio de san Juan no puede ser dividido de esta forma, puesto que nos narra episodios de la vida de Nuestro Señor, tanto en Galilea como en Jerusalén alternadamente. A partir de las tres ocasiones en que el evangelista san Juan habla de la Pascua o fiesta de los judíos, es que se ha llegado a pensar que el ministerio del Señor duró tres años. 
Regresando a los evangelios sinópticos, de san Mateo, san Marcos y san Lucas, vemos cierta lógica que pone la región más alejada de Jerusalén como la primera en donde trabajó Jesús, a saber, Galilea. La segunda etapa es la subida a Jerusalén, la tercera es el ministerio en Jerusalén, la cual desembocó en la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. 
Galilea es la parte de Palestina que ocupa el extremo norte, sobre todo con poblaciones en torno al lago de Genesareth o Tiberiades. A pesar de que san Juan nos dice hoy que fue el Bautista quien avisó a dos de sus discípulos que Jesús era el Cordero de Dios, y éste era judío y predicaba junto al Jordán, los demás evangelistas nos aclaran que los dos discípulos eran galileos. De hecho, tal vez solamente uno o dos de los elegidos por el Señor no eran Galileos. El resto no hay duda de que provenían de la misma región en que se había criado el Señor. 
Galilea fue la época más prolongada del ministerio de Cristo, esto tiene una semejanza con el Tiempo Litúrgico Ordinario, el cual ocupa la mayor parte del año, treinta y cuatro semanas para ser exactos. Jesús, durante su época de Galilea, predicó a la muchedumbre pero también desarrolló enseñanzas más privadas para los doce apóstoles. Realizó signos e hizo que sus discípulos realizaran, a su vez, signos como los que Él había hecho. 
La primera etapa de su vida fue para hacer crecer a todos con un discipulado prolongado, tal vez de tres años. Asímismo, a nosotros este tiempo se nos ofrece como llamado a ser discípulos del Señor. Caminamos con Él y nos quedamos, incluso, a vivir con Él para aprender lo más sencillo de la vida, en clave de hijos de Dios. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5940Sun, 18 Jan 2015 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica
Mons. Salvador Martínez Ávila
En el presente artículo comentaremos la importancia de este evangelio para concluir el Tiempo de Navidad. También comentaremos las peculiaridades del relato del Bautismo del Señor en el evangelio de San Marcos. 

El acento de la Navidad no está puesto en una fecha de cumpleaños, sería un gran error pensar que se reduce a la fiesta de cumpleaños de Jesucristo. No, el acento se pone en el dato innegable, al menos desde el punto de vista de nuestra fe, de que el Hijo de Dios se encarnó, es decir, que se hizo uno de nosotros. Se ha discutido mucho sobre la fecha exacta del nacimiento del Señor. Ninguno de los evangelios nos da la fecha, ni podemos pensar que quisieran hacerlo. San Mateo y san Lucas nos hablan con claridad sobre los padres de Jesús: José y María, y el lugar: Belén de Judá. 
Otro dato que nos aporta san Mateo es la visita de los Magos de Oriente, lo cual ha dado fundamento a la fiesta de la Epifanía. Pero un dato unánime, en los cuatro evangelios, para hablarnos de la presencia de Jesús como Mesías, es el episodio de su Bautismo por parte de Juan Bautista. Este dato es el que marcó la aparición de Jesús ungido como Mesías por Dios, para ser el redentor de la humanidad. Por este motivo, la fiesta del día de hoy cierra el tiempo de la Navidad. 
Entre los cuatro evangelistas que nos narran el bautismo de Jesús; el más escueto, el que menos datos nos da, es el evangelio de san Marcos. En otros evangelios se nos presenta un diálogo entre Jesús y Juan, donde se hace patente el reconocimiento que hace este último del mesianismo de Jesús. San Juan evangelista, por su parte, es el que propone más testimonios del bautista fuera del encuentro con Jesús en el Jordán, incluso narra diálogos de Juan con sus discípulos marcando a Jesús como el cordero de Dios, y aclarando su derecho a bautizar y a acrecentar su presencia y fama entre el pueblo. 
Los datos que nos proporciona san Marcos nos ubican en lo esencial, a saber: que Jesús se presentó ante Juan para ser bautizado. Como parte del acontecimiento se realiza una teofanía presenciada por Jesús, consistente en el descenso del Espíritu Santo, en forma de paloma, sobre Él y la voz que al parecer fue escuchada por los presentes: “Tú eres mi Hijo Amado a quien he elegido”. Recordemos, sin embargo, que nadie de los presentes supo interpretar esta voz como nosotros; después de todos los acontecimientos la entendemos como la voz del Padre que presenta a su Hijo Unigénito, Dios de Dios. Aunque más bien sirve para establecer con claridad que la misión de Jesús estuvo marcada por una unción inicial a partir de su bautismo. 
El evangelio de san Lucas refuerza este dato con la visita de Jesús a Nazareth, donde Jesús leyó el trozo del profeta Isaías que decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha enviado…”. De esta manera los cuatro evangelistas nos dicen con claridad que Jesús tuvo conciencia de ser el Mesías e Hijo de Dios en todo momento desde el inicio de su ministerio.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5926Sun, 11 Jan 2015 00:00:00 GMT
Cultura BiblicaCultura Bíblica
Mons. Salvador Martínez
Para la solemnidad de la Epifanía que celebramos este domingo nos centraremos en el aspecto de la búsqueda en el contexto de los dos grandes grupos involucrados en la narración. El primer grupo se refiere a los judíos representados por Jerusalén y el rey Herodes. El segundo grupo, el de los paganos, representado por los magos venidos de oriente.

El relato que nos presenta san Mateo es único, ninguno otro Evangelio nos lo narra. Por tanto, podemos pensar que para este evangelista hay una función importante a cumplir por este relato. Si lo tomamos con valor simbólico podemos hacer una lectura muy interesante y adecuada con respecto a esta solemnidad de la Epifanía. 
Iniciamos considerando algunos textos del Antiguo Testamento que se produjeron muy probablemente en la época helenística. En primer lugar, el libro de Rut, este libro contiene un mensaje muy claro, a saber: una mujer pagana puede renunciar a sus dioses familiares y originarios para adherirse al verdadero Dios. Rut era extranjera y por amor filial a su nuera Noemí se convirtió al judaísmo y se convierte en ancestro del mismísimo rey David. Esto contradice una tesis sostenida durante los siglos sexto y quinto antes de Cristo, justo después de la deportación en Babilonia, en que el pueblo pensó que la conversión de los paganos era algo imposible y, por tanto, toda alianza matrimonial con un extranjero era peligro inminente de idolatría. 
Un segundo libro que aborda el tema de la relación entre judíos y paganos es el libro de Jonás, en este libro la postura del judío representada por el profeta Jonás es negativa. No le hace caso a Dios y huye de Él hasta el límite de ser forzado a cumplir su misión de predicar el juicio de Dios contra una ciudad pagana y ejemplo de pueblo malvado y sanguinario. El nombre de la ciudad era Nínive. El rol de Nínive como ciudad condenada por Dios, en cambio, es totalmente positivo, pues al escuchar la predicación del profeta se convirtieron de sus malas acciones y, desde el rey hasta los animales, hicieron penitencia. El mismo rol positivo lo juegan los marinos paganos que no entendían por qué habían merecido una tormenta tan terrible, todos ellos temían hacerle algún mal al profeta que les pedía que lo lanzaran al mar para que dicha tormenta se calmara y ellos, una vez calmada la tormenta, ofrecieron sacrificios al Dios verdadero. 
Así pues, vemos que los paganos parecen estar más dispuestos a aceptar las señales de la historia y del cosmos para convertirse a Dios. Esto lo vemos con mucha claridad en nuestro relato. Los magos buscaron al Mesías hasta encontrarlo, se alegraron cuando la estrella los guiaba. Ante el Señor se postran y adoran ofreciendo sus dones. En cambio el pueblo judío representado por Herodes y todo Jerusalén se conmovieron llenos de temor. Esta fue la paradoja que el mismo Jesús constató al encontrar un centurión romano más fervoroso que todos los judíos de su tiempo, y hasta declaró: “yo les aseguro que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán junto a Abraham, Isaac y Jacob en el banquete,  mientras que muchos judíos quedarán fuera”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5908Sun, 04 Jan 2015 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 483 2657 COSAM 22 6 3134 14.0

En este domingo leemos el relato de la presentación de Jesús al Templo. De este episodio extraeremos algunas características de la Sagrada Familia de Jesús, José y María para alimentar nuestra espiritualidad.

 

El relato de la presentación de Jesús en el Templo forma parte del capítulo segundo del evangelio de San Lucas que está compuesto por varias escenas. La primera de ellas es el nacimiento, la segunda es la visita de los pastores avisados por los ángeles, la tercera escena es esta que leemos ahora y la última escena es la de Jesús perdido y encontrado en el Templo de Jerusalén. Abarca en tiempo de la vida del Señor sus primeros doce años. Por este motivo es el testimonio más amplio que encontramos en los evangelios sobre aquellos momentos en la vida de Jesús.

El relato de la presentación en el Templo es el más abundante en datos sobre rasgos familiares. Analicemos algunos de ellos. En primer lugar la Sagrada Familia era judía practicante pues como lo mandaba el libro del Éxodo (13,2) debía rescatarse al hijo primogénito. Para nosotros, la familia de Nazareth es del todo extraordinaria, pero dentro de su contexto histórico es importante constatar que lo extraordinario ante Dios puede ser de lo más ordinario para una sociedad. Aunque Jesús era Hijo de Dios, en el sentido más propio de la palabra no ejerció ningún privilegio ni sus papás se exentaron del cumplimiento de ninguna norma ritual propia de su religión. Vivimos en un contexto cultural bastante sensacionalista, sobre todo promovido por los medios de comunicación, la vida del Señor no fue afectada por esta mentalidad.

Un segundo aspecto es el tipo de ofrenda que presentaron: un par de tórtolas o dos pichones. Se trata, por lo tanto, de la ofrenda de los pobres. En un tercer momento observamos la intervención de Simeón el sacerdote, quien agradece primero a Dios aquel don de ver al Mesías y luego profetiza sobre su futura misión. Es propio de nuestra tradición cristiana el afirmar que cada persona es única e irrepetible, y derivado de esto se desprende que cada persona en particular también tiene un llamado y una misión única e intransferible dentro de la historia de la salvación. Las palabras de Simeón abarcan también a la misión de la Madre quien sufriría por el ejercicio mesiánico de su Hijo. Al contrario de lo que pensaban la mayoría de los griegos nuestra fe cristiana no piensa que cada quien tenga un destino inapelable e irremediable que asumir, sino que el proyecto de Dios al que llamamos vocación o misión es una propuesta respetuosa que cuenta con nuestra libre decisión.

Por último se nos narra el retorno a Nazareth donde se dice que “el Niño crecía y se fortalecía, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios”. Este último punto es por demás importante. La fuerza y la importancia de la familia se vive en lo cotidiano. Quienes nos comprometemos a promover la civilización del amor estamos convencidos de que las más grandes revoluciones de la humanidad para el bien se gestan en lo escondido y lo cotidiano de la convivencia familiar. Así pues, esta fiesta de la Sagrada Familia nos puede ser muy provechosa.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5873Sun, 28 Dec 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 542 2986 COSAM 24 7 3521 14.0

Al inicio del nuevo año litúrgico comentaremos algunos datos generales del Evangelio de san Marcos, el cual leeremos a lo largo de este año. También comentaremos por qué se lee la conclusión del discurso del fin del mundo, también llamado discurso escatológico, en este primer domingo de Adviento.

 

El total de los evangelios son cuatro: el de san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan. Los tres primeros tienen una estructura muy semejante, a saber: ministerio de Jesús en Galilea, subida a Jerusalén, ministerio en Jerusalén, pasión, muerte y resurrección del Señor. Por este motivo se les llama evangelios sinópticos.

En base a esta semejanza se ha establecido que cada año se lea, durante los domingos, uno distinto en forma cíclica. Por tanto, hay tres ciclos: el ciclo A, para leer el evangelio de san Mateo; el ciclo B, para leer el de san Marcos, y el ciclo C, para leer el de san Lucas. Este día iniciamos las lecturas del ciclo B.

El evangelio de san Marcos es el más breve de todos los evangelios, y durante muchos siglos se consideró como una forma abreviada del Evangelio de san Mateo. Sin embargo, las investigaciones de los últimos siglos nos han llevado a considerar que éste Evangelio no es un resumen de algún otro, sino una obra bastante original. ¿Quién la escribió?

La tradición eclesiástica atribuye este Evangelio a san Marcos. Este hombre aparece por primera vez mencionado en el libro de los Hechos de los Apóstoles como hijo de María, mujer que vivía en Jerusalén (Hch 12,12) con el nombre de Juan Marcos. Este joven, según la tradición, recogió el testimonio de san Pedro y con estos materiales construyó el Evangelio que hoy conocemos como suyo.

Algunos comentaristas de su Evangelio han propuesto tener en cuenta el proceso revelador de Dios. Así pues, tendríamos una primera parte en la que Jesús manifiesta obras y palabras poderosas que nadie es capaz de interpretar, al menos al grado de llegar a saber quién era Él, a esto se le llama “el secreto mesiánico”.

Este proceso llega a su cúspide cuando Jesús mismo interroga a los doce apóstoles sobre quién pensaban ellos que era Él. Pedro respondió: “el mesías de Dios”. De aquí se inicia otro nivel de conocimiento, en la cual Jesús se llama a sí mismo: “el Hijo del hombre”, y que llevará hasta la cruz, en la cual se revelará que es el Hijo de Dios.

El evangelista, por tanto, propone que la revelación es obra de Dios mismo y nunca obra de la inteligencia humana. La verdadera identidad de Jesús de Nazareth solamente se pudo observar hasta que murió en la cruz.

Por otra parte, es muy notorio de este Evangelio la manifestación de las situaciones críticas, en las cuales tanto Jesús como sus discípulos se encontraron. Como último elemento a comentar sobre este libro, es que los paganos son los destinatarios de la revelación, pues quien reconoció a Jesús como Hijo de Dios fue un centurión romano al pie de la Cruz.

Dentro de la parte del evangelio destinada al ministerio en Jerusalén, se encuentra el discurso escatológico, pero ¿por qué iniciar el año litúrgico hablando del fin del mundo? El inicio del Adviento pretende prepararnos para la Navidad que es el advenimiento histórico de Dios a la humanidad. Pero debemos tener en cuenta que vamos caminando en Adviento hacia la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo. Esta es la primera consideración que se nos invita a hacer, iniciar el camino a la Navidad no es una invitación a la memoria, sino una invitación a la vigilancia en espera de la Segunda venida del Señor.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5837Sun, 30 Nov 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 504 2776 COSAM 23 6 3274 14.0

En el Evangelio de hoy encontramos algunas costumbres que reprueba Jesús, trataremos de responder cómo se había llegado a este punto. En segundo término analizaremos la diferencia entre la concepción cristiana y la concepción judía del Templo a partir de este texto.

 

El primer Templo de Jerusalén lo inauguró Salomón, probablemente en el siglo noveno antes de Cristo. Este Templo intentó concentrar el culto de las doce tribus de Israel, sin embargo, no se logró debido a la ruptura política acontecida después de su muerte. A inicios del siglo sexto este templo fue destruido. Aproximadamente sesenta años después Ciro, rey de Persia permitió, y aún más alentó, a los judíos a regresar a Jerusalén y reconstruir el Templo. En este segundo periodo del Templo, bajo la dirección del sacerdote Esdras y del delegado del Rey Nehemías, se inició la reconstrucción. Además, se fortaleció el liderazgo de los maestros de la Ley quienes eran los encargados de guiar al pueblo en el cumplimiento de los preceptos contenidos en la Ley de Moisés (Pentateuco). En los siglos inmediatos al nacimiento de Nuestro Señor, el cumplimiento de la Ley se convirtió en el camino para obtener la salvación, por este motivo era de gran importancia que las ofrendas presentadas a Dios en el Templo fueran, con toda certeza, adecuadas, es decir, conforme lo expresaban los preceptos de la Ley. Por este motivo, se desarrolló en el Templo todo un sistema mercantil de adquisición de ofrendas puras, se tratara de animales o dinero, ya que no podían ofrendarse en el Templo monedas que ostentaran la imagen de ningún animal, cosa o persona. En la época de Herodes el Grande (37-4 a.C.) se desarrolló la actividad de engrandecimiento del área del Templo. De hecho, esta actividad se convirtió en el motor económico de buena parte de la población de Jerusalén y toda Judea. El gesto de Jesús da a entender que la forma de llevar a cabo la actividad en el Templo no era la correcta, porque convertía la casa del Padre en un mercado. Pero el texto de San Juan va más allá y nos revela la perspectiva de Jesús ¿Cuál es la casa del Padre o el Templo, según Jesús? La primera orientación sería aplicarlo al Templo de Jerusalén, así lo propone el mismo texto al decirnos que los discípulos recordaron las palabras del profeta: “el celo de tu casa me devora”, sin embargo, el mismo texto nos enseña lo que Jesús pretendía detrás de sus palabras. En efecto, para Jesús el templo es Él mismo, por eso dijo: “destruyan este templo y yo lo reconstruiré en tres días” y añade el evangelista “esto recordaron los discípulos cuando resucitó de entre los muertos”. Así pues, para nosotros los cristianos el lugar de encuentro con Dios, nuestro Padre, es Cristo. Por supuesto que su presencia se da por mediaciones como son: los sacramentos (en particular la Sagrada Eucaristía), la Palabra de Dios que se proclama, las asambleas de oración, los ministros sagrados, los pobres y sencillos. ¿Por qué recordar hoy especialmente la consagración de la Basílica de San Juan de Letrán? El sentido de este memorial es unirnos a la comunidad presidida por el sucesor de San Pedro, es decir el Papa, ya que esta basílica es la catedral de la diócesis de Roma. “Donde dos o más se reúnen en mi nombre allí estaré yo”, dijo Jesús.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5817Sun, 09 Nov 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 493 2715 COSAM 22 6 3202 14.0

En este número profundizaremos sobre el sentido de los principios morales como expresión de práctica religiosa. En segundo término, comentaremos la relevancia del tema del primer mandamiento dentro de las discusiones del Señor con las autoridades judías.

 

El Pentateuco, es decir los primeros cinco libros de la Biblia, es llamado por los judíos “Ley de Moisés”. En él encontramos muchas narraciones, leyes, enseñanzas, listas de generaciones y conforman la constitución, es decir, la definición del ser y el qué hacer de la comunidad del pueblo de Dios en la Antigua Alianza. De esta Ley emanaban más de seiscientos preceptos de orden ético, sociocultural y cultual que conforman la expresión de la religiosidad hebrea por ello el tema del primer mandamiento o el más importante de todos es fundamental. Dentro del mismo pentateuco encontramos la lista de los diez mandamientos expresada en dos versiones (Ex 20,1-17; Dt 5,6-22) ambas versiones coinciden en poner la honra de Dios como el primero de todos. La cita que hace Jesús y que interpreta esta honra como amor por sobre todas las cosas proviene del muy famoso texto “escucha Israel…” (Dt 6,5-9). En los días de Nuestro Señor Jesucristo existía la pugna entre los grupos dominantes del judaísmo sobre la correcta interpretación de la voluntad de Dios. Si el primer mandamiento debía interpretarse como un llamado a la fidelidad cultual o a la fidelidad ética. En el evangelio de San Marcos (Mc 12,28-34) la respuesta de Jesús despierta en el fariseo una expresión de acuerdo que nos revela el punto de desacuerdo ordinario: “Muy bien maestro, tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. La añadidura del amor al prójimo no deja lugar a dudas de que Jesús y los fariseos coincidían en que formaba parte esencial de la práctica religiosa judía la práctica ética del amor. A lo largo de todos los profetas esta fue una doctrina que se repitió insistentemente ya que hay una gran tentación de reducir la religión al culto y olvidar que obrar el bien a partir del amor a Dios y al prójimo es lo más importante. En esta parte del evangelio de San Mateo, el tema del primer mandamiento es importante porque define el pensamiento de Jesús frente a las autoridades. A pesar de que había discusiones entre las diversas facciones religiosas judías, había una acuerdo fundamental sobre el Señorío y unicidad de Dios. Con este cuestionamiento a Jesús queda claro que no podría ser acusado de no tener claro cuál era el primer mandamiento. Dentro del mismo contexto de discusiones con saduceos y fariseos, Jesús presentará una última cuestión sobre la relación entre David y el mesías que las autoridades no pudieron responder y esto marcará el final de las fuertes discusiones. La cuestión fue la siguiente: Si el mesías es hijo de David ¿Por qué David en el salmo 2 llama señor a su propio hijo? La única posibilidad de respuesta es que el mesías es Hijo de Dios con una dignidad superior a la del rey David. Esta respuesta solamente se podría dar desde la fe cristiana.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5807Sun, 26 Oct 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 419 2308 COSAM 19 5 2722 14.0

En este Domingo Mundial de oración por las misiones, reflexionaremos sobre lo que dijo Jesús a sus discípulos: “me ha sido dado todo poder…” y su aplicación en la misión que le encomendó a sus discípulos.

 

Hace varios años, en un retiro dirigido por el Padre Chinchachoma a los seminaristas, éste pidió que un voluntario pasara junto a él en el estrado. Un joven, más bien delgado se atrevió y, tan pronto llegó al estrado el voluntario, el padre Chinchachoma lo sometió tomándolo de los cabellos. La escena tomó por sorpresa a todos y no lográbamos entender a dónde quería llegar el expositor. Después de unos segundos, le preguntó a todos, sin soltar al sometido: “¿Dios es poderoso?” Y acompañó la pregunta con algunas sacudidas de la cabeza del desdichado seminarista. La voz general declaró que sí, pero el padre no soltaba aquella cabeza sometida. “¿De verdad que Dios es poderoso?” Repitió el padre… la respuesta ya no se produjo tan sonora… ¿A dónde pretendía llegar con aquella escena? Por fin lo soltó y nos explicó: “cuando ustedes le dicen a cualquier joven que Dios es poderoso, la imagen que tienen de los poderosos es esta que yo mostré. Alguien poderoso en este mundo es quien te puede someter, golpear, meter en la cárcel y tú no puedes oponer resistencia… no le digan, así como así, a los jóvenes que Dios es poderoso porque pueden crear falsas imágenes”. Más aún, el Señor Jesús también dijo: “los grandes de este mundo explotan a sus pueblos y se hacen pasar por bienhechores, que esto no sea así entre ustedes…”.

Pero hoy escuchamos al mismo Señor decir: “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra…” El poder de Jesús es pleno pero no se impone agresivamente, no es un poder que puede quitar la vida. Jesús resucitado manifiesta el poder de estar vivo después de haber muerto y este parece ser el poder que desea ejercer al enviar a los discípulos. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos… para que cumplan todo lo que les he enseñado. Lo que enseñó y el mismo Jesús aplicó sobre sí mismo es que: “no hay mayor amor que éste, el dar la propia vida por los que se ama” (Jn 15,13) El poder que ejerce Cristo y que proclamamos como apóstoles de Cristo es el de dar vida que no está limitada ni siquiera por la muerte.

Esta es la buena noticia que diverge radicalmente del poder de los grandes de este mundo, que funda su fuerza en el temor de sufrir o morir. Para concluir, es importante caer en la cuenta de que el mundo no solamente es amplio en el sentido geográfico, sino también está en constante expansión desde el punto de vista temporal, es decir, constantemente nacen nuevas personas a las cuales tenemos que evangelizar con esta buena noticia de la vida que vence a la muerte.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5779Sun, 19 Oct 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 487 2680 COSAM 22 6 3161 14.0

Estamos muy próximos a concluir el año litúrgico y por ello es importante profundizar en esta ocasión el sentido del Banquete del que habla Nuestro Señor Jesucristo y también el sentido de estar vestido apropiadamente para la fiesta.

La última etapa de vida pública de Nuestro Señor Jesucristo se realizó en Jerusalén. El contenido, así como el estilo de sus discursos, ha llevado a la mayoría de los comentaristas a catalogar este ministerio en Jerusalén como el Juicio de Jerusalén. Si comprendemos bien este concepto de “juicio”, comprendemos en primer lugar que Jesús se dedica a decir la verdad a sus interlocutores, que eran principalmente los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley.

La verdad que proclamó el Señor no es ninguna novedad con respecto a lo que ya había dicho en Galilea, a saber: que el Reino de Dios está cercano y es necesaria la conversión para el perdón de los pecados. Sin embargo, en esta etapa se acentúa el papel que las autoridades debían jugar, pues las autoridades habían rechazado el ministerio de Juan Bautista y lo mismo hacían ahora con Jesús. Esta postura influyó a no pocos en el pueblo, los cuales tampoco les brindaron su confianza.

Si tenemos esto en cuenta, en el planteamiento de la parábola de hoy, veremos estos datos claramente reflejados. Jesús enviado del Padre para convocar a los primeros invitados, los judíos, al banquete celestial se encuentra con el rechazo, por diversos motivos, pero en resumen podemos decir que todos tienen otras prioridades en sus vidas menos responder a la invitación del Rey.

Jesús es también el novio que realizará la Nueva Alianza, la cual es rechazada por los primeros invitados, los judíos. Entonces el Padre abre la posibilidad a toda clase de personas: buenos y malos, judíos y no judíos, hombres y mujeres por igual. La tremenda novedad de la comunidad cristiana con respecto a la religiosidad judía, radicó precisamente en esta apertura. A los judeo cristianos les costó muchísimo comprenderla, sobre todo porque la salvación se ofrecía a quienes no practicaban las costumbres emanadas de la Ley de Moisés.

Pero la parábola nos da un detalle que no debemos dejar pasar, se trata de la confrontación que hace el Rey al desconocido que no llevaba el traje de fiesta ¿Qué valor simbólico tiene la vestidura de fiesta? A partir del relato del primer pecado, el de Adán y Eva, la desnudez representa al hombre pecador. En el Apocalipsis de San Juan las vestiduras representan la calidad moral o el estatus de las personas que los portan, en particular se representa a los redimidos con las vestiduras blancas, blanqueadas por la sangre del Cordero.

Así pues podemos nosotros pensar, con cierta seguridad, que el vestido de fiesta representa la condición moral de ese hombre. Al banquete del Reino están todos convocados, pero debe darse antes el proceso de purificación y salvación. Con este detalle la comunidad cristiana comprendía que la participación en el Reino era cosa seria, que si bien no se exigía ya la circuncisión corporal ni la observancia de las normas mosaicas, de todas formas, era necesario convertirse y ser lavado por la sangre del cordero en el Bautismo.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5751Sun, 12 Oct 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 415 2284 COSAM 19 5 2694 14.0

En este domingo analizaremos la estrategia pedagógica de Jesús en las preguntas que acompañan a las parábolas y cómo las aplicaba a sus oponentes para provocar en ellos la conversión o como medio profético a propósito del surgimiento de la comunidad cristiana.

 

Durante varios meses hemos leído parábolas del Señor Jesús expuestas en el evangelio de san Mateo. Resaltan, por ejemplo las parábolas del Reino de los Cielos. En estas parábolas que Jesús pronunció delante de sus discípulos y la gente que lo seguía, es muy claro que era aceptada la doctrina, tal vez no siempre todos eran capaces de entenderlo todo, pero en general se aceptaba a Jesús como un gran maestro a quien debían poner atención, pues sus palabras edificaban e iluminaban sus vidas. Desde el domingo pasado, en cambio la estrategia de Jesús cambia al decir las parábolas, en primer lugar se aclara que el auditorio eran los escribas y fariseos o los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El evangelista da por sentado que se trataba de oponentes de Jesús. Él, ante sus oponentes, no hace una exposición simple sino que usa las preguntas ligadas a lo expuesto en la parábola para que ante una situación tan evidente sus interlocutores respondan. La semana pasada Jesús pregunta a los interlocutores sobre los hijos que habían sido enviados por el padre a la viña: “¿quién de los dos cumplió la voluntad del padre?”. La respuesta era muy clara: “aquel que, aun habiendo dicho que no iría se arrepintió y fue a trabajar a la viña”. En este domingo Jesús pregunta: “¿Qué hará el dueño de la viña con aquellos hombres (asesinos y ladrones)?”, la respuesta es igualmente obvia: “les dará muerte terrible y entregará la viña a otros que entreguen el fruto a su tiempo”. La clave de la argumentación del Señor es lograr de sus interlocutores una respuesta que, por comparación, acabara inculpándolos a ellos. Hace ocho días los inculpó por no arrepentirse, y ser como el hijo que dice que sí a su padre pero no va a la viña. Hoy hace evidente el castigo merecido por aquellos que no han administrado responsablemente la viña. El contenido de la parábola, en buena medida, resume la historia del pueblo de Israel tanto en el esmero de Dios por cultivarlo como en las reiteradas infidelidades, que son catalogadas como rechazo de entregar los frutos exigidos. Pero el colmo llega en el asesinato del hijo del dueño, que sin duda, hace referencia a la pasión y muerte de Cristo, que estaba por verificarse en poco tiempo. Así mismo Jesús concluye la moraleja de la parábola anunciando que a otros se entregaría la viña, esto se refiera a la nueva comunidad responsable de difundir la salvación, la cual es la comunidad cristiana.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5731Sun, 05 Oct 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 414 2283 COSAM 19 5 2692 14.0


¿Cómo ayudó Jesús a los habitantes de Jerusalén a comprender lo que Dios pedía de ellos? Esta es una pregunta que trataremos de responder el día de hoy al profundizar en el sentido de la parábola.

 

La última parte del Evangelio de san Mateo inicia con la entrada de Jesús en Jerusalén (Mt 21,1) El primer momento es el juicio que Jesús hace de Jerusalén (Mt 21,1-23,39) En este escenario intervienen las autoridades del Templo, el pueblo, los discípulos y el protagonista es el Señor Jesús. De parte de las autoridades, Jesús siempre recibe críticas y rechazo, el pueblo lo aclama como Mesías pero es inconsistente, los discípulos son principalmente los testigos de la tensión y la manera en que Jesús trata de que, tanto las autoridades como los habitantes de Jerusalén, cayeran en la cuenta del designio amoroso del Padre.

En este contexto se encuentra la parábola que leemos hoy. El Padre de los hijos representa a Dios, los hijos son los mismos seres humanos. El primero de ellos representa a los que eran juzgados como malos en la sociedad judía, en particular los publicanos y las prostitutas. Los buenos judíos son el otro hermano, aquel que dice siempre que sí a los preceptos de Dios, pero en realidad no los cumplen porque no han sido capaces de creer en aquellos mediadores que Dios envió, en particular Juan Bautista y el mismo Jesús. Aquellos juzgados como malos, en cambio, al creer en el mensaje de Juan Bautista y de Jesús han decidido convertirse de sus costumbres que conducen a la muerte.

A la luz de esta parábola nos podemos preguntar, entonces ¿Jesús perdió entonces la esperanza de que los “buenos” judíos se convirtieran? No parece ser ésta la situación. A partir del diálogo que tuvo Jesús con la Samaritana (Jn 4,6-26) vemos que al Señor le gustaba decir la verdad, llevar a las personas a tocar la llaga. En el caso de la Samaritana una vez que ella le pidió del agua que Jesús le ofrecía, Él le dijo: “trae a tu marido” ¿Pretendía el Señor ofenderla? La reacción de la mujer fue hacia la mentira: “no tengo marido”, entonces el Señor la llevó de lleno a la verdad: “dices bien, has tenido cinco maridos y con quien vives ahora no es tu marido”.

A través de este diálogo que podríamos decir se puso fuerte, el Señor consiguió la conversión de aquella mujer. Si Jesús llevó a los judíos a reflexionar que no era suficiente decirle al Padre Dios que sí, sino en verdad, hacer lo que les pedía, entonces lo que pretendía era su conversión y no insultarlos. Así también puede sucedernos que en ocasiones el Señor nos hace ver aspectos negativos de nuestra vida, lo que pretende es sanar la llaga que nos lleva a la muerte.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5711Sun, 28 Sep 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 498 2741 COSAM 22 6 3233 14.0

El presente artículo profundizará sobre el tema de la comida en relación a la Alianza del Sinaí, comparándolo con la manera en que Jesús plantea la multiplicación de los panes. También comentaremos los elementos que acercan el texto a la institución de la Eucaristía.

 

Sin lugar a duda, los relatos que encontramos en el libro del Éxodo insisten en que Dios determinó dar a su pueblo la libertad de la esclavitud en Egipto; para ello, convocó a Moisés y lo hizo el guía del pueblo. Sin embargo la libertad no es el único tema dentro del contexto de la Alianza del Sinaí. Aparecen otros temas muy importantes. Por ejemplo, el compromiso de propiedad personal entre Dios y su pueblo: “yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”.

Una de las consecuencias más evidentes en el tema de la pertenencia entre personas es llevar el mismo yugo, es decir, la conyugalidad, el correr la misma suerte, es decir, el ser consortes. Dios se hace consorte de su pueblo cuando lo alimenta y le da de beber agua a lo largo de cuarenta años en el desierto. Así se lo declara después de la primera vez que le dio de comer el maná en el desierto: “Yo soy el Señor que te alimenta” (Ex 16).

En la época de los profetas, en especial con Oseas, Dios recuerda a su pueblo el compromiso de alimentarlo que cumplió en todo momento. Porque el pueblo, en Palestina había recurrido a los cultos cananeos para procurar la fertilidad de la tierra. Dios recuerda a su pueblo que en el desierto Él fue lo suficientemente poderoso para darle de comer, el pueblo nunca tuvo necesidad de sembrar pero comió cada día de su paso por el desierto, por ello Dios propone que el proceso de conversión y reconciliación entre el pueblo y Él pasaría por una vuelta al desierto. En la historia de Elías, la alimentación extraordinaria también tiene un lugar importante, cuando el profeta ya desanimado buscaba la muerte en el desierto del Sur, le sale Dios al encuentro y lo alimenta con suficiencia para que llegara hasta el Horeb.

Es real el paralelismo que los evangelistas hacen entre Jesús y Moisés. Por ello se ve en la multiplicación de los panes una referencia al éxodo en el tema del liderazgo de Dios para establecer una Nueva Alianza. Sin embargo, Jesús solamente lo hace como un signo. En el evangelio de san Mateo se narran solamente dos multiplicaciones de panes, por tanto, no se trata de dar de comer diariamente. El don de la tierra que mana leche y miel se da por hecho. Más bien la multiplicación de los panes tiene cercanía con las acciones que hizo Jesús en la Última Cena, a saber, “tomó el pan, elevó los ojos al cielo, dio gracias, lo partió y lo dio a los discípulos…” esta sucesión de verbos son prácticamente los mismos en la narración que escuchamos hoy y la narración de la Institución de la Eucaristía en la última cena.

Se podría pensar que ambas son referencia al modo habitual de actuar en las comidas, pues siempre se incluía una acción de bendición al iniciar los alimentos. Pero es claro que, para la comunidad cristiana, los pasos de las acciones de Jesús en la Eucaristía fueron mucho más que la bendición cotidiana de los alimentos, de allí es de donde se desprende el paralelismo que existe entre la multiplicación de los panes y la Eucaristía.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5624Sun, 03 Aug 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 483 2659 COSAM 22 6 3136 14.0

El Evangelio de este Domingo nos propone las cuatro últimas parábolas el Reino. Resaltaremos los temas que aborda cada una y propondremos algunas líneas de actualización.

 

La quinta y sexta parábolas son las del tesoro en el campo y la perla preciosa. El acento de estas parábolas radica en la máxima importancia que se debe dar al Reino con respecto a otras cosas o situaciones que pueden ser valiosas. Vender todas las demás posesiones para quedarse solamente con el tesoro y el campo, es catalogado como algo de la máxima cordura, lo mismo que alguien, conocedor de las perlas, juzga prudente deshacerse de todas las demás por conseguir la de máximo valor. San Pablo nos ofrece una aplicación de esta parábola en la carta a los Filipenses (3,8): “Nada vale la pena comparado con el conocimiento de Cristo. Por Él he sacrificado todas las cosas y todo lo he considerado basura con tal de conseguir a Cristo”.

La fuerza de las expresiones, sin embargo, no debe llevarnos a radicalismos extremos ya que nos llevaría a pensar que solamente los que hacen votos de desposeimiento total serían verdaderos partícipes del Reino. Más bien debemos entender que el Reino es lo más valioso que podemos poseer y todo los demás está en relación, como decía san Ignacio “tanto cuanto”, me lleve a poseerlo.

La séptima parábola es la de la red que recoge todo tipo de pescados y el mismo Jesús nos ofrece la interpretación, la cual tiene un sentido del fin de los tiempos, es decir, tiene sentido escatológico.

Como ya se veía en la segunda parábola, la de la cizaña sembrada en el campo, el Reino sembrado en este mundo tiene un término en el tiempo, sea representado por la cosecha, sea por el día de la pesca, para nosotros los humanos siempre hay un momento de conclusión de la etapa. Hay un antes y un después mediado por un juicio. Las espigas son juzgadas por el grano y éste es reservado, los peces son juzgados por su tamaño y aquellos que se pueden comer son almacenados y los otros desechados.

Se ha extendido en nuestros días la mentalidad de que, si existe un más allá después de la muerte, aquella realidad no tiene nada que ver con la etapa anterior, la de este mundo. Jesús no opinaba así, lo que hagamos ahora sí tiene que ver con el juicio y la manera en que se vivirá la siguiente etapa. Para ayudarnos a comprender eso podemos compararlo con la gestación de un ser humano en el útero materno. Una buena gestación intrauterina es de máxima importancia para el futuro de la persona cuando nazca.

La última parábola se refiere a los maestros del pueblo los cuales deben ser discípulos del Reino. Y en esta última parábola Jesús explica que las riquezas del Reino no son puras novedades, sino muchos elementos ya habían sido entregados como riquezas a la humanidad. Entonces el maestro, discípulo del Reino, con sus conocimientos va sacando las riquezas antiguas y nuevas para beneficio de la familia de los hijos de Dios.

Vale la pena considerar que no todo lo antiguo ha sido superado por lo nuevo, en la historia hay grandes valores que deberíamos retomar para iluminar el presente y así responder a los retos del Reino de Dios.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5607Sun, 27 Jul 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEsta semana profundizaremos en el sentido social del Reino de los Cielos y lo relacionaremos con la perspectiva histórica de la literatura apocalíptica. De otras dos parábolas comentaremos algunos aspectos como son la desproporción, la efectividad y la significatividad.

 

Este domingo consideramos la segunda parábola del Reino de los Cielos. Esta parábola, según la interpretación que le da el Señor Jesús, es una representación de las circunstancias universales de la intervención salvífica de Jesucristo.

En el escenario del Reino de Dios, sin duda figura el ser humano pero no es él el único personaje. Observamos muy por encima de los humanos la oposición entre Dios y el Diablo. La parábola que propone el Señor pone el acento en la dinámica de la historia. El mundo ha sido sembrado en primer lugar por el Hijo del Hombre con hijos del Reino, esto quiere decir, con personas que por su modo de vida se identifican con el Reino de Dios. En cambio, fuera de toda previsión, el enemigo ha sembrado personas antagónicas que por su modo de vida se identifican con él.

La literatura apocalíptica también conoce a estos dos grupos de humanos, los “hijos de la luz” y los “hijos de las tinieblas” y como en la parábola también se presenta estos dos grupos estarán presentes en la historia hasta que se concluya. Sin embargo, es importante subrayar que el Apocalipsis de san Juan hace un llamado al inicio del libro a que todos aquellos que escuchen su mensaje se conviertan de sus malas costumbres para que su participación en la historia sea como hijos de la luz.

La historia de la humanidad no es indefinida y llegará el momento de la rendición de cuentas. La parábola no supone que haya un juicio sino simplemente el castigo de los malvados. El Apocalipsis de san Juan, en cambio, propone un proceso más complicado, antes de la intervención definitiva ocurren plagas análogas a las de Egipto con el fin de provocar la conversión de muchos, éstas tienen un éxito limitado.

Al final de la historia se establece el juicio individual para todos según sus obras. Las otras dos parábolas son muy semejantes entre sí y podemos rastrear al menos tres elementos del mensaje. El primero es la desproporción, el Señor acentúa la pequeñez del inicio con la magnitud del final. La semilla de mostaza no parece contener en su inicio la fuerza que desemboque en un árbol, lo mismo que el pequeño trozo de levadura no parece tener la potencialidad de afectar a toda la masa. Si lo aplicamos tanto a la persona como a la sociedad tiene sentido, el Reino de los Cielos en sus inicios parece desproporcionadamente pequeño.

El segundo elemento es la efectividad, en ambas parábolas no se contempla la posibilidad de una falla. La semilla lega inevitablemente a ser árbol y la levadura fermenta toda la masa. La causalidad del Reino de Dios es siempre eficiente para producir vida eterna. El tercer elemento es la significatividad, el árbol sirve para dar cobijo a las aves del cielo, la levadura fermenta la masa que dará pan. Jesús elige dos imágenes que representan algo importante así pues, el Reino de Dios se avoca a lo más significativo de la existencia humana.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5585Sun, 20 Jul 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 530 2919 COSAM 24 6 3443 14.0

Para esta ocasión estudiaremos la gran diferencia que existe entre el sentido del oído y la virtud de saber escuchar, la cual fue usada tanto por el profeta Isaías como por Jesús. En un segundo momento profundizaremos sobre las imágenes agrarias que usa Jesús para expresar distintos matices del Reino de los Cielos.

 

Ha sido comprobado por los estudios de la psicología moderna que nuestra percepción física es mucho más amplia que nuestra percepción consciente, es decir, que nuestro ojo ve más cosas que aquellas que nos damos cuenta que vemos, así mismo, nuestro oído percibe muchos más sonidos que aquellos que procesamos con nuestra mente. Este fenómeno de alguna manera ya era percibido desde la antigüedad, por ello, en nuestra lengua castellana se distingue entre ver y mirar, entre oír y escuchar.

En la base del oráculo que Nuestro Señor Jesús cita en el Evangelio de hoy, proveniente del profeta Isaías, también está este fenómeno, pero ampliado al campo de las decisiones conscientes que aplican las personas. Porque el profeta es enviado a un pueblo que aun teniendo la capacidad de oír, no quiere escuchar.

Suele suceder cuando hay varios discursos al mismo tiempo que yo ponga atención al que realmente me interesa; también suele suceder que un hijo “cierra” sus oídos cuando recibe una reprimenda que no le agrada o le parece injusta. Tal vez, sea este el caso más cercano a lo que Dios le dice al profeta: “di a este pueblo, por más que oigan no escucharán…”

Los mensajes de Dios, a través de los profetas, resultan desagradables para los destinatarios y éstos persistentemente se niegan a concederle la razón, por ello no se convierten de sus malas costumbres. La manera en que Jesús utiliza las palabras de Isaías es un poco distinta. Jesús justifica el uso de las parábolas para cumplir el oráculo. La parábola, sin embargo, es en sí misma un lenguaje que posibilita la interpretación incorrecta, por lo tanto exigiría del oyente no solamente una disposición de darle importancia a lo que oye sino también darle vueltas en su mente para darle la justa interpretación.

Jesús es completamente coherente con la tradición sapiencial de su pueblo, puesto que los hebreos recurrían muy poco al discurso abstracto para exponer sus ideas. Era mucho mejor recurrir a las comparaciones y las narraciones parabólicas para dar a entender sus conceptos.

San Mateo ha juntado ocho comparaciones sobre el Reino de los Cielos dentro de las cuales tres ocupan el lenguaje agrícola. La primera de todas es la que leemos hoy. Los comentaristas de esta parábola han pensado que la intención primordial del Señor era mostrar el carácter definitivo de la llegara del Reino de los Cielos. Dios, por medio de Juan Bautista, había querido disponer a su pueblo como un campo fértil para la siembra de la palabra, sin embargo, la siembra se había encontrado con personas sometidas totalmente al poder del maligno, otros inconstantes y, otros más,  distraídos.

También, sin embargo, podemos también comprenderla en clave de proceso de llegada del Reino de Dios a lo largo de la vida de las personas. En este sentido la acción de la siembra no es una sola vez y los resultados pueden ser variables así como el tiempo de la cosecha no se da en una única ocasión. Así pues, Dios nos sale al encuentro repetidas veces para sembrar su palabra, depende de nosotros prepararnos para ser tierra fértil y dar frutos según las circunstancias y capacidades.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5551Sun, 13 Jul 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica 0 0 1 494 2721 COSAM 22 6 3209 14.0

Para comprender mejor el texto que encontramos hoy, comentaremos en primer lugar el contexto en donde se encuentra, y después profundizaremos en la oración de Jesús y la exhortación a la luz de la Primera Carta a los Corintios.

 

De acuerdo con muchos comentaristas, el Evangelio de san Mateo está organizado por bloques de narraciones y discursos que aglutinan el ministerio y la enseñanza de Jesús en torno a diversos momentos y aspectos de la llegada del Reino de Dios. Específicamente, el capítulo once inicia con una sección de narraciones donde es preponderante la serie de reacciones negativas ante Jesús y la irrupción del Reino. Un pasaje inmediatamente anterior al que leemos hoy, contiene la invectiva de Jesús contra las ciudades de Cafarnaum, Corazaín y Betsaida por su falta de fe ante las señales y las palabras de salvación.

La oración de Jesús es una acción de gracias al Padre porque ha ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las ha revelado más bien a los sencillos. Por tanto, es notoria la contraposición que se establece entre los dos discursos. Ahora bien, los sencillos parecen ser aquellos que sí se convirtieron y, por tanto, han recibido la revelación del Padre. Esto se parece mucho a otras expresiones del mismo Jesús en los evangelios como: “yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el Reino de los Cielos, porque ellos sí se han convertido de sus malos hábitos…”

Ser sencillo y humilde es bien ponderado por los profetas en oposición a los orgullosos. Por ejemplo, Isaías (5,8ss) habla de que ante la desgracia se humillará el hombre altanero y solamente Dios será exaltado. Ante estas afirmaciones podríamos entonces preguntarnos si el Evangelio solamente era para una parte de la sociedad y no para todos.

San Pablo, en los primeros cuatro capítulos de la Carta a los Corintios, nos ayuda a comprender mucho mejor que la propuesta de Dios es universal, pero requiere de las personas una mentalidad humilde para ser aceptada.

Sucedió en la comunidad de Corinto que, después de la partida del apóstol Pablo, llegó a predicar un hombre particularmente elocuente llamado Apolo y esto causó una división en la comunidad. Como se trataba de una ciudad portuaria también llegaban a ella cristianos venidos de ciudades evangelizadas por otros apóstoles. La división interna llegó a ser tan grave que unos decían ser los de Pablo, otros los de Apolo o Pedro y los más desfavorecidos solamente podían decir que eran de Cristo. Ante esto, san Pablo reaccionó duramente indicando que los apóstoles y predicadores eran solamente trabajadores de la viña y el único redentor era Cristo, en cuyo nombre habían sido bautizados. Como muchos de los antagonistas se hacían pasar por personas más instruidas y sabias, entonces, San Pablo les hizo ver que la sabiduría humana está muy debajo de la sabiduría divina, la cual escogió el escándalo y la necedad de la Cruz para manifestarse. Así san Pablo hace un llamado serio a hacerse necios según el mundo para ser sabios según Dios. La salvación se ofrece a todos, pero quienes están demasiado pagados de sí mismos o quieren aprovechar la fe para ponerse por encima de los demás, quedarán confundidos.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5504Sun, 06 Jul 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica

En esta festividad del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, reflexionaremos sobre la complementación de las palabras y las obras con respecto a la confesión de fe. También comentaremos el enfoque de Jesús al decirle a Pedro que esto no se lo reveló la carne ni la sangre, sino el Padre que está en los cielos.

 

La vida humana se entreteje de palabras y acciones principalmente. Estos dos elementos también forman parte de la dinámica de la revelación de Dios a la humanidad. Por ejemplo, en tiempos en que el pueblo hebreo fue esclavizado en Egipto, Dios llama a Moisés para que lo libre y este primero debió convencerlos para que aceptaran el proyecto de Dios de salir de Egipto y, caminando por el desierto, hicieran una alianza con Él y heredaran una tierra que mana leche y miel. Estas palabras de promesa encontraron su cumplimiento pleno cuarenta años después cuando el pueblo, efectivamente, salió de la esclavitud, caminó hasta el Sinaí donde hizo la Alianza y por fin entró a la tierra de Canaán.

El momento que nosotros escuchamos leer en el Evangelio de esta fiesta contiene la confesión de palabra que pronunció Pedro cuando Jesús les preguntó a sus discípulos: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Pero al conmemorar su martirio encontramos el testimonio de obra llevado a su clara expresión. Es imposible encontrar un testimonio mayor que aquel del martirio, el derramamiento de la propia sangre y la muerte por ser discípulo de Cristo.

La confesión que hizo Pedro: “Tú eres el mesías, el Hijo de Dios vivo” de acuerdo con Jesús no es el resultado de una deducción, es decir, de una operación mental que parte de los efectos para descubrir la causa que está detrás. Tampoco es fruto de otra intervención puramente humana. Jesús le declaró que aquello venía del Padre, que no había sido la carne ni la sangre quienes se lo habían revelado. Es una conciencia claramente expresada por los evangelistas que fue Dios mismo quien dio a los seres humanos el conocimiento de la verdadera y profunda identidad de Jesús de Nazareth.

Los discursos y las obras portentosas que realizó ciertamente despertaron la admiración de las multitudes, pero no fueron el acto revelador. Así mismo, no tocó a los espíritus inmundos revelar quién era Jesús, aunque bien lo sabían. El testimonio por vía de la entrega de la propia vida tampoco es obra puramente humana.

Recordemos que en la Última Cena, después de que Jesús avisó a los apóstoles que en unas horas habrían de dejarlo solo, Pedro había asegurado que nunca lo dejaría, que él estaba dispuesto a dar la vida. Jesús le aclaró que lo negaría tres veces antes de que el gallo cantara tres veces. De esta caída Pedro aprendió que sobre todo importa la fidelidad en el amor a Cristo, no es posible dar la vida por alguien a quien no se está profundamente unido. Así fue como después de haber resucitado, el Señor se reconcilió con el apóstol a propósito de las tres negaciones y le predijo que en la vejez habría de morir mártir.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5482Sun, 29 Jun 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaHoy comentaremos la importancia del título Hijo de Dios usado por Jesús en la revelación del misterio de Dios y algunos datos sobre el Espíritu Santo.

 

El Evangelio que leemos este domingo de la Fiesta de la Santísima Trinidad nos muestra el misterio de Dios en su aspecto dinámico. A saber, conocemos que Dios es Padre porque Jesús se presentó a sí mismo con el Hijo enviado para la salvación de la humanidad.

Ya en el Antiguo Testamento se usó el término “hijo de Dios” para designar a algunas personas. Por ejemplo a los reyes el día de su entronización como lo dice el Salmo dos: “este es mi hijo, lo he engendrado hoy”. A los miembros del pueblo elegido se les llama “hijos de Dios” en oposición a los paganos, a quienes se les llamaba “hijos de los hombres”.

Pero Jesús ocupó una forma muy especial e incisiva para referirse a sí mismo. Es un testimonio unánime de los Evangelios afirmar que Jesús fue condenado a muerte por las autoridades judías por tenerse a sí mismo como Hijo de Dios. No es posible pensar que haya habido un mal entendido, las autoridades judías catalogaron de blasfemia en grado sumo esta afirmación.

Por otra parte, también Jesús demostró a lo largo de su vida estar investido de una personalidad muy superior a la humana. Entre otros acontecimientos: devolvió la vida al hijo de la viuda de Naím, a la hija del jefe de la sinagoga de Cafarnaum, a Lázaro. También dio la vista a un ciego de nacimiento y expulsó a gran cantidad de demonios. Esto, por sí solo no demuestra la divinidad de Cristo, pero conjugado con sus propias palabras se convierte en el acto revelador de su misión de redimir a la humanidad haciendo presente el Reino de Dios y su identidad de Hijo eterno del Padre.

Algunos autores del siglo diecinueve llegaron a afirmar que Jesús nunca se definió a sí mismo como Hijo de Dios, pero si esto fuera cierto no sería posible justificar su sentencia de muerte. De hecho, los evangelios, dentro del mismo proceso contra Jesús, hablan del intento de acusarlo de pretender destruir el Templo de Jerusalén, pero esta acusación no prosperó. La hipótesis de que la verdadera razón de la muerte de Jesús fuera el temor de los romanos y tal vez también de las autoridades judías, a Jesús como mesías político, tampoco se sostiene porque en ningún momento dentro de los evangelios, ni fuera de ellos, se habla de un levantamiento violento causado por los seguidores del nazareno.

Así es que Jesús reveló al Padre no como un tema dentro de un tratado teológico sino cuando habló concretamente de la forma en que Dios es y quiere manifestarnos su salvación. Con respecto al Espíritu Santo, no mencionado en el texto de este domingo, tenemos la fórmula trinitaria del Bautismo justo al concluir el evangelio de Mateo como un mandato explícito: “bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. En otras partes del evangelio y, sobre todo, en los Hechos de los Apóstoles, el Espíritu es la persona divina que conduce los acontecimientos de la Historia de la Salvación.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5460Sun, 15 Jun 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica

En esta solemnidad de Pentecostés comentaremos la relación existente entre el don del Espíritu y los efectos anunciados por Jesús en el mismo evangelio de San Juan. También sobre el don del Espíritu y el perdón de los pecados.

 

En los discursos de Jesús en la Última Cena, es mencionado varias veces el don del Espíritu Santo y sus efectos. La primera vez es en 14,16 donde el Señor les anuncia que les enviará otro defensor o “paráclito” que los acompañe siempre. El efecto de la presencia en este caso es de protección, consuelo y compañía. La segunda ocasión que se menciona es en 14,26 donde dice Jesús que el Espíritu les enseñará y les recordará todo lo dicho por Él. La tercera es en 15,26, Jesús explica que será el defensor enviado desde el Padre, este será el Espíritu de Verdad que dará testimonio del Hijo. La cuarta mención es en 16,7 donde Jesús asevera que es necesaria su propia partida para que venga el Defensor. La quinta ocasión está en 16,13 donde les dice el Señor que el Espíritu los conducirá a la verdad completa. Como vemos las facultades que anuncia Nuestro Señor con respecto al don del Espíritu son amplias y sobre todo se orientan a hacer permanente la salvación. Pero en el relato que leemos hoy se añade una función más que es la del perdón de los pecados. El Señor Jesús, a lo largo de su ministerio en Galilea, expresó el perdón de los pecados para varias personas atribuyéndose una prerrogativa exclusivamente divina. La reacción de las autoridades normalmente fue negativa pues pensaban que estaba blasfemando. Pero Jesús demostró esta autoridad sanando a la persona también físicamente. Después de los milagros que hacía, en el Evangelio de San Mateo, se dice que la gente “glorificaban a Dios por el poder dado a los hombres” (Mt 9,8). Esta reacción de las personas nos permite ver que el poder manifestado por Jesús para perdonar los pecados, es interpretado por el pueblo como un don que no le pertenecía solo a la persona de Jesús sino algo entregado a los hombres. Esto concuerda con el mandato de Jesús en el pasaje del día de hoy: “a quienes perdonen los pecados les quedarán perdonados…” El perdón de los pecados es una prerrogativa divina pero quienes lo dispensarán son los enviados por Jesús llenos del Espíritu Santo. Estos pasajes que hemos citado son aquellos que sustentan la práctica eclesial del Sacramento de la Penitencia o Reconciliación, el cual hace presente el poder de Cristo redentor para perdonar nuestros pecados y renueva todos los efectos salvíficos del don del Espíritu en nosotros.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5436Sun, 08 Jun 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica

Cultura bíblica. 

Domingo 1° de Junio de 2014 / Fiesta de la Ascensión del Señor.

En esta ocasión cosideramos las últimas palabras de Jesús resucitado a sus discípulos. En primer lugar nos detendremos a profundizar el envío misionero expresado con las palabras “hagan discípulos” y los tres contenidos específicos que implica.

 

Los discursos que encontramos cuando Jesús resucitado se encontró con sus discípulos son en general breves y se componen de saludos, explicaciones y comandos de envío a evangelizar. Nos llama la atención que el último discurso de Jesús a los apóstoles no sucede en Jerusalén, corazón de la religiosidad judía sino en un monte de Galilea. Sí la Galilea de los paganos, donde se conjuntaban muchas poblaciones de muy distintas tradiciones culturales y religiosas. El encuentro en este monte fue ordenado por el Señor Jesús y nos indica que el monte de Jerusalén había perdido su centralidad. Como el evangelista no cita el monte donde se habían visto no parece interesarle en absoluto iniciar una tradición religiosa alternativa en otro lugar geográfico sino centrarla totalmente en Jesús. La orden principal dada por Jesús es la de hacer discípulos, cumplir con esto es un poco más complicado que solamente proclamar o anunciar algo. De hecho el mismo discurso nos habla de tres cosas que están implícitas: lo primero es “vayan”, con este verbo Jesús indica que se trata de moverse, de salir, y en el caso concreto de la situación geográfica les pide que caminen como lo había hecho Él mismo en aquella tierra Galilea y mucho más allá, a todos los pueblos. El Papa Francisco ha tomado muy en serio el contenido de “ir” y nos habla de una salida también en las actitudes. Por ejemplo un papá o una mamá tiene que salir de su letargo religioso para convertirse en el primer evangelizador de sus propios hijos, sería imposible que las parroquias suplieran la costumbre diaria de dar gracias a Dios, etc… También “salir” de esquemas cómodos que suponen que las cosas pueden cambiar si cambian los demás o si otros se comprometen, mucho aventajaríamos si el verbo “ir” me lo aplico a mí mismo: “El que tiene que ir soy yo”. La segunda actividad es “bautizar”, se trata sin duda de una acción simbólica. La relación entre Dios y los hombres tiene muchos aspectos que superan la mera realidad presente y sensible, necesitamos de los signos eficaces de la Gracia de Dios, es decir, de los Sacramentos, para que a través de ellos hagamos presente todos los dones que el Señor nos otorga. En concreto el Bautismo nos hace hijos de Dios, Templos del Espíritu, nos perdona los pecados, nos hace parte de la comunidad cristiana (Iglesia), nos da como herencia la vida eterna en comunión con el Padre. Mucho de esto no se ven ni se toca porque no son cosas pero sí las podemos vivir por medio de los signos sacramentales. La tercera acción que Jesús les pide es “enséñenles” a cumplir todo lo que les mandé. Este aspecto de la vida cristiana se refiere a que nuestro seguimiento de Cristo es mucho más que ritos cultuales, es un estilo de vida personal y comunitario que genera una civilización, los últimos Papas con razón hablan de que seamos gestores de la civilización del amor y la civilización de la vida.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5414Sun, 01 Jun 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica

Cultura Bíblica

Domingo 25 de mayo de 2014 / 6° Domingo de Pascua

 

En este domingo ya cercanos a las fiestas de la Ascensión del Señor y a la Venida del Espíritu Santo. Escucharemos una parte del primer discurso de despedida de Jesús en la Última Cena. En primer lugar profundizaremos sobre el sentido de la palabra defensor o paráclito. En segundo lugar, profundizaremos sobre la gran cercanía entre los conceptos de fe y amor en san Juan.

 

El primer discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de san Juan abarca los capítulos 13 y 14. En este discurso Jesús trató en primer lugar de consolidar la dinámica de la vida fraterna a partir del servicio mutuo; en segundo lugar también trata de ayudarles a comprender el sentido de la pasión y muerte no como un fracaso definitivo sino como una partida que Jesús debía realizar primero para ir delante de ellos a prepararles un lugar en el cielo. El tercer tema es el del consolador, defensor o en griego “Paráclito”. Dentro de la cultura hebrea era importante la figura del hombre defensor cuando una familia perdía al padre. Entonces un familiar cercano del difunto debía asumir la función de defender o rescatar a la viuda y los hijos del difunto para que estos no quedaran desamparados. En forma simbólica se decía que el mesías sería el defensor del pueblo, quien consolará a Jerusalén “la viuda” y a sus hijos, los judíos. San Juan Bautista hace referencia a este dato cuando decía: “yo no soy el mesías, detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”. El libro de Rut nos reporta un rito que se llevaba a cabo cuando un familiar no quería rescatar a la viuda, debía quitarse la sandalia y entregarla a la viuda o bien a aquel que sí aceptara la carga. Así pues Juan Bautista se declaraba inepto para ser el defensor pues esta función le correspondía exclusivamente al mesías. Jesús es el mesías que fungió como defensor, por eso en la Última Cena les dice: “les enviaré OTRO defensor”. La Iglesia de Cristo nunca nacería huérfana o viuda sino acompañada por el Espíritu Santo que prometió el Señor. Más aún la presencia del Espíritu, para aquellos que creen, posibilita la comunión y la plenitud de conocimiento. Dentro del Evangelio de san Juan creer y amar son dos conceptos muy vinculados, quien no cree no ama y por tanto no puede conocer ni participar de la salvación. Quien se atreve a creer en el Hijo del Hombre, es decir en Jesús, entonces permite que la dinámica del amor se desarrolle y lleve a la presencia mutua entre Dios y la persona humana. Conocer es resultado de creer, pero no se puede creer si no se ama, por tanto no puede conocer a Dios quien no lo ama. Jesús declara que aquellos que lo acompañaban en la Última Cena lo amaban por eso les anuncia la revelación para ellos.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5389Sun, 25 May 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

En primer lugar veremos un repaso de la temática expuesta a lo largo de los domingos del tiempo de pascua y la relación de este domingo con la fiesta de la Ascensión del Señor. En un segundo momento reflexionaremos sobre los tres puntos que aborda este discurso del Señor.

 

Las lecturas de los evangelios en el Tiempo de Pascua siguen un orden que inicia en el acontecimiento de la resurrección del Señor y los encuentros con sus discípulos. Dentro de estos domingos podemos observar una progresión que va del encuentro del sepulcro vacío, al encuentro reconciliador de Jesús con los doce y concluye con el relato de los discípulos de Emaús que tiene un fuerte sabor Eucarístico, es decir, que se relaciona el reconocimiento del resucitado con la fracción del Pan. Esto abarca los tres primeros domingos. El cuarto domingo se enfoca en Jesús como nuestro Buen Pastor, para el desarrollo de este tema se toma el discurso de Jesús en el capítulo diez de San Juan. Este quinto domingo nos prepara para la celebración de la fiesta de la Ascensión del Señor. Por ello se ha escogido una parte del primer discurso del Señor Jesús durante la Última Cena. El primero discurso (Jn 13-14) versa en su conjunto sobre las relaciones de los discípulos con Jesús su maestro y sobre las relaciones de los discípulos entre sí. Específicamente nuestro texto de este domingo refleja tres puntos: En primer lugar Jesús habla de su destino próximo y la participación del mismo destino por parte de los discípulos, podemos decir que el Señor interpreta su entrada en la pasión, muerte y resurrección como ir delante de los demás para preparar el lugar en la Casa del Padre. El segundo tema, derivado del primero versa sobre cómo se llega a este destino. Desconcierta a Tomás el hecho de que Jesús les dijera que conocían el camino y protesta diciendo: “maestro si no conocemos a dónde vas ¿cómo vamos a conocer el camino?” Esto da ocasión al Señor para indicar que Él mismo es el camino, la verdad y la vida; entonces podemos entender el mediador, la mediación y la meta anhelada. El tercer punto, en continuación temática con el segundo desarrolla la identidad entre el Padre y el Hijo. En efecto, quien ve al Hijo, ve al Padre, quien ama al Hijo, ama al Padre quien cree al Hijo estará en plena comunión con el Padre. El misterio de identidad del Padre y el Hijo en este discurso se refiere sobre todo a la íntima comunión de tal manera que el discípulo también inmerso en esta comunión llegará a hacer las mismas obras, y aún mayores obras que Jesús. Esta es la consecuencia lógica de la identidad de comunión entre el Padre, el Hijo y el discípulo. El próximo jueves, en algunas comunidades pero en la mayoría el próximo domingo se celebrará la fiesta de la Ascensión del Señor. Desde este domingo se nos da la oportunidad de iniciar la consideración de este hecho desde el punto de vista progresivo de los acontecimientos y del resultado definitivo buscado por el Señor que es la comunión definitiva y eterna de sus discípulos con el Padre.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5379Sun, 18 May 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica

Cultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

En este domingo escucharemos el inicio del discurso del Buen Pastor en el cual resalta la contraposición entre los salteadores y el verdadero pastor, por este motivo trataremos de profundizar a quiénes se refiere Jesús al establecer este antagonismo. En segundo lugar, consideraremos a qué se refiere el Señor al compararse con la Puerta de las ovejas.

Nos llama la atención que el inicio del capítulo décimo de san Juan, que podemos considerar como el inicio del discurso del Buen Pastor, esté tan cargado de imágenes antagónicas. Esto puede deberse a dos razones. La primera de ellas es el contexto inmediatamente anterior. En el capítulo noveno tenemos una larga narración donde Jesús sanó a un ciego de nacimiento y el episodio concluye en un breve diálogo de confrontación entre Jesús y los fariseos en el cual el Señor los cataloga como incapaces de ver. En otros pasajes del evangelio Jesús indicó que es imposible que un ciego guíe a otro ciego, pues al no poder ver ninguno de los dos caerán ambos. Jesús, en este discurso acusaría a los fariseos de ser salteadores porque no pueden guiar a las ovejas. Se han hecho incapaces al pensar que ven lo que no alcanzan a ver. Otra referencia posible, de Jesús, sería a los falsos mesías que abundaron en su época. Se trataría de personajes que pretendieron liderar al pueblo para una supuesta liberación del poder de este mundo encarnado, sobre todo,  en los romanos y en las autoridades corruptas del Templo de Jerusalén. En el libro de los Hechos, Gamaliel, uno de los maestros de la Ley perteneciente al sanedrín, menciona a dos de estos mesías: al que se llamaba Teudas y a un Judas Galileo. Es indudable que en el capítulo anterior el que fue ciego, al aceptar a Jesús como mesías habría sido expulsado de la sinagoga, entonces esto podría explicarse cómo ser sacado del redil por el verdadero pastor para obtener una verdadera vida. En cambio, aquellos que hubieran seguido a otros supuestos mesías solamente se encontrarían con el fracaso. La más segura de las dos interpretaciones es la segunda, Jesús verdadero mesías es el verdadero pastor a quien escuchan las ovejas del pueblo de Dios, cualquier otro que se haya querido apropiar de la función de mesías ha sido, nada más que, un salteador. Por otra parte, el Señor también usa otra imagen para referirse a sí mismo, se llama “la Puerta”. La figura de la puerta es muy evocadora. Así como la figura de los puentes, las puertas significan mediación, acceso de un afuera a un adentro, y de adentro hacia afuera. De hecho, Jesús en su discurso dice que: “quien entra por esta puerta estará seguro”. La acumulación de atributos, en este caso pastor y puerta nos indica cómo Jesús cumple la plenitud de la mediación. Imágenes análogas serían estas otras expresiones: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” dicho por Jesús en la última cena; “Jesús es la víctima perfecta y el sumo sacerdote de la Nueva Alianza”, expresado en la carta a los Hebreos. En el evangelio de San Lucas Jesús corrige a quien pretendía seguirlo a donde quiera que fuera: “las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza…” Jesús es entonces el mediador, conductor, líder y maestro, pero también es el camino, medio, puerta, es decir la mediación. Guiados por Jesús pasamos por Jesús a la vida eterna.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5346Sun, 11 May 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica Cultura Bíblica

Este domingo leemos uno de los pasajes más memorables de las apariciones de Jesús resucitado. Reflexionaremos sobre la personalidad de los dos discípulos, el esquema que utiliza el evangelista san Lucas en muchos de sus pasajes y también presente aquí, y la propuesta de camino espiritual que se desprende de dicho esquema de relación entre Dios y los hombres.

 

Mons. Salvador Martínez

San Lucas, autor tanto del evangelio como del libro de los Hechos de los Apóstoles, es el único que nos cuenta el relato de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús. Es cierto que san Marcos ofrece una referencia al decir que Jesús se apareció a dos hombres que iban a una población. Llama la atención que el evangelista nombra solamente a uno de aquellos dos viajeros, Cleofás. A cerca de la identidad del otro no hay mayor noticia pero, resulta claro que no se trataba de uno de los doce ni tampoco Cleofás era de los doce. Este dato llama la atención porque san Lucas parece atento a relatos que pudiera recibir de primera mano y tal vez por eso conocía de nombre a uno de los personajes del encuentro en camino a Emaús. Del diálogo sostenido entre el extraño y los dos caminantes podemos rastrear varios datos. En primer lugar, que se trataba de dos hombres que habían seguido a Jesús con interés, le reconocían autoridad tanto por las obras que habían presenciado como por las palabras que le habían escuchado. También parece que no eran Galileos, pues la población de Emaús no está en Galilea y nunca se dice que Jesús predicara en ella. Por las noticias de aquella mañana, que recibieron pero en las cuales no creyeron, también sabemos que estaban en contacto con el grupo de los apóstoles. Un elemento negativo es el deslinde total que hacen de ellos mismos frente a los acontecimientos. Culpan totalmente a las autoridades, esto revela un buen grado de pasividad social. Por los contenidos que les explicó el Señor, solamente pasajes de la Escritura, podemos notar que ellos no habían acompañado el camino de Jesús hacia Jerusalén, pero sí eran conocedores de la Ley y los profetas. En segundo lugar es importante ver el esquema de encuentro que sigue el evangelista: 1) Encuentro sorpresivo de los discípulos, los cuales se encuentran desconcertados; 2) Amplia explicación por parte de Dios; 3) Signo o palabra de apertura y acogida; 4) Movimiento con rapidez para hacer algo relacionado con el acontecimiento vivido. Podemos citar dos pasajes que siguen el mismo esquema: la anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María: 1) El ángel saluda, y María no sabe que pensar; 2) El ángel hace el anuncio de la elección de María y responde a su pregunta; 3) María contesta: “he aquí la esclava del Señor…” 4) Al retirarse el ángel se apresura a visitar a su prima Isabel. Las mujeres que encontraron el sepulcro vacío también siguen el mismo camino: 1) Encuentran el sepulcro y se espantan; 2) Dos ángeles les anuncian que Jesús resucitó como se los había predicho; 3) Las mujeres se alegran mucho; 4) van corriendo a avisarlo a los discípulos. Este esquema de encuentro también podría representar el modo como Dios quiere acercársenos y nos sorprende con su presencia y su mensaje.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5314Sun, 04 May 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica

Cultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez Ávila

En este Domingo de la Resurrección del Señor comentaremos la importancia del relato del hallazgo del sepulcro vacío. La importancia de los personajes que aparecen y la clave que tenían para interpretar los acontecimientos.

 

El relato del hallazgo del sepulcro vacío está presente en todos los evangelios y en otros escritos del Nuevo Testamento, así es que indudablemente es una referencia fiel a lo que sucedió al amanecer del primer día de la semana. También es unánime el testimonio de que fueron las mujeres quienes se dirigieron, las primeras, al sepulcro. En todos los relatos se afirma que encontraron la piedra removida de su sitio y el cadáver de Jesús ya no se encontraba dentro. Donde suele haber divergencia es en el número de mujeres que fueron y cómo se enteraron e interpretaron los hechos. Por ejemplo, el Evangelio de san Juan nos propone a María Magdalena solitaria siendo testigo de los hechos y volviendo de inmediato. Los Evangelios sinópticos, San Mateo, San Marcos y San Lucas proponen que ellas fueron abordadas por uno o varios ángeles o seres vestidos de blanco.

En esencia el mensaje es igual: “Jesús ya no está aquí, resucitó…” San Mateo y san Marcos mencionan el mandato de ir a avisarlo a los discípulos y el camino que hará Jesús a Galilea antes que ellos. Para nuestra tradición cristiana resulta muy claro e importante que la Resurrección no fue un acontecimiento claramente esperado sino, inicialmente, una gran sorpresa tanto para las mujeres que fueron al sepulcro, como para los discípulos que después fueron a constatar el hecho.

Por lo que respecta a los discípulos que fueron a constatar el hecho, de nuevo es unánime el testimonio de que uno de ellos era Pedro. El papel de Pedro como primer discípulo testigo fue también para la comunidad primitiva algo indiscutible. Aunque en el relato de san Juan que leímos hoy algunos rasgos parecen darle también relieve al otro discípulo, seguramente Juan el discípulo amado. Para el cuarto evangelista la posición del discípulo amado con respecto a Jesús y a la fe en Él es privilegiada, y la razón parece ser simplemente que, en su caso, había un vínculo incondicional entre maestro y discípulo.

Con respecto a la interpretación de los hechos tanto en el evangelio de san Juan como en el san Lucas se insiste en que la correcta interpretación de las Escrituras, entiéndase el Antiguo Testamento, permitió a los discípulos comprender que el Mesías debía resucitar de entre los muertos.

San Lucas, sobre todo da especial énfasis en el relato de los caminantes de Emaus, pues nos dice que el extraño caminante les explicó todos los pasajes que se referían a los padecimientos del Mesías, su Muerte y posterior Resurrección.

En conclusión el relato del hallazgo del sepulcro nos dice que la Resurrección no fue algo fortuito, pero sí fue sorpresivo para los amigos de Jesús.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5275Sun, 20 Apr 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

Este Domingo es el cuarto dentro del tiempo de Cuaresma, del relato de la resurrección de Lázaro. En primer lugar nos detendremos a profundizar en los distintos signos que nos presenta san Juan a lo largo de su Evangelio y cómo éste es el más significativo en preparación de su propia resurrección de entre los muertos. También reflexionaremos sobre el impacto que pretende lograr el Señor en sus discípulos para afrontar el miedo a la muerte.

 

La mayoría de los comentaristas del Evangelio de san Juan suelen dividir la obra en dos partes, a saber, el libro de los signos (caps. 1-12) y el libro de la Gloria (caps. 13-21). En la primera parte del libro se le da la máxima importancia a cada uno de los signos milagrosos realizados por Jesús y, en conjunto, suman siete. Los signos son de índole variada, por ejemplo dos de ellos tienen que ver con el alimento: la conversión del agua en vino en Caná de Galilea, y la multiplicación de los panes en torno al lago de Genezareth. Una de ellas tiene que ver sobre el domino de la naturaleza cuando caminó sobre las aguas y calmó la tormenta. Y los demás signos: la curación del hijo del funcionario, la curación del paralítico, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro tienen que ver con el dominio sobre la enfermedad y la muerte. En el Evangelio de san Juan no se nos narra ningún exorcismo así es que el dominio sobre el maligno se expresa, ante todo, por la capacidad de Jesús de devolver la salud y la vida. De entre los signos ya citados la resurrección o también llamada revivificación de Lázaro tiene el lugar más importante tanto por la relevancia misma de que Lázaro ya era totalmente considerado un muerto como por el lugar que le asigna el evangelista que es inmediatamente antes de que Jesús concluya su ministerio e inicie su Pasión. Con respecto al episodio nos llama la atención que, a diferencia de la mayoría de los episodios precedentes, la narración casi se dedica exclusivamente a la interacción de Jesús con los suyos: sus amigas Marta y María y, por otra parte sus discípulos. Desde el inicio es claro que al Señor se le avisa sobre el peligro de muerte en que se encontraba Lázaro, el planteamiento es claro pero Jesús lo complicará todavía más porque su decisión de entretenerse más días en Galilea, parece desoír la petición de sus amigas. El diálogo posterior con los discípulos aborda con toda claridad la relación que Jesús asume con respecto a la muerte. No es la muerte la que domina a Jesús sino Jesús, el Señor, que domina sobre la muerte. Por tanto quiere que los discípulos no vivan sujetos al temor de la muerte, en este caso la muerte de Jesús, la de ellos mismos y la de Lázaro porque yendo a Judea ponían en peligro la propia supervivencia. Para Jesús el primer criterio a aplicar es el tiempo como tiempo de Dios, en el día (tiempo de Dios) no hay que temer. En la noche llegará la hora de dar la vida y ya no se puede trabajar. Cuando el Señor llega a Betania es cuestionado por Marta y Jesús revela un segundo criterio: La fe en que Él es la resurrección y la vida  vence el temor a la muerte. Así es como Jesús ayudó a sus seguidores a afrontar la situación más seria de la existencia humana, el temor a la muerte.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5217Sun, 06 Apr 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

El texto que se proclama este domingo en la Santa Misa es el del Evangelio de San Juan 9, 1-41. Leámoslo atenta-mente y hagamos nuestro su contenido.

 

Cultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

En este domingo leemos el capítulo noveno del Evangelio de san Juan. Contiene la narración de la curación del ciego de nacimiento. En primer lugar veremos los momentos en que se puede dividir el episodio y su significación. En segundo lugar comentaremos sobre la aplicación de este texto en el camino de preparación para el Bautismo.

 

El relato de la curación del ciego de nacimiento nos da desde la introducción (9,1-5) la clave que el Señor Jesús dará a todo el acontecimiento, a saber, que no toda enfermedad es fruto del pecado y en particular la enfermedad de este hombre serviría para manifestar el poder o gloria de Dios.

La curación en sí misma es la segunda parte del relato (9,6-7), en esta parte resalta el símbolo creacional de hacer barro y aplicarlo sobre los ojos del hombre, pero además el hombre debe cumplir con el envío a lavarse él mismo.

La tercera parte es la más amplia de todas (9,8-34) y nos indica el verdadero interés de este episodio, nos referimos a la discusión que debe enfrentar el hombre recién curado con las autoridades del Templo. Mientras Jesús da la vista a aquel hombre, las autoridades lo expulsaron, simbólicamente toda expulsión en una forma de quitar la vida.

La última parte del relato (9,35-41) es el reencuentro del antes ciego con Jesús y el discurso de éste para concluir. Jesús hace que el hombre excluido se asocie a sí por medio de la fe, pero no queda allí el asunto sino que el Señor Jesús expresa el juicio contra aquellos que habían mal juzgado la señal que había realizado Jesús al sanar a aquel hombre.

En conjunto, podemos ver que Jesús ciertamente es el portador de la vista por lo tanto de la luz, más aun Él mismo es la luz del mundo. Pero esta luz no se impone, no fuerza al ser humano a aceptarla, todos deben poner algo de su parte, así como el ciego obedeció y fue a lavarse en la fuente de Siloé, es decir, del “enviado”.

Las autoridades no ponen nada de su parte, sólo tienen para Jesús y sus obras actitudes de rechazo e interpretaciones descalificadoras. Este episodio de la curación del ciego de nacimiento en el proceso catecumenal, es decir, de preparación próxima al Bautismo, nos indica cómo Jesús es quien ilumina a la humanidad que ha quedado cegada por el pecado desde sus comienzos. Pero la ceguera de los hombres se convierte en oportunidad para la manifestación del poder de Dios. Así pues, quien se esfuerza en el camino de conversión para ser bautizado encontrará en Jesús al sanador e iluminador de su camino que lo capacitará para adherirse por la fe al Hijo del Hombre, aunque esto implique rompimientos y expulsiones con aquellos que le acogían anteriormente.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5190Sun, 30 Mar 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

 

Hoy profundizaremos el sentido del encuentro con la Samaritana dentro del contexto de toda la cuaresma y resaltaremos los datos que se relacionan con el Sacramento del Bautismo.

 

A partir de este tercer domingo de Cuaresma iniciamos la lectura de tres pasajes del Evangelio de san Juan. Hoy corresponde el encuentro de Jesús con la Samaritana. La semana próxima leeremos la curación del ciego de nacimiento. Y el tercer pasaje será, dentro de dos domingos, la resurrección de Lázaro.

Las dos primeras semanas de la Cuaresma han centrado nuestra atención en el Señor Jesús vencedor del pecado y destinado, por el camino de la pasión y la Cruz, a la gloria eterna. El efecto de esta contemplación no puede ser otro que la conversión, el cambio de vida, arrepintiéndonos del pecado y abriéndonos a la Gracia de Dios.

El pasaje del encuentro de Jesús con la Samaritana sirve precisamente de gozne o paso entre el tema de la conversión del pecado y la efusión del Espíritu. Jesús ofrece a la Samaritana una “agua viva”, bebiendo de la cual ya no tendría nunca más sed. Jesús, sin duda se refiere al don del Espíritu Santo que entregaría a cada uno de sus discípulos por medio del Bautismo.

Como podemos apreciar la penitencia y el sacrificio están completamente enmarcados por el don de Dios que viene a salvarnos. Insistir demasiado en la Cuaresma como tiempo de conversión sería presentar una perspectiva incompleta. La victoria sobre el pecado y la muerte son obra de Dios en Jesucristo Nuestro Señor. Por tanto, la manera en que Jesús motiva a la mujer para disponerse a recibir el “agua viva” es magistral, a saber: para obtener este don es necesario afrontar toda la verdad de la propia existencia y pedir la salvación, de tal manera que la vida del Espíritu se manifieste a sus anchas.

En la comunidad cristiana primitiva la presencia y las manifestaciones propias del Espíritu eran realidades cotidianas, aunque nunca se identificó la acción de derramar agua o sumergir a alguien en el agua como el signo de la efusión del Espíritu, sin embargo, siempre se armonizó el Bautismo con la efusión-recepción del Espíritu. Recordemos que en la narración del Bautismo de Jesús en el Jordán así sucedió. Cuando san Pedro miró cómo descendía el Espíritu sobre Cornelio y su familia, concluyó que no había ningún obstáculo para bautizarlos, más aun que era su deber hacerlo.

Otro elemento que resalta en el pasaje y que conecta con el tema del Sacramento del Bautismo es la fe. Tanto la samaritana como los demás paisanos suyos son catalogados por el Señor como un terreno que está a punto para ser cosechado y su fe confirma el uso metafórico de sus palabras. La fe profesada por los samaritanos al final del pasaje: “nosotros hemos oído y estamos convencidos de que él es verdaderamente el Salvador del mundo” forma parte esencial del proceso del creyente para ser insertado en la comunidad por medio de los sacramentos.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5183Sun, 23 Mar 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

El segundo domingo de Cuaresma está invariablemente dedicado al pasaje de la Transfiguración del Señor. En este año leeremos el que proviene del Evangelio de san Mateo. En primer lugar, comentaremos algunas de sus particularidades y en segundo lugar veremos el sentido del contexto litúrgico.

 

El evangelista san Mateo nos presenta la narración de la Transfiguración del Señor después de la narración del primer anuncio de la Pasión. Introduce la narración con una referencia temporal: “después de seis días”. Todos los evangelistas ponen una distancia de casi una semana entre el desconcertante anuncio de su Pasión y este acontecimiento.

Es notorio que esta manifestación de Jesús puede ser catalogada como una teofanía, es decir una manifestación divina, pues el evangelista compara su apariencia con el sol y sus vestimentas con la luz. San Mateo nos menciona que Jesús hablaba con Moisés y Elías, dos personajes emblemáticos del Antiguo Testamento tanto porque la Ley, es decir los libros del Pentateuco, se le atribuyen a Moisés, y el liderazgo de los profetas a Elías, como porque de ambos existía la creencia de que habían ascendido al cielo sin haber probado la corrupción.

En otros evangelios se dice que hablaban sobre lo que había de padecer en Jerusalén, confirmando con ello la relación que existe entre el pasaje de la Transfiguración y el primer anuncio de la Pasión. Después el evangelista nos presenta la intervención de Dios en primer lugar significada por la nube y después por la voz que da testimonio de la filiación divina de Jesús. Acompaña a este testimonio una orden de escucharlo.

Si vemos la secuencia de pasajes entre el primer anuncio, los seis días y la Transfiguración, el evangelista nos haría suponer que el liderazgo de Jesús se encontraba en una coyuntura muy importante. Seguir a Jesús no llevaba a una confrontación bélica con los romanos ni con las autoridades corruptas. Conducía, más bien, a una inmolación que después de la muerte incluía la Resurrección.

Podemos imaginar la lucha interior que se desarrolló en los discípulos preguntándose si era factible adherirse a semejante Mesías. Una crisis parecida nos presenta el evangelio de san Juan, pero en contexto distinto. Cuando Jesús terminó de decir su discurso del pan de vida, muchos comentaron que aquel era un lenguaje demasiado duro y abandonaron al Señor. Entonces Jesús preguntó a los doce: “¿también ustedes quieren dejarme?”

Adherirse a la propuesta del mesianismo sufriente no es cosa fácil, por ello, cada año que iniciamos la Cuaresma, se nos alienta en la decisión de seguir a Jesús por medio de la Transfiguración y la voz del Padre para que estemos ciertos, en primer lugar, de la meta a la que nos dirigimos, que es la Gloria eterna. Y en segundo lugar, para que hagamos caso a la voz del Padre que confirma el liderazgo de su Hijo.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5135Sun, 16 Mar 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

En este primer domingo de Cuaresma comentaremos por qué siempre nos detenemos en el relato de las tentaciones en este domingo. En un segundo momento comentaremos la relación de las tres tentaciones que nos presenta el evangelista Mateo y el discipulado cristiano.

 

Los evangelios sinópticos, es decir, los de San Mateo, San Marcos y San Lucas, nos reportan que Jesús inmediatamente después de ser bautizado por Juan Bautista en el Jordán, fue a pasar en el desierto cuarenta días de ayuno y al final fue tentado por el demonio. Los tres evangelistas coinciden en que fueron tres las tentaciones y el contenido básico de las tres es el mismo, no así el orden en que se dieron ni algunos detalles que son propios de cada autor. Hay varias razones por las cuales se escoge este texto al iniciar la Cuaresma. En primer lugar, la vida cristiana es un seguimiento del maestro y Señor Jesús, por esta vida ocurren carencias y en medio de ellas somos tentados. Pero así como Jesús venció al tentador también nosotros sus seguidores y discípulos debemos vencer. En segundo lugar, acentuamos la analogía que existe entre los cuarenta días en el desierto y los cuarenta días de preparación para la Pascua. El paso por el desierto es uno de los elementos más importantes de la etapa del Éxodo del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento. El pueblo de Dios, de hecho, debió permanecer cuarenta años en él para poder entrar, al fin, a la tierra prometida. El profeta Oseas propone la vuelta al desierto como un proceso de conversión y purificación para su pueblo después de haberle sido infiel. Así para los cristianos entrar cada año al desierto cuaresmal es la oportunidad de aprovechar los signos penitenciales para pasar necesidades y vencer ante las tentaciones del maligno. Una tercera vertiente de relevancia entre la cuaresma y las tentaciones del Señor es que antes de iniciar la actividad apostólica es necesario purificarse. Esta costumbre también está testimoniada en el Apocalipsis de San Juan. Las comunidades que no siguen un proceso penitencial antes de los acontecimientos de salvación serían incapaces de comprenderlos y por tanto de aprovecharlos correctamente. El misterio central de nuestra fe cristiana es la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Por tanto, conviene iniciar la preparación a este acontecimiento con la purificación. Las tres tentaciones tocan aspectos fundamentales en la vida humana y por tanto en la experiencia cristiana, la primera de ellas sobre la propia identidad y aprovecharla en beneficio personal. Jesús responde que el criterio de discernimiento no es el provecho personal sino la voluntad de Dios. La segunda tentación se enfoca en pretender manipular el poder de Dios y su misericordia, ante esto Jesús supera respetando radicalmente la soberanía de Dios y evitando ponerlo a prueba. La tercera es sobre el señorío de Dios que excluye cualquier sumisión de adoración a otro que no fuera a Él. Jesús la supera reafirmando su única sumisión a Dios. Nuestro caminar cristiano constantemente se verá probado por alguna de estas tentaciones y es necesario superarlas al ejemplo del Señor.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5126Sun, 09 Mar 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPara este domingo octavo del Tiempo Ordinario comentaremos por qué Jesús da al dinero estatuto de señor en contraposición al señorío de Dios. También profundizaremos sobre el señorío humano y el divino que Jesús ejemplificó varias veces en sus discursos.

Nuestro Señor Jesucristo en esta parte de su discurso de la montaña, el cual es como la carta constitutiva de los criterios del Reino de los Cielos, menciona una palabra que se ha hecho famosa y que nuestra lectura dominical traduce directamente como “dinero”. Esta es la palabra “Mammoná” la cual es una trasliteración de la palabra hebrea “mamón” o también “motmon”. Ambos hacen referencia a riqueza o tesoro, o también a confianza en las riquezas. No consta en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento que se le tuviera como deidad pero en el medievo y la edad moderna sí se desarrolló el pensamiento de que este era el nombre de un demonio o al menos un ídolo. El Papa Benedicto XVI explicó en 2007 que la palabra proviene del Fenicio e indica el éxito en los negocios y precisa que la frase de Jesús pone de manifiesto la contraposición para elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad. Es precisamente a partir de este comentario del Papa que vemos por qué Jesús da carácter de señorío al dinero o riquezas, porque podemos darle a éste un papel o lugar de criterio último o fundamental. Todo señorío implica dos términos el absoluto que es superior y determina, y por contraparte el relativo que es inferior y se somete a la determinación. No tiene ningún sentido hablar de señorío entre dos iguales. Jesús habló varias veces sobre la rotunda diferencia que existe entre el ejercicio del señorío entre los hombres. Veamos algunas de sus expresiones: “ustedes saben que los gobernantes y los grandes de este mundo dominan y explotan a sus súbditos; así no debe ser entre ustedes” (cfr. Mt 20,25; Mc 10,42). En otro texto dice Jesús que además de dominar y oprimir “se llaman a sí mismo benefactores” (Lc 22,25) y pide a sus discípulos no ser así. De acuerdo al texto que leemos hoy el Señorío de Dios es muy diferente pues alimenta a toda clase de vivientes y los viste de la mejor forma. El señorío de Dios, podríamos deducir en primer lugar radica en que Él es nuestro creador, no solamente por un acto originante de nuestra persona sino por la permanente providencia que nos sostiene en la existencia y que podemos constatar en el hecho de encontrarnos en el hábitat en el que nos encontramos y además ser alimentados y vestidos por Él. El segundo sentido del Señorío de Dios Jesús lo expresa así: “ustedes preocúpense en primer lugar del reino de Dios y en hacer su voluntad”, el señorío que Dios quiere ejercer en nuestras vidas pasa a través de nuestro libre albedrío, es decir, una elección consciente, sostenida y que se ejercita en la fidelidad a un proyecto que tiene como meta la realización plena de nuestras personas. Por contraparte Jesús habla de los paganos, como aquellos que no siguen un señorío cierto o al menos suficiente para responder a las aspiraciones más profundas.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5078Sun, 02 Mar 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica  

En este domingo continuamos la lectura de las antítesis dentro del Sermón de la Montaña. Pero especialmente se centran en el amor con que hay que tratar a los otros, por ello profundizaremos en primer lugar en la relación entre justicia y Providencia Divina, puesto que este es el marco de comparación que aplica el Señor Jesús. En un segundo momento también comentaremos sobre lo que implica la frase: “ustedes sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

 

De las enseñanzas más revolucionarias que nuestro Señor Jesucristo desarrolló está el amor a los enemigos, por lo tanto, el amor a quienes no merecen de nuestra parte alguna consideración, pues hemos sido ofendidos por ellos.

Jesús inicia citando la “ley del talión” cuya finalidad, en el Antiguo Testamento, era limitar la venganza por las afrentas recibidas. Esta ley declaraba aceptable que una persona cobre ojo por ojo y diente por diente. Jesús amplía el tema citando otro mandamiento: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo…”, que sería una propuesta muy semejante a la Ley del Talión. Sin embargo, Jesús cita la providencia universal de Dios: “Él hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos…” Dios bendice a quien lo ignora y ofende, lo mismo que derrama sus dones sobre aquellos que le son agradecidos y observan sus leyes. Esto no puede ir en detrimento de Él mismo sino en favor de su misericordia que significa que Dios ama gratuitamente a todas sus creaturas.

La misericordia o amor gratuito es el fundamento para reconocer la providencia universal de Dios, así mismo, Jesús pide a sus discípulos que apliquen este principio. Amar a quien no lo merece y prodigar benevolencia aun con aquellos que nos han hecho daño nos hace semejantes a Dios.

Sin embargo, aquí surge una pregunta, ¿La misericordia de Dios anula la justicia? De ninguna manera, en primer lugar, las leyes que los seres humanos debemos observar son leyes que, al cumplirlas, nos procuran nuestro bien. Cuando no observamos algún precepto de la Ley de Dios no le disminuimos nada a Él, sino que nos acarreamos un mal pues atentamos contra nuestra propia naturaleza. Decimos que Dios es justo en cuanto puso en nosotros una serie de características específicas y nos ha enseñado el camino para que respetemos esas limitaciones y así lleguemos a la plenitud. Decimos que Él es misericordioso porque en todo momento y circunstancia busca hacernos el bien. De vez en cuando, nos exige que respondamos por la maldad de nuestras obras porque esto es lo que nos llevará a la conversión y, en definitiva a la vida eterna. Jesús al llamarnos a ser misericordiosos no nos lleva a la debilidad sino a la fortaleza de vencer a la violencia con mansedumbre, a vencer al mal a fuerza de bien.

A pesar de que Jesús convivió con publicanos, en este texto queda demostrado que también Él consideraba que ésta no era, en manera alguna, situación deseable para sus discípulos al decir: “si obran de esta manera ¿en qué se diferencian de los publicanos?” Lo que pidió Jesús fue: “sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”. A qué perfección se refiere, a la perfección humana, aquella que es obra de la salvación, de la Gracia de Dios.

 

 

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5055Sun, 23 Feb 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo comentaremos sobre la relación entre Ley de Moisés y la vida cristiana para descubrir qué quiso decir el Señor con: “no he venido a abolir la Ley… sino a darle pleno cumplimiento”. En un segundo momento comentaremos la relación que existe entre la mayor justicia que Jesús pide y las antítesis sobre el quinto, sexto y séptimo mandamiento del decálogo.

 

La Ley de Moisés es el conjunto de los primeros cinco libros de la Biblia conocida también como Pentateuco. Para los hebreos no son cinco sino un solo libro. Los profetas, a los que se refiere Jesús en el texto de hoy, son el conjunto  de los libros proféticos. En especial la Ley de Moisés es el código de la Alianza entre Dios y su pueblo, de tal manera que allí se encuentra la norma y fundamento de la correcta relación del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Una seria acusación de la que fueron objeto los primeros cristianos ante las comunidades judías que no aceptaron a Jesús como el mesías era, que habían traicionado la Ley de Moisés. La intención de Jesús a lo largo de los evangelios nunca fue transgredir la Ley. Aun haciendo milagros en sábado no pretendía instituirlo como día de trabajo, sino manifestar  con los signos salvíficos la presencia del Reino de Dios entre ellos. Es cierto que muchos preceptos cultuales y sociales contenidos en el Pentateuco ya no fueron seguidos por las comunidades cristianas provenientes del paganismo. Esto sucedió principalmente porque dichas comunidades no eran circuncidados como judíos o prosélitos (personas ajenas a la raza judía pero que aceptaban vivir como ellos). La forma de vivir cristiana no fue una manera de negar la fe judía sino la forma de vida que surge del cumplimiento de las promesas hechas por Dios en el mismo Libro Sagrado. Por eso las palabras de Jesús que hablan de haber venido para darle cabal cumplimiento o plenitud se refieren a la actitud respetuosa que profesó siempre a propósito de la institución judía en especial a los preceptos emanados de la Ley de Moisés. La salvación que ofrece Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, no es una forma relajada de la moralidad hebrea. Todo lo contrario. El punto de partida no radica en que Dios haya dado a conocer su voluntad al pueblo por medio de la Ley, sino que parte de la redención realizada por Jesucristo la cual nos salva del pecado y de su dominio para trasladarnos por el poder del Espíritu Santo que se nos ha dado a una calidad de vida muy superior. Es aquí donde entramos a la siguiente parte del discurso de Jesús donde dice a los discípulos que si su justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos  no podrían entrar en el Reino de los Cielos. En primer lugar, si analizamos las antítesis que siguen a continuación veremos que Jesús da un acento en las intenciones o los sentimientos internos de las personas. Matar o cometer fornicación no es en primer lugar una acción sino el resultado de todo un proceso de decisiones que inician en el corazón de las personas. Allí es donde el Señor pone el acento de la justicia cristiana, es decir, en concebir el bien y desechar el mal desde lo profundo de nuestro ser.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5032Sun, 16 Feb 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaSemanario Eco Semanal

Sección Cultura bíblica

Domingo 9 de febrero de 2014 / Quinto Domingo de Tiempo Ordinario

 

Este domingo estudiaremos la importancia de las palabras del Señor en el contexto de todo el discurso de la montaña que abarca los capítulos cinco al siete del Evangelio de san Mateo. En un segundo momento, consideraremos la relación entre lo secreto o misterioso y lo manifiesto en particular considerado como tarea que Jesús otorga a sus discípulos.

 

El primer gran discurso que nos presenta el Evangelio de san Mateo es conocido como el Sermón de la Montaña y es la presentación del Reino de Dios y la forma específica en que participamos de él. La primera parte del discurso son las bienaventuranzas, se trata de una forma sapiencial en la cual se refuerzan las virtudes, actitudes y circunstancias positivas. Jesús inaugura su discurso declarando dichosos a los pobres de espíritu, a los mansos, a los puros de corazón, a los perseguidos, misericordiosos y promotores de la paz. Inmediatamente después encontramos el texto que leímos hoy, con lo cual se introduce la enseñanza ética más fuerte del discurso. El contenido más abundante de esta segunda parte está en la serie de antítesis que presenta el Señor: “ustedes han oído… pero yo les digo…” en la cual demuestra que la exigencia de la vida cristiana no se enfoca en los actos externos sino en los internos: pensamientos, imaginaciones, emociones y sentimientos, pues es allí mismo donde se gesta el bien y el mal de las obras. Es precisamente a la luz de las antítesis que podemos entender el alcance de las frases: “ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo”. El modo de obrar cristiano no consiste en conformarse con discernir entre lo socialmente correcto e incorrecto. El obrar cristiano sigue una perspectiva distinta en sus criterios y por ello se convierte en sal y luz, dos elementos positivos. La sal que da sabor y preserva de la corrupción, la luz que da seguridad y permite avanzar en el camino. A partir del mismo texto, el Señor Jesús da un valor de manifestación a la conducta cristiana: “para que al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos”. Esto nos introduce en el apasionante tema de lo manifiesto y lo oculto de la presencia de Dios. En la Antigua Alianza la prohibición de hacer imágenes que representaran a Dios era inequívoca, esto no quiere decir que no hubiera manifestaciones de Dios. Una de las más importantes, por su recurrencia, es la manifestación por medio de una nube. Una nube cubría el caminar del pueblo por el desierto, una nube se posaba sobre la cumbre del monte Sinaí cuando se concertó la Alianza, una nube se posaba sobre la Tienda del Encuentro cada vez que Moisés entraba en ella para parlamentar con Dios. La nube llenó el Templo de Jerusalén el día de su consagración. Así pues, Dios manifestaba que se hacía presente pero la misma nube cubría su presencia para que no lo vieran los humanos. Jesús, en el texto que leemos hoy dice que son las buenas obras aquellas que manifiestan, son luz y sal. Su resultado es que todos glorifiquen al Padre, es decir reconozcan la presencia de Dios como Dios.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=5008Sun, 09 Feb 2014 00:00:00 GMT
CULTURA BIBLICA

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy…

Este domingo no se toma el esquema del tiempo ordinario sino el Evangelio de la Fiesta de la Presentación del Señor en el templo. A propósito de la narración que leeremos del Evangelio según san Lucas profundizaremos sobre el sentido del rescate de los primogénitos; sobre el sentido del cumplimiento de los preceptos de la Ley de Moisés y haremos un breve comentario sobre las profecías dirigidas a la Virgen María y a las personas que entraban en el templo.

En la vida de Abrahán encontramos un episodio donde Dios le pide a este patriarca que le sacrifique a su hijo Isaac. Abrahán obediente a la voluntad divina se dirigió al monte donde Dios le había indicado y se disponía a sacrificar a su unigénito cuando Dios le mandó no matarlo. En cambio le mostró un carnero el cual serviría como sustituto. Son varios los sitios del Pentateuco donde Dios impone a todo israelita la consagración de los primogénitos tanto de animales como de los seres humanos varones un ejemplo de este mandamiento lo tenemos en Ex 34,19-20. A los animales puros se les debería sacrificar siempre, en cambio a los seres humanos siempre se les debería rescatar, es decir, presentar una ofrenda de animales en vez de los hijos para ser sacrificados. Consta en los hallazgos arqueológicos y en algunos textos del Antiguo Testamento el sacrificio de seres humanos, en particular resultaban de gran valor los sacrificios que hacían los reyes de sus primogénitos.

Entre los cananeos solía enterrarse el cadáver del bebé sacrificado en las puertas de la ciudad. San José y la Santísima Virgen se presentaron a cumplir con el precepto y, en general, nos son presentados siempre como judíos observantes.

En tiempo de Nuestro Señor, la espiritualidad judía estaba profundamente vinculada con el cumplimiento de la Ley, incluso para hablar de una persona santa solía decirse que era una persona justa. Este término tiene referencia inequívoca a vivir la religión como cumplimiento adecuado de la voluntad de Dios expresada en el Pentateuco.

Para san Pablo resultó difícil comprender cómo Jesús Resucitado le salía al encuentro y le ofrecía la salvación aun siendo él su perseguidor, la salvación le llegó sin merecerlo. La salvación entonces ha llegado ha llegado al pueblo de Dios, Israel, en esto radica el gozo y el agradecimiento que expresa Simeón a Dios. Además el anciano sacerdote le dice a María el camino que habría de recorrer Jesús y también Ella, acompañándolo. Ana, la anciana profetiza que servía al templo día y noche, también anuncia la llegada del Mesías en la persona de Jesús e invita a muchos al regocijo de la salvación.

El acontecimiento de la salvación no es algo simple y momentáneo, el evangelista San Lucas habrá de llevar a los recién convertidos a la fe cristiana a lo largo de toda la vida de Nuestro Señor, así como a todos nosotros, a través de su Evangelio para que el gozo de la salvación se consolide y se convierta en un estilo de vida agradable a Dios, como lo fueron las vidas de Jesús, José y María.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4962Sun, 02 Feb 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEste domingo reflexionaremos sobre la forma de interpretar el Antiguo Testamento a partir de los cumplimientos proféticos, pues este modo de interpretación es muy usado por San Mateo. En segundo lugar, comentaremos la cercanía de la predicación de Jesús y la de Juan Bautista.

 

La mayor parte de la Literatura Sagrada se encuentra en el Antiguo Testamento y por lo tanto fue escrita antes de Cristo. Los judíos, nuestros hermanos mayores en la fe, cultivaron la conservación y el estudio de las Escrituras Sagradas para poder sobrevivir más allá de la invasión de los Griegos en el siglo Tercero antes de Cristo. De hecho, uno de los oficios más importantes en las comunidades hebreas era la del maestro de la Ley, es decir, un hombre capacitado para conservar, reproducir e interpretar correctamente la Palabra de Dios dejada por escrito. Puesto que la Biblia estaba escrita en hebreo y la gente sólo lo utilizaba para rezar pues en la época de Jesús de Nazareth se hablaba el arameo, los escribas tenían la función de traducir lo que se leía en la sinagoga, además explicaban cómo debía cumplirse con la voluntad de Dios y en muchas ocasiones la gente iba a consultarles sobre decisiones importantes a tomar en sus vidas. Uno de los modos más importantes para interpretar las Escrituras era ver en los acontecimientos presentes el cumplimiento de algo ya dicho en el Pentateuco o en los libros proféticos. La comunidad cristiana que en su principio fue totalmente proveniente del judaísmo usó mucho  la interpretación de cumplimiento profético para comprender la vida de Nuestro Señor Jesucristo y su autenticidad como mesías e Hijo de Dios. Una de las formas más comunes que usa el evangelista San Mateo, que por otra parte es el que más cita cumplimientos proféticos del Antiguo Testamento, es la de narrar un acontecimiento de la vida del Señor Jesús y entonces intercalar la frase: “esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice…” En otros pasajes Jesús mismo dice que algo sucederá con Él para que se cumplan las Escrituras. Y una forma más de interpretación de este tipo es cuando se cita un pasaje del Antiguo Testamento y por medio de esta citación algo sucede como intervención divina, en este último modo encontramos los antecedentes inmediatos de nuestros sacramentos cristianos. Otro aspecto interesante de nuestro texto es la cita que se hace de lo que predicaba Jesús. Su llamado a la conversión es muy cercano a lo que predicaba Juan Bautista y podemos pensar que a lo mejor no había gran novedad entre uno y otro. Pero no es así. La predicación de Juan tenía como objeto y horizonte preparar al pueblo para la manifestación del mesías para que el mal no cegara los sentidos espirituales del pueblo. En cambio la predicación de Jesús se enfoca en la proximidad del Reino de Dios. Rechazar el mal es una decisión de pertenencia al Reino de Dios que arriba, es dejarse llenar de la Buena Noticia e iniciar una nueva forma de vida en adhesión al mesías. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4932Sun, 26 Jan 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica Hemos iniciado el tiempo ordinario y éste se caracteriza por caminar con el Señor Jesús desde el inicio de su ministerio en Galilea, así es que hoy profundizaremos sobre el testimonio que Juan Bautista dio y del inicio del grupo de discípulos de Jesús.

 

Todos los evangelios nos narran cómo inició Jesús su ministerio en Galilea. Concuerdan los evangelistas en que Jesús inició en la ciudad de Cafarnaum. Esta ciudad ribereña del lago de Genezareth, también conocido como Lago Tiberiades, era la encrucijada de caminos comerciales que iban desde el norte de Egipto y subían hacia Damasco y la región de Mesopotamia. Los vestigios arqueológicos encontrados en ese lugar nos dan a conocer que se trataba de una población pujante y, en tiempos de Jesús un centro de vida y religiosidad judía de cierta importancia.

San Mateo dice que Jesús cambió el sitio de residencia de Nazareth, de donde era originario, a Cafarnaum. Los evangelios sinópticos, es decir, los de san Lucas, san Marcos y san Mateo, coinciden en relatar que Jesús llamó allí mismo a la gran mayoría de sus discípulos. Sin embargo, el relato que hoy tenemos en san Juan nos propone un entorno un poco distinto.

En primer lugar, pone a Juan Bautista como aquel que dirigió a sus propios discípulos hacia Jesús. El lugar no es Cafarnaum, sino más al sur sobre el río Jordán donde Juan Bautista realizaba su predicación. Es muy posible que san Juan conociera los relatos ya hechos por los demás apóstoles y quisiera presentar su versión, mucho más amplia, a propósito de la conformación del grupo apostólico.

En particular, san Juan se detiene a presentarnos quiénes fueron los mediadores para que las diversas personas entraran en contacto con Jesús y vieran en Él a alguien muy especial. El primer gran mediador que llevó a las personas hacia Jesús fue Juan Bautista, esto lo encontramos en el relato del día de hoy.

Es probable que en la región de Éfeso, donde vivieron comunidades cristianas y judías provenientes de Palestina, hubiera judíos que conocían la doctrina y los ritos practicados por Juan Bautista, pero no hubieran conocido a Jesús, el mesías, y por ello el evangelista se esfuerza por mostrarles que entre uno u otro nunca hubo oposición, sino progresión.

Un poco más adelante, dentro del mismo pasaje, san Juan nos dice que Andrés llamó a su hermano Simón, a quien Jesús llamó Pedro. Después nos dice que Jesús encontró a uno y directamente lo llamó, y por último, Jesús aceptó a Natanael, quien era muy estudioso de las Escrituras. Por medio de su relato, san Juan nos muestra una gama amplia de medios por los cuales los judíos pudieron llegar a Jesús para convertirse, si ellos lo aceptaban, en discípulos suyos.

En la actualidad también existe una gran cantidad de mediaciones de las que Dios se vale para hacernos llegar la persona de su Hijo, quien sin duda nos aceptará como discípulos.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4906Sun, 19 Jan 2014 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica En esta Fiesta del Bautismo del Señor que sirve para marcar la conclusión del Tiempo de Navidad e iniciar el Tiempo Ordinario nos detendremos a considerar por qué Jesús vino a bautizarse como el resto de la población. En especial pondremos atención al diálogo entre Juan Bautista y Jesús y las implicaciones de la teofanía posterior al bautismo.

 

Los distintos ritos de purificación previstos a lo largo del Antiguo Testamento prevén el lavarse diversas partes del cuerpo e incluso el cuerpo entero. En tiempos de Nuestro Señor Jesucristo había rituales de purificación doméstica como lavarse las manos hasta el codo antes de comer y después de llegar del mercado. También había rituales de purificación en el Templo antes de acceder a la zona propiamente sagrada. Algunos grupos desarrollaron la costumbre de realizar bautismos, es decir inmersiones completas de la persona, como ritos de purificación. Este es el caso de la actividad que realizaba Juan Bautista en el Jordán. Según lo reportan todos los evangelios asistían a la orilla del Jordán las multitudes y eran bautizados por Juan en el Jordán. Confesaban sus pecados y Juan los llamaba a convertirse de sus malas costumbres. Dice San Pablo que Nuestro Señor compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado, entonces ¿Por qué Jesús se acercó a realizar este rito de purificación? Jesús compartió hasta el fondo la condición humana, esto quiere decir que sin duda asumió todas las características de la humanidad judía del siglo primero. Si él mismo no había cometido pecado esto es cierto pero al encarnarse asumió que la condición de todos los demás es la de ser pecadores y por tanto debió someterse a los ritos propios al igual que todos los demás. Juan Bautista en su diálogo se resistía a bautizar a Jesús, esto puede deberse a dos motivos. El primero de ellos es que el Bautista reconocía ya a Jesús como el mesías y entonces, pretendía realizar el signo de sumisión dejándose bautizar por Él. La otra razón es porque reconocía que Jesús no necesitaba purificarse de sus pecados. La respuesta de Jesús es un poco obscura y puede referirse a que es necesario cumplir todo lo que estaba escrito a cerca del mesías en la Ley y los profetas, a saber que el mesías formaría parte de la estirpe de David igualmente necesitada de redención. Por último, la intervención divina que se manifiesta por medio de la voz y la paloma marca el inicio de la vida pública de Jesús. Cabe preguntarnos ¿Quiénes escucharon este testimonio? De acuerdo con lo que nos dice el evangelio de San Juan, el Bautista fue testigo del descenso del Espíritu en forma de paloma, pero en realidad no sabemos quiénes escucharon aquella voz divina. En esta teofanía, sin embargo, el evangelista nos da las claves más importantes a cerca de la persona de Jesús. En primer lugar es claro que se trata del ungido de Dios porque sobre Él desciende el Espíritu, es el mesías. En segundo lugar se trata de un verdadero hombre que comparte los signos de la condición humana pecadora. Y por último es verdadero Hijo de Dios revelado por la voz de Dios.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4877Sun, 12 Jan 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este número leemos la visita de los Magos de Oriente a Jesús en Belén. Reflexionaremos, en primer lugar, sobre las manifestaciones o ritos de entronización de los reyes antiguos y su analogía con la visita de los magos. También propondremos algunas pautas de actualización de la Epifanía del Señor.

 

En la mayoría de las culturas antiguas el ejercicio del poder de los gobernantes ha sido relacionado con facultades especiales, a veces otorgadas por los dioses o Dios. Este ejercicio ha estado marcado por un rito que manifiesta las facultades especiales del rey.

En el Antiguo Testamento se testimonia el rito de elección divina de los gobernantes por medio de la unción, los dos primeros reyes de Israel Saúl y David fueron ungidos por Samuel a petición de Dios. El sucesor de David, su hijo Salomón también fue ungido por un profeta, Natán, en el torrente Cedrón y ascendió desde allí a la ciudad de Jerusalén en la mula de su padre para tomar posesión como nuevo rey sobre las doce tribus de Israel. Así supo todo el pueblo quién era el nuevo y legítimo rey. Los signos del rito manifestaban, es decir, eran una Epifanía, del sucesor elegido.

En otros pueblos, como el  Egipcio, se hacía pasar a los nuevos gobernantes por ritos mortuorios y se volvían a manifestar ya revestidos con todo esplendor y a partir de este momento ya no eran considerados como simples mortales.

La fiesta que celebramos hoy se conoce como Epifanía del Señor, porque contiene los rasgos de manifestación de un mesías aunque no directamente ligadas al gobierno de Jerusalén. En los tres regalos suele verse este simbolismo de quién y para qué se manifestó Cristo. En primer lugar la mirra como perfume que unge, por tanto Jesús es el mesías y en otro sentido manifiesta su condición mortal y el papel decisivo que su muerte tiene en el plan de la salvación; en segundo lugar el oro reconoce su dignidad regia, el descendiente de David prometido por los profetas; el incienso manifiesta su condición divina.

Se trata del verdadero Hijo de Dios, Dios entre nosotros. No se identifica con ningún rito precedente dentro o fuera de Israel, pero sus rasgos son comparables con estos. El mundo actual, aun siendo tan tremendamente arreligioso conserva los ritos que otorgan a los gobernantes o a los que ejercen alguna especie de poder algún carácter superdotado.

Algo que resulta peligroso es que también a todo tipo de actores o deportistas también se les rodea de ritos y fastos sobrenaturales. La naturaleza humana reclama la necesidad de símbolos de trascendencia pero cuando estos se atribuyen a realidades o personas que realmente son superfluas corremos el riesgo de desproporcionar los signos y la realidad que representan. Divinizar lo que no es divino nos habla de una cultura desproporcionada y decadente. Resultaría importante hacer un análisis personal para preguntarnos en qué medida le niego a Dios o a las realidades religiosas los signos y ritos que me pondrían en contacto con Él y, por desgracia, se los brindo o permito acríticamente que se rindan a ídolos de la pantalla o del deporte.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4843Sun, 05 Jan 2014 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn esta fiesta de la Sagrada Familia leemos el relato de la huida de Jesús, José y María a Egipto, y su posterior retorno. Comentaremos en este artículo acerca del paralelismo de san José con los patriarcas del Antiguo Testamento. También abordaremos la importancia de la familia en la espiritualidad cristiana a partir del ejemplo de la Familia de Nazareth.

 

Más que ninguno otro de los evangelios, el de san Mateo está interesado en ver cómo cada uno de los acontecimientos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo es cumplimiento de las profecías escritas en el Antiguo Testamento, aunque dentro del mismo contexto de los escritos veterotestamentarios no tuvieran la intención inmediata de referirse al Mesías. Pero en este relato, que encontramos hoy, también hay una referencia a san José, quien a final de cuentas resulta el protagonista.

Este hombre que no dice una sola palabra, pero cree y cumple todo, es conducido directamente por Dios a través de sueños. Este fenómeno es común en la literatura medioriental, es una forma de comunicación entre Dios y los hombres. Por ejemplo, tenemos a José el hijo de Jacob Israel que desde pequeño tenía sueños simbólicos. Por desgracia, el contar sus sueños le procuró la antipatía de sus hermanos. Más adelante en su historia lo encontramos en la corte egipcia interpretando correctamente los sueños del faraón, lo cual le valió ser nombrado primer ministro. Los sueños de José guiaron su vida efectivamente y la correcta interpretación de los sueños ajenos también lo favoreció.

Este es un don profético que vemos también en san José. Sus sueños no eran simbólicos sino directamente concernientes a situaciones en las cuales se esperaba de él algo. Por ejemplo, cuando se encontraba angustiado pensando cómo reaccionar ante el sorpresivo embarazo de María, fue un sueño el que le llama a aceptarla y ser el padre del Mesías.

Ahora el ángel del Señor le manda salir apresurado de Belén para huir a Egipto ante la amenaza de Herodes y, por último, le indica que debe regresar porque ya murió el perseguidor. Así como Dios guió a José y a los demás patriarcas en un contacto misterioso y los sueños así retoma el evangelista san Mateo la relación de Jesús el mesías con los patriarcas de Israel, haciendo de san José el último de los patriarcas.

El aspecto, sin embargo, que se quiere resaltar el día de hoy con la lectura del Evangelio es la vivencia familiar dentro de la historia de la salvación. Dios podía haber hecho aparecer milagrosamente a un ser humano en plenitud, es decir ya adulto, y así operar la salvación. No obstante, y muy en sintonía con la encarnación, quiso que el Mesías caminara como todo ser humano desde su nacimiento inserto en una familia nuclear, aquella de su papá y su mamá, y en el contexto de una gran familia, todos sus parientes cercanos. El desarrollo de la vida espiritual de Jesús de Nazareth estuvo confiado plenamente a sus papás. A los doce años, ante la iniciativa del joven Jesús de quedarse en Jerusalén, sus padres respondieron negativamente llevándoselo a Nazareth, el pequeño pueblo galileo que no contaba socialmente para nadie.

La familia en la perspectiva cristiana no es un estorbo para amar a Dios, muy al contrario, es camino de santificación. Por este motivo se tiene el Matrimonio como un sacramento.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4818Sun, 29 Dec 2013 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica En el evangelio de hoy encontramos una narración resumida del nacimiento de Jesús Nuestro Señor. A este propósito nos preguntaremos desde qué momento resultó importante hablar del origen de Jesús; qué datos resultaron más relevantes y qué relación guardan con el resto del evangelio.

 

Dos de los cuatro evangelios, el de san Mateo y el de san Lucas, nos narran cómo nació Jesús. Dentro de las primeras etapas de expansión de la comunidad cristiana testimoniadas en el Libro de los Hechos de los Apóstoles y en las cartas del Nuevo Testamento. Podemos notar que el tema fundamental fue proclamar que Jesucristo muerto y resucitado es el salvador. De hecho es posible notar cómo los relatos de la pasión, muerte y resurrección del Señor son los que se escribieron con mayor antigüedad. Otro conjunto importante de contenidos del evangelio fueron los relatos y las enseñanzas que el Señor dio durante su ministerio en Galilea y la subida a Jerusalén. Con buena probabilidad estos fueron puestos por escritos algunos años más tarde que los relatos de la pasión. San Lucas, en el prólogo de su evangelio, nos refiere que un gran número de personas habían intentado antes que él poner por escrito lo que hizo y dijo Jesús. Este mismo evangelista quiso incluir un relato de cómo nació el Señor, tratando de tener como fuente a los mismos protagonistas de los acontecimientos. De hecho, por tradición se sabe que una de las posibles fuentes, de primera mano, a quien acudió San Lucas fue la Virgen María. San Mateo, a quien leemos hoy, también nos narra los acontecimientos y concuerda con los relatos de San Lucas en la mayoría de los datos, a saber: Los papás de Jesús fueron José y María habitantes de Nazareth, quienes se encontraban comprometidos para casarse cuando ocurrieron los acontecimientos; Jesús su hijo es fruto del Espíritu Santo y nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. La necesidad de narrar el origen de Jesús nacido como todo ser humano vino del contacto del cristianismo con los grupos paganos los cuales tendían a devaluar la corporeidad y el ámbito de lo material al grado de negar que el Hijo de Dios hubiera nacido realmente. Algunos llegaron a opinar que Jesucristo apareció ya de edad adulta para ser bautizado por Juan y solamente era apariencia de hombre; otros opinaban que el Verbo Eterno de Dios se apropió de un cuerpo humano adulto y de esta manera se encarnó. Así pues, los evangelistas salen al paso de todas estas posturas y con los relatos del nacimiento del Señor testimonian cómo sucedieron las cosas. Conocer y aceptar la encarnación de Jesucristo Hijo de Dios en la gestación materna de María, reconoce el sentido positivo de la corporeidad humana al mismo tiempo que nos muestra que la encarnación del Hijo de Dios asumió totalmente el arco de la existencia terrena del ser humano desde que se gesta en el vientre hasta que muere.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4800Domingo 22 de Diciembre del 2013
Cultura Bíblica En la tercera semana de Adviento seguimos tomando como referente a San Juan Bautista, pero en esta ocasión para hablar de la necesidad de perseverancia en la fe. En este artículo abordaremos la relación entre fe y signos, y la correcta interpretación de la obra de Dios. En segundo lugar profundizaremos sobre la alabanza de Jesús a Juan.

 

Juan Bautista inició su ministerio predicando la conversión de los pecados para prepararse a la pronta llegada del mesías. Su predicación marcó el inicio de muchos procesos de regeneración de vida sustentados en la fe en espera inminente del “día del Señor”. Este concepto, ya abordado en otras ocasiones, es la forma como los judíos llamaban al fin del mundo, a la intervención definitiva de Dios en la historia.

Es posible que tanto el Bautista como sus discípulos pensaran que la intervención de Dios sería majestuosa, llena de acontecimientos cósmicos como trastornos en el sol, en el mar y la luna.

Juan Bautista y Jesús, así lo reportan todos los evangelios, se conocían de antemano y Juan había reconocido a Jesús como el mesías esperado el día que éste se presentó ante él en el Jordán. Por este motivo envió a sus discípulos directamente con el Nazareno a preguntarle si era él el esperado.

La enseñanza de este domingo radica precisamente en la respuesta de Jesús que, en primer lugar, es hacerles ver lo que hacía, a saber, dar la vista a los ciegos, el andar a los paralíticos, etc… una vez realizadas las acciones, Jesús explica la respuesta. “Vayan y digan a Juan…” “y dichoso el que no se escandalice de mí”. No basta con iniciar el camino de la conversión, es necesario perseverar en él aunque no suceda lo que se esperaba.

Es posible que para los seguidores del Bautista la manera en que se manifestaba el poder mesiánico de Jesús fuera insuficiente. La respuesta pareció suficiente a los enviados y regresaron con su maestro. Es precisamente en este momento cuando Jesús hace un breve discurso sobre Juan y la gran dignidad de éste.

La primera parte del discurso es contrastar a Juan con los grandes de este mundo, los ricos que visten lujosamente, Juan no era uno de ellos, vistió piel de camello y habitó en el desierto. Estos signos lo acreditaron como un profeta. La segunda parte del discurso se centra precisamente en decir lo que sí fue Juan. Alguien mayor que un profeta, el precursor del mesías.

Sin embargo, es una constante en el Evangelio que Jesús no se amoldó a los criterios del mundo que dirimen la grandeza de las personas tan solo por lo que hacen o por el lugar social que ocupan. El criterio del Reino de los cielos es muy diferente. El más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que Juan, porque la dignidad de los que pertenecen al Reino es algo interno y permanente, no depende de la función o el estatus, que son momentáneos o dependen de la consideración de los otros.

A este respecto viene a cuento el dicho de un padre de la Iglesia, “pongamos más atención en ser felices que en el hecho de que los demás nos llamen o nos tengan por felices”.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4771Sun, 15 Dec 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este segundo domingo de Adviento comentaremos el estilo de discurso que planteó Juan Bautista y el efecto que pretendía lograr.

 

Todos los evangelios tratan sobre la actividad que realizó Juan Bautista antes del inicio del ministerio público de Nuestro Señor Jesucristo. Solamente san Lucas nos informa del parentesco entre ambos, a saber, Juan hijo de Isabel prima de María, cuyo hijo fue Jesús.

La forma de vestir de Juan Bautista es por demás peculiar pues en aquella época no era ya costumbre vestirse con pieles. En cierta forma, esta vestimenta regresa a los tiempos antiguos tal vez dando una idea de pueblo nómada dedicado únicamente al pastoreo en tierras totalmente desérticas. Otra posible línea de significado es que Juan era un hombre penitente. Las pieles son una indumentaria más bien incómoda y alimentarse de miel silvestre y saltamontes definitivamente es alimento de personas muy pobres tal vez, nuevamente, haciendo referencia a los nómadas del desierto.

El ser peregrino en el desierto es una realidad muy importante en la historia del pueblo de Israel, pues caminó por cuarenta años en el desierto después de salir de Egipto y entrar a la tierra prometida, pero la alimentación fue el maná.

El mensaje que Juan pronuncia es claramente penitencial. Acerca de la gente común no dice más que confesaban sus pecados y eran bautizados por Juan en el Jordán. Pero hay un apartado especial para aquellos que se dedicaban a una vida especialmente religiosa y que eran muy apreciados por la mayoría, se trata de los fariseos. Este grupo dentro del judaísmo había nacido a mediados del siglo segundo antes de Cristo como reacción a la decadencia religiosa de los gobernantes del tiempo conocidos como los Asmoneos. Su característica era estar separados de la conducta pecaminosa o licenciosa del común de la gente. Sin embargo, tanto Juan Bautista como después el Señor Jesús, los confrontan fuertemente. En particular el bautista los llama raza o camada de víboras, esto significa que los compara con la serpiente que tentó a Adán y Eva o con los ídolos adorados por los pueblo de alrededor. Es muy probable que se refiera a la mala conducta de ellos.

En esta época el grupo fariseo se caracterizaba por proponer un cumplimiento puramente formal y externo de la Ley de Moisés evitando juzgar las intenciones que motivaran los actos. Por ejemplo, no consideraban falta al quinto mandamiento: “no matarás” si alguien le profería una golpiza a su prójimo sin llegar a matarlo. Solamente si efectivamente lo mataba debía considerarse falta contra el quinto mandamiento.

Cosas como estas fueron criticadas y rechazadas por Nuestro Señor. Las imágenes que propone Juan bautista para cerrar su discurso también nos hacen pensar en la llegada del fin del mundo. Por ejemplo el hacha puesta al pie del árbol significa un acto definitivo Dios no vendrá a podar sino a cortar la trama de la historia y hay que dar por ello frutos con las buenas obras.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4747Sun, 08 Dec 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaAl iniciar este año litúrgico recordaremos algunas características del Evangelio de san Mateo. El cual seguiremos durante todo este año. También profundizaremos sobre el sentido de los discursos de Jesús sobre el fin del mundo y aplicaremos específicamente a las recomendaciones que da el día de hoy.

 

El Evangelio de san Mateo es uno de los tres que se llaman sinópticos porque la estructura de la obras son muy semejantes entre sí. Su relato abarca desde los pormenores del nacimiento del Señor Jesús hasta su discurso ya resucitado en la montaña de Galilea. La obra de san Mateo se puede dividir en cinco partes principales, que a su vez se subdividen en sección de relatos y sección de discursos. La primera parte es la presentación del Mesías (1,1-4,16) su primera sección es la narración del nacimiento de Jesús y la consiguiente persecución de Herodes; la sección más llena de discursos inicia con la predicación de Juan Bautista y concluye con las tentaciones en el desierto. La segunda parte (4,17-7,29) es el anuncio del Reino, la primera sección son los inicios del ministerio en Galilea y la sección de discurso es el famoso Sermón del Monte. La tercera parte es la institución del Reino (8,1-11,1) la sección narrativa está dedicada a varios milagros, el discurso es el envío de los discípulos a predicar. La cuarta parte es la controversia que provoca el Reino (11,2-16,20) Su primera sección narra varias controversias de Jesús camino de Jerusalén; la sección de discursos inicia con las parábolas del Reino y continúa con otras enseñanzas. El quinto y último libro es la concreción del Reino por el destino sufriente del mesías (16,21-28,20) En esta parte los relatos inician con la subida a Jerusalén y se intercalan los discursos. Una vez en Jerusalén destacan el discurso contra los escribas y fariseos hipócritas (Mt 23) y el discurso sobre el juicio final (Mt 25). San Mateo, a lo largo de todo su Evangelio nos presenta a Jesús como Señor y mesías. Por este motivo su acción es el cumplimiento de las promesas mesiánicas del Antiguo Testamento. La acción del mesías prometido es, por un lado, poner todo en su lugar y dar su merecido a todos, especialmente a los malvados. Por este motivo su discurso escatológico, es decir, sobre el fin del mundo, es pronunciado para sus discípulos más cercanos como una serie de exhortaciones a vivir desde ahora según los criterios del Reino de Dios. Es cierto que previene sobre la destrucción del Templo de Jerusalén y días de sufrimiento y ruina, pero no es esta la meta a la cual están destinados sus seguidores. Antes bien, Jesús los exhorta a la perseverancia de la fe y las buenas obras para presentarse seguros ante el juez supremo. Sobre el juicio final es muy claro: “lo que hiciste a uno de estos pequeños a mí lo hiciste”. La parte del discurso que leemos hoy exhorta a dos actitudes de vida, a saber, la vigilancia para no dejarse enajenar por los negocios de este mundo; y estar preparados dándonos a entender con ello que las buenas obras son requeridas para hoy, como criterio fundamental a revisar en el juicio final, aunque no se sepa el día ni la hora.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4719Sun, 01 Dec 2013 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica¿Por qué en este domingo dedicado a la celebración de Cristo Rey del Universo se ha escogido el pasaje de la crucifixión? ¿Cuál es el verdadero sentido de la realeza desde el punto de vista cristiano? Estas son dos preguntas a las que intentaremos dar respuesta en este artículo.

 

Siempre que imaginamos escenas donde se habla de reyes aparecen castillos, techos muy altos, gente vestida con trajes vistosos, incluso pertenecientes a otras épocas. Al rey lo representamos sentado en un trono por encima de los demás, protegido por hombres fuertemente armados. Toda esta atmósfera se encuentra saturada de esplendor y de majestad.

San Ignacio de Loyola nos invita, en una de sus meditaciones, a imaginar algo parecido a lo descrito. Sin embargo, y tal pareciera que se trata de un sarcasmo, hoy encontramos la representación de una escena totalmente contraria. Jesús en un patíbulo rodeado de enemigos fuertemente armados, siendo escarnecido por sus propios súbditos. Como resulta del todo improbable su identificación, tiene un letrero por encima que dice “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”.

Los diálogos que se dan en tal circunstancia son los que nos proporcionan la clave de comprensión. La escena comienza con la frase de Jesús: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. La conciencia del Señor va mucho más allá del alcance de comprensión de quienes lo crucificaban. Lo que éstos pensaban se expresa en las frases: “a otros ha salvado, pues que se salve a sí mismo, si es el mesías de Dios”, o bien “si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. En primer lugar, no creían que efectivamente Jesús fuera su rey (mesías). Tampoco estaban dispuestos a defenderlo o ayudarlo en ningún modo.

Un segundo diálogo se desarrolla entre los que estaban crucificados con Jesús. El primero de ellos comparte la perspectiva del resto, se opone a Jesús. Sin embargo, el segundo interpreta con toda claridad el verdadero sentido de aquello que acontece. En primer lugar, reprocha la insensatez del primero y a través de él del resto de los presentes; en segundo lugar, pregunta: “¿No tienes temor de Dios, aun estando en el mismo suplicio?” el segundo ladrón considera a Jesús como un justo, Él no tiene pecado y no merece estar allí, más aún, le pide que no se olvide de él cuando venga en su reino.

Esta acumulación de frases nos lleva a concluir que este hombre reconoce a Jesús como Hijo de Dios, como redentor y que la escena de la crucifixión es un trámite que no refleja en absoluto la condición de Jesús. A partir de este Evangelio, entonces, conviene profundizar la novedad cristiana sobre el tema de la realeza. Jesús es rey crucificado, es decir traicionado, rechazado, incomprendido y torturado por algunos de los hombres de su pueblo de origen.

San Pablo dirá que en este anonadamiento se ha manifestado la sabiduría de Dios que es muchísimo más alta que la humana y que se ha manifestado así para confundir a los sabios según este mundo. Por tanto, en la medida en que los cristianos nos esforzamos por permanecer en la correcta comprensión de este misterio, perseveraremos en el compromiso por reconocer a Jesús en el que se encuentra en circunstancia de crucifixión en torno a nosotros.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4699Sun, 24 Nov 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPara comprender mejor el texto de este domingo hablaremos del contexto del ministerio de Jesús en Jerusalén. También comentaremos a cerca de la visión del día del Señor o del fin del mundo predominante y la semejanza del pensamiento del Señor Jesús a propósito del mismo. Para concluir haremos un acento a la intención de este discurso.

 

Hacia la mitad del capítulo veinte del Evangelio de san Lucas se nos narra la entrada de Jesús en Jerusalén. Con esta entrada inicia la penúltima etapa del ministerio del Señor. La primera etapa, la de Galilea, estuvo marcada por los milagros y la predicación. La segunda, la de la subida hacia Jerusalén, se caracteriza por la instrucción a los discípulos. Esta tercera etapa se caracteriza por los discursos.

El más importante de todos es el que se llama discurso escatológico, es decir, el discurso sobre el fin del mundo. El texto que leemos hoy corresponde al inicio del discurso escatológico del Evangelio de san Lucas. La mayoría de textos encontrados dentro del ambiente judío que habla del fin del mundo lo llama del “Día del Señor”.

Este día del Señor consiste en dos momentos distintos. El primero de ellos es el ajuste de cuentas por medio del cual Dios venga las injusticias, acaba con los malvados en una palabra suspende el devenir de este mundo lleno de pecado. El segundo momento consiste en la retribución de los justos o los santos, presentándonos la resurrección, la restauración de la civilización o del pueblo escogido, el ejercicio correcto del gobierno y del culto. En el discurso que presenta Jesús hace la misma distinción de momentos.

Lo que escuchamos hoy corresponde a la primera parte, aquella punitiva. Habla de la caída y destrucción del Templo de Jerusalén, también de las grandes convulsiones sociales y meteorológicas que sucederán. Los elegidos no están al margen de este mundo, incluso sufren a manos de los malvados que al final serán totalmente aniquilados. En los próximos domingos leeremos sobre el segundo momento.

Acerca de este momento punitivo, el Señor no abunda en demasiados datos, ni siquiera plantea el tiempo aproximado en que sucederán los acontecimientos que predice. Más bien el acento que pone Jesús es en la perseverancia en la fe y en la práctica del bien. En general todas las versiones del discurso del Señor Jesús sobre el fin del mundo insisten en mantener la calma, en estar en paz, en perseverar porque el fin está cerca. En ningún momento Jesús plantea que lo adecuado sea con conocer todos los detalles, al contrario, anima a los discípulos a confiar que serán constantemente asistidos en las contiendas y tribulaciones sea cual fuere su naturaleza.

Jesús habló del fin del mundo porque efectivamente la historia de la humanidad está definida, no es eterna. Alguna vez tendrá que suceder, pero su interés no es provocar angustia o ansiedad. Al contrario, el Señor apunta la atención de los discípulos en la libertad, en la consumación de la obra creadora y redentora.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4675Sun, 17 Nov 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este artículo profundizaremos en torno al origen del pensamiento sobre la vida en el más allá, dentro de la cultura hebrea, y la novedad que representó la enseñanza de Jesús en este pasaje.

 

El más allá existe. Esta es una afirmación completa y sin lugar a duda en el Antiguo Testamento. Dios está más allá de este universo, por ello no se identifica con los astros ni con los fenómenos meteorológicos. Tampoco puede ser representado porque siempre estará más allá.

Aun afirmando la existencia de la trascendencia, el pueblo hebreo no se planteó el problema de la existencia del ser humano más allá de la muerte, sino después de varios siglos. De hecho, los textos del Antiguo Testamento que abordan este problema corresponden a la época del Segundo Templo, es decir, después del siglo sexto hasta uno o dos siglos antes de Cristo.

Es muy probable que el problema no haya surgido desde dentro del pensamiento hebreo, sino en el encuentro con la cultura griega. En efecto, el pensamiento platónico afirmaba que el ser humano tiene una parte material, el cuerpo, y una parte espiritual. Al acontecer la muerte el espíritu asciende al plano espiritual puro que es mucho más estable y perfecto que el mundo material.

Un rastro de la discusión sobre la existencia del ser humano más allá de la muerte la encontramos en el libro del Eclesiastés al leer esta reflexión: “una sola es la suerte de los hombres y de los animales: la muerte de unos es como la de los otros, ambos tienen un mismo aliento vital… todos van al mismo lugar: todos vienen del polvo y regresan al polvo ¿Quién sabe si el aliento vital del hombre sube y el del animal baja al fondo de la tierra?”

Como vemos, el sabio hebreo no está de acuerdo con el pensamiento griego del ascenso del espíritu a una dimensión ultraterrena. Sin embargo, la reflexión se desarrolló y tanto en el libro de los Macabeos como en el libro de Daniel encontramos la afirmación de la resurrección como una solución que el pensamiento hebreo aportó a partir de la premisa de que tanto el cuerpo como el principio vital y el soplo divino, que componen al hombre, son igualmente importantes y necesarios al hablar de la vida en el más allá.

En particular los macabeos exponen que la resurrección será el acontecimiento definitivo del día del Señor en que Dios juzgará a todos y pagará a cada uno según sus obras, por eso los jóvenes no se resistieron a morir por su fidelidad a la Ley de Moisés confiados en la resurrección.

Como vemos, en nuestro pasaje del Evangelio, esta doctrina no era todavía compartida por todos los grupos judíos. La doctrina que manifiesta Jesús añade un nuevo elemento al tema de la resurrección, a saber, que la condición de los seres humanos en la resurrección es distinta a la condición presente por tanto ya no existe la relación matrimonial. La razón que el Señor da es que ya no morirán, serán como ángeles e hijos de Dios.

Con estos datos podemos pensar que al salir de este mundo y resucitar nos encontraremos en una dimensión diferente y en buena medida superior a la actual, que no conocemos, pero podemos imaginar como semejante a la de los ángeles. De todas formas, no se trata de una descalificación de la sexualidad humana ni degradación de la belleza e importancia de la alianza matrimonial.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4649Sun, 10 Nov 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaCultura Bíblica

Mons. Salvador Martínez

El camino de Jesús hacia Jerusalén está por concluirse. La parábola del día de hoy  tiene como escenario el Templo de Jerusalén. Reflexionaremos a propósito de la clave de una correcta oración a partir de este ejemplo, y a partir de la forma correcta de orar, la mejor forma de relación entre los creyentes.

 

Hay varios ejemplos contenidos en los evangelios, que nos muestran la manera en que oraba Jesús. El mejor de ellos es el Padre Nuestro (Mt 6). En esta oración observamos en primer lugar el enunciado de los atributos divinos como son: la trascendencia, la santidad, la soberanía y la omnipotencia. Todos los verbos usados están en forma impersonal, es decir que no es claro quién o quiénes cumplen la acción. La segunda parte del Padre Nuestro es clara, Dios es el dador del alimento, el que perdona, quien no permite que caigamos en la tentación y nos libra del mal. Como vemos, la oración se centra en Dios y en aquello que pedimos a Dios.

En otra ocasión Jesús alabó al Padre porque reveló estas cosas (el Evangelio) a los pobres y sencillos… por medio de esta oración, Jesús exalta y profesa lo que Dios ha hecho. Cuando estaba en Getsemaní, Jesús reconoce que el Padre es omnipotente, que puede librarlo de este cáliz, pero se pone totalmente en sus manos para que se haga su voluntad.

Estos ejemplos tienen una constante que coincide con la oración del publicano del día de hoy, a saber que la oración se dirige a Dios y le otorga totalmente el protagonismo a Él. Por contraste, la oración del fariseo es una autorevelación y exaltación: “no soy como…”, pago, ayuno, etc… Si pudiéramos dar una calificación a este discurso, podríamos catalogarlo como una oración en “mí sostenido”. La oración como ésta no es diálogo, es solamente monólogo. En cambio, la oración del publicano de inmediato da el protagonismo a Dios: “ten piedad…”

Por cierto, aquí es donde radica la gran diferencia entre la meditación que es enfocarse o concentrarse en uno mismo, y la oración cristiana que es enfocarse conscientemente en Dios. La primera es un ejercicio antropológico sano; el segundo es un ejercicio de encuentro con el Trascendente.

Cuando la relación con Dios es adecuada se resuelve el problema fundamental de la persona que es su necesidad esencial de subsistencia. Somos obra de Dios, Él es el protagonista número uno, y no necesito competir con otros para subsistir o sobre vivir aplastando o destruyendo a los que amenazan mi vida.

En la parábola el sustrato de relación del fariseo con respecto al publicano manifiesta que su relación con Dios era incorrecta. El fariseo se salvaba a sí mismo por medio de su buena conducta, pero no había resuelto la necesidad de subsistir y por ello recurría a la comparación para estar seguro de sí mismo.

Parafraseando a Jesús: quien afirma al Hijo es el Padre por eso el Hijo no vino a condenar sino a salvar. Las relaciones humanas son destructivas en la medida en que no asumen el protagonismo de Dios.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4640Sun, 27 Oct 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente domingo, el Evangelio nos conduce al tema de la misión. En particular resalta en nuestro texto la conjunción de la proclamación del mensaje con la realización de señales, algunas de ellas milagrosas ¿Cuáles serán estas señales en el presente? ¿Se seguirán necesitando los milagros?

 

Lo primero que debemos reconocer es que la Iglesia Católica siempre estará en misión, siempre se encontrará en situación de ser enviada.

La primera razón es geográfica, han pasado ya dos mil años y no hemos podido cubrir exhaustivamente todos los rincones del planeta. Una segunda razón es porque cada nueva generación humana debe ser evangelizada. Cada papá y mamá deben evangelizar a sus hijos.

A pesar de que se ha llegado a decir que existe una cultura de cristiandad, es también cierto que ninguna cultura agota ni podrá agotar la riqueza del Evangelio y éste no conduce de ninguna manera a una uniformidad cultural, pues sus valores están más al fondo de las expresiones culturales superficiales.

Ahora bien, en el texto de hoy escuchamos la instrucción de Jesús para lanzarse a la misión. Esta consta de un mensaje que se proclama, a saber, la salvación de todos a partir de la muerte y resurrección de Cristo. Pero no basta con las palabras, el mismo Señor menciona una lista de señales que acompañarán esta proclamación.

Dentro de la dinámica de la fe, los signos que acompañan el mensaje son muy importantes para dar credibilidad, para fortalecer la confianza de los destinatarios. Así pues, Jesús menciona varios signos de beneficio en favor de otras personas: la liberación de los demonios, la recuperación de la salud. Otros signos competen a la invulnerabilidad o habilidades especiales de los creyentes: hablarán en lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y si beben un veneno no les hará daño.

Estas palabras de Jesús de ningún modo reducen la posibilidad de signos que acompañen a los predicadores y a los creyentes. La vivencia de la caridad fue un signo muy elocuente de la primera comunidad para la gente de Jerusalén. La fe  y la forma de practicar la fraternidad fueron signos que Bernabé observó y que le indicaron la autenticidad de la comunidad cristiana de Antioquía. Para muchos perseguidos judíos durante la segunda Guerra Mundial, la solidaridad de los católicos fue un signo muy elocuente de la validez del Evangelio cristiano.

En algunos ambientes se ha llegado a pensar que los milagros ya no son necesarios, siempre que la comunidad cristiana por sus testimonios de fe y caridad pueden dar a entender con claridad el sentido del Evangelio. Pero sería un error pensar que somos nosotros los que imponemos los tipos de señales que acompañen al Evangelio. Es Jesús quien dijo a los apóstoles las señales que los acompañarían.

En el presente la fuerza del Espíritu seguirá manifestando el poder de la salvación  con signos ordinarios y extraordinarios.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4612Sun, 20 Oct 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaMons. Salvador Martínez

La parábola del rico y el pobre Lázaro es única en el Evangelio de San Lucas y refleja de manera excepcional su perspectiva teológica, la cual profundizaremos en este artículo.

 

La parábola del rico (comúnmente nombrado Epulón) y el pobre Lázaro solamente aparece en el evangelio de San Lucas. Si bien esta parábola se ubica dentro del viaje de Jesús hacia Jerusalén es un compendio del juicio que la comunidad judeo cristiana podría hacer de aquellos miembros de la institución judía. En primer lugar es importante señalar que para San Lucas no hay gran división entre el mundo espiritual y material del ser humano. Por tanto al hablar de pobres, San Lucas, implica tanto la pobreza económica como también la discriminación religiosa, la marginación o la actitud del pobre espiritual que todo lo espera de Dios. San Lucas no hace distingos entre pobreza positiva y negativa, más bien resalta el carácter de carencia presente y lacerante frente a la opulencia. En las bienaventuranzas del capítulo 6 contrapone la pobreza actual con el mayor bien posible que es la posesión futura y perene del Reino de Dios. En la parábola de hoy tenemos varios elementos contrapuestos entre ambos personajes. El rico está dentro de la casa, Lázaro fuera; el rico está vestido con colores propios de la nobleza, el pobre está desnudo; Epulón banquetea diariamente, Lázaro pasa hambre. Acentuando estas oposiciones vienen dos elementos más: El hecho de que lo que caía de la mesa del rico pudiera saciar al pobre pero no le era dado. El segundo hecho, es la mención de los perros que vienen a lamer las llagas, se trata de un símbolo religioso, a saber, que a quienes quedan marginados de la religiosidad oficial no se les entregan ni siquiera las sobras y entonces los paganos (llamados por los judíos, los perros) ofrecen mitigar el dolor pero no sanan al pobre. Debemos notar que en este mundo el hombre opulento ha establecido un abismo insalvable de indiferencia con respecto a la miseria de Lázaro. Al cambiar la escena al más allá, San Lucas, nos expone con mucha coherencia la actitud prepotente que suele caracterizar a los ricos. En primer lugar, no se dirige al pobre sino a Abrahán para que éste le dé la orden al pobre Lázaro; también se siente con derechos de seguir siendo servido. La respuesta de Abrahán  refleja la doctrina de la retribución lucana: “hijo tú ya recibiste en el mundo bienes, en cambio Lázaro males. Ahora tú recibes males y Lázaro bienes”. Esta doctrina no se basa tan solo en una revancha o venganza divina sino en el abismo insondable que uno establece en su relación con el otro. Ya que la realidad no hubiera sido tan dramática si el pobre hubiera sido satisfecho con las sobras que caían de la mesa del rico. El último detalle de la parábola hace referencia a la resurrección de un muerto, y este puede representar el reproche de la comunidad cristiana naciente a los judíos incrédulos: si no han sido capaces de interpretar correctamente a Moisés y los profetas no creerán ni aun con la resurrección de Jesucristo.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4589Sun, 29 Sep 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo comentaremos a propósito de por qué Jesús no solamente habló de los misterios del Reino sino también sobre actitudes prácticas y cotidianas, asignándoles un valor religioso.

 

Una de las grandes diferencias entre la religiosidad hebrea y la filosofía griega era que, a pesar de haber llegado ambas a concebir que sólo podía existir un solo Dios, los filósofos, especialmente los neoplatónicos, afirmaban que era tan perfecto y tan espiritual que el contacto con la humanidad y el mundo material era imposible. Mientras los hebreos afirmaban que Dios intervenía en la historia del pueblo para ofrecer la salvación, la fe cristiana va aún más allá que los hebreos al afirmar que Dios se ha encarnado. A pesar de que la religiosidad hebrea podía hablar con Dios por medio de los Salmos y afirma tener en la Ley de Moisés la expresión misma de la voluntad y la sabiduría divinas, nunca pudo concebir que algún ser humano dijera “yo soy Dios”, como vemos que Jesús lo hizo ante el Sumo Sacerdote y por ello fue condenado a muerte. Dentro de la perspectiva cristiana de la encarnación de Dios, es decir, Dios presente en la persona misma de Jesús, ocurre una gran transformación a propósito de lo que debe considerarse lugar sagrado, persona sagrada y acciones sagradas. El lugar de contacto entre Dios y su pueblo en el Antiguo Testamento fue por excelencia el Templo de Jerusalén. No concebían que Dios cupiera en el Templo pero sí aceptaban que Dios había escogido este lugar para manifestar su gloria y allí recibir el culto que el pueblo le brindaba. Jesús declaró que el Templo era su propio cuerpo y que los verdaderos adoradores habrían de adorar a Dios en espíritu y en verdad. Por lo tanto donde dos o más se reúnen en el nombre de Jesús allí está Jesús y el Padre, aquel sitio por tanto se convierte en lugar “sagrado” en cuanto es sitio de encuentro entre Dios y las personas. Igualmente Jesús al decir: “lo que hiciste a uno de estos más pequeños a mí me lo hiciste” abre una nueva perspectiva de lo que consideramos personas sagradas. Los sacerdotes representan a Dios frente al pueblo, pues bien Jesús quiso que los pobres, los pequeños y los necesitados lo representaran. Por supuesto que no va en contra del ministerio sacerdotal pues por medio de éstos, Cristo sumo y eterno, incluso el único sacerdote de la Nueva Alianza, realiza los signos de salvación, es decir, los sacramentos. Las acciones sagradas también sufren una transformación, pues las obras de misericordia son declaradas como servicios prestados al mismo Dios. Cuando Jesús dice a los discípulos consejos sobre qué lugares escoger o a quien invitar a un banquete, tiene en mente que estas actividades también están relacionadas con el Reino de Dios o, más bien, con la forma en que cada uno se orienta hacia este Reino.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4557Sun, 01 Sep 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn esta ocasión reflexionaremos sobre las causas de división entre judíos y cristianos en la comunidad primitiva y trataremos de entender por qué Jesús dijo que había traído la división.

 

Dentro del camino de Jesús hacia Jerusalén encontramos breves momentos narrativos y largas series de enseñanzas. El texto de hoy está dentro de un discurso provocado por el encuentro con una muchedumbre (cfr. Lc 12,1) que no le permitía ni caminar. Este discurso aborda varios temas que tienen como eje temático la relación del cristiano con la Providencia de Dios, y sobre todo con el efecto derivado de la confianza en Dios que es la esperanza en la vida eterna. Pero este pequeño trozo es sorpresivo al considerar la realidad de las rupturas y contiendas que se provocarán en las familias por la novedad del Evangelio.

Esto nos lleva a preguntarnos ¿Cuáles fueron las novedades que la fe en Cristo implicó con respecto a la religiosidad hebrea? En primer lugar, causó división entre judíos y cristianos el reconocer a Jesús de Nazareth como mesías e Hijo de Dios. Lo primero sería hasta cierto punto soportable. En cambio, decir que Jesús es Hijo de Dios, sí resultó muy fuerte porque de acuerdo con la mentalidad hebrea esta afirmación atenta contra la unicidad de Dios.

El segundo punto de rompimiento es sobre cómo se obtiene la salvación. Mientras los judíos proclamaban que la salvación venía de la recta observancia de la Ley de Moisés, los cristianos afirmamos que la salvación nos ha venido por el sacrificio redentor de Cristo y por tanto nos hacemos beneficiarios de ella por la fe y el obrar consecuente a esta fe.

El tercer punto de desencuentro entre judíos y cristianos fue la universalidad de la salvación. Los judíos aceptaban que Dios quería salvar a todos los hombres pero esto debía ser necesariamente por la conversión religioso cultural de las personas al judaísmo. La experiencia cristiana debió obedecer a los signos del Espíritu en lo tocante a la conversión de los paganos, los cuales recibieron todos los beneficios de la redención sin ser primero prosélitos del judaísmo. Los griegos conservaron su cultura y sus costumbres pero totalmente sometidas a la fe monoteísta cristiana.

Una vez considerados los puntos de fricción entre judíos y cristianos, es necesario considerar si Jesús quería positivamente sembrar la ruptura y, por lo tanto, los conflictos entre padres e hijos. Jesús, como todo judío practicante, observó los preceptos de la Ley y enseñó a los que lo seguían a observarlos por tanto no parece ser un promotor de la apostasía. Los discípulos no dejaron de ir al Templo a orar y a hacer sus oraciones.

Entonces, ¿Por qué Jesús dijo que había venido a sembrar la división? Jesús previó los conflictos que por causa suya y sobre todo por la opción el Reino de los cielos se provocaría incluso en el seno de las familias. Convertirse de las malas costumbres suele generar conflictos, lo mismo que aceptar como maestro y Señor a un galileo.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4540Sun, 18 Aug 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaAbordaremos los dos temas que están contenidos en nuestro texto. En primer lugar el del desprendimiento, y en segundo, el de la vigilancia en el cumplimiento de la propia misión. Y veremos que ambos son consecuencia del mismo principio, a saber, la confianza en la providencia divina.

 

Las primeras frases del texto que escuchamos hoy están en sintonía con el discurso sobre la confianza. De hecho, es uno de los lenguajes más tiernos del Señor hacia los discípulos: “no teman pequeño rebaño…” Y Jesús insiste en que el desprendimiento de las cosas materiales es la forma de tener tesoros en el cielo. Estas afirmaciones concuerdan con otras ocasiones, como el encuentro que tuvo con el joven rico y le dijo: “una sola cosa te falta para ser perfecto, ve vende cuanto tienes, repártelo entre los pobres así tendrás un tesoro en el cielo…”

Algunas doctrinas del lejano oriente proponen como una vía de espiritualidad el desprendimiento de los bienes materiales, pero la motivación de fondo es la aniquilación del yo. Deshacerse de las cosas, no satisfacer las necesidades es una forma de liberación de las cosas materiales, la primera de ellas el yo mismo.

La doctrina cristiana no propugna por la aniquilación del yo, como si el acto creador de Dios que implica nuestro cuerpo fuera en sí algo malo. La renuncia voluntaria a los bienes materiales, a la propia condición y a la búsqueda de la propio éxito ante todo, es más bien una estrategia de relación.

En este mismo discurso de san Lucas, Jesús ya ha dicho por varias ocasiones que Dios es nuestro Padre. El Padre es fuente de providencia y quien se preocupa en primer lugar por alimentar al ser humano que es su hijo, por este motivo Jesús invita una y otra vez a vivir en la confianza con el Padre. Mantener la relación de confianza con Él es la forma de permanecer en el Reino que el Padre nos ha querido dar. El corazón humano, sin embargo, pone su tesoro en las cosas que no son Dios y por ello falla.

El segundo tema importante también es una derivación de la confianza en la providencia. Proviene de reconocer que el origen de la existencia humana está en Dios y si Él es el origen también tiene para cada uno de nosotros un plan, una misión que cumplir. Otras doctrinas filosóficas y religiosas han caído en la tentación de negarle al ser humano la posibilidad de escoger, es decir le han negado al ser humano la facultad de la elección libre. Entre ellos los más espirituales como Platón y los más materialistas como Carlos Marx. Pero nuestra fe cristiana nos indica que si bien hay un proyecto de Dios sobre cada uno de nosotros, somos cada uno los que lo aceptamos cumplir voluntariamente, si lo aceptamos nuestra vida adquiere un por qué, tiene una misión.

A esto es lo que se refiere Jesús cuando invita a velar sobre la propia vida como un administrador cuida de la hacienda de su amo. Nada más extraño al cristianismo que pretender que el hombre sea todo poderoso, creador del bien y el mal, de la verdad y la mentira. Jesús centra muy bien nuestra relación con Dios, Él es nuestro Padre y nuestra vida es una espera consciente y gozosa del regreso del Señor.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4523Sun, 11 Aug 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo trataremos de comprender por qué Jesús envió precisamente setenta y dos discípulos. Comentaremos sobre las actividades que deben realizar y éstas vistas dentro del proyecto global de la salvación.

El uso simbólico de los números era ya importante desde el Antiguo Testamento. En especial era importante este uso para los autores sagrados en tiempo de la deportación en Babilonia cuando se confeccionó el primer relato de la creación del hombre. Este relato es el primer texto de toda la Biblia y en él se nos dice que Dios creó todas las cosas en siete días. Para nosotros resulta importante el sexto día porque fue el día de la creación del hombre. Más adelante, en el capítulo diez del Génesis, los mismos autores enlistan a la totalidad de pueblos que se expandieron en el mundo después del diluvio, y resultan exactamente setenta y dos.

 Este número es simbólico porque resulta de la multiplicación del número seis, por doce. El seis es el día de la creación del ser humano y el doce es el número para simbolizar a un pueblo. Con el setenta y dos se simboliza a la gran familia de la humanidad. Para los hebreos la humanidad estaba compuesta por tres grandes grupos según los tres hijos de Noé: los occidentales e isleños del mar Mediterráneo descendientes de Cam; los orientales  incluidos los mismos hebreos, descendientes de Sem; y los Africanos descendientes de Jafet. Cuando Jesús envía a los setenta y dos discípulos , inspirados en esta simbología, puede significar que el anuncio pretende llegar a todos los seres humanos pertenecientes a todos los pueblos. Otra línea de significación proviene de los setenta y dos ancianos que recibieron el espíritu de Dios en tiempos del Éxodo (cfr. Nm 11,16-30).

Este pasaje sirve para entender que Moisés fue ayudado por setenta y dos hombres, conforme a la voluntad de Dios, y para ello Dios les otorgó parte del espíritu con que animaba al mismo Moisés. En este caso, el acento radica en que la evangelización se delega a los discípulos para que ellos, a su vez, hicieran los mismos signos de salvación que hacía Jesús. Por cierto, es importante comprender que el don de la paz, la convivencia con las personas, las curaciones y el anuncio de la llegada del Reino; todas estas actividades que Jesús les pide realizar, coinciden con las que él llevaba a cabo en su ministerio. Sin embargo, esta misión se vio superada cuando el Espíritu Santo llenó a los apóstoles y demás discípulos el día de Pentecostés. Las actividades que acompañan a la predicación del Reino son importantes pero el acontecimiento redentor, por excelencia, es la muerte y resurrección del Señor. Por este motivo, la finalidad de la misión no se detiene en las curaciones milagrosas sino que las usa como signos de la veracidad del mensaje. Por tanto, podemos concluir que no hay evangelización que pueda prescindir de los signos, pero ésta no se reduce a los efectos de los signos.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4490Sun, 07 Jul 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este artículo profundizaremos en la razón por la cual Jesús reprendió severamente a sus discípulos Santiago y Juan. También veremos la relación de los motivos de Jesús con los tres casos de rechazo a candidatos para ser discípulos suyos.

El camino de Jesús hacia Jerusalén marcó también un cambio de acento en su pedagogía. Si en la etapa del ministerio en Galilea había tenido acento de manifestar la llegada del Reino por medio de obras poderosas y la predicación en los pueblos, ahora la dinámica se centra en la relación de Jesús con sus discípulos. Especialmente, Jesús trabajará los criterios más profundos por los cuales actuaban sus seguidores. 

En el caso actual vemos que Santiago y Juan pretendían aplicar el poder que Jesús les había dado para “castigar” a la población Samaritana que no había querido hospedarlos. Hacer bajar fuego del cielo es una forma concreta de manifestación divina ya desde el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Dios hizo bajar fuego del cielo para destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra en castigo por sus muchos pecados. También, unos siglos después, Elías pidió a Dios que hiciera bajar fuego del cielo para consumir su oblación, así fue y hasta bajó fuego del cielo que consumió la oblación de los sacerdotes de Baal. 

Más allá de si era posible que Santiago y Juan fueran capaces de hacer bajar fuego o no del cielo, es más importante comprender que la totalidad de los signos poderosos que Jesús había realizado eran para dar vida: sanó enfermos, liberó endemoniados, resucitó muertos, etc. Jesús jamás permitiría que una población fuera destruida totalmente en el contexto de sus signos ministeriales, por mucho que en el Antiguo Testamento Dios hubiera hecho aquello con Sodoma y Gomorra. 

El contenido de la reprensión no nos es comunicado pero podemos entrever que sería en la misma tónica de la reprensión a Pedro: “tú piensas como los hombres y no como Dios”. De hecho, por la propuesta que hicieron, Santiago y Juan pensaban que el poder divino podía aplicarse independientemente de los efectos o bien que cualquier desprecio podía ser causa suficiente para un castigo que a todas vistas, incluso en el Antiguo Testamento, era un castigo extremo. 

Como podemos observar, los discípulos seguían al maestro en forma física, pero Jesús quiere provocar un seguimiento mucho más íntimo que no depende de circunstancias geográficas, sino de una entrega de la mente y el corazón para dejarse educar según el Evangelio. Así es como podemos conectar con los tres encuentros de seguimiento fallido que el evangelista nos presenta inmediatamente después. 

El primero de ellos no quiere seguir a Jesús mismo, sino al lugar: “te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús es la persona a seguir no el lugar a donde Él va. El segundo tiene la prioridad de sus padres antes que el seguimiento, Jesús lo invita a darle toda la prioridad a Él y dejar toda otra preocupación. El tercero igualmente antepone la despedida de la familia. Si la persona ya se ha encontrado con Jesús no debe quitar la mano de su seguimiento, es decir del arado, no hay espacio ni razón para dilatar la pertenencia a Él.


]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4463Sun, 30 Jun 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPara este duodécimo domingo de tiempo ordinario nos ocuparemos de reflexionar sobre el modo en que Jesús educó a sus discípulos hasta llevarlos a definirse con respecto a Él. También comentaremos los diversos modos en que el pueblo pensaba que sería el Mesías, distintos y contrastantes con el proyecto del Señor.

Los evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas, conocidos en su conjunto como evangelios sinópticos nos presentan el episodio de la confesión de Pedro al concluir la etapa de ministerio de Jesús en Galilea. Este episodio pudo haber acontecido después de uno o dos años de iniciado su ministerio. Durante los primeros tiempos de relación entre el Señor y sus discípulos observamos que éstos tomaban a Jesús como un maestro, pues él fijaba el itinerario de pueblos que visitaban. Jesús realizaba curaciones milagrosas, liberaciones demoniacas, etc… y ellos eran testigos y oyentes. Después de un tiempo Jesús llevaba a las personas a lugares solitarios, porque eran muchos los que le seguían y escogió a doce para que estuvieran un poco más cerca. A estos los envió, en alguna ocasión, para que fueran delante de Él, haciendo también signos poderosos para acreditar la predicación. Pero hasta entonces nunca se detuvo a preguntarles qué pensaban de 
Él. Específicamente dentro del Evangelio de San Lucas esta pregunta: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” marca la conclusión de la etapa de ministerio en Galilea y el inicio de subida a Jerusalén. Nos llama la atención que Jesús no puso como condición inicial para seguirlo que lo tuvieran por el Mesías, simplemente dejó correr la experiencia humana de amistad entre él y sus discípulos y esta experiencia se definió hasta varios años después. A partir de la profesión de fe de Pedro, los discípulos, al menos de forma secreta, estarán ciertos de ser seguidores del Mesías. 

Pero esta toma de postura de los doce no resuelve totalmente el problema del camino que se abría ante ellos, porque en el pueblo de Israel contemporáneo al Señor había al menos dos posturas mesiánicas dominantes. La postura mesiánica política, la cual esperaba el advenimiento de un descendiente de David, un mesías militar asistido muy probablemente por huestes angélicas, que derrotarían a los romanos y a los malos gobernantes judíos para instaurar el definitivo reino de Dios con sede en Jerusalén. Esta perspectiva mesiánica fue aprovechada por muchos impostores que arrastraron tras de sí a hombres desesperados e ingenuos que murieron en no menos de cinco revueltas durante el siglo primero y segundo de nuestra era. La segunda expectativa mesiánica era de tipo religioso sacerdotal. Si no se negaba que podría venir un mesías descendiente de David, también se afirmaba, basados en las profecías del profeta Zacarías, el advenimiento de un segundo mesías, el de Aarón, el segundo olivo. 

El cual representaría verdaderamente el inicio de la era definitiva. Jesús propuso una vertiente que sí estaba presente en los libros proféticos del Antiguo Testamento, el mesianismo del siervo doliente, de aquel que muriendo habría de dar vida  todo el mundo.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4439Sun, 23 Jun 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo hablaremos sobre los procedimientos previstos por el Antiguo Testamento para el perdón de los pecados, y cómo Jesús cambia estos procedimientos. También profundizaremos el sentido de la compañía de Jesús compuesta de hombres y mujeres.

El pecado, según el Antiguo Testamento, no forma parte de la creación de Dios. El Señor creó todas las cosas y vio que eran buenas. El pecado, sin embargo, es algo muy real desde el momento en que se nos narra la tentación y caída de Adán y Eva. 

Los relatos de Caín y Abel y los posteriores patriarcas, hasta llegar a la narración del Diluvio universal, hablan de un proceso de degeneración de la humanidad hacia la violencia hasta colmar la paciencia del Señor. Una vez realizado el castigo del Diluvio, Dios se compromete a no volver a castigar a su creación de la misma manera, por tanto, es necesario que existieran procedimientos alternos para recuperar la armonía de las relaciones entre Dios y los humanos. Noé ofreció a Dios un sacrificio de pacificación. Al llevarse a cabo la Alianza del Sinaí quedó claro un rito de expiación de los pecados, el procedimiento lo encontramos en el libro del Levítico (16,1-34). Se llevaba a cabo el día diez del séptimo mes en el Templo de Jerusalén y la presidía el Sumo Sacerdote. Se prescribe la presentación de un novillo para la expiación de los pecados del sumo sacerdote y un carnero para el holocausto. Además se prescribe que el sumo sacerdote recibiera del pueblo dos chivos para la expiación y un carnero para el holocausto. El primer chivo era sacrificado y su sangre esparcida en el santuario. Sobre el segundo chivo se hacían los ritos de expiación, imposición de manos para confesar sobre él los pecados, y se enviaba al desierto. Después de los sacrificios en que se derramaba la sangre de los animales se prescriben ofrendas de incienso dentro del santuario. 

Como vemos era una ceremonia solemnísima. 
Cuando Jesús inició la práctica de absolver directamente a los pecadores que se le acercaban, como el caso de la pecadora del texto de hoy, ocasionó serias reacciones. La mayoría de las veces los oyentes se preguntaban ¿Quién sino Dios puede perdonar los pecados? Pero Jesús demostró tener suficiente autoridad sanando también físicamente a algunos. La práctica de la absolución de los pecados por parte de los sacerdotes es continuación directa de esta práctica del Señor Jesús. Más aún, es cumplimiento de su mandato cuando resucitó: “sopló sobre ellos el Espíritu Santo y les dijo: ‘a quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados…’” 

Otra gran novedad de Jesús fue su estilo itinerante, no permanecía por mucho tiempo en el mismo lugar con el fin de hacer llegar el mensaje de salvación al mayor número de aldeas en Galilea. En la última parte del texto que leemos hoy, también el evangelista nos brinda la noticia de que no solamente sus doce elegidos sino también algunas mujeres participaban en esta itinerancia. Tal parece que el Señor gozaba de gran prestigio y confianza como para llevar un grupo de hombres y mujeres con Él.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4414Sun, 16 Jun 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente número comentaremos sobre la experiencia de compasión de Jesús ante la mujer que había perdido a su hijo, y esta misma actitud reflejada a lo largo de su ministerio. También profundizaremos sobre el asombro o temor que provocaban los milagros que hacía Jesús.

Una de las experiencias emotivas que más frecuentemente se le atribuye a Jesús a lo largo de los evangelios es la compasión. Esta compasión podríamos representarla como la conmoción interna, casi visceral de sufrimiento, afín o en sintonía con una persona que padece alguna enfermedad o situación dolorosa. 

En el relato de hoy, el evangelista nos reporta que Jesús se compadeció de la madre que había perdido a su hijo. La situación es agravada por la circunstancia de que ella era viuda y éste era su único hijo. Otra ocasión en que se nos menciona la misma emoción en el Señor, fue cuando le salió al encuentro un leproso que desde lejos le dijo: “si quieres puedes curarme…” Pero no solamente sucedía con padecimientos físicos, sino también Jesús se compadeció de la multitud que por tierra se le había adelantado y lo esperaba a orillas del Lago. En aquella ocasión dice que al mirarlos tuvo compasión porque eran como ovejas sin pastor. 

La compasión del Señor es un efecto directo de su encarnación y la manera en que Jesús reaccionaba ante esta emoción, realizando alguna acción favorable a los infortunados. Al hijo de la viuda lo resucitó, al leproso también. A las multitudes hambrientas de una palabra de aliento y esperanza se detuvo a instruirlas. 

La compasión, según lo que vemos en los diversos pasajes evangélicos, es el efecto de un corazón atento a los demás, es la causa que lleva a Jesús a hacer algo por el hermano sufriente. En cuanto a sus enseñanzas, el Señor enfocó el tema de la compasión uniéndolo al de la misericordia o perdón de las deudas, si el rey perdonó a quien debía mucho, éste debía perdonar a quien le debía poco nada más por compasión. 

En una ocasión dijo a sus discípulos que no enviaran a las personas de regreso a sus casas sin darles algo de comer. Ante la sorpresa y la manifestación de incapacidad de los suyos mandó sentar a la gente y con cinco panes y dos pescados sació el hambre de la multitud. Pero los discípulos tuvieron que repartir la comida y recoger las sobras.

Por otra parte, es interesante constatar que ante los milagros que hacía Jesús los evangelistas reportan que la gente se asombraba o se llenaba de temor. El sentido de estas emociones lleva al tema de la identidad de Jesús. El evangelista san Marcos es el que más insiste en el hecho de que las personas eran incapaces de salir del asombro porque nunca lograban descubrir la identidad de Jesús. 

La revelación de la verdadera identidad del Señor le competía a Dios mismo y este hecho se verificó cuando murió en la cruz. Allí encontramos al oficial romano diciendo: “en verdad este era Hijo de Dios.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4385Sun, 09 Jun 2013 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica En esta solemnidad se nos da a considerar una parte del discurso de Jesús en la Última Cena. Jesús ciertamente reveló a Dios, pero es el Espíritu Santo quien nos lleva a la comprensión, limitada porque nosotros somos limitados, del misterio de Dios uno y trino. Ahora reflexionaremos sobre un posible camino de experiencia y formulación de esta fe.

El camino humano de las relaciones puede ser un camino hermoso por el cual podemos sacar provecho de esta solemnidad. 
En primer lugar, observamos que los bebés, antes de poder hablar o discurrir, se relacionan con su madre o su padre. Los olores, el tacto, el alimentar de la madre y ser alimentado del hijo son una realidad; el cariño y protección del padre hacia el hijo o hija son una realidad; el crecimiento saludable del hijo y las muestra afectuosas de este, son una realidad que tiempo después será formulada en palabras. Poco a poco el bebé balbucea y llama papá y mamá a quienes lo cuidan amorosamente, confía en ellos, los convoca con llanto o con gritos y, a lo largo del tiempo, va dando nombre a toda esta compleja realidad. 

Así pues, Jesús ayudó a sus discípulos, a lo largo de su ministerio, a darse cuenta de que Dios es nuestro Padre. Mucho antes de que lo podamos decir, Él nos ha creado, nos puso en este universo que funciona establemente y nos proporciona alimento. También es una realidad que nos protege de muchos peligros tanto cósmicos, como animales y humanos. A través del Señor Jesús entendimos que nuestro origen es Dios Padre Nuestro y la mejor forma de relacionarnos con Él es buscar su Reino y su justicia. Nos previno de la obsesión por el comer y el vestir, casi nos dio a entender que preocuparnos demasiado por estos temas es un insulto a nuestro Padre que ya sabe que tenemos necesidad de ello. 

Más allá de esta primera relación, Jesús manifestó que la humanidad ha sido visitada por el Hijo de Dios. Los discípulos conocieron a Jesús, convivieron bajo el mismo techo y caminaron juntos por las sendas de Galilea. Este hombre de Nazareth comía, trabajaba, descansaba y dormía como todos ellos. Expresó como meta de vida anunciar la proximidad del Reino de Dios con obras y palabras, y esto mismo les pidió a ellos que lo hicieran. En el momento preciso los llevó a Jerusalén y les avisó que por medio de Él se realizaría la Nueva Alianza. Los discípulos, en la Última Cena, sabían que Jesús era el Mesías esperado, habían escuchado frases enigmáticas del Señor  apropósito de su persona como: “el Padre y yo somos uno”. 

Todos los evangelios nos cuentan que fue condenado a muerte en el Sanedrín porque se hacía igual a Dios. El Espíritu Santo llevó a la comunidad, que había experimentado cómo Jesús había dado la vida por ellos, a la convicción de que éste no era tan solo un hombre, sino que era el “Hijo de Dios”. 
San Juan, en su Primera Carta, aclara que la confesión de fe en Jesús como Hijo de Dios es criterio de discernimiento entre cristiano y no cristiano. Por último, la comunidad fue llena de la fuerza de lo alto y habló en otras lenguas, curó enfermos, levantó muertos, y muchas otras señales realizó para confirmar la veracidad del Evangelio, todo ello a partir de Pentecostés. Así llegó a aplicar lo que Jesús le había dicho: “les enviaré al Defensor para que los lleve a la verdad completa”. Y esta verdad es que el único Dios en que creemos es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4360Sun, 02 Jun 2013 00:00:00 GMT
Cultura Bíblica En esta solemnidad se nos da a considerar una parte del discurso de Jesús en la Última Cena. Jesús ciertamente reveló a Dios, pero es el Espíritu Santo quien nos lleva a la comprensión, limitada porque nosotros somos limitados, del misterio de Dios uno y trino. Ahora reflexionaremos sobre un posible camino de experiencia y formulación de esta fe.

El camino humano de las relaciones puede ser un camino hermoso por el cual podemos sacar provecho de esta solemnidad. 

En primer lugar, observamos que los bebés, antes de poder hablar o discurrir, se relacionan con su madre o su padre. Los olores, el tacto, el alimentar de la madre y ser alimentado del hijo son una realidad; el cariño y protección del padre hacia el hijo o hija son una realidad; el crecimiento saludable del hijo y las muestra afectuosas de este, son una realidad que tiempo después será formulada en palabras. Poco a poco el bebé balbucea y llama papá y mamá a quienes lo cuidan amorosamente, confía en ellos, los convoca con llanto o con gritos y, a lo largo del tiempo, va dando nombre a toda esta compleja realidad. 

Así pues, Jesús ayudó a sus discípulos, a lo largo de su ministerio, a darse cuenta de que Dios es nuestro Padre. Mucho antes de que lo podamos decir, Él nos ha creado, nos puso en este universo que funciona establemente y nos proporciona alimento. También es una realidad que nos protege de muchos peligros tanto cósmicos, como animales y humanos. A través del Señor Jesús entendimos que nuestro origen es Dios Padre Nuestro y la mejor forma de relacionarnos con Él es buscar su Reino y su justicia. Nos previno de la obsesión por el comer y el vestir, casi nos dio a entender que preocuparnos demasiado por estos temas es un insulto a nuestro Padre que ya sabe que tenemos necesidad de ello. 

Más allá de esta primera relación, Jesús manifestó que la humanidad ha sido visitada por el Hijo de Dios. Los discípulos conocieron a Jesús, convivieron bajo el mismo techo y caminaron juntos por las sendas de Galilea. Este hombre de Nazareth comía, trabajaba, descansaba y dormía como todos ellos. Expresó como meta de vida anunciar la proximidad del Reino de Dios con obras y palabras, y esto mismo les pidió a ellos que lo hicieran. 

En el momento preciso los llevó a Jerusalén y les avisó que por medio de Él se realizaría la Nueva Alianza. Los discípulos, en la Última Cena, sabían que Jesús era el Mesías esperado, habían escuchado frases enigmáticas del Señor  apropósito de su persona como: “el Padre y yo somos uno”. 

Todos los evangelios nos cuentan que fue condenado a muerte en el Sanedrín porque se hacía igual a Dios. El Espíritu Santo llevó a la comunidad, que había experimentado cómo Jesús había dado la vida por ellos, a la convicción de que éste no era tan solo un hombre, sino que era el “Hijo de Dios”. 
San Juan, en su Primera Carta, aclara que la confesión de fe en Jesús como Hijo de Dios es criterio de discernimiento entre cristiano y no cristiano. Por último, la comunidad fue llena de la fuerza de lo alto y habló en otras lenguas, curó enfermos, levantó muertos, y muchas otras señales realizó para confirmar la veracidad del Evangelio, todo ello a partir de Pentecostés. Así llegó a aplicar lo que Jesús le había dicho: “les enviaré al Defensor para que los lleve a la verdad completa”. Y esta verdad es que el único Dios en que creemos es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4335Sun, 26 May 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn esta solemnidad de Pentecostés concluye el tiempo de Pascua. Puesto que el signo que caracteriza esta fiesta es la unción con el Espíritu, reflexionaremos sobre los siete dones que implica esta unción y la semejanza que existe entre Jesucristo y nosotros sus discípulos con respecto a esta unción.

El testimonio más antiguo que nos habla de los dones del Espíritu Santo proviene del libro de Isaías (Is 11,1-9) donde se dice que sobre el retoño de David, es decir el Mesías, reposará el Espíritu del Señor y las características de este espíritu son: “espíritu de sabiduría y de inteligencia; espíritu de consejo y de fortaleza; espíritu de ciencia y de temor del Señor”. Esta lista sólo contiene seis de los siete que comúnmente consideramos. El que no aparece en este texto es el don de piedad. 

A lo largo de la Escritura y de la historia de la teología espiritual, se han dado varias interpretaciones de aquello que opera cada uno de los siete dones, y ofrezco una de ellas: el don de sabiduría es aquel que procura a la persona la adhesión a la verdadera vida, apartándonos del amor desordenado por este mundo y abriéndonos a la trascendencia y la vida eterna; el don de entendimiento o inteligencia es la capacidad sobrenatural para comprender las verdades reveladas por Dios a través de Nuestro Señor Jesucristo; el don de consejo hace surgir en nosotros una prudencia de orden sobrenatural y nos capacita para elegir correctamente lo que procura mayormente la Gloria de Dios y el bien de las personas; el don de fortaleza nos capacita para afrontar con entereza sobrenatural los obstáculos y dificultades para vivir de acuerdo con el Evangelio; el don de conocimiento o ciencia nos capacita para conocer el camino a seguir, los peligros a evitar para llegar al cielo; el don de piedad nos capacita para mantener una relación sobrenatural de confianza e intimidad con Dios; y, por último, el don de temor del Señor nos capacita para respetar, honrar y reverenciar a Dios y someternos a su voluntad. 

Jesús, puesto que era el Mesías anunciado, manifestó con toda certeza estar ungido por el Espíritu de Dios desde el inicio de su ministerio en Galilea, de la misma forma sus apóstoles y la entera comunidad cristiana se manifiesta ungida por el Espíritu el día de Pentecostés y se marca desde ese momento el inicio de la vida ministerial de la comunidad cristiana. Al igual que en la vida de Nuestro Señor, se menciona que Jesús era invadido o quedaba lleno del Espíritu, así la comunidad cristiana se llena de la presencia del Espíritu cuando lo necesita, lo pide o realiza el signo por excelencia de transmisión del Espíritu que es la imposición de manos. 

Más allá de los siete dones iniciales, el Espíritu capacita a los individuos y a la comunidad entera con muchos otros dones para la mutua edificación, como lo dice san Pablo en la Primera Carta a los Corintios. Por el signo de la imposición de las manos se transmite el don del Espíritu para realizar misiones concretas. Por ejemplo, los apóstoles impusieron las manos a los siete primeros diáconos para que sirvieran a las mesas y a las viudas; la comunidad de Antioquía impuso las manos a Pablo y Bernabé para que realizaran el primer viaje misionero en Chipre y Asia Menor. 


]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4312Sun, 19 May 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaA los cuarenta días de haber resucitado, Jesús ascendió a los cielos. Este domingo celebramos aquel acontecimiento y nos dedicaremos a profundizar el sentido de la glorificación de Cristo resucitado. También nos detendremos a considerar el tiempo presente y su relación con Jesucristo.

Para poder comprender el relato del día de hoy, que nos habla de la ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos, es importante que hablemos de la condición resucitada del Señor. Cuando Jesús levantó al hijo de la viuda de Naím solemos decir que lo resucitó. Lo mismo decimos de lo que hizo el Señor con Lázaro y con la hija del jefe de la sinagoga de Cafarnaum; sin embargo, estas resurrecciones no fueron el mismo fenómeno que observamos con el Señor. Jesús no regresó a la vida en la misma circunstancia en que se encontraba antes; en este sentido, podemos llamar a las resurrecciones que realizó el Señor revivificaciones. Jesús, al resucitar, conservó las señales de la cruz, pero su situación era de un cuerpo glorificado, dotado de sutileza, pues podía desaparecer y atravesar paredes. De ninguna manera estaba sujeto al espacio y tiempo al cual estamos sujetos nosotros los humanos. La circunstancia del Señor era del todo diferente a la nuestra; sin embargo, varios pasajes nos indican que todavía debía verificarse un proceso más en Jesús, a saber, la subida al Padre. La ascensión del Señor es lo que celebramos precisamente este domingo. Claro que, al respecto, surgen muchas preguntas, por ejemplo: si Jesús no estaba a la derecha del Padre desde el momento de la resurrección, ¿dónde estaba en el tiempo que medió entre la resurrección y la ascensión? Nos cuesta trabajo imaginar a Jesús con un cuerpo y no imaginarlo en un lugar físico, pero ya hemos dicho que Jesús no estaba ya sujeto al espacio y el tiempo nuestro. ¿Cuál era su circunstancia orgánica? ¿Necesitaba comer o no lo necesitaba? Algún relato, para demostrar que era físicamente real, no dice que Jesús pidió a los discípulos que le dieran de comer, pero si el Señor ya no estaba sujeto a las mismas leyes de nosotros sería lógico pensar que tampoco necesitaba la comida que pidió y simplemente lo hiciera para mostrarles a los discípulos que no era un fantasma. Así pues, podemos pensar que el proceso de glorificación de Jesús, cuarenta días después de la resurrección, es un acontecimiento que se realizó en beneficio de los discípulos para que, incluso nosotros, completáramos el sentido de la nueva condición de Jesús. Jesús resucitado y glorioso está en la presencia del Padre. Decir que está a su derecha nos indica que cuenta con toda la benevolencia divina y es el mediador privilegiado entre el Soberano y todo el pueblo. Esta imagen tiene una repercusión hasta nuestros días, pues tan efectivo fue Jesucristo recién ascendido al cielo en el relato del Evangelio, hace dos mil años, como lo es ahora porque su circunstancia es la eternidad. Si bien los relatos evangélicos nos ponen en contacto con Jesús verdadero hombre, encarnado y sometido a todas las circunstancias humanas. Es importante recalcar que nuestra relación actual se realiza con Jesús victorioso de la muerte y encumbrado sobre todas las cosas.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4292Sábado 11 de Mayo de 2012
Cultura BíblicaEl presente domingo profundizaremos sobre las características de los discursos de Jesús en la Última Cena. También comentaremos sobre los distintos relatos de efusión del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento.

Los acontecimientos de la Última Cena del Señor están presentes en los cuatro evangelios. Pero es notable la diferencia de lo que nos narra el evangelista san Juan. Mientras los otros tres evangelistas nos narran la institución de la Eucaristía, san Juan centra su atención en el lavatorio de pies y dos discursos de despedida. Hoy leemos el final del primer discurso. 

Este primer discurso abarca los capítulos 13 y 14, mientras que el segundo está contenido en los capítulos 15 y 16. El tema principal del primer discurso es ayudar a los discípulos a vivir una dinámica interna saludable en torno al amor fraterno, la fe en Jesús y la obediencia al Espíritu Santo. En cambio, el segundo discurso hace énfasis en el servicio que la comunidad prestará a toda la humanidad, pues unidos al Señor se hacen medio de fructificación para ofrecer la salvación a todas las naciones. 

Uno de los aspectos más importantes de lo que Jesús desea transmitir a los suyos es el sentido profundo de su Muerte y Resurrección. No se queda en el problema superficial que es la traición de Judas y el juicio y crucifixión a mano de los romanos. Jesús trata de que los discípulos sintonicen con el sentido profundo, que es el paso voluntario de Jesús partiendo de este mundo a la casa del Padre. 
A pesar de que los discípulos hacen esfuerzos de comprensión e incluso piensan que ahora sí Jesús les habla claramente, Él sabe que será necesaria la asistencia del Espíritu Santo en dos direcciones. La primera de ellas es recordarles a los discípulos las enseñanzas que Jesús les transmitió durante su vida, y la segunda será llevarlos a la verdad completa. 

Con esto podemos entender que el Espíritu capacita a los discípulos para entender y actuar en consecuencia a lo que el Señor les comunicó. El Evangelio de san Juan nos reporta la promesa de Jesús de enviar al Paráclito, es decir, al Espíritu Santo. Y esta promesa aparece repetidas a lo largo de 
los dos discursos de la Última Cena. 

La promesa del envío del Espíritu en los otros evangelios forma parte de los mensajes de Jesús resucitado. En particular, en el Evangelio de san Lucas, el aviso de Jesús de permanecer en Jerusalén es en vistas a que cincuenta días después de la Pascua, es decir, en la fiesta de Pentecostés, los discípulos recibieran al Espíritu Santo. En san Juan el don del Espíritu forma parte del primer encuentro de los discípulos con el Señor resucitado. En efecto, el evangelista nos narra que Jesús sopló sobre ellos y les entregó el Espíritu diciéndoles que a quienes perdonaran los pecados les quedarían perdonados. 
Es importante que para nosotros quede claro que la fe en Jesús no es un asunto de fuerza de voluntad o gran capacidad intelectual. Creer en Jesús es un don que se recibe gracias a la intervención de su Espíritu.


]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4263Sun, 05 May 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEl discurso de Jesús de este día nos dará ocasión para reflexionar en los contrastes que frecuentemente se manifiestan en los relatos y discursos bíblicos y que también se reflejan en la liturgia cristiana. Para concluir comentaremos sobre el mandato del amor que Jesús expresa.

Cuando uno lee el relato de la Creación que inicia toda la Biblia se encuentra con una descripción contundente del poder de Dios: “En el principio, Dios creó…”, “Dios dijo… y así fue”. Sin embargo, dentro del mismo relato parece no quedar de lado una realidad amenazante: “la tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo…” 

Algunos comentaristas han dicho que se trata de reminiscencias de antiguos relatos míticos. Pero no sería lógico que un autor monoteísta, que se defiende del politeísmo, diera cabida a expresiones ambiguas. Más bien se refleja una certeza con respecto a nuestro universo. Si bien es obra de Dios, esto no quiere decir que toda la obra favorezca al ser humano: existen temblores, tempestades, incendios, etc… La Creación no solamente está compuesta de elementos a favor sino también de elementos conflictivos. Ahora bien, trasladándolo al ámbito de la humanidad en su relación con Dios. San Juan, en el prólogo de su Evangelio refleja el relato de la Creación, pero indica que “las tinieblas no prevalecieron contra la luz…” y que la Palabra de Dios vino a los suyos pero éstos no la recibieron”. Aquí nuevamente se enuncia el contraste entre el bien, la luz y la vida por una parte y las tinieblas, la maldad y la muerte por otro. Jesús también propone este contraste en el texto de hoy: por una parte habla de que será traicionado y asesinado, pero insta a los discípulos a amarse como Él los ha amado. El año litúrgico cristiano ha recogido esta realidad en el proceso de las celebraciones. Por ejemplo podemos ver que inmediatamente a la celebración de la Navidad el 25 de diciembre, se celebra el martirio de San Esteban el primero que murió por testimoniar la fe en Jesucristo el 26 de diciembre. Otro ejemplo: Dentro de esta cincuentena pascual hoy se nos presenta el anuncio que hace Jesús de su próxima muerte. ¿La liturgia es aguafiestas? ¿A los católicos nos repugna la dicha perfecta, por eso prontamente ponemos puntos rojos o negros sobre las almohadas blancas? Más bien tendríamos que aceptar que se trata de fidelidad a la revelación divina. Dios nunca nos dijo que este planeta fuera el mismísimo cielo, la vida eterna o algo así. Este mundo, aun después de su Muerte y Resurrección, sigue marcado por el pecado y sus consecuencias. Nosotros caminamos en él, pero no según sus criterios. Para nosotros la realidad caótica y violenta solamente es el escenario para practicar el mejor de los amores, que fue el que Cristo realmente practicó con nosotros, dar la propia vida para que nosotros tengamos vida en abundancia.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4238Sun, 28 Apr 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEste domingo comentaremos el contexto del discurso que escuchamos y también lo compararemos con el discurso del Buen Pastor que encontramos al inicio del capítulo diez.

Las palabras que escuchamos en el Evangelio de hoy son una respuesta que Jesús da a los judíos, los cuales le exigían al Señor que manifestara claramente o con plena libertad si era el Mesías. Jesús comienza respondiendo con una denuncia: “se los digo, pero ustedes no me creen…” 

Ya desde el capítulo quinto del Evangelio se ha iniciado un proceso de confrontación entre Jesús y las autoridades. En un principio rechazaban a Jesús porque hacía curaciones en sábado (cap 5). En una siguientes ocasión rechazan sus palabras por escandalosas, puesto que les decía que su propio cuerpo era verdadera comida y su sangre verdadera bebida (cap. 6). De regreso en Jerusalén, también lo criticaron porque Jesús se declaraba fuente de agua viva y libertador (caps. 7 y 8). El rechazo llega a un punto de crisis cuando Jesús le dio la vista a un ciego de nacimiento (cap. 9) y éste prefiere la expulsión de la comunidad Judía para seguir a Jesús. De hecho, la consecuencia de las palabras que leemos hoy fue que tomaron piedras para apedrear a Jesús. Si vemos todo el proceso, nos damos cuenta que, más de una vez, Jesús manifestó con claridad, de obra y palabra, que era el Mesías, y más aún que era el Hijo de Dios. 

En el discurso presente escuchamos varias consecuencias de creer en el Señor: la primera de ellas es que quien cree escucha la voz de Jesús como la oveja escucha al pastor; el segundo efecto es que ninguna se perderá y alcanzará la vida eterna; la tercera consecuencia es la pertenencia eficaz y omnipotente, pues nunca evadió el hecho de que en este mundo se desarrolla una confrontación muy fuerte entre el bien y el mal, así pues, con las frases destinadas a la posesión omnipotente de Dios con respecto a los creyentes, Jesús garantiza a sus adeptos que no quedarán defraudados. 

Unos momentos antes y como un discurso derivado de la curación del ciego de nacimiento, Jesús se había declarado como el Buen Pastor, la puerta de las ovejas. Él se llama a sí mismo de esta forma por varias características de su relación con los discípulos. En primer lugar, declara que es el verdadero dueño del rebaño y entra por la puerta, no como un salteador que no entra por la puerta. Una segunda característica es que Él conoce a las ovejas y ellas lo conocen a Él. La tercera característica es que Él da su vida por las ovejas, en contraste con los asalariados que huyen al momento del peligro. La penúltima es que quien lo conoce conocerá también el Padre y aquellas ovejas que no forman parte del actual rebaño vendrán a juntarse con estas y formarán un solo rebaño. Para concluir las características, Jesús menciona que los creyentes tendrán vida eterna, comprobándolo con su propia muerte y resurrección. 

Como vemos, las palabras de hoy suponen el discurso del Buen Pastor.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4212Sun, 21 Apr 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaConforme avanzamos en el tiempo pascual el acento de los temas que trata la lectura del Evangelio pasa de los encuentros del Resucitado a la profundización de los temas relacionados con Jesús, a saber, su estatus de Buen Pastor, Señor y Redentor. Hoy encontraremos el último de los encuentros y reflexionaremos sobre la primacía de la presencia amorosa como premisa insustituible para la fecundidad apostólica. 

El último capítulo del Evangelio de san Juan, es decir, el 21, es un episodio algo inesperado puesto que al concluir el encuentro de Jesús con los 12 apóstoles en el cenáculo parece acabar con el Evangelio diciendo: “muchas otras señales dio Jesús a sus discípulos de las que han sido narradas en este libro. Estos han sido puestos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que creyendo tengan vida eterna” (Jn 20, 30-31). Los autores Juan Mateos y Juan Barreto comentan que este último encuentro es muy importante a todo el Evangelio porque cierra los pendientes en la relación entre Jesús y Pedro, y porque sirve de enlace para hablar de la conducción de la comunidad cristiana después de la partida del Señor. En primer lugar, es importante notar que el principal beneficiario de todo este encuentro es efectivamente Pedro. Y en ciertos aspectos resulta el principal ayudante del protagonista que es Jesús. Para entender correctamente los símbolos que se aglutinan en torno a Pedro es necesario tener presente sus intervenciones en la Última Cena y el inicio de la Pasión. En primer lugar, Pedro no quería que Jesús le lavara los pies; después Pedro declaró ante Jesús que estaría dispuesto a defenderlo hasta dar la vida por Él; es Pedro el que en Getsemaní cortó la oreja del siervo del sumo sacerdote; y más adelante quien negó tres veces a Jesús. Teniendo estos presupuestos es claro que la relación entre Jesús y Pedro estaba deteriorada y a pesar de la buena voluntad de Pedro había fallado a Jesús. Entonces el pasaje de hoy inicia con la misma circunstancia afectiva, a saber, Pedro actúa con cierto liderazgo pero éste es infecundo (no pescaron nada aquella noche). Al aparecer Jesús, pero sin reconocerlo, le hacen caso (los discípulos han recuperado la capacidad de confiar); cuando el discípulo amado reconoce a Jesús lo comunica a Pedro y éste reacciona: en primer lugar se reviste (pasa de la circunstancia de desnudez símbolo de estar en pecado, a la de estar vestido símbolo de la aceptación de la salvación), en seguida nada para estar con Jesús (este símbolo reafirma que Pedro ha descubierto la clave de la vida, la cual es estar con Jesús ante todo y por todo). Cuando todo el grupo se reúne, es Pedro quien saca la red con 153 pescados, este acto a todas luces desproporcionado, indica la verdadera fecundidad apostólica fruto del amor a Jesús. La segunda parte del relato nos presenta la puesta en palabras de lo que ya ha sucedido en signos. Jesús retoma la infidelidad de Pedro en la triple pregunta: 1) ¿Me amas más que estos?; 2) ¿Me amas?; 3) ¿Me quieres? En las preguntas observamos una gradación descendente, esto muestra la condescendencia de Jesús. Las respuestas de Pedro siempre usan el mismo verbo: “te quiero”. No es lo mismo amar y querer, pero Jesús condesciende a lo que Pedro puede. La misión que le confía Jesús es siempre la misma: “apacentar”, Pedro deberá actuar como pastor. Y por último el detalle más importante, Jesús le avisa que, a final de cuentas, sí dará la vida por Él: “esto lo dijo para indicar la clase de muerte con la que Pedro daría gloria a Dios”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4183Sun, 14 Apr 2013 00:00:00 GMT
Cultura bíblicaEn esta ocasión comentaremos los alcances de los dos saludos de paz que les da Jesús resucitado a sus discípulos y el llamado que hace Jesús a Tomás a no ser incrédulo sino creyente.

El saludo ordinario entre los judíos es “la paz esté contigo” o “¿Cómo estás de salud?”. Para la cultura hebrea, la paz y la salud se designan con la misma palabra y por ello podemos entender que la paz se alcanza solamente cuando se está saludable, es decir, cuando hay integridad en la persona o en la sociedad. 

En la Última Cena, Jesús había anunciado a los discípulos los acontecimientos de su Pasión y Muerte de Cruz, lo cual causa un fuerte quebranto en el ánimo de cada uno de ellos. Como lo observamos en el pasaje del sepulcro vacío en que san Lucas nos dice que los discípulos no creyeron a las mujeres el anuncio que habían recibido de los ángeles: “no busquen entre los muertos al que está vivo”, y como lo vemos también en los peregrinos de Emaús, esta desconfianza es fruto de una seria herida en el ánimo de las personas. Jesús, entonces, se presenta vivo, herido pero no sufriente, sus llagas son perceptibles no solamente a la vista sino también se le pueden tocar. 

Jesús ha recuperado la salud después de sus padecimientos y ésta misma es la que transmite a sus discípulos. Ellos no habían sufrido heridas físicas, como el Señor, pero también necesitaban ser sanados. La primera forma que Jesús ocupa para brindarles la salud es mostrándoles sus llagas, y la segunda forma es dándoles el Espíritu Santo para que ellos mismos, a su vez, se hagan portadores de la reconciliación. 
Ser perdonados y perdonar es la dinámica básica de la salud más profunda en el ser humano, por ello resulta importante, a la luz de este encuentro con el Resucitado, revalorar el sacramento de la Penitencia o Reconciliación. 

En segundo lugar, el texto nos presenta el episodio del encuentro entre Jesús y Tomás, ocho días después del encuentro con el resto de los discípulos. Llama la atención la exhortación de Jesús a Tomás, a saber: “no seas incrédulo sino creyente”. Jesús, a lo largo de todo su ministerio, procuró que sus discípulos crecieran en la fe, no solamente en la fe sobrenatural de que Él era el Mesías y el Hijo de Dios, sino en el ejercicio de la virtud natural de la fe. 

En Jesús encontramos frases radicales como: “todo es posible para el que tiene fe”, “¿Por qué dudaste, hombre de poca fe?”, cuando Pedro se empezó a hundir en el agua. Cuando se obraba un milagro, el Señor procuraba decirle a los beneficiados que esto había sucedido gracias a su fe. Entonces el llamado a ser creyente tiene que ver con la fe sobrenatural en la Resurrección de Cristo, pero también con un ejercicio consciente perseverante de la fe natural. 

Para concluir, no olvidemos que estamos en el Año de la Fe y este llamado de Jesús podemos actualizarlo de manera directa en nuestras vidas. 
Desarrollar la confianza en los demás y en nuestras instituciones, aplicando nuestra inteligencia y no dejándonos llevar por prejuicios y fantasías, será una buena forma de apropiarnos de la exhortación de Jesús a ser verdaderos creyentes.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4160Sun, 07 Apr 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn este domingo, tal vez el más importante de todo el año litúrgico porque celebramos la Resurrección del Señor, comentaremos el pasaje del hallazgo del sepulcro vacío, en especial la estructura usada por el evangelista san Lucas como un modelo de camino de revelación de Dios y fe de parte de los hombres, y haremos la comparación con el relato que tenemos presente en san Juan.

El relato del evangelista san Juan propone que solamente María Magdalena fue al sepulcro la madrugada del primer día de la semana. En cambio los otros tres evangelistas proponen que eran varias mujeres las que iban al sepulcro en aquella madrugada. El Evangelio que leemos hoy no narra diálogo alguno de la mujer con ángeles, sino que María regresa corriendo al cenáculo donde estaban los discípulos. De esta manera da todo el peso del testimonio en este relato a Pedro y al otro discípulo. Los demás evangelios, en cambio, sí nos presentan diálogos entre las mujeres y otras personas. En concreto, el Evangelio de san Lucas nos dice que las mujeres no sabían qué cosa pensar ante el hallazgo del sepulcro vacío, y entonces unos ángeles les dijeron que recordaran lo que el mismo Jesús ya les había dicho en su camino a Jerusalén: “que debía padecer y resucitar al tercer día”. Entonces nos narra el evangelista cómo regresaron a toda prisa al cenáculo. San Juan, hoy, pone mucho cuidado en relatar las reacciones internas de los discípulos y la disposición de la Sábana y el Sudario. Al respecto ha habido muchas interpretaciones, algunas de ellas simbólicas y otras incluso vinculadas a la Sábana Santa.

 La mayoría de los comentaristas concuerdan en pensar que se trata de un testimonio de primera mano de parte de Juan el evangelista ya que él estaría representado por el “otro discípulo”, el que corrió más fuerte y llegó primero al sepulcro. Este mismo es el discípulo amado de la Última Cena y del Calvario al pie de la Cruz. Es también el modelo de discípulo. Para creer en la Resurrección de Jesús es necesario recordar todas sus palabras y en esto concuerda con el relato de san Lucas que pide a las mujeres recordar lo que ya les había dicho el maestro. Para concluir podemos resumir el camino de la revelación y la fe expuestos en san Lucas: Dios viene al encuentro de las personas con acontecimientos del todo inesperados; ante ellos las personas se asombran y se preguntan por su significado; entonces Dios mismo responde y explica los acontecimientos y su significado, lo cual genera en aquellos que le creen una respuesta inmediata y vigorosa. Así le pasó a la Virgen María en la Anunciación, y a las mujeres en el relato del sepulcro vacío. San Juan, por su parte, nos propone que el camino de la fe está íntimamente relacionado con el amor a Jesús que lleva al discípulo a recordar las palabras de su maestro y entonces creer. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4132Sat, 30 Mar 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio
Debido a la extensión del texto bíblico, nos vemos obligados a publicar solamente la cita del Evangelio: (Lc 22, 14-23. 56)

Cultura Bíblica 
P. Salvador Martínez
En el presente artículo comentaremos las características de la Pasión según san Lucas acentuando lo propio de este escritor sagrado.

El domingo de Ramos se lee el relato de la Pasión. En este año toca leer la Pasión según san Lucas. Los tres evangelios sinópticos, es decir, los evangelios de san Marcos, san Mateo y san Lucas coinciden en algunos elementos pero difieren en ciertos detalles que resaltaremos. 
El relato inicia con la preparación de la Cena Pascual y su realización. Dentro de la cena, Jesús prepara a los discípulos anunciando su pronta traición, aprehensión, juicio, condena y muerte. Los tres evangelistas nos narran la institución de la Eucaristía durante la Última Cena como el rito de la Nueva Alianza que deberán perpetuar en memoria de Jesús. 
Lo especial de san Lucas son dos pequeños discursos, el primero de ellos sobre el amor expresado en el servicio, y una segunda enseñanza sobre la diversidad radical de contextos en su seguimiento, a saber, una parte de la vida ser seguidor de Jesús cuenta con la benevolencia de las personas, la otra parte de la vida deberá soportar la persecución porque serán tomados como malhechores.  
El segundo episodio de la Pasión es la agonía del huerto y la aprehensión, en ella los tres evangelistas coinciden en el contraste de Jesús y sus discípulos, mientras Él padece y ora, ellos duermen vencidos por la tristeza y la comida. 
El tercer momento es el juicio de Jesús, en esta parte los evangelistas coinciden en que Jesús fue juzgado en dos tribunales el judío, representado por el Sanedrín, donde se le condena por blasfemo y el tribunal romano presidido por Poncio Pilatos.
 Solamente san Lucas nos narra la comparecencia del Señor ante Herodes, se trata de un momento totalmente fallido. A continuación vendrá la condena de Jesús por parte de la autoridad romana, la cual lleva a la narración de la crucifixión. San Lucas nos ofrece varias palabras de Jesús en este contexto que nos aclaran el sentido de salvación que tuvo su sacrificio. 
Morir en la cruz, de acuerdo a como nos lo presenta san Lucas, es una gran injuria, una gran maldad humana, pero será el camino por el que Dios manifieste su misericordia. Teniendo en cuenta que san Lucas es también autor del Libro de los Hechos de los Apóstoles veremos que el modelo de Jesús será la constante de los mártires de Jerusalén, a saber, perdonar a los verdugos y pedir que no les sea tomado en cuenta este pecado. 
Todos los evangelistas conceden al momento de la muerte del Señor suma importancia, sobre todo la mención de las consecuencias adquiere valores simbólicos. San Lucas nos dice que justo antes de morir se rasgó el velo del Templo. El velo del templo representaba el impedimento para acceder al Santo de los Santos dentro del Templo, al decirnos que se rasgó nos indica que Dios hace irrumpir su santidad en este mundo por la Nueva Alianza que acaba de celebrarse en Jesús la nueva víctima y el nuevo Sacerdote. 
El oficial romano y la gente allí presente reconocen la verdad, han ejecutado al justo y por ello dan signos de arrepentimiento, pues se golpeaban el pecho. El relato concluye con el sepulcro de Jesús. En concordancia con todos los demás, san Lucas relata la petición de José de Arimatea, el depósito en el sepulcro y prepara la visita de las mujeres en la madrugada del primer día de la semana al decir que se fijaron dónde lo ponían.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4112Sun, 24 Mar 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaComentaremos en este domingo el enfoque del discurso de Jesús en el capítulo quince del Evangelio de san Lucas. Analizaremos también la forma en que Jesús llamó a la conversión a aquellos miembros del pueblo que se sentían buenos. 

En esta ocasión escuchamos una parábola de un conjunto de tres que conforman todo el capítulo quince del evangelio de San Lucas. Al inicio de la lectura se nos pone dentro del contexto de las relaciones que establece Jesús, a saber: recibe a los pecadores y publicanos y come con ellos, por el contrario, es criticado por los fariseos y los doctores de la Ley. En primer lugar podemos preguntarnos quiénes eran considerados pecadores en el pueblo. Eran considerados pecadores todos aquellos que de manera explícita quebrantaban algún precepto de la Ley de Moisés. Los grupos más sobresalientes eran las mujeres públicas, los que trabajaban para los extranjeros, en especial los cobradores de impuestos, comúnmente llamados publicanos; También eran considerados personas bajo el influjo del pecado los enfermos crónicos, los miserables económicamente hablando, los endemoniados y lunáticos. 

En contraposición los fariseos era un grupo especialmente dedicado al estudio y observancia de la Ley de Moisés. Como partido religioso y político habían nacido aproximadamente un siglo antes de Cristo y se caracterizaban por un fuerte nacionalismo. La mentalidad farisea estaba dispersa por la mayoría de comunidades judías en Palestina y fuera de ella. En efecto, Pablo de Tarso, se confiesa fariseo e hijo de fariseos. Los maestros de la Ley son aquellos cuyo oficio era la conservación y producción de copias de los textos sagrados y también de ayudar al pueblo en la correcta interpretación de la Ley. Los doctores de la Ley podían pertenecer a diversos partidos religiosos políticos pero eran, sin duda, personas con gran estatus social. 

Confrontando estos dos grupos opuestos con los hijos presentados en la parábola resulta claro que los pecadores están representados en el hijo menor y los fariseos y doctores de la Ley en el hijo mayor.  La enseñanza de la parábola, por tanto, involucra a todos sus oyentes declarando que la necesidad de conversión es para todos, los que se fueron de la casa tanto como para los que se quedaron. Dios quiere la salvación de todos y se alegra profundamente por la conversión de cualquiera. Por último no es lícito que un grupo dentro del pueblo se enoje porque Dios perdona a los pecadores. Sería un error pensar que Jesús solamente se dedicó a procurar a pobres y pecadores. Especialmente en el evangelio de San Lucas también observamos a Jesús aceptando invitaciones a comer por parte de fariseos y en San Juan recibiendo visitas secretas por parte de magistrados, pero no fue fácil convencer a los que se tenían por justos de la importancia de ser más humildes.


]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4063Sun, 10 Mar 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaHemos llegado al quinto domingo del tiempo ordinario. En esta ocasión comentaremos el texto de la pesca milagrosa comparado con la pesca milagrosa en el Evangelio de San Juan. También profundizaremos sobre la reconciliación como preámbulo inmediato de la vocación cristiana y la misión.

El pasaje de la pesca milagrosa dentro del Evangelio de san Lucas se ubica dentro de los primeros pasos del ministerio en Galilea. Solo hay otro Evangelio que nos narra otra pesca milagrosa y es el Evangelio de san Juan y esto sucede al final del Evangelio cuando Jesús resucitado se aparece a los discípulos en la orilla estando ellos en las barcas como a unos cien metros dentro del lago. Ambos relatos concuerdan en que los hombres habían pasado toda la noche sin pescar nada y en una relación muy cercana entre Jesús y Simón Pedro. En nuestro relato Jesús aborda la barca no para pescar sino para poner distancia entre Él y la multitud pudiendo así predicar con mayor eficacia. Entre la predicación y la petición de Jesús de llevar la barca aguas adentro, incluida la petición de lanzar las redes, no parece haber mucha relación. De hecho, sobre la pesca milagrosa no importa el gran número de peces, ni la alimentación de la muchedumbre que se obtendría de ella sino solamente la reacción de Simón Pedro, a saber, declararse pecador y entonces dar paso al llamado de Jesús: “yo los haré pescadores de hombres”. En el Evangelio de san Juan, la pesca milagrosa, es un texto de reencuentro y reconciliación para la misión; este pasaje de san Lucas, en cierto modo semejante, es de predicación, prueba, reconciliación y vocación. Es también de notarse que san Lucas, con este relato, les reserva un lugar eminente a Simón Pedro, Santiago y Juan con respecto a los otros discípulos. El sitio especial que ellos ocuparán en el grupo apostólico está testimoniado a lo largo de los dos libros de San Lucas: el Evangelio y el libro de los Hechos de los Apóstoles. Como ya había sucedido con otros personajes a lo largo del Antiguo Testamento, después de una primera etapa de la vida dedicada a una actividad, Dios irrumpe en la existencia y la reorienta con una nueva misión. Los pescadores del lago de Galilea ahora son llamados por Jesús a ser pescadores de hombres. Pero, en este punto, vale la pena detenernos a considerar el valor de la reconciliación. Pedro y los otros estaban asombrados y esto lleva, al menos a Pedro, a humillarse delante de Jesús por haber dudado de Él. Con este hecho vemos que para dar un paso adelante en la relación con el Señor es necesario pedir perdón y ser perdonado. Casi de inmediato de recibir el perdón, el discípulo recibirá también una palabra referente a su futuro dentro del plan de Dios.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=4020Domingo 10 de Febrero de 2013 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn este tercer domingo de tiempo ordinario reflexionaremos sobre el valor de la fe en cuanto a confianza y conocimiento, como preámbulo de las obras prodigiosas de Jesús. También comentaremos la función del relato de la visita de Jesús a Nazareth dentro del evangelio de San Lucas.

La fe es una virtud esencial para quien ha hecho alianza con Dios. Abrahán es el primero dentro del Antiguo Testamento que manifiesta una fe inquebrantable muchas veces probada. Precisamente dentro de la historia de Abrahán se nos aclara que la fe es respetar profundamente a Dios, técnicamente se le llama “temor de Dios”; Abrahán era un hombre temeroso de Dios en el sentido de que al Señor siempre lo trató como tal y lo obedeció sin restricciones, también confió en Él, particularmente en las promesas que le hizo. Quienes no toman en serio a Dios se olvidan de su poder, de sus obras pasadas a favor del pueblo y por eso buscan su seguridad en otros dioses. Los profetas fueron encargados por Dios para denunciar la poca fe del pueblo y su infidelidad. La fe en el Antiguo Testamento tiene mucho que ver con la fidelidad. Dios es digno de fe porque es fiel a sus promesas y a su Alianza. El pueblo, después del gran destierro en Babilonia, queda como un resto fiel a Dios, rindiéndole culto sólo a Él, evitando alianzas con otros pueblos y poderes de este mundo. Pero esto no garantizó que fuera invulnerable, por tanto, clama una y otra vez para que Dios intervenga definitivamente. La intervención definitiva de Dios era un asunto surgido de la fe como confianza en que Dios es el Señor de la historia humana y por ello Juan Bautista proclamó su llegada con una conversión también basada en la fe en Dios, puesta por obra en una vida justa para con Dios con los demás y con uno mismo. El correcto acercamiento a Nuestro Señor Jesucristo era el reconocimiento de que Él era el ungido de Dios, es decir, el mesías, así se presentó a sí mismo en la sinagoga de Cafarnaum, a saber: el Espíritu del Señor está sobre mí y me ha enviado a proclamar la buena noticia…”. Él proclamó que en aquel día se había cumplido aquella profecía, pero sus paisanos no lo aceptaron. En los tres evangelios sinópticos, el de san Mateo, san Marcos y san Lucas se nos presenta el rechazo de los nazarenos. Sin embargo, en el evangelio de san Lucas es uno de los primeros acontecimientos que se nos narra ¿Qué pretendió san Lucas ubicando a Jesús rechazado por sus paisanos al inicio del ministerio? Podemos pensar que san Lucas le asignó una doble función a este pasaje. En primer lugar, poner en labios de Jesús la conciencia plena de ser el mesías enviado por Dios y esto mismo hacerlo del conocimiento de los demás judíos. Pero, en segundo lugar, nos presenta el contexto en el que Jesús realizó su misión, a saber, aceptado por los extraños incluyendo entre ellos a los paganos, pero rechazado por los miembros de su propio pueblo. El evangelista san Juan también expresa este concepto en el prólogo de su evangelio cuando dice: “vino a los suyos y éstos no lo recibieron, pero a los que lo recibieron les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3984Sun, 03 Feb 2013 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente artículo comentaremos sobre la continuidad temática entre el final del Año Litúrgico y el principio del Adviento. También comentaremos sobre los esquemas sobre el fin del mundo y sobre la llegada del Mesías que circulaban entre los judíos en la época del Señor Jesús.

El inicio del tiempo de Adviento, como preparación para la Navidad, puede enfocar nuestra atención hacia la anunciación y los preparativos para el nacimiento de Jesús. Sin embargo, el sentido del adviento es mucho más amplio. 

En primer lugar nos enfoca a un tema que ya en las últimas semanas del tiempo ordinario, que acabamos de pasar, ya nos planteó. En efecto, los domingos 32 y 33 del Tiempo Ordinario nos comunicaron partes del discurso de Jesucristo sobre el fin del mundo y ahora se nos vuelve a leer otra parte del mismo discurso, ¿por qué? 

El adviento definitivo, y que nos debe importar sobremanera, es la segunda venida de Nuestro Señor. La comunidad cristiana después de la Resurrección y la Ascensión del Señor vive pendiente, atenta, incluso anhelante de la culminación de la historia. Por ello Jesús en el discurso que leemos hoy habla sobre la venida del Hijo del Hombre, se refiere a su propia venida para juzgar a todas las personas. 

Al hablarnos de este tema, el Señor no quiere provocarnos pánico. Si lo notamos el inicio del texto es propuesto en tercera persona plural, se refiere a los hombres. Entre ellos estamos involucrados también nosotros pero un poco más adelante el discurso pasa a “ustedes”. Se dirige por tanto a los discípulos. Entre ellos nos podemos también contar nosotros, para darnos algunas indicaciones que nos permitan librarnos de las calamidades venideras y entender que nuestra salvación está ya próxima. 

Por otra parte, también resulta interesante preguntarnos por qué Jesús habla de cataclismos antes del final. La manera en que el Señor habla del fin del mundo concuerda con la tradición escatológica del pueblo hebreo. Ya varios siglos antes, Amós había hablado del día final o día del Señor como un día de tinieblas. Con ello buscaba hacer entender a sus paisanos que el fin del mundo implicaría una toma de cuentas universal y específicamente a cada persona le correspondería hacerse responsable por el bien o el mal que habían hecho. 

Esta perspectiva se amplió con profetas posteriores y llegaron a hablar del tiempo de la gran tribulación. La gran tribulación incluye aspectos cósmicos para remarcar el Señorío de 
Dios sobre toda la creación. Jesús heredó las imágenes del fin del mundo ya explicadas por los profetas y las aplicó específicamente a su segunda venida, así la comunidad cristiana hasta nuestros días está invitada a velar, es decir, cuidar nuestra conducta, y orar para comparecer firmes ante el Hijo del Hombre, es decir ante Cristo glorioso. 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3856Domingo 02 de Diciembre de 2012 12:30hrs.
Cultura BíblicaEn este domingo comentaremos el estilo del discurso escatológico de Jesús, es decir, del discurso sobre el fin del mundo. También profundizaremos sobre la actitud que nos pide antes y cerca de estos acontecimientos.

Dentro del ministerio de Jesús en Jerusalén, el cual fue la última etapa de su ministerio, Jesús desarrolla un discurso conocido como el discurso escatológico. Este discurso se llama escatológico porque habla sobre el fin del mundo. 

A lo largo de este discurso el Señor se refiere a acontecimientos futuros pero involucra a los presentes para que ellos tomen actitudes bien definidas, por lo tanto, la primera característica importante de este discurso es que involucra a sus oyentes y no solamente se dedica a describir acontecimientos futuros. 

Una segunda característica es que sigue las descripciones del fin del mundo ya presentes en los libros proféticos del Antiguo Testamento, en particular los profetas Daniel y Zacarías. La forma en que se pensaba la llegada del fin del mundo constaba de dos partes, la primera parte consiste en la intervención definitiva de Dios en la historia en forma justiciera. En efecto, se describe que en primer lugar Dios tomará cuentas a todos, en particular a los malvados y pecadores de todas sus fechorías. Esta primera etapa del fin del mundo es acompañada con cataclismos cósmicos como los descritos en la lectura del evangelio del día de hoy, a saber, trastornos en la luna y las estrellas. 

El segundo momento del fin del mundo es la premiación de los justos y el advenimiento de un reino de justicia y paz perpetuos. Las palabras de Jesús no pretenden llenar de temor a los discípulos sino, sobre todo, hacer que desde el momento presente asuman una actitud responsable de pertenencia al Reino de Dios. Para afrontar debidamente la vida personal y la historia de la humanidad hasta sus últimos momentos sería un error fomentar una mentalidad descuidada e irresponsable. 

A lo largo de su discurso Jesús llama a la vigilancia, es decir a no vivir inconscientemente sino decidido por el Reino de Dios que implica hacer el bien. A todo el que opta por el bien le esperan tiempos difíciles, pero las dificultades enunciadas como persecuciones e injusticias no prevalecerán. Por ello, el Señor, también hace un llamado a la perseverancia y a la alegría, pues se acerca la liberación. 

Dejar el asunto de la salvación a la fortuna o a las coincidencias es inadecuado, el verdadero discípulo del Señor, por eso, no pone su preocupación en saber el día o la hora en que sobrevendrá el fin del mundo. Más bien, analiza constantemente los signos de los tiempos y piensa cómo poner en práctica la voluntad de Dios en dichas circunstancias.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3816Domingo 18 de Noviembre de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn el artículo de este domingo nos preguntaremos por qué Jesús criticó ciertas actitudes de los dirigentes del pueblo. También profundizaremos sobre el contraste de la limosna de la viuda y los ricos del pueblo. Y concluiremos haciendo la relación entre la crítica de los dirigentes y la alabanza al donativo de la mujer pobre.

La tercera etapa del ministerio de Nuestro Señor Jesucristo se desarrolló en Jerusalén. Esta ciudad era el centro religioso, político y económico de los judíos y por tanto concentraba a los grupos más poderosos y sus adeptos. Es probable que la actividad del Señor se desarrollara por poco tiempo o bien se haya repartido a lo largo de toda su vida pública en varios periodos cortos, como nos lo presenta el evangelio de San Juan. El domingo pasado escuchamos un diálogo sapiencial y amistoso con un maestro de la Ley. Ahora solamente tenemos un discurso que inicia con la crítica de la hipocresía. Jesús estuvo muy en contra de asumir la religiosidad con actitudes falsas y oportunistas. La participación dentro de la comunidad practicante de una religión conlleva cierto estatus dentro del mismo grupo, esto es una consecuencia natural. Sin embargo, Jesús pone en guardia a sus seguidores de hacer de ello el fundamento de la religiosidad o bien pretender usar la religiosidad como pretexto para mantener un estatus de superioridad en la sociedad. Usar la religión como medio de promoción social no es raro y Jesús lo propone como una tentación. Según lo que leemos en el discurso de hoy hay que tener cuidado con tales personas. En la segunda parte del discurso aparece un tema aparentemente distinto. Las ofrendas presentadas por los ricos contrastan con la monedita entregada por la anciana. Aprovechando el hecho Jesús alaba la ofrenda de la anciana porque ella da lo único que tenía para sobrevivir ese día, en cambio los ricos dan lo que les sobra. En la enseñanza del Señor podemos encontrar nosotros dos aspectos: el primero de ellos radica en la fe en la Providencia de Dios asumida por la mujer. La Providencia Divina es una realidad operante y eficaz desde el momento en que la mujer no era una niña exaltada e inexperta sino una mujer de edad mayor. Si la anciana había entregado a Dios todo lo que tenía para comer aquel día, y no sabemos si algunas otras ocasiones había hecho lo mismo, Dios nunca la había dejado de su mano y la prueba estaba en que ya había llegado a ser anciana. La segunda enseñanza radica en la autenticidad de los gestos, la mujer ofrece un don hacia Dios como signo de confianza en su providencia. Los hombres potentados sólo daban lo que les sobraba. Y es precisamente en el tema de la autenticidad en la práctica religiosa donde concuerdan ambas enseñanzas. Nuestros actos religiosos son valiosos, e incluso eficaces, en la medida que son auténticos. Quien diera mayor peso a los ritos, las vestimentas, los sitios, así como cualquier otra ganancia por medio de las actividades religiosas; que a la relación con Dios, comete un serio error.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3785Sun, 11 Nov 2012 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaEn el presente comentario profundizaremos a propósito del método sapiencial en tiempos de Jesús. También comentaremos sobre la disputa entre moral y culto que aquejaba a los maestros de la Ley en aquella misma época, y concluiremos con la opción que Jesús manifiesta.

Los caminos de aprendizaje en el pueblo de Israel, como en todos los pueblos, se desarrollaron de generación en generación y fueron haciéndose muy sofisticados a medida que las sociedades también se hicieron más complejas. El método básico sapiencial es la enseñanza de padres a hijos. 
Para este aprendizaje los jóvenes deben escuchar atentamente, aprender de memoria y entender el sentido profundo de las enseñanzas de los mayores identificados también como padres y madres. A este modo de enseñanza corresponde la cita de Jesús: “escucha Israel el Señor Dios es uno…”; Sin embargo, cuando el aprendiz ha madurado ya no se trata solo de escuchar, memorizar y entender sino, sobre todo, de aplicar un criterio de juicio para resolver los problemas de la vida. 

Así surge el aprendizaje por preguntas y respuestas. Este sistema supone que tanto los maestros como los alumnos tienen conocimientos suficientes para resolver, al menos básicamente, la realidad. Las preguntas son planteadas por los maestros de tal forma que los alumnos deben usar sus conocimientos para resolver la pregunta. Esta parece ser la estrategia del maestro de la Ley, pues cuando ha obtenido una respuesta que superaba sus expectativas concluye que Jesús no necesita que nadie le pregunte nada, es decir reconoce que Jesús es un maestro capaz de afrontar las problemáticas de la vida y de él se obtendrá de él una respuesta sabia. 

Sobre el contenido de la pregunta: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”… parece una pregunta básica, pero en realidad no lo es. En tiempos de Nuestro Señor existía una fuerte pugna entre la escuela de interpretación saducea (relacionada con los dirigentes del Templo de Jerusalén) y la escuela farisea. La primera opinaba que la forma de interpretar el primer mandamiento estaba ligada al culto. Amar a Dios sobre todas las cosas se cumplía rindiendo culto a Dios con sacrificios y holocaustos. La escuela farisea opinaba que el primer mandamiento era más bien moral, darle a Dios y sus leyes la primacía en la vida cotidiana. 

El maestro de la Ley era de esta segunda escuela, pues coincide con Jesús, pero Jesús al mencionar el amor al prójimo pone el acento del cumplimiento del amor a Dios en la caridad para con los demás. Jesús cumplía la Ley de Moisés pero no a la manera de los fariseos a quienes acusó de hipócritas y de haber hecho los mandamientos divinos asuntos humanos. Jesús acentúa el primado de la misericordia, la compasión, el ejercicio de la justicia en las relaciones humanas sin descalificar los demás deberes religiosos y más aún considera aliados y amigos, a aquellos que procuran el amor al prójimo como medio para entrar en el Reino de los Cielos.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3761Domingo 04 de Noviembre de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaComentaremos el contexto en donde se da la curación del ciego Bartimeo. También profundizaremos sobre el título que éste le dio a Jesús: “Hijo de David”.

 

La segunda etapa del ministerio de Jesús es llamada la subida a Jerusalén. Se trata de un tiempo en el que Jesús procuró hacer madurar el seguimiento de sus discípulos. Sobre todo es una etapa dedicada a la enseñanza y está dividida por los tres anuncios de la Pasión.

El relato de milagro que leemos hoy se encuentra después del tercer anuncio de la Pasión y justamente antes de la entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén. Así es que podemos decir que se trata del último pasaje de la segunda etapa del ministerio de Jesús, el cierre. A partir de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén se inicia la tercera etapa del ministerio de Jesús que se llama “ministerio de Jesús en Jerusalén” o “Juicio de Jerusalén”.

El título que dio el ciego Bartimeo a Jesús fue “hijo de David” ¿Qué quiso decir con ello? David fue el primer rey sobre las doce tribus de Israel. De hecho solamente él y su hijo Salomón reinaron sobre las doce tribus. David vivió entre los siglos décimo y noveno antes de Cristo y su gobierno duró cuarenta años. Por sus características se convirtió en el prototipo de rey para el pueblo hebreo. En los libros de los reyes, que nos narran la historia de los dos reinos sucesores del de David, siempre se compara la historia de cada rey del Sur con David y así se califica su gestión. Si fue positiva dice: “hizo lo que su padre David”, esta calificación solamente se aplicó a dos reyes: Ezequías y Josías. Si su gestión había sido negativa dicen los textos: “no hizo lo que su padre David”. En general la valoración de los reyes tiene que ver con la manera en que condujeron al pueblo en el ámbito religioso, por tanto al hecho de haber desterrado de Jerusalén los ídolos y haber sido fiel al Templo de Jerusalén.

Vemos en estas valoraciones que el título “hijo de David” está relacionado con los reyes. Y en efecto, Dios prometió al rey David que le edificaría una casa, es decir una descendencia dinástica de reyes que gobernaron el reino del Sur, cuya capital era Jerusalén. Según nos lo dicen las genealogías de Jesús, él era de la casa de David, es decir descendiente de David. El hecho de que Bartimeo lo llamara “hijo de David” puede querer decir su reconocimiento al aspirante a ocupar el trono de David. Este título concuerda fuertemente con el contexto geográfico donde se da el milagro, a saber, Jericó, una ciudad junto al río Jordán justo desde dónde se iniciaba el ascenso hacia Jerusalén.

Si Jesús hubiera rechazado el título habría corregido al ciego, en efecto, no lo hizo. Pero tampoco Jesús reclamó un trono a nivel político. Es cierto que el pasaje inmediato posterior a la curación de Bartimeo es la entrada de Jesús a Jerusalén. En este relato se aclama: “Bendito el Reino que viene, el de nuestro padre David”. Esto manifiesta las expectativas del pueblo, pero de ningún modo la forma en que Jesús actuó.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3727Domingo 28 de Octubre de 2012 12:30 hrs
Cultura BíblicaEste domingo se interrumpe el ciclo de evangelios provenientes de San Marcos para reflexionar, orar y comprometernos con las misiones. Por ello, hoy profundizaremos en la importancia de los envíos que hizo Jesús antes y después de su resurrección, así como en el hecho de acompañar la predicación de signos de fe.

El Señor Jesús manifestó a lo largo de su ministerio ser un gran pedagogo. Se entiende por pedagogo a una persona que paso a paso va llevando a otros a alcanzar un conocimiento o a adquirir ciertos hábitos. En primer lugar hizo que sus discípulos presenciaran la predicación y la realización de obras poderosas, como sanar enfermos, liberar endemoniados, perdonar pecadores. Después de un tiempo en que los discípulos, junto con las muchedumbres, presenciaron esta predicación y estos signos, Jesús les dio autoridad y los envió a hacer lo mismo, a saber, ir por los pueblos anunciando la llegada del Reino de Dios e imponiendo las manos a los enfermos y endemoniados para curarlos. En torno al primer envío es donde encontramos mayor preparación. Por ejemplo, en el evangelio de San Mateo (cap. 10) encontramos todo un discurso dedicado a dar indicaciones a los apóstoles sobre lo que tenían que decir y hacer. Las recomendaciones más conocidas son aquellas de no llevar dos pares de sandalias, no túnicas dobles o dinero en el cinto, etc… pero es constante también y muy importante el motivo por el que los envía. Nunca fue parte de la mentalidad de Jesús el hacerlo todo Él solo. En efecto, les dijo en la Última Cena a los discípulos: “ustedes harán las mismas obras que yo y las harán aun mayores”, “la gloria de mi Padre es que ustedes den mucho fruto y éste permanezca”. El envío que escuchamos hoy en el evangelio es el último envío que hizo Jesús, después de su resurrección. Es un envío a realizar actividades semejantes a las del primer envío, pero en esta ocasión la predicación conduce a la conversión moral, a la fe en Cristo como redentor y al Bautismo en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Con el signo sacramental del Bautismo, el Señor Jesús pretende ir incorporando a muchas otras personas a la comunidad inicial de sus seguidores, es decir, ir congregando a la Iglesia. Quien se convierte para vivir según las enseñanzas del Señor y acepta el Bautismo, pasa a formar parte del pueblo de Dios y al mismo tiempo, se compromete a vivir como discípulo del resucitado y, por este mismo motivo, a ser enviado para predicar y testimoniar con signos, la salvación que Dios nos otorgó por medio de Jesucristo. Es importante acompañar nuestras palabras con signos de poder que provienen de nuestra fe. La fe es la virtud que nos hace actuar las obras de Dios en el presente, una fe solamente entendida como adhesión intelectual a unos dogmas no refleja la verdadera fe que Jesús nos legó. Es importante que nuestra forma de vivir y de tratar a los demás, sin dejar de lado la oración por otros que les puede traer la sanación y la liberación del poder del maligno, sea eficaz y se vuelva obras ¿Se pueden realizar milagros también en el presente? Sin duda que sí, pero la fe no nos fue dada sólo para eso sino, sobre todo, para que cada vez más personas sean redimidas por Jesús.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3702Domingo 21 de Octubre de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEl presente artículo profundizará el tema de la radicalidad en el seguimiento de Jesús, así como en la recompensa que Jesús promete a Pedro y a  sus seguidores.

Recordamos en primer lugar, que la sección del Evangelio que estamos leyendo durante estos domingos corresponde al camino de Jesús hacia Jerusalén. Es un tiempo de instrucción y confrontación de los criterios que los discípulos tenían antes de haber iniciado el seguimiento de Jesús. Esta etapa es la más abundante en confrontaciones entre Jesús y sus discípulos o la gente que lo rodeaba. En el caso de hoy, el desencuentro se da con una persona que era rica. Jesús contesta al saludo de aquel hombre ubicándolo: ‘¿Por qué me llamas bueno? sólo Dios es bueno’. Con esta aclaración Jesús hace notar que aquella persona soltaba con demasiada facilidad epítetos, aunque fuera para granjearse la benevolencia de Jesús. A partir de este punto veremos que en general las respuestas del hombre serán superficiales, mientras que la aproximación de Jesús lo lleva hasta la profundidad. En un segundo momento, Jesús cita seis mandamientos que tienen que ver con el bien del prójimo. Jesús parece olvidar los tres primeros que están dirigidos principalmente a Dios. Aquel hombre, con superficialidad, contesta que todo aquello lo cumple desde su juventud. ¡Cómo me hacen recordar a muchos penitentes que al acercarse a confesar dicen que no matan, no roban, no dicen mentirotas. Por lo tanto no tienen pecados! Jesús entonces, sin que lo parezca, pondrá la prueba de fuego, pero aderezada con un toque de cariño para con el interlocutor. Sin mencionar directamente el primer mandamiento, lo invita a renunciar a sus posesiones materiales para tener un tesoro en el cielo. Esto no puede cumplirse si no se ama a Dios sobre los propios bienes materiales, no se puede cumplir si no hay un verdadero aprecio por el Señor Jesucristo. Entonces surge a la vista la dolorosa verdad. En lo profundo, aquel hombre amaba más sus posesiones que el Reino de Dios, en realidad no quería saber hasta las últimas consecuencias lo que había que hacer para entrar en el cielo. Para alguien que ha orientado su vida en la acumulación o administración de muchas riquezas, las palabras de Jesús no tienen lógica ¿Para qué renunciar a la seguridad de los bienes materiales? Para muchas personas satisfechas con sus logros profesionales, con sus riquezas materiales, con su estatus social, la perspectiva de un cambio voluntario de circunstancias les parece absurdo. Jesús por ello explica a los suyos, que ya habían dejado los bienes familiares y profesionales, que la pérdida implicaría ganancias superabundantes. Esta superabundancia no es una realidad irresponsable, pues el Señor avisa que también habrá persecuciones. El punto más importante, sin embargo, radica en heredar la vida eterna, que por otra parte, era la pregunta inicial del hombre que se acercó a Jesús.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3680Domingo 14 de Octubre de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn el presente número de Cultura bíblica reflexionaremos sobre el modo en que el pueblo hebreo desarrolló la comunicación de su sabiduría y cómo, tanto el relato como las enseñanzas del Señor Jesús, reflejan el estilo sapiencial de su pueblo.

 

Todo pueblo ha acumulado y aprovechado la experiencia de los ancestros, y para lograrlo ha desarrollado medios para conservarlas. Los medios ocupados pueden ser los discursos o relatos didácticos o sapienciales por medio de los cuales se expresa –primero oralmente y después de forma escrita– cómo los antepasados han resuelto la vida. Otros medios son las festividades y los ritos ligados a éstas, por medio de los cuales se representan las experiencias exitosas del pueblo. También existen los monumentos o memoriales que evocan distintos eventos en la vida de una nación. En el Evangelio de hoy encontramos un diálogo y dos discursos breves. En el breve diálogo se aborda el tema de la pertenencia al grupo de Jesús. Los discípulos manifiestan estrechez de criterio al prohibirle a una persona expulsar demonios en nombre de Jesús por el simple hecho de que no andaba con ellos. Jesús rechaza esta estrechez y anuncia la apertura en virtud del bien realizado y de los supuestos de pertenencia que van más allá de la uniformidad. Las consecuencias de este caso particular, abordado en el diálogo, son amplias porque esta forma de pensar concuerda con otras enseñanzas del Señor, vgr. “no todo el que me diga ‘Señor, Señor’ entrará al Reino de los cielos, sino el que cumpla con la voluntad de mi Padre…” Jesús no pondera tanto los aspectos superficiales o formales del seguimiento, sino la efectividad en obrar bien, que coincide con la voluntad del Padre. El segundo discurso sapiencial de Jesús recurre a la hipérbole (exageración) para reforzar la importancia de lo que enseña. Este recurso es muy utilizado en la poesía, por ejemplo: Una antigua canción de amor decía: “voy a aumentar los mares con mi llanto…” En esta expresión notamos la exageración porque el llanto de alguien aportaría muy poco al nivel del mar. Así mismo, en la literatura sapiencial hebrea era común exagerar, por ejemplo, dijo Jesús: “si alguien es causa de pecado, mejor sería que se amarrara una piedra de molino y se arrojara al mar”. Consta en hallazgos arqueológicos de Cafarnaum, del siglo primero de nuestra era, que las piedras de los molinos podían pesar hasta 300 kg, por lo tanto, sería imposible que alguien se colgara al cuello semejante roca. Si Jesús, en el texto de hoy habla de cortarse un miembro del cuerpo para evitar el pecado debe entenderse la hipérbole, es decir, no pensar en una acción física, sino en evitar, a toda costa, el uso de ese miembro del cuerpo para hacer el mal.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3651Sun, 30 Sep 2012 00:00:00 GMT
Cultura BíblicaPara comprender mejor el texto de este domingo, nos detendremos a considerar el cambio de estrategia de Jesús cuando inició su subida a Jerusalén y la manera en que los discípulos fueron reaccionando.

La primera parte del ministerio de Jesús se desarrolló en la región de Galilea. El modo ordinario en que procedió fue visitar a las comunidades, en particular las sinagogas los días sábado, y en ellas predicar la buena noticia de la cercanía del Reino de Dios. El Señor apoyó esta predicación con obras poderosas, como curaciones de enfermos, liberaciones de endemoniados, etc. Una vez que se hizo famoso, y principalmente después de haber aclarado con los discípulos qué Él era el Mesías, entramos en una segunda etapa del ministerio de Jesús que es conocida como la subida a Jerusalén. Esta segunda etapa está caracterizada porque Jesús pondrá más énfasis en dialogar con los discípulos. No deja de haber milagros y enseñanzas para todo el pueblo; sin embargo, son muchas más las ocasiones en que vemos a Jesús confrontando a sus más cercanos seguidores. Sobre todo, el Evangelio de san Marcos pone el acento en que cada vez que Jesús anunció su Pasión, los discípulos reaccionaron de forma equivocada. La reacción al primer anuncio, a leímos hace una semana, fue ésta: “Pedro tomó aparte a Jesús y le decía: ‘no te suceda eso mi Señor…’”. Hoy leemos el segundo anuncio y la respuesta errónea consiste en discutir sobre quién era el más importante de entre ellos. La tercera ocasión será propuesta en venideros domingos y consistirá en que la madre de Santiago y Juan le pedirá a Jesús que ellos se sienten a su derecha e izquierda en su Reino. A cada respuesta errónea Jesús propone una doctrina correcta que muestra el verdadero valor de su mesianismo, es decir, pondrá el énfasis de su obra en que las personas se transformen desde lo profundo de su ser, renunciando a los criterios pragmáticos que comparten con muchos otros hombres, pero que en realidad no les llevarán al Reino de  los Cielos. Esta transformación en primer lugar ubica al individuo con respecto a Dios: no es uno el que salva la propia vida, sino Dios quien nos salva; ubica al individuo con respecto a los demás: no es el mayor el más fuerte, el más rico o más sabio, sino el más pequeño, el que más sirve, el que se hace como un niño; ubica al individuo con respecto a sí mismo: no vivimos en permanente peligro de condenación sino que la voluntad de Dios es que todos los hombres sean redimidos. La propuesta mesiánica de Jesús no parece práctica ni aplicable a corto plazo, por ello Jesús una y otra vez entra en conflicto con los criterios de sus discípulos. Sin embargo, a largo plazo es la clave de la construcción social tanto a nivel individual como a nivel interpersonal. El mal no se erradica matando a los malos, sino con su propia y libre conversión. El mundo de los egoístas en realidad no tiene futuro y se precipita inevitablemente en la catástrofe, porque parte del olvido, de la ruptura y excesiva competitividad con los demás.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3628Domingo 23 de Septiembre de 2012 12:30hrs.
Cultura BíblicaPara este domingo comentaremos la estrategia de Jesús con respecto a su mesianismo, en contraste con las expectativas presentes en el pueblo. También profundizaremos en el sentido de seguimiento de este mesías, contenido en la frase: “quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

El pueblo hebreo, en tiempos de Nuestro Señor Jesucristo, era una nación con grandes expectativas mesiánicas. Algunas de ellas han quedado escritas en los libros proféticos del Antiguo Testamento, principalmente en el libro de Daniel y de Zacarías. También se escribieron muchas narraciones sobre la llegada del mesías en otros libros que no fueron considerados sagrados como: el tercer y cuarto libro de Esdras, el libro de la Guerra, etc. De acuerdo con el grupo religioso que los produjo, las expectativas mesiánicas revisten mayor o menor contenido bélico. Los círculos sacerdotales, sobre todo, hablan de dos mesías: el mesías de David, que estaría encargado de la conquista político militar, y el mesías de Aarón, cuyo cometido sería culminar el proceso del advenimiento del Reino de Dios. Más allá de lo escrito directamente, sabemos que muchos grupos subversivos aprovecharon estas esperanzas para incitar al pueblo, pero la totalidad de levantamientos llevaron a tristes derrotas y muertes inútiles antes y después de que Nuestro Señor muriera en la cruz. La última rebelión mesiánica se llevó a cabo en la primera mitad del siglo segundo después de Cristo, y se conoce como la rebelión de “Bar Cojbá” (El hijo de la estrella). Jesús no permitió en ningún momento que su camino mesiánico fuera confundido con las iniciativas en boga. Por ello prohibió que los discípulos propagaran la noticia de que él era el mesías. 

Pero desde el momento en que fue reconocido por ellos, explicó con toda claridad en lo que consistiría éste y la manera de adherirse a él. El camino del mesías sufriente sí estaba profetizado en el libro del profeta Isaías, pero no formaba parte de las teorías de moda. Dentro del primer anuncio con que Jesús explicó cómo sería su mesianismo se podían comprender la traición, el suplicio de la cruz y la muerte, pero resultaba algo muy difícil de comprender el anuncio de la resurrección al tercer día. Muchos judíos en tiempos del Señor, creían en la resurrección de los muertos al final de los tiempos. Nadie podía contar una experiencia de ver resucitar a nadie al tercer día después de haber muerto. La manera en que Pedro quiso corregir a Jesús revela hasta qué punto Jesús estaba convencido de cómo sería su camino mesiánico, pues le dijo a Pedro qué pensaba como Satanás y no como Dios. A pesar de la dura reprimenda lo que pretendía Jesús no era expulsar a Pedro de su grupo, sino sólo ubicarlo como discípulo suyo y no como su oponente o el corrector de sus criterios. El seguimiento del mesías sufriente debe asumir los mismos criterios de éste, a saber, cargar con la cruz. Parafraseando a San Ignacio de Loyola, podemos decir: “padecer con Cristo para vencer y reinar con Cristo”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3586Domingo 16 de Septiembre de 2012 12:30hrs.
Cultura BíblicaEn el relato del milagro que se nos ofrece hoy, Jesús realiza varios signos extraños, los cuales trataremos de explicar. También reflexionaremos sobre el rol simbólico de este milagro dentro del plan del Evangelio de san Marcos.

El sentido del oído está íntimamente relacionado con la facultad de hablar, de tal manera que es común el término sordomudo y no tanto los términos sordo o mudo. Sabemos que, una vez que han desarrollado técnicas de aprendizaje, algunos sordos son capaces de llegar a hablar. En tiempos de Jesús, toda enfermedad era interpretada también bajo perspectivas espirituales; a saber, la enfermedad era vista como proceso de muerte o como intervención del maligno en la vida de una persona. Tenemos, a lo largo de los Evangelios, varios encuentros de Jesús con sordomudos. En uno de estos encuentros se atribuye la sordomudez a un espíritu inmundo que poseía a un joven. Cuando Jesús expulsó al demonio sordomudo, el joven sanó y pudo oír y hablar. El caso del sordomudo que nos ocupa este domingo no parece tener relación con una posesión diabólica. Para realizar la sanación, el Señor Jesús ocupa más bien dos signos relacionados con la creación; a saber, meter sus dedos en los oídos y poner saliva en la lengua al tiempo que decía “ábrete”. Otro caso muy parecido a éste, pero con el sentido de la vista, nos lo relata el Evangelio de san Juan, donde dice que Jesús hizo un poco de lodo con su saliva y lo aplicó en los ojos del ciego de nacimiento, después le dijo: “vete a lavar a la piscina de Siloe” (piscina del enviado). En ambos pasajes podemos interpretar que la limitación humana es asistida por la intervención de Jesús. Se trata de una intervención poderosa que habilita dos sentidos de conocimiento esenciales para el ser humano. Al observar el contexto de acontecimientos del Evangelio de San Marcos, podemos constatar que a lo largo del ministerio de Jesús, ante sus prodigios, la gente era incapaz de comprender quién era Jesús ni tampoco podía comprender el significado de todo lo que estaba sucediendo. En efecto, aunque Jesús expulsara demonios y estos “dijeran” que Él era el Hijo de Dios, la identidad de Jesús siempre permanecía desconocida o incomprendida porque no era ni el hombre por su propia fuerza, ni los demonios quienes revelarían su identidad. Este pasaje se puede tomar como una preparación que, junto con la curación de un ciego más adelante en este mismo Evangelio, nos muestra cómo Jesús mismo habilita al ser humano para entenderlo y conocerlo realmente. Por este motivo Jesús prefería que no proclamaran los beneficios recibidos, porque estando la revelación en proceso, la propaganda al contrario de ayudar, entorpecía el proceso.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3558Domingo 09 de Septiembre de 2012 12:30hrs
Cultura BíblicaEn esta entrega de Cultura Bíblica, profundizaremos sobre el sentido de los lenguajes simbólicos y su importancia en el campo religioso para poder entender mejor lo que Jesús critica de las costumbres farisaicas. También haremos una panorámica de la propuesta moral de Jesús.

El texto de este día nos presenta una discusión entre Jesús y las autoridades judías menores como eran los fariseos y algunos doctores de la Ley. Inicia con un reclamo de éstos al Señor porque sus discípulos no se lavaban las manos antes de comer. El evangelista nos aclara que las prescripciones observadas por los fariseos sobre las abluciones eran abundantes. En primer lugar es importante comprender que los humanos hemos desarrollado un lenguaje de símbolos para representar realidades abstractas, espirituales y trascendentes. Las mismas letras son signos que me remiten a una realidad más allá del texto. Así pues, Dios y su pueblo establecieron una Alianza y esta Alianza funciona a base de un sistema simbólico que implicaba el culto (sacrificios de animales y vegetales ofrecidos a Dios, oraciones y cánticos, etc…). Todo aquello que era considerado hasta cierto punto sagrado estaba debidamente codificado como expresión de la relación entre Dios y su pueblo. Hay dos ámbitos de lo cotidiano que merecen especial atención: la comida y la vida (dentro de este campo está la sexualidad). La comida es para la mentalidad hebrea un acto sagrado por ello está tan llena de preceptos simbólicos como las purificaciones por medio del agua. Ahora bien, los signos o acciones simbólicas remiten a una realidad más allá siempre y adquieren su verdadero valor en la medida que son expresión de algo más allá. La crítica de Jesús se enfoca en que la observancia de los ritos (acciones simbólicas) en realidad se había vaciado del sentido profundo que implicaban. El mismo Jesús pone el ejemplo de la declaración de donativo sagrado para aquel dinero con el que se podría ayudar a los padres, impidiendo el cumplimiento del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. El Señor critica, por tanto, que los ritos ya no cumplían la finalidad de expresar la relación de Dios con su pueblo cuyo efecto fundamental era mejorar la vida y llevar a la plenitud a los seres humanos. La manera de observar las tradiciones se había vuelto una carga pesada y desproporcionada para la gente, la cual era evaluada tan solo por su cumplimiento formal. La moral que Jesús predicó no tiene grandes novedades con respecto a la moral contenida en el Antiguo Testamento. Más bien insiste en que los mandamientos responden a un principio rector de la vida humana que fue querido por Dios desde un principio y que hay unidad entre lo exterior y lo interior, entre los hechos y las intenciones del corazón. Jesús con este modo de enfocar la moral dice sin ánimo narcisista: “sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3523Domingo 02 de Septiembre de 2012 12:30hrs
Cultura BíblicaConcluido el discurso de Jesús, pan de vida, el día de hoy observaremos la reacción de algunos discípulos, contrastada con la respuesta de Pedro y los doce. Profundizaremos en las diversas expectativas en el seguimiento de Jesús, que reflejan las diversas concepciones mesiánicas de la época. Compararemos también la confesión de fe de Pedro en los otros evangelios con la que leemos este domingo.

Recordemos que un recurso estilístico usado por san Juan es la ironía. A saber, cuando Jesús habla de realidades simbólicas y trascendentes, sus oyentes interpretan el discurso de forma material y literal. Jesús, en efecto, dijo “mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”, “el que no coma mi sangre y no beba mi sangre no tendrá vida en sí mismo”. La interpretación literal y material de estas frases nos llevan al canibalismo, por eso los falsos discípulos de Jesús, aquellos que lo veían como un líder político y proveedor de bienes materiales, responden: “esta doctrina es inadmisible ¿Quién puede aceptarla?”. La mentalidad de este auditorio representa una doctrina que se había desarrollado ya por varios siglos en el pueblo de Israel, pues muchos de ellos esperaban la venida del mesías y la concebían como una intervención política y militar que acabaría con los extranjeros opresores, con los explotadores y malos judíos e instauraría un reino de justicia y de paz. Todas estas expectativas son razonablemente buenas, pero todas ellas son expectativas inmanentes, es decir que miran a beneficios estrictamente temporales. 

La postura de Jesús, manifestada reiteradamente en el evangelio de Juan, es abrir la mente y el corazón de sus oyentes al Reino de Dios trascendente, eterno. Esto es a lo que llama el Señor: “verdadera vida”, “no morir para siempre”, “agua viva”, “fuente que salta para la vida eterna”. Dentro del contexto del capítulo sexto, Jesús indicó a sus oyentes que la multiplicación de los panes y los pescados del día anterior era una señal, es decir, un símbolo del nuevo pan que Dios daría al mundo. El discurso de Jesús es espiritual, no material o literal y por lo tanto implica una interpretación trascendente ¿Hasta qué punto los doce discípulos habían comprendido las palabras de Jesús? No lo sabemos, pero ellos sí alcanzaron el criterio clave para asumir las palabras de Jesús, cuando Pedro responde: “Maestro ¿A quién iremos? sólo tú tienes palabras de vida eterna”. La clave de interpretación trascendente es clara, las palabras de Jesús tienen como finalidad dar la vida eterna. Esta profesión de fe de Pedro, es análoga a la profesión de fe que encontramos en los evangelios sinópticos (San Mateo, San Marcos y San Lucas), en estos pasajes igualmente Jesús cuestiona a los discípulos preguntándoles: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”. La respuesta de Pedro confiesa que Jesús es el mesías (San Marcos); el mesías de Dios (San Lucas); el mesías, el hijo de Dios vivo (San Mateo). De las tres confesiones la más completa es la de San Mateo y no deja lugar a dudas de que reconocían la identidad divina del maestro. Las palabras de Pedro, en nuestro texto de San Juan, son igualmente contundentes, a saber: creer en Jesús es estar abiertos al don de la vida eterna.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3503Domingo 26 de Agosto de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn este domingo comentaremos las diferentes expectativas entre Jesús y aquellos que lo seguían, y los símbolos que este Evangelio propone para el discurso del pan de vida, a saber que Jesús lo hace en la época de la Pascua, en la sinagoga de Cafarnaum.


Es característico en el Evangelio de Juan la diversidad de perspectivas entre Jesús y aquellos que lo rodean. Por ejemplo, cuando un funcionario real se acercó para pedirle que sanara a su hijo (Jn 4,43-53), Jesús le reprochó que si no veían señales no creían. El hombre no se desanimó ante el reproche y reiteró su petición a Jesús y, en la fe, se puso en camino a su casa, por más de un día, hasta que llegando corroboró que su fe había sido exitosa. El pasaje del funcionario y el inicio de este discurso en Cafarnaum se parecen en el hecho de que Jesús inicia con un reproche que hace evidente la diferencia de perspectivas entre Él y quienes lo rodean; sin embargo, el funcionario, por la fe, entró en la perspectiva de Jesús. 

Las personas que lo buscaban al día siguiente de la multiplicación de los panes, en cambio, no parecen tan dispuestas a dejarse cuestionar por el reproche de Jesús, sus expectativas siguen siendo puramente mundanas, es decir, quedar satisfechos de comida como el día anterior, y hacer der Jesús su rey. En cambio el Señor llevará su discurso, de acuerdo a su perspectiva, a la búsqueda del verdadero pan bajado del cielo. Esta búsqueda implica un esfuerzo de fe en Él. 

Llama la atención además que este Evangelio nos diga que las cosas suceden en el tiempo cercano a la Pascua (fiesta de los judíos), en la ciudad de Cafarnaum y además en la sinagoga. Las festividades pascuales hebreas celebran la liberación de Egipto, sin embargo, su celebración se había centralizado en Jerusalén. De hecho era obligación de todo judío, habitante en Palestina, asistir a esta celebración anualmente, no se podía hacer en otro sitio. 

En esta parte del Evangelio, san Juan nos propone a Jesús como un nuevo Moisés, el cual reúne al pueblo del otro lado del lago (recuerdo de la salida de Egipto), cruza el lago sin mojarse (recuerdo del paso del mar Rojo). Esta nueva situación no niega la importancia de Jerusalén y el templo, pero sí irá más allá a la Galilea de los gentiles. El simbolismo de la ciudad en san Juan es importante, pues se trata del símbolo de la civilización. Jesús se sitúa en el centro de la humanidad, es decir, está en una ciudad y allí explicará en qué consiste su mesianismo. 

La sinagoga también tiene un simbolismo elocuente dentro de este contexto. Las sinagogas surgieron, muy probablemente, en la época del destierro en Babilonia, como centros de ejercicio religioso provisionales mientras era posible reconstruir el Templo de Jerusalén. Jesús asume que su acción se realiza en la esfera religiosa judía, pero particularmente aquella que se encuentra y se sabe en situación provisional, en camino y búsqueda activa del Templo. 
En el Apocalipsis, san Juan dirá que la Nueva Jerusalén no tiene Templo porque su lugar lo ocupa el Cordero, es decir Cristo. Los simbolismos de este discurso del pan de vida no están lejos de los simbolismos del Apocalipsis. Jesús, partiendo de la misma religiosidad hebrea, la llevará aún más lejos en un Nuevo Éxodo, donde su liderazgo es indispensable y central.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3414Sábado 04 de Agosto de 2012 12:30 hrs
Cultura BíblicaEn el presente artículo daremos una ojeada al contexto dentro del cual se realizó la multiplicación de los panes en el Evangelio de san Juan. Explicaremos la ironía que encierran los planteamientos de Jesús y cómo los discípulos reaccionaron frente a ella.

El Evangelio de san Juan, a diferencia de los Evangelios sinópticos (San Mateo, San Marcos y San Lucas), no divide su obra en: ministerio en Galilea, subida a Jerusalén y ministerio en Jerusalén. Este evangelista propone su obra marcándola en tres subidas a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y en cada una de estas unidades Jesús actúa en diversos puntos geográficos, tanto de Galilea como en la misma Jerusalén. El pasaje de la multiplicación de los panes se desarrolla en Galilea, a orillas del lago Tiberiades. El autor nos introduce con una ruptura de tiempo que también supone una distancia geográfica con lo anterior; en efecto, nos dice “un tiempo después…” 

El último discurso del capítulo cinco se realizó en Jerusalén después de que el Señor había curado a un paralítico. La narración de la multiplicación de los panes sirve para introducir un discurso muy profundo sobre la Eucaristía que es el “pan vivo bajado del cielo” y que ocupa la mayor parte del capítulo sexto. 

Ahora nos detenemos en la forma en que Jesús planteó el problema a su discípulo Felipe: “¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos estos?” El evangelista, entonces, nos previene a los lectores de que la pregunta era una prueba. En efecto, Jesús ha planteado la pregunta de una forma errónea porque el acento está puesto en el dinero. El dinero por sí mismo no puede saciar el hambre de nadie. Alguien protestará diciendo que con el dinero se compran los víveres, pero el mismo desarrollo del relato nos demuestra que el planteamiento por el dinero es erróneo. Felipe cayó en la trampa, y contesta declarándose incapaz de resolver el problema. En cambio, Andrés responde correctamente, pero acentúa la desproporción de los recursos frente a las necesidades: “aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero, ¿qué es eso para alimentar a tanta gente?”. 

La ironía en la pregunta de Jesús ha quedado al descubierto: la gente no come dinero sino pan y pescados, o lo que es lo mismo, la solución no viene de los medios monetarios, sino de la providencia de Dios. Hay una segunda ironía más sutil. Los panes de trigo eran para la gente normal, los panes de cebada eran para los más pobres. Sin embargo, la gente se sienta en campos de hierba verde ¿Qué quiere decir esto? Dios llevó a su pueblo por el desierto y le prometió una tierra que mana leche y miel. Con el dato de que la gente se sentó sobre campos verdes, el evangelista nos hace notar que Dios ha cumplido su promesa. Pero la muchedumbre está pobre porque los mismos herederos de la tierra prometida han generado esa desigualdad. Los pobres no lo son por falta de la Providencia, sino por la mala administración de nosotros los hombres.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3378Domingo 29 de Julio de 2012 12:30 hrs
Cultura BíblicaEste domingo reflexionaremos sobre el ministerio de Jesús en Galilea; también trataremos de profundizar sobre el sentido del pastoreo que Jesús ejerció para con su pueblo.

Los evangelios sinópticos, es decir, los de san Mateo, san Marcos y san Lucas, coinciden en dividir el ministerio de Jesús en tres partes: el ministerio en Galilea, la subida a Jerusalén y el ministerio en Jerusalén. 

La primera parte de la vida ministerial de Jesús se realizó en torno al lago de Genesaret, también conocido como Mar de Galilea, o lago Tiberíades, por los romanos. Éste se encuentra al norte de Palestina y sur del monte Hermón. Se trata de una región agrícola generosa y, por lo tanto, bastante habitada. En los tiempos de Jesús abundaban en aquella región las ciudades paganas. Los asentamientos judíos eran más bien pequeños y tal vez una de las ciudades judías más grandes fue Cafarnaum. Jesús vivió un buen tiempo en Cafarnaum, muchos relatos de milagros se dan en ese sitio, desde el punto de vista de la forma en que actuó Jesús en esta etapa: reunió al grupo de los doce apóstoles; realizó la mayoría de milagros de curaciones y exorcismos; visitó periódicamente los pueblos judíos. Es una etapa incipiente de manifestación del Señor, por ello mucha gente no lograba comprender bien a bien, si efectivamente Él era el mesías. Esta etapa de Galilea concluye con la confesión de fe de Pedro, cuando dijo “tú eres el mesías”, y desde allí Jesús inició su camino a Jerusalén que fue la segunda etapa de su ministerio. El texto de hoy nos dice que Jesús se compadeció de la muchedumbre porque andaban como ovejas sin pastor. ¿A qué quiso referirse con esta apreciación? A la luz de lo que hizo el Señor, podemos pensar en varios aspectos que pueden considerarse como actividades propias de su pastoreo. En primer lugar, el mismo texto nos dice que se puso a enseñarles muchas cosas, por lo tanto una primera actividad de Jesús consistió en hablarle a la gente para instruirla. Jesús enseñó principalmente que el Reino de Dios ya estaba cerca, también buscó aclarar cómo es la dinámica del Reino de Dios y la gran necesidad de seguir caminos de conversión moral. 

También el Señor enseñó nuevos criterios de convivencia, a no obsesionarse por las riquezas materiales sino buscar el Reino de Dios y su justicia y dejar de preocuparse por el comer y el vestir. Otro aspecto importante del pastoreo fue las obras de misericordia que realizó, algunas de ellas portentosas, como las sanaciones milagrosas, la multiplicación de los panes, etc… Y, por último, el gran acto de pastoreo que realizó fue dar su propia vida para que nosotros fuéramos redimidos del pecado.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3344Domingo 22 de julio del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEste domingo comentaremos el contexto del primer envío de discípulos que hizo Jesús. También comentaremos sobre la complementariedad del anuncio del Evangelio con la realización de señales y cuáles pueden ser las más necesarias en nuestro tiempo.

El Señor Jesucristo realizó varios envíos en muy diferentes contextos a lo largo de su estancia en este mundo. Al menos podemos reconocer tres discursos distintos de envío. El que leemos el día de hoy es el primer discurso, o discurso para el primer envío. El contexto de este discurso es muy favorable tanto para Jesús como para sus discípulos. En efecto, nos encontramos en el corazón del ministerio de Jesús en Galilea. Este ministerio pudo durar al menos dos años, tiempo en el cual Jesús se ganó una fama muy merecida de maestro y hombre de Dios. Jesús era buscado por mucha gente, más aún, era apreciado por toda clase de personas, desde las más pudientes económicamente, como los publicanos, como también por las autoridades religiosas: Fariseos, doctores de la ley y jefes de las sinagogas, hasta la gente sencilla y pobre, incluso hasta las personas de mala fama le estimaban. Es probable que Nuestro Señor no dedicara los 365 días del año a la predicación, sino que lo hiciera intermitentemente y poco a poco tratara de aprovechar al máximo la incipiente experiencia de sus discípulos. Por ello no resulta extraño que al enviarlos les diga que no es necesario llevar alforjas, dinero ni túnicas extras, pues todos ellos serían bien recibidos por toda clase de personas por el simple hecho de venir de parte de Jesús el profeta nazareno. Los contextos de los otros dos envíos son un poco distintos. El segundo discurso lo dio Jesús en la última cena y en él preparó a los discípulos para la persecución, incluso les preguntó a ellos si en la primera vez que habían sido enviados les había faltado algo y ellos respondieron que no. Así el segundo envío se da en un contexto totalmente opuesto al primero, Jesús será considerado como un facineroso y sus discípulos serán rechazados; por ello, para el segundo envío, los previene para llevar dinero, alforjas y hasta espadas. El tercer envío se da en el contexto de la Resurrección; esta vez el Señor Jesús se presenta como vencedor a quien se le ha dado todo poder y por ello envía de nuevo a los discípulos a predicar confiados en el poder del resucitado y autorizados para hacer toda clase de prodigios en su nombre. La predicación del Evangelio del Reino de Dios se debe realizar con autoridad, una parte de ésta radica en la veracidad del contenido pero también Jesús pidió acompañar la predicación por la oración a favor de los enfermos, el deseo de la paz y la expulsión de los demonios. En el presente, la predicación del Evangelio debe hacerse igualmente con poder, los evangelizadores actuales no podemos sentirnos menos capaces ni menos ungidos por Dios, pero nuestra autoridad radica en un testimonio coherente, en la edificación de una sociedad de acuerdo al Evangelio y, por qué no, en orar por los enfermos y expulsar al maligno de entre nosotros en el nombre del Señor Jesús.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3321Domingo 15 de julio del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn el evangelio de hoy tenemos una frase del Señor Jesús: “Un profeta sólo es despreciado en su tierra, entre sus parientes y entre los suyos”. Haremos un recorrido por algunos profetas del Antiguo Testamento para ver qué tan consistente es esta afirmación. También haremos una comparación de los relatos de visita de Jesús a su tierra natal en los otros evangelios.

En muchas culturas han existido hombres cuyo servicio es poner en contacto a Dios y a los hombres. A estos se les conoce como profetas. En el pueblo de Israel, según nos cuenta el libro del Éxodo, el pueblo le pidió a Moisés que fungiera como portavoz entre Dios y el pueblo en el Monte Sinaí, ya que el pueblo tuvo miedo de los relámpagos y truenos. Así Dios accedió a enviar profetas que recordaran a su pueblo los deberes de la Alianza y lo llamaran a la conversión. El criterio fundamental para distinguir a un verdadero profeta de uno falso no fueron los signos o prodigios que realizaran, ni tampoco si se cumplieran algunas predicciones que hicieran. El criterio siempre fue la rectitud en la doctrina, a saber, llamar al pueblo a ser fiel a Dios y a la Alianza. A lo largo de la historia es cierto que la mayoría de los verdaderos profetas fueron rechazados, cuestionados o perseguidos por las autoridades o por el pueblo mismo. Por ejemplo, Amós fue reprendido por el sacerdote de Betel porque sus oráculos incomodaban al rey; Elías constantemente fue perseguido y maltratado por el rey Ajáz y Jezabel su mujer. En general los profetas no eran enviados por Dios a profetizar a sus propios paisanos. Una excepción fueron Isaías y Jeremías, los cuales muy probablemente eran originarios de Jerusalén y predicaron allí mismo. A Isaías no le fue tan mal, pero Jeremías sufrió mucho a manos de sus paisanos. Jesús se comportó como profeta pues se hizo pregonero de la Buena Noticia de la cercanía del Reino de Dios, acompañó su predicación con signos que beneficiaron a todos los que creían en él. De acuerdo con los tres evangelios sinópticos, Jesús visitó una ocasión Nazareth dentro del tiempo de su ministerio. Los tres evangelistas concuerdan en el hecho de que no le fue bien. San Lucas propone que Jesús inició su predicación precisamente en Nazareth, allí leyó un trozo del libro del profeta Isaías donde se anunciaba la unción del Espíritu y la misión de sanar y predicar. Los nazarenos se rehusaron a creerle porque todo mundo lo tenía por un joven obrero, no un letrado o maestro. San Marcos y San Mateo lo presentan como un episodio dentro del ministerio en Galilea y concuerdan en la suerte tenida por el Señor. En todos los casos los evangelistas concuerdan en que no fue recibido con fe. Si, por un lado, consideramos afortunados a aquellos que convivieron con el Señor. Es cierto, también que el conocer demasiado sobre él dificultó a sus contemporáneos creer que, en aquel carpintero, estaba presente el Hijo de Dios.


]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3290Domingo 7 de Julio de 2012
Cultura BíblicaComentaremos en esta ocasión las dos aproximaciones de fe a Jesús, las cuales son igualmente efectivas. También trataremos la relación entre sanación y paternidad creadora de Dios.

Nuestro Señor Jesucristo, según nos dicen los evangelios, hablaba con autoridad y además acompañaba sus palabras con obras poderosas. En el relato que leemos el día de hoy se nos narran dos milagros realizados en Cafarnaum, los cuales están íntimamente relacionados por el autor sagrado con el tema de la fe. La fe es un ingrediente indispensable y previo a la realización del milagro. 

En el relato de la anciana curada, el evangelista nos dice que ella tenía la certeza de que si tocaba a Jesús quedaría sanada, y así sucedió. Sin embargo, Jesús no dejó que aquello quedara sólo en acontecimiento sino que buscó con la vista a la persona que lo había tocado y hasta encontrarla le dijo: “hija, tu fe te ha salvado…”. Entre la convicción de la anciana y el milagro no mediaron palabras, pero éstas eran necesarias porque Jesús no deja espacio para interpretaciones mágicas. Como si la mujer hubiera arrancado un favor a la divinidad. No, Jesús es el portador de la salvación, ésta se manifiesta en el don de la salud, por ello Jesús reconoce que es la fe de la mujer la que ha puesto la condición indispensable para su sanación. Pero es muy interesante que no solamente la fe personal, sino la fe de otra persona muy ligada al enfermo, también tenga los mismos efectos. Este es el caso de Jairo, el jefe de la sinagoga. Quien estaba enfermo no era él sino su hija. Jesús, ante el anuncio de que la chica había muerto, pide a Jairo que él crea, reclama por tanto la fe del papá, no la fe de la hija que sería la beneficiada. 

Este hecho nos abre una perspectiva misionera muy clara. Vivimos en una cultura fuertemente secularizada y, por tanto, donde la fe es poco reconocida y practicada. El ideal sería que toda persona cultivase su fe de tal forma que alcanzara, de parte de Dios, los favores pedidos, pero también es posible que los creyentes nos convirtamos en portadores de beneficios a favor de los no creyentes, que en muchos casos ya se encuentran en situaciones que los incapacitan para pedir por ellos mismos. El servicio de intercesión creyente es más urgente que nunca. 

Para concluir es importante reconocer el uso del término “hija” a lo largo de ambos relatos. Jairo le pide a Jesús por su “hija”, Jesús se dirige a la anciana como “hija”. Sin duda el sentido más evidente de la palabra en labios de Jesús denota cariño, sin embargo, también podemos pensar en una aproximación paterna de parte de Jesús. 

La paternidad tiene como nota fundamental el don de la vida, la mujer perdía sangre, símbolo de la pérdida de vida, Jesús le regresó la vida al detener aquel flujo. El Señor Jesús es imagen de Dios Nuestro Padre, por eso a los enfermos les retorna a la vida. Este signo es más elocuente aún al levantar a la pequeña del lecho, pero es aquí el padre terrenal, quien por su fe, hace presente la acción de Dios Padre creador.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3264Domingo 1 de julio del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaResulta un poco extraño que la secuencia de los domingos de tiempo ordinario sea interrumpida por alguna fiesta. Pero este es el caso de este domingo 24 de junio en que celebramos la Natividad de San Juan Bautista. En el presente artículo comentaremos sobre los pormenores de la familia de Juan y las circunstancias de su misión, así como los motivos para ubicar la fiesta el 24 de junio.

San Juan Bautista, como nos lo narra san Lucas, fue hijo de Zacarías e Isabel. Zacarías era sacerdote del grupo de Abbías, el octavo grupo de los veinticuatro grupos sacerdotales que existían (cfr. 1Cro 24,7-19). El evangelista además nos dice que Isabel  también era de familia sacerdotal.
 
La importancia de este niño radica, en primer lugar, en su misión. Al inicio del evangelio de san Lucas se nos narra la aparición del Arcángel Gabriel a Zacarías para anunciarle el nacimiento de un hijo en su vejez, cuya misión sería ir delante del Mesías, es decir, como aquel que habría de preparar los corazones para la llegada del redentor. 

Zacarías mismo, en su cántico, después de la circuncisión, corrobora la misión con la que Dios había destinado a su hijo: “a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo porque irás delante del Señor a preparar sus caminos” (Lc 1,76). 

Todos los evangelios nos narran el ministerio de Juan Bautista y el cumplimiento de su misión: llamar al pueblo a la conversión a las orillas del Jordán, hasta que murió, por mandato de Herodes, siendo testigo de la verdad. 

Una segunda razón de importancia de san Juan Bautista radica en su parentesco con Jesús. En efecto, san Lucas dice que Isabel y María, la madre de Jesús, eran parientes. La dificultad se plantea en el hecho de que una era de la estirpe de Aarón y la otra era de la estirpe de David. San Hipólito explica que Matán, abuelo de la virgen María, tuvo tres hijas: María, Soba y Ana. María, la mayor, se casó con un hombre de Belén y fue la mamá de Salomé (probablemente madre de Juan y Santiago); Soba se casó también en Belén con un “Hijo de Leví” de quien nació Isabel (madre de Juan Bautista); Ana se casó con Joaquín (que habitaba en Galilea) de quien nació la Virgen María. Así explica San Hipólito (no conocemos sus fuentes) el parentesco entre la Virgen María, Salomé e Isabel. 

Para concluir, nos preguntamos ¿Por qué celebramos hoy 24 de junio la festividad del natalicio de Juan Bautista? Esta fecha está en relación directa con la fecha de nacimiento del Señor Jesús. Según nos cuenta san Lucas, al sexto mes de haber sido concebido Juan, fue enviado el Ángel Gabriel a la Virgen María para anunciarle la encarnación de su hijo Jesús. Así pues, si el 25 de marzo celebramos la encarnación del Hijo de Dios, resulta lógico que tres meses después se completara el ciclo de gestación de Juan.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3237Lunes 25 de junio del 2012 17:00 hrs.
Cultura BíblicaEste domingo comentaremos el recurso pedagógico de las parábolas para ilustrar el Reino de Dios y analizaremos las dos parábolas que nos presenta el texto. 

El arte de la literatura en épocas de nuestro Señor Jesucristo ya estaba muy desarrollado tanto dentro de la cultura griega como dentro de la cultura Hebrea. El Antiguo Testamento ya había sido escrito en su mayor parte con varios siglos de anterioridad e incluso traducido del Hebreo al Griego. En el siglo inmediatamente precedente a Nuestro Señor ya se habían desarrollado recursos pedagógicos, entre los hebreos, para hacer accesibles las enseñanzas del Pentateuco a la gente sencilla. Muchos de estos recursos pedagógicos fueron relatos que ejemplificaban la aplicación de una determinada norma o también relatos que explicaban por qué algún patriarca había procedido aparentemente en forma incorrecta, pero en profundidad correctamente. Nuestro Señor Jesús parece haber conocido estos recursos porque el lenguaje concreto es más accesible que el lenguaje abstracto; sin embargo, el uso de parábolas (comparaciones) también tiene un riesgo de mala interpretación de las imágenes usadas. Por eso, en tiempo de los profetas ya Dios había dicho: “háblales en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan, no sea que se conviertan y tengan vida”. Este texto es irónico no pretende la perdición del pueblo sino hacer evidente la dureza del entendimiento a la cual debían renunciar para poder salvarse. Así pues, el uso de parábolas de parte del Señor Jesús no era provocar la desorientación de sus oyentes, sino provocar un esfuerzo para la correcta interpretación de las comparaciones y así el provecho espiritual. En la primera de las parábolas de hoy (Mc 4,26-29) Jesús habla de la siembra de una planta, como un acto humano pero del crecimiento y la fructificación como actos divinos. Así el Reino de Dios implica la aceptación de la persona, nunca actúa en contra de la propia voluntad, pero el verdadero poder del Reino no es humano sino que proviene de Dios. La segunda parábola (Mc 4, 30-32), en cambio, habla de la desproporción entre el inicio y el término del proceso del Reino de Dios. El inicio es totalmente pequeño, como el del grano de mostaza, nadie pensaría que de una semilla así pudiera salir un árbol, sin embargo, pasado todo el proceso hasta los pájaros pueden anidar en él. Así el Reino de los cielos, al inicio puede parecer algo sin trascendencia o importancia, pero en la medida que se deja crecer en la vida de las personas, se vuelve apoyo y fuente de vida.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3204Domingo 17 de junio del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn el artículo del día de hoy comentaremos el pensamiento hebreo sobre la genética y la terminología de los parentescos. También reflexionaremos sobre la manera en que Jesús propone el parentesco espiritual.

Un tema que ha sido causa de muchos debates y discusiones entre los cristianos, es saber si Jesús tuvo hermanos o no. Una tradición muy antigua, conservada en las iglesias ortodoxas griegas, afirma que San José era un hombre viudo y con hijos, y por ese motivo se podría pensar que los evangelios mencionen a los hermanos de Jesús, que en realidad eran medios hermanos. Pero aquí vale la pena dar una ojeada a la forma en que los hebreos de tiempos del Señor concebían el origen de la vida humana. Según aparece en el Antiguo Testamento, la palabra hermano sirve para designar una familiaridad consanguínea directa, por ejemplo Abraham dice a su sobrino Lot “somos hermanos”; en Levítico (10,4) Moisés llama hermanos a los parientes de todo un clan y extiende el término a todos los israelitas; el mismo fenómeno vemos en las listas genealógicas del libro de Crónicas (1Cro 15,5-10; 23,21-22). El concepto “hermano” nos parece a nosotros inexacto o usado constantemente de forma ambigua. Para los hebreos no era así porque ellos pensaban que la semilla de una nueva vida era sembrada por el hombre en la mujer, por tanto desde el punto de vista genético, el hijo nacido tiene su origen en el varón no en la mujer que vendría a tomar el papel de la tierra que hace germinar la semilla. Esta concepción estuvo muy difundida por todo el mundo antiguo y nos lleva a comprender que si un padre tiene dos hijos y estos a su vez tienen hijos, los nietos genéticamente son iguales a sus padres y en definitiva al abuelo. De este modo todos los descendientes de Abraham son entre sí hermanos en sentido más propio del que pensamos actualmente. Una de las pruebas más importantes a cerca del hecho, de que la Virgen María no tenía más hijos, es cuando Jesús en la cruz encargó a su mamá con Juan el discípulo amado. Desde el punto de vista de las costumbres judías la viuda debe ser protegida por el pariente más cercano a ella. Jesús mismo de hecho fue el protector de su madre a la muerte de San José. Pero al morir Jesús ¿Quién debía encargarse de ella? La respuesta obvia sería: algún otro hijo que ya fuera mayor de edad, pero no fue así. El evangelista nos dice que a partir de la entrega de María a Juan, éste la llevó a vivir con él, por tanto se hizo en todo cargo de ella. Durante los primeros años de la comunidad cristiana se menciona a Santiago, el hermano del Señor, pero se sabe (por medio de Hegesipo, autor de la época patrística) que éste era hijo de Cleofás, emparentado con José  y por tanto primo hermano de Jesús. Pero lo más sobresaliente en el asunto de los parentescos está en la manera en que el Señor propone la nueva fraternidad o maternidad. El Señor afirma, con toda claridad, que la verdadera familiaridad con Él no radica en ser consanguíneo suyo, sino en la manera en que uno cumple la voluntad de Dios. 
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3166Domingo 10 de junio del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn este número dedicado a la festividad de la Santísima Trinidad ofreceremos una reflexión sobre el proceso de formulación de la unicidad de Dios en tres personas. 

Año con año, al concluir el Tiempo Pascual, durante varios domingos consideramos algunos misterios que están relacionados con nuestra fe. Este es el caso de la fiesta de este domingo. Se ha discutido mucho entre distintas tradiciones cristianas si Jesús reveló la Santísima Trinidad o no, es decir, si Jesús nos dijo que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas. A lo largo del Nuevo Testamento hay muchos textos que mencionan a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo de una u otra forma, como nuestro texto: “bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. También San Pablo suele saludar a sus comunidades con frases trinitarias: “la gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, sea con ustedes” (2Co 13,14). Todos los evangelios concuerdan en el dato de que Jesús fue condenado por el Sanedrín por decir que él era el Hijo de Dios. San Juan es el que más explica los alcances de esta afirmación por las constantes discusiones a partir del capítulo noveno donde acusan a Jesús de hacerse igual a Dios. La identificación de Jesús con el Padre no pretende duplicar la noción de Dios, es decir, Jesús nunca pretendió que fuéramos politeístas porque afirmó: “el Padre y yo somos Uno”. Lo difícil es explicar cómo, siendo distintos el Padre, el Hijo y el Espíritu son un solo Dios. El Nuevo Testamento ni siquiera se planteó la dificultad y por ello no ofrece explicación alguna. Más bien da por hecho que lo expresado por Jesús debía ser creído y practicado por la comunidad para obtener la salvación. Este es verdaderamente el enfoque de la primitiva comunidad cristiana, manifestar que la salvación ofrecida por Jesucristo Nuestro Señor se alcanza por el Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El planteamiento del problema se agudizó en los siguientes dos siglos de la historia de la Iglesia donde surgieron muchas posibles explicaciones desde aquellas que afirmaban que la diferencia entre el Padre y el Hijo era sólo aparente hasta aquellos que afirmaron que Jesús era la primera creatura de Dios. La maduración del conocimiento humano es progresivo y limitado. El misterio de Dios es ilimitado por la misma infinitud de Dios, de tal manera que una vez alcanzada cierta madurez, la comunidad cristiana se atrevió a plantear una formula. Creemos en un solo Dios en tres personas, uno por la única naturaleza divina, pero según reveló Jesucristo, en tres personas. Así se acuñó el título de Santísima Trinidad que es un concepto unitario a la vez que expresa triple personalidad, a saber, la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3149Domingo 03 de junio del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEn este artículo hablaremos sobre los distintos momentos en que se nos narran las efusiones del Espíritu Santo, tanto en los evangelios como en los Hechos de los Apóstoles. También hablaremos sobre los efectos que Éste genera en los individuos y la comunidad.

Jesús, según el evangelio de san Juan, prometió reiteradas veces que el Padre enviaría al Espíritu Santo como defensor (en griego paráclito) para que ayudara a los discípulos a recordar y a comprender todo lo que Él les había dicho. También, según san Pablo, para fortalecerlos y articular a toda la comunidad. 

En el texto que leemos hoy, Jesús sopla sobre los discípulos y con ello les concede el don del Espíritu Santo, y de inmediato les aclara que el efecto es la potestad de perdonar los pecados. 

Surge en este punto la pregunta: ¿Si Jesús les dio el Espíritu tan pronto como resucitó por qué hubo otra efusión en Pentecostés? El don del Espíritu Santo no es un acontecimiento único. De hecho, los evangelios atestiguan que Jesús fue ungido con el Espíritu en el momento en que fue bautizado; María lo recibió al concebir al Hijo de Dios. En Pentecostés vino el Espíritu Santo sobre todos los reunidos y los fortaleció para que salieran a predicar con valentía en el nombre del Señor. 

Más allá del día de Pentecostés, Dios envió por varias ocasiones efusiones de Espíritu Santo sobre la comunidad misma de Jerusalén (cfr. Hch 4,31), o sobre Cornelio, un romano que no había sido ni siquiera bautizado, o sobre los discípulos de Juan que fueron bautizados en el nombre de Jesús en Éfeso. 

San Pablo aclaró a los Corintios que los dones del Espíritu Santo son para edificar a la comunidad, no se trata de poderes mágicos que se compran o se venden, como se los pidió Simón el mago a Pedro y Juan. Creemos que el Espíritu vive en nosotros, nos hace hijos de Dios y genera, en primer lugar, las tres virtudes teologales: fe, esperanza y amor. También se habla de siete dones: sabiduría, fortaleza, ciencia, entendimiento, consejo, piedad y temor de Dios. Pero en resumen, debemos reconocer que toda obra de Dios que se realiza en la comunidad y en los individuos es realizada por medio de su Espíritu.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3119Domingo 27 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaEl Domingo de la Ascensión del Señor marca la etapa final del tiempo de Pascua. En este número comentaremos las diferentes perspectivas entre resurrección y glorificación que nos presenta el Nuevo Testamento. También comentaremos le relación entre resurrección y envío a evangelizar a todas las creaturas.

La fiesta de la Ascensión del Señor se ubica a los cuarenta días de la Resurrección. Así se nos comunica en el inicio del libro de los Hechos de los Apóstoles (1,3), que pasados cuarenta días de haber resucitado Jesús ascendió a los cielos. Para los discípulos del Señor, fue una gran sorpresa el convivir con Jesús resucitado, quien se manifestaba cuándo quería, cómo quería y a quienes quería. Por tanto, fue evidente para todos ellos que ya no estaba en la misma circunstancia que antes de morir. Esto llevó a la comunidad cristiana a preguntarse cómo era la existencia de Jesús resucitado. De acuerdo a lo que nos dicen los Hechos de los Apóstoles, Jesús tuvo una etapa de cuarenta días entre su resurrección y su glorificación definitiva, digamos un entre tiempo, un im passe, antes de asumir definitivamente la gloria merecida a la derecha del Padre. Pero, ¿dónde estaba Jesús mientras duraron estos cuarenta días? No lo sabemos. Salvando este problema, el evangelio de San Mateo nos propone que Jesús, desde el momento de resucitar, fue exaltado plenamente, por tanto no tuvo que esperar cuarenta días para ser glorificado, esto se reconoce en la frase: “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18). Concuerda con esta postura el pensamiento del himno de San Pablo en la carta a los Filipenses donde dice, después de mencionar la muerte de Jesús en la cruz: “por este motivo Dios lo exaltó hasta lo más alto”, al parecer para el apóstol de los gentiles el hecho de la resurrección coincide con el de la exaltación. Una postura intermedia la representa San Juan quien nos dice, cuando Jesús se apareció a María Magdalena en el huerto: “suéltame porque todavía no he vuelto al Padre” (Jn 20,17). El misterio sigue presente ¿Cómo será la existencia de resucitados? Cristo está resucitado y glorioso junto al Padre, nosotros, mientras tanto, caminamos hacia allá en medio de misterios. Otro aspecto que nos invita a reflexionar es el mandato que da Jesús a los discípulos. En el evangelio de San Mateo Jesús envía los discípulos a todas las naciones, dirigiendo este mensaje a los seres humanos de cualquier linaje y cultura. Incluso podríamos afirmar que de cualquier tiempo. Pero la afirmación que leemos hoy en San Marcos indica la evangelización de toda la creación, por lo tanto de toda creatura. Esto nos permite pensar, como San Pablo también lo piensa que “la creación entera gime en el presente esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios” (Rm 8,19). La misión de todos los cristianos tiene un aspecto ecológico también, no solamente se trata de ofrecer a la humanidad la buena noticia de la salvación, sino se trata, además, de lograr que nuestra forma de ser también sea una buena noticia para todo el orbe, es decir también los animales, las plantas, etc…
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3083Domingo 20 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quién los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros” (San Juan: 15, 9-17)

Cultura Bíblica

P. Salvador Martínez

El Evangelio que leeremos hoy es uno de los más bellos y profundos del Nuevo Testamento, así es que en primer lugar analizaremos la estructura del discurso, después desglosaremos las características del amor de Jesús por nosotros y que nos manda practicar como su mandamiento.

Nuestro texto puede ser dividido en tres partes. La primera parte de los versículos 9 y 10 marca el camino del amor y la permanencia: del Padre al Hijo y de Él a nosotros; nosotros permanecemos como el Hijo permanece en el amor del Padre por el cumplimiento de su mandamiento. La segunda parte es el versículo 11 que es una llamada de atención para que lo dicho inmediatamente antes sea tomado en cuenta como algo fundamental en la vida cristiana la clave de esta parte es: “que su gozo sea completo”. La tercera parte es la más larga y en ella Jesús nos da la clave de cómo permanecer en el amor. El principio y el final de esta parte está marcada por el mandato: “ámense los unos a los otros como yo los he amado” (repetido en los vv. 12 y 17). De aquí podría surgir la pregunta ¿Cómo nos ha amado Jesús? A esto responde una serie de seis características que el Señor da para distinguir su amor por nosotros y que será la medida del mandato que nos da. La primera característica: “nadie tiene amor más grande que éste, quien da la propia vida por sus amigos”, esta característica nos remite primordialmente a la cruz, Jesús dio su vida por nuestra salvación, pero también nos remite a la encarnación, porque el Hijo de Dios no se aferró a sus prerrogativas divinas sino que se anonado y se hizo uno de tantos, esto también es dar la vida por quienes se ama. La segunda característica: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”, con esto Jesús indica que obedecer por amor también es parte de su forma de ser. Ciertamente Jesús se hizo obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte y muerte de Cruz. Para obedecer por amor es necesaria la plena confianza. La tercera característica: “Desde ahora los llamo amigos porque saben todo lo que oí de mi Padre”. El amor de Jesús también muestra la plenitud de confianza de Él para con nosotros ya que reveló todo, aun a costa de no ser entendido. Darse a conocer es siempre hacerse vulnerable a los demás. Cuarta característica: “No me eligieron ustedes sino que yo los elegí”. El verdadero amor es el que se hace responsable de las otras personas y de la relación misma. Jesús tenía una personalidad fascinante hubiera sido fácil dejarse querer y ya, pero Jesús no actuó así, Él mismo se hace responsable al decir que la amistad corre por cuenta de Él. La quinta característica: “los he destinado para que den mucho fruto y éste permanezca”. El verdadero amor siempre es fecundo. Jesús hubiera sido pésimo amigo si hubiera permitido que sus discípulos fueran unos buenos para nada. Última característica: “de tal manera que todo lo que pidan a mi Padre se los conceda”. El amor es intercesor constante, es mediación de gracias y bendiciones. Si nos enfocamos en practicar cada una de estas características nuestra vida cristiana avanzará grandemente. Y podemos empezar reflexionando cómo Jesús ya las ha practicado con cada uno de nosotros.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3057Domingo 13 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí nada puede hacer. Al que no permanece en mí se le echa afuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. (San Juan: 15, 1-8)

Cultura Bíblica

P. Salvador Martínez

Explicaremos en el presente número los elementos simbólicos usados por Jesús en la alegoría de la vid y los sarmientos. También comentaremos su aplicación en el pasaje de la pesca milagrosa del mismo evangelio de San Juan. 

El discurso de Jesús sobre la vid y los sarmientos no es una comparación simple que podría llamarse parábola. Se trata de una elaboración más compleja donde cada elemento, actor y acción tiene una referencia metafórica con la realidad. En primer lugar debemos reconocer que el punto focal de la alegoría es Jesús mismo que se coloca con el nombre de “la vid”. Se trata de una planta cuyos frutos producen el vino, símbolo de la alegría y de la inspiración profética. Jesús es el medio por el cual obtenemos la alegría de la salvación por el perdón de los pecados y la herencia de la vida eterna. Después Jesús se refiera a los discípulos (y en ellos también todos nosotros los cristianos) como el sarmiento. El sarmiento es una parte de la vid, precisamente aquella en dónde brotarán y madurarán los frutos. La vida cristiana y cada uno de los cristianos tomamos nuestra vida de Jesús. A continuación habla de Dios Padre como el viñador, el dueño del viñedo. Este rol para Dios ya lo habíamos visto en el libro del profeta Isaías donde se canta la canción de amor del amigo por su viña. Por Jesús, el Padre recibe los frutos de santidad que esperaba. Dice, el Señor, que lo primero que hace el Padre es podar la vid. La purificación es una acción de Dios benéfica. Los sarmientos que dan fruto son podados, los que no dan fruto, arrancados. Esta primera parte podría parecernos dura, sin embargo dentro de toda la literatura apocalíptica se afirmaba, en primer lugar, que Dios vendría al mundo para purificarlo de todos los malvados y una vez purificado vendría la exaltación de los justos. Por esta primera parte entendemos que Jesús le da rasgos apocalípticos a su alegoría. En un segundo momento se pone el acento en permanecer unidos a la vid. El Señor hace dos descripciones contrapuestas: los que permanecen unidos darán mucho fruto. En cambio, los que se arrancan o apartan de la vid quedan estériles y son quemados. El Señor en ningún momento supone que estemos destinados a la perdición, al contrario, como nos lo demuestra el pasaje de la pesca milagrosa (Jn 21,1-14) estamos destinados, como Pedro, a aprender la lección de que el amor a Jesús es la clave de la fecundidad cristiana. En efecto, aquel pasaje es una aplicación clara de lo que Jesús enseñó con la comparación de la vid y los sarmientos. El pasaje inicia con los discípulos separados de Jesús en torno a Pedro, éste los lleva a pescar y resulta estéril aquella noche. Al amanecer aparece Jesús, pero de incógnito, y les dice dónde pescar. Ellos le creyeron al extraño y obtuvieron gran pesca. Al ser reconocido el Señor por el discípulo amado, éste se lo dijo a Pedro, la primera acción del apóstol es purificarse (pasar de estar desnudo a estar vestido) y de inmediato se lanza al agua para estar con su maestro. Al final del relato pidió Jesús que trajeran más pescados y es Pedro el que solo sacó toda la red con 153 pescados grandes. Este símbolo resalta que Pedro concluyó la pesca más abundante no estando en la faena con los amigos sino con Jesús.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=3011Domingo 06 de mayo del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre”. San Juan: 10,11-18

Cultura Bíblica

P. Salvador Martínez

En el artículo de esta semana comentaremos sobre las actitudes del buen pastor en contraste con las actitudes del asalariado o jornalero. Nos detendremos especialmente a meditar sobre la gran revolución que implica la frase de Jesús: “Yo tengo poder para dar mi vida y volverla a recuperar”.

Jesús había sanado a un ciego de nacimiento, nada menos que en plena ciudad de Jerusalén. Esto ocasionó una seria controversia con las autoridades las cuales optaron por expulsar de la comunidad al recién sanado y a todo aquel que creyera en Jesús. Inmediatamente después de estos acontecimientos encontramos el discurso de Jesús del buen pastor. De hecho, los primeros cristianos fueron expulsados de las sinagogas judías hasta fines del siglo primero después de Cristo. Allí se marcó definitivamente la diversidad de comunidades, judías y cristianas. Pero siempre queda la duda sobre la confiabilidad de seguir a Jesús por ellos es importante este discurso. En él, el Señor, se declara a sí mismo como la puerta de las ovejas y el verdadero y buen pastor. Pero ¿A quiénes se refiere Jesús al hacer la comparación del buen pastor con el asalariado? Ya desde el Antiguo Testamento, en el profeta Ezequiel, se habla de los conductores del pueblo como pastores. En aquel tiempo el profeta se refería a los gobernantes civiles, los nobles, los sacerdotes, los profetas y terratenientes, ellos son acusados de descuidar al rebaño, tomarse su leche, vestirse con su lana y, en suma, llevarlo a la perdición. En aquel mismo oráculo Dios se propone a venir a pastorear en persona a su pueblo. Jesús se presenta como el enviado del Padre, pero la veracidad y bondad de su pastoreo radican en la entrega de la propia vida por el rebaño. Por oposición, la crítica de Jesús se dirige a las autoridades actuales que no dan la vida por las ovejas, trabajan sólo por dinero (en este caso también se puede aplicar el hecho de actuar en provecho propio). Los asalariados huyen ante el peligro, pues no dan la propia vida. Y es en este punto donde encontramos la frase más incisiva y revolucionaria de Jesús “yo  puedo dar mi vida y volverá a recuperar”. En el contexto del tiempo pascual no nos causa extrañeza pues creemos que Cristo murió y resucitó pero en el contexto del ministerio de Jesús es muy sorpresiva. Tan sorpresiva como si alguno de nosotros se nos pidiera creer que, por la resurrección de Jesús, nosotros también tenemos el poder de dar nuestra propia vida y volverla a tomar. Por sorpresivo, y hasta descabellado, que parezca tenemos que creer que también nosotros hemos recibido este poder. El no creerlo nos lleva por un camino de cristianismo pusilánime y temeroso, tan inepto como el pastoreo de los asalariados.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2986Domingo 29 de abril del 2012 12:30 hrs.
Cultura Bíblica Lectura del Santo Evangelio

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero Él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?”. Le ofrecieron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”. (San Lucas: 24, 35-48)

Cultura bíblica

P. Salvador Martínez

Este tercer domingo de Pascua nos presenta el encuentro de Jesús con sus discípulos en el cenáculo. Reflexionaremos cómo San Lucas propone los diversos medios de interpretación de la muerte y resurrección según el auditorio a quien se dirige. También reflexionaremos sobre el envío que hace Jesús a sus discípulos.

Uno de los evangelios que propone más encuentros entre Jesús resucitado y aquellos que fueron sus allegados es el evangelio de San Lucas. Resalta que cada encuentro ofrece una referencia distinta para comprender los acontecimientos de la muerte y resurrección del Señor según a quien se dirige el mensaje. Por ejemplo, cuando los ángeles hablan a las mujeres ante el sepulcro vacío, ellos les piden a las mujeres que recuerden lo que Jesús ya les había dicho durante su camino a Jerusalén. En cambio en el encuentro con los discípulos de Emaús, se nos narra que Jesús explicó a los discípulos todos y cada uno de los pasajes que se referían a Él en la Ley y los profetas. Como podemos notar el evangelio de Lucas supone que las mujeres no eran muy versadas en las Escrituras por ello los ángeles no les hacen recordar los pasajes del Antiguo Testamento. En cambio los discípulos sí estaban más familiarizados con las Escrituras y por ello Jesús recurre a éstas. En cambio es posible que ellos, como no formaban parte del núcleo más cercano, es decir, de los doce no conocieran con tanta claridad los anuncios que Jesús había hecho en su camino a Jerusalén. Esta finura de interpretación de San Lucas la vemos reflejada en nuestro texto de hoy. Ahora Jesús se dirige a sus once más allegados y lo hace con los dos medios: “recuerden lo que les dije… y les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras”. San Lucas también escribió el Libro de los Hechos de los Apóstoles. En este libro hará más evidente aún, que Dios adapta su discurso a la cultura y la sensibilidad de los distintos pueblos. Dios habla como judío a los judíos, por ejemplo los discursos de Pedro a los habitantes de Jerusalén y a las autoridades; Habla como docto judío helenista a los judíos helenistas, ver el discurso de Esteban en la sinagoga de los helenistas; Y, en el entorno de los paganos, les habla como a personas que no habían tenido contacto con el monoteísmo hebreo, confrontar los discursos de San Pablo en Atenas y Licaonia. Pero lo más importante es que Jesús pide a los discípulos ser testigos de aquello que estaban experimentando. La predicación del Evangelio es ante todo una narración de lo que cada uno ha vivido con el Señor Jesús. De acuerdo al texto que nos ocupa hoy, este testimonio incluye la coherencia de la muerte y resurrección de Cristo con lo anunciado desde el Antiguo Testamento y de lo que Él mismo había predicho en su camino. Por último, el envío de Jesús está sostenido por la “fuerza que viene de lo alto”, el testimonio, por tanto, no depende de la fortaleza de los portadores sino del poder de Dios.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2962Domingo 22 de abril del 2012 12:30 hrs.
Cultura Bíblica Lectura del Santo Evangelio

Al anochecer del día de la Resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. (San Juan: 20, 19-31)

Cultura Bíblica

P. Salvador Martínez

Explicaremos, en este número de cultura bíblica, los elementos que el texto de este domingo se refieren a la fe. También comentaremos la relación entre el don del Espíritu Santo y el servicio de perdonar los pecados. Y por último comentaremos sobre la frase “muchos otros signos realizó Jesús…”

Los pasajes de la resurrección del Señor en el Evangelio de San Juan tienen bastantes contenidos referentes a la fe. En el hallazgo del sepulcro vacío, dice el evangelista que, el discípulo a quien Jesús amaba vio los lienzos y creyó, “porque hasta entonces no habían entendido que Jesús resucitaría al tercer día”. En el presente pasaje más de la mitad del texto está dedicado a la fe desde el momento en que Tomás pide tocar las llagas. Pero Jesús aclara a éste, que es más dichoso quien cree sin haber visto, por el testimonio de los otros discípulos. Según el evangelista San Juan, los actos de fe no inician reconociendo la divinidad de Cristo, sino comienzan teniendo confianza a quien da testimonio del Padre. Cuando uno decide creer a Jesús entonces abre su corazón y su mente a la verdadera y más profunda revelación. La fe no es adhesión porque se hayan comprendido  los conceptos de Jesús, como uno de sus discípulos lo suponía y así lo expresó en la última cena: “ahora sí nos hablas claramente, por eso creemos que en ti” a lo que Jesús contestó: “con que ahora creen en mí, pues bien les digo que yo seré arrestado y ustedes se dispersarán”. La fe, entonces, depende principalmente de la confianza que es una manifestación de amor. Amor y fe en San Juan son inseparables. Bajo esta perspectiva la incredulidad de Tomás vendría a ser una manifestación de falta de amor a Jesús por desconfiar de la veracidad de las palabras de los demás discípulos. Por este motivo lo confronta el Señor y le da las pruebas que había requerido. Pero declara más dichosos a aquellos que se dejan contagiar de la confianza de los testigos. Siguiendo en esta misma línea de la relación de la fe y el amor resulta totalmente lógico el don del Espíritu y el envío a dispensar el perdón de los pecados. Varias ocasiones en los evangelios se narra cómo Jesús perdonó a varios hombres y mujeres pecadores. San Mateo en uno de estos pasajes nos relata la reacción de la gente diciéndonos: “la gente se maravilló del poder que Dios había dado a los hombres”. Por tanto, Jesús pide a sus apóstoles que hagan lo mismo que Él hizo y los reviste con la autoridad del Espíritu para que este servicio sea eficaz. Es cierto que reconocer los pecados en la oración tiene algún efecto, pero el Señor dejó este servicio para que sea un acto plenamente humano que involucra la comunicación interpersonal, tanto de la confesión y la petición de perdón, como el de la expresión de la absolución. Por último el evangelista nos aclara que muchos otros signos hizo el Señor pero no han sido relatados en el Evangelio, con ello nos invita a lanzarnos también en la aventura de la confianza en base a los testimonios ya relatados.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2925Domingo 15 de abril del 2012 12:30 hrs.
Cultura Bíblica Lectura del Santo Evangelio

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.(Jn 20, 1-9)

Cultura Bíblica

P. Salvador Martínez 

¡Aleluya, Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Este ha sido el saludo típicamente cristiano desde la iglesia primitiva. En este domingo comentaremos la importancia del testimonio del sepulcro vacío con respecto a la resurrección del Señor. También haremos algunas precisiones sobre los datos específicos de San Juan sobre este episodio.

Todos los evangelios antes de narrarnos cualquier aparición de Jesús resucitado nos narran la visita de las mujeres al sepulcro el primer día de la semana muy temprano. Esta unanimidad nos hace constatar que se trata de un acontecimiento que para todos los discípulos del Señor fue particularmente importante. 

Las mujeres esperaban encontrar al Señor y, en vez de esto, encontraron un sepulcro vacío. Los evangelios sinópticos concuerdan en decirnos que ángeles ayudaron a las mujeres a comprender lo que significaba aquello, a saber, que no habían robado el cuerpo del Señor, sino que éste había resucitado. 

San Mateo, en su evangelio, complementa este hecho con un encuentro entre Jesús y las mujeres en el camino de regreso al cenáculo. En cambio, San Juan solamente nos reporta que María Magdalena encontró el sepulcro con la piedra removida y corriendo regresó al cenáculo. 

Para María el acontecimiento permanece incomprendido y solamente se completará cuando más adelante se encuentre con Jesús mismo en el huerto (cfr. Jn 20,11ss). San Juan, entonces, centra su atención en los discípulos que, nuevamente corriendo, van a constatar la noticia. Al parecer este evangelista remarca la sorpresa con el hecho de que todos corren, en primer lugar María para dar la noticia, en segundo lugar los discípulos para corroborarla. 

San Juan no menciona a los ángeles para esclarecer el acontecimiento, basta con el testimonio de los lienzos abandonados para comprender que el cuerpo del Señor no había sido robado sino que se había verificado la resurrección. 

Sin embargo, el cuarto evangelio, como los otros evangelistas, sí hace referencia a que ya en el Antiguo Testamento se había anunciado la resurrección y entonces los discípulos debieron hacer el esfuerzo por comprender las Escrituras. 

San Juan menciona en este pasaje una convicción profunda del proceso de la fe y del amor. Confiar en Jesús lleva a presenciar, a ver, las obras de Dios e interpretarlas correctamente. El discípulo amado, que corrió más rápido, es el primero en ver y creer. A Pedro le costó un poco más, pero también lo logró.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2900Domingo 08 de abril del 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio 

Entre los que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua, había algunos griegos, los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús, y Él les respondió: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre.

Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre”. Se oyó entonces una voz que decía: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”.

De entre los que estaban ahí presentes y oyeron aquella voz, unos decían que había sido un trueno; otros, que le había hablado un ángel. Pero Jesús les dijo: “Esa voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Está llegando el juicio de este mundo; ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Dijo esto, indicando de qué manera habría de morir. (Juan: 12, 20-33)

Cultura Bíblica 

P. Salvador Martínez

En el presente número de cultura bíblica abordaremos la simbología de San Juan sobre el tiempo oportuno. Profundizaremos sobre el proceso de fe, servicio y comunión de destinos entre Jesús y los seres humanos.

El Evangelio que hace uso de la simbología numérica y de los tiempos con mayor intensidad es el de San Juan. Por ejemplo, a lo largo de todo su Evangelio el número seis, que nos recuerda el día de la creación del hombre, es usado para indicarnos que la obra creadora de Dios es muy buena, pero necesita ser llevada a plenitud. Sobre todo las series de seis días indican el tiempo de la humanidad que camina a la plenitud por Cristo. En contraposición se habla del primer día de la semana, el día de la resurrección del Señor, como el día que se inaugura la nueva creación, la del hombre hecho a imagen y semejanza del mesías. El discurso que escuchamos acontece el segundo día, dentro del último ciclo de seis días en la vida de Jesús (cfr. Jn 12,1.12). El tema principal de este ciclo es la muerte redentora y vivificadora del Señor. También por este motivo Jesús dice que “la hora ha llegado” (v. 23). Cuando Jesús fue interpelado por su mamá para que hiciera algo en las bodas de Caná, Jesús había contestado: “mujer tú y yo qué tenemos que ver. Mi hora aún no ha llegado”. Pero ahora el momento crucial sí ha llegado y hace referencia a que Jesús debía de morir para llevar a término la obra iniciada desde la creación y manifestar así, sin lugar a dudas, que Él es el Hijo de Dios. Otro simbolismo muy importante para San Juan es el de las horas del día. Las horas de luz son identificadas con el tiempo de dominio de Dios, la noche es el tiempo en que obran principalmente los enemigos de Dios. La muerte de Jesús a la hora nona (tres de la tarde) tiene dos elementos simbólicos profundos: el primero de ellos es que esa hora era la del sacrificio del cordero pascual y la segunda es que muere como parte del designio de Dios no como dominio de las tinieblas. Lo más importante de comprender todas estas cosas es que los creyentes en Cristo quedemos adheridos a esta iniciativa de salvación. El verdadero creyente reconoce en Jesús al Hijo de Dios, en suma a su Señor. Por eso, Jesús habla de que la suerte de sus siervos será la misma que Él debería correr. Los servidores de Cristo padecen con su Señor, cargan la cruz de cada día con Él y son crucificados como su maestro para después resucitar con Él. Varios autores además de San Juan, en el Nuevo Testamento, identifican la crucifixión con la glorificación. La glorificación se puede entender como participación de la gloria de Dios o bien como manifestación de la identidad profunda. Así pues, cuando Jesús murió en la cruz manifestó que en verdad era Hijo de Dios. Los cristianos que testifican hasta la muerte el amor a su Señor manifiestan de la misma manera que son hijos de Dios. 
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2828Domingo 25 de marzo de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. El que cree en Él no será condenado, pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios. La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”. (Juan: 3, 14-21)

Cultura Bíblica
P. Salvador Martínez
Este cuarto domingo de cuaresma comentaremos cómo Jesús hace analogía entre Moisés y su propia persona al hablar de la crucifixión.

Las palabras que escuchamos este domingo forman parte de un discurso dicho por Jesús a Nicodemo una noche en que éste lo fue a visitar. Jesús había iniciado este diálogo afirmando que era necesario nacer de nuevo para entrar en el Reino de Dios, lo cual no parecía haberlo entendido su interlocutor. De aquí se deriva esta parte del discurso en la cual Jesús compara su obra redentora a lo sucedido en el desierto durante el Éxodo. 
Cuando el pueblo caminaba por el desierto (cfr. Nm 21,4-9) se impacientó y Dios mandó serpientes para que los mordieran y así murieron muchos envenenados. Pero el pueblo clamó al Señor y se arrepintió para lo cual Dios indicó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la lazara sobre un palo para que aquel que la viera no pereciera. 
Al mencionar que el Hijo del hombre será elevado como aquella serpiente, Jesús, se refiere sin duda a su propia crucifixión. El Evangelio de san Juan insiste en que la crucifixión no fue principalmente una ejecución o tortura, sino la exaltación de Jesucristo por medio de la cual nos ha salvado de la muerte eterna. 
Ahora bien, no basta con el hecho de ser sacrificado por salvar a la humanidad. Como había sucedido en el Éxodo, aquellos que quisieran salvar la propia vida debían volver su rostro y mirar el signo de la salvación levantado por Moisés. Así mismo, la fe de las personas es requerida para que la salvación ofrecida por Dios en su Hijo sea aprovechada. De la misma manera que Dios salvó a su pueblo sacándolo de Egipto y haciéndolo pasar por el desierto, Dios quiere salvar a la humanidad por este nuevo Éxodo el cual implica el riesgo de creer en Jesús. 
Más adelante, en el Evangelio se verá que los judíos se pusieron de acuerdo para expulsar de la sinagoga a todos los que creyeron que Jesús era el mesías e Hijo de Dios. La fe cristiana desde un inicio fue impopular, a pesar de vivir en una sociedad cuya cultura sea mayoritariamente cristiana, resulta riesgoso creerle a Dios en serio. 
Para concluir, este domingo se nos anima a vivir teniendo como opción fundamental de nuestras vidas la fe en Dios y en la iniciativa de salvación que nos ofrece.
]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2791Domingo 18 de marzo de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí sobre qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”. (Marcos: 9, 2-10).

Cultura Bíblica

Para este segundo Domingo de Cuaresma comentaremos sobre el contexto en que se realiza la Transfiguración del Señor. También profundizaremos sobre la respuesta que nace del temor y concluiremos con un comentario sobre la discusión de los discípulos.

En los tres evangelios sinópticos, es decir, San Marcos, San Lucas y San Mateo, el episodio de la Transfiguración del Señor se encuentra inmediatamente después de que Pedro confesara que Jesús era el Mesías y que, consiguientemente, Jesús anunciara por primera vez su Pasión, Muerte y Resurrección.

Dentro del Evangelio que leemos hoy, el de San Marcos, el cual pone acento tanto en los conflictos como en la revelación, la confesión de Pedro marca la conclusión de la primera parte del Evangelio. En efecto, siguiendo a Jesús por toda Galilea, ellos llegaron a conocer que Jesús era el Mesías, pero nada más.

La segunda parte del Evangelio estará destinada a la revelación de su filiación divina. Así como la primera parte del Evangelio contó con un testimonio de parte del Padre: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”, así esta segunda parte se inicia con al Transfiguración, donde el Padre vuelve a testimoniar: “este es mi Hijo amado, escuchadlo”.

La orden de escucharlo es particularmente importante ya que el contexto de esta segunda parte será todavía más conflictiva e implicará la caída de Jesús en manos de sus oponentes.

Ante la manifestación gloriosa de Jesús y la voz del Padre, surge el miedo en los discípulos. La intervención de Pedro es motivada por el miedo y es errónea. Es muy consistente en todos los evangelios que cuando los discípulos se dejan llevar por el miedo, inevitablemente dicen o hacen cosas erróneas. Por ejemplo, en el Evangelio de San Mateo, cuando Jesús caminaba sobre las aguas, Pedro le pide ir con él caminando sobre las mismas, pero al experimentar el viento fuerte tuvo miedo y comenzó a hundirse. Las palabras de Pedro pueden sugerir que para ellos resulta más confortable quedarse lejos del camino que llevaba a Jerusalén, o bien que es más agradable una circunstancia de gloria permanente que la realidad cotidiana plagada de conflictos.

No podemos saber del todo a qué se refirió Pedro, pero sus palabras no eran adecuadas. La fe no evita que la persona sienta miedo, más bien la fe es la virtud que orienta las emociones surgidas por el miedo para dar una respuesta adecuada, según la voluntad de Dios.

Al descender del monte, nos dice el texto que los discípulos discutían sobre el significado de la resurrección. En época de Nuestro Señor ya se hablaba de la resurrección de los muertos, pero ésta podía tener el significado de que un muerto volviera a la vida común y corriente. También podía entenderse como la vuelta a la vida de todos los seres humanos en el fin del mundo. Así es comprensible que los discípulos no lograran llegar a un acuerdo sobre el sentido de las palabras de su Maestro.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2756Domingo, 04 de marzo de 2012 12:30 hrs
Cultura Bíblica Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. (Marcos: 1, 12-15)

Cultura Bíblica

A propósito del Evangelio que inicia la Cuaresma, comentaremos en primer lugar lo que significa que Jesús fue movido por el Espíritu al desierto. En un segundo momento también explicaremos en qué consistió la Buena Noticia anunciada por el Señor y la necesidad de conversión.

El evangelio que leemos hoy nos narra lo que sucedió inmediatamente después de que Jesús Nuestro Señor fue bautizado por Juan en el Jordán. Recordemos que en aquel relato dice que sobre Jesús descendió el Espíritu Santo en forma de paloma, por ello es importante reconocer que a partir de aquel momento se encontraba ungido por el Espíritu de Dios. Ya desde los tiempos antiguos, pero en especial en tiempos de la naciente comunidad cristiana (cfr. Libro de los Hechos de los Apóstoles), se nos dice lo que sucede a los ungidos por el Espíritu. Pues éste los animaba a realizar muchas obras portentosas, por ejemplo a los apóstoles les concedió anunciar valientemente la resurrección del Señor y hacer milagros de curación de enfermos. Felipe, un diácono de la primera comunidad de Jerusalén, también actuó llevado por el Espíritu y evangelizó en un camino solitario a un funcionario etíope, acto seguido arrebatado por el Espíritu, ya se encontraba en otra población donde también debía evangelizar. Jesús es movido por el Espíritu, llevado, pero no contra la propia voluntad. El desierto es el lugar del peligro, la sed, el hambre y los enemigos. También desde el Antiguo Testamento es reconocido como el lugar de los demonios. Así parece referirlo el evangelista al decirnos que Jesús habitó entre animales salvajes y fue tentado por Satanás. Sin embargo, no es un sitio donde Dios se olvida de los suyos por eso el evangelista menciona que los ángeles servían a Jesús. Hay un claro paralelismo entre el paso del pueblo de Israel por el desierto y la estancia de Jesús en el desierto, el primero murmuró contras y Dios y le fue infiel con los ídolos, en cambio, Jesús venció la tentación. Por lo que respecta a lo que comenzó a anunciar Jesús en Galilea, en realidad no está tan lejos de lo que el mismo Juan Bautista ya anunciaba. Este mensaje de buena noticia “evangelio” en griego, avisa sobre la llegada inminente del Reino de Dios pues el tiempo ya se ha cumplido. El Reino de Dios también llamado en el Antiguo Testamento “Día del Señor” en primer lugar suponía el castigo de los malvados y en segundo lugar la exaltación y reivindicación de los buenos. Por ello, Jesús invita a la conversión, porque la voluntad de Dios es la salvación no el castigo.

 

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2717Domingo, 26 de febrero de 2012 12:30 hrs
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras Él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”.Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.
El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”. (Marcos: 2, 1-12).

Cultura Bíblica

Esta vez nos detendremos a considerar la peculiaridad de esta narración que conjuga los temas de la salud física con el del perdón de los pecados. También abundaremos sobre los ritos de perdón de los pecados practicados en el Antiguo Testamento. Concluiremos con una perspectiva del sentido del texto dentro del contexto de todo el evangelio de San Marcos.

El inicio del segundo capítulo del evangelio de San Marcos está marcado por este relato que conjuga dos características; la primera de ella nos relaciona con las narraciones anteriores en las cuales Jesús sana a los enfermos. En particular, podemos ver nosotros el relato más próximo que es la sanación del leproso en el cual Jesús responde directamente a una propuesta: “si quieres puedes sanarme…” Nuestro relato inicia como todo relato de milagro, a Jesús le presentan al enfermo, pero no media petición explícita, como “sáname” o “levántame”.

 Entonces dice el texto que viendo la fe de ellos, la fe de los camilleros, Jesús pronuncia lo más inesperado, el perdón de los pecados. ¿Tendrán alguna relación la salud física y el perdón de los pecados? Sin duda, la enfermedad y la muerte son, de acuerdo con la doctrina veterotestamentaria, consecuencias del pecado. Por tanto, si Jesús perdonó a aquel hombre, la enfermedad que lo aquejaba consecuentemente debía desaparecer.

En el evangelio de San Juan (Jn 5,14) tenemos un relato de curación de un paralítico y Jesús dice al recién curado la frase: “vete y no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor”. Perdonar los pecados es asunto estrictamente divino y por ello el Señor se ganó la crítica de las autoridades ¿Por qué Jesús se tomó una atribución estrictamente divina? Una vez al año, en el día de la expiación, el pueblo en su conjunto debía celebrar en el Templo de Jerusalén los ritos de la purificación del pecado. La carta a los hebreos nos dice que, en primer lugar, el sumo sacerdote debía ofrecer un sacrificio por los propios pecados y luego ofrecer uno por los pecados del pueblo.

Es verdad que Jesús no explicó con qué autoridad había hecho tal declaración, pero para probar que sí la tenía lo sanó físicamente. La demostración de Jesús era irrebatible pues ante ellos se verificaba lo más difícil, es decir, un milagro. Esto nos lleva a hablar de la segunda característica del relato abordado, a saber, la confrontación de Jesús y su misión con las autoridades venidas de Jerusalén y Judea. Como ya lo hemos comentado en otras ocasiones, el evangelio de San Marcos  abunda en la exposición de conflictos.

A partir del capítulo segundo encontraremos una serie de confrontaciones entre Jesús y las autoridades (escribas y fariseos) por diversos temas. El relato de hoy es la primera confrontación, Jesús no solamente sana y libra de los demonios, ahora revela su poder de perdonar pecados, atribución exclusivamente divina, lo cual generará fuerte confrontación con las autoridades.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=2654Domingo, 19 de febrero de 2012 12:30 hrs.
Cultura BiblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!”. Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a Él de todas partes.

Cultura Bíblica

En el artículo de esta ocasión comentaremos el itinerario de Jesús en comparación del itinerario de la evangelización misionera de la primera comunidad cristiana. Analizaremos también el diálogo entre el leproso y Jesús.

En este día leemos la última parte de un relato que se inició con la predicación de Jesús en la sinagoga de Cafarnaum. En ese pasaje Jesús libró a un endemoniado, en un segundo momento asistimos a la curación de la suegra de Pedro en casa, más adelante el evangelista nos pone a Jesús sanando en la puerta o plaza de la ciudad. Ahora encontramos que el escenario es el camino, fuera de la ciudad, y allí es donde permanece Jesús porque ya le era imposible entrar en las ciudades a causa de su fama. Este itinerario hacia fuera, es decir, de la ciudad hacia el descampado, es comparable con el itinerario que siguió la evangelización contenida en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Los relatos de los Hechos inician en el Cenáculo donde los discípulos eligen al sucesor de Judas y reciben la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, de allí pasa al Templo de Jerusalén donde predican y sanan a un tullido.

 Posteriormente pasa a las calles donde la gente solía poner a los enfermos en camillas para que les tocara al menos la sombra de Pedro. Pero esto provoca una persecución que lleva a los discípulos a predicar en Samaria y por los caminos despoblados. Tal parece que, para la primitiva Iglesia, fue un itinerario natural partir de los lugares sagrados para evangelizar, pero nunca ceñirse a ellos haciendo de los espacios domésticos y públicos de la ciudad otros espacios evangelizadores.

Llama la atención que también en el espacio que está más allá de la influencia de la civilización continúe la expansión del Evangelio. Éste llega a los caminos donde están los marginados sea por enfermedad, sea porque son de otras culturas o religiones. No parece casualidad que san Marcos, en la primera jornada de signos milagrosos, proponga un esquema expansivo como éste. En segundo lugar, nos llama la atención que el diálogo entre Jesús y el leproso no se imposta dentro de la súplica sino como propuesta dirigida a la voluntad. En efecto, el enfermo interpela a Jesús con la frase: “si quieres…”.

El autor nos reporta la reacción interna de Jesús, “se conmovió”. El sustrato del diálogo es la fe en la omnipotencia, para el enfermo no es cuestionable si el Señor pudiera sanarlo sino sólo si esa omnipotencia se podría dirigir a él. Con la revelación de las emociones de Jesús, el evangelista nos propone el sustrato de la voluntad que es el amor gratuito. Jesús no salva al hombre porque éste lo merezca sino por pura compasión.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=812Domingo, 12 de febrero de 2012 12:30 hrs
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era Él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. (San Marcos: 1, 29-39)

 

Cultura Bíblica

El presente domingo comentaremos sobre el enfoque del evangelista San Marcos con respecto a los conflictos y también con respecto a los lugares donde Jesús realizaba su ministerio para concluir con una reflexión sobre quién es el revelador de la identidad de Jesús.

 

Más que ningún otro de los evangelios, San Marcos nos propone que la vida de nuestro Señor se desarrolló en medio de conflictos y limitaciones. En el texto de hoy observamos que Jesús expulsaba a los demonios pero no permitía que hablaran. De hecho la confrontación entre Dios y el demonio es algo muy presente en este evangelio y siempre vence Jesús. En segundo lugar está el conflicto de no poder comprender quién era en sentido profundo el Señor Jesús, todo mundo se preguntaba sobre su identidad pero eran incapaces de pensar que fuera el Santo de Dios o siquiera el mesías de Dios. En tercer lugar están las confrontaciones en el plano humano. Mientras los discípulos piensan que Jesús debía responder a las expectativas de quienes lo buscaban, Jesús les dice que irán a otras poblaciones para proclamar allá la buena noticia. Más adelante en el camino aparecerán conflictos mucho más graves, a saber, si Jesús puede perdonar pecados, si era o no observante del Sábado, etc… Si observamos también los lugares mencionados el día de hoy veremos una progresión en amplitud. Jesús comienza en la sinagoga, donde expulsó a un demonio, prosigue con la casa de Simón Pedro. Al atardecer, nos dice el evangelista, salió a la plaza del pueblo, donde le llevaron a muchos enfermos y endemoniados. Al amanecer del día Jesús ya no se encontraba en el pueblo sino en campo abierto y no regresará sino que irá todavía más allá. En el pasaje siguiente al que leímos hoy narrará la sanación de un leproso por el camino despoblado. El significado de esta expansión parece evidente, la salvación proviene del pueblo de la Antigua Alianza que se reúne en la sinagoga pero se expande por todos lados, alcanzando sitios francamente ajenos a la religiosidad como eran los sitios donde habitaban los leprosos, considerados impuros. Por último, en conexión con los exorcismos, se dice que nunca permitió Jesús que los demonios hablaran pues sabían quién era Él. Por tanto para el evangelista también resulta importante indicar que el ministerio de Jesús iría revelando en su momento toda la identidad de Jesús, pero nunca tocaría a los demonios revelarla. De hecho los dos momentos cumbre dentro del evangelio son momentos revelatorios. El primero de ellos es la confesión de Pedro: “Tú eres el mesías…” y el otro es al pie de la cruz cuando el centurión confiesa: “en verdad Éste era el Hijo de Dios”.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=789Domingo, 05 de febrero de 2012 12:30 hrs.
Cultura Bíblica

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".

Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!". El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

 

Cultura Bíblica

Para este número comentaremos por qué el primer milagro del Señor es precisamente en una sinagoga y es la liberación de un endemoniado. También comentaremos sobre la manera en que el evangelista San Marcos presenta el diálogo entre Jesús y el endemoniado. (Mc. 1, 21-28)

Los Evangelios que están en el Nuevo Testamento no son reportajes periodísticos a cerca de lo que hizo y dijo el Señor Jesucristo. Más bien, son la recopilación de hechos y dichos tratando de comprender lo que Él vino a hacer entre nosotros. San Marcos nos dice en el encabezado de su Evangelio que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios pero nos muestra en su obra que esta revelación se dio paulatinamente y se manifestó principalmente al pie de la cruz. Jesús, por otra parte, nació dentro del contexto de la comunidad judía y en ella inició su revelación. En tiempos del Señor el espacio cotidiano para la oración y la expresión religiosa hebrea era la sinagoga, en ella se reunía la asamblea de los hijos de Israel representada al menos por diez hombres mayores de 12 años. El hecho de que Jesús realizara precisamente allí su primer milagro no es una casualidad. El evangelista nos quiere decir en primer lugar que la asamblea de los judíos sufría por la impureza de algunos de sus miembros, era una asamblea que debía ser exorcizada. Jesús no vino a romper con las antiguas instituciones sino a purificarlas. Un ejemplo parecido dentro de la disposición del evangelio está en el Evangelio de San Juan que presenta la purificación del Templo de Jerusalén como una de las primeras acciones de Jesús. En segundo lugar, notamos que el diálogo entre Jesús y los demonios sucede en una circunstancia distinta a lo ordinario, pues nadie excepto Jesús y los demonios parecen conocer el contenido del diálogo. Los demonios son capaces de reconocer la personalidad de Jesús, a saber: el Santo de Dios. También saben que su misión era destruirlos. La revelación de la identidad, sin embargo, no es tarea asignada a los demonios por ello nadie se entera de aquel diálogo. Jesús es Señor, actúa con autoridad y poder sobre los espíritus impuros y los expulsa. Con este primer milagro podemos constatar que el envío de Jesús es a un pueblo elegido pero necesitado de purificación, un pueblo que poco a poco llegará a constatar que en su presencia se encuentra el Santo de Dios que vino a traer la salvación.

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=770Domingo, 29 de enero de 2012. 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. (Marcos: 1, 14-20)

Cultura Bíblica

P. Salvador Martínez

En el artículo de hoy comentaremos lo que significa la expresión “evangelio o buena nueva de Dios” y su relación con la conversión. También comentaremos sobre los llamados que hace el Señor a  los cuatro primeros discípulos.

En la época de nuestro Señor Jesucristo el sistema de comunicación pública se realizaba por medio de pregoneros. Estas eran personas al servicio de los gobernantes o de personas particulares que tenían la función de ir de plaza en plaza dentro de las ciudades, o bien de pueblo en pueblo, avisando a las gentes sobre disposiciones o noticias importantes. Cuando ascendía un nuevo gobernante al trono, también se recibía la visita de algún alto dignatario en una región, o bien había una victoria militar decisiva; los pregoneros llevaban la buena noticia, en griego “evangelio”, de tal acontecimiento a todo un reino. En el texto de hoy se nos propone a Jesús como un pregonero que anunciaba la noticia de que “el Reino de Dios está cerca”, o lo que es decir: “Dios nos está visitando”. El complemento importante de todo evangelio era la acción que se esperaba de parte de la gente. Por ejemplo, si se anunciaba la visita de un alto dignatario, se invitaba a toda la población a reunirse en tal plaza tal día a tales horas; cuando un rey iniciaba su gestión, se invitaba a todo el pueblo a alegrarse y presentar sus respetos al soberano en tal lugar, tal día a tal hora. Así mismo, Jesús hace una exhortación: “conviértanse y crean en el evangelio”. Bajo esta perspectiva, Jesús es completamente coherente en no promover sitios especiales como el templo de Jerusalén. Ya en otras ocasiones afirmó que “el Reino de Dios no está aquí o allá” y también afirmó que ya llegaba la hora en que “cada uno adoraría a Dios en espíritu y verdad”. En este sentido, Dios se hace presente dondequiera que Jesús se haga presente. La efectividad de la evangelización de Jesús está corroborada por el relato de las cuatro primeras vocaciones. No se dice que Jesús conociera de antemano a los que llamó, tampoco hay un diálogo aclaratorio de parte de los discípulos. En efecto, ellos podían haber preguntado a qué se refería con aquello de que los haría pescadores de hombres. Simplemente, ante la palabra de Jesús hay una acción de respuesta, se deja lo ordinario para hacerse seguidor del Señor. La evangelización es una tarea que debe estar presente a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Todos debemos dejarnos evangelizar por el Señor una y otra vez a lo largo de la vida y, como los discípulos, respon

]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=726Domingo, 22 de enero de 2012 12:30hrs
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio
En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?”. Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?”. (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir 'el Ungido'). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás" (que significa Pedro, es decir, roca"). (Jn 1, 35-42)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

El presente artículo versará sobre el tema de la vocación de los primeros discípulos justo al inicio de este tiempo ordinario. También comentaremos sobre la originalidad del evangelista San Juan en cuanto a los mediadores de la vocación.

El año litúrgico inició desde el Adviento, el cual desembocó en el tiempo de Navidad. Una vez concluido este tiempo en que consideramos la Encarnación del Hijo de Dios, entramos en el tiempo Ordinario. Su color característico es el verde, el cual, desde la tradición bíblica, representa el color de las plantas que ahora son verdes, pero pronto pasarán. El verde significa caducidad, temporalidad. Por tanto, el tiempo ordinario es tiempo de paso, tiempo de camino con Jesús a lo largo de la vida ordinaria. Para el inicio de este tiempo tenemos este pasaje del evangelio de San Juan en el cual se narran algunas vocaciones, específicamente hoy leemos las dos primeras de un conjunto de cuatro. Al utilizarse este texto nos damos cuenta que el tiempo ordinario pone el acento en dejarse llamar por el Señor para caminar con Él. Durante la Navidad el acento se puso en los encuentros festivos como el de los pastores, el de los magos de oriente y el de Simeón y Ana en el Templo de Jerusalén. En cambio, ahora nos enfocamos en que el encuentro sea algo continuado, como nos lo propone el texto de hoy, un ir a vivir con Jesús. Es notable que todos los evangelios tengan una sección dedicada a la llamada de los discípulos. El más original de todos los evangelios es el de San Juan porque nos presenta cuatro maneras distintas de saber que Jesús es el mesías a quien es importante conocer y seguir. Más que ningún otro evangelista, San Juan, resalta el papel de los mediadores de la vocación, veamos: el primer mediador que le procuró seguidores al Señor fue Juan Bautista, como lo leímos hoy; el segundo mediador fueron los mismos que ya andaban con Jesús, como lo hizo Andrés con su hermano Simón; la tercera forma es Jesús mismos que al pasar llama a Felipe; y la cuarta forma es haciendo referencia al cumplimiento de las profecías en la persona de Jesús, como lo hizo Felipe con Natanaél. Las dos últimas no se leyeron en misa este domingo. Los otros tres evangelios son más escuetos en cuanto a las narraciones y siempre es Jesús quien llama. Otro aspecto con el que San Juan asegura el señorío de Jesús en el llamado es que con todos ellos mantiene un breve diálogo de aceptación. A los dos primeros les pregunta: “¿Qué quieren?”; A Simón le cambia el nombre; y a Natanael le hace una predicción.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=706Domingo, 15 de Enero de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. (Mt: 2, 1-12)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

La Solemnidad de la Epifanía del Señor es una de las tres que celebramos en el tiempo de Navidad, las otras dos son el Nacimiento del Señor (navidad) y la otra es el Bautismo del Señor. Hoy comentaremos el acento de esta fiesta en relación con las otras dos. También comentaremos sobre algunos aspectos de la narración y de las tradiciones sobre los magos venidos de oriente.

La navidad es sin duda uno de los dos ejes de celebración cristiana en el año. El otro eje es la Pascua. El punto central de la Navidad es la encarnación del Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo. Su nacimiento es importante para la fe cristiana porque afirmamos con toda verdad que el Hijo de Dios es verdadero hombre y por tanto debió entrar a este mundo como todo hombre lo hace, a saber, naciendo. Ahora bien, esta venida de Dios a nosotros implica también el darse a conocer y es allí donde la Navidad, por decirlo así, adquiere una triple circunstancia. La primera solemnidad que acentúa la primera circunstancia es lo que celebramos el 25 de diciembre es el nacimiento en sí y la primera manifestación a los pobres pastores hebreos. La segunda circunstancia se aborda en esta solemnidad de la epifanía (manifestación) en torno a l 6 de enero, y en concreto es la manifestación de Jesús Hijo de Dios a los paganos representados en los magos venidos de oriente. Por último, la tercera circunstancia, es abordada en la solemnidad del Bautismo del Señor que es la manifestación de Jesús adulto y ungido por el Espíritu Santo. La narración de la adoración de los magos sólo nos es transmitida por el evangelio de San Mateo. Este evangelio es el que más demuestra una relación con el antiguo judaísmo, sobre todo acentúa que Jesús es el cumplimiento de todas las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. A pesar de ser tan apegado a las tradiciones judías este evangelio se preocupa de decir que el nacimiento del redentor no solamente afecta o beneficia a los judíos sino también a las demás naciones, por tanto también los sabios orientales se hacen partícipes desde sus conocimientos paganos de la salvación ofrecida por Dios. La significación de las ofrendas se ha comprendido comúnmente de la siguiente manera: el oro como reconocimiento de que Jesús es el mesías, es decir, el rey de los judíos; la mirra como reconocimiento de la humanidad mortal de Jesús; y el incienso como reconocimiento de la divinidad de Jesús, por lo tanto en estos tres regalos tendríamos la confesión de fe cristiana: Jesús es el mesías, hombre y Dios que vino a morir por nosotros. El texto sagrado ignora que aquellos hombre venidos de oriente fueran reyes e incluso ignoran sus nombres. Estos datos provienen de tiempos muy posteriores en las iglesias cristianas de Mesopotamia que se vieron reflejadas en estos misteriosos magos y astrólogos.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=640Domingo, 08 de Enero de 2012 12:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. (Lucas 2, 16-21).

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

En este número comentaremos sobre el origen de la circuncisión en el pueblo hebreo. Sobre el mensaje de los ángeles a los pastores y sobre el sentido de la fiesta de María madre de Dios.

El texto que leemos el día de hoy habla sobre lo que sucedió ocho días después del nacimiento de Jesús, a saber, que fue llevado a circuncidar al Templo de Jerusalén. Según nos lo narra el libro del Génesis, el primer patriarca que practicó la circuncisión fue Abrahán, el cual se circuncidó a sí mismo y circuncidó a toda su parentela como signo de una alianza pactada con Dios (cfr. Gn 15). A partir de aquel momento se reconoció como rito característico de pertenencia al pueblo de Dios, es decir al pueblo Hebreo, la circuncisión. En los textos que nos hablan de la salida de Egipto y la conquista de la tierra prometida bastaba con la circuncisión para que alguien fuera considerado plenamente como miembro del pueblo. En épocas posteriores se aceptó que las personas no descendientes de Jacob se circuncidaran como signo de sumisión a la Alianza por medio de la Ley de Moisés, pero no se les reconocía pleno estatuto de miembros del pueblo, a estas personas se les llamaba prosélitos. Jesús como miembro del pueblo elegido debía ser circuncidado al octavo día. Además, por ser el primogénito debía hacerse un sacrificio de rescate, por ello era particularmente importante que se presentara en el Templo de Jerusalén. Para nosotros los cristianos no es necesaria la circuncisión porque por medio del Bautismo somos adheridos al nuevo pueblo de Dios que es la comunidad Cristiana. En los primeros años del cristianismo San Pablo y los demás apóstoles debieron discernir la necesidad o no de circuncisión para todos aquellos que no provenían del judaísmo y los signos del Espíritu les hicieron ver que no debía ser así, porque la salvación no proviene de la Ley de Moisés y su cumplimiento, sino de Cristo, así que todo creyente en Jesús como mesías e Hijo de Dios es heredero de la salvación. El centro del mensaje de los ángeles a los pastores era justamente la llegada del mesías prometido para la salvación del pueblo. Jesús no vino a derogar la Ley del Antiguo Testamento sino a llevarla a plenitud. La excelencia de Jesucristo radica en que es verdaderamente Dios. En efecto, nosotros creemos que Dios se hizo carne y uno de los misterios totalmente vinculados a este hecho es la maternidad de María. Durante el siglo cuarto e inicios del siglo quinto hubo muchas discusiones sobre la maternidad de María. ¿Era ella madre sólo de la humanidad del Hijo de Dios o se le podía llamar propiamente madre de Dios? En Éfeso, ciudad de Asia menor se reunió un concilio en el cual los obispos definieron que a María se le podía llamar propiamente madre de Dios porque en ella se encarnó verdaderamente el Hijo eterno del Padre.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=613Domingo, 01 de Enero de 2012 11:30 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. El era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por el y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: «A éste me refería cuando dije: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’».

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. (Jn. 1, 1-18)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

Este domingo comentaremos el texto de la misa del día que corresponde al prólogo del Evangelio de San Juan. Comentaremos cada una de las tres secciones que componen el cántico a la Palabra de Dios.

La primera parte del prólogo abarca los versículos 1 al 5. En ellos el evangelista nos coloca en el principio de todas las cosas e incluso, en el ámbito o espacio propio de Dios antes de la creación, para afirmar que la Palabra de Dios es Dios mismo. La función de la Palabra es haber creado, haber  vivificado todas las cosas y ser la luz que da sabiduría a los seres humanos. Pero la acción de la Palabra de Dios sufre oposición de parte de las tinieblas. La segunda parte del cántico abarca los versículos 9 al 14 y se puede aplicar a la primera intervención de la Palabra de Dios en su pueblo por medio de la sabiduría, concretizada en la Ley de Moisés o primera Alianza. En efecto, Dios quiso que su pueblo elegido llegara a ser su hijo por medio de la acogida de la Alianza, en tiempos de Jesús la manera de acoger esta alianza era cumplir con la Ley. Pero esta venida fue rechazada, hasta cierto punto. La venida definitiva es la encarnación y ésta se hace explícita en el versículo 14 con la frase: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros…” La manera en que nosotros acogemos esta encarnación de la Palabra de Dios es creyendo en el Hijo de Dios. El Hijo de Dios encarnado está lleno de amor gratuito de Dios, es decir de misericordia (en el texto se le dice gracia) y de fidelidad (en el texto se le dice verdad). La tercera parte del cántico la encontramos en los versículos 16 al 18 y es particularmente importante saber que el Hijo de Dios es Cristo Jesús. Él es el mejor regalo (en el texto “gracia tras gracia”) que Dios haya dado a la humanidad, incluso por encima de la Ley de Moisés. Él es la imagen de Dios que nos lo ha revelado. Este cántico tiene entrelazadas dos afirmaciones sobre Juan el Bautista, se piensa que muchos grupos permanecieron fieles a la doctrina de Juan y se resistían a reconocer a Jesús como el mesías, por ello este cántico aclara la personalidad de Juan y su misión, a saber, ser testigo de la luz. Más aún en la segunda intervención sobre Juan Bautista en el versículo 15 nos presenta al Bautista hablando y apuntando plenamente hacia Jesús como mayor que él. Todo el prólogo se puede resumir en la frase fundamental de nuestro credo cristiano, pues afirmamos que Jesucristo es el Hijo de Dios: “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”. Pero esta afirmación no es sólo un acto intelectual, es ante todo la manera de hacernos acreedores de la misericordia y la fidelidad de Dios en grado pleno. Así es que en esta Navidad estos dos regalos quieren hacerse presentes en nuestra familia, en nuestras personas y en toda la humanidad.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=616Domingo, 25 de Diciembre de 2011 10:00 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La Virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y Él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”. María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco Virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia. (Lc.1, 26-38)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

Ubicaremos, en este número, la lectura del día de hoy dentro del contexto del adviento. Analizaremos las respuestas que María dio al ángel y propondremos algunas líneas de actualización.

El tiempo de Adviento se divide en dos partes, la primera de ellas corre desde el primer domingo de Adviento –caiga en la fecha que caiga–, y la segunda parte que corre a partir del 17 de diciembre hasta el día 24.

La primera parte del adviento tiene como actores principales al profeta Isaías y a Juan el Bautista. La segunda parte del adviento, en cambio, fortalece el protagonismo de la Virgen María, también entrelaza el proceso de nacimiento y crecimiento del bautista y la preparación próxima a la celebración del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, este cuarto domingo siempre cae dentro de la segunda parte del Adviento y nos presenta la anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María, acontecimiento que desata todo el relato de la llegada de Nuestro Señor Jesucristo a nuestro mundo.

El diálogo entre el ángel y la Virgen es muy hermoso y dentro de él podemos tomar como modelo de creyente a la Virgen María. Ante el saludo, hasta cierto punto extraño que le da Gabriel a María, ella reacciona con desconcierto. Esta es una reacción normal de todo creyente puesto que la fe en Dios no quiere decir que lo comprendamos todo y que ya nada nos asombre o nos inquiete. Dios es siempre sorpresivo porque es infinito en sus iniciativas, María se deja sorprender y trata, ella misma, de comprender, el ángel por su parte, ofrece la explicación para ayudarla. En un segundo momento María pregunta al ángel cómo sucedería lo que se le estaba anunciando. María, modelo de creyente, nos lleva a ver que en el diálogo con Dios somos activos, debemos usar la inteligencia hasta donde nos alcance y así lo hizo la Virgen.

Ella no era casada todavía, de tal manera que el anuncio le provoca la duda sobre el cómo debía suceder. Preguntar cómo, no es signo de incredulidad, sino de participación activa. La última respuesta de la Virgen culmina el proceso del creyente porque Ella recibió una explicación del ángel que no sabemos si comprendió del todo o no. Pero, habiéndola recibido, Ella manifiesta toda su adhesión al proyecto o misión que se le encomendó diciendo: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra”.

El hombre o la mujer de fe no son lunáticos, no son personas que han renunciado a su razón. Más bien, la fe vivida como una relación amorosa con Dios los lleva a comprender que este mundo está bajo la omnipotencia de Dios, Él puede hacer lo que guste y puede asociarnos a este proyecto de vida y salvación.

Pero en ningún momento Dios prescinde de nuestro consentimiento libre. Para que nosotros realicemos una elección libre debemos tener al menos un buen nivel de conocimiento de aquello que se pretende y de aquello que implicará de nuestra parte, por la fe tenemos confianza en Dios, suficiente como para responder: “heme aquí Señor para cumplir tu voluntad”.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=617Domingo, 18 de Diciembre de 2011 10:00 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz. Este es el testimonio que dio Juan el Bautista cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?”. Él les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?”. Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?”. Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”. Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?”. Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”. Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba. (Jn 1, 6-8. 19-28)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy

En el presente número comentaremos sobre la relación entre Juan Bautista y Jesús, cómo en cierto momento él debió retirarse para dar paso a la llegada del Mesías. También reflexionaremos sobre el nombre que se le puso al bautista y su consonancia con la misión que se le encomendó. Y por último, nos preguntaremos sobre la relevancia de este texto en el tercer domingo de Adviento que celebramos hoy.

Todo el Nuevo Testamento concuerda en que antes de la manifestación de Jesucristo se desarrolló el ministerio de Juan el Bautista. El testimonio de Flavio Josefo, historiador judío, sobre la época en que vivió Jesús, menciona con mayor abundancia de datos al Bautista, mientras que a Jesús sólo le brinda una frase. Esto nos deja ver la gran fama que alcanzó Juan. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se menciona que Pablo predicó en Éfeso a unos hombres que le aseguraron haber recibido ya el bautismo, pero no haber recibido todavía el Espíritu Santo; una vez interrogados por el apóstol, declararon haber recibido el bautismo de Juan. Esto nos lleva a darnos cuenta que la doctrina del bautista y sus seguidores ya habían llegado muy lejos en los litorales del mar Mediterráneo, pues entre Palestina y Éfeso hay una gran distancia. El Evangelio de San Juan, de donde proviene el texto de hoy, también insiste varias veces en que la persona de Jesús era superior a Juan Bautista. Usa frases como: “Juan no era la luz, sino quien da testimonio de la luz”, y cuando aparece por última vez el bautista en el Evangelio, dice: “es necesario que Él crezca y que yo disminuya”. En efecto, la comunidad cristiana naciente vio en el bautista, no al mesías, no a Elías ni al profeta, sino al precursor de Jesucristo. Juan reunió a un grupo de discípulos pero a varios de ellos los encaminó para que siguieran a Jesús. En todos los evangelios, cuando se presentan los discursos que dirigió a las muchedumbres junto al Río Jordán, se recalca su llamado a la conversión y a la expresión penitencial de confesar los propios pecados y bautizarse en las aguas. Resulta así totalmente comprensible que su mismo nombre “Juan”, que significa “el Señor es misericordioso”, indicaba su misión de preparar al pueblo para recibir la misericordia de Dios que habría de realizarse en el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo. Pero vale la pena preguntarnos, ¿cómo aprovecharemos el mensaje y la persona del Bautista en este tercer domingo de adviento? Este domingo inicia la segunda parte del tiempo de preparación a la Navidad. Es de suponerse que todos hemos entrado en una dinámica más o menos fuerte de penitencia y hoy se nos hace un llamado a no perder el ánimo, a alegrarnos porque la persona del Mesías crece en cercanía. Hacer caso al mensaje de Juan es una llamada de atención a poner todo en su lugar, en especial a no engañarnos a nosotros mismos poniéndonos en el centro, sino como Juan reconocer que necesitamos del Señor para obtener la salvación.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=507Domingo, 11 de Diciembre de 2011 10:00 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

Este es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito: “He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos’. En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”. (Mc 1,1-8)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

Este domingo leeremos el encabezado del Evangelio de San Marcos seguido por el testimonio de Juan Bautista. Reflexionaremos sobre el sentido de la palabra “principio” y toda su carga de significado desde el Antiguo Testamento. También comentaremos el mensaje de Juan Bautista y sus consecuencias en el presente.

A buena parte de nosotros nos son conocidas las primeras palabras de la Biblia contenidas en el libro del Génesis: “En el principio creó Dios…”, esta es una de las afirmaciones de fe más importantes del judaísmo, pues nos hace ver que el principio del universo es obra de Dios. Antes del principio sólo Dios y nadie ni nada más. La idea de la eternidad de la materia sostenida por algunos filósofos griegos fue rechazada totalmente de parte del pueblo hebreo, pues con facilidad podía llevar a un concepto panteísta de la realidad. En cambio, la fe en un solo Dios por encima de todas las cosas y de toda persona humana y angelical, reclama también el concepto de que sólo Él es eterno y principio que sustenta toda la realidad. El concepto de principio es retomado por San Juan quien nos dice para abrir su evangelio: “en el principio existía la Palabra…” su afirmación sirve para darnos a entender una realidad compleja en el seno de Dios. San Juan nos introduce en una realidad anterior a la existencia del universo y nos habla de la Palabra presente en Dios que es el único Dios, por medio de la cual fueron creadas todas las cosas. Hoy vemos en el evangelio de San Marcos el uso del mismo término “principio”. Puesto en el encabezado de la obra puede llevarnos a pensar en dos cosas: La primera de ellas es que el evangelista nos dice que aquí comenzará a contarnos la historia de Jesús Mesías e Hijo de Dios; La segunda puede hacernos pensar que todo el conjunto de acontecimientos narrados en la obra son considerados el “principio” de la fe cristiana. A favor de la segunda está también el Libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos narra a propósito de la suplencia de Judas Iscariote: “elijamos a uno que desde el principio, haya andado con nosotros…” Para nosotros es importante afirmar que el principio de nuestra fe son las obras y palabras de Jesús, no se trata de doctrinas inventadas en las aulas escolares, sino la vida concreta del galileo y sus discípulos. El primer acontecimiento que nos narra el evangelista es la aparición del Bautista. Éste se define a sí mismo como “la voz que clama…. reparad los caminos del Señor”. El discurso de Juan llama a la conversión como una condición que hace posible el correcto aprovechamiento de la llegada del mesías, por tanto, esta llamada se hace presente hasta nuestros días y en esta época de Adviento, en particular, nos debe hacer pensar que no es posible hacer caso a Dios sin convertir nuestro corazón.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=482Domingo, 04 de Diciembre de 2011 9:00 hrs.
Cultura BíblicaLectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que cuando llegue de repente los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. (Mc 13, 33-37)

Para que puedas comprender el Evangelio de hoy...

En esta ocasión iniciamos un nuevo año litúrgico nombrado como “Ciclo B”. Esto quiere decir que leeremos durante este año el evangelio de San Marcos. Hoy comentaremos sobre el sentido simbólico de la vigilia y el sueño en la Sagrada Escritura. También haremos una profundización sobre los varios sentidos del Adviento y el acento de este domingo en particular.

Estar despierto, así como estar dormido, son dos realidades cotidianas y opuestas; por lo tanto, es muy apropiado a lo largo de la historia bíblica para asignarle función simbólica.

Estar despiertos es signo de presencia y conciencia de la actividad y sus implicaciones en este mundo. Estando conscientes, es decir despiertos, somos capaces de ver la obra de Dios y entonces reverenciarlo como se merece (tener temor de Dios), somos capaces de escucharlo y por tanto dirigir los pasos según sus designios. El pueblo que vela es un pueblo que recuerda las grandes obras que Dios ha llevado a cabo a lo largo de la historia.

Cuando se duerme se sueña, los sueños no son realidad y muchas veces son símbolo de engaño. El pueblo que ha sido infiel a Dios es tachado de ser un pueblo que se ha dejado engañar por sueños, por falsedades, es decir, por los ídolos. El hombre rico e inconsciente es como un animal que perece, nos recuerda uno de los Salmos.

La mujer bondadosa roba tiempo al sueño para levantarse y hacer el bien, nos comenta el libro de Proverbios. En cambio, el malvado medita el crimen durante la noche y se levanta a la mañana para cumplir sus planes perversos.

El dormir está ligado a la noche y dentro de este contexto el hombre se encuentra indefenso y agobiado por el mal. En cambio, el sol y la luz están asociados al tiempo de la vigilia, de la acción, del progreso y de la relación con Dios.

De hecho, el primer sacrificio se hacía al amanecer y el último en el ocaso. Rara vez se habla del culto en el templo más allá del atardecer. Aunque en tiempos más primitivos consta que se hacían acciones cultuales según el ciclo lunar.

Nuestro Señor Jesucristo usa mucho la simbología de velar y dormir para contraponer la fidelidad y la infidelidad, lo grato y lo no grato a Dios. En varias ocasiones el Señor hace ver que la vigilia representa la actitud moral vigilante, comprometida con el cumplimiento de la voluntad de Dios.

En cambio, dormir es signo de desidia, inconsciencia, pereza y en resumen de maldad. En el evangelio de San Juan el tiempo del ministerio de Jesús pasa de día, la llegada de la noche marcará la etapa de la pasión y muerte. Para hablar de la resurrección de nuevo volvemos al día. Pero Jesús resucitado también aparece de noche como signo de su poder sobre el mal y las tinieblas.

El día de hoy la simbología es clara, se nos invita a velar como signo de alerta moral y espiritual en espera de la segunda venida del Señor. Y es aquí donde encontramos el primer gran sentido del Adviento, nos serviría de poco tomar el Adviento de cada año tan solo como preparación para la celebración de la Navidad, a saber, como recuerdo anual de la encarnación del Hijo de Dios.

Sería todavía insuficiente tomar el Adviento también como una preparación para el fin del mundo ¡Cuántas generaciones anteriores a nosotros lo han esperado y ya se fueron!

El acento de hoy nos invita a esperar el encuentro definitivo con Dios el día de nuestra propia muerte, no sabemos ni el día ni la hora, pero ciertamente nos sucederá.]]>
http://www.desdelafe.mx/apps/article/templates/?z=26&a=469Domingo, 27 de Noviembre de 2011 9:30 hrs.